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AVELINO VICTOR COUCEIRO.

 

PENITO
 
Penito era un ni˝o como muy pocos: casi todo loavergonzaba. Trabajo le costaba acercarse a mýcada vez que me veia saliral portal para escribir y quedarme pensando largas horaspluma en mano. YŔldesde su cuarto en la casa de al ladome espiabaporque conocia miscostumbres. Asýmientras yo me llenaba con cada puesta de sol o con lalluvia frescao incluso con alg¨n amanecer en que no habýa logradoconciliar el sue˝os˛lo el conocia de sus vigilias tras sus persianascomo si apostara con sus mu˝ecos acerca de lo que yo escribýa. Pero comotodas las personas de extrema vergŘenzaen ocasiones se armaba de valor yresultaba temible. Fue asi como una tardeensayando yo un personaje deteatro en base a mis ¨ltimos escritosdescubrý un eco que no me perdýani pie ni pisadauna mirada fija en lo mas profundo de mi alma que me haciaperder concentraci˛nlo cual resultaba harto extra˝o en mý. Y al volverhalle sus ojos en el umbral de mi puertasus ojos grandes y vivos en cuyaexistencia yo jamÓs habýa reparadoen medio de un rostro infantil tanrojo de vergŘenza que se le erizaban los pelos de la cabezapero firmeante la sorprendida e inquisitiva expresi˛n de mi mirada.
- " ┐SerÓ acaso el personaje que debe contestarme enescena?" - recuerdo que preguntŔ para mý.
Como todo artista que estudia la sociedadyo buscaba poraquel entonces aislarme del mundo entre mis cuatro paredes del campo parapoder crear. Mas a aquel curioso que con tanta admiraci˛n seguia mis pasosuno por unoyo no podia echarlo a la calle... Sin necesidad de eso yaestaba en los limites extremos de su penay pronto comprendý que supresenciae incluso su di logooscilante entre la extrema medida y elmÓs indiscreto y agresivo desenfreno en sus arranques de altiva y posesivahonestidadno constituian en lo absoluto un obstÓculo a mi creatividadsino que todo lo contrariocompletaba mi mundo de forma tal con susaciertos y desaciertos que mi inspiraci˛n se sinti˛ mÓs capaz y fecundaque nuncay me confiaba en si misma. Y no porque Penito me alentaradirectamente ni estimulara mi ego natural. En ocasiones subvaloraba hasta lanulidad mi talento artýstico y mis investigaciones socialesy hastallegaba a hacerme la competenciapor cierto que no lo hacia nada mal. Perohasta eso para Ŕl era un juegoy esforzandome yo en depurar mi estilo o elacabado estŔtico de mis obrasme hallaba de pronto cual juguete entre susmanos de ni˝o y s˛lo su sonrisa comprensiva e indulgente me salvaban de ladesaz˛ncuando me se˝alaba lo que mÓs le habýa gustado de mi obra delmomento de esa forma creada entre los doslleno de un orgullo profesoralque a duras penas contenýa por una modestia facilmente reconocible en suparentezco con la vergŘenza.
Todos los dias - y muchas noches - Penito se escapaba de sucasa tan pronto tenia una oportunidady empezo a traer consigo una perrarecien nacida en los alrededores que alguien habýa abandonado a su suertey que tuvo la fortuna de convertirse en nuestro tercer c˛mplice. Alprincipioyo le daba la comida y le llenaba una latica de lechey luego laobviabasin darme cuenta de que el peque˝o cachoro se hartaba para quedarfinalmente con la panza inflada patas arribalas orejas paradas mirandome yla cola incontrolabley fue Penito nuevamente quien me ense˝o que nuestraperrita no solamente era para cuidarlasino adem s para compartirnuestras aventuras e inclusonuestro arte y nuestras investigacionessociales. Asýpronto llegue a acostumbrarme a ver a Penito discutiendo conla perra sobre el empleo de los artýculos en un determinado poema otratando de montar una nueva coreografýa para sus ejercicios de danzaaerobia. Una vez tuve que ponerme a su alturay contar seriamente con elanimal en el gui˛n que querýa escribir para una pelýcula.
Ni que decir tiene que cuando decidý llevar a Penitoconmigo a la radio - y a la perrapor supuesto - para una entrevista quenos permitiera hacer gala de un di logo interesante y provechoso entreun adulto y un ni˝o inmersos en la creaci˛n artýsticame hizo quedarmalpues no se atrevi˛ a pronunciar palabra cuando sali˛ al airey aquelni˝o - genio que yo querýa presentar s˛lo contestando con resoplidos amis preguntasviendome obligado a comentar mis propias observaciones ytransformar el pretendido di logo en un mon˛logo. Ni siquiera la perratan inquieta de costumbredej˛ emitir un ladrido.
Clarolos padres de Penito toleraban esta relaci˛n sinmucha simpatýa: para ellos yo era un loco inofensivoy Ŕl no era nada mÓsque un ni˝o con una perra de cuya raza ademÓs tenian dudaspara colmo. Yolo veia bien diferente: para miPenito no era nada menos que un ni˝oconuna verdadera amiga. Ellos nunca supieron leer como yo el genio quevislumbraba en sus dibujos y en su fino y agudo sentido del humoren sudisposici˛n y sensibilidad a las diversas artes y sobre todoen suabsoluta capacidad de amarocupados como estaban en su propio prestigioprofesionalen sus oraciones de cada dýa y en las cosas del mercado y lastiendas.
Y una ma˝ana Penito no lleg˛. Preocupado a mas no poderpor la tardeme asomŔ a su ventana y descubrý su casa sellada. Sus padresse habýan ido sorpresivamentey por supuesto se lo habýan llevado a Ŕl.Como siempreno le habýan preguntado su opini˛n a la hora de marcharse nimucho menosy estoy seguro que para Penito fue una sorpresa tandesagradable como para mýsobre todo cuando no le dieron ni tiempo paracorrer a avisarme para darme su nueva direcci˛ny a so˝ar juntos aunquefuera por ¨ltima vez. No le habian dejado ni el derecho a so˝ar por sýmismopero esobien lo sabemosnunca podrýan quitarselo.
Allý en la carreteraestaba la perradesde la ma˝anamirando tal vez al punto preciso por donde se habia esfumado el carro quellevaba a Penito. Ese fue nuestro ¨nico consuelo mutuoy su ¨ltima pruebade valores. Con tal de no dejarme tan desorientado y abatidoPenito sesacrific˛ y se abstuvo de llevar consigo aquel ser que tanto amabamos ambospara que entre la perra y yola soledad fuera mas pasajera. Fue entoncesella quien me ayud˛mirandome con su cabeza ladeada y sus ojos grandes yvivostal y como descubrý los de Penito aquella primera tarde en el umbralde mi puertaesperandome para crear juntos mi pr˛xima obra; fue ella -bendita sea esa "ni˝a" quien me ayud˛ a escribir estas memoriasde aquel ni˝o singularmientras ambos esperamos a¨n con la puerta abiertaa que Penito se escape de donde quiera que estŔcomo siemprey vuelva anosotros para continuar labrando juntos entre los tres el infinito mundo defantasýas y amor que nadie tiene derecho a truncarni siquiera nosotros.
Sus padres no lo entendieronno lo consideraron nada mÓsque un ni˝o y no le prestaron ojos ni oidospero Penitoque era todo unni˝olo sabe. S˛lo por eso pudo robarse mi coraz˛n que se llev˛ consigoy con su avergonzada sinceridad habitual vendrÓ a restaurarmelo sin faltapara escribir entre los tres mi propio cuento.
 
TRUCO TIRAPIEDRAS
 Para Maykel y sus amiguitos
sobre todo aquellos que aprenden cada dýa
que cuando dejan de tirarpiedras
crecen en el mundo de los buenos.
 
!Dale! !Týrale!
Gritaron a su espalda. Truco se sentýa emocionado cada vezque encabezaba a los chiquillos del barrioen las aventuras mas diversas.Corrýan por las calles y los parques tras Ŕl toda una gama de criaturasvarones casi todoscuya excitaci˛n favorita era la que conocýan durantelo que llamaban "la cacerýa".
- Allý estÓsilencio... Que no espante a volar... Que nose vaya...
Seg¨n los dýasse dedicaban a crucificar lagartijasaechar a pelear perros entre sý en luchas encarnizadaso a torturar gatosamarrados. Todo ello se lo habýan ense˝ado algunos mayoresaunque otrosno lo aprueban. Ellos no entendýan por quŔy todo dependýa de la výctimaque en ese momento le pasara por delante. Hallaban particular placer cuandoapaleaban ratonesmuy estimulados por varios adultosque constantementelos invitaban a ello.
Pero en estos precisos momentos se entregaban a la difýciltarea de tirarle piedras a los gorriones y otras aves similaresmientrascorrýan jadeantespor el cŔspeddestruyendo jardines completos de floresdistintas y arrancando pedazos de los Órbolesmientras provocaban la risade alguna madre o hermano mayor por lo que llamaban "las travesuras delni˝o".
- !Ahora!!!
Truco solt˛ la piedra que habýa en su peque˝a arma. Sinver siquiera el recorrido que la misma hacýa mientras surcaba el airepudopercibir un golpe seco entre las ramas y algunas plumas que se desprendýanal aire; algo caýa al piso... Pero a Truco no le di˛ tiempo de verlollegar a tierra.
Inesperadamenteun fuerte dolor le cruz˛ totalmente elpecho. Truco no podýa respirary rod˛ por el pavimento. Quiso pedir ayudaa sus compa˝eros de juegoque lejos de atenderlo continuaron gritando cadavez mÓs fervientementey corrýan hacia Ŕl con un aire que a Trucoenvez de tranquilizarlolo llen˛ de terror.
- !Al fin! !Al fin! !Lo cogimos!
EspantadoTruco descubri˛ que estaba lleno de sangre.Apenas podýa moverse... Tenýa deseos de volarpero el dolor en el pechono le permitýa siquiera tomar el aire necesario a sus pulmonesy seahogaba.
El pie de uno de sus amigos que corrýan se le afinc˛ deun golpe sobre la misma columna vertebraly el dolor que alcanz˛ el climaxle arranc˛ lÓgrimas de sangre. Al momento recobr˛ todo el movimiento porel mismo dolory mÓs Ógil que nuncaTruco se levant˛ a todo correrintentando llegar primero que todos los demÓs.
- ┐QuŔ te pasatropezaste? - Le pregunt˛ alguien.
Pero Truco no tenýa ahora m s que un pensamiento fijocomo si toda su vida dependiera de Ŕl. Ya los ni˝os mayorcitosque habýanllegado primerose agachaban con rostros frenŔticos para recoger algo delpiso... Sin embargoen un gigantesco saltoTruco se lanz˛ a arrebatarlesla presa herida.
!Es mýo! - grit˛ con tal firmezaque todos se callaronal momento y un silencio inexpicable y profundocomo el vacýocambi˛ elcurso de la vida de aquel parque. Al centroTruco no sabýa quŔ hacer; erael punto de atenci˛n de todo el mundo: ahora estaba mÓs calmadomÓspensativoaunque tambiŔn un poco nervioso. Entre las palmas de sus manosabiertas estaba el gorrioncito heridopero vivoque lo miraba en busca deprotecci˛n. El hueco de su mano se habýa convertido en nido perfecto paradarle calor y cari˝o de vida a aquel peque˝o ser emplumadoy Truco sinti˛la fuerza nueva y singular de una gran alegrýauna experiencia excitableque nunca antes habýa conocido en la vida y que lo hacýa por primera vezinmensa y verdaderamente felýz.
- Nono es mýo- dijo a todos con voz mÓs suaveperotambiŔn mÓs firme.
- T¨ lo cazasteTruco... Te pertenecees tuyo...
- Nono es mýo. No es verdad que sea mýo. Pero tampocoes de ustedes. Nadie es de nadieno se dan cuenta que no puede ser? Nadiepertenece a nadie...Ni nadie tiene derecho de atacar a nadie... Ahora sientomucha vergŘenza de haberle tirado piedrasde haberle herido...De haberhecho tantas cosas que... s˛lo ahora... Siento vergŘenza...
A Truco se le trababan las palabras ahogado por el sollozo.Sentýa clavados en el alma los ojos del avecilla.
- No es mýoy le he hecho da˝o. Por lo menos vivemenosmal que no lo matŔ. Y me lo voy a llevar para curarlo. Ustedes no vuelvan abuscarme nunca para estos juegosnuncanunca... Son juegos tontos y malos.Ni siquiera son juegos. Puedo seguir jugando con ustedes y seguir como jefesi quierenpero no asý. Voy a hacer juegos nuevosdonde seremos losbuenos de verdadlos que defienden animales asý de los ni˝os y de losadultosque los han perseguidoy cuidamos a los animales con hambre y frýoen la calley buscamos que curen a los que estÓn enfermos y que no losmaten los carrosno los dejamos que crucen con peligrocomo dicen en trÓnsito.Voy a ser el jefe de la banda contraria ahorame entienden? Hay muchosmuchos otros juegos que nos pueden divertir muchosin da˝ar a nadiecomprenden?
Dos o tres de los chicos que lo escuchabanbajaron lacabeza avergonzados; otros soltaron los palos y los tirapiedras que tenýanen la manomientras dos de ellos salieron del cŔsped e hicieron retrocedera una pareja de adultos que para atravesar el parque iban a caminar sobretoda el  rea verdey mucho menos permitieron al hombre que arrancaraflores para su compa˝era: cuando vieron que tenýa esa intenci˛nvarioschicos mÓs se sumaron a los dos primeros para impedirlo. La parejamolestay sin entenderse fueron de mala gana por otro camino pavimentado. Una ni˝acerca sec˛ sus ojos y retir˛ la lata que habýa amarrado a la cola de unpeque˝o perrito de la calleal que prefiri˛ darle de sus galleticas quecomýa y acariciarlo ahora con un poco mÓs de respeto y cari˝oy sobretodocon mucho cuidadocon delicadezacomo nunca antes habýa hecho. Otrani˝a rechaz˛ la flor que la madre ya tenýa arrancada para ponerle en lacabeza; la madrepor supuestotampoco entendi˛ naday la acus˛de"mal criada".
Ya los amiguitos de Maikel no recordaban con admiraci˛nsi no con horrora aquellos vecinos adultos que les ponýan a hervir aguapara que lanzaran a los perros que pasaban por la calle y a los gatosquemaullan al anochecer con hambre.
Pero una se˝ora de tez cobriza que lo habýa visto todopas˛ su mano con amor sobre la cabeza de Trucoque al retirarse del parqueen silenciopasaba por su lado.
Y desde la esquina y antes de desaparecer de vistaTrucose vir˛ y grit˛ nuevamenteya en la distanciacomo para que lo oyerantodos:
- !Nos vemos ma˝anapara nuevos juegos! Ya les contarŔ c˛mosigue el gorri˛n. Los que quieran ayudarme a cuidarlocomo un nuevo juegovayan por mi casa. !Ahy ya tendrÓ un nombre entre nosotros! Se llamarÓTruquito. Asý que ya saben... !los esperamos!
 
Domingo 21.6.1992.
12:00 del dýa a 1:45pm
 
CINDRA
 
Mi amigo la comprendýala justificaba inclusohastacierto punto; yoen verdadno puedo.
ClaroŔl nunca la aprob˛ tampoco. Pero sý la conocýamejor que nadiey decýa que habýa que ver en su coraz˛n para entenderlaque podýa llegÓrsele a querero a tenerle lÓstimaseg¨n.
Porque Cindra era de pocas palabrascomo toda serpienteysu apariencia denotaba cierta malignidadun algo misterioso que apenas pudiŔramosexplicar. Pero dice el boabab que tambiŔn entre las serpientes podemoshallar los mayores contrastes.
Por supuestoalgo tuvo que inducirle a seleccionar eltronco de mi amigo entre tantos Órboles ajenos para enroscarseyestablecer allý su vida sedentaria. Algoque le hacýa identificarse conel noble y desinteresado coraz˛n del boabab. Nono recuerdo jamÓs quenadie haya contado que Cindra hubiera cometido ninguna fechorýanada sucioning¨n crimenexcepto quizÓs...
Fue viviendo en el boabab donde conoci˛ aquella oruga quecomo toda orugano era linda en lo absolutopero despertaba un profundosentimiento de ternurade ingenuidadun candor especial que s˛lo el almapodýa leer. Y entre tanta belleza que en el bosque criaba la Naturalezas˛loa la oruga Cindra miraba sin pesta˝earhoras y horas enterassin moversecomo si guardara el mÓs absoluto reposoesperando por algo que definierala vida. Cualquiera hubiera dicho que estaba pr˛xima a saltar sobre su výctimao sobre el futuro...
La oruga temblaba de pÓnicocon solo presentirla. Pens˛que aquella mirada obsesivay peligrosaclavada sobre sý como una amenazaconstanteera peor que si la exterminara ya de una vez. Le aterrrorizabacada atenci˛n de la serpienteque sin hablar ni dejar de mirarla sin la mÓsmýnima expresi˛ncorrýa a alcanzarle el alimento o el aguaa protegerladel sol o de la lluviade cualquier enemigo... Cada capricho de supensamiento lo complacýa Cindra al instantesin que se lo pidieray esola llenaba de horrorprejuiciada por su constante sombra sobre sýyaquella apariencia diab˛lica y mal afamada. Y para evitar los sufrimientosinnecesariosfue el mismo boabab quien le confes˛ que Cindra ya amabatalvez como nadie llegarýa a amarla jamÓs(lejos de ninguna mala intenci˛n)tal vez como muy pocas veces se habýa conocido el amor.
La confianza de la oruga en la sabidurýa del boabab lehizo despejar un poco sus temores. Estaba dispuesta a conocer esossentimientospero a¨n algo en su propio instinto la refrenabay no sellegaba a establecer la debida comprensi˛n que ¨nicamente el tiempo puedelograr. Cindra era incapaz de expresarle todo lo que sentýa por temor a nosaberlo hacery no hacýa mÓs que mirarla y mirarla dýa y nochedejÓndosebalancear un pococomo si la sola esperanza la llevara al Ŕxtasis delplacer. Y la orugatýmida e inexpertano sabýa tampoco c˛mo romperaquella barrera de hielo que se habýa establecidohasta que un dýaintentando obtener garantýa de aquel amordecidi˛ de alguna formafueracual fueradeterminar la situaci˛n. No sabýa que esa forma era tanimportante cuando de amor se tratano sabýa que habýa que ajustarla acada individuo seg¨n su carÓctera cada parejaque el amor no admite mÓsgarantýas que su propia existenciay que representaba el mÓs alto eslab˛nde la necesidad del almademasiado sublime y delicado para determinarlo asýcomo asý de superficialtan a la manera de los demÓs. No entendi˛ alboabab cuando decýa que todabýa debýan comprenderse mucho mÓs antes deexigir mejores adaptaciones entre sýpero valýa la pena esperar un pocomodificar los instintos formales...
- ┐De veras no quieres hacerme da˝o?
Nada respondýa el semblante de Cindra. S˛lo el boabab sedolýa con ella de que bastara su actitud callada pero honesta y constantesu mudo e inexpresivo cari˝o minuto a minuto. S˛lo reparaba en laconfianza del Órbolpero no en su intranquilidad con respeto al mŔtodo ycon cierta simpleza irreparable os˛ espetar:
- Necesito que me demuestres francamente lo que sientes. Side veras me amasentrŔgame tu amor hoy mismo. Quiero sentir algo de eseamor tuyo. Aunque seaÓmame hoy por primera vez.
El boabab se estremeci˛ hasta la ¨ltima hoja; la oruga nohabýa entendido nada. Aquel no era un amor del dýasino el amorel ¨nicoy verdadero amor al que dedicaba la misma existencia. Tampoco Cindra podýaajustar a su comprensi˛n la medida exacta de aquella demostraci˛n que lepedýa embargada de felicidad cuando por primera vez oy˛ a su amada orugaproposici˛n semejante. El baobab quiso temblar fuertemente para evitar eltrÓgico final de lo que podýa ser una relaci˛n de ejemplar bellezaperola simplicidad habýa desatado pasiones fuertemente arraigadas en toda lamagnitud de su profundidad y nada podýa detener ahora las consencuencias. S˛loen aquella oportunidad Cindra se sinti˛ felizrompi˛ incluso su frývolaapariencia y decidi˛ demostrar toda su ardiente vehemencia de la manera quemejor sabýa.
En el ¨ltimo instante la oruga presinti˛ el peligroytuvo miedo. Pero ya era demasiado tarde. Cindra la abrazaba fuertementetanfuerte como su coraz˛n latýa de dicha por aquella demostraci˛n de amortal y como se la habýan pedidopara no fracasar. Nada entendi˛ cuando aldesenroscarsela oruga no respondýa.
Nadie dese˛ saber nada mÓs de Cindra. Aquel hecho lepropici˛ el mÓs absoluto rechazo de todas las criaturas del bosquey debodecir que el mýo tambiŔn. El triste final de la oruga me impide conmovermecon el boabab cuando me describýa que nadie rechaz˛ tanto a Cindracomola propia Cindra... y eso era lo m s terrible. S˛lo el boabab intent˛darle  nima para seguir viviendopero Cindra estaba contra si misma.Sencillamenteno le interesaba vivir.
Sin hablar jamÓsqued˛ Cindra como siemprefrente alcuerpo yacente de
la orugasin dejar de mirarla ni por un instante. No sŔporque nadie la vi˛ llorar en ning¨n momentodice el boabab que los ojosde las serpientes son demasiado frios para expresar los sentimientos deCindrapero por dentro... !Horror! No habýa cuadro mÓs infernal que elalma vacýa y torturada de Cindra contra sý mismapor la pŔrdida delobjeto de su vida.
Sin balancearse mÓs nuncatotalmente recostada sobre laramaCindra qued˛ como siemprehasta que sus ojos dejaron de versincerrarse jamÓs. En vano trat˛ el boabab de que probara bocadode que seapegara a la vidaque todo habýa sido un problema de incomprensi˛ndefalta de experienciay que no bastaba con querer tan intensamentesi no sesabýa amar a¨n... Eso suele pagarse muy caroy ya a Cindra no le quedabainstinto de supervivencia. Ya no habýa remedio.
Dice el boabab que nunca se pudo quebrar aquel sentimiento.Todavýa hoy dýaocultos por el espeso follage de mi amigoyace laserpiente sobre una rama con sus pupilas dilatadasfija en un cuerpo deoruga sin vidapero impreso de amor.
Dice mi amigo que hubiera podido llegar mucho mÓs lejospero allý se mantiene al menoscomo protagonista del amor que nunca muere.S˛lo el boabab interpreta asý esta historias˛lo Ŕl se ha percatado deque Cindra no sobrevivi˛ a su amor. Y aunque no la apruebaŔl lacomprendela justifica incluso: yoen verdad si que no puedo...No puedo.
 
4:45am 2-3-1987
 
EL ETERNO AMOR DE LA LUNA NUESTRA
 
Tan pronto naci˛ abri˛ sus ojos al Universoadmir˛ suinfinitobusc˛ su procedencia ydecidida como eraseleccion˛ deinmediato el objeto a entregar su amorsincera y profundamente extasiada.Era asýno le interesaban las experimentos yconvencida de que el planetade donde procedýa era capaz de satisfacer todo lo que necesitaba en suvidadecidi˛ consagrarle por siempre su mÓs honda pasi˛n.
Tanto am˛ a la tierrapero tantoque s˛lo podýa giraren el espacio alrededor de su bien amadosin poder jamÓs darle la espalda.Pero algo comenz˛ a contrariarla muy seriamente: a pesar de su dedicaci˛nno recibýa en lo absoluto respuesta. Y esto le produjo un intenso dolorpara el que no hallaba consuelo ni mucho menosremedio. DesesperadalaLuna comprendýa que la tierra que tanto admirabaa su vezse encandilabahasta la vista del solal que adoraba tan fervientemente que s˛lo podýagirar en el espacio a su alrededorde la misma forma en que aparentementeignoranterecibýa el callado y ferviente amor de la Lunaque quedabasumida en la mÓs absoluta desolaci˛nsintiŔndose despechada por ese solque sin embargoerraba orgulloso el Universoirradiando indistintamente aunos y otros.
Pero la amada sin lugar a dudas. Asumi˛ sus propiossentimientos eincapÓz de renegar de ellosmantuvo alimentando lo mÓshermoso de su exitencia. Y presta al menor detalle del objeto que amaballeg˛ a descubrir en cierta ocasi˛n y presa de terror que se acercaba a ungrado de aproximaci˛n tan peligroso entre su adorada y el solque prontola tierra se quemarýa por los rayos del sabio y astro rey quienapenas sindarse cuentaasý la amenazaba. No lo pens˛ dos vecesy siguiendo sus mÓsnaturales instintos como siempreinterpuso su propio cuerpo a lasquemadurasbeneficiando con su sombra a la tierra amada.
Asý evit˛ las posibles quemaduras perjudicialessobreaquella que amaba sin que nunca le hubiese demostrado la menor atenci˛n. Noesperaba ya en ese momento ninguna reacci˛npor supuestoningunarecompensa: no se daba cuenta que la tierraaunque giraba alrededor del Solcomo siemprejamÓs se separaba tampoco de su presenciamucho mÓs cercanae ýntima. Nunca.
S˛lo comenz˛ a comprenderlo felýz cuando de su objetoamado recibi˛ las primeras visitasy solo entonces conoci˛ tanto mundo deleyendas y fantasýas que la tierra habýa tejido por milenios de pacienteamorpara regalarle un dýa.
 
Domingo 12/11/1990 7:04pm



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