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Las Vértebras de Pan

Eloy Fariña Núñez


 

 

Palabras liminares

Cuando un día de agosto de 1988el R.P. José Antonio Rubio aceptaba mipropuesta de realizar una edición de Las Vértebras de Panmanojoagotado desde hace deceniosme pidió que hiciera un doble prólogosobre elmodernismo -que sirviera para refrescar memoriasdijo-y sobre el manojo decuentos -en unas treinta páginasañadió-. Y allí empezó lo espinoso.

Por un lado¿cómo resumir el modernismo?(1)<notas.htm> En particularporque hasta hoy éste persiste enlas memoriaspero como tópicocuya tópica esencia viene resumida en unafrase que leí tan justamente hace unos meses escasos en un periódicomadrileño de gran tirada: «(...) y ella -decía el cronistarefiriéndose auna señora de hoy pero ajena al estilo corriente de manera de ser- sabíasentarse con gracia modernista (...).» y la crónica se llama «Floreros»...

Conque lo que daré será mi propia opinión sobre el modernismo (especie dequintaesencia de lo dicho durante varios semestres de clases sobre el tema en laUniversidad de la Sorbona de París; y que se me perdonen ya aquellos puntos quesin duda quedarán sobrentendidos forzosamente) y sobre el hilo conductor dellibro de Fariña Núñez.

Y claroserá una verdad relativala mía; con lo cual se prestapuesacontroversias y a aprobaciones. Quisiera yo que fueseantes bienverdadrelativa que indujeraes decir que lo llevara al lector a descubrir o a ahondarsi no es para él un descubrimientoen el modernismo. Y una vez más pliego milabor editorial a la de docentelo cual tiene emperocreoalgo bueno: queésta se alimenta del grano que germina en una clase; por lo cual el profesor sehalla [6] muy lejos del crítico erudito que secree sumo pontífice defensor de la verdad verdadera. ¿Por qué? Porque si elgrano germinaello depende sólo de la atención y del interés que ponga elalumno en participar en el acto socialconvivalgeneroso que se desarrolla enun aula.

Por otro lado¿cómo referirme a Eloy Fariña Núñez y al modernismo en elParaguay brevemente y con originalidadpuesto que los profesores Raúl Amaral (ElModernismo poético en el Paraguay. 1901-1916AsunciónAlcándara1982)y Francisco Pérez Maricevich (Obra poética de Eloy Fariña NúñezIntroducción y Notas de F. Pérez Maricevich; AsunciónAlcándara1982) lohicieron con gran idoneidad? Tambiénpuessobre el manojo hablarédando miopinión al mismo tiempo que aliento al lector a que recurra a estos trabajospara ampliar información.

París15 de agosto de 1989 [7]



 

 

Prólogo

1. El modernismo visto de dentro

 

«(...) y fue al genio de Darío a quien tocó iniciarlaseñalando unnuevo rumbo al pensamiento y dando entrada a un amplio eclectismofilosófico y a todas las influencias del espíritu moderno. La nuevaorientación literaria ha producido poetas muy rigurosos y pensadores muyserios. Y si la literatura actual es menos española que la anteriorencambio es más americanamás nacionalpues hace uso de sus propioselementosno obstante su cosmopolitismo y de las influencias extranjerasentre las que predomina la francesa.»

 

Así se expresa Leopoldo Lugones (Argentina1874-1938) en una carta a E.C.Hill (que reproduce Oliver Belmás en su magnífica biografía Este otroRubén Darío de 1960 en las páginas 214-215). Según lo que afirma Lugonesel modernismo corresponde a un impulso que intenta rebasar los límites de lamera voluntad de cambiar el estilo y la literatura. Se trata del impulso quecompromete la manera de pensar de los que se entregan a nuevos horizontes.Éstos son diversos y no conciernen sólo las letras sino el espíritu y lasvías que el espíritu posee de investigar sobre los principioslas causas ylos efectossobre las nociones generales. Parecería como si Lugones afirmaraque el quehacer filosófico es el que completa al de vena filológica oliteraria. De todas manerastal voluntad de cambio condiciona definitivamente alos escritores modernistas y los transforma en «poetas muy rigurosos ypensadores muy serios». [8]

Estas afirmaciones llamarán la atenciónde entradapor su profundidadrespecto de un movimiento que goza antes bien de fama de superficialidaddepura «literatura»de canto huerocomo diría Antonio Machado. Asíla tareamodernista parece interesarse fuertemente y ante todo en los grandes problemasque se plantean al hombreen encontrarles una respuesta. La literaturaconsistede ahí en adelanteen expresar dicha búsqueda. A ella le toca elreflejarla hacia el hombre americano. Quizá por tal razón y a causa de sudeseo de universalidadella se abrió a cierta forma de cosmopolitismoa lasinfluencias extranjerasa los arquetipos universales. Obviamentedifícilresulta crear algo nuevo cuando se sigue encerrado entre cuatro paredeslasmismas de siempre. La mirada de los modernistas debía ir más allá de lasfronteras para entonces reconocer los medios que se les ofrecían para contestara las preguntas que en ese momento se hacían urgentesfundamentales. Luegoenseñarían a los hombres del continente dichas respuestas. Había queresponder a los problemas que se le planteaban con esos principios generales querigen al hombreporque los problemas del hombre americano eran particularmentelos de su época y los de cualquier hombre a la vez.

Tal sería la razón por la que la literatura hispanoamericana de los tiemposmodernistas reviste la apariencia cosmopolitafrancesa más que hispánicacomo dice Lugones. Aunque él no lo digaen un comienzo esas investigacionescosmopolito-lingüísticas y estilísticas del modernismo iban destinadas a airearla lengua literaria española. Y si a veces con felicidado a veces con alientomás bien laboriosolos escritores modernistas lo hacen en francésningunorenunciarálo que se llama renunciara su lengua materna. La filologíaprobará más tarde que en la poesía la renovación lingüística delmodernismo logrará llevar a un Juan Ramón Jiméneza un Federico GarcíaLorcaa un Rafael Albertia un José Bergamín al genio que les será propioa esa voz que les es únicanueva y verdaderamente hispánica a la vez. E igualcosa ocurre con los escritores hispanoamericanos actuales.

Los escritores modernistas renuevan la lengua castellana y ésta es paraellos el implemento exclusivo: gracias a los aportes extranjeros tomará acentosnuevos y cantarácontaráreflexionará sobre lo que le incumbe al hombreamericanotanto como al [9] universalhermanostodos de un lado y de otro del marese mar que en lugar de separar supo másbien reunir razas y culturas.

La cita que nos ocupa comienza con una alusión ditirámbicala cualcon suentusiasmociñe en la frente del poeta Rubén Darío (Nicaragua1867-1916) supapel de «iniciador» -o de catalizadordiría yoque no de precursorestohoy asaz probado cronológicamente- del impulso reformadorregeneradorliterario y espiritual. Lugones pone tal papel preponderante en la cuenta del«genio» que poseía el escritor nicaragüense. Según lo afirma Lugones -quienno ignoraría que los albores del movimiento se fijan unos diez años antes dela salida del libro de DaríoAzul...en Valparaíso en 1888con JoséMartí (Cuba1853-1895)Manuel Gutiérrez Nájera (Méjico1859-1895)Francisco Gaveta (El Salvador1863-1955) y José Asunción Silva (Colombia1865-1896)filológicamente éstos los precursores reconocidos del movimientode renovación modernista-; según Lugonespuesel epíteto de iniciador lepega a Darío porque él reúne las cualidades esenciales de un modernista:pensamientoorientaciónrenovaciónese ir hacia inquietos horizontes nuevos(los cuales no son forzosamente nuevoscomo en el caso del alejandrinopolirrítmico que ya había utilizado Gonzalo de Berceo y que pertenece así ala más rancia tradición hispánicaésta observada por los modernistas conojos nuevos).

Las palabras de Lugones podránpuessorprender al lector atento de lostrabajos críticos sobre el modernismo. No porque Darío resulta más importanteque los propios precursores; nolo que sorprenderá será el hecho de queLugones da del modernismo una idea tan profunda. Que le concede preocupacionesliterariassípero sobre todo filosóficas y espirituales: ¿el modernismo yano sería solamente ese soplo de renovación literariae inclusocomo lo handicho algunosese fárrago de escritores que buscan cueste lo que cueste «épaterle bourgeois» o le «muffle» como decía Daríoescritores que raudos sesumían en las negras profundidades del bizantinismo estético para ceder atodas las solicitaciones exóticas? Es verdad que ciertos críticos hacen deestas características las esenciales en el modernismo; las cuales existensípero junto con las de profundidad y reflexión que afirma Lugones. Afirmaciónque fija que de ahora en adelante visto está que el balance que hemos de hacerhoy del movimiento resulta más que nunca rico en matices [10]de renovación. Con lo cualconsiderarlos casi exclusivamente escritoresexóticos y decadentes no conduce a gran cosa: porque no se arrastra a uncontinente a fuerza de reformas retóricasen las queen efectomuchosepígonos asmáticos y caricaturescos se quedaron sin alientoello paradesgracia del propio modernismo.

Durante decenios -hasta 1970 aproximadamenteaunque a veces incluso hoy seoyen voces en tal sentido- el modernismo sufrió este malentendido con lacrítica que luchó encarnizadamente por relacionar (lo incompatible: loexótico con lo original) o el modernismo era una triste copia de la literaturafrancesao era ese movimiento que correspondía con lo que el americano de laépoca esperabapor lo cual tuvo la fuerza de conquistarlo y hacer de él suadepto ferviente. Hubo de llegarse al centenario de Azul... para oírconceptos más exactosni partidarios ciegos ni entusiastasni totalmentedemoledoreses decir conceptos sencillamente objetivos. Y con éstos elmodernismo sale ganandopor supuesto. Poco a poco el horizonte se vay se iráaclarando. Cada vez más puede uno reconocer en él la fuente de una literaturaactualamericana y universalla cual ocupa su lugar legítimo por suoriginalidad y veracidadcompromiso y elaboración estética.

Este manojo Las Vértebras de Pantan justamentele propone allector un conjunto de relatos que prueban el eclecticismo -el modernismo no hadejado manifiestono formó escuelay ello por voluntad expresa de susescritores señeros- de las fuentes de inspiraciónla preocupación espiritualpor comprender los misterios del hombrede la Creaciónde su condición; conlo cual en él se tiene la clave misma del modernismo a través de la prosa ensu caso.

Entoncesdejemos establecido que en el modernismo lo profundo se codea conlo ligero e incluso con cierta forma de humorde erotismohasta cierta manerade irónica introspección. Que el trabajo estilístico no parece haber dejadonada al azar: cada palabra en su sitioel neologismoel galicismo y hasta losregionalismos propios de cada autor tienen su razón. Que las atmósferasdescritas llevan al lector a orillas diversas: tanto de América como de Europa.De estos destinos basta ver cómo en el primer relato de Eloy Fariña Núñezel que le da el título al manojopoco a poco lo que tendría que haber sido laGrecia bucólica del dios Pan se vuelve [11]fértil campiña de Américade Misionesde Entre Ríos. Ypor qué no al finy al caboviceversa.

Tres preguntas le asaltan a quien quiere seguir reflexionando sin prejuiciossobre la presente cita de Lugones y las ideas evocadas aquí arriba: la primera(2)<notas.htm> ¿hay que encarar el conocimiento del modernismopasando por el análisisforzosamentedel contexto histórico anterior yposterior para ver claras las causas y efectos del movimiento?; la segunda(3)<notas.htm> ¿qué sentido darle al cosmopolitismoal exotismopropios de la mirada estética y ontológica del modernismo?; la tercerasiLugones habla de Darío como del genio modernista¿le está dando así a lailusión romántica del culto de la personalidad y del subjetivismo el sitiopreponderante en la labor modernista de ordenar el caos a través del ejemploindividual -lo que en sus Ensayos helénicos Lugones llama heroísmosocial- y dar a luz a un hombre nuevo?(4)<notas.htm>

Esta serie de cuentos de Eloy Fariña Núñez podrá ayudarnos a responderporque es reflejo patente de la busca ontológica y de la renovación estéticaen el modernismo. Digamos también que se dejó mucho tiempo de lado a losensayistas del modernismoquienes como José MartíPedro Emilio Coll(Venezuela1872-1947)Rufino Blanco Fombona (Venezuela1874-1944)ManuelDíaz Rodríguez (Venezuela1871-1927)Amado Nervo (Méjico1870-1919)habían intentado explicar que el movimiento no sólo era superficialidad ñoñay a la moda de París. Es decirque el envite que nos está haciendo hoy elmodernismo es el de analizarlo sub especie aeternitatises decir en suspropios límites diacrónicos y sincrónicos.

¿Por qué el modernismocon toda esa superficialidadcon sus ninfasparódicas a vecessus rubias princesas tan poco americanasy sus dioses depiel anacarada y de aparentes frívolos sueños pudo conocer tal empujetalfuerzatal eco? Quizá sencillamente porque se acercó a los signosfundamentales de una ciencia o de una preciencia mítica universal: ciertosdioses habían sido hombres y habían tenido las mismas debilidades y los mismosfelices éxitos que éstos. De ahí que inspirados por tales arquetipos todo lespareció posiblea ellos y al hombre de América. [12]


2. El modernismo visto desde fuera

2.a. ¿Cierto revisionismo?

 

«(...) lo que ocurriósobre todo en las mejores mentes delmodernismofue una utilización genuinamente creadora de la metodologíafilológica como instrumento para desmontar la literatura europea (...) ytomar de ésta los elementos que se estiman convenientes para instituiruna nueva literatura en América.

 
 

(...) Al tomar en cuenta este contexto discursivopodemos ver quelejos de practicar un vago eclecticismolejos de no saber lo que hacíanlos modernistas sí sabían lo que hacían cuandoen un mismo textomezclaban referencias al Lejano Oriente con alusiones a las culturasindígenas de Américao citaban a Juvenal junto a Leconte de Lisleo aWhitman junto a Renán (...). El «cosmopolitismo» modernistaporejemploescomo ya hemos vistoun rasgo que el modernismo comparte conla filología: es un rasgo de la modernidad». (Aníbal González en LaCrónica modernista hispanoamericanaMadridJ. Porrúa Tieranzas1983p. 37 y 38).

 

Aníbal González expresa sus afirmaciones como jugando con espejos. Enefectola filología que emplean los modernistas para llevar a cabo su tarea leservirá a él para intentar emitir un juicio sobre uno de los aspectos máscontrovertidos del modernismosu cosmopolitismosu eclecticismo.

De entraday para que no haya equívocosél anuncia que sus afirmacionesconciernen las «mejores mentes del modernismo»: ya no más amalgamasde ésasque por lo general tienden a reducir al modernismo a aspectos que si fueronhitos en ese justamente cosmopolitismo y eclecticismosólo ponen de relieve ellado eminentemente miméticode arte de modacolmo de superficialidad mientrasque en el continente arreciaban los problemas sociales económicos y políticos.

Y para comprender perfectamente el punto de partida de González no habrá deolvidar que la filología es la que aporta el gusto por la ciencia y laerudición de la palabrade la literaturade su expresión. [13]

Asíen el Renacimiento la filología guía la visión humanista de losconocimientos; en el siglo XVII concierne la ciencia y la tradición literariaconsistiendo en el estudio de textos y de su transmisión: se trata enparticular de lo que los franceses llaman «Belles Lettres»en la misma líneaque las «Bellas Artes»pero relativas a la epigrafía y la cultura literariapor lo general clásica. En el siglo XIX la filología orienta la voluntad debuscar lo exacto en los textos y su relación entre síde la laborcomparatista (de la comparación surgen las divergencias y los parecidos quealimentan el pensamientoy el de la modernidadsegún parece afirmar González)cuyo interés se plasma en el estudio de la lengua y de la mitología de laantigüedad clásica principalmente.

La metodología filológicaañade Gonzálezlleva a los modernistas aenfocar científicamente el estudio de las lenguas (el griegoel latínelfrancésel inglésel italianoobviamente para estudiar mejor la naturalezay las posibilidades del castellano) y de las literaturas (antiguas y modernas delas lenguas citadas)al análisis de las manifestaciones espirituales quevehiculaban lo esencial de sus propias inquietudes: para conocer y reconocer alhombre por el conocimiento de sí mismo todo era válido. Los modernistasobservaránpor ejemploque la teoría de «el arte por el arte»y aquellade «ante todola música»podían corresponder con cierta necesidad deevasión espiritual que se concretaba a través del arte y de ciertaelaboración poética y artística refinada al extremopero sólo en la medidaen que también el pensamiento de un autor pudiera seguirla y alcanzarla. Estametodología a la par que emparienta al modernismo con el resto de lasliteraturasprueba que obvia en él ese deseo de no dejar nada al azar (reflejoa su vez de la esmerada elaboración poéticapor ejemplo). Había en todo elloel deseo de ordenar lo que parecía ir al garete en el continente.

El estudio científico de las lenguas y de las literaturas conexases decirel estudio filológicoengloba las diferentes manifestaciones del pensamiento ydel espíritudesembocando en el flujo irreprimible de la creatividad. Lacuriosidad de conocerde intentar otros sistemas de escrituraotros estilosritmos diferentestemas distintosconducen a la reflexión sobre la novedad ylas novedades. Lo cual hace que el eclecticismo sea algo conscientey que el [14]cosmopolitismo sea un modernismo literario y artísticoverdadera filosofía dela vida.

Una literatura nueva que sigue una metodología organizadapremeditadatrabajadano podía más que conducir al espíritu moderno. Al espíritumoderno correspondía una literatura originalpropiaen este caso delcontinente americanoy viceversaes decir que ésta respondía a lasesperanzas de los americanos.

Para borrar dudas basta con echar un vistazo a la evolución que luegosiguió la literatura hispanoamericana: criollismoindigenismoprotesta urbanay campesinalabor paralela de reivindicación socialeconómica y culturalyde elaboración de un lenguaje realista mágico basado en mitos vernáculos yuniversales a la vezde una vanguardia comprometida. Todo ello vino del cambioque impuso el modernismo. Después de él todo sería distinto: se habíaacabado el puro mimetismo por el mimetismo; con el quees verdadelromanticismo de Echeverría en el Río de la Plata y su artizar ya habíaempezado a romper.

En efectouna vez dominadala mirada cosmopolitacomo dice González (yodiría cósmicaya que mira las esencias que anidan en el corazón mismo de lasdiferentes originalidades francesalatinagriegainglesa e inclusonorteamericanas)fuerza a que se mire lo nacionallo vernáculo. Y ello por elpropio hecho de que pasearse por un contexto de estudiode análisisdereflexiónde razonamiento da por sentado que no se habrá de copiar porque sílo que se estudia y observaque no se habrá de tomar la inspiración de manerasuperficial. A las otras culturas se las estudió y analizó en la épocamodernista para reconocer en ellas lo que podía corresponder a nuestros propiosdeseosidiosincrasiaimpulso y necesidades. Ello sólo podía dar un artenuevaen este caso originalmente americana.

Los artistas modernistas lo pruebanafirma Gonzálezproponiendo eficacesesa realidad hecha de la mezcla de temas extremorientales y vernáculoscósmicos clásicos griegos y cosmogónicos indígenas. Asílos modernistasmezclan a Juvenal(5) <notas.htm>Whitman(6) Renan.(7)En la práctica los autores y las obras a las que aluden corresponden muy amenudo con etapas diferentesque pueden ser ora personalesora generacionalesy del movimientoora ambas a la vez.(8)<notas.htm> El modernismo es escuela de libertadde [15]originalidadde eclecticismo; los mismos ingredientes que forman la diversidadde la naturaleza humana.


2. b. ¿El tópico?

 

«La poesía modernista ostenta un nutrido repertorio de reminiscenciaslibrescaspictóricashistóricas; emplea un lenguaje prestigioso deopulencia metafórica; su erotismo aflora siempre a través de unaatmósfera galante poblada de personajes mitológicos. (...) Las vivenciasse disfrazan con ropajes principescos; todo sentimiento está pasado porel filtro de la literatura (...).»

 

Saúl Yurkievich (Fundadores de la nueva poesía1970) alude enparticular al libro escandaloso de Rubén Darío: Prosas profanas.

El poemario aparece por primera vez en Buenos Aires en 1896. Si a primeravista hay en el título cierta provocación intrínseca que reside en laaparente contradicción entre contenido y títulohoymirando bien secomprende que se trata de composiciones en verso que queríanse próximas deésas también en verso que en la liturgia de la Santa Misa se cantan antes delGradual. Sólo que aquí dichas composiciones competen lo profano.

En tal dualidad reside un aspecto fundamental del modernismo: arte en el querenovandoinnovandoni forma ni contenido se dejan al azarsirve lo sagradoen favor de lo profanoya que Prosas profanas expresa con forma sagradaaquello humano que es profano (aunque en su esencia el hombre sí es sagrado).Esta dualidad le impone al lector la actitud reflexivay así ocurre a menudocon muchas obras modernistas. Conque cuando el emisor de este manojo de poemasparece navegar por aguas de superficialidad profunda -verbigraciaen «Era unaire suave»-el lector habrá de comprender que la princesa Eulaliaprisionera de nostálgicos violineses esa misma que en «Reino interior»padece en carnales argelesdolorosamente taleses el alma del emisor.

Darío supo elegir sus títulos: Azul...que con esos tres puntossuspensivos abría el camino hacia inmensidades aún insospechadas [16](casi se diría que más importantes son los puntos que el propio color). Y cadauno marca una etapa importantetanto del autor como del modernismo. Prosasprofanas sale en 1896 y marca del modernismo su momento crucial (por suimportancia en fijar las renovaciones métricas y temáticas)que no cenitalya que aquí el Canto errante de 1907 comparte con otras obras de otrosmodernistas la escena(momento que irá más allá de 1901cuando Darío sacala segunda edición aumentada del manojo de 1896 con aditivos que intentarán envano desmentir aquello de afrancesamientode hispanofobia y confirmar lavoluntad de su autor en no romper con la tradición literaria castellana). Cantosde vida y esperanza son de obvio sentido en 1905esperanzas que el Cantoerrante confirmará: cantares que quisieran llevar esa vidaesa esperanzahasta oídos voluntariosos y libres que bogan por el mundo.

He dicho antes que la poesía modernista pone de relieve por un ladolanecesidad de dar a luz al hombre nuevo a fuerza de originalidaddeindividualismoeclecticismolejos de manifiestos escolásticosde ideologíasreductoras; por otrola necesidad de construir para progresarcrear con Apoloy Orfeoentre luces y sombrasentre Cielo e Infiernoentre palabras y músicapor un mundo nuevo. Por ello el verso modernista es vaticinador. Recogerá temasnuevosformas clásicas que remozar o recuperar como ciertos metros castizos(por ejemploel alejandrinoya usado en España en el siglo XII por el Mesterde Clerecíapor Gonzalo de Berceo en sus Milagros de la Virgen y queantes de que Darío los estudiara con Francisco Gavetalos usó José Zorrillaen Don Juan Tenorio y en La Leyenda del Cid; salvando siglos y conintrepidezesta relación con el Mester de Clerecía emparienta al modernismocon la vertiente española del refinamiento poético que éste sería y conaquella que cultivó el principio del arte por el arte).

La variedad en el estudio filológico de la métrica aporta forzosamente eleclecticismo y la libertad que éste supone: todo es posiblesólo permanece elrespeto y la búsqueda de lo bello. No hay que perder de vista tal evidenciayaque ella nos habrá de evitar lo esquemático en el juzgar la labor delmodernismola cual no sólo es poética sino espiritual. La artesanía genialel virtuosismo [17] formal no ha de ocultar elverdadero mensaje literario y organizadorcognoscitivo del modernismo: no searrastra a todo un continente sólo con proezas verbales. Y ello es válido paraProsas profanas.

Observando de cerca la presente citarecojamos aún: «repertorio denutridas reminiscencias librescas». Trabajando por campos semánticos«repertorio» nos conduce a colecciónlista por materiapor serieporconjuntosal prontuario de la colección de datos sobre alguna ciencia eincluso al resumen de un tema que hay que tener presente; es decirque esenombre asociado al determinativo «nutrido» conduce obviamente a las «reminiscencias»y no a la filología como afirmaba antes González.

Reminiscencias sugiere vago recordar algoy de este vago recordar sepasa con facilidad a lo «libresco»al detalle que en una obraen particularartísticaacusa influencias de otras (en Prosas profanas: en «LaDea»Platón -para que resalte el imperio de la divina Idea; en «Ama turitmo»Pitágoras; en el «Coloquio de los centauros»Ovidio y sus Metamorfosis).La reminiscencia de algo indica que se recuerda superficialmenteno que seposeen las materias que contienen los libros que se han leídoque han podidoinspirar. Por eso el adjetivo plural «librescas» cierra el núcleo delsintagma y su sufijo anuncia lo despectivo (librescoadjetivo peyorativocalifica lo que viene de un libro o libros). Hasta aquí se leepuesen estacita que los modernistas recogen una infinidad de libros sin llegar a poseer losconocimientos que en ellos figuransin llegar a fijarlosdando asíinfluencias también superficiales.

Es verdad que los modernistas leyeron mucho. En el caso de Darío tomemos unejemplo: Homero. Se sabe que leyó la Ilíada y la Odisea en supueblo natal de León en compañía del R.P. Tortelinijesuita que fue suprofesor y que le enseñó el griego antiguo y con él apreció el hexámetroverso que el modernismo usará luego. Para muchos estudiosos de laversificación rubendariana la impronta de Homero se diluye en la totalidad desu obra sin más consecuencias que las retóricascuandoen realidad -comoocurre con las ideas de Lugonespor ejemplola influencia de Homero resultacapital a través de las páginas de sus ensayos sobre el helenismo- la visiónhomérica de lo divino y lo humano dirige poemas como el «Coloquio de loscentauros». Es másla peculiaridad poética modernista le debe todo a Homeropoeta de poetasvaticinador [18] de los TiemposPrimordialesen lo cual le sigue a Hesíodoambos cantores de una culturaentera.

Otras influencias elegidas al azar: en «El País del Sol»la obra deCatulle Mendès y la de Aloyssus Bertrand; en «El Poeta pregunta por Stella»la de E. A. Poe. Y si en Historia de mis libros Darío se refiere a lasinfluencias que recibióaquéllas que él juzgó importante señalarun pococomo el artesano que revela a su aprendiz qué implementos utilizar paraejecutar con perfección su obra¿ello justifica que se antepongan laslecturas a la originalidad de lo creado; es másque se califique la labor deun poeta con juicios tan despectivos como los que leemos en la cita que comento?

Cita que continúa en su enumeración con «históricas». Federico de Onísafirma: «El modernismo es la forma hispánica de la crisis universal de lasletras y del espíritu». El crítico español ubica al modernismo en un planode total universalidad en el que la asimilación de la Historia y la vivenciahistórica se confunden: el modernismo es el nexo entre lo pasado y lo futuroya que responde a una total realidad del momento en el que le tocó existir.Incluso cuandocomo en «Marina»el emisor se refiere al pensamiento delsiglo XVIIIhabla de un triunfo femenino comparable al del siglo XIXprolijoen alusiones en las que Eros y Thánatos se reúnen.

La enumeración sigue con «pictóricas». La sed iconográfica es capital enel modernismo: permitió que a miles de kilómetros de los centros europeos decultura se apreciaran las obras innovadoraso diferentesde los nuevosartistas. Verdad es que muchos modernistas viajaron a Europa y que incluso allívivieron (tal fue el caso de LugonesDaríoSilvaGómez Carrillo -Guatemala18731927-Froilán Turcios -Honduras1875-1943Amado Nervo)pero muchos nohicieron ese viaje (Julián del Casal -Cuba18631893-José MartíManuelGutiérrez Nájeray el uruguayo Julio Herrera y Reissig 1875-1910). Juliándel Casal escribió poemas a la gloria del pintor simbolista Gustave Moreau tansólo apreciando sus obras en reproducciones en blanco y negro... Hechosignificativo: ¿qué le interesaba a del Casalla forma (técnicacolor) o elfondo (arquetipoesenciatranscendenciacontenido)? La respuesta es obvia.

En Prosas profanasPuvis de ChavannesWatteau se verán celebrados(«Marina»«Palimpsesto»«Friso»«Coloquio de [19]los centauros»y en este último caso Darío se inspiró de la iconografíaexistente sobre escultura griega y concretamente la del frontón oeste deltemplo de Zeus en Olimpia). Este interés era otra de las maneras de sermodernos. En realidad y con todo la enumeración de Yurkievich se queda corta alhablar de estas «reminiscencias»ya que Pedro Salinas afirma que a Darío loinspiraron «las nueve musas» en «imperialismo sensual» (La Poesía deRubén DaríoBuenos Aires1948).

Añade la cita que el modernismo «emplea un lenguaje prestigioso deopulencia metafórica». El primer calificativo posee cierta ambigüedadya queel prestigio es buena famaautoridadimportancia y al mismo tiempo realce yesplendor. Entonces¿es prestigioso el lenguaje modernista sólo porque susinnovaciones métricas y metafóricas marcan fama e importancia meramenteexterior y superficialde lucimiento y de adorno; otambién se trata de laautoridaddel esplendor de simbólicas metáforascomo en el caso del «Cantode la sangre»donde se metaforiza el enigma del vehículo de la vida que es lasangre (como en el caso de «La Espiga» que alegoriza el conocimiento de losmisterios de la naturalezao en el del «Coloquio de los centauros» que llevaa los de la vida y la muerte)? Estos temas son asaz importantesfundamentales.¿La cita se está refiriendo al código poético solamente sin aludir alcontenido? Pero¿cómo disociarlos en el caso del modernismoque pretende serrenovación formal y espiritual? El hombre modernista es un hombre nuevo...

La presente calificación es también ambigua en la medida en que el epíteto«opulento» se sitúa en los límites de la abundancia y de la riquezadelhartazgo y del derrochede la exuberancia: de ahí que resulta sorprendente quese lo aplique a la elaboración de analogías poéticas de potencialidadespiritual -aunque no exclusivamentees verdad- porque él le resta contenido adicha elaboración. Opulento aludepuesa cierta artesanía ostentosa y hueracomo lo pudo constituir el movimiento parnasiano francés. De éste hay en elmodernismoel propio Daríoya en Azul... reconoce en Leconte de Lislea su maestro. Pero tambiéncomo se da en el «Coloquio de los centauros»Darío confiesa ser presa del vértigo que representan para él los misterios dela Creación. En lo cual se emparienta con el romanticismo y el simbolismo a lavez. [20] Así a la frase «lenguaje prestigioso deopulencia metafórica» peca por esquemática y general.

La siguiente oración afirma: «su erotismo aflora siempre a través de unaatmósfera galante». Como dije antesel siglo XIXy en particular en susegunda mitadmarca la importancia de la mujer: más de dos mil poemas -y no secuentan los cuadros alusivos- se escriben entre 1870 y 1914 a la gloria deSalomégloria ora fatalora inocentesegún los criterios y el aspecto quese quiera poner de relievesiguiendo en particular las leyendas medievales.Nada sorprende entonces que en el modernismo lo femeninoy lo erótico de surelación con el hombreocupe lugar preponderante. Una vez más los modernistasson modernos. Si se observa de más cerca se ve que «erotismo» se hallareforzado en uno de sus aspectos polisémicosel de lo sexual o sensual porencima de lo amatorioy ello por la presencia cercana en el sintagma deladjetivo «galante»el cual esconde lo picantelo pícarolo pecaminoso ysi se quierelo verde: galantear es cortejarcon amabilidad y eleganciaperocon miras bien concretas...

Pedro Salinas observa en Prosas profanas que Blasón propone la«imagen perfecta del erotismo y de la aristocracia» (quizá porque se trata delos divinos amores de Leda y del dios supremo del Olimpo); que «Margarita»retrata a «una amada sensual»; que «Divagación» es «una invitación alamora la pasión»y que «Era un aire suave» es el de «la fiesta galantehecha música». Salinas añade que Darío es un «poeta amoroso»sentimentalconstantesin que por ello surja una criatura de amor definida; con lo cualsigue Salinas«Alaba los ojos de Julia» y «Bouquet» constituyen caprichososmadrigales.

Creo que ni Salinas ni Yurkievich llegan a ver que lo que Darío exalta es laesencia del amor en sus facetas múltiplesel estado amoroso en síincluso elrecuerdo de éstesin determinar el objeto de sus sentimientos (y que se mepermita la comparación: un poco a la manera de Proustquien en A la buscadel tiempo perdidoaun por encima de lo anecdótico -si se puede hablar deanécdota en esa obra- enfoca más bien la esencia de los sentimientos quedesmenuza con ojos de entomologista a través de una lente de aumento). Lo quesí es verdad es que el emisor en la mayoría de los poemas de Darío se refiereal aspecto más triste del amorel del [21]espejismo y el del dolor. Como en «Los Heraldos»por dar un ejemplo.

Esta atmósfera amorosa y galante viene aderezadasegún la cita«depersonajes mitológicos». Una frase de Darío fija el sentido que hay que darleal empleo que realiza de figuras mitológicas: «Amador de cultura clásicamehe nutrido de ellamas siguiendo el paso de mis días»afirmación bastanteolvidada. El que se nutre forzosamente asimilay dicha asimilación vuelve aser vertida ya como algo propio de quien se nutrió. Pero¿qué alimentoencontró Darío en lo mitológico? Descubre esos arquetipos (los cualesconstituyen la proyección de los sentimientos humanos en esos héroes divinos yhumanos a la vez) que conducen al conocimiento del hombrede esa su misteriosaambivalencia que tanto preocupaba a Darío: algo de diosalgo de hombre. Unejemplo de ello tenemos en el apelativo que él mismo se concede al llamarse«sagitario». No pone de relieve sencillamente su afición a la mitologíasudominio de cultismos solamentesino que ansía explicar su propia ambivalenciagracias a la que ese nombre lleva en sí: la humana doble condición de vencedory de víctimala cual decidiendo de por sí triunfa gracias a un acto deheroico heroísmode olvido de sí. En efectolos dioses del Olimpo lotransformaron a Quirónel más sabio de los centaurosen la constelación deSagitario luego que éste diera su vida por salvar a Prometeo de su martirio.

«Las vivencias se disfrazan con ropajes principescos». Esta afirmaciónpropone que todo lo que dice Darío en Prosas profanas son pura fachadacarnaval de mistificaciones; que el modernismo trastoca lo que vivelo quesientelo cotidiano volviéndose reinado de reyes de un día por arte de magialiterariatodos príncipes de lo virtualmonarcas travestidos y en realidadvulgares dompedros harapientos de la vida. Esta frase plantea la espinosacuestión de la sinceridad en poesíacaso en el que me parece muy difícil dedecir esta boca es mía...

A finales del siglo XIX y principios del XX los poetas solían elegir a suspropios príncipes: Paul Fort fue el de los PoetasSaint-Pol-Roux el de losTropos... Los modernistas¿son los de la renovación y de la oquedad poética?Entoncesen «Sonatina» la princesa que espera sólo sería una niñacaprichosa más... Sin embargoallí está «Reino interior» que repite comoun eco de sangre y de carne el [22] doloroso debatedel alma (lo que la púdica princesa canta en «Sonatina») que ignoranteesperadeseando conocer los misterios que la liberarán de la prisión donde latienen encerradafrágil princesaesos siete caballeroslos pecadoscapitales. Así¿cómo explicar tanto «disfraz»contradictorio tal como loafirma la cita que nos ocupa?

Completa la afirmación de Yurkievich: «Todo sentimiento está pasado por elfiltro de la literatura». Filtro o cedazo supone separarpor ejemploel trigode la mala hierbarecoger sólo lo de sentido o efecto enjundioso y dejar delado aquello que no. Filtroropaje o disfraz vienen a ser lo mismo:corresponden al código poético o formalal de la literatura: lo libresco delas fuentes acaba en lo libresco de la obra en su contenido. La verdad es bellamentira o puesta en escenamero formalismo. ¿Formalismo la risa en el dolor de«La Anciana»?¿o la tristeza en su esencia que el emisor vierte con pudor en«A los poetas risueños»?¿y puesta en escena lo amargo del amor en«Marina»?¿y mentira la invitación socrática al «conócete a ti mismo»que nos hace el emisor en «La Fuente»?¿tampoco es verdad que la vida sea«voz de aliento y de ánimo» como está dicho en «Ama tu ritmo»? Se vuelve aplantear la espinosa cuestión de la sinceridad en la literatura...

En Historia de mis libros dice Darío: «Y tal es este libro -habla deProsas profanas- que amo intensamentey con delicadezano tanto comoobra propiasino porque a su aparición se animó en nuestro continente todauna cordillera de poesía poblada de magníficos y jóvenes espíritus. Ynuestra alba se reflejó en el viejo solar». Nótese ante todo que Darío serefiere al poemario no como confesión de romántico individualismodesubjetividad líricasino como entrega al lectorcomo mensaje que rebasa lopersonal. Luegohabrá que decir que esos jóvenes de los que habla Daríocreyeron a pie juntillas en el replanteamiento no sólo de la labor poéticasino del contenido. El emisor de «Yo persigo una forma» plantea la renovacióncomo vital reflejo de sí mismo en el mundo exterioréste a su vez reflejo delCosmos.

En el amor que confiesa Darío por prosas profanasen el replanteamiento quepropone este sonetose inscribe el mensaje de progreso y de generosidad delmodernismo: ir del individuo a los individuosde lo viejo vernáculo a lo nuevosolariego[23] pero tomando como vehículo laforma más bellamás perfectamás nueva. La vía platónica de la Verdad yla Justicia por la Belleza.

¿Espuesel modernismo un movimiento meramente formalsuperficialhueroliterario por encima de todouna hemorragia de vocablos dichos de la boca parafuera y para «épater le bourgeois»? Quizá lo fuera en algún momentoenalgún poemay en alguno de sus seguidores. Inclusoque no quepa duda que sílo fue. Pero también fue otra cosay ésta es la que arrastró a todo uncontinente. Prosas profanas lo está probandopor ello representa lacúspide de un movimiento renovadorverdadero giro que toma la literaturaamericanairreversiblemente.


3. Conclusión

A guisa de conclusiónhago figurar aquí este editorial que bien podríaser un manifiestosi no conllevara en particular el germen no de la identidadde una generación de artistassino la de un continente todo.

Nuestros propósitos

«Ser el órgano de la generación nueva que en América profesa el culto delArte puro y desea y busca la perfección ideal;

Ser el vínculo que haga una y fuerte la idea americana en la universalcomunión artística; (...)

Levantar oficialmente la bandera de la peregrinación estética que hoy hacecon visible esfuerzola juventud de la América Latinaa los Santos lugaresdel Arte y a los desconocidos orientes del ensueño;

Manteneral propio tiempo que el pensamiento de la innovaciónel respeto alas tradiciones y la jerarquía de los maestros;

Trabajar por el brillo de la lengua castellana en América yal par que porel tesoro de sus riquezasantiguas en vocabulariorítmicaplasticidadymatiz;

Luchar porque prevalezca el amor y la divina Bellezatan combatido hoy porinvasores tendencias utilitarias; [24]

Servir en el Nuevo Mundo y en las ciudades más grandes y prácticas de laAmérica Latinaa la aristocracia intelectual de las repúblicas de lenguaespañola: ésos son nuestros propósitos.

La Dirección».

(Revista de AméricaBuenos AiresAño INº 1; 19 de agosto de1894edición facsimilarManagua1966-1967).


Llaman la atención de inmediato esos infinitivos: acciones desnudas en sufuerza primeraque impelen a combatirmantenertrabajarluchar y servirporun lado; y por otroellos enuncian la identidad definitoria de la revista:órgano y vínculo.

La fogosidad juvenil trasunta en estos empeños. Sin embargola tarea no esfácilya que se trata de innovar el pensamiento y al mismo tiempo respetarlatradición -¿quién dijo que el modernismo rompía con éste?-el brillo y eltesoro de la lengua -¿quién dijo que sólo el galicismo contaba para losmodernistas?y estamos apenas a seis años de Azul...-; trabajando porla tradición y la lengua los modernistas reconocen aquí a España como cunamadreraícesdadora del vocabulario y de la identidad.

No obstanteno habrá que olvidar que esta tarea se realiza como unaperegrinación y que el camino así andado deja en el caminante polvo de treslarespolen de flores ignotasnuevasy perfumes de recónditas comarcas.

Lo que buscan en realidad es la Bellezadivina y por ende universal. Esodicen. Y la Belleza ha de ser divinadon de diosespara que pueda ayudar aenfrentarse con tendencias utilitarias que invaden el medio ambiente del hombre.Porque en esta lucha finisecular entre cientificismo y espiritualidad losmodernistas eligieron el bando del alma. Ellos saben empero que la invasión espoderosaque la tentación que ella propone es fuerteque pocos son los que leresisten: los aristócratas de la inteligenciaésa que viene y va al alma; esdecirel pequeño número de elegidosde sensibles al llamado de la Belleza.Pocosporque al proponer un cambioel [25]modernismo figura como rareza; pero rareza que ellos quisieran que alcanzara alcontinente y así dar a luz un nuevo mundo. Y en América ese nuevo mundo es elque aportará sangre nueva. El «continente niño» (como dice un crítico sobreel tema a propósito de Leopoldo Lugones) está por hacerse: hagámoslo bellodice este editorial.

A través de esta Revista de Américala nueva generación buscareunirsevincularse; la revista es el órgano que realizará esa función vitaly organizará la comunión artística en la ideal perfección en un mundoimperfecto en manos del materialismo. La tarea espuesun culto y el artesantopuro lugarun «oriente»es decir un renacerdespertar al espíritua la ideaal almaa la veneración del Arte. Esta revista no será la únicaen emprender este peregrinar. El siglo XIXasí como las vanguardias del iniciodel XXfueron prolijos en revistasde vida más que esporádica a vecesperoque supieron ser el vehículo y el vínculo potente de mentes preocupadas por elespíritula forma y su expresión. En efectojunto a ella se hallarán: ElMercurio de América (Buenos Aires)El Cojo ilustrado (Caracas)Revistagris (Bogotá)Revista azul (Méjico)El Nuevo Mercurio(París)entre otras.

El peregrinar empiezacomo he dicho anteshacia 1880. Muchos críticos dan1885 como el final verdadero del siglo XIXy si se considera hasta qué punto Azul...en 1888 marca un vuelco en la sensibilidad artística del continentese puedeconstatar que la salida de dicho libro da la pauta de que América estabaverdaderamente à la page. Juan Valera lo comprendió y en 1889 sacó susCartas americanasdonde intenta comprender el fenómeno modernista. En1891José Martí publicó sus Versos sencillosseguido de Julián delCasal con Bustos y rimas en 1893. Pero el impacto del decenio lo logróJosé Asunción Silva con su Nocturno (1894). El siglo no se acabaríasin que el modernismo diese sus obras señeras: Prosas profanas (1896)Montañasdel oro (1897)Perlas negras (1898). Para la segunda edición de Prosasprofanas en 1901 Salvador Díaz Mirón (Salvador1853-1928) sacó Lascasy marcó un vuelco: la vuelta a lo vernáculo y el interés por lo que luego sellamarán las vanguardias. De ambas tendencias iría nutriéndose el modernismo:Sangre patricia de Manuel Díaz Rodríguez (1902)Los Maitines de lanoche de [26] Julio Herrera y Reissig (1902)Cantosde vida y esperanza de DaríoCrepúsculos del jardín de Lugonesambos en 1905.

El año de 1907 es el del Canto errante de Darío y el de la madurezdel modernismo. Llegó así la reflexión sobre el sentido del movimiento yJosé Enrique Rodó dio Motivos de Proteo. El último decenio aportó ElCanto a la Argentinahomenaje de Darío al centenario de la Independencia; LosSenderos ocultos del mejicano Enrique González Martínezquien en 1915enLa Muerte del cisnepreconizaría que se le torciese el cuello al cisnerubendariano; con lo cual se eligió dicha fecha como la del final delmodernismo en América. Sin embargoAmado Nervo sacó Serenidad un añoantes y no sería su último libro ya que Plenitud vino en 1918 y ElEstanque de los lotos en 1919su obra póstuma. En 1927 se publicó ElHombre que parecía un caballorelato de Rafael Arévalo Martínez(Guatemala1884) de corte francamente modernista; es verdad que había sidoescrito en 1914. El cisne tardó en morir. Quizá porque la impronta que dejabaera fundamental: ¿es la base de la literatura contemporánea el modernismo?¿es él ese ingrediente indispensable que hace que ésta sea hoy universal eindividual a la par? Las respuestas a estas preguntascomo a las demás que seformulan en este Prólogo las darán los años venideros.


4. Eloy Fariña Núñez y «Las Vértebras de Pan»

En el último cuarto del siglo XIXel Paraguayentre infinitasdificultadestrataba de salir de los desastres del genocidio del 70; en talesfuerzo se creó el Colegio Nacional (1877)se fundó por tercera vez elSeminario de Asunción (1880)la Escuela de Derecho (1882)el Ateneo Paraguayo(1883)la Universidad Nacional (1889).

En ese contexto de afanes por lograr un equilibrio cultural favorable paralas futuras generaciones nació en Humaitá Eloy Fariña Núñez en 1885 (añoen el que el Uruguay devolvió los trofeos de la guerra de la Triple Alianzahabiendo sido también el primer país que condonó la deuda en 1883). Pasaríaparte de su infancia en Itatíen la provincia argentina de Corrientes (allísitúa el cuento «La Bruja de Itatí» que figura en este manojo). Estudió [27]cuatro años en el Seminario de Paranáprovincia de Entre Ríos; y de allífue a vivir a Buenos Aires.

Nacer en Humaitá y ser niño en esa heroica ciudaden tierra desgarrada porla guerrale dejaría huellas indelebles y no olvidaría esos años: su obramás conocidaCanto secular (1911)es un canto al Paraguay. Colaborócon periódicos y revistas en Buenos Airessin dejar de hacerlo en Asuncióncon Crónicala revista que desde 1913 reunió a los jóvenesmodernistas. Escribió en español y en guaraní. En español se cuentan: LasVértebras de PanEl Estanco del tabaco (1918)Cármenes (1922)ElJardín del silencio (1925)Conceptos estéticosMitos guaraníes(1926); así como numerosas obras de teatro.

Carlos Centurión en su Historia de la cultura paraguaya (edición de1961Tomo II) sitúa a Eloy Fariña Núñez en la «escuela erudita»la cualse reunía en el Gimnasio paraguayo de Asunción. Su libro sobre Mitosguaraníes justifica esta etiqueta de erudicióna la que yo añadiríamirando los relatos del presente manojola de eclecticismo. Ambos aspectos sonfundamentalmente modernistas en este momento finisecular y albores del siglosiguiente. Escribiópuessobre temas universales y vernáculostratandosiempre de cernir al hombreal hombre nuevo; tratando de comprender la realidadparaguaya y americanay por ende la universal. Su mirada posee así esapeculiaridad esencial en el modernismo: la del primitivismoa la que me refieroaquí en Nota Nº 2. Carlos Centurión dicecorroborando este punto de vistaque el estudio de los mitos guaraníes lo llevó al de los americanos. Ycomolo prueban los relatos de Las Vértebras de Pana los mitos universales.

Mirada primitivista esa mi parecery ya de entradala del héroedel relato que le da el título al manojo ante el paisaje americano. Asíelnarrador lo describe: «Impregnado de lecturas clásicasel menor accidente delpaisaje que iba contemplando despertaba en su mente reminiscencias de laantigüedad mítica e idílica y al mismo tiempo los recuerdos de su infancia.(...) Emilio experimentó el sobrecogimiento universal de la hora (...) Y estaunidad [cósmica] era una totalidad armoniosa y divina. Emilio pretendía verlas vértebras del magno Pan en todas las cosascomo en el canto órfico». [28]

Con este manojo de cuentos Eloy Fariña Núñez incluye al Paraguay en lacorriente modernista más pura. Raúl Amaral en su libro citado antes nos ayudaa precisar la época en que ello ocurreya que él indica el período que va de1910 a 1916incluyendo así el año de 1914 de la salida del libro de cuentoscomo el período del Tercer modernismoel de la madurez. En el Paraguay elperíodo se señala por la llegada de Valle-Inclán (1910) en busca de noticiasde su amigo Rafael Barrett (España1876-Uruguay1910); y la del tanmodernista como socialista Manuel Ugarte (Argentina1878-1951) en 1913; la delos libros de Enrique Gómez Carrillo(gran cronistaensayista y autor derelatosdirector del Nuevo Mercurio)que circulaban en esas fechas enel Paraguay Amaral añade que la influencia de Gómez Carrillo en la prosasería decisivacomo lo fue la de Darío en la poesía.

Los diferentes cuentos de Las Vértebras de Pan van componiendo unmosaico de visionesuna red de vías que seguir para comprender las diferentesposibilidades que se le ofrecen al hombre para alcanzar el conocimiento de símismo y del Cosmos.

Realidad y verdad se reúnen en esa buscaa través de la filosofía griega(«la Verdad»)de la religión egipcia («El Hierofante de Sais»)delbrahmanismo («El Velo de Maya»)del budismo («El Buda celeste») -¡quéactual resulta hoy esa búsqueda cósmicatan próxima de la mentalidad arcaicaque Mircea Eliade señala en sus libros y que es la base de cualquierconcepción transcendente del Cosmos! Como también a través de reflexionessobre la obra y el papel que desempeñaron los grandes escritores: «La Ceguerade Homero»«La Inmortalidad de Horacio»«La Venganza de Virgilio»y ellocon enfoques inauditos y originalísimos. Asíel manojo se iniciacomo lapropia trayectoria del modernismocon «Las Vértebras de Pan»relato de unaexperiencia individual cuya transcendencia se sitúa entre lo mítico y losagrado. Tal experiencia sensible y conocible abre el camino del esfuerzo queacaba en el saber universal más absoluto.

Lo que en este primer relato es logroen «La Muerte de Pan» es esperaunaguardarporque¿nacerá el hombre nuevo?¿tendrá lugar la nueva Edadde Oro? Las conquistas formales del modernismo ya estaban afirmadasconfirmadasincluso alentaban vanguardias. Restaban por cumplirse las másimportanteslas conquistas [29] humanasésas quedarían a luz al hombre nuevo. «La Muerte de Pan» reviste acentos de fúnebremelopeaes una evocación de sombríos pesares en una isla griega ante elinmenso mar glauco.

El oráculo de Delfos había enmudecidolas voces divinas se habíanenmudecido también. Sólo quedaba el «numen arcádico». Junto a élsu fielfaunoquien no se resigna y alienta a Pan para que emprenda aún «la conquistadel mundo». «No quierono puedo. Ya no»responde el dios. Y sólo los rodea«la angustia humana del dios agonizante»dice el narrador conmovido. ¿Habíallegado el fin de lo infinito en medio de un mundo aparentemente serenoapacibleindiferente?

Como en el vigesimosexto Diálogo píticodonde Plutarco anuncia lamuerte de Pan y sobrentiende que algo ocurrirá que lo reemplazaráy comotambién en la Cuarta Églogadonde Virgilio vaticina que a Júpiter sucederáun niño portador de una nueva religión (palabras que muchos han interpretadocomo un anuncio de la venida de Cristo); asíen «La Muerte de Pan»por elsentido del relato se presiente la llegada de un dios nuevoignoto. Teniendo encuenta que el libro salió en 1914cuando ya algunas voces se habían elevadopara anunciar la muerte del modernismo y que la tela de fondo figuraban hechosque luego se revelarían como las premisas de la Primera Guerra Mundial¿quévaticina el autor con este último relato que se presenta como el reflejoazogado del primer cuento? ¿El final de la forma modernistael nacimiento deun hombre-dios nuevoel final de una época que cede el paso al vacío contrael que había que luchar?

Uno de los relatos alude a Mayamagia de los diosesIlusión cósmica; y elpoeta simbolista Jean Moréas dice en Cantilènes (1886) algo que meparece de circunstancia:

 

«Entonces MayaMaya la bellala sagazposa sus suaves dedos sobrenuestra frente y ésta se rebela... Asímelindrosamurmura: aguardadsiempreque en vuestra coronación vírgenes címbalos retronarány oscubrirá el oro y la púrpura de Bedjapur. Esclavos cuya sangre cuerdas yfustas tiñe.»

 

Se publica el manojo cuando muchos dicen que el modernismo se agota. Sinembargocon esos sus acentos universales y americanos [30]es como un compendio estilístico y de temas propios del más puro modernismo:lleva en sí la libertadel eclecticismola peculiar adjetivaciónmodernistas. Su elaborada sencillezsu magia y su barrocosu esoterismo ybucolismoese su trazar el camino de la busca del Bien y de la Verdad por laBelleza. Todo ello es modernista. Vigente entoncesactual hoy. [32]

Enrique Marini Palmieri

Maître de Conférences

Université de Paris III

Sorbonne Nouvelle

Parísagosto de 1989 [33]


[35]

 

 

 

Las vértebras de Pan


Al cabo de tres años de ausencia de la tierra nativaa la que abandonarapara ir a la ciudad a seguir en el seminario la carrera del sacerdocioEmiliolo hallaba todo nuevo a su alrededor. Mientras su cabalgadura marchaba con labrida suelta por el polvoriento camino realsu pensamiento divagaba comoarrullado por el monótono andar del bruto. Venía de visitar a su padrequetrabajaba en un obraje situado en un punto denominado Palmiradonde habíaabundancia de palmaresdistante tres leguas del pueblo.

Era una apacible tarde de mediados de Diciembreel mes de la sandía y de lacigarra en el trópico. El seminarista iba por una inmensa llanuralimitada poruna selva dilatadísima que se extendía paralela al Alto Paraná. Pacían endispersión por la praderamanadas de vacastoros y caballos. Veíase detrecho en trecho un avestruz que corría velozmentea través del secoespartillar. En las marismas y los pasos del vallepermanecían inmóviles lascigüeñas en forma de interrogaciones. De la ribera de algún estero próximoalzábase en precipitado vuelo una bandada de garzas blancas o de flamencos. Alpaso del caballode las matas de espartillose levantaban perdices que volabansilbando en dirección al monte y a las cañadas. Cortos y ralos espinillaresinterrumpían de rato en rato la continuidad del valle.

De divagación en divagaciónEmilio volvió a formularse la eterna preguntaque constituía el objeto de sus reflexiones: ¿tenía verdadera vocación parael sacerdocio? Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Examinandoimplacablemente su conciencia[36] con aquellasutileza que da el hábito de la meditaciónparecíale que él no era de losúltimos. Hallaba amarga como la hiel y áspera como un cilicio la visión quele ofrecían de la vida «Los ejercicios de perfección cristiana» del PadreRodríguezel «Combate espiritual» del teatino Lorenzo Escupoli«Lasmoradas» y «Camino de perfección» de Santa Teresa y demás tratadosreligiosos. Su adolescencia opulenta y pura no estaba hecha para el altar. Erasin dudasuperior a sus fuerzas la gloria de pertenecer a la orden del sumosacerdote Melquisedec. Lo veía claramente en el mariposeo placentero de supensamiento en torno a la delicada figura de Enriquetasu compañera deinfancia. El deleite que sentía al verlano era ciertamente impuroperotampoco parecía totalmente inmaculadopuesto que lo perturbaba. Y habíavuelto a verlamás seductora que nuncaacaso por la distancia que ibacreándose entre ambos.

Marchaba agobiado bajo la pesadumbre de sus inquietudes. Un demonio interiortentaba su espíritu con la dudacon la horrenda duda que apaga las lucesinternas y entenebrece el entendimiento. Imaginábase su alma como metida en elprimer aposento de «Las moradas»; en la vía purgativa aunlejos de la cumbrede la perfección moral.

El solde un acentuado color de naranjaasaetaba con sus radios de oro laregión occidentalevocando en el seminarista la imagen del ojo inscripto en eltriángulo radiadocon que se representa la divinidad. Impregnado de lecturasclásicasel menor accidente del paisaje que iba contemplandodespertaba en sumente reminiscencias de la «antigüedad mítica é idílica y al mismo tiempolos recuerdos de su infancia. Las espesuras que convidan al descansolosrincones de sombralas glorietas agresteslos claros boscososle hablaban dela edad de oroen que las diosas se confundían con los pastoresen la másamable de las libertadesa la amena sombra de los árboles. El desierto de losanacoretas no estaba tan poblado de seducciones del mundo y de pompas del siglocomo la umbría en que posaba su vista con complacencia pagana. El mugido deltoroque resonaba en todo el valle y repercutía en la selvacausábale unavaga impresión geórgica. Descubría formas peregrinas en las nubes que seamontonaban en el Ponientey a través de las cuales brillaban los rayossolares con esplendor [37] velado. ¿Resucitaba enla arcanidad de su almael hombre salvajenostálgico de la paz de laspraderas y de la soledad de los bosqueso el ser primitivoidólatra de lascosas? No se hallaba en estado de definir la compleja emoción que lo embargaba.Perosísabía con certidumbre total una cosa: que se espiritualizabacomosi el libérrimo viento del campo hubiera borrado sus contornos materiales ydesvanecido los sobresaltos de sus sentidos. Sentíase sutilsensibilísimoleve; parecíale flotar en un elemento fluidoen un ámbito etéreo. Un amormísticouna veneración religiosa por la naturalezalo poseía por completo.La concebía a esa hora con apariencias humanascomo una madre amorosa queabraza a todos los seressin distinción de formasvidasni colores. Con susensibilidad aguzadapercibía todos los aspectos armoniosos del paisajequeera el mundo que lo rodeabay en el cual él ocupaba el centroperdida supoquedad humana en la infinitud cósmica.

Declinaba el crepúsculo con la maravillosa policromía de los ocasostropicales. El solantes de hundirse en el horizonteirradiaba con laintensidad luminosa de un sol nacienteconvirtiendo en un vasto arcoiris elfirmamentoen que rielaban mares de nubes irisadas. Una quietud infinita seextendía sobre el valle y la selva.

Emilio experimentó el sobrecogimiento universal de la hora. Agobiado por lahermosura del crepúsculole acometió un dulce deseo de llorarde cantardelanzar un grito estentóreo que desahogase su corazón y expandiese susemociones. Cambió de parecer respecto de la naturaleza: no era humanasinodivina. La armonía que descubría en sus aspectosaccidentes y relacioneseraun atributo altísimo de su condición superior a la mortal. Recordó en esemomentocon cierto espantoque su pensamiento era heresiarco. Pero la dudahabía penetrado en su inteligenciay ahora ponía en tela de juicio laevidencia del dogma. ¿No erapor venturabello y divino todo cuanto alcanzabasu mirada? La visión de Enriqueta apareció ante su vistaobligándole acerrar los ojos en un deliquio de dicha. De la contemplación de la imagenamadapasó de nuevo a la del panorama. Las torres de la iglesia del pueblo seanunciaban a lo lejospor encima de los naranjales y los cocoteros. La ruta querecorría ahoraérale familiar. Por las zanjas por que ibacorreteó más deuna vez siendo niño. Teatro de las primeras turbacionespenas y alegrías desu infancia era el [38] escenario en que espaciabasu miradacon deleite sensual. Todo lo trasportaba y repercutía en él como enuna caja de resonancia: el silencio de la praderala majestad del ocasolavaguedad del horizonte. Sonreía involuntariamente consigo mismocon la florhumilde que hollaban las patas de su caballocon los escuetos espinillos quedibujaban su silueta retorcida y desolada en la lejanía. El solde color demiellanguidecía. Esfumábanse las perspectivasconfundiéndose la llamadacon la selva y el cielo. Creyérase que se reintegraba la unidad primerauniversalincreada. Y esta unidad era una totalidadarmoniosa y divina. Emiliopretendía ver las vértebras del magno Pan en todas las cosascomo en el cantoórfico. Notaba en sí mismo los efectos de una gran fuerza bienhechora yclemente que lo impelía a diluirse como un eco en el infinito.

Un indefinible deseo de correr le acometió; picó espuelas al caballo y selanzó a toda carrera por el camino realmientras salíadesde lo más hondode su almaun grito salvaje que retumbó en la selva y fue a perderse en lainmensidad como una saeta de luz en la bóveda constelada de estrellas. [39]



 

 

Bucles de oro


El nene estaba enfermito. Inmóvilpálidocon sus ojitos astrososrespiraba fatigosamente en la cunajunto a la cual velábamos los dos ensilencio.

Era una benigna tarde de invierno. Del vasto rumor de Buenos Aires sólollegaba a nuestro cuarto de pensión un murmullo tenue. Abajosonaban las notaslargas y graves de un pistónen el cual hacía escalas un músico italianocon tenacidad desesperante. En el patinillo lóbrego de nuestro pisohablaban amedia voz tres modistas sicilianasde trágicos ojos negros. En el cuartovecinocanturreaba la patronauna garrida sevillana.

Estábamos soloscomo en una isla desiertaen medio de aquella gente venidade diversas partes del mundo. ¿Qué hacer en tal trance supremo? Por fortunael médico había venido y recetado una poción contra el mal. Cada dos horasMatilde le abría la boca al nene y echaba en ella una cucharadita del jarabe.Pero su respiración se volvía cada vez más entrecortada y ronca. Sentíamosla presencia de la fuerza invisible e irreparable quea guisa de una sombraprogresivaiba llenando todo el ámbito del cuarto.

-Parece que está mejor -dijo de pronto Matilde-. ¿No ves?

Allí estaba el pobre nenitocon su cabecita rubiapropicia a la cariciaechada sobre la almohadamirándonos fijamente con santa inocencia. La malditabronquitis pulmonar le roía los bronquios y los pulmones y la fiebre aumentabapor grados. Sufría visiblementey esto era nuestra mayor pena. ¿Quéresistencia podía ofrecer el delicado organismo de una criatura? ¿No era unacrueldad espantosa hacer sufrir así a un inocente? En finnosotros[40]los grandes... Con toda nuestra alma hubiéramos deseado arrancarle su mal ypadecer nosotros por él. Debía de sufrir muchoporque hacía tiempo que nosonreía. Era en él la sonrisa algo así como el signo de la vidalaexpresión inmaterial del plenario florecimiento de la potencia orgánica que setrasfiguraba en dos gotas de luz en sus pupilasen hebras de oro en suscabellos y un divino halo de gracia en sus labios.

Para entibiar la atmósfera y facilitar la respiración del neneMatilde seapartó por un momento de la cuna y quemó un minúsculo cono de inciensoquesahumó el recinto. Luegovolvió a su asiento. La miréprofundamenteabatido. Más que nuestra pena comúnme dolía el golpe de la fatalidadsumado a la evidencia del desamparo. Todo parecía oponerse hasta entonces a larealización de mi plan de conquista de Buenos Airesa la que había juradovencercuando de mi lejana provincia vinecaballero en mi juventudhacia laciudad áurea y seductoraen busca de un campo en que dar noble empleo a miactividad. ¿Qué había sido de todos mis ensueños de estudiante? Mi porvenirse obscurecía. En aquellos momentos estuve a punto de desfallecerporque mepareció que la lucha emprendida era superior a mis fuerzas. Mas no me abandonóla esperanzaysobre todome sostuvo el deseo de imponer mi albedrío a laadversidad.

El músico seguía tocando notas prolongadasque repercutían en miespíritu con infinita tristeza. ¿Qué relación sutil habría entre lasvibraciones sonoras de los instrumentos de cobre y las ondas invisibles de lafatalidad y del dolor? A ciencia ciertano lo sabía; mas lo positivo era queaquellos sonidos lúgubres aumentaban mi sufrimiento. En la calma delcrepúsculosonábanme como la expresión musical de mi congoja muday oíaloscomo si fueran las voces del silencio patético que se expandía en mi cuartoydel destino inexcrutable que rondaba en torno nuestro con señorío augusto.

-¿Oyes Matilde? Esa música me pone mal... Dile...

Matilde fue a hablar con la encargada de la casaya pocooí que éstarespondía:

-Ya le he dicho que aquí arriba hay un chico enfermo; pero no me ha hechocaso. ¡Qué gente desconsiderada!

Estábamos verdaderamente solossin otra compañía que la de [41]nuestro nene moribundoen aquel rincón de la gran urbe. ¡AhBuenos Airestentacular sirena del planeta! Nos contemplamos de nuevoy sonreímosmelancólicamente.

De prontolos ojitos sin brillo del enfermo se fijaroncon inmovilidadinquietanteen el techo. Cuando lo advertíel corazón me palpitóporintuición inefablecon violenciay vi que los ojos de mi compañera sellenaban de lagrimas.

-¿Qué será? -me preguntó en voz baja.

-Nada-me atreví a responderle.

Aparté la vista de aquellos ojosignorantes del misterio de la vidaquemiraban con extraña fijeza el techoy la clavé en el sueloresignado. Ellahizo lo propio y en esta actitud permanecimos mucho tiempo silenciosos. Amboséramos como dos ovejas barridas por la tempestaden medio del inmenso rebañohumano que nos rodeaba. Hacía siete días que sosteníamos una luchadesesperada con la enfermedad y carecíamos ya de fuerza para continuarla. Unabatimiento profundo se apoderó de nosotros y nos entregamossin alientoenbrazos de lo irreparable. Amilanadosmedrosospasivosdejamos trascurrir losminutosen una como especie de insensibilidad casi animal. Las fuentes de lavida se secaron momentáneamente en nuestras almas. Dejamos de ser criaturashumanas para convertirnos en dos masas maleablesdóciles al menor impulso ysusceptibles de ser moldeadas a designio.

Era entrada ya la noche. Matilde encendió la lámpara y la puso a media luz.El silencio circunstante tornábase cada vez más desolado. Jamás experimentéuna impresión tan cabal del desierto ciudadanocomo entonces. Desde mi cuartoveía pasarlas sombras de las jóvenes sicilianasque iban o venían de lacocinaen incesante ajetreo.

El nene pareció mejorar un pocopues una sonrisaimperceptible casisediseñó fugazmente en la comisura de sus labios exangüesy decidimosacostarnos vestidos. Como hiciera fríosacamos al enfermito de la cuna y lopusimos en nuestra camaa fin de reanimarlo con el calor de nuestros cuerpos.Magüer la proximidad del desenlacebien pronto me rendí al sueño. Seríanlas doce de la noche cuando un grito azorado de Matilde me despertóbruscamente.

-¿Qué pasa? -inquirí con la consiguiente alarma. [42]

-Me parece que el nene ha muerto... Tócalo... Está frío.

Palpé su cuerpecito con ansiedad suprema: estabaefectivamentehelado.

-Sítiene el cuerpo frío-repuse-pero ¿no estaba ya así?

-No; tenía fiebreLuis.

-No puede ser... ¿Late aún su corazón?

-Creo que no.

Puse la mano sobre su corazón y comprobé que había cesado de latir.

-¿Será esto la muerte? -interrogué a Matilde con el corazón oprimido.

-No sé... Hace un minuto que oía su ronquidocuandode repentecesótodo y se quedó inertecomo un pajarito.

Aún tenía los ojitos abiertos.

-Ciérralos -sollozó a mi lado Matilde-. Tengo miedo.

Los cerré piadosamente y deposité un beso conmovido sobre sus párpadoscerrados. Luego se oyóen el silencio nocturnoescapado de una gargantavaronilun sollozo extraño y brevecomo el grito de angustia de una bestiarepentinamente herida.

Era la primera vez que me hallaba en presencia del cuerpo inanimado de unseral que había dado la viday el misterio de la muerte me pareció a lasazón más enigmático y contradictorio que nunca. La pálida carita del nenehabía adquirido tal serenidad seráficaque pensé si la muerte no sería elestado de reposo de una vida trascendente y profunda. Parecía dormido: elsilencioque se cernía sobre sus labiosera apaciblela rigidez de su cuerpodistaba de ser trágica y la blancura de su frente y de sus manos tenía unapalidez suave de rayo de luna.

Lloramos en silenciopor largo tiempoante el cuerpecito yacente de nuestrohijoconcebido en el dolor y en la esperanzaen aquel cuarto de pensiónaislado del resto del mundo. Debíamos de ofrecer un aspecto dramáticollorando delante de un cadávera la indecisa claridad de la lámparabajo elalto misterio de la nocheen medio de la ciudad dormida. Al mismo tiempo que micorazón sangrabadiscurría mi pensamiento. Y bien: fuerza era aceptar loirreparableapurar el dolor y marchar adelante. La muerte de esa pobre criaturaclamaba al cielo y necesitaba ser vengada. Llevaría su cadáver a cuestas hastael acabamiento de mi vida. Y[43] mentalmentearrojé el guante a Buenos Airesa la vida y al destino.

Llegó la mañanaluminosa y serena. Por los cristales de la ventanapenetró la claridad naciente en nuestro cuartoe hizo resaltar la blancurametálica del rostro marmóreo del nene. Ascendía de nuevo hasta nosotros elpotente ritmo de la vida cotidiana de Buenos Aires. Diríase que la angustiaque hería nuestras almastenía algo de egoísta y profanaba la impersonalalegría de todo un puebloentregado al trabajo. Antojábaseme que el dolorcarecía del derecho de alzarse en el seno de una ciudad esplendente ybulliciosa. El grito de nuestro corazónpresa de la desgraciano debíaturbar el formidable rumor del colmenar urbano atareado.

A la congoja sucedió la resignación en mi ánimoante ideas tales; ladivina serenidad se aposentó en el hondo de mi sery en el trascurso del díasonreí a solas varias vecesal pensar en las oscuras interrogaciones delhombre frente a las simplesarcaicas y supremas verdades de la vida.

Lo que pasó despuésse grabó imprecisamente en mi memoria. No recuerdocon fidelidad los detalles de la noche y día siguientesque fueron paranosotros inacabables.

Han transcurrido varios años desde aquel entonces hasta la fecha. Alprincipioevocabacon su colorido realel desolado episodio; cerraba los ojosy veíaproyectada con nitidezen el plano de la cuarta dimensión de losrecuerdosla figura viviente del nene; pero más tardecon el correr deltiempofui olvidandopoco a pocoel color de sus ojosla expresión de sucarael sello alado de su boca sonriente. Y una densa sombra se ha extendidopor últimobajo el firmamento de mi almasobre la diminuta columna truncadade su recuerdo.

Hoy procuro recordar su rostroasir por un momento su sonrisafijar nadamás que por un segundo su trémula imagen en mi espíritu; pero todo su serleve y fugitivo como el resplandor de su sonrisase escapa de mi evocación ya pesar de mis esfuerzosno logro definir bien los rasgos exactos de su figura.Y cuando pienso en élen algunos momentos de mi vidame invade una dulce ybienhechora tristeza y sólo me acuerdo de que sus bucles eran de oro. [45]



 

 

La ceguera de Homero


Zeus frunció el entrecejo y se encapotó el firmamento y se agitaron lasaguas de la vasta mar.

-Podría en este instantesi tal fuese mi deseoaniquilar a ese impío quese atreve con los dioses; pero quiero saborear mi venganza y enviarle unsuplicio más largo y doloroso que el aniquilamiento. El tormento de Prometeonada ha enseñado a los hombres. La raza de los titanes no se ha extinguido enla tierra. Ayerfueron ellos; ahoralos mortales; mañana... ¿Es que ya no secree en el poderío y en el rayo de Zeus?

Calló el irritado diosy como Afrodita continuase bañada en lágrimasseacercó a ella y la consoló con estas palabras:

-Tranquilízatehija mía. Se cumplirán tus deseos y los míos. Cesa dellorar y sonríe como de costumbre para que renazca la alegría en esta morada.

Afroditaobediente a los deseos de Zeussonrió a través de sus lágrimasy aparecieron las Graciascoronadas de rosas.

Disponíase la diosa a descender a la isla de Chipre a visitar su santuariocuando apareció Apoloel cualadvertido por una de las nueve Musas de lo quetramaba la hermosa y vengativa divinidad en contra de aquel hijo suyopredilectoparó la cuádriga en mitad de su carrera y subió a la mansión delOlímpicode quien iba a impetrar clemencia en favor del mortal condenado.

-Omnipotente Zeusrey de los diosesseñor del mundo y padre de lascriaturas humanas -dijo el áureo Apolo-. Tu poderque no reconoce límiteseextiende desde los inmortales que comparten tu poderío hasta los seresinferiores que se arrastran en la profundidad de los mares. Tú sólo puedes... [46]

-Vienes a pedirme algo -interrumpiole jovialmente Zeus-. Ahorra elpanegírico y dime llanamente lo que deseaspues ya sabes que nada suelonegartesiempre que te muestras razonable.

-¿Ves aquella verde isla en la inmensidad azul del Egeo?

-Si no me engañoes la isla de Chíosdonde gustas habitar. ¿Deseasporventuraque te levanten allí un templo? ¿No estás contento con el oráculode Delfos?

-Nada de eso; allí vive un hombrecaro a mi corazón y sobre cuya cabeza vaa desencadenarse tu ira. Si no es grande su crimencalma tu cólera y yo haréque se purifique y te ofrezca el sacrificio que mereces como padre de losdioses.

-Ya sé de quien se trata -repuso gravemente Zeus-. Con gran dolor de mialmadebo decirte que no puedo acceder a tu demanda. La impiedad va cundiendoen el mundo y es preciso castigar la soberbia de los malos. Vuelvo a decir quela raza de los titanes no ha desaparecido. ¡Peligra mi cetro! ¡Corre riesgo mipoder! ¡Vacila mi trono! ¡No y mil veces no!

Un formidable trueno se oyó desde un extremo al otro del orbehaciendotemblar los cimientos del palacio de los eternos dioses.

Apolo intentó un postrer esfuerzo.

-La sabiduría increada resplandece en tus fallos; el castigo impuesto aPrometeobien merecido lo tenía; pero este mortal¿qué crimen ha cometido?

-¿Qué crimen? Cuéntalehija mía -dijodirigiéndose a Afrodita.

-Me ha puesto en ridículo ante los inmortales y ante los hombres; me hapintadofaltando a la fe jurada a Hefaestos. Sin dudacree que la hermosura vaunida a la falta de decoro.

-Así sucede entre ellos. Es el caso de Helena -observó Apolo.

-No intentaré defender a Helena -repuso la diosa.

-A propósito -intervino Zeus-también ha injuriado a Helena. ¡Esdemasiado!

Apolo vio que defendía una causa perdiday se retiró profundamenteatribulado a las regiones del éterdonde le aguardaba Facteónque seensayaba en el manejo del carro paterno.

Densas nubes cubrieron repentinamente el soly la oscuridad se extendiósobre las islas de los mares Egeo y Jónico. En una de ellasen Chíoscontemplaba la llanura azul del mar un hombre [47]entrado en años y pobremente vestidoque descansaba a la sombra de un laurel.Un adolescentebello como un diosecillolo escuchaba.

-¿Qué pasahijo mío? -preguntó azorado-. Ha desaparecido el sol y no veomás que oscuridad por todas partes.

-Se acerca la tempestad. Vámonospadre.

-No diviso mas que sombras. ¿Ves algohijo mío?

-Veo una bandada de gaviotas y un alción allí cerca.

-Yo no distingo nada. Marchemos aprisa.

-¿Adónde?

-A donde la fatalidad nos lleve.

Se levantó para caminar; perocomo la noche se había hecho en sus ojostropezó con una piedra del senderoy cayó de bruces. Se incorporópenosamentey tentó con las manos a su alrededor.

-Aquí estoypadre. ¿No ves?

-Dame la mano y condúceme. ¡Estoy ciego!

Y desde ese díatodos los moradores de las islas griegas vieron pasar alcantor ciegoque iba mendigando de puerta en puertacon una lira en la mano.

Los campesinos exclamaban en voz bajaal oírlo cantar:

-Los dioses hablan por boca de los niñoslos locos y los ciegos.

Y otros agregaban:

-Los versos que cantavienen de lo alto.

Y lo contemplaban con veneración y con temor.

Así erró por tierras y por mares durante muchos añoshasta llegar a serconocido de todos los helenos. Su nombre corría de labios en labios y sudesdicha arrancaba lágrimas a las gentes. Se sabía que su ceguera era uncastigo de los dioses. Era objeto de la curiosidad general en todas partes.Algunos pretendían ver en sus facciones un rasgo de Apolo y otrosun rasgo dePrometeo.

-Soy mortal -repetía el cantor- y en eso consiste mi desdicha. Expíopormandato de los diosesuna culpa que he cometido.

Los circunstantes solían apartarse con horror de élal oír tamañarevelación pero volvían luego a su ladoseducidos por la dulzura de su canto.Cuando se ponía un manto de púrpura desteñida y comenzaba a pulsar la liratodos los guerreros se acercaban a escucharloe interrumpían a menudo su cantocon el [48] ruido de sus escudos de bronceycuando llevaba puesta una túnica azulse congregaban en torno suyo las mujeresy reían o lloraban.

Al ver Afrodita desde lo alto la veneración que infundía el divino ciego deChíosfuese a la morada de Zeus y le dijo:

-Has privado a mi calumniador de la maravillosa claridad del díapero elcastigo que le has impuestoen vez de inspirar horror a sus semejanteslosmueve a simpatía.

-¿Qué deseas de nuevohija mía?

-Quítale la vida.

Zeus ordenó que la noche eterna se extendiese al acto sobre las cuencas sinluz del errante Melesígenes. Cuando los habitantes de Chíos y de las demásislas del archipiélago tuvieron noticia de la muerte de Homerolo lloraroncomo a un dios.

-Y ahora¿estás contenta? -preguntó Zeus a la terrible diosa del amor yde la belleza.

-Nopadre míoporque siguen adorándolo los mortales que han divinizado sumemoria.

El eterno y omnipotente Zeus no supo qué contestarypor toda respuestameneó con olímpica resignación la cabezapensando en que su poderaunquegrandeera limitadoy que no le era dable impedir que el ser más aborrecidode los inmortales fuese el más amado de los hombres. [49]



 

 

La inmortalidad de Horacio


Quinto Horacio Flaceocoronada de rosas la cabellera ungida de aromáticobálanosalió de la suntuosa mansión de Mecenasembriagadono con el añejoy exquisito vino Falerno mezclado con miel de Himeto que había bebido sintemperanciasino con los elogios que los comensales del favorito de Augusto ledirigieron a propósito de sus sátirassus epístolas y sus odasen el cursode la cena.

Opulenta había sido éstaen verdady digna de la asiática magnificenciaque ponía en todas sus cosas aquel descendiente de reyes etruscos y espléndidoprotector de las letras. La comida se realizó en la torre de la casa queposeía Mecenas en las Esquiliasy desde la cual se divisaba la riente Tívolila pintoresca Túsculola verde campiña de Esula y la ciudad de Romaseñoradel mundo. Los manjares servidos en la mesa atestiguaron el refinamiento delanfitrión: ostras del lago Lucrinofrancolín de Joniapavo real de Samosgallina de Numidiaescaro de Ciliciaestornino de Rodasmurena de Tartariaalmendras de Tasosdátiles de Egipto y vinos de Campania.

Ya de sobremesaMecenas hizo leer con un esclavo la oda del vate dedicada ala musa Melpómenerasgo delicado que hizo girar la conversación sobre laspoesías de Horacio. Todos convinieron en que su nombre sería inmortal comoRoma.

Mientras la litera avanzaba por una vía sombreada de cipreses en direccióna la urbeHoracioal parecer insensible a los encantos de la bella y frescamañanadejó mecer dulcemente su pensamiento entre los amables recuerdos querecreaban su espíritu y las apologéticas palabras que seguían sonando en susoídos. [50]

Sícomo él lo había cantado en magníficos versosno todo muerela másremota posteridad repetiría con admiración su nombre por haber sido el primeroque acomodó al genio latino el verso eólico. Nada quedaría tal vez de suvidafrágil ánfora pronta a convertirse en añicos; sólo subsistiría ladivina llama de la inspiración líricapalpitante en sus cantos. Más valíaasíporque¿qué había sido su vida hasta el presente? Un tejido decontradiccionesuna amalgama de sublimes pensamientos y de bajas realidades.Sin vacilación algunasu vida no tenía el mismo valor que su obra.Primeramentearrojó con la cobardía de un vil esclavo el escudo en la batallade Filiposcuando peleó como tribuno en el ejército de Bruto y Casio.¡Cuánto le avergonzaba ahora el deprimente recuerdo de aquella fugadesesperada a Roma! Su valor en el combate no fue más grande que el de unadébil mujerzuelay más se prestaba a ser ridiculizado en la sátira que a sercelebrado en la oda. Despuéshubo de valerse de la amistad de Virgilio y de laprotección de Mecenas para que Augusto le perdonara aquella acción. Razóntenían sus émulos cuando lo acusaban de adulador del César. ¿No habíacantado en estilo pindárico las victorias de Augusto y llevado su servilismohasta divinizarlo en vida en sus versos laudatorios? ¿No había achacado acasoa la muerte de Julio Césarpor lisonjear a su sobrinola creciente delTíber? ¿No tenía en el jardín de su casa una estatua de Augusto con la carade color de púrpura? Ciertamente que fue grande la falta cometida por élalcombatir contra el César en Filipos; sin embargono debió rebajarse hasta elextremo de agradecer a las Musascomo un supremo beneficiosu reconciliacióncon el enemigo de la víspera. ¿No se había hecho pública también suvoluntad de quea su muertenombraría heredero a Augusto? No menosvituperable era su constante adulación a MecenasQuintilio Varo y demásprivados del César.

Por otro ladosu conducta no se ajustaba a los elevados preceptos de lafilosofía estoica que predicaba en sus versos. Cantor de la mediocridad áureade la templanzade la existencia sosegada y del apartamiento del vulgosu vidaprivada y pública distaba de ser un modelo de austeridadde moderación y devirtud. Su «Beatus ille»sus consejos a la juventud romana y sus plegarias alos dioses no dejaban de asemejarse a las prédicas de los filósofos cínicosque se hartaban en los banquetes. [51]

Mas¿quiénal cabo de dos o tres siglosse acordaría del impuro barrodel ánfora que contuvo licor tan excelente? Seguramente nadiecomo nadietenía presente la cobardía de Demóstenes ante la inmortal belleza de susoracioneso la fealdad de Sócrates ante la sublimidad de su filosofía. Elesplendor de su obra poéticaeclipsaría su vidasumergiéndola en unapiadosa penumbra. Sólo quedaría de su fugitivo paso por la tierra el recuerdode las horas divinas en quesacerdote de las Musasdanzó con el coro de lasvírgenes y de los niños ante sus altares. ¿Qué era la vidaen definitiva?Quizá un accidente; tal vez un fenómeno deleznable; en todo casoun pretextopara crear con el dolor y el placer experimentadosversos más duraderos que elbronce y las pirámides faraónicascomo él lo afirmaba triunfalmente en laoda a Melpómene leída en el convite de Mecenas. Lo único digno de sobrevivira la precaria y caduca existencia de los hombres erano la bajeza de su carneatormentada y tristesino el celeste aleteo de su espíritu arrebatado por lalocura apolínea o la embriaguez dionisíaca. Todo pasabatodo moríamenos lasagrada emanación del seragitado por la inspiración o estremecido por elcanto.

Horacio cesó de meditar para dirigir una mirada a Romaque se distinguía alo lejosen el término del agro verdedorada por la lumbre solarbajo uncielo límpido. A la mente del poeta vino la invocación al Sol de su «CarmenSaeculare». ¿Alumbraría el astro en el lejano porvenir una ciudad más grandeque la urbe de los siete collados? Acaso; peroaun en la hipótesis de quedesapareciera Romael recuerdo de su poderío no se extinguiría nunca. Ymientras no se perdiese la memoria de la urbe y de la lengua latinasu nombresería repetido con veneración por las gentes venideras.

Ycon el pensamiento puesto en la brevedad de sus días triviales y en lainmortalidad de sus versos augustosHoracio entró en Roma a la hora en que uncoro de doncellas y de niños entonaban en el Capitolio su himno a Apolo yDiana. [53]



 

 

Claro de luna


Al cabo de una breve pausa penosamás que preguntarsuspiró Elisa con vozapagada:

-¿Qué culpa hemos cometido?

La intensa claridad de la luna del trópico caía sobre ellahaciendoresaltar la blancura de su vestido y la cinta azul que ceñía su cinturadelgada. Del huerto de la casa solariega venían efluvios de magnoliasjazminesy madreselvas. Las hojas de los plátanosmecidas por la brisa nocturnasecolumpiaban lentamente con la negligencia soñolienta de una hamaca. Junto alcercadopor entre las enredaderasasomaban los floripones como enormescampánulas blancas sobre el fondo oscuro del follaje. Alláa lo lejosen elámbito luminosohendía el espacio un cocotero solitario de penacho ondulante.Yen la remota lejaníala masa lóbrega de la selvahundida en el confíndel firmamento de color azul índigosalpicado de nebulosas y de astros. A cadaminutose encendían y se apagaban en el infinito las estrellas fugaces comocohetes cósmicosal propio tiempo que en el aire fosforescían lasluciérnagas y los cocuyoscomo trémulas lucecitas errantes. Si no fuese porla luna y por las sombras fugitivas que dibujaban los bananeros en la arenahabríase dicho que no era una nochesino un crepúsculo o una aurora.

Hallábanse en el patio de la casa de Elisa conversando a solasen momentosen que estaba ausente su familia. Su hermana mayorClaraque se había quedadoal cuidado de la casalos protegía secretamentedándoles esa noche plenalibertad para hablarse sin testigos. [54]

¿Qué culpa? Y bien: ninguna. ¿A quién podían ofender las almas delicadasy puras queen un ardiente anhelo común de idealismo excelsoquerían hacerde la vida el más hermoso de los sueños y convertir la tierra en paraíso?¿Por qué había de asemejarse a un delito la divina palpitación de loscorazones afinesque no desearían sino latir el uno para el otroen unaarmonía sin término? ¿Qué mal había en el simple y sagrado hecho de amarsepara que todo se opusiera como una fatalidad antigua a la unión de susdestinos?

La idea fija de la separación se había apoderado de ambosde tal maneraque la sentían presente hasta en los paréntesis de silencio. Era algo queflotaba y se interponía entre sus almas. Como aguardaban por momentos la horade la despedida eternahablaban o callaban con la trascendencia dolorosa de losseres colocados frente a lo irreparable. Y la palabra más insignificanteelmenor ademánel movimiento más sencilloel timbre de la voz familiartodoen sumarevestía para ellos un valor definitivo y únicoen una sublimaciónextraordinaria. Lo propio acaecía con el detalle más ínfimo de la decoraciónque los circundaba. Hallábanlo todo nuevocomo si por primera vez vieran elmundo. Y se miraban los doscomo si se conocieran recientemente. Un nuevosentido había nacido en ellospor iniciación del sufrimiento.

-¿Cómo vamos a separarnos cuando nos queremos tanto? -gimió Elisaconacento de quien arrulla a un niño.

Y haciendo su voz mimosaañadió:

-¡Nunca! ¿verdad?

-¡Imposible! -exclamó con decisión viril Gustavomirándola en los ojosy tomó las manos de ella entre las suyascon angustiada ternura.

Con eco fatídicoextraño y fatalse extinguió esta palabra en elsilencio ambiente. Los dos creían en el destinoy en él pensaronal evocarlo imposible que se enderezó como un fantasma impalpable ante susimaginaciones.

Unas notas aisladas de piano se oyeron en la sala; luegohubo una pausaydespués aletearon los primeros arpegios de una sonata.

-¡GraciasClara! -gritó Elisa a su hermanacon acento de gratitud. [55]

¡Cuánto agradecían a esa buena Claraprotectora de sus amoresinfortunadosla solicitud con que se ponía a tocar en el piano su músicapredilectalas raras veces en que se encontraban juntos! Su imagen aparecía alos ojos de los amantesrevestida de un nimbo de bondad humana. Elisa laqueríano con afecto sororalsino con amor filial al paso que Gustavo leprofesaba un cariño particularísimo.

El atormentado y armonioso corazón de Beethovencomenzó a sollozar ensilencio en su «Claro de luna»por el que pasaba a intervalos la indecisasombra de Julieta Guicciardicomo la estela de una visión divina. En el fondode sus almas desoladas se alzótal como de un abismo místicoevocada por lamúsicala melodía infinita del amor dulce y tristetodopoderoso y fatalinvencible y efímero. Profundamente turbados por la melancolía etérea de lasonata y por la hermosura patética de la nochesellaron sus labios en unapausa inefable. Abstraídos del mundo realsus espíritus subían por unaescala de ensueño hacia los espacios superiores donde el pensamiento humano semetamorfosea en palabra musicaly donde esta misma palabra se torna indefinibley vaga. Parecíales flotar en un inmenso océanosonoro y luminoso a la parenel cual percibían distintamente los arpegios crecientes o moribundos del pianodiríase compuestos de la naturaleza melancólicaplateada y aérea de la luzde la luna. El genio hablaba por ellos con la poderosa voz de la músicahermana del silencio. Y a ratos creían que la fantástica sonata modulaba ensus arabescos impalpables las voces invisibles latentes en el silenciolosrumores articulados en las sombraslos susurros perdidos en los follajesloshilos de sonoridad desvanecidos en las corolas de las floreslos sonidosadivinados en la lontananza radiantelos gritos interiores de la desesperaciónde sus almasel grave clamor del destino y el adiós sin palabras de aquelmomento supremovacilante entre la eternidad de la separación y la plenitud dela vida.

Esa vez comprendieroncomo nuncael profundo sollozo del corazón herido deBeethovena quien amaban con el sentimientomezcla de amor filial y degratitudque profesaban a Clara. Compadecían al genio que había amado ysufrido como elloscon la resignada y piadosa simpatía que brota de lasolidaridad del dolor.

Había concluido la sonatay ellos seguían calladoscomo si no [56]tuvieran nada que decirseo como si ya se hubieran dicho todo. Temían hablarno querían romper el indecible silencio que conmovía sus almas.

-Cuando cada cual siga un camino distintojamás olvidaré esta noche -dijofinalmenteGustavo.

Ambos vieron en el actocon la plástica imaginación de los enamoradoslamarcha de un serpor un caminoy la de otropor un sendero opuesto. Esassendasque corrieron al principio paralelasse apartaban cada vez más enoposición progresiva hasta el infinito. Creían firmemente que jamásvolverían a encontrarseaunque recorrieran todo el mundo. Iban a perderse devista para siempre en la vida. Era moriren una palabra.

-¿Por qué vamos a dejarnos? -preguntó Elisa con voz casi llorosaechándose al cuello de Gustavo.

En ese instante olvidaba que su familiacon excepción de su hermana mayorse oponía implacablemente a sus amores con Gustavoun pobre estudiante mediopoetasin porvenir alguno. Los suyosaconsejados por la ambiciónpretendíanencontrar para ella un partido más ventajoso y conveniente.

-¿Por qué? -preguntó también Gustavo-. Pero hemos sufrido demasiadoy notenemos más fuerzas para seguir sosteniendo esta lucha. De todos modosaunquenos separemossiempre pensaré en tiy siempre ha de pertenecerte mi cariño.Ya que el destino ha dispuesto que no seamos felices juntosresígnatecomo yome resigno de antemano.

La varonil conformidad de Gustavo infundió aliento a la desmayada voluntadde Elisaque procuró resignarse con el gozo cruel y enfermizo del que secomplace en un sufrimiento. ¿Para qué protestar? ¿para qué rebelarse contrael destino? Momentos antesella se había considerado capaz de vencer todos losobstáculosy ahora se reconocía impotente. Juzgose como una criatura débilque iba sola por un largo desierto. Pensó que era una cosa pequeñitaunátomo imperceptiblefrente a un mundo superior de fuerzas desconocidas y leyesoscuras que decidían de la suerte de los seres. Y tuvo miedo de algo que larodeabaque no sabía qué erani de dónde venía.

Dieron las once en el viejo reloj mural de la sala. Había llegado eldoloroso instante de la despedidade la separación eterna. El [57]silencio circunstante se tornó fúnebre. Las hojas de los plátanos hacíanseñas extrañas a la claridad de la luna. El ambienteimpregnado del aroma delas magnoliaslos floriponeslos jazmines y las madreselvasolía a floresmarchitas de ataúdes. La copa del cocotero próximo estremecíase lentamente.Fugaces estelas de luz desvanecíanse en las tinieblas infinitas.

Gustavo abrió los brazos y estrechó fuertemente a Elisa sobre su corazóncomo si fuera a hacerla añicos.

-¡Por última vez! -exclamó a su oídocon un hilo de voz roto por laemoción.

Ella se desasió rápidamente de sus brazos y suplicódesfallecida de pena:

-¡No me abraces tan fuerte! ¿Por qué me abrazas así?

Volvieron a unirse sus cuerpos y a confundirse sus lágrimas en otro largo yprofundo abrazo postrero.

Luegosonaron unos pasosque a poco se desvanecieron; despuésun gritopenetrante rasgó el silencio nocturnoy Elisapresa del más grandeabatimientose echó desesperada al suelodonde quedó con los brazosextendidosel rostro llorosoplateado por la luna y el seno palpitanteconvencida de que había concluido para ella el mundoque se habían apagado laluna y las estrellassecádose las flores y muerto todos los seresy queestaba de mássolaen un planeta vacío. [59]



 

 

La verdad


El joven ateniense Parménidesprendado de la sabiduría de los filósofosdecidió consagrarse al estudio de la noble y grave filosofía que otorga laposesión de la verdadde la virtud y del supremo bien.

A dicho finconsultó al hombre más sabio de su tiempo acerca del caminoque debía seguir:

-Escoge sin temor la senda de los peripatéticos -le contestó el filósofo-y ven desde mañana a escuchar mis lecciones. Aprende primero a meditarpaseandoy luego podrás discernir lo verdadero de lo falso.

Parménides acudió puntualmente a la cita del filósofoa quien hallóplaticando en compañía de un grupo de discípulosen un paseo público.Pendiente estuvo todo el día de las palabras del maestroyentrada la nocheregresó a su casadonde aun robó tiempo al sueñopara entregarse con másardor al conocimiento de la doctrina peripatética.

Tal ahínco puso en el estudioqueal cabo de poco tiempoquiso conoceracabadamente los principios de las restantes escuelas filosóficas de su época.

Como su antiguo maestro no tuviera ya nada que enseñarlepidió su parecera un pitagórico.

-¿Anhelas sinceramente adquirir la verdad? Aprende a callar primeroycuando ya hayas callado bastanteven y te enseñaré a distinguir el bien delmal.

Parménidessiempre obedientecomo que tenía verdadera sed de sabersiguió al pie de la letra el consejo del silencioso [60]filósofocuyas lecciones escuchó sin articular una sola palabradurantecinco años enteros.

A medida que progresaba en la filosofíacrecía su deseo de conocer laverdadpues todo era hasta allí oscuridad y confusión.

Nuevamente fuese en busca de otro sabioa quien habló de esta manera:

-Sé meditarpaseando y callando; pero no alcanzo todavía a descubrir laverdadprometida por la verdadera filosofía.

-Si ignoras las ideasno séen verdadcomo podrás realizar tu deseo-repuso solemnemente el filósofoun ferviente platónico-. Ante todolasideas.

Parménides se familiarizó con las ideas mas no halló el supremo bien.

-¿Buscabas el soberano bien entre los peripatéticoslos pitagóricos y losplatónicos? -le preguntó asombrado un estoico-. Si no has aprendido a sufrir¿cómo puedes aspirar a la posesión del bien? El mal es el gran pórtico quenos conduce al templo de la verdadera sabiduría.

Parménides creyó haber encontrado la verdadque con tanto afán buscaba.Un cínico; a quien acertó a oír por casualidadle disuadió de lo contrario.

-La ciudad está llena de charlatanes que pretenden enseñar lo que no saben-clamaba con voz de trueno el magropálidomelenudo y sucio filósofo-. ¡Yosoy algo menos que un estoicopuesto que soy un perropero sé en quéconsiste la felicidad!

Hablaba con tal vehemenciaque Parménides estuvo a punto de prestarcrédito a las palabras del cínicopensando que la condición de la verdadfuese la pasión.

Un sofistaa quien escuchó por curiosidad le persuadió de lo contrario.

-Todo es demostrable: hasta el absurdo. Me veis aquí hablandoysinembargono soy más que una ilusiónuna simple apariencia. Luegono existo.

Parménides desesperó de hallar lo que buscabahasta que dio con unfilósofo humildesonrienteque hablaba con suavidad y guiñaba el ojopicarescamentecomo si estuviese en el secreto de todas las cosas.

-Vengo a pedirte que me muestres cuál es el camino que lleva [61]a la sabiduría -díjole Parménides-. He pasado los mejores años de mi vidaestudiando todas las doctrinasinvestigando la verdad...

Al oír estoel sabio soltó una risaday exclamó alegremente:

-¡Ohnoble discípulo de todos los filósofos! dime¿buscabas la verdad?

-Y sigo buscándola -repuso con gravedad Parménidesinteriormentemortificado.

-¿Y has pasado tu vida entera en esa investigación?

-Mi vida toda -replicó con énfasis el ateniense.

-Pues has perdido tu vida. ¿Y qué senda elegiste?

-Todas: la de los peripatéticoslos pitagóricoslos platónicoslosestoicoslos cínicos...

-Admiro la sabiduría de todos esos filósofosque saben tantas cosasqueexplican tantos puntos oscuros y que han descubiertono una verdadsino muchasverdadeslo que me parece realmente maravilloso. Pero razonemos un pocosi tales tu deseo.

-No deseo otra cosa.

El sabio hizo deliberadamente una pausay preguntó a Parménides:

-Puesto que buscabas la verdaddebías tener una idea de ellauna imagensiquieraposeer un indicioal menos... Cuando busco una mina de orosé loque es el oroaunque ignore dónde pueda encontrar la mina. ¿Y sabías tú sila verdad era un metal de color amarillo o blancouna piedra preciosaunadivinidad celesteun pájaroun reptil o un templo? Ya que perseguías contoda tu alma la verdaddimenoble Parménides¿qué es la verdad?

-Cabalmentees lo que ignoro.

-Y si ignoras lo que sea la verdad¿cómo sabes que los caminos de lafilosofía conducen a ella? ¿Estás completamente seguro de que no existenotros senderos? ¿Tienes la certidumbre plena de que la verdad no está en elsantuario de Palasen el oráculo de Delfos o en la isla de Chipre? El caminode Corinto ¿no podría ser también el de la verdad?

-Ciertamente.

-Todo es duday no hay infalibilidad cierta: he aquí toda mi sabiduría.Ignoro la formala naturaleza y la esencia de la verdad. Hago preguntasno doydefiniciones. [62]

Y cuando Parménides se alejó del filósofo escéptico con el caos de laduda en la mentese formuló nuevamente la tremenda interrogacióny pensóque si los hombres no conocían ni podían conocer la verdadésta debíaexistirpor lo menosen alguna cumbre escarpada e inaccesible. [63]



 

 

El hierofante de Sais


Cada vez que el hierofantevestido de blancopenetraba en el Santo de losSantossumido siempre en tinieblas bajo la bóveda de color azul sombríotachonado de astros amarillosatraían poderosamente su atención losjeroglíficos escritos en el velo de la diosa que enseñó a los hombres elcultivo del trigo y estableció entre ellos la leyel matrimonio y la familia.Decía así la inscripción en caracteres sólo conocidos de los iniciados: «Yosoy todo lo que ha sidolo que es y lo que seráy ningún mortal hadesgarrado todavía mi velo.»

Estaba hecho éste de una tela riquísima y adornado con piedras preciosasque resplandecían en la oscuridad del santuario con el raro fulgor de untalismán maravilloso.

Para el hierofanteiniciado en todos los misterios del cultoconocedor delos libros esotéricos de Hermesdel significado de la pasiónmuerte yresurrección de Osirisdel secreto de la Esfingedel símbolo de losobeliscos y de la excelsa verdad de las pirámidessabedor de la magia y de lainfluencia de las constelacionesdocto en el silencio de los sacerdotes delsantuario de Saisconstituía una ciencia infusa y misteriosa este sublimeconocimiento de lo que ha sidolo que es y lo que seráque personificaba Isishumana o serpentinala Deméter egipcia.

El sacerdote más antiguo de la comunidadrepetía a menudo a los iniciados:

-Por tradición conservada en los sagrados librosse tiene noticia de quenadie se ha atrevido hasta hoy a rasgar el velo de la gran diosa. Nosotrossussacerdotessabemos muchas cosas que [64] ignoranlos reyes y el pueblo; pero no conocemos las que se ocultan tras este velosagrado. No seáis curiososporque la curiosidad es peligrosa si no laacompaña un pensamiento purocomo enseñan los magos. Callemos ante elmisterio de los designios divinossegún nos está recomendado en el librosecreto que conoceréis más tarde.

El hierofante Amenothes anhelabasin embargodesgarrar el misterio queocultaba de la mirada de los hombres el impenetrable velo de Isis. Presentíauna magna verdaduna inefable revelación místicaa través de este velocomo percibía claramente la enunciación de elevados principios a través delas aparentes sombras de los enigmas religiosos y de las ceremonias hieráticas.Para él era claro el simbolismo del loto abiertode la barca divina y del Niloceleste. Conocía perfectamente el encumbrado e indecible misterio querepresentaba la metamorfosis de Hathor en vaca blancadel doliente Osiris enbuey y de Isis en serpiente azul constelada de escamas de oro. Pero le deteníaun instinto de temor y de horrorcada vez quellevado de la curiosidadintentaba cometer el horrendo sacrilegio.

-Los dioses no debieran tener secretos para sus sacerdotes -dijo cierta vezal hierofante Amasisdescendiente de los faraones-. Bien está que el puebloignore las verdades que únicamente nosotros poseemosporque el loto no florecepara la muchedumbre; pero que nosotroslos intercesores de las plegarias de losreyes ante las divinidadesno sepamos todas las cosas santasme parece unadisposición injusta. ¿Qué gano con saber el arcano de la Esfingesi nada mees dado vislumbrar del futuro?

Amasis le repuso en estos términos:

-La verdadera sabiduría consisteno en saberlo todo como los diosesaquienes jamás igualaremosporque entonces dejarían de ser talessino enconocer todo aquello que es accesible a la limitada inteligencia del hombre. Lodemás no pasa de ser presunción censurable y vana soberbia. Es necesario quehaya siempre un límite a nuestro conocimiento; es conveniente que nuestrainteligencia retroceda ante el misterio y se detenga ante las sombras. ¿Conqué objeto levantaron los antiguos la Esfinge en medio del desierto? Paraenseñar a las generaciones presentes y venideras queen medio del pobredesierto de nuestra existencia[65] siempre seerguirácomo un monstruo colosalun enigma indescifrable. Sería monótonointerminableeternonuestro tránsito por este mundo si no lo rodease lodesconocido. Por eso la gran diosa no ha revelado todavíani revelará nuncala ciencia del pasadodel presente y del futuro. «Ningún mortal ha desgarradotodavía mi velo»dice su inscripción. ¿Y quién sería capaz de pretenderla pruebasabiendo que nuestros débiles ojos no pueden soportar el supremoesplendor de los dioses?

Amenothes vacilaba entre el temor y el afán de sabera pesar de todo.

En tal estado de espíritulo hallaron las grandes fiestas isiacas que secelebraban anualmente con extraña solemnidad y a las que acudían peregrinos detodos los nomos de Egipto y de los más distantes rincones de Grecia. Sacábaseentonces el simulacro de Isis del tabernáculo y se lo conducía en procesiónhasta la puerta mayor del santuario entre cánticos místicosajustados al sonde las flautas y de las arpas. Los fielescongregados bajo los pórticosofrecían a la divinidad palmas y ofrendas.

Y aconteció que mientras los devotos de la magna diosa aguardaban en elsitio señalado su aparición triunfalAmenothes se condolió de la ignoranciade aquel pueblo creyente que se despojaba de sus joyas para enriquecer elsantuario de Isisy que oraba con tanta fe. ¿No eran acaso dignos tales seresde conocer una de las verdades que constituían el patrimonio de loshierofantes? ¿No comprenderíanpor venturalos misterios? Sus ideas eranotras; pero sus sentimientos iban hacia esos millares de criaturas dolientes ypuras que alzaban con fervor sus plegarias a la diosa.

Penetró con el coro de sacerdotes en el Santo de los Santos y la efigie deIsis fue sacada de su sitio para ser conducida en procesión. Un canto llano ygrave se alzó en el recintoal sonar la fúnebre salmodia de las arpas y delas flautas. Bajo los pórticosguardaban el habitual silencio religioso losfieles. El velo de la divinidad resplandecía como nuncadiseñando vagamentelos relieves de su rostro. Amenothes clavó la mirada en los jeroglíficos conla infinita angustia del que desea descifrar un misterio y conocer una verdad.¿Qué habría detrás de aquel velo? La frase grabada allí¿debíainterpretarse en un sentido simbólico o literal?

La puerta del santuario se abrió de par en par y la multitud [66]pudo adorar la imagen de la diosa legisladora. Un murmulloparecido a unaplegariase extendió de un extremo a otro de la inmensa fila de peregrinos.

De prontose vio avanzar entre los sacerdotes a Amenothes con gestosdescompuestos. Creyose que se tratara de uno de los casos de éxtasisfrecuentes en las grandes fiestas isiacas; pero el hierofante se acercó alsimulacro de Isisse encaramó sobre una especie de peana y de un tirónsinque pudieran evitarlo sus compañerosarrancó el velo para que el pueblocompartiese con él la dicha suprema de veren toda su desnudezla arcanidadde un misterio divino.

Un grito de horror se escapó de la multitud: mientras el hierofantesacrílego se desplomabasúbitamente muerto al suelolos fieles vieron unarepugnante y monstruosa cabeza de escarabajo en el lugar en que esperarencontrar un prodigioso trasunto del esplendor y la hermosura de los dioses. [67]



 

 

El velo de Maya


El brahman Somadevaal cabo de mil años de espantosas flagelacionesquecomo las de Budhallenaron de horror a los propios diosescreyó haberalcanzado la santidad perfectaesto esla divina beatitud del Nirvanalaciudad que está en la otra orilla del mar del espíritu humano.

Somadevacuando llegó a la pubertadse impresionó tanto del discurso quele dirigiera un ascetaa quien fuera a visitar por simple curiosidadquedecidió retirarse al desierto y entregarse allí a la meditaciónla oracióny la penitencia. Era de índole taciturnay cuando anunció a sus padres suresolución de hacerse ermitañose retiró abominando de la sociedad de lascriaturas humanas.

-En el desierto viviré dichoso en compañía de los árboles y de las fieras-fueron sus últimas palabrasa la mujer que había fijado en él sus ojosimpuros.

Yendo camino del desiertopensó que mucho le faltaba aún para llegar a serun perfecto brahmánpues era violento en sus arrebatos de misantropíay leposeía la soberbia. Después de siete días seguidos de caminoencontró unacaverna estrecha y lóbrega al pie de una montañay se quedó allí. Había unmanantial a corta distancia y unos cuantos árboles silvestres entre unas rocas.

-No necesito más -pensó Somadevay se internó en la cuevadondepermaneció en oración por espacio de cien años. Otro siglo empleó en lameditación del libro de los Vedas y los Puranas; otra centuriaen el dominiode sus potenciasapetitos y sentidos; varios siglos en la purificación de sualmay el resto del milenioen la adoración de Brahma y de los dioses. [68]

Al llegar a los mil añosBrahma se apiadó del santo ascetayentrando encomunicación con élle dijo:

-Cesa de hacer penitenciapues me basta la intención recta. Aunque hasempleado el tiempo de la vida de varias generaciones humanas en mortificar tucuerpo y purificar tu espíritueres aún imperfecto. Necesitas cuatro milaños más de sacrificios y pruebas para entrar en mi reino.

El brahmánal oír estoestuvo a punto de perder su beatífica serenidad;pero como se hallaba en presencia del padre de los dioses e incubador del huevodel mundodisimuló su impresión lo mejor que pudoy siguió prestandoatención a las palabras de Brahma.

-Sé que no hay nadie capaz de resistir semejante prueba por tanto tiemponila exijo tampoco. Yo me contento con la rectitud del propósitoy porque hevisto esta rectitud en tu concienciame placen tus mortificaciones y quieropremiar tu sacrificio. Fiel Somadeva¿qué quieres de mí?

-No tengo ningún deseo -contestó el ermitaño.

-¿No ambicionas nada?

-Nadacomo no sea libertarme del círculo de la vidade la muerte y del mal-repuso el asceta.

-¿No deseas hacer milagros como los demás brahmanes? -insistió Brahma.

-Respeto tus designiosbendigo tu sabiduríaacato tu poderoh Brahma;pero los hombres no merecen los milagros que realizan mis santos hermanos-replicó humildemente el bienaventurado Somadeva.

Brahma meditó un rato sobre las últimas palabras del ermitañoy luego ledijo:

-Bien; ya que nada quieresvoy a hacerte un presente infinitamente másvalioso que los poderes sobrenaturales de los brahmanes. Toma este velo ytiéndelo sobre el mundo.

Y le dioen un arranque de infinita misericordiael invisible y mágicovelo de Maya.

Somadeva cumplió al pie de la letra el inexcrutable consejo del omnipotenteBrahma; tomó el maravilloso velosólo para él visibley lo desplegó comouna bandera sobre el mundo.

¡Maravilla estupenda! Por primera vez vioal cabo de mil años [69]de vida penitenteque un hermoso loto se mecía dulcemente en el manantialencuyo raudal cristalino abrevó infinitas veces su sed. ¿Cómo es que nuncahabía reparado en la peregrina belleza del cuadro que ofrecía la flor del lotocolumpiándose con graciaacariciada por la brisaen el centro de la fuente?¿Veía ahora con otros ojos? ¿Cuál era la virtud del velo que ondeaba en susmanos?

Alzó los brazos al cielo y se posternó luego a tierraadorando a Brahma enla hermosura del loto y en la transparencia del manantial.

Al caer la tardedivisó allá a lo lejosuna columna de humoque seelevaba en el espacio.

-Iré a la morada de los hombresa libertarlos de la muerte -se dijoyabandonó la caverna para tomar el camino que recorriera diez siglos atrás. Amitad del trayecto se sintió fatigado y pidió hospitalidad a un matrimonioanciano que vivía en una casucha rodeada de bambúes.

-Santo brahmán -le dijo la pareja-acepta este jarro de leche y estasfrutas silvestres que te ofrecemos en nuestra pobreza.

Al reanudar su caminopensó que la paz reinaba en aquella moraday que lafelicidad descendía de lo alto sobre aquellos nobles corazones.

Más adelante se encontró con una viejecita que recitaba oraciones piadosasdelante de una imagen de Brahmacolocada en un templete rústico.

-La fe habita en el corazón de esa bienaventurada mujer -meditó.

Más lejosen los alrededores de un caseríohalló una pareja que sebesaba tiernamente.

Contempló la escena sin flaquear la santidad de su alma y la pureza de sucuerpo y vio que el amor hermoseaba la atribulada vida de los siervos de Brahma.

A los siete días seguidos de caminollegó a su pueblo nataly lo primeroque advirtiófue un magnífico templodonde ardían diez mil lámparas enhonor de Brahma y de los dioses.

-Los hombres son gratos a los beneficios que reciben de los dioses-reflexionó.

Cuando se difundió entre las gentes la nueva de su llegadalos ancianoslas mujeres y los niños acudieron a verlo. Ya nada [70]conmovía su serenidad perfectasu santa impasibilidad de brahmán; pero aquelespectáculo le llegó al almay le hizo concebir otra idea de la sociedad delos seres humanosno tan indiferente como la compañía de los árbolesni tancruel como la grey de las fieras.

-¡Señor! -exclamó avergonzado el santo ermitañocuando se le apareciónuevamente el gran Brahma.

-¿Creías haber alcanzado la perfección absoluta? No; te faltaba la divinaserenidad que comunica el velo de Mayala túnica de la ilusiónsin la cualni yo mismo existiríani ambicionaría ser en la eternidad. Pero te ha llegadola hora del descanso; esta misma noche recogeré tu espíritu e infundiré nuevosoplo a tu cuerpo mortalde aquí a tres mil años. Y cuando vuelvas a nacer eneste planetaten presentey no lo olvides nuncaque es preciso contemplar elmundo a través del invisible velo de Maya.

El bienaventurado Somadeva se durmió en pazy su espíritu inmortal fuemetamorfoseado en loto. [71]



 

 

La bruja de Itatí



En la humilde aldea de Itatífundada por el venerable fray Luis de Bolañosde la orden de San Franciscoa principios del siglo XVIIen la margenizquierda del río Paranávivíajunto a la casa de mis padresen un ranchooculto entre naranjossobre la plaza principaldonde se alza el santuario dela Virgen taumaturgauna mujer llamada Bernarda que pasaba por ser brujaen elconcepto popularcon dos hijos menores sumamente parecidos a ella en la estampay en la pinta.

Llamábasela «la Myryig» o sea la difunta. Era una estantigua menguadadeleonino rostro bronceado y fofo como una toronjaen el cual sobresalía conbrillo siniestro la mirada de sus ojos torvosacentuada por la falta de cejas;la nariz era roma e igualmente fofa como la caperuza de un hongo venenososuslabios desdeñosossalpicado el superior de pelos lacioscasaban bien con laexpresión repulsiva de sus facciones delatoras de su genealogía indígena; unapañoleta verde cubría de ordinario su cabellera rala que terminaba en unacoleta grotesca y todo en ella eraen finprovocativo e inquietante. Un mantonegro constituía su vestamen de lujoy este manto era de tal modo raído yapolilladoque se asemejaba a una criba verdácea.

Los dos brujillos inspiraban menos repulsión con una eterna sonrisainexpresiva en sus labios gruesos y una débil chispa de inteligencia y depicardía en sus ojos oblicuos. Eran de complexión canijacasi tirando aenanay parecían gemelos. Habituados a sufrir las burlas y los golpes de loschicos del puebloeran de índole resignada y sumisa. Ayudaban a la madre en sufaena diaria de [72] acarrear agua en cantarillas.Las más de las veces no comíana pesar de lo cual ostentaban unos mofleteshinchados como sus párpados. La cara de ambos teníacomo la de la madrelaredondez de una luna llena o de una pandorga.

A la monstruosidad física de la bruja correspondía idéntica fealdad moral.La vecindad temía su lengua viperina y soez de pleitista sempiterna. Reñíatodo el día con los transeúntes queconociendo su condición díscolalearrojaban adrede piedras o le dirigían insultos. El sobrenombre de «laMyryig» la ponía fuera de sí. Hecha un basiliscosalía en persecución delque de tal modo la zaheríamaldiciéndolo hasta su última generación. Loschicos pasaban con temor por delante de la tranquera de su zahúrda. Cuando ibacon su cántaro al ríole salían al encuentro de ambas aceras los perrosladrándole hasta perderla de vista.

El único ser que visitaba su caraera Nolascoun guiñapo humanoquetocaba el bajo en la banda de la iglesia. Lleno de úlceras y de piquescausabaasco y repugnancia. Despedía un hedor fuerte que lo anunciaba de lejos y queahuyentaba a todos. Decíase de él que era un esclavo de la Virgen. Un sátirohabitaba en el pellejocomo roído por gusanosdel inmundo vejete. Cierta veztodo el pueblo se indignó contra élal trascender la noticia de una infameacción suya. Pocos días después amaneció muerto en su muladar.

La bruja era extremadamente supersticiosa. Cada vez que ladraba un perro a lalunapresentía una desgracia; al escuchar el canto de un pájaro de malagüerohacía el signo de la cruz y pronosticaba muerte; ánimas en pena veíaen los fuegos fatuos; prohibía a sus hijos que llamaran al cocuyopasadas lasocho de la nochepor temor de que apareciesen los duendes; y mientras sonaba eltriste toque del recogimiento en el campanariono se atrevía a dar un pasoparándose al acto si en ese instante caminaba.

Sabía tremendas brujeríasconocía las virtudes secretas de muchasplantasaves y animales. El colmillo del caimáncierta parte adiposa dellagartola piel de determinadas culebrasla raíz de tales arbustosla piedrasobre la cual cayó un rayotenían en sus manos extraños usos y destinos.Cuando deseaba hacer daño a alguien que le quería mal le comunicaba lentarara y misteriosa [73] enfermedad por medio dealgún yuyo o polvo colocado en el fondo del mate. El clásico mal de arrojargusanos por la nariz era el instrumento predilecto de su venganza o de sucólera.

Todos los añosa las doce en punto de la noche del viernes santola gentenovelera la veía bajo un improvisado cobertizocon una vela benditaencendidaal pie de una higuera de su casa. Es fama que en ese justo momento florecía lahiguera y quepara recoger la preciada florla cual transmitía la potestadaquílea de la invulnerabilidadera menester poner en dispersión a una legiónde monstruos y de fantasmas horripilantes que se lanzaban a disputarla.Naturalmentese precisaba para ello una extraordinaria fortaleza de espírituporque huir era perderse. Nadiecon excepción de la brujaintentaba laterrible prueba.

Vivía del acarreo de agua a la vecindad y de la misericordia de las almasbuenasespecialmente de la gente devota. Era infaltable a la salve del sábadoy a la misa del domingo. Calificaba de relajados y herejes a los que nocompartían su veneración por la Virgenque le había hecho más de unmilagro. Para ella eran payaguaes quienes no cumplían con los mandamientosreligiosos. Así también iba el mundopor culpa del descreimiento de tantagente.

Tenía la costumbre de arrojar mechones de pelo al fuegosobre el cualdespedía vapores la marmitallenando la vecindad del característico olor apelo quemadoy de enterrar el diente que se le caíacuando no lo tiraba sobreel tejado a fin de que le volviera a salir.

Cuando en la torre del santuario el sacristán repicaba alegremente lascampanas y se complacía en jugar con los badajos como con los palillos de untamborse oía un ruidoso suspiro de Bernardaal que sucedía una exclamacióncomo éstaque gustaba de repetir:

-¡Quisiera morir en un día como éste!

O bien dirigía una invocación a las campanas:

-¡Qué bien sonáiscampanas!

Y su vozpor lo común destemplada y varonilcobraba un timbre lejanounasonoridad de cosa remota como la vibración de las campanas en la atmósferacalma de la aldeacuando prorrumpía en tales exclamacionesalargando lassílabas de las correspondientes palabras guaraníes. [74]

La voz popular refería de ella queen la noche del sábadomediante lapronunciación de unas palabras misteriosasse transformaba en el centro de laplazacerca de una palmeraen peregrino pájaro de rumoroso aleteoque volabahasta el amanecer en torno de la poblacióndescribiendo círculos alrededor desu casa antes de entrar en ella. Precedíalo un sonoro batir de alaspasabacomo una exhalación y tras su vuelo se lanzaban a la carrera los perrosululando lejanamente.

Un sábado fui testigo a medias de un singular episodio. Estábamosporciertoen veranoen el calcinante estío del trópicoy en el firmamento deun azul profundo resplandecían con luz maravillosa las estrellascomo siacabaran de salir encendidas del caos de la primera noche. Flotaba en el aire unacre y diverso perfume de azaharesde madreselvasde jazmines y de magnoliasque enervaba los sentidos deliciosamente. La brisa nocturna hacía cabecear lascopas de los naranjos y de los cocoteros. A la claridad lunarlas grandes hojasde los plátanos despedían intermitentes reflejos metálicosdébilesreverberaciones de plata. Oíase el murmullo del río en medio de la absolutacalma en que yacía la aldea. La noche era la clásica del «sabbaot» o bien latípica de Walpurgis. Un almahecha de luz y de sombra de inmensidad y demisteriose alzaba de sus entrañas sagradas. Las potencias mágicasque obranen el plano invisible y arcano de los elementoshacían palpitar con ritmoimperceptible al superficie de las cosas. Vibraba con tenue estremecimiento eluniverso. Genios aéreos debían gemir en el fondo de los gigantescos peñascosde la riberacantar en la concavidad de las grutas cercanasjuguetear en ellecho de los manantialesdormir en la profundidad de los altos barrancoscalcáreos de la costa y bailar en las espesuras de la selva próximaen lasorillas de las islas y en el césped de los prados. Las luciérnagas y loscocuyos fosforescían de rato en rato en las tinieblas como manifestaciones deluz de espíritus del fuego. Los agentes del prodigio y las causas de lamaravilla trabajaban activamente en las siete esferas del cosmos. Dijérase quela materia hervía en estado líquido o latía en estado radiante. Las fuerzasproductoras de los fenómenosse manifestaban a intervalos en el luminosorevoloteo de las estrellas errantes por el infinito. Los esplendores de la nochedel trópico se dejaban veren toda su [75]plenituda la luz de la luna. De la lejanía oscura de las quintas llegabangorjeos de pájaros. A ratoshería el silencio de la hora el grito de lalechuzaposada sobre un poste de la plaza. Del techo de los corredores volabanlegiones de murciélagos. Un principio de nota musical se elevaba de la tierrapoblada de simientes y de gérmenes. Maleable parecía el mundopronto acincelarse en todas las formas. Las corrientes de la vida orgánica fluían enel seno de una metanaturaleza. Entidades protectoras del sueño de los hombressubirían a las regiones superiores del espacio en escobas aladassin servistas de ojos mortales. Coros invisibles de potestades danzarían en los clarosdel bosque. Una legión de demonios cabalgaría en puercas encantadas por lossenderos de las nubes. Las almas en pena rondarían los caminos solitarios ylugares desiertos. Y todoen finen el cielo y en la tierra preparaba laaparición de un encantamiento.

Hallábame acostado en el patiocontemplando el grupo estelar que por alláse llama «el anda de la Virgen»cerca de las Pléyadesajeno por completo atoda idea telúrgica o mágicacuando de prontoa eso de las docesealborotaron las gallinas y llegaron hasta mí ladridos distantes. ¿Se trataríade un eclipse? La luna brillaba en toda su purezaen la región orientalnolejos de la línea del horizontesin sombra alguna. Los planetas visibles a esahora realizaban con regularidad su ciclo nocturnoante la carrera rítmica delas constelaciones.

Al intempestivo alboroto de las aves de corral siguió acto seguido un rumorde alas enormes que hendían en el espacio con un ruido semejante al de unaeroplano.

-¡Tápate la cabeza! -gritó una voz a mi lado-. ¡Es la bruja!

Me escondí debajo de la sábana y cerré los ojos.

Entretantoel rumor fue acercándose cada vez más vivo hasta que pasó conla instantaneidad de un relámpago rumbo a la iglesiaextinguiéndose instantesdespués en la infinita calma de la aldea. Los perrosbruscamente interrumpidosen su sueñoecharon a correr en dirección al rumor del formidable aleteo yvolvieron al rato jadeantescon un palmo de lengua afueraal mismo tiempo quecacareaban los gallospregonando alarma.

Maquinalmente dirigí una mirada al aquelarre y nada pude ver en él. [76]

¿Fue o no una bruja el ornitológico ser que pasó esa noche? Lo ignoro; afe mía que nada vi; pero sentí el rumorescuché el paso de la antiguaQuimera quemontada en un palo de escoba con alasiba como una racha detempestad hacia lo desconocido. [77]



 

 

El Buda celeste


Rama vino a la vida planetaria con todos los signos orgánicos de losavatares de Gautama Budael iluminado y sabio hijo de Maya. Por designiossuperiores inexcrutables su cuerpo había sido elegido para reencarnarse en élel divino Sakyamuni. Cuando los sacerdotesenterados del sucesovieron lasseñales sagradas en el cuerpecito de la criatura predestinadaindicaron a suspadres la educación que debían darle hasta que tuviera uso de razóndespuésde lo cual se alejaron dando alabanzas a los dioses por su clemencia infinita.

Aunque el cuerpo de Rama era puro como el vaso que contiene un perfumelaboca de una mujer o la sombra de una vacase lo bañó con agua traída delGanges sagrado.

A medida que crecíaiba creciendo también en inteligencia y en virtud.Celebraban todos la piedad del adolescente que tan tempranas muestras daba delalto fin para que había sido designado. Muchos creían ver en sus palabras y ensus actos la propia historia de Buda impúber.

Cuando su entendimiento adquirió el desarrollo suficiente para darse cabalcuenta de la enorme responsabilidad que pesaba sobre élsus padres lerevelaron el misterio de los signos de su cuerpoen el cual volvería ahumanarse Sakyamuni. Tal como el loto se abre a la claridad de la luna en elcentro de un lagoasí florecería en su espíritu el Buda celesteel Budamísticoque gusta de buscar su aposento en el alma de los bienaventurados.

Rama se maravilló de la revelación y dijono sin penaa sus padres: [78]

-El maestro manda: «abandona tu casa».

Intentaron disuadirle de su propósito; mascomo ya se sentía atraídohacia la vida contemplativa y eremíticaratificó su intento y dejó a lossuyos. Partió al Tibeta la región más desolada y abrupta del Tibetparaentregarse allílejos de la mirada de los hombrescon todas sus potencias ysentidosen un fervor inextinguiblea la lucha contra el sufrimiento y a laemancipación final de una nueva existencia y de nuevos círculos de dolor. Porrevelación sobrenatural e intuición infusasabía que sólo en el estado deperfección nirvánicala crisálida de su alma se transformaría en lamariposa del Buda celeste. Como se consideraba impuro todavía e indignoporendede la encarnación excelsa que iba a consumarse en su espíritucomenzóa atormentarse de un modo inaudito y atroz. Durante un año entero estuvo paradoal aire librecon los brazos abiertos y la cara clavada en lo altosoportandoinalterable los ardores del sollas lluviaslas tempestades y los granizosinsensible a todo lo que le rodeaba. Las serpientes venenosas pasaban por sulado sin perturbar su semblantey los pájaros venían a posarse sobre susbrazos inmóvilestomándolos por ramas. Cuando terminó tan tremendamortificaciónhizo un examen de conciencia y notó que no se habíanextinguido aún en él las fuentes de la vidadel mal y del deseo. Lo únicoque sacó de tamaño tormento fue una tortícolisgracias a la cual ya no miróen lo sucesivo las cosas de la tierrasino las sublimidades del cieloaunquesegún la doctrina herméticalo que está arriba es como lo que está abajo.

Rama decidió aumentar el rigor de sus ejerciciosy puso en prácticaadicho finlas pruebas más terribles inventadas por la fecunda imaginación delos ermitañoscon el intento de borrar de su ser hasta el último vestigio dela animalidad original. Primero había sido mineraldespués fue plantamástarde animalahora era hombrey necesitabapor consiguientetransformarse enespíritu para convertirsefinalmenteen dios.

Por espacio de cincuenta años labró primorosamente el tabernáculo quedebía hospedar a Budacastigando con ferocidad sus instintossus impulsos ysus sentidosy resistiendo a las tentaciones de los espíritus malignos.Visiones voluptuosasapariciones de bayaderas -nenúfaresmágicos panoramasdel pecadose [79] presentaban a su vista conharta frecuenciapara remover sus apetitos; peroen cuanto Rama pronunciaba elmonosílabo sagradose desvanecían las risueñas fantasmagoríasa cuyofunesto hechizo cedieron piadosos y perfectos ascetas.

No obstante tantas maceraciones y sacrificios corporalessu espíritu seencontraba aún lejos de alcanzar el soberano bien del Nirvanaen el cual elhombreelevado a la categoría de espíritu puroy emancipado de las leyes dela vida planetariano experimenta ninguna tribulación ni deseoy goza de lasuprema calma de los dioses. Para emplear una comparación de la místicaoccidentalRama hallábase en la sexta morada de la perfecciónrestándolepor recorrer un último peldañopara llegar a la cima de la santidad.

Mientras se hallaba meditando una nocheoyó una voz interior que le decía:

-Abandona el desierto y ve a predicar la verdad entre tus semejantes.

El ermitaño partió al día siguiente en busca de seres entre quienesdifundir la religión del budismo. Llegó a una ciudad dónde imperaban losbrahmanes. Noticiosos éstos de la llegada de un sacerdote budista al centro desus predicacionesdecretaron su pérdida. A dicho efectoaprovecharon elmomento en que Rama dirigía la palabra en público para amotinar a la multituden contra suya. Los fanáticos se lanzaron sobre élimponiéndole silencio:

-¡Callaimpostoro te daremos muerte! -vociferó la turba enloquecida.

-Hace cincuenta años que guardo silenciopor deber de mi conciencia; perocuandocomo ahorase me obliga a callar con violenciapor no escuchar laverdadromperé mi silencio -contestó con vehemencia Rama.

Una lluvia de piedras cayó sobre élyal verlo caer heridose dispersóla muchedumbre. El ermitaño se incorporó penosamente y llevó ambas manos alcorazónde donde manaba sangre en abundancia. Habituado a soportar contranquilidad sonriente los tormentos más acerbosno fue sufrimiento lo que learrancó lágrimas de los ojossino el espectáculo de la maldad de sushermanos. Había sufrido amarguras y penas incontables en su larga vidapenitentepero jamás sintiócomo en aquel momentoel amargo placer depadecer por la verdad. ¿Qué significaba un año [80]entero de deliberada inmovilidad a la intemperiecomparado con aquella heridaque chorreaba la sangre purificadoray que era un testimonio cruento de su amora una doctrina? ¿Qué valía medio siglo de suplicios espantosos en presenciade aquellos cardenales que amorataban su cuerpoy que fueron ganados en defensade un ideal? Insensiblementesu espíritu fue sumergiéndose en una grata einmensa paz. Sobre el dolor moral de su corazón herido se alzó una atmósferade serenidad sobrehumana como si fuera libertándose poco a poco del círculo dela vida. Un poder ocultouna fuerza nueva sentía nacer en su interior. Cerrólos ojos para engolfarse en la meditacióny columbró en la oscuridad de suespírituentre resplandores lejanoslas torres de marfil y oro de la ciudaddel Nirvanapor cuyos jardines floridos paseaban los discípulos de Sakyamunimontados en lentos y silenciosos elefantes blancos. Rama dobló las rodillaspara elevar una plegaria a los dioses en acción de graciaspor haber alcanzadola santidad. No bien pronunció el inicial monosílabo místicooyó una vozinterna que le anunciaba el nacimiento del Buda celeste dentro de su pechoensangrentado.

Y Ramaya con los atributos de los diosesdesapareció de la vista de loshombres. [81]



 

 

La respuesta del oráculo


Allá por el siglo VI antes de nuestra era gobernaba el Egipto el rey Amasismonarca sabioprudente y venturosoa quien los dioses colmaron de felicidadessin cuento. Todas las empresas que acometió durante su largo y prósperoreinadofueron bendecidas por la fortuna con tal constancia que el gransoberano consideró excesiva la dicha de que disfrutaba y deseó que leafligiera algún contraste a fin de que su vida fuesecomo la de todos sussúbditosuna alternativa de gozo y de desventura.

Con tal objetoconcibió y ejecutó proyectosdifíciles unos y arriesgadosotrosen la esperanza de salir mal en algunos de ellos; pero su suerte eratanta queaun en la realización de los planes más expuestos al fracasosonreíale la fortuna propiciacon honra y provecho para su imperioque seextendió hasta la isla de Chipreen un apogeo sin par y sin segundo.

Monarca de extrema piedaden prueba de agradecimiento por tantas señaladasmercedeslevantó suntuosos monumentos y ofreció riquísimos dones a losdioses egipcios y griegoscuya felicidad no erapor ciertomás grande que lasuya.

La prosperidad sonreíano solamente a Amasissino también a sus amigos yaliadosentre los cuales sobresalía por su fortuna singular el bienhadadoPolícrates de Samosa quien igualmente deseó que le sobreviniese un sucesoadverso para pagar a precio de lágrimas la desmedida ventura en que vivía.Polícratesponiendo en práctica el consejo realhizo una expiaciónvoluntariaesto esarrojó con gran dolor de su alma un precioso anillo alfondo del mar; mas comoa pesar de este sacrificiocontinuase siendoafortunado[82] el monarca egipcio le retiró suamistad y alianzaconvencido de que pendía sobre su cabeza una desgraciairreparable.

La felicidad del rey Amasiscon ser muchano erapuescompleta;necesitaba experimentar contrariedades para que su dicha fuese absoluta. ¿Quétriste fin me reservan los dioses para enviarme tantos goces que no merezco?seinterrogaba en sus meditaciones. Ley de la vida y del destino era que el hombrepasase alternativamente del sufrimiento a la alegría y del placer a la penaycon él no acontecía lo propiocomo si su condición fuese superior a lahumana. Su única infelicidad consistía en no ser a ratos desgraciado.

Seguro de que no podía existir en el mundo un ser más venturoso que élcomo no fuese un inmortalmandó emisarios al oráculo de Delfos para quepreguntasen al dios cuál eraa su juicioel hombre más feliz de la tierra.Amasis abrigaba la absoluta certeza de que Apolo lo señalaría a élque sehallaba en el esplendor de su poderío y de su gloria.

Llegaron los emisarios del rey al oráculo de Delfos con espléndidospresentes para la divinidadentre los que se contaban un primoroso obelisco deoro y una colosal estatua criselefantina de Apolo. A la hora señaladapenetraron en el santuario de la Pitiasumido en misteriosa penumbra. Lacaverna de donde surgía entre densos vapores la emanación subterránea queinfundía la inspiración extática a la sacerdotisaentreveíase apenas. Sobreuna mística armonía de flautasliras y trompetas se alzaban de vez en cuandolargos gemidos a la sordina. Las llamas vacilantes de las antorchas olorosascaldeaban el ambiente cargado de perfumes sagrados. Voces inarticuladasrompieron el imponente silencio del recinto. La Pitiapresa de pronto de unaconvulsión furiosasumiose luego en un sueño de catalepsia lindero con elestado de arrobo. Los enviados del rey formularon la pregunta. Fue un momento deexpectación angustiosa. ¿Quién podía ser el mortal más afortunado de latierra sino Amasis? La Pitia como despertando de un sueño de cien añosarticuló unas cuantas palabras incoherentes y ambiguas. El hierofante encargadode poner en verso la respuesta de la divinidadentregó a los emisarios unhexámetro que decía así: «El pastor Glaucoque vive en la isla de Chipre.»

Los embajadores del monarca egipcio se quedaron pasmados[83]ydispuestos a averiguar la verdadpartieron acto seguido a Chipre en buscadel desconocido pastor a quien Apolo llamaba el más feliz de los mortales.

No les costó poco trabajo dar con su paraderoperodespués de unsacrificio hecho a la divinidad délficatoparon casualmente con él.

Y acaeció que los emisarios iban por una pradera de la islapidiendo a loscaminantes noticias del pastor Glaucocuandoal declinar la tardeoyeron uncanto a la distancia. Seducidos por la dulcedumbre de la melodíafueron a veral cantor. Lo encontraron sentado al borde de una tumba recién abiertacon uncaramillo a sus pies. No debía ser el pastor buscadopues parecía tener algoque ver con el túmulo.

Decidieron interrogarle:

-Tiempo hace que andamos en busca de un pastorsin poder hallarlo. ¿Nopodrías darnos alguna referencia de él?

-Existen muchos pastores en la isla de Chipremás o menos parecidos todos;pero si saben su nombrequizá pueda decirle dónde se encuentra.

-Debe ser ricoposeer tal vez una buena esposa o muchos hijossegúnpresumimos. Su nombre es Glauco.

-Cabalmente así me llamo; pero yo no poseo ni riquezani esposani hijos-contestó el pastor.

-¡Nada poseesysin embargoel oráculo de Delfosque no puede mentirte considera el hombre más feliz de la tierra! -exclamaron los emisarios-.Delante de los diosestu felicidad es más grande que la del poderoso reyAmasisa quien pertenece esta isla y apellidan el Venturoso.

-Acaso sea cierto -repuso tímidamente Glauco.

-Y esta tumba sobre la cual estás sentado¿qué significa?

-Aquí está sepultada mi prometida Nausicaaque murió hace un mes.

-¿Un mes apenas? ¡Cómo! ¿Y Apolo dice que eres el más feliz de loshombres?

Los embajadores de Amasis no caían de su asombro y pidieron explicaciones alpastor para descifrar la respuesta enigmática y aparentemente contradictoriadel dios délfico.

-Sin dudael oráculo me considera el más dichoso de los [84]mortalesporque me resigno con mi suerte -dijo Glauco-. No hace apenas un mesque perdí al ser más querido de mi corazón; pero después del dolor de losprimeros momentospensé que su muerte estaría dispuesta por el destino yaceptéresignadosu voluntad. Y todas las tardes vengo a cantar o tocar laflauta sobre su tumbapara alegrar su sueñoporque cuando vivíale gustabaoír mi canto y la melodía de mi caramillo. Nausicaa debe sentirse felizcomoyocuando escucha desde el fondo de su tumba mi voz resignada y serena.

Así que el rey Amasis acabó de escuchar la respuesta del oráculo y elrelato de sus emisariosmandó traer su joya más preciosauna copa deincalculable valory la arrojódesesperadoal mar. [85]



 

 

La venganza de Virgilio


Ignorábase en virtud de qué motivosPublio Virgilio Marón no veía conbuenos ojos a Antonioel afortunado demagogo que aprovechó la muerte de JulioCésar para granjearse la estimación del pueblo romano y el de la comunión devida inimitable con Cleopatra. Murmurábase en los ámbitos forenses ycapitolinos que Antonioorador campanudo de vana pompa asiáticaponía enpresencia de Augustosobre la cabeza de Virgilioa quien se saludaba con elnombre de príncipe de los poetas latinosal mediocre Batiloel cual seapropió con cínico desparpajo dos versos suyos y de quien se decía queacicalaba su estilo con la prolijidad afeminada con que se peinaba la cabellera.Susurrábase también que el poeta mantuano fue íntimo amigo de Cayo Marceloel primer esposo de Octaviay que el matrimonio de ésta con Antonioconcertado por razones de Estadoentraba por mucho en la declarada hostilidadentre el emperador y el vate. La estrecha amistad que ligaba a Virgilio conAugusto tampoco parecía ajena a esta recíproca ojeriza. Fuese de ello lo quehubiere sidolo cierto era que el poeta no desperdiciaba coyuntura alguna quese le ofreciese para desacreditar a Antoniotarea por lo demás fácilpues elcolega y rival de Augusto observaba un tenor de vida poco digno.

Esta animadversión subió de punto cuando Virgilio supo que Antonio habíamanifestado públicamentea propósito de los cinco primeros capítulos de la«Eneida»que Homero los hubiera hecho con más elevaciónclaridad yelegancia. Tal afirmación significaba a las claras desconocer inspiraciónpoética a Virgilio. Entendiolo así éste e hizo decir a Antonio quesi bienél no aspiraba al laurel [86] de la invención delpoema épicopretendíapor lo menosla gloria de haber logrado imitar aHomero con cierta perfecciónaventajando en esto a Batiloque antonizaba.

Desde entoncesbuscó el poeta el modo y la forma de vengarse de Antonio eigualmente de Octaviaporque esta mujer de extraordinaria hermosura y desingular talentocompartía los odios y los amores de su segundo esposoperdidamente enamoradacomo se hallabade éla medida que la tentadora eirresistible egipcia se lo disputaba con más ahínco con sus artes gitaniles deseducción.

Margen diole para ellola mudanza de los sucesos que sobrevinieron luego.Instado con encarecimiento por CleopatraAntonio partió a Egiptollevándoseconsigo a Octavia hasta Atenasdonde la dejó para correr al lado de lasoberana egipciapretextando fútiles motivos. Octavia comprendió la verdaderacausa del alejamiento de su esposo y lloró amargamente su infortunio.

Como nada lograra de Antonio con sus súplicasregresó a Romayendo ahabitar en la casa de su esposono obstante el parecer contrario de Augusto.Poco tiempo despuéssu afortunada rival consiguió de su amante que enviaraemisarios a Roma con el objeto de arrojar a Octavia de la casa que ocupaba comolegítima esposa de Antonioiniquidad que se llevó a cabo con gran pesar deella y no menor sentimiento de Augusto. La discordia latente entre los dosemperadoresmomentáneamente sofocadarenació con más fuerza paradesenlazarse más tarde en la batalla naval de Accio.

Virgilio se condolió de estos sucesos porque veía en ellos el germen de unanueva guerra civil luctuosa para el pueblo romano; pero al mismo tiempo decidiósacar partido de ellos para sus propios fines. A tal efectoanunció a Augustoque estaba poniendo término al capítulo sexto de la «Eneida»...

-Nadie mejor que yo aprecia tu poema -díjole el divino Octavio-; así que nome niegues el placer de venir a leérmelo en cuanto esté terminado. Sean cualesfueren los negocios en que ande ocupadosiempre habrá lugar para oír aVirgiliodel propio modo que Alejandroen medio de sus conquistasteníasiempre tiempo para leer de nocheen su tienda de campañala «Ilíada».

Halagó sobremanera al poeta la contestación del Césaren la [87]cual se trasparentaba su grandeza de ánimo y su noble deseo de asemejarse almagno capitán macedón.

Una vez que concluyó Virgilio su trabajosolicitó audiencia de Augustopara leérselo al día siguiente. Llegada la hora convenidaencaminose a lamorada cesárea con su poema bajo el brazo. Aguardábale allí el emperador encompañía de su hermana Octaviaque era aficionada también a la poesía. Alverlael vate no pudo menos de saludarla respetuosamente y de sonreír para susayo.

Sagrado silencio hízose en el recintoal comenzar Virgilio la lectura consu voz dulce y cadenciosa. El verso adquiría en boca del homérida mantuano sumáximo valor rítmico y verbal. Todo su ser se transfiguraba entonces por obray gracia de la inspiración apolínea que llameaba en su canto. Ya no era unmortal el que recitaba el poemasino el propio numen de la poesía humanado enla envoltura corporal de Virgilio.

Todo el episodio del descenso de Eneas a los infiernos fue escuchado por losdos hermanos con vivísimo interés. Augustocomo iniciado en los misterioseleusinos y en los dogmas de la filosofía pitagóricahacía muestras deasentimiento en tal o cual pasaje. La curiosidad de Octavia no era menor que suatención.

Al llegar el poeta al punto en que Eneas se encuentra con Anquisés en laregión de los bienaventuradosel interés de ambos creció de pronto. Laexaltación lírica del vate comunicose a sus oyentes. Veían pasar con los ojosdel espíritu las errantes sombras de los varones ilustres de la Repúblicaevocadas por la Musa épica. Al sonar el nombre de M. Claudio Marcelo en elrecintoOctavia palideció intensamentepensando en su primer esposoCayoMarcelocuyo rendido amor contrastaba con el abandono en que le tenía Antonioy en su hijoM. Marcelorecientemente arrebatado a la esperanza de losromanos. Augusto inclinó la frente y se cubrió el rostro con el mantoalmismo tiempo que Octavia estallaba en sollozos. «Tu Marcellus eris. Manibusdate lilia plenis...»gimió dulcemente la entrecortada voz de Virgilio; ungrito siguió a ellay Octavia cayó desmayada en brazos del César. Cuando alos pocos minutos volvió en sídijo con acento acongojado al vate:

-Dimeoh Virgilio¿qué quieres?

-Habla y el imperio del orbe comparto contigo -añadió Augusto. [88]

-Me basta la amistad del César -respondió Virgiliocortesano.

Pero a Octavia no satisfizo esta respuestapues ordenó que se le entregarandiez sextercios por cada uno de los versos del elogio fúnebre de Marcelo.

El poeta regresó a su casa suficientemente vengado de Antonio en laslágrimas vertidas por Octavia en memoria del hijo muerto habido en su primermatrimonioycon el dinero regaladomandó esculpir una estatua de Apolo y lacolocó en su jardín como un homenaje al dios délfico por el beneficio que lehabía dispensado al poner en sus manos el señorío de las almas mediante eldivino poder de la belleza. [89]



 

 

La muerte de Pan


Pan fue el último sobreviviente de los dioses de la Hélade.

Extinguido el reinado de Zeusconforme a la profecía de Prometeoy viendoque no le era posible librarse del inexorable decreto del destinoante cuyavoluntad se doblegan los propios diosesse refugió en una isla desiertapesaroso del espectáculo que ofrecían a su vista los altares destruídos y lasestatuas mutiladas.

Veía próximo su finy la congoja que sentía ante la idea de la muerteera para el dios el más claro testimonio del término de su inmortalidad. Sucondición divina experimentaba ahora las zozobras de la naturaleza humana:inaccesible al dolorconocía hoy el sufrimiento; inmutableperdía a menudola serenidad inherente a los seres olímpicos; exento de flaquezasdesfallecíacon frecuencia. Como participaba de las dos naturalezassufría como divinidady como criatura perecedera. El Pan humano suspiraba por una inmortalidadinextinguibleen tanto que el Pan divino acataba sin protesta el fallo de loshados.

Según su costumbrehallábase aquella memorable tarde a la sombra de unaenramadafrente al mar azul cuyas olas llegaban blandamente a la playa arenosade la isladesde la cual se distinguía la costa de la sagrada tierra de losdioses. Una rama colgante acariciaba sus cuernos de cabra.

-¡OhPanla tierra ya no es digna de ser habitada por los inmortales!-díjole el postrer faunotratando de endulzar sus últimos momentos-. Mira atu alrededor y no verás más que ruinas por todas partes. Oprime el corazónpensar en lo que ha venido a parar tanta grandeza. Hasta los olímpicosmenostúel [90] más antiguo de elloshandesaparecido. Todo lo que está pasandoes extraordinario y me llena de terror.Algún titánmás poderoso que nosotrosse habrá hecho señor del mundo. Talvez el dios desconocido...

Nada repuso el inmortal a las palabras del faunoel cual se tendióresignado sobre la hierba a los pies caprinos de Panen vista del tenazsilencio de éste.

Nada del idílico paisaje ambiente veía el numen en aquel momento; suimaginación volaba por los rientes y húmedos prados de Arcadia donde vivierafeliz y respetado durante tantos siglosen compañía de pastores y ganados queamabancomo élla libertad del campola frescura de la fuentela espesurade la enramada. Nunca quiso reinar en la ciudadni pretendió que sus devotosle erigiesen templos suntuosos en los sitios públicos; contentábase con seradorado de la gente del campobajo formas rústicas y groserasal aire libreen plena naturalezaen el propio centro de las fuerzas que reconocían sudominio. ¿Para qué altares magníficos si él lo era todo y estaba en todo? Elritmo de su flauta concertaba la armonía universal; una nota de su caramilloresumía los murmullos de la selvael rumor de las corrientesel canto de lasavestodas las voces de la naturaleza corpórea e invisible. Adorar el eco másimperceptible era rendirle tributo.

Despuésfue acrecentándose su poderío. De las verdes praderas de Arcadiapasó a los campos de toda la Hélade y su culto fue extendiéndosepropagadopor los poetas bucólicos.

La frente del numen arcádico llenose de pensamientos sombríosal llegar aeste punto de su evocación. Como náufrago de un desastreencontrábase en laisla solitariasin otra compañía que la de un fiel faunoel únicosobreviviente vivientetambiénde la raza de los sátirossilenos y faunos.El inmenso mar glauco se hundía en las primeras sombras del crepúsculo que ibaa presenciar el ocaso del último dios heleno. Pan creyó percibir undebilísimo eco del canto de las sirenas y las oceánidas hacía tiempoextinguido. De los montes de la isla descendía a la pradera como un murmullo detrinos apagados. En una verde colina triscaba una manada de cabras. En ladistante costa se aprestaban a lanzarse a alta mar unos barqueros.

-Ya que todos han muertovoy a morir yo también -dijo el [91]numensaliendo de su abstracción melancólica-. No quiero sobrevivir a ladesgracia que ha caído sobre la raza de los dioses; pero conmigo ha de hundirsepara siempre algo que ya no conocerán las gentes venideras.

Luegodirigiéndose al faunoordenó:

-Pásame la flauta... Voy a tocarla por última vez.

Tomó su instrumento favoritohinchó los carillos y sonaron los cuatroprimeros tonos de una solemne y fúnebre melopea hipolidia. Con la mirada fijaen dirección a Atenas y con el pensamiento puesto en las praderas de Arcadiaarrancó a su flauta los postreros sonidos de la melodía infinita del Olimpo yde la augusta armonía del pensamiento griego.

El faunoal oírlacomprendió toda la intensa angustia humana del diosagonizante y procuró consolarlo de nuevoexclamando con júbilo:

-¡IoPan! ¡Lánzate a la conquista del cetro del mundosalva a los tuyoscomo en otros tiempos venciste al enemigoinfundiéndole terror con tupresencia!

Pan dejó de tocar y repuso serenamente:

-Es tarde ya yademásno puedo eludir el cumplimiento de la voluntad deldestino. Nuestra suerte estaba escritaantes de existir nosotroslos primerosdiosesde los cuales salieron los demás. Era inevitablela extinción de ladescendencia de Zeus y la ley va a cumplirse totalmente. El oráculo de Delfosha enmudecido y es fuerza que todas las voces divinasque han venido resonandoen las profundidades del maren las alturas del firmamentoen las umbrías delbosque y en el fondo de los santuariosse apaguen para siempre. Día vendrá enque sobre las ruinas de los nuevos altares aparecerá otro dios desconocido... Yasíincesantementehasta el fin del mundo por disposición de la fatalidad;pero siento que las fuerzas se me escapanque la inmortalidadme abandonaquemuero...

Fueron sus últimas palabrasdichas con la serenidad de la inmortalidadcaducade la agonía humana y del crepúsculo moribundo que se extendía sobrela isla desierta.

Rodó la flauta al suelo y el cuerpo de Pan cayó pesadamente sobre la frescahierba en medio de un profundo silencio sólo interrumpido por los gritos delfauno. [92]

Entretantolos barquerosatraídos por la extraña melodía que sonabaallá lejosen la isla solitariavenían remando hacia ella. Cuando llegaron ala riberacesó repentinamente la misteriosa melopeayal cabo de una brevepausaoyeron aterrorizados un grito desgarradorque retumbó en la inmensidaddel mary que decía:

-¡El gran Pan ha muerto!




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