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JULIANA LOPEZ JANEIRO

"DEBORAH".

El astr˛logo lo habia profetizado, lo escuhŔ algo escŔptica, en tanto pensaba por quŔ diablos en cosas a las que luego no daba crŔdito.gastaba mi dinero
Cuando lleguŔ a su casa, nada en ella anunci˛ el mÓgico embrujo que mi mente perseguýa, para mi gusto faltaba ambiente, por el contrario, el moderno confort reinante solo hablaba del lucrativo oficio de aquel viejo que ahora me aobservaba con perpicaz insistencia.
Emiti˛ su risa en la mas baja octava sonora, me sentý sorprendida, supe que aquel viejo alquimista, cuyas mil arrugas tratŔ de enumerar, habýa tocado con su energýa mental la dŔbil barrera ofrecida por mi, dejandome, para mi asombro,desnuda a la lectura de mi sino.
Me condujo hacia un aposento contiguo y en el umbral de la puerta la quietud invasora anunci˛ nuevas sorpresas. Creý hallarme en el corredor de la vida, a punto de correr las cortinas del tiempo y sumergirme, confiada, en los grandes misterios.
El viejo habl˛ con su voz arcana, al observarlo experimentŔ un sobresalto, su piel habýa perdido el brillo ante lo consumido de sus carnes, tomando su huesuda anatomýa un tinte amarillento que le daba cierto aire de un ser momificado. Enumer˛ todas las ciencias de adivinaci˛n por Ŕl conocidas,asý supe de la Aeromancia, Aritmancia, Cartomancia y muchas otras por mi ignoradas. Como su objetivo era que yo me inclinase por una, le explique que no, yo solo deseaba lo que en su tarjeta de presentaci˛n ofrecýa, la astrologýa, tan solo interesaba conocer mi carta astral.
Zumb˛ como una aveja, despuŔs de interrogarme en cuanto al dýa, el mes, el a˝o y la hora de mi nacimiento y sacar algunas cuentas, traz˛ en una hoja una circunferencia que vi lenarse de rojas y azules rayas, unas veces paralelas y otras entrecruzandose. Movi˛ la cabeza con gesto negativo y me anunci˛ la pobre vida que tendrýa bajo la mala influencia de las lýneas negativas que predominaban para mi desgracia.
Mi alma debi˛ estar en mis ojos, porque el viejo vi˛ en ellos mi descontento y la firme determinaci˛n de cambiar al menos la hora de mi natalicio, hasta encontrar la carta de mi agrado; a fin de cuentas nadie acude a consultas para oir cosas desagradables, sino para ser enga˝ados por la buena ventura. Yo deseaba viajes, paseos, y aquella carta astral se alejaba decenios de mis aspiraciones.
TomŔ la hoja que me tendýa, di las gracias y me dispuse a la partida. El viejo me detuvo con un gesto en su mano, para explicarme, que al ponernos en contacto con el Ser Supremo, mediante nuestro espýritu interno,algo del destino puede ser cambiado a nuestro favor, y esto al menos serýa una ayuda: Yo tenýa una ventaja, dijo, a los 29 a˝os, ni uno mas ni uno menos, a las 2:45 am. Hora en que este a˝o cumplýa esa edad, Venus, mi planeta regente, volverýa a presidir la noche en la c¨spide de la esfera celeste y junto a una luna llena se reproduciria la extra˝a conjuci˛n de astros ocurrida en mi alumbramiento.Ese dýa podria ver mi alma y develar sus misterios,comprobar lo vaticinado y por el pedir ayuda. Eso si, deberýa acogerla como un ni˝o lo harýa, pensando en la maxima oculta emitida por San Marcos en su Evangelio. Esta opportunidad tendria que aprovecharla pues solo se presentaria pasados otros 29 a˝os. Este era el tiempo que tardaba en acontecer la ins˛lita convergencia.
Aunque en ese momento no prestŔ oidos y hasta me burle a la salida, libre al fin de la rara influencia que ejerce el viejo sobre mi, a medida que pasaban los dias y corria el calendario engullendose los meses, viendo aproximarse el momento anunciado comence a ponerme ansiosa y ya por una cuesti˛n de curiosidad, involuntariamente aguardaba el instante.
El pen¨ltimo dýa amanecio conmigo y me mantuve pendiente al reloj, robandole el tiempo con los ojos, tirando de las horas a punta de impaciencia para acercar la noche. A las 12 lo dispuse todo segun me habia explicado el viejo, que no solo tenia de astrologo sino que tambiŔn de un marcado complejo de hierofante, el espejo grande, dos candelabros ubicados uno a cada lado del espejo con sus dos velas y ausencia total de luz que no fuese despedida por la llama ignea del fuego eterno.
En mi reloj son las 2 y las campanas de la iglesia asi lo confirman, el clic del interruptor se ha llevado la luz y prendo las velas junto a mi miedo que se inflama. Me planto ante el espejo y hago grandes esfuerzos por controlar el susto de mis rotulas que tiritan. Las sombras fantasmag˛ricas de los muebles me rodean caminandome al abisbo de lo esotŔrico.
Me miro en aquel otro par de ojos que intenta al igual que yo descubrirme. Trnascurren varios minutos al acecho, pero no pasa nada. Es inevitable sacarle la lengua a esa que con cara de tonta aguarda como yo.
No siento miedo ya, soy yo, sigo aquý y allý, solo que por extra˝a ilusi˛n ˛ptica mi rostro se desdibuja y me torno cadavŔrica alla tras el azogue. Los ojos y la imaginaci˛n son todo, lo sŔ porque a continuaci˛n he visto que el espejo desprende luz, una luz que envuelve mis contornos y mi apariencia de capullo, como si me incubara en ella. Que ocurrencia pensar que me puedo estar gestando en una luz como si a¨n no hubiera nacido. No es un razonamiento l˛gico, hace 29 a˝os que nacý y en vez de estarlo celebrando, estoy aquý comiendo mierda, perdiendo el tiempo, todo para adicionar a mi existencia un poco de aventura,d˛nde habrŔ dejado mi cerebro,creer en esto que esta por debajo de mi condici˛n pensante y la educaci˛n recibida. Deberýa estar por encima de Ŕstas preocupaciones vulgares propias de los necios. Ahora no puedo evitar contemplarme con cara de hormiga como si fuera ese animal inferior, y quien ha dicho que son inferiores las hormigas, tienen inteligencia, ya lo creo, solo ese indigena que me observa ahora lo desconoce, quizas por eso la tristeza de su rostro y ese rictus amargo tirando de sus labios hacia abajo, ante el peso de tanta ignorancia.Pero no, no es un indigena, este que me mira es un monje budista, que digo,es una gitana, cargada de collares y multitud de pulseras aprisionando secretos de todos los caminos, aunque es absurdo que una gitana tenga los brazos robustos de este digno guerrero en el espejo. Me rýo ante el desatino, o es el eco de la risa de esta cortesana de vida fÓcil disipandose tras la figura emergente de este ser tan maquiavelico, bostezo ampliamente, es mi sal de aburrimiento. Estoy cansada de jugar como si fuera un ni˝o, la palabra ni˝o me lanza de un traspiŔs a la inocencia, el espejo se magnifica de un fogonazo que no atino a comprender y el destello se apaga a pesar de mi deseo. Mientras siga mirando mas verŔ y de seguir me inventarŔ 14000 rostros superpuestos como en un caleidoscopio. En el espejo sola estÓ mi reflejo y en el mirar estÓtico el distorsionamiento de la imagen.
Aquel viejo astr˛logo solo me ha timado, me siento enga˝ada, me duele mÓs la estafa de mi tiempo,que el dinero invertido en la consulta y en las velas. Oigo m¨sica que invita a so˝ar, como si el universo tocara mi nota clave, vuelvo a pensar en la palabra ni˝o ┐D˛nde estarýa el secreto?
Exhalo tres suspiros sin saber por quŔ, son tres suspiros que pueden no ser mios. !Bah, de mi alma nada!. Son las 2:45am, es la hora, ya no vendrÓ . Lo sŔ porque me he quedado dormida y puedo verlo apenada, desde donde mejor se ve, desde aqui arriba.
1995
 
CONFESIONES
 
Cuando conocý a Silvia, entiendase la primera vez que nos vimos, ni siquiera reparŔ en ella. Una vez fijada mi atenci˛n. Un efluvio desconocido me arrastraba hacia su persona como el magnetismo atrae los metales al imÓn.
┐QuŔ era aquello? Por quŔ esa necesidad de comuniones y aunque tardŔ tiempo en responderme, finalmente hallŔ la respuesta. Yo era Silvia, o mejor dicho Silvia era mi yo, partýcula escapada de mi alma.
Silvia era la dulzura personificada, paz, equilibrio, yo era esos conceptos sin el contenido. A los ojos de todos era lo mismo que ella. Solo que no se percataban de que soy un fruto tentador de alta peligrosidad. Era lo externo, lo comestible, lo fÓcil de vender, en resumen, una cÓscada intacta a la que le han roýdo el interior. Muchos se acercaron a mi atraýdos por la apariencia, buscando lo que no tenýa y yo me acercaba a Silvia buscando desesperadamente lo que otros buscaban en mý y ella desbordaba, despilfarradora, por todos sus poros.
Dios y filosofýas extra˝as contribuyeron a acercarnos, a comprender mejor que tenýamos cosas en com¨n y la fusi˛n para una nueva amistad ofrecýa solidŔz de base para su realizaci˛n.
Yo atravesaba una de mis crisis depresivas; en pocos dýas comencŔ a nutrirme de una vitalicia fuerza renovante. Silvia me abrýa las compuertas del paraýso de su alma para que yo bebiera, para que cobrara confianza y recopilara las fuerzas perdidas en la constante b¨squeda.
Muchas veces me reproch˛ el exceso de pensamientos, los creýa una limitante a mi desarrollo como ser viviente; como mortal que debe vivir el corto momento que los dioses nos predestinan con la vida. Pero a mý me interesaba mÓs el encuentro conmigo misma; ir al rescate de lo perdido, de todo aquello que me lleva al fondo y no encontraba c˛mo tornar a la superficie. No parecýa importarme que ese viaje al interior de mi alma me tomara toda la vida, que comsumiera el tiempo en contemplarme y ya luego para vivir socialmente, amar, crear, tener mi propia descendencia. Desafortunadamente nacý pensadora y si en mi interior deseaba por todas las cosas amar y vivir a plenitud libremente, tenýa a¨n mÓs urgencia de reconocerme, de orientarme, de recuperar lo extraviado; porque sin esto, mis sue˝os los encontraba remotamente inalcanzables.
Porque llena de descontento y frustraci˛n no se puede vivir, porque despojada de toda bondad, en mi interior solo reinaba lo malo, la desconfianza, el recelo, el miedo constante a continuar siendo lacerada, y mirando a travŔs de un ente distorcionado, todo resulta demasiado sombrýo.
Se imponýa el muro; Silvia reýa cuando yo explicaba que entre el mundo y yo, Dios habýa levantado el muro; entre el muro y yo el susto y el hacinamiento de todas las adversidades pasadas, entre el muro y el mundo mi vida por lograr, deslindada de mý, completamente incomunicada de mi ser. Yo debýa derribar el muro, pero antes era imprescindible la transformaci˛n de todo lo malo en bueno.
Silvia no creýa en varitas mÓgicas, s˛lo en la capacidad humana de borrar con el olvido; de aprender a vivir con los decepcionados, yo estaba de acuerdo,pero me costaba un esfuerzo sobrehumano aprender a vivir con el pasado y aunque me proclamaba ante todo realista y objetiva debo asumir con valentýa que creýa en esa vara y en los consabidos milagros.
Silvia se convertýa, por elecci˛n, en un bast˛n que me ayudaba a apoyarme; pasaba a ser el psicofÓrmaco que auyentaba mis crisis y disipaba temores; por lo que me creŔ cierta dependencia. Creýa fielmente en que era la clave para el encuentro con mi mundo interior. Solo tenýa que aprender de ella su capacidad de asimilar las derrotas, la alquimia necesaria para su trasmutaci˛n en provecho. Provecho que aumenta su caudal de bondad porque viendo la vida de modo positivo se redondea la esfera del equilibrio que aprisiona lo bueno.
Todo era fÓcil, solo debýa lograr la traslaci˛n de esa partýcula de Silvia a mi persona. Desgraciadamente no result˛. Silvia no estaba dispuesta a despojarse de un solo  tomo que pudiera descompletar una de sus molŔculas, molŔculas necesarias para la ecuaci˛n de su equilibrio.
Ella ofrecýa otra variante, nada de traslaciones, tan s˛lo la fusi˛n de su ecuaci˛n a la mýa, incorporarnos en un solo proceso donde ambas resultarýamos beneficiadas. Aportaba mÓs, entregaba todos los sentimientos que abarrotaban su coraz˛n, esta vez abierto al mundo. Libre la entrada en toda su extensi˛n para que yo franqueara sus lýmites.
Silvia jug˛ tan limpio que el impacto de su sinceridad me dej˛ perpleja; desconcertada, tan desarmada como ella. No podia dar crŔdito a lo que escuchaba porque no habýa sido mi objetivo semejante meta. Y es que en mi egoýsmo, en el absolutismo de mi propio problema la ignorŔ como ser, por mistificarla, no pude percibir que en su afÓn de acoger o protegerme fue dejando mucho de sý misma, obviamente, no adivinŔ, que aquel halo de equilibrio tal vez fuera pura apariencia, apariencia que nada tiene que ver con su entereza para enfrentar adversidades.Mientras me ocupaba en llenarme de fuerzas no notŔ que se llenaba de esperanzas.
La confesi˛n me dej˛ afÓsica y mi miedo surgi˛ con nuevos matices de temblores ante esta persona que me inspiraba tanta confianza. En un momento volvý a quedarme desnuda, nuevamente en cero, me torn˛ al punto de partida. Con la cabeza baja; no sŔ si culpable por equivocarse o porque tal vez la halla decepcionado, escuch˛ mi respuesta, en mi torpeza le ofrecý mi amistad incondicional pero debi˛ resultar muy poco, porque con los dýas se fue escapando, aumentando la distancia.
Me duele este aislamiento, los ýndices que la separan con desprecio, y la sit¨an del otro lado de la vida con falsos dogmatismos. Lamento encontrarme en ese banco de intolerantes, incapaz de comprender la naturaleza de su esencia.
Rezo todas las noches a la misma hora, en silencio, de vuelta obligada a la pared, sobre la cama y es que me apena que me vean rezar, a mý misma me cuesta convencerme es ocasiones de esta doctrina que abrazo a fragmentos, que se me vuelve a˝icos fragmentada por la flaqueza y la pŔrdida de fŔ.
C˛mo he de rogarte Dios, me cuestiono, y no hallo las palabras correctas para que recibas mi alma y entres en mý con la luz, me devuelvas el sosiego y termine este loco enfrentamiento. Necesito comprender mejor la cosas; ser justa a la hora de juzgar a mis semejantes.
Por momentos pienso que no he sido una de tus elegidas, que para vivir conforme a ti, a tu igual y semejanza hay que saber escoger la estrella.
Muchas veces te roguŔ para que pusieras en mi camino un hombre que me amara y a quien poder amar y que hallas ofrecido todo esto en la persona de Silvia ha sido la peor y mÓs terrible de tus bromas.
He de confesar que de no ser como soy habrýa aceptado el reto a la aventura. Pero hay normas que se llevan tatuadas en el alma, que existe en nuestro espýritu antes de que existamos y no se pueden violar porque serýa dejar de reconocernos.
Tal como Silvia lleva sus patrones, llevo los mýos por los siglos de los siglos y eso nada puede cambiarlo ni siquiera un boleto a la felicidad sin retorno que es la mayor tentaci˛n que he tenido.
Estoy segura de que habrýa sido feliz de poder amarla, creÓnme, no miento, porque Silvia es todo lo que espero de un hombre.
 
YA LO VI, YA LO VIVI
 
La habitaci˛n en penumbras destribuýa al sosiego; en los espacios de las sombras proyectadas se adivinaban los muebles, que hablaban por sý solos del gusto de los due˝os. Al centro, se ubicaba la cama de cuatro columnas, recubiertas de tul.
La mujer que descansa sobre el lecho se removi˛ intranquila, y el hombre que velaba sus sue˝os, se apresur˛ a tomar una de sus manos.
- Tranquila, estoy aquý, Martha.
- Gracias Manuel, si no estuvieras serýa mÓs terrible.
- Calla, - dijo sellando su boca con el dedo ýndice - Pronto pasar . Todo volverÓ  a ser como antes.
- !Si fuera verdad! Me gustarýa creerte, pero sabes de cierto que no serÓ asý. !Maldita enfermedad! Me ha causado mucho dolor. !Y a tý tambiŔn! Perd˛name este mal que te causo.
- ┐QuŔ dices? Sin tý no sabrýa quŔ hacer. Siempre estarŔ a tu lado.
- Nos separaremos, lo sabes. No quiero que mueras junto conmigo. Tienes que vivir, nuestro hijo te necesita.
- El es mayor, tiene sus hijos, nuestros nietos, yo tengo 85 a˝os, a nuestra edad todo empieza a perder sentido, dejamos de ser ¨tiles y comienza este sentimiento de estorbo. Reclamo quietud, cada dýa busco mÓs la calma. ┐Por quŔ serÓ ? Todo lo que deseo es paz ┐Acaso se diferencia mucho de la muerte?
La mujer se contrae sobre sý, llev˛ las manos a su vientre y apret˛ con fuerzas como queriendo acallar la boca del dolor que lanzaba alaridos desde su interior.
- ┐Te duele?
- Un poco - contest˛ con el rostro lývido, surcado de arrugas que no ocultaban del todo una pasada belleza.
- ┐quieres un calmante?
- No, quedate aquý conmigo, ya pasa.
Manuel la contempl˛ en silencio con la cabeza hundida en direcci˛n al pecho, entre los hombros encorvados.
- ┐Sabes? - interrog˛ pensativa.
- Dime, querida.
- No temo morir, he vivido una vida feliz, puedo hacerlo tranquilamente.
- No morirÓs, ten fe - contest˛ acariciando el cabello de su esposa.
- No, quiero morir como Dios manda, Ŕl asý lo ha dispuesto, s˛lo lamento una cosa.
- ┐QuŔ?
- Esta enfermedad, cuando vuelva a nacer pedirŔ otra muerte. Lo creo justo.
- ┐Crees en la reencarnaci˛n?
- Creo en la resurrecci˛n. Soy cristiana, si existe una segunda vida, Dios me premiarÓ .
- ┐Y volverÓs a ser artista?
- Si, me gusta el arte. S˛lo que incursionarŔ en otra rama, volverŔ de nuevo y serŔ otra y otra, todos mis yo al descubierto en su mÓxima expresi˛n de libertad.
- La humanidad lo agradecerÓ, si logras ser tan virtuosa como ahora.
- Lo serŔ, no lo dudes.
- Eso espero.
- ┐QuŔ dýa es hoy?
- 28 de Marzo de 1912.
- ┐Entonces ma˝ana? Me siento tan mal, ┐quiŔn sabe?
- Calla, por favor, descansa.
Son las 11:59 pm cuando miro el reloj; falta apenas un minuto para las 12, hora en que todo converge seg¨n las superticiones. ┐Termina la noche o comienza el dýa? ┐Es ma˝ana o es hoy? ┐Duermen los vivos y despiertan los muertos? !Quien lo sabrÓ ! Lo cierto es que hay un calor insoportable, la atm˛sfera estÓ  saturada con los vapores del dýa y no corre ni una gota de aire que pueda refrescar este mal humor que empieza a empozo˝ar mi cuerpo, doy vueltas sobre mi una y otra vez intentanto dormirme, en vano trato de forzar al sue˝o, termino boca arriba con los ojos fijos en el techo y un tropel de pensamientos agolpados en la punta de la lengua. Mis labios en impulso inconsciente modulan las letras y comienzo a proferir palabras.
"Nada existe que no halla existido antes, y nada existirÓ que no existaya. Dios hace que el pasado se repita".
Comienzo a sonreir en el coma supremo de mi desvelo. ┐Dios? ┐y desde cuando creo yo en Ŕl?, si jamÓs le he prestado atenci˛n. Me sobrecoge un estremecimiento, siento escalofrýos, ruidos que exaltan mis sentidos y ponen a volar mi imaginaci˛n; debo estar sugestionada. Es malo llegar a los 79 a˝os sola; ni siquiera aferrada a una creencia que nos llene el vacýo. Miro en todas las direcciones recorriendo la habitaci˛n, nada acecha en la oscuridad, trato de repetirme y sin embargo, sŔ que hay una sombra cohabitando conmigo, compartiendo mi miedo y mi respiraci˛n. ┐Ma˝ana? ┐Hoy? QuizÓs el sicoanalista tenga raz˛n.
No logro dormir, mi mente rehusa al descanso y se agita en mi cabeza esa laguna de recuerdos que vamos llenando gota a gota con los a˝os; detengo mi vista en la superficie para dejar mis ojos viajar en una de aquellas efýmeras ondas formadas al remover las vivencias.
Es 1915, soy yo con tres a˝os y visito con mis padres la casa de unos amigos; me comporto de una manera desenvuelta a pesar de ser una ni˝a týmida y retraýda. Me acerco al artefacto ubicado en medio de la sala, aunque no estoy segura de haber visto nunca algo parecido, exclamo con voz exaltada por la complacencia.
- !Que lindo piano!
Soy el centro de todas las miradas que extradas convergieron en mý, no me detengo por esto, movida por una fuerza interior me las ingeniŔ para subirme en la banqueta. La amiga de mi madre, se muestra generosa, viene a sentarse junto a mý, y abriendo el mismo ejecuta algunas notas de la pieza que tiene ante sý. Sonrýo en el colmo de la fascinaci˛n y me dispongo a seguirla pues mis manos no se estÓn tranquilas, sŔ de antemano lo que tengo que hacer y asý lo hago, al terminar yo misma la apludo y me aplaudo.
- !Lindo! - exclamo - Es una partitura de Chopin.
Reina un silencio absoluto en la sala; parece que algo grave ha ocurrido, recorro uno a uno todos los rostros, en ellos hayo la misma expresi˛n de sorpresa, acentuada en sus ovaladas bocas de !Oh! contenido. Mi padre rompe el silencio.
- ┐QuiŔn te lo dijo hija?
Como primera respuesta me encojo de hombros, para luego decir: - Nadie, yo lo sabýa.
Ahora analizo, reconozco que por ahý empez˛ todo. Claro, de una manera inconsciente, entonces era muy peque˝a para las profundas reflexiones, incapÓz de distinguir o explicarme quŔ era aquello; teniendo en cuenta que mi curiosidad por los por quŔ no habýa comenzado. Con el paso del tiempo y la toma de conciencia fuý descubriŔndome, al principio me creý una superdotada, la vida me habýa proporcionado un don del que yo comenzaba a percatarme en la medida que con los a˝os se hacýa mÓs y m s tangible.
Sonrýo junto a mis recuerdos en la quietud de la oscuridad, para abandonarme nuevamente en ese ondular de cosas pasadas que hoy parece absorverme. El milagro de la evocaci˛n me hace tener 27 a˝os. Voy por la calle abstraýda, sumida en un torrente de pensamientos, me sorprendo cruzando la výa sin prestar atenci˛n entonces me detengo bruscamente; recuerdo el lugar, el hombre del pullover rojo que cruza en mi direcci˛n y el vel˛z carro que dobla la esquina. Todo ocurre en fracciones de segundos como en mi mente lo he visto, mi grito altera su destino, casi lo mata. El, pÓlido como la niebla, deja escapar el aire contenido en sus pulmones en un momento, para liberar el susto. -.Gracias - dice y esta palabra marca el preÓmbulo de una amistad; mÓs tarde serýa mi compa˝ero para toda la vida y aunque mis instintos le dieron la posibilidad de conocerme no creýa en ellos, hasta lleg˛ a burlarse al principio, diciŔndome: - Debes dedicarte seriamente al espiritismo; no cabe dudas, !SerÓs una gran vidente! y sus palabras cargadas de mofa quedaban martillando en mis oýdos.
No le prestŔ atenci˛n, sabýa que no era cierto, no vi en toda mi vida un muerto como no haya sido en funeraria. Tampoco oýa voces; s˛lo veýa anticipadamente algunas de mis escenas cotidianas. MÓs tarde cambiaron sus burlas por la persuaci˛n, insistiendo constantemente:
- Debes ir a un psiquiatra, lo que te ocurre no es normal, debes estar mentalmente perturbada.
TerminŔ por no hacerle caso; no tomŔ en cuenta sus se˝alamientos, no me sentýa enferma, todo lo contrario. TratŔ de que me comprendiera pero fue en vano, nunca me crey˛, !digo! hasta el dia de su muerte y en este naufragar de reminiscencias vuelvo a vivir el dia.
Tengo 45 a˝os y él 952, vamos en nuestro auto para la playa, el sol de la ma˝ana se muestra inclemente, asegurando los vestigios de un caluroso verano; sus rayos inciden en el cristal delantero impidiendo de manera molesta la visibilidad; me distraigo mirando el paisaje por la ventanilla, nada novedoso resultan los viejos edificios pronosticando derrumbe, me sentý como ellos,apuntalada por dentro, con el miedo constante de un cualquier momento, al menor desequilibrio, venirme abajo en un gran desplome.
El miedo se acrecienta y me sobrecojo en el asiento.
- ┐Pasa algo, querida? - oigo su voz a travŔs del tiempo. Le contesto una pregunta:
- A mi manera. ┐A quŔ viene eso? Si tu no eres creyente...
- Reza
-┐QuŔ te pasa? - y su rostro refleja asombro.
- No lo sŔ - entonces veo claramente, grito !Vamos a chocar! Y Ŕl atina a poner su pie en el freno demasiado tarde; no sŔ de d˛nde saldrýa aquel cami˛n. De milagro salvŔ la vida, Ŕl tuvo fractura de crÓneo y le sobrevino una hemorragia cerebral; sobrevivi˛ al coma por tres dias, mÓs tarde muri˛.
!Como lo quise! A pesar de todo. Hoy lo sŔ, me alegro de no haberme casado nuevamente. mi devoci˛n me llev˛ al descubrimiento.
Retrocede el tiempo, me veo de luto con las flores en la mano. Es domingo; el cementerio se sume en la mÓs inmensa paz, no tengo deseos de regresar y me distraigo paseando por las  reas aleda˝as despuŔs de la visita al sepulcro de mi esposo. Para un artista este lugar resulta algo fantÓstico, miro las maravillosas esculturas y epitafios. Una lÓpida llama mi atenci˛n por lo negro y brilloso del mÓrmol, es preciosa aunque se trate de una tumba, de una rÓpida ojeada leo la inscripci˛n, sonrýo y contin¨o la marcha. No es hasta llegar a la esquina que me percato de lo ocurrido, me asalta una morbosa duda no exenta de ansiedad. Retorno sobre lo andado, seguramente era un error. Me paro frente a la sepultura; la situaci˛n es extra˝a y absurda. Me palpo el cuerpo, lo siento tembloroso pero caliente para mi alivio. No habýa dudas, no era un error, alguien descansaba allý para siempre; alguien que por extra˝a e increible coincidencia tenýa el nombre de Martha GonzÓlez Dýaz, mi propio nombre. MÓs calmada vuelvo a leer. Habýa nacido el 18 de Febrero de 1832 y muerto el 29 de Marzo de 1913, a los 80 a˝os, !el mismo dýa en que nacý!. En indagaciones posteriores supe por un biznieto que en su Ŕpoca habýa sido una gran pianista. Desde entonces todo dej˛ de ser un misterio para finalmente convertirse en la clave de algo cierto.
Vuelvo en mý, a la superficie de mis remembranzas en una onda recien emergida. ┐TendrÓ  raz˛n el psicoanalista? !Bah! Yo sŔ que no, a¨n recuerdo sus palabras sacadas de libros empolvados por el tiempo:
- Usted no tiene nada, su fen˛meno ha sido estudiado y se conoce con el nombre de mente cansada, la mente se cansa igual que el cuerpo si se le recarga, y luego creemos estarnos repitiendo escenas que ya conocemos por haberlas vivido, le mandarŔ algunas pýldoras...
!Al diablo con tus pýldoras! ┐Mente cansada? Acaso has sentido y experimentado lo que yo. Ahora sŔ; desde aquel dýa que mencionŔ la palabra piano, no he hecho otra cosa que vivir y repasar otra vida, creyendo adivinar las cosas; esa pianista, muri˛ a los ochenta a˝os, yo pronto los cumplirŔ pero tengo la idea de que morirŔ antes; pronto se completarÓ el ciclo, si ella muri˛ el 29 de Marzo de 1913 cuando yo nacý, entonces bien podria morir el 18 de Febrero cuando ella naci˛. No soy pianista mas sý una talentosa escultora. Todo es tan extra˝o, sin embargo, sŔ que volvera  a nacer ma˝ana y vivir  nuevamente o tal vez las dos viviremos otra vida a la que se incorporarÓn sus experiencias con las mýas. La campana de la Iglesia ha dado las doce, en mi reloj las agujas marcan la misma hora cuando el dolor me asalta inesperadamente, aprieto mi pecho con las manos como si asý pudiera evitarlo.
La boca de la mujer que descansa en la camilla se abre desmesuradamente en toda su extensi˛n por el doloroso !Ay! que deja escapar, el sudor ba˝a su piel tornÓndola frýa y pegajosa, mira en todas direcciones buscando apoyo, pero nadie puede ayudarla mas de lo que lo han hecho, ahora todo depende de ella.
Los ojos se me inundan nublados por el llanto, amarillenta y apergaminada por los a˝os se va tersando en la medida que mi impulso decae.
Trata de relajarse, recupera fuerzas, las contradicciones han llegado al mÓximo de su continuidad, todos esperan por su mayor coolaboraci˛n; se incorpora a medias apoyada sobre los codos, mientras alguien sujeta su cabeza.
Un nuevo ataque sobreviene, esta vez el dolor es mÓs agudo, apenas logro respirar, el poco aire que me llega en este amanecer o anochecer caluroso.
- Ya viene, ya viene, no pares, mantŔn este ritmo, dale; ahora- le dicen. Aprieto los labios fuertemente, mis manos se crispan con las sÓbanas entre los dedos, trato de incorporarme, quisiera articular un grito de auxilio, tal vez alg¨n vecino me oiga y venga en mi ayuda.
- Ya estÓ aquý, descansa.
Descanso, me invade una gran rigidez, no puedo moverme, mis ojos comienzan a oscurecer y todo se aleja poco a poco hasta desenfocarse, siento un conteo de regresi˛n ...9-8-7, mi respiraci˛n se aquieta de modo lento y yo obedezco, 6-5-4, ahora solo deseo que haya silencio,...3-2-1... Estoy quieta, me inundo de paz y una embriagante luz..........mis pulsaciones han cesado.
Una mano me sostiene, yo oscilo de cabeza suspendida de mis pies en tanto la otra mano busca la altura para finalmente venir cayendo. Estoy completamente inm˛vil y algo se ha escapado de mi con la ¨ltima expiraci˛n. Acepto la idea.
El grito lastimero es ensordecedor, todos rýen. !Que estupidez! Piensan que ha sido el golpe pero estÓn equivocados, ha sido por esta turbaci˛n que ha irrumpido bruscamente en mi interior con la primera inhalaci˛n.
Me llevan en brazos hacia la mujer de la camilla.
- Es una bonita ni˝a. ┐C˛mo le pondrÓs? - preguntan
No hace falta respuesta. Yo sŔ que me llamarŔ Martha GonzÓlez Dýaz.
Pero en esta ocasi˛n serŔ una gran pintora.