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¡Hasta el cielo!

Drama en tres actos y en prosa

José Contreras y Peón

[41]

A la señora doña Leonor del Valle de Peón

 

Si ésteque bien podría llamar mi primer trabajohubiera alcanzadomala suerteseguro estoyesposa míade que en tus ojos hubiera halladouna mirada de cariño mi desventurado manuscrito. Pero tú oíste elgeneroso aplauso de un público benévolo.

 

En memoria de aquellos instantes de felicidad que juntos sentimos ygozamos juntosdeja escrito tu nombre en esta primera página.

Tu Pepe

 


PERSONAJES

  
   
 

BLANCA

 
 

BEATRIZdueña de Blanca

 
 

SANCHO LAÍNEZ

 
 

EL VIRREY DE MÉXICO

 
 

DON TELLO DE SOUSAmarqués de Santa Flora

 
 

FORTÚNescudero de Sancho

 


La escenaen México. Épocasiglo XVII





 

 

Acto primero


Salón en el palacio de los virreyes. Dos mesas en el fondocon escritorio. Foro de salón de baile. Noche.


Escena I


BEATRIZFORTÚN


BEATRIZ.- (Seguida de FORTÚN.) Es inútilseñor escuderotantainsistencia.

FORTÚN.- Mirad lo que perdéis.

BEATRIZ.- No pierdo nada.

FORTÚN.- El tiempocuando menos.

BEATRIZ.- Vos sí que lo perdéis; dejadme en paz.

FORTÚN.- Mi señor es muy rico.

BEATRIZ.- Lo sé.

FORTÚN.- Y ¿cómo lo sabéis?

BEATRIZ.- Me lo imagino. ¡Sois tan dadivoso!...

FORTÚN.- Dádivas quebrantan peñas.

BEATRIZ.- Yo soy inquebrantable.

FORTÚN.- El oro de mi señor no os deslumbrani la codicia os excita... ¿Algunoos paga mejor?

BEATRIZ.- Puede...

FORTÚN.- Pensad en que vuestra señora le ama.

BEATRIZ.- Mi señora amará a quien su tutor le designe para esposo. ¿Loentendéis?

FORTÚN.- Bien; pero lo que yo os pido es simplemente una entrevista de miseñor con ella.

BEATRIZ.- En mi casaos dije ya que no; en la propia casa de mi señoraendonde osasteis penetrar furtivamente.

FORTÚN.- (Acercándosele.) Beatriz... ¡ExcelenteBeatriz!

BEATRIZ.- ¡Apartad! ¿Quién sabe con qué maligno objeto os atrevisteis atanto?

FORTÚN.- Ya os lo dije: doña Blanca...

BEATRIZ.- Y ¿cómo ha podido saber vuestro señor que doña Blanca le ama?

FORTÚN.- Lo sabe.

BEATRIZ.- Ésa no es respuesta.

FORTÚN.- Es.

BEATRIZ.- Si nunca habló con ella.

FORTÚN.- Sí tal.

BEATRIZ.- Encerrada estuvo siempre en un convento.

FORTÚN.- Los conventos rejas tienen.

BEATRIZ.- ¡Qué sacrilegio!

FORTÚN.- Vos cargaréis con tal pecado.

BEATRIZ.- ¡Yo...! Y ¿por qué?

FORTÚN.- Porque a mi señor no le proporcionasteis otros medios. Tomad(Ofreciéndoleun bolsillo.) cinco minutos...

BEATRIZ.- ¡Ni uno!

FORTÚN.- Veddueñaque estoy resuelto a arrancaros una promesa.

BEATRIZ.- Y ¿cómo?

FORTÚN.- Si el oro no os ablanda las entrañasel hierro podría muy biendeshacéroslas. (Llevando la mano a la espada.)

BEATRIZ.- ¡Ay Jesús!... ¿Me amenazáis?

FORTÚN.- Sípor mi vida.

BEATRIZ.- ¡Idos!... ¡Me dais miedo!

FORTÚN.- Pues accededque si no...

BEATRIZ.- ¡Daré voces!

FORTÚN.- ¿Un escándalo?

BEATRIZ.- Terco sois en demasía.

FORTÚN.- Y vosla más estúpida dueña que he conocido.

BEATRIZ.- ¿Yo?... ¡Dadme paso!

FORTÚN.- Y la más testaruday...

BEATRIZ.- ¡Callad! Ruido escuchoy ojalá...

FORTÚN.- ¡Ya nos veremos! (Vase precipitadamente.) [42]




Escena II


BEATRIZ.- Es increíbleinauditala persecución que este hereje mal nacidome ha declarado; ¡vamos!...




Escena III


El VIRREYBEATRIZ


VIRREY.- ¡Beatriz!

BEATRIZ.- Señor...

VIRREY.- ¿Qué me traes?

BEATRIZ.- Un recado para Vuestra Excelencia de la venerable madre abadesa delas Concepcionistas.

VIRREY.- ¡Hola!

BEATRIZ.- Un recado y una carta.

VIRREY.- ¿Una carta?

BEATRIZ.- Hela aquí: en vuestras manos la pongo. (Le da un billete.)

VIRREY.- (Abriendo el billete y leyendo.) ¡Qué veo!

BEATRIZ.- ¡Cuando digo que ha sido audacia...!

VIRREY.- Letras de amores... y ¡a Blanca!

BEATRIZ.- ¡Y en aquel santo asilo!

VIRREY.- No leo aquí¡vive Dios!ni la fecha ni la firma.

BEATRIZ.- Encontróse ese billetemuy doblado y escondidobajo los blancosmanteles del pequeño altar de la celda que ayer mismo abandonó doña Blanca.

VIRREY.- Y ¿quién pudo...?

BEATRIZ.- Eso se ignora. Ha sido una verdadera sorpresa.

VIRREY.- Y bien...

BEATRIZ.- Celosa nuestra buena madre del reposo y tranquilidad de VuestraExcelenciame encarga os avisepara que andéis prevenidoseñor.

VIRREY.- ManifiéstaleBeatrizmi reconocimiento.

BEATRIZ.- Ademásdoña Blanca... desde anoche...

VIRREY.- ¿Qué es lo que tiene desde anoche?

BEATRIZ.- Yo no séen realidadlo que mi señora tiene; pero a decir lociertoella está enferma.

VIRREY.- ¿Enferma? ¡Sí!... Ya me lo presumía...

BEATRIZ.- Un año haráseñorsi la memoria no me es infielque la veotristeretraídallorosa.

VIRREY.- Beatriz¿has observado tú?...

BEATRIZ.- Y bien que he observadoseñor; alguna oculta y misteriosa penaacibara su vida. Se adelgazava perdiendo la colory desvelada noches enterassorprende el primer rayo de la luz del día alguna lágrima en sus ojos.

VIRREY.- ¿Te habrás descuidado acaso?

BEATRIZ.- Nuncaseñor.

VIRREY.- Alguno de esos nobles lograría hablarle y...

BEATRIZ.- Y ¿cómo podría ser eso? La he vigilado constantemente... He sidosu sombra en los claustros; en el huertosu sombra; su sombra en los jardines.

VIRREY.- ¡Es increíble!

BEATRIZ.- A no ser que...

VIRREY.- ¡Habla!

BEATRIZ.- A no ser que... porque ha de saber Vuestra Excelenciapoderosísimo señorque de algún tiempo a esta parte gustaba doña Blanca dearrodillarsetodos los díasdurante la misa mayoren un rincón del corobajocercamuy cerca de la rejay desde allí... porque habéis de sabertambiénexcelentísimo señorque del otro lado de la rejaen el templodistinguía yo siempreinmóvilfijoa un gallardo manceboque tal loparecía por su arrogante apostura...

VIRREY.- Y ¿tú le viste el rostro?

BEATRIZ.- Nono talque lo recataba con el embozo. Emperosobre élveíanse brillar sus ojos... unos ojos...

VIRREY.- Y ¿ella?... Y ¿Blanca?...

BEATRIZ.- Fijas en él tenía las miradas.

VIRREY.- ¡Y tú me lo ocultaste!

BEATRIZ.- ¡Perdónalto y gran señorperdón! No creí que eso sólofuese bastante motivo para llamar la atención de su excelencia.

VIRREY.- Mal hicistemuy mal¡viven los cielos! Y tú¿crees que elautor de esa carta...?

BEATRIZ.- Pudiera ser el mismo.

VIRREY.- Y ¿piensas que estos amores...?

BEATRIZ.- Desveladainquieta y malcontenta la traen; de todas manerasasegúroosseñor que doña Blanca no amará al caballero que le destináis poresposo.

VIRREY.- Pues ello tendrá que ser asíBeatriz. Tú que tan grandeinfluencia has logrado en su corazónnecesario es que procures aceptar sumisay resignada ese enlace que... ¡me importa! Hazle comprender que una dama biennacida debeantes que nadaciega obediencia al que ha velado por su felicidaddesde que era niña... ¿Me entiendes?

BEATRIZ.- Perfectamente. Pero hoy...

VIRREY.- Hoy no; mañana. Sírveme como hasta aquíBeatrizy yorecompensaré espléndidamente tu celo.

BEATRIZ.- Por todo el oro del mundono venderá la fidelidad que debo a lapoderosa persona [43] de Su Excelencia. ¿No se osespera esta noche?

VIRREY.- NonoBeatrizporque hay una mascarada en Palacioy no tendrétiempo; ademásserá bueno que ella repose.

BEATRIZ.- Bienseñor.

VIRREY.- Ve. Que Dios te guarde.




Escena IV


EL VIRREY.- ¡Ocultar a los ojos del mundo mi amor a esa criatura; ocultareternamente su existencia a mi propia familiapara evitar explicaciones que elmundo exige y la familia pide! ¡Ahogar en el corazón las expansiones de estecariño sin límites!... Imposible¡esto es morir!... Si aquí la trajera...Nono; mi limpia reputación padecería. ¡Y ese miserable marqués que paraesposa la codicia...! Las ocho. (Se oyen sonar las ocho.) Sanchono debe tardar... Aquí está.




Escena V


(El VIRREY y SANCHOque trae una cartera bajoel brazo.)


VIRREY.- Tan puntual como de costumbremi buen secretario.

SANCHO.- Ése es mi deberseñor.

VIRREY.- No abulta gran cosaa lo que pareceel correo de España.

SANCHO.- Vuestra Excelencia dice muy bien.

VIRREY.- Y me alegro; alégrome en gran manerami buen Sanchoporque de esemodo en breve tornaremos a gozar de nuestra hermosa fiesta. ¿Estuviste en elsalón?

SANCHO.- De él acabo de salir. Es espléndida la concurrencia.

VIRREY.- Bienbien. En tanto que mi noble esposa le hace los honoresdespachemos el correo.

SANCHO.- (Leyendo los expedientes que sacará uno a uno de la cartera.)Una pragmática de Su Majestadque Dios guardeen favor de los indios.

VIRREY.- Bien.

SANCHO.- Una carta participando la llegada a Veracruz de un visitadorapostólicodirigida a Vuestra Excelenciapor él mismo.

VIRREY.- Saldremos a recibirle.

SANCHO.- Una encomienda para don Tello de Sousamarqués de Santa Flora.

VIRREY.- Bienmuy bien.

SANCHO.- Cartas particulares para Su Excelencia.

VIRREY.- Dámelas. (Aparte.) ¿Habrá venido entre ellas la quecon tanta ansiedad espero...? Ésta no es... (Leyendo sólo las firmas.)Ni ésta... Ni esta otra... ¡Oh!aquí está. (Lee.) ¡Dios mío!(Alzando la voz.) Nada... ¡Nada de Juan de Paredes!...

SANCHO.- ¿De Juan de Paredes habéis dicho?

VIRREY.- ¿Le conoces acaso?

SANCHO.- ¿Que si le conozco?... ¡Ahseñor! ¿No habéis notado en mí?...

VIRREY.- SíSanchosí lo he notado: estás hoy de mal humor; pero ¿quétiene eso que ver...?

SANCHO.- Que hoy he recibido una carta de ese buen Juan de Paredes queacabáis de nombrar. ¿Conocéis su historia?

VIRREY.- Nono tal... Me interesaba por él... Una recomendación...

SANCHO.- ¡Ah!¿os le habían recomendado? Pues es inútil que os ocupéismás de él...

VIRREY.- Acaso...

SANCHO.- Pues ¡qué! ¿Os figuráis que ha sido poco lo que ha sufrido eseinfeliz?

VIRREY.- ¿Tú sabes algo de él?

SANCHO.- Él ha sido el único amigo de mi infancia... Huérfano eldesventurado desde la edad de cuatro añosvíctima de un horrible crimen...

VIRREY.- (Con sorpresa.) ¿De un horrible crimen?

SANCHO.- Él había nacido para ser feliz; vio la luz primera en una casasolar cerca de Balmaseda. Su padreDiego de Paredesteníaademás de esehijoalgunos bienes de fortunay una esposadechado de hermosura y gentilezajovenmuy joven; llamábase Mencia... ¡Infeliz doña Mencia!

VIRREY.- (Aparte.) ¡Desventurada!

SANCHO.- Diego de Paredes era dichosomuy dichoso. Acariciaba la Fortunaaquel su tranquilo hogar... Pero desgraciadamente acampó en Balmaseda unregimiento de los de Flandesy el capitán de ese regimiento conoció a labella esposa de don Diego. ¡El capitán era un infame!

VIRREY.- (Aparte.) ¡Ah!

SANCHO.- Una nochemientras el infeliz esposo dormíafue asaltada su casamaniatada su servidumbre y... ¡robada doña Mencia! Mano alevosa había clavadoun puñal en el generoso pecho de Diego de Paredes. El niñoque dormía con suama en una pieza apartadafue respetado¡Qué horrible noche debió seraquélla!

VIRREY.- ¡Horrible!

SANCHO.- Dicen que el cielo estaba negro y el trueno estallaba en las alturas...

VIRREY.- (Aparte.) ¡Sí...! [44]

SANCHO.- ¡Y al estallar debía oírse para el infame la maldición delSeñor!

VIRREY.- ¡Debía revelarse en el estampido del trueno la maldición de Diospara el infame!

SANCHO.- Aquel niñoprivado así del maternal regazolloró mucho¡mucho!En alas de la inocencia sus lastimeros gemidos llegarían como una oración altrono del Altísimoy al cabo de algunos meses no parecía sino que suslágrimas habían cicatrizado al fin la cruenta herida de don Diego... Y pasaronlos años... y una noche -¡más espantosa todavía debió ser aquella noche!-el esposo ultrajado halló a la esposa robada quecreyéndose viudavivía conel asesinocon el asesino que representaba para ella el papel de salvador...

VIRREY.- ¡Ah!

SANCHO.- El esposo mató a la esposa y arrojó su cadáver a un soto... Y¿no os figuráisseñor virreylo que sufriría el hijo de doña Mencia?; ¿cuálsu dolorcuál su angustiacuando un día supo que la sangre desu sangrehabía caído en el lodoy que la carne de su carne había sido pasto debuitres...?

VIRREY.- ¡Horror...!

SANCHO.- ¡El seductor infame era un cobarde! No desnudó el aceroel aceroenvilecido en sus manospara defender a su víctima... Huyó el miserable; peroocho días despuésDiego de Paredes caía cobardemente asesinado por eltraidor puñal de mercenaria manopara no levantarse más... Su hacienda fueincendiada... sus arcas robadas... y el hijoJuanabandonado a la caridad¡alas frías caricias de una mujer que lo escondió y lo alimentó con el duro pande los pobres!...

VIRREY.- Y ¿esa mujer?

SANCHO.- No existe ya... ¿Os interesaba?

VIRREY.- No.

SANCHO.- Pasaron los años... ¡El niño se hizo hombre y sintió en su pecholacerado por el infortuniola insaciable sed de venganza!... Y ha de haberpasado una cosa horrenda en la presencia de Diosque todo lo escucha y todo love. De un ladoel asesino en largas noches de insomnioviendo correr sangredebajo de su ostentoso lecho; en el espléndido cortinajemanchas de sangre...manchas de sangre en el espacio... ¡manchas de sangre en todas partes...!

VIRREY.- (Posesionándose poco a pococomo si en realidad pasaratodo a sus ojos.) ¡Eso esmanchas de sangre en todas partes!

SANCHO.- Y del otro ladoal huérfano maldiciendo su desventuradesesperadoen interminables noches de vigilia... ¡buscando al ladrón que le robó suhacienday su porvenir y sus esperanzas! De un ladoel asesino sin consuelo.

VIRREY.- ¡Sin consuelo!

SANCHO.- Acosado por los remordimientos...

VIRREY.- ¡Sí!

SANCHO.- Y mirando a todas horas...

VIRREY.- (Posesionándose ya enteramente y como fuera de sí.)A todas horas el aterrador fantasma sangriento de cada una de sus víctimas...¡Siempre...! ¡Siempre delante de él...! ¡Siempre a los lados...! ¡Siempredetrás...!

SANCHO.- Y oyendo la voz del huérfano...

VIRREY.- La voz del huérfano resonando siempre en sus oídos... aguda comoel acero y filosa... lúgubre como el eco de la campana que toca a muerto... ¡pavorosacomo la voz del trueno!

SANCHO.- Como la voz del trueno que estallaba en las alturas...

VIRREY Y SANCHO.- (A un tiempo.) ¡Aquella horrorosa noche!...

SANCHO.- (Con marcada transición.) ¡Ah!... ¡No pareceseñor virreysino que vos sois la víctima o el verdugo!¡os posesionáistanto...!

VIRREY.- Sí... Yo estoy locotienes razón. Me posesiono tanto algunasveces de las desgracias ajenas... Como se trata de ese joven a quien me habíanrecomendado...

SANCHO.- ¡Pobre Juan!

VIRREY.- ¿Murió?

SANCHO.- Muriósí; en su lecho de agonía escribió con mano trémula lacarta que hoy he recibido. ¡Séale leve la tierraseñor virrey!




Escena VI


(Dichos y DON TELLOcon un dominó en el brazo y unacarta en la mano.)


TELLO.- Si me lo permitís...

VIRREY.- Adelantemarqués.

TELLO.- Acabo de recibircomo todosen el mismo salón de la fiestacartasde Madridy tengo precisamente que marchar para allá.

VIRREY.- ¿Os vais a Españadon Tello?

TELLO.- Mañana mismopues necesito aprovecharla vuelta de la flota... ¡Haytanto corsario en nuestras costas!

VIRREY.- (A SANCHO.) Puedes poner los acuerdos al margen de esasreales órdenes de Su MajestadSancho. Ya tú sabes. [45]

SANCHO.- (Sentándose a escribir.) Bienseñor.

VIRREY.- (Llamando a un lado a DON TELLO.) Os doy la enhorabuenamarqués... Acercaos por acá. Acaba Su Majestad de concederos una encomienda. (Apartándosecon DON TELLO adonde supone que SANCHO no puede oír.)Puedes marchar a EspañaMartín Pérezy cuando retornesBlanca será tuya.

TELLO.- ¡Imposible!

VIRREY.- ¡No me exasperesMartín!

TELLO.- No me hablabais así cuando me fuisteis a proponer que matara...

VIRREY.- ¡Calla!... Yo te aseguro...

TELLO.- Os conozco demasiado para fiar en vos.

VIRREY.- ¡Martín!

TELLO.- No tengo confianza.

VIRREY.- Dar la mano de Blanca a un zapatero...

TELLO.- Hace ya mucho tiempo que no soy eso que decís. ¡Pudiera entrevuestros abuelos hallarse un albañil!

VIRREY.- Y ¿no estás ya suficientemente recompensado? ¿No te ofrecíelevarte y te elevé? ¿No te he comprado un título de marqués? Y ahoraquieres...

TELLO.- La mano de Blanca.

VIRREY.- Pero si ella se niega...

TELLO.- ¡Obligadla!

VIRREY.- ¡Ira de Dios! Y si yo quiero...

TELLO.- ¿Deshaceros de mí? ¡Ah! Bien podríais...Vos todo lo podéisperoya os he dicho otra vez.- en España guardo unas cuantas líneasdebajo de lascuales están vuestro sello y vuestra firma. En ellas me ordenáis el asesinatoel crimen... El crimen nos liga; y si vos me hacéis matarsi no accedéis a midemandavirreyla persona que tiene ese documento...

VIRREY.- ¡Basta!

TELLO.- Ya lo veis... Ese documento me asegura de vos.

SANCHO.- He terminadoseñor.

TELLO.- (Alto.) Con que esa boda...

VIRREY.- Se verificará mañana mismodon Tello. Túmi buen Sanchoseráspadrino.

SANCHO.- Pero permitidme os pregunte de qué boda se trata.

VIRREY.- Caso a una pupila mía con el señor marqués de Santa Flora.

SANCHO.- ¿Una pupila vuestra? Señores extraño...

VIRREY.- Nada de eso; ella ha permanecido siempre en un conventopor eso nola conoces.

TELLO.- ¿Y aún está en el convento?

VIRREY.- Nomarquésvive en un precioso y reducido palacio que le hepreparado... Perovenidvenid; mi presencia se hace indispensable en elsalón.

TELLO.- (Dándole paso al VIRREY.) Y en él acabaremos de coordinar lamejor manera de que se realicen nuestros mutuos deseos. Señor Laínez... (Saludando.)

SANCHO.- (Saludando.) Señor marqués...




Escena VI


SANCHOluego FORTÚN


SANCHO.- ¡Se casa!... ¡La casan!... ¡Ah! ¡Esto no es posible!...

FORTÚN.- ¡Al fin se fueron! ¿Señor?...

SANCHO.- Fortún¿qué me quieres?

FORTÚN.- Heme entrado hoyhará una horafurtivamenteen la casa de doñaBlanca.

SANCHO.- ¿Entraste?

FORTÚN.- Hasta su mismo gabinete de labor.

SANCHO.- ¿Dístele el billete?

FORTÚN.- Sí.

SANCHO.- ¿Vendrá?

FORTÚN.- Ahí está ella.

SANCHO.- ¿Quién?

FORTÚN.- Doña Blanca.

SANCHO.- ¿Doña Blancadices?

FORTÚN.- Síseñor; encubierto el rostro con un antifaz.

SANCHO.- Y ¿cómo la has conocido?

FORTÚN.- (Con rapidez.) Conocióme ella a mí... Recordad quecon el objeto de hacer llegar a sus manos algunos billetes vuestrosfuisacristán ocho días del convento de la Concepción. Ademásesta tarde...

SANCHO.- Bien. Y ¿le has hablado?

FORTÚN.- Os busca.

SANCHO.- ¿Ella? ¡Dios mío!

FORTÚN.- Pero la dueñala dueña no quiere separársele... Acabo deconseguir que algunos compañeros míos la entretengan.

SANCHO.- Entonces voy...

FORTÚN.- Permitidmeseñorque no sea así: podéis comprometerla. Uninstanteseñoresperad... Vuelvo.




Escena VIII


SANCHOdespués BLANCA y FORTÚN


SANCHO.- ¡Oh! ¡Ella aquí! ¡Me ama!... ¡Síme ama! ¡Qué horrendalucha!... Conducirla al martirio... ¡Si no fuera el virrey su tutor!...Sifuera... [46]

FORTÚN.- (Entrando con BLANCA.) Aquí está... Ahí le tenéis. (Señalandoa SANCHO y retirándose hacia el fondo.)

BLANCA.- ¡Él!... ¡Síes él!...

SANCHO.- ¡Blanca!

BLANCA.- Caballero dos palabras.

SANCHO.- Vuestro soy.

BLANCA.- ¿De vos viene este papel?

SANCHO.- Lo escribió mi corazón.

BLANCA.- Debo recelar...

SANCHO.- ¿Pero es posible?

BLANCA.- Ved cómo cumploSancho.

SANCHO.- ¡Blanca mía!... ¿Me amáis?...

BLANCA.- ¡Y lo pregunta!

SANCHO.- Oírlo de vuestros labios quería.

BLANCA.- ¡Os amo! Ya lo oísteis...

SANCHO.- Gracias. ¿Desde cuándo estáis fuera del convento?

BLANCA.- Desde ayer.

SANCHO.- Casaros quieren...

BLANCA.- Casarmesí... ¡Y lo sabía!...

SANCHO.- Diez minutos hace que lo sé.

BLANCA.- ¡Vos lo impediréis!

SANCHO.- Sí... ¡Lo juro! Tomad estos polvosBlanca; necesitamos hablarmuchomucho... Poned la mitad de lo que este frasco contiene en la tisana deBeatriz...

BLANCA.- ¿Y qué?...

SANCHO.- ¡Descuidad! Únicamente la harán dormir. Cuando hayan producido suefectoasomad una luz a vuestra reja; yo acudiré.

BLANCA.- Y ¿el conserje?

SANCHO.- No temáis.

BLANCA.- ¿Sabéis dónde vivo?

SANCHO.- Muy cerca de aquí; a un paso...

FORTÚN.- (Asomándose.) Señoral extremo de esa oscuragalería distingo un bulto. Debe ser la dueña.

BLANCA.- ¿Beatriz? ¡Ah! Que no me vea...

SANCHO.- ¡Fortún! Acompaña a esta dama hasta su casa. Id sin temorBlancaFortún es leal y es buena espada. Por allípor la escalera interior.

BLANCA.- ¡Sancho! (Despidiéndose.)

SANCHO.- Contad conmigo.




Escena IX


SANCHOdespués BEATRIZ


SANCHO.- Hermosahermosa como una mañana de primavera. ¡Inocencia ygentilezavosotras sois su adorno! ¿Dónde hubo más dolor que el que aquísiento? Si no fueran ciertas mis sospechas... ¿Quién guarda ese secreto?... Esnecesario saberlo. ¡Ah!... (Se arroja sobre la dueña que en esemomento aparece por el fondo y la lleva al proscenio casi arrastrada.)¡Ven acá!

BEATRIZ.- ¿Quién sois vos?

SANCHO.- ¡Nada te importa!¡beata de Lucifer! ¡Ven acá!... ¡Ya te tengoentre mis manos!

BEATRIZ.- ¿Pero qué pretendéis?

SANCHO.- Hace un año que te persigue mi escuderoque te ofrece oro¡muchooro! Y nada ha bastado para reducirte...

BEATRIZ.- ¡Soltad! ¡Soltadque me hacéis daño!

SANCHO.- ¿A qué has venido a esta fiesta?

BEATRIZ.- Empeñóse doña Blanca...

SANCHO.- Y él¿lo sabe?

BEATRIZ.- ¡Ella! ¿Dónde está ella?

SANCHO.- La encontrarás en su casa. ¡Nada temas!

BEATRIZ.- ¡Me lastimáis!

SANCHO.- ¿Qué es de ella el virrey?

BEATRIZ.- ¡Nada...! No sé qué me estáis diciendo.

SANCHO.- ¡Contesta! (Desenvainando el puñal.)

BEATRIZ.- No sé de qué me habláis... ¡Ah! ¡Misericordia! Voy adecíroslo...

SANCHO.- ¡Estamos perdiendo el tiempo!

BEATRIZ.- Es...

SANCHO.- ¡Habla!

BEATRIZ.- Su tutor.

SANCHO.- Y ¿la ve todos los días?

BEATRIZ.- Todos.

SANCHO.- Hace dos mesespretextando una enfermedadel virrey desaparecióde palacio y fue a encerrarse en el convento de la Concepción. ¿Es cierto?

BEATRIZ.- Sí.

SANCHO.- Allí pasó tres días...

BEATRIZ.- Sí.

SANCHO.- Y ¿por qué?

BEATRIZ.- Doña Blanca estaba en peligro de muerte...

SANCHO.- Y ¿él?...

BEATRIZ.- Velaba a su cabecera y lloraba.

SANCHO.- ¡Él!... ¡El virrey lloraba! Esa palabra escapada de tus labios melo revela todo... ¿Dices que es su tutor?

BEATRIZ.- Sí.

SANCHO.- ¡Mientes!

BEATRIZ.- ¡Por compasión!

SANCHO.- ¡Miserable!... ¡Mientes!... ¡Miraestamos solos...! Nadie nosve... ¡Voy a coserte a puñaladas!

BEATRIZ.- No... ¡No...! ¡Voy a decíroslo...! ¡Es... su padre!

SANCHO.- (Arrojándola al suelo.) ¡Su padre!... ¡Ah!¡supadre!... ¡Vete!... ¡Maldito seasamor!

FIN DEL ACTO PRIMERO [47]





 

 

Acto segundo


Sala en casa de DOÑA BLANCA. Puerta al fondo. Ala derecha un balcón practicable. A la izquierda una puerta que comunicacon el interior. Mesa al estilo de la época: un velador y junto ala mesa un gran sillón. Noche.




Escena I


BLANCAdespués BEATRIZ


BLANCA.- (Junto a la mesa preparando una taza de tisana para la dueña.)Bien: cuando ella venga encontrará preparadacomo siempresu taza decordial... ¡Pobre Beatriz! No quisiera yo volverla a ver. Le tengo miedo...¡Ella!

BEATRIZ.- (Entrando.) ¡Uf!... Por fin... ¡Por fin estoyaquí...! ¡Blanca! ¡Señora! Esto no se puede sufrir... Engañarme a mía laanciana Beatrizque os tuvo de la mano cuando comenzabais a dar los primerospasos ¿Quién os ha acompañado a casa? ¿Por qué os separasteis de mi lado?¡Ah!... El señor lo sabrá todo... ¡Todo...!

BLANCA.- Beatrizmi querida dueñano te enojes.

BEATRIZ.- ¿No enojarme yo?... ¿Y para que esto pasara me instigasteis a ira ese malhadado baile de máscaras? Engañando a su excelencia...

BLANCA.- ¡Beatriz mía!

BEATRIZ.- Yo soportaré su cólerarepitopero sabrá cuanto ha ocurrido.

BLANCA.- ¡No harás talBeatriz!

BEATRIZ.- ¿Lloráis...? ¿Lloráis...? Nohija míano; nada le diré...Ya basta... No quiero atormentaros más. Bien que pronto os casaréis...

BLANCA.- ¡Jamás!

BEATRIZ.- Blancahija mía; eso es muy mal hecho. La obediencia antes quenada. Si amas a otroolvidaarroja de tu pensamiento su imagen: ésa es unatentación. Desoír los consejos del anciano a quien le debes todoes unanegranegrísima ingratitudy el cielo castiga las ingratitudes. ¡Ejem!¡Ejem!... La tos... ¡La tos...! Con el aire frío de la noche y aquel susto seha recrudecido.

BLANCA.- Tu tisana... Tu tisanaBeatriz: tómala.

BEATRIZ.- Síla tomaré por no dejar de hacer algopero no ha dealiviarmelo conozco... Siento que mi sangre hiervetengo la calentura pordentro... ¿Te vas? ¿No rezamos?

BLANCA.- SíBeatriz. ¿Cómo no habíamos de rezar? Pero¿no ves quefalta allí mi libro de oraciones?




Escena II


BEATRIZdespués el VIRREY


BEATRIZ.- ¡Pobrecilla!... ¡Buen susto le he dado! Que dejo tan extraño lenotó a mi tisana... ¿Será que ese hombre me ha derramado la bilisy teniendola lengua amarga...? Alguien se acerca... ¿Quién puede ser a estas horas?...¡Ah!... ¡Su Excelencia!




Escena III


El VIRREYBEATRIZ


VIRREY.- ¿Y Blanca?

BEATRIZ.- Mejor... muy mejorada... ¿Queréis que la llame?

VIRREY.- Noespera. He resueltoBeatrizque esta misma madrugada secelebren las bodas de Blanca. Nada le digas. Sería una crueldad... ¡Aunque porotro lado pudiera convenirle ese matrimonio!... ¡Ah!... No sé qué hacer... nolo sé... ¡Ella! (Hablaremos después.)

BLANCA.- Señor...

VIRREY.- ¡Beatrizdespeja! (Vase BEATRIZ.)




Escena IV


El VIRREYBLANCA


VIRREY.- Siéntate aquíhija míasiéntate. (BLANCA y el VIRREY sesientan.) Temiendo importunarte había tomado la resolución de no veniresta noche; pero un suceso grave e inesperado obligóme a pesar mío... ¿Tesientes mal?

BLANCA.- Noseñor. Estuve indispuesta... Pero me siento ya mejor.

VIRREY.- ¡Blanca...! Debes haber comprendido cuánta ternuracuánto amorencierra mi corazón para ti... Eres tú lo más queridolo más idolatrado demi alma... ¿Qué fueran para mí los díasmuchos o pocosque de vivir merestansin tu amor? En tu encierro mismoen tu celdaen la estrechez delclaustro¿no te he rodeado de cuantas comodidadesde cuantas ventajasproporcionan la educación y el dinero? ¿Podrás negarlo?

BLANCA.- Noseñor; no podría negaros una felicidad que únicamente a vosdebo... quién sabe a qué título. [48]

VIRREY.- Ya te lo he dichoBlanca. Era tu padre para mílo mismo que unhermano... Al dejarte huérfana y sola en el mundote entregó a mi cariñocuando apenas brillaban en tu inocente mirada los primeros albores de la vida...Y ¡qué! ¿Te he querido menos que si fuese en realidad tu propio padre?

BLANCA.- ¡Ah!... Eso no. El mío desde el cielo se ha de gozar en veroshaciendo aquí en la tierra sus vecesy pedirá al Señor envíe sobre vos labendición de los buenos.

VIRREY.- Síhija mía; pero no estoy satisfecho. Pensando siempre en tucompleta venturahe determinado que salgas para siempre de la vida de clausuray oración que hasta aquí has llevado... Destrozaré para siempre la puerta detus prisionesque cerré con llave de oro. Tu alma oprimidalibrementevolará. En la luz de nuevos horizontes se bañarán tus ojosy ambiente deperfumes regocijará tu pecho... ¿Serás dichosahija mía?

BLANCA.- Debo serlo; muchosí.

VIRREY.- Anhelo que conozcas el mundo... Que su estruendo hiera tus oídos...Y quiero que a él te presentes para gozar sus inmensos bienes. Sí; pero almismo tiempo he resuelto que aparezcas ante la sociedad escudada con el nombrede un ilustre caballero... ¿Qué es eso...? ¿Bajas la frentehija mía?

BLANCA.- Dos vecesseñorme habéis hablado ya de lo mismoy aunque os hemanifestado de una manera vaga mi repugnancia por ese enlacehoy... hoy que portercera vez me habláis de eso... sabed...

VIRREY.- Dilo... ¿Qué he de saber...?

BLANCA.- Que no es posible.

VIRREY.- ¡Que no es posible!

BLANCA.- ¡Que vos no querréispadre míoporque mi otro padre que estáen el cielo no puede quererlo tampoco! ¡Que vos no querréisdigoque milabio ante el altar del Señor pronuncie un falso juramento!

VIRREY.- Blanca...

BLANCA.- Porque yo no podría ser feliz al lado de ese hombre a quien medestináis...

VIRREY.- ¡Ah...!

BLANCA.- Porque vosseñorque anheláis mi dichami venturami contentoen este mundovais a sacrificar mi corazón y mi viday tal veztal vez aprocurar mi condenación eterna.

VIRREY.- Es preciso.

BLANCA.- Vosvos no podéis querer eso...

VIRREY.- He dado mi palabra...

BLANCA.- Y ¿qué importa vuestra palabra cuando yo rehúso con toda mi almaesa engañosa felicidad que me ofrecéis?

VIRREY.- Mi honor está empeñado...

BLANCA.- Y por cumplir ese empeño ¡vais a hacerme desgraciada! ¡Padre...Padre...! ¡De rodillas os lo pido...! ¿Para eso velasteis a la cabecera de milecho tres noches eternas de agonía? ¡Hubiéraisme dejado moriry yo osbendeciría ahora desde el cielo!...

VIRREY.- ¡Blanca! ¡Blanca! Levántate...

BLANCA.- (Levantándose.) Volvedme a mi convento.

VIRREY.- ¿Lo prefieres?

BLANCA.- Sí.

VIRREY.- ¿A eso te inclina tu corazón?

BLANCA.- No... No me lleva al claustro mi corazón.

VIRREY.- ¿Amas tal vez...?

BLANCA.- Señor...

VIRREY.- (Enseñándole el billete que le dio BEATRIZ en el actoprimero.) ¿Quién ha escrito esto?

BLANCA.- ¡Ah!... Una carta suya...

VIRREY.- ¿De quién?... ¿De quién?... ¡Su nombre...! ¡Su nombre defamilia!

BLANCA.- ¡No lo sé! Lo ignoro... ¡No ha querido decírmelo!...

VIRREY.- ¡Renuncia para siempre a ese amor! ¡Un desconocido! Mañana esnecesario que se celebren tus bodas con el marqués.

BLANCA.- Mañana... ¿Decís que mañana?... ¡No! ¡No será ni mañana ninunca! ¿Verdad que no? (Cambiando de tono y con profundo cariño.)

VIRREY.- (Enternecido.) Apártatehija... (Aparte.)¡Pobre Blanca!... Y él... ese marqués al fin es un bandido... (Llamando.)¡Beatriz! (Aparte.) Es necesariocuando menosdarle unatregua...




Escena V


DichosBEATRIZdespués DON TELLO


BEATRIZ.- Señor...

VIRREY.- (Aparte a BEATRIZ.) Esta llave pertenece a la puerta cerradaque has visto en tu aposento; esa puerta comunica con el palacio...Don Tello notardará en llegar... No te muevas de aquí y dame parte de lo que ocurra.

BLANCA.- Alguien viene...

VIRREY.- Oigo pasos... Debe ser el marqués. Pasadpasadmarqués...¡Adelante! (Aparte.) ¡CuidadoBlancacuidado!

TELLO.- Señora... (Saludando a BLANCA.) Creía no encontrarosseñorvirrey.

VIRREY.- Llegáis a buen tiempodon Tello. Mi [49]pupila cree que es demasiado pronto el enlace; desearía más calma... Pero osdejo con ella y vos la convenceréis. (Aparte a BEATRIZ.) Cuando esehombre salgate espero... Hasta la vistaseñor marqués. Hasta despuéshijamía. ¡Qué noche...! (Se va.)

BLANCA.- Hasta despuésseñor.






Escena VI


(DON TELLOBLANCA y BEATRIZque tomando un librode oraciones y un rosariose sienta junto al veladoren el gransillón que estará cercay comienza a cabecearse al Principio de estaescenahasta que se duerme.)


TELLO.- Por la tercera vezla honra tengo de presentarme ante vosseñoray por la tercera vez me abruma el sentimiento de encontrar burladas misesperanzas.

BLANCA.- Señor marqués...

TELLO.- La primera ocasión que os vino os dignasteis ni aun siquieramirarme; la segunda...

BLANCA.- Es inútil que continuéis: adivino cuanto vais a decirmeseñor.

TELLO.- Dejadme al menos...

BLANCA.- Y me sorprendeen verdadque a pesar de lo que en un lenguajemudopero harto elocuenteos he manifestadoinsistáis en una pretensiónami juicioimpropia de quien se precia de caballero.

TELLO.- Señora...

BLANCA.- Aunque educada dentro de las sombrías paredes de un conventoheaprendido en los librosy he leído en mi propio corazóntodo lo que se debeuno a sí mismo.

TELLO.- No esperaba yo oír tales palabras de vuestros labios.

BLANCA.- ¿Y qué os admiraseñor? ¿Os he obligado acaso a que meaméis?... ¿Cómo queréispuesobligarme a que os ame?

TELLO.- Señorael tiempo y los merecimientos míosablandarán algún díapara mí ese corazón de roca.

BLANCA.- ¿Y si así no fuere?

TELLO.- Serán para mi dichasuficiente disculpa vuestra adorable bellezavuestra extraordinaria hermosura.

BLANCA.- Dejaos de galanteos...

TELLO.- Viviré siempre rendido a vuestras plantas.

BLANCA.- Y yo... ¿Cómo queréis que vivaseñor marqués? ¿Nada osimporto yo? ¿Yo no soy nada?... Vosrendido a mis plantas... Voscontemplandoesta hermosura de que tan prendado os mostráis... Vosalimentando en elansioso pecho una esperanza... ¿Y yo...? Yo... ¡Con fingida sonrisa en elsemblante!... ¡Con fingida mirada de cariño en los ojos...! ¡Con fingidapalabra de abnegación en los labios!... ¡Vosriendo; yollorando... Vosalegre; yo tristey en el corazón despechadola hiel del cansancio y latortura de la desesperación...! ¡Eso es muy bello!... ¡Muy bello!... ¿Y esése el porvenir que me preparáis?

TELLO.- (Con despecho.) Blanca... A pesar de todo lo que medecísno puedo prescindir de vos.

BLANCA.- (Suplicante.) ¡Sed bueno...!

TELLO.- No me es posible serlo más.

BLANCA.- ¡Sed generoso...!

TELLO.- No puedo.

BLANCA.- ¡Sacrificaos a mi felicidad!

TELLO.- ¡Hacedlo vos!

BLANCA.- El amor es el sacrificioy yo no os amo.

TELLO.- ¡Nunca!

BLANCA.- (Con resolución y energía.) ¿Ésa es vuestraúltima palabra?

TELLO.- ¡Ésa!

BLANCA.- Pues oíd la última palabra mía: ¡jamás seré vuestra!

TELLO.- (Con profundo despecho.) ¡Mañanaseñoravolveré averos en el oratorio de Palacio! (Aparte.) ¡Ah!... ¡Ella ama aotro...! ¡Vigilaré!




Escena VII


(BLANCA y BEATRIZésta durmiendo.)


BLANCA.- ¡Dios mío! Y yo estoy sola... ¡Sola! ¿Y él...? ¡Ah!sí...Él... Don Sancho ha jurado salvarme... ¿Beatriz?... El narcótico ha producidosu efecto... Y apenas ha tomado una parte de su cordial. (Mirando a la taza.)Es necesario no perder el tiempo... (Toma la luz.) ¡Cómo palpitami corazón! (Asoma la luz por el balcón.) ¿Me habrá visto?... (Retirala luz y la vuelve a dejar sobre la mesa.) ¡Virgen Madre de Dios!...¡Que él venga!... ¿Quién será ese hombre que tal influenciaque tanmisterioso poder ejerce sobre mí?... ¿De dónde viene? ¿Cómo se llama?¡Ah!respiro... Oigo subir las escaleras... ¡Él! ¡Es él!... [50]




Escena VIII


(BLANCASANCHOFORTÚN y BEATRIZésta durmiendo.)


SANCHO.- (A FORTÚN desde la puerta del fondo.)¿Cerraste el postigo de la calle?

FORTÚN.- Síseñor.

SANCHO.- ¿Guardas la llave?

FORTÚN.- Aquí está

SANCHO.- ¿Y el conserje?

FORTÚN.- Asegurado.

SANCHO.- Retírate... (Adelantándose al proscenio.)

BLANCA.- (Recibiéndole.) ¡Ahcaballero...!

SANCHO.- Blanca... ¡Blanca hermosa! ¡Al fin estoy tranquilo a tu lado! ¡Teveorespiro tu aliento y se bañan mis ojosmi almami ser enteroen lapoderosa luz de tu mirada! ¡Ah! ¡Cuál me atraes!¡cuál me fascinas!

BLANCA.- Y yo... ¿No me ves? ¿No te gozasSanchocon esta alegría quesiento que me roba el almaque me la arrebataque se la lleva?... Ya lo ves...Y ése¡eres tú! ¡Tú eres esa alegría!

SANCHO.- ¡Qué sueño tan hermoso! (Aparte y pasándose la mano por lafrente.) ¡Quién pudiera no despertar nunca de él!

BLANCA.- ¿Y callas?

SANCHO.- La dicha me enmudece.

BLANCA.- ¡Si supieras cuánto he sufrido callando!... Sí... ¡Lo debessaber! ¡Porque tú me has dicho que me adoras!... Un año entero viéndotesólo al través de aquella doble reja... Unos cuantos instantes... ¡Losúnicos de felicidad que yo he gozadoSanchoen mi vida!

SANCHO.- ¡Ya no volveremos a separarnos nuncaBlanca mía!

BLANCA.- ¿Lo crees?

SANCHO.- ¡Lo siento!

BLANCA.- ¡Cuánta dicha!

SANCHO.- ¡Cuánta felicidad!

BLANCA.- Yo mirándome en tus ojos...

SANCHO.- Yo en los tuyos mirándome...

BLANCA.- ¡Eso es vivir!

SANCHO.- ¡Eso es gozar!

BLANCA.- ¡Ay...!

SANCHO.- ¿Qué tienes...?

BLANCA.- Ese hombre...

SANCHO.- Desde que nos separamos le he buscado por todas partes...

BLANCA.- ¿Para qué?

SANCHO.- ¿Y lo preguntasBlanca?

BLANCA.- No desistirá; aquí lo ha dicho.

SANCHO.- ¡Los muertos siempre desisten!

BLANCA.- ¿Matarlo intentas?

SANCHO.- ¡Le mataré!

BLANCA.- ¡Eso no!... No es necesario... Yo sola basto... Resistiré... Yallídelante de Diosno pronunciaré la palabra fatal... ¡Yo te lo juro!

SANCHO.- Y volverán a encerrarte para siempre...

BLANCA.- Es preferible.

SANCHO.- ¿Y qué haré yo entonces...?

BLANCA.- Lo que yo haré... ¡Sufrir!

SANCHO.- Nunca podré yo resignarme a eso... ¡jamás!

BLANCA.- Si yo pudiera hacer que mi tutor...

SANCHO.- ¡El virrey...!

BLANCA.- Sí.

SANCHO.- (Aparte.) Le olvidaba... ¡Me había olvidado de él!

BLANCA.- Me he arrojado a sus pies... Le he suplicado...

SANCHO.- (Con alegría.) ¡Ah! ¿Es un tirano ese hombre parati?

BLANCA.- Nonunca lo ha sido: ¡me ama!

SANCHO.- (Con desconsuelo.) ¡Que te ama! ¡Que te amadices!

BLANCA.- Eso es... Siempre cariñoso y tierno padre para míha procuradocercarme de infinitos goces...

SANCHO.- (Aparte.) ¡Pluguiera al cielo que la aborreciese!

BLANCA.- Siempre delante de mí ha desaparecido el ceño de su frente. Yo hemirado en sus ojos brillar el rayo de la felicidad al influjo de mis cariciasysu voz naturalmente ruda y áspera se ha dulcificado al responder a mispalabras.

SANCHO.- ¡Luego te ama mucho...!

BLANCA.- Pero hoy no... Hoy noSancho... ¿Lo creerías? Hoy cuando lerogué que se condoliese de míno ha escuchado mi súplica... Impasible antemi clamorsordo a mi ruegome ha dejado oír su voz severa.

SANCHO.- Pues bienBlanca. Entonces no queda más que un recurso...¡Buscara ese hombre! (Se oyen golpes a la puerta de la calle.)

BLANCA.- Llaman...

SANCHO.- Blanca... y si no doy con ese miserable esta nochesi llega lamañana y...

BLANCA.- Estoy dispuesta a todo. ¡No seré suya! (Golpes a la puerta.)Llaman otra vez.

SANCHO.- Nada temas; no pueden abrir...

BLANCA.- Sospecharán...

SANCHO.- Me retiro... Bienen ti confío y por lo que a mí tocabuscaréhasta en el mismo infierno a ese marqués. [51]




Escena IX


(Dichos y DON TELLOpor el balcón.)

TELLO.- No necesitáis de tanto para dar conmigo¡señor Sancho Laínezaquí me tenéis!

BLANCA.- ¡Ah!

SANCHO.- ¡Mejortanto mejorpues me ahorráis ese trabajo!

TELLO.- Y queréis decirme¿con qué derecho penetráis en esta casa ycerráis sus puertas con llave?

SANCHO.- Con el mismo que os asiste a vos para entrar por el balcón.

TELLO.- Esa dama es mi prometida.

SANCHO.- ¿Lo creéis así?

TELLO.- ¡Antes que despunte el alba será mi esposa!

SANCHO.- ¡Pues eso quiere decir que antes que despunte el albavais amorir!

BLANCA.- (Despertando a BEATRIZ.) ¡Beatriz...!

TELLO.- ¡Moriréis vos!

SANCHO.- ¡En guardia!... (Cruzan los aceros.)

BLANCA.- (Despertando a BEATRIZ.) ¡Beatriz!... ¡Ve...!¡avisa a mitutor...!

BEATRIZ.- ¡Qué miro! (Vase BEATRIZ por las habitacionesinteriores.)




Escena X


BLANCASANCHODON TELLO


BLANCA.- ¡Basta...! ¡En mi presencia...!

SANCHO.- (Desarmando al marqués y poniendo un pie sobre la espada deéste.) ¡Ahya lo veisos he desarmado...!

TELLO.- ¡Ohrabia!

SANCHO.- Blanca... Acércate... Ese hombre que ves allíera hace algunosaños un infeliz artesano de aldea... Gozaba fama de honrado: ¡la fama mentía!¡Unas monedas de oro y un título de marqués armaron su brazo con el puñaldel asesino!... Se está mirando la mano... ¡allí debe tener todavía lasangre de un anciano!... Pregúntale si es cierto... MíraleBlancamírale...¡Qué pálido se ha puesto...!

TELLO.- Y vos...

SANCHO.- ¡Niégalo!... AcércateBlanca... te da horror... ¿no esverdad?... ¡Oye! Aquel alevoso asesinato fue perpetrado en una solitariaencrucijadaa la moribunda luz del sol. En una encrucijada tambiénaldeclinar de un díaesperé a ese hombreme batí con élhierro a hierrocomo hoy; le desarmécomo hoy... luchamos... vencí y con mi daga alzada sobresu pechome refirió cobardemente su historia y la de su cómplice... ¡Asesinoy traidor...! ¡Con ese hombre quieren casarteBlanca!

BLANCA.- ¡Nunca!

SANCHO.- ¡Entonces... ven conmigo!

BLANCA.- Tú crees...

SANCHO.- Que si no huyeste obligarán a ser suya.

TELLO.- ¡Ira de Dios!

BLANCA.- ¡Eso jamás!

SANCHO.- ¿Vienes...?

BLANCA.- (Vacilando.) ¡Dios mío!...

SANCHO.- ¡Blanca!

BLANCA.- ¡Vamos!

SANCHO.- ¡Fortún! (FORTÚN aparece.) ¡Detén a ese hombre! (Tomala espada de DON TELLO que ha tenido bajo sus pies y se la arroja paraque se defienda.)

FORTÚN.- Señor...

SANCHO.- (Al oído de FORTÚN.) ¡Mátale! (Vanse SANCHO yBLANCA rápidamente.)




Escena XI


DON TELLOFORTÚN


TELLO.- (Que ha recogido su espada y quiere lanzarse en pos de losfugitivosdice a FORTÚN que se le interpone.)¡Miserable lacayo!

FORTÚN.- ¡Reñid!

TELLO.- ¡Sípor Cristo...!

FORTÚN.- ¡A muerte!

TELLO.- ¡A muerte! (Quedan luchando al caer el telón. Mucha rapidez enesta última escena.)


FIN DEL ACTO SEGUNDO





 

 

Acto tercero


Habitación de SANCHO LAÍNEZ en Palacio. Puertaen el fondoy a la derecha del espectador otra que comunica con lashabitaciones interiores. Armassillasuna mesa y dosescaños.




Escena I


(FORTÚNlimpiando una espada.)


FORTÚN.- ¡Se me cansa más el brazo cuando bruño el aceroque cuandopuesto en guardia [52] le manejo contra el enemigoasí fuera por una hora! ¡Pobre marqués!... ¡La estocada fue buena... limpia!¡Vive Dios! Bien puede uno exclamar como los nobles cuando alguna vez se haderramado sangre noble¡y en buena lideso sí! Bien que a mísólo elseñor Sancho Laínez me ha vencido. ¡Ea! ¡Está este acero que ya!... Bienpodría una mujer hermosa contemplar en él su semblante.




Escena II


(FORTÚN y SANCHOque entra sombrío ylentamente.)


SANCHO.- ¡Fortún!

FORTÚN.- Señor...

SANCHO.- ¿Qué hiciste de Beatriz?

FORTÚN.- Como sabéisdesde esta mañana andaba bebiéndome los alientos.Se había empeñado en que yo debía saber algo y...

SANCHO.- ¿Qué sucedió?

FORTÚN.- Mostrómele al fin. Siguióme... Me dejó seguir; dirigímea míaposento y ella tras de mí... una vez dentroalargué la manola así delcuello; tras un ligero grito ahogado por mis dedospúsele una mordazayarrojándola como un fardo sobre mi lechole ató las manos por detrás...Allí debe estar la bruja encerrada bajo de llave; cuando al fin den con ellaestaremos lejos...

SANCHO.- BienFortún. ¿Están listas mis armas?

FORTÚN.- Síseñor...

SANCHO.- Es necesario partir luego. Prepara las cabalgaduras.

FORTÚN.- Listas quedan.

SANCHO.- ¿Están listas...?

FORTÚN.- Tres señor. Una para vosotra para... doña Blanca...

SANCHO.- ¡Sí!... Sería peligrosaFortúnnuestra permanencia en Palacio;podrían arrebatarme a esa damay prenderme a mí.

FORTÚN.- Ademásseñormuchos de vuestros amigos y las gentes de Palacioque acostumbran a entrar en vuestras habitaciones murmuran ya.

SANCHO.- ¿Murmuran...?

FORTÚN.- Es decir... extrañan que yo los detenga a la puerta y les prohíbala entrada... Y ya sabéisseñor: de las murmuraciones se pasa a lasconjeturasde éstas a la sospecha... Y el virrey está furioso; le hesorprendido en un arrebato de ira... ¡Parecía un demonio escapado de losinfiernos!

SANCHO.- Bienvete... Déjame solo. Espera mis órdenes allá fuera. Noestoy para nadie.




Escena III


SANCHO.- ¡Necesito la soledad! ¡Necesito vivir conmigo mismo unosinstantes!... ¡Ah! ¡He gozado y he sufrido tanto en estas veinticuatro horas!¡Y él!... El infame virrey luchando con la impotencia de su desesperación!...Yomejor que Fortúnle he visto... le he visto esta mañana llorar como a unniñoy luego revolverserugir como rugen las fieras cuando les arrebatan suúltimo cachorro. ¡Ira de Dios!... ¡Qué dulce es la venganza! ¡Cuánhermosa! ¡Cuál se dilata el pechocuando respira el aire viciado...emponzoñado con los sollozos del verdugo!... ¡Qué le valen su poder y sugrandeza! ¡Qué le valen sus lágrimas!... El dolor destroza su pechoyaprietay ahogay corroe su corazón el más abominable de los tormentos... Yohe llevado a su alma el horror de la soledad... Pero ¿y ella?... Ella...¡Infeliz!... ¡Y yo...! ¡Yodesdichadoque la amo... que la idolatro... queno podré vivir sin ella...




Escena IV


(SANCHO y BLANCAque aparece como espantada.)


BLANCA.- ¡Sancho!

SANCHO.- ¡Ah! Blanca... ¿qué tienes?

BLANCA.- Nada... nada... ¡Qué feliz soy al encontrarte aquí!...

SANCHO.- ¿No dormías...?

BLANCA.- No... no puedo. El sueño huye de mis ojos.

SANCHO.- ¿Por qué? ¿No estás aquí segura? ¿Qué tienes? No te hedicho...

BLANCA.- En vano pido al reposo que me ampare. Mi espíritu agitado sedespierta; mi alma acuitadavela... Vela por sus recuerdos y tiembla por elporvenir... ¡Hay momentos en que parece que voy a volverme loca!

SANCHO.- ¡Estás trémulahelada... Blancatranquilízate...!

BLANCA.- La memoria de ese desdichado me persigue.

SANCHO.- ¡Insistes aún!

BLANCA.- En vano intentas ocultármelo... Bien oí anoche a Fortún cuando teanunció la muerte de ese... ¡de ese marqués! [53]

SANCHO.- ¡Y bien!... Contados están los días del hombre. ¡Llegó para élla hora del castigo!

BLANCA.- Además... yo no puedo ocultárteloSancho: los instantes que pasanme parecen eternidades... No podemos seguir viviendo así... es necesario queDios autorice esta unión.

SANCHO.- Prontomuy pronto...

BLANCA.- Ésta no es mi casa. Por mucho que yo te amepor mucho quesacrifique mi dignidad en aras de ese amorno puedo estar tranquila. Sientoalgo aquíen mi pechode que yo no tenía ni aun idea... Y... ya lo vesnome atrevo a alzar los ojos delante de ti... El rubor que enciende mis mejillases la vergüenza de la culpa...

SANCHO.- ¿Túculpable...?

BLANCA.- ¡Es igual!... ¿Qué soy yo aquí?... Cuando estoy sola nadie memiray quisiera ocultarme de mí misma... Si para arrancarme de mi hogar hasabusado de mi cariño¡no te burles de mi debilidad!

SANCHO.- BlancaDios lee en nuestros corazones...

BLANCA.- ¡Síy porque Dios lee en ellosimploro de ti que de una veztermine esta situación...! Cuanto por mí ha pasado es la imagen de un sueñoespantoso... ¡Soñarlo sólo me hubiera parecido un imposible! ¡Cruelesto esmuy cruel...! Tu presencia basta para humillarme... ¡Y yo no puedo vivir sin tupresencia!... ¡Yo quiero que al mirarte mi corazón palpite de alegría!¡Quiero sentir lo que siempre he sentido cuando te he visto!¡lo que sentíaantes!... ¿Por qué huyes el rostro? ¿Por qué en tu frente pálida seextiende como una sombra que vela los pensamientos de tu alma...? ¿Por qué?¿Por qué tu mirada torva y sombría se oculta recelosa bajo tus párpados y nome miras como siempre?

SANCHO.- Blanca... Tú sospechas...

BLANCA.- Yo no sospechono: yo creo... Confiésalo de una vez... ¡Nace ycrece el amor lentamentepero puede morir en un instante...! ¡Mía es laculpa!

SANCHO.- ¡Calla!... ¿No ves que me estás destrozando el alma?

BLANCA.- ¡Oye! Anoche dormías... ¡Yo velaba! Sentíme estremecida depronto por el acento lejanoentrecortado y trémulo de tu voz... Hablabas comosi un peñasco enorme comprimiera tu pecho...

SANCHO.- Dices bien... ¡Así era!...

BLANCA.- Pronunciabas palabras de exterminio... de venganza... de deshonra...¡de amor!

SANCHO.- ¡También de amor!

BLANCA.- Sí... Entre aquellas voces que partían arrancadas de lo íntimo detu corazón y que como un eco se escapaban de tus labiosoí mi nombre...¿Qué era esoSancho?... ¡Dímelo!

SANCHO.- ¡Un sueño!... ¡Una pesadilla horrible! No sé si dormía. Yo nosé si estaba despierto. Te veíaBlancahumilladadegradadaenvilecida...Manchada tu frente y tus ojos entristecidos por el llanto... Vertías un mar delágrimas... Enfermapálidadespidiendo sollozos que partían el almaatravesabas sin embargopor el mundoarrastrando en el lodo de la infamia tufastuoso vestido de cortesana... El virreytorvoiracundodoblegado bajo elpeso de su infortuniote seguía a lo lejos... Y ¡yo tras él...! ¡Aquelloparecía una procesión de los antros infernales...! Así íbamos... Y yoyoque con sólo extender la mano podía arrancarte de aquella situacióninfamantete miraba ebrio de felicidad y de ventura... Gozaba con tusufrimiento... ¡Reía con tu martirioBlanca!... ¡Y gozaba aún másy reíaaún más con el martirio y la desesperación del virrey!... Hubo un momento enque quise huir... Huir muy lejos de los dosy entonces... (Con expresión deinfinita ternuracambiando de semblante.) el influjo de tumiradael eco dulceargentino y armonioso de tu vozme detuvieron: ¡oí elgrito del amor en mi pecho!... Tu ser entero se traspasó a mi serdominándoloembriagándoloabsorbiéndoloy en esa espantosa luchaentre miamor y mi venganza...

BLANCA.- ¡Tu venganza...!

SANCHO.- ¡No sabes lo que es eso...! Retorcía el dolor mi alma; sentía lalocura en mi cerebro; estallaba la desesperación en mi pechocomo la tormentaen el negro centro de una nubey un torrente de blasfemias y de oracionesbrotaba de mis labios...

BLANCA.- ¡Sancho...! ¡Pero tú deliras aún...!

SANCHO.- ¡NonoBlanca...! ¡Pobre Blanca mía!... Yo no delirono... Nodeliro; pero sí creo que estoy loco. Esto esque aún sostiene mi alma untremendo combate... Aquí siento la lucha... ¡Fieradesesperada!... ¡Mortal!Vete... Recógete... ¡Déjame solo...!

BLANCA.- ¡Sancho...!

SANCHO.- ¡Yo te amo...! ¡Vete! (BLANCA abandona la escena llorando.)[54]




Escena V


(SANCHOque se ha quedado viendo desaparecer a BLANCAcuando ésta desaparece dice:)


SANCHO.- ¡Infeliz! ¿Por qué una sangre maldecida circula por tus venas?¡Ay!... ¿Qué culpa tengo yo de haberte amado antes de conocer la savia queanima tu existenciaque da dolor y frescura a tus mejillassonrisa a tuslabiosluz a tus ojos...? ¿Por qué debo aborrecerte hoycuando te amo contoda mi alma?... ¿Qué es esto?... ¡Ay! ¡Ay!... No puedo... ¡No puedomás...! (Se deja caer desplomado en el escaño. Pausa ligera.)




Escena VI


SANCHOFORTÚN


FORTÚN.- Señor...

SANCHO.- ¿No he dichoFortúnque no estoy para nadie?

FORTÚN.- Esa orden¿alcanza también a Su Excelencia?

SANCHO.- ¿Al virrey?

FORTÚN.- Síseñor.

SANCHO.- Nono; al virrey no... (Levantándose.) Pero... ¿porqué lo dices?

FORTÚN.- Porque se dirige hacia aquí; le he visto.

SANCHO.- Si aquí vienedale pasoFortún. (Aparece el VIRREY.)¡Ah!... (Aparte.) ¡El cielo me lo envía!... (Hace seña aFORTÚN de que se retire.)




Escena VII


SANCHOel VIRREY.


VIRREY.- Sancho...

SANCHO.- Adelanteseñor... ¡Tanta honra!...

VIRREY.- Ya te he dicho que te amo como a un hijoSancho. No viene a tu casael virrey de México; en ella entra el amigo... Recíbeme como a tal.

SANCHO.- Y ¿a qué debo entonces este placer...? Sentaosseñorsentaos...(El VIRREY se sienta.)

VIRREY.- ¡Me acerco a tiSanchoporque soy muy desgraciado!

SANCHO.- (Con placer.) ¡Vos muy desgraciado!...

VIRREY.- Sí. ¡Si tú supieras...!

SANCHO.- ¿Y qué os pasa? Sepamos... pero permitidme cerrar esta puertaporque entra un frío... (Le pasa un cerrojillo a la puerta que comunica conel interiory por la cual desapareció BLANCA.) ¡Y bienseñor!¿qué os hace desgraciado? ¡Parece increíble! Un hombre poderosoricoinmensamente ricomecido desde su infancia en brazos de la Fortuna... ¿Acasovuestra esposa?...

VIRREY.- ¿Mi esposa?... No. Mi esposa no ha podido nunca hacerme desdichadopor lo mismo que nunca me ha hecho feliz. Jamás nos hemos amado. Caséme conella por respetos de familiay en fin...

SANCHO.- No comprendo entonces...

VIRREY.- ¡ÓyemeSancho! Hace muchos años que es mi único bienmi únicaalegríami único exclusivo afecto en este mundouna hermosa niña.

SANCHO.- SíSí... Una hermosa niña que ha crecido de educanda en unconvento de Sevilla...

VIRREY.- ¡Lo sabías!... (Profundamente sorprendido.)

SANCHO.- Y que trajisteis con vos a México hace dos años...

VIRREY.- ¡Sí!...

SANCHO.- La alojasteis en las Concepcionistasdonde la hicisteis amar yrespetarcomo si hija vuestra hubiese sido...

VIRREY.- ¡Eso es!

SANCHO.- La visitabais todos los díasmisteriosamente al caer la tarde...

VIRREY.- Síporque...

SANCHO.- Ya lo habéis dicho: porque la amabais con todo el poder de vuestraalma...

VIRREY.- ¡Con todo el poder de mi alma! Pero...

SANCHO.- Pero... ¡Os la han robado! (Pausa ligerísima.)

VIRREY.- (Acercándose a SANCHO con grande emoción.)¡Y tútúSanchosabías esto también!...

SANCHO.- Cuando os lo digo...

VIRREY.- ¿Y quiénquién ha sido?... ¡Quién! ¡No me reveles su nombrenada me importa! Dime dónde está... Dímelo... ¡Porque quiero beber su sangretoda!

SANCHO.- Calmaseñor virrey... ¡Más calma!

VIRREY.- ¡Calmay ella no está a mi lado!... ¡Calmay las horasvuelan...! ¡Calmay el dolor acrece y la desesperación mata!

SANCHO.- ¡Mucho sufrís...!

VIRREY.- ¡Dime quién esSancho! ¡Tú lo sabeslo estoy leyendo en tusojos!... ¡Dímelo!... ¡No ignoras que aquí valgo cuanto vale un rey! ¡El reyno es más poderoso que yo! ¡Pídeme honoresriquezaspreeminencias...!¡Todotodo por una palabra tuya! Habla... lo sabes¿no es verdad? [55]

SANCHO.- ¡Sílo sé!

VIRREY.- ¡Ohventura!... ¿Y has de decírmelo...?

SANCHO.- ¡No!

VIRREY.- (Furioso.) ¿No?... ¿que no has de decírmelo tú?...(Se dirige hacia la puerta del fondoalzando la voz.)¡Hola! ¡A mí...!

SANCHO.- (Deteniéndolo suavemente.) ¡Ah!voy a cerrar esapuertaporque entra un frío... (Cierra con llave la puerta del fondo. ElVIRREY lo contempla con espanto.)

VIRREY.- ¡Sancho!... ¿Te estás burlando de mí?... ¿Estás jugando con miagonía?... Pero nono... ¡Tú no eres capaz de esoimposible!... ¡Tú noeres un ingrato!

SANCHO.- Sentaosseñor virreyy escuchadme.

VIRREY.- ¿Que yo me siente?... Buenote obedezco... Ya lo ves: me siento...¿Pero has de decírmelo?...

SANCHO.- ¡Oíd! Anoche mismoanocheseñor virreyos refería que Juan deParedes... aquel sujeto a quien os habían recomendado...

VIRREY.- ¡Dios mío! Pero¿y eso qué tiene que ver?...

SANCHO.- Si no tenéis calma...

VIRREY.- ¡Sancho!

SANCHO.- Si no tenéis calmaenmudezcoy entonces nada sabréisaun cuandome pusierais en el potro del martirio.

VIRREY.- Bienbien... Ya callo... Ya escucho... ¡Qué ansiedad!

SANCHO.- Juan de Paredesel desventurado huérfanoencomendó a un amigosuyomuy íntimomuchoen una palabraotro élla misión de vengar susagravios en la persona del robador de doña Mencia y del asesino de su padre; yeste amigoeste buen amigodescubrió al fin al infame... ¡Ah! ¡Era unhombre muy poderoso!

VIRREY.- ¿Y tú sabes su nombre?

SANCHO.- Si me interrumpís...

VIRREY.- ¡Escucho!

SANCHO.- El amigo de Juan Paredes logró acercarse primero... hablardespués... introducirse en la casa... y luegoen el corazón del verdugo. Leespió como el cazador de lobos a su presa... Le acechó cauteloso... Se impusode sus actosde sus menores movimientos. Estudió su caráctersus afeccionesmás íntimas; le siguió a todas partes y a todas horasy descubrió al fin ellugar... ¡El lugar en que se ocultaba el cubil de la fiera! ¡No tenía másque un único amor sobre la tierra!... Y allí clavó sus ojosporqueclavándolos allí clavaba un puñal en el corazón del asesino... No... en sucorazón no¡en su alma!... ¡Porque aquel amor era su hija...! ¡Una doncellaencantadora....!

VIRREY.- ¡Sigue...!

SANCHO.- Díjola amores...

VIRREY.- Sigue...

SANCHO.- Ella le amó con la ceguedad y el poder todo del amor primero...

VIRREY.- ¿Y él?

SANCHO.- Él... ¡No la amaba!

BLANCA.- (Desde dentro con un débil grito.) ¡Ay!

VIRREY.- Ese gemido...

SANCHO.- ¿Un gemido?... ¿Vos habéis oído un gemido?

VIRREY.- Creí... Tal vez no... Me engañé... ¡Sigue!

SANCHO.- Y una noche... ¡Anoche!...

VIRREY.- ¡Ya lo sé...! ¡Calla! ¡Su nombre...!

SANCHO.- Robóla él... Para deshonrarla...

VIRREY.- ¡Calla!

SANCHO.- ¡Para envilecerla...!

VIRREY.- ¡Para envilecerla...! ¿Y ella...?

BLANCA.- (Dentro.) ¡Abre! (Sacudiendo violentamente lapuerta.)

SANCHO.- ¡Óyela!

VIRREY.- ¡Allí... allí está ella! ¡Miserable...! ¿Qué has hecho?...¡Vas a morir! (Lleva la mano a la empuñadura de su espada.)

SANCHO.- ¡Sísí!... Veninfame asesino¡porque yo te aborrezco como aella!




Escena VIII


(Dichos y BLANCAque ha hecho ceder la puerta.)


BLANCA.- (Forzando al fin la puerta y dirigiéndose a SANCHO.)¡Mientes!... ¡Mientes!... ¡Tú no me aborreces!

VIRREY.- ¡Blanca!

SANCHO.- (Señalando a BLANCA.) ¡Mírala... Mírala...! ¡Allíestaba!... (Señalando a la habitación en que estaba BLANCA.) ¡Y cuandodentro de poco hayas muerto por mi manovirrey de Méxicohabrás muerto dosveces!

VIRREY.- (A BLANCA.) ¿Y es cierto...?

BLANCA.- ¡Sancho! ¡Defiéndeme de la deshonra!

SANCHO.- (Sin hacer caso de ellaal VIRREY.) Cuando un padreencuentra al cabo...

VIRREY.- (Queriendo poner una mano en la boca de SANCHO.) ¡Callamalditocalla!...

SANCHO.- ¡Blanca! ¡Ése no es tu tutorése es... tu padre...!

VIRREY.- ¡Ah!

BLANCA.- ¡Mi padre! (Quédanse BLANCA y el VIRREY comoanonadados.)

SANCHO.- (Contemplándolos.) ¡Y cuánto debe sufrir elcorazón de un padreal presentársele [56] la vezprimera con este sagrado título a la hija de su corazón!... ¡Ella no puededarle a besar su frenteno puede...!

BLANCA.- (Suplicante.) ¡Sancho!

VIRREY.- ¡Infamia!

SANCHO.- ¡Infamiano! ¡Porque el sufrimiento de ella está centuplicandoel vuestro!

VIRREY.- (Desenvainando su puñal.) ¡Blanca! ¡Vas a morir...!

SANCHO.- (Arrojándose sobre el VIRREY.) ¡No la toquéis!...¡Miradla!... ¡Es inocente! Amor me ha robado mi presa... ¡Tanto la amé quepudo más mi amor que mi venganza! (En el semblante del VIRREY aparecela alegría.) ¡No te gocesvirrey! ¡Túque has sabido robarmujeres y asesinar ancianosno te goces!... ¡Sólo Dios y túy yosabemosque está pura! No me he atrevido ni a ofenderla con una mirada; pero mañana...

VIRREY.- ¡Ah!

SANCHO.- Mañana sabrá toda tu corte que ésa es tu hija.

VIRREY.- No.

SANCHO.- Y que ha pasado allí la noche... (Señalando a las habitacionesinteriores.)

VIRREY.- Tú morirás.

SANCHO.- Lo sabe mi escudero.

VIRREY.- (Sacando la espada.) Basta... ¡Sangre! ¡Tusangre!... ¡Qué sed tan espantosa!... [57]

SANCHO.- (Desenvainando.) Como la míano.

BLANCA.- Señorteneos... Sancho¿es esto posible?

SANCHO.- ¡Otra vez su acento...! ¡Otra vez el grito de su amor aquí en mipecho! Apartaaparta de míBlancatu miradaque a su influencia mi brazodesfallece y tiembla en mi mano el acero cobarde.

BLANCA.- ¡Sanchobasta!

SANCHO.- ¡Óyelo... Óyelopadre mío! Ella lo ruega... ¡Ten compasión demísi cuando ha llegado la hora de vengartepor salir pugna el perdón de mislabios!... ¡Padre míoperdón!

VIRREY.- ¡Tu padre has dicho!¿quién era tu padre? ¿Cómo te llamas?

SANCHO.- Me llamo ¡Juan de Paredes!

VIRREY.- Tú... ¿tú eres hijo de Diego Paredes y doña Mencia?

SANCHO.- ¿Para qué me lo recuerdas? ¿Por qué haces que aparezcan ante mísus fantasmas ensangrentados?... Síyo soy... Yoquien te lo roba todo.

VIRREY.- ¡Túquien la deshonra!

SANCHO.- Sí.

VIRREY.- ¡Parece que Satanás vive en su pechoy que el infierno inspirasus palabras!

BLANCA.- ¿Qué dice?

SANCHO.- ¿Qué decís?

VIRREY.- ¡Desdichadosabe que aquellos ocultos amores con doña Menciatuvieron un frutoy ese fruto es...!

SANCHO.- ¡Ella! Amor maldito... ¡Ella es mi hermana...! ¡OhDiospoderoso!

BLANCA.- ¡HuyeSanchode aquí!... ¡Perdón y olvido!

SANCHO.- ¡Perdón y olvido!... ¡SíDios me castiga! ¡Muera en mi pechomuera el sacrílego amor al par de mi venganza! ¡Ay... No volveré a mirarmientras tu halago endulza otra existencia...! ¡Desventura mayor!

BLANCA.- Sancho... En un convento acabaré mis días. (Movimiento dedolorosa resignación en el VIRREYque dobla la frente al suelo.)

SANCHO.- Allí ruega por mí... ¡Blanca! (Despidiéndose.)

BLANCA.- ¡Sancho!...

SANCHO.- ¡Hasta el cielo! (Con inmenso dolor y dirigiendo sus pasos haciala puerta del fondo.)

BLANCA.- ¡Hasta el cielo! (Cayendo de rodillas.)


FIN DEL ACTO TERCERO Y ÚLTIMO




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