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Novela de la ilustre fregona

Miguel de Cervantes Saavedra


EN BURGOSciudad ilustre y famosano ha muchos años que en ella vivíandos caballeros principales y ricos: el uno se llamaba don Diego de Carriazo y elotro don Juan de Avendaño. El don Diego tuvo un hijoa quien llamó de sumismo nombrey el don Juan otroa quien puso don Tomás de Avendaño. A estosdos caballeros mozoscomo quien han de ser las principales personas destecuentopor escusar y ahorrar letrasles llamaremos con solos los nombres deCarriazo y de Avendaño.

Trece añoso poco mástendría Carriazo cuandollevado de unainclinación picarescasin forzarle a ello algún mal tratamiento que suspadres le hiciesensólo por su gusto y antojose desgarrócomo dicen losmuchachosde casa de sus padresy se fue por ese mundo adelantetan contentode la vida librequeen la mitad de las incomodidades y miserias que traeconsigono echaba menos la abundancia de la casa de su padreni el andar a piele cansabani el frío le ofendíani el calor le enfadaba. Para él todos lostiempos del año le eran dulce y templada primavera; tan bien dormía en parvascomo en colchones; con tanto gusto se soterraba en un pajar de un mesóncomosi se acostara entre dos sábanas de holanda. Finalmenteél salió tan biencon el asumpto de pícaroque pudiera leer cátedra en la facultad al famoso deAlfarache.

En tres años que tardó en parecer y volver a su casaaprendió a jugar ala taba en Madridy al rentoy en las Ventillas de Toledoy a presa y pinta enpie en las barbacanas de Sevilla; perocon serle anejo a este género de vidala miseria y estrechezamostraba Carriazo ser un príncipe en sus cosas: a tirode escopetaen mil señalesdescubría ser bien nacidoporque era generoso ybien partido con sus camaradas. Visitaba pocas veces las ermitas de Bacoyaunque bebía vinoera tan poco que nunca pudo entrar en el número de los quellaman desgraciadosquecon alguna cosa que beban demasiadaluego se les poneel rostro como si se le hubiesen jalbegado con bermellón y almagre. En finenCarriazo vio el mundo un pícaro virtuosolimpiobien criado y más quemedianamente discreto. Pasó por todos los grados de pícaro hasta que segraduó de maestro en las almadrabas de Zaharadonde es el finibusterraede la picaresca.

¡Oh pícaros de cocinasuciosgordos y lucios; pobres fingidostullidosfalsoscicateruelos de Zocodover y de la plaza de Madridvistosos oracionerosesportilleros de Sevillamandilejos de la hampacon toda la caterva inumerableque se encierra debajo deste nombre pícaro!bajad el toldoamainad elbríono os llaméis pícaros si no habéis cursado dos cursos en la academiade la pesca de los atunes. ¡Allíallíque está en su centro el trabajojunto con la poltronería! Allí está la suciedad limpiala gordura rollizala hambre promptala hartura abundantesin disfraz el vicioel juego siemprelas pendencias por momentoslas muertes por puntoslas pullas a cada pasolosbailes como en bodaslas seguidillas como en estampalos romances con estribosla poesía sin acciones. Aquí se cantaallí se reniegaacullá se riñeacá se juegay por todo se hurta. Allí campea la libertad y luce el trabajo;allí van o envían muchos padres principales a buscar a sus hijos y los hallan;y tanto sienten sacarlos de aquella vida como si los llevaran a dar la muerte.

Pero toda esta dulzura que he pintado tiene un amargo acíbar que la amargay es no poder dormir sueño segurosin el temor de que en un instante lostrasladan de Zahara a Berbería. Por estolas noches se recogen a unas torresde la marinay tienen sus atajadores y centinelasen confianza de cuyos ojoscierran ellos los suyospuesto que tal vez ha sucedido que centinelas yatajadorespícarosmayoralesbarcos y redescon toda la turbamulta queallí se ocupahan anochecido en España y amanecido en Tetuán. Pero no fueparte este temor para que nuestro Carriazo dejase de acudir allí tres veranos adarse buen tiempo. El último verano le dijo tan bien la suerteque ganó a losnaipes cerca de setecientos realescon los cuales quiso vestirse y volverse aBurgosy a los ojos de su madreque habían derramado por él muchas lágrimas.Despidióse de sus amigosque los tenía muchos y muy buenos; prometióles queel verano siguiente sería con ellossi enfermedad o muerte no lo estorbase.Dejó con ellos la mitad de su almay todos sus deseos entregó a aquellassecas arenasque a él le parecían más frescas y verdes que los CamposElíseos. Ypor estar ya acostumbrado de caminar a pietomó el camino en lamanoy sobre dos alpargatesse llegó desde Zahara hasta Valladolid cantando Tresánadesmadre.

Estúvose allí quince días para reformar la color del rostrosacándola demulata a flamencay para trastejarse y sacarse del borrador de pícaro yponerse en limpio de caballero. Todo esto hizo según y como le dieron comodidadquinientos reales con que llegó a Valladolid; y aun dellos reservó ciento paraalquilar una mula y un mozocon que se presentó a sus padres honrado ycontento. Ellos le recibieron con mucha alegríay todos sus amigos y parientesvinieron a darles el parabién de la buena venida del señor don Diego deCarriazosu hijo. Es de advertir queen su peregrinacióndon Diego mudó elnombre de Carriazo en el de Urdialesy con este nombre se hizo llamar de losque el suyo no sabían.

Entre los que vinieron a ver el recién llegadofueron don Juan de Avendañoy su hijo don Tomáscon quien Carriazopor ser ambos de una misma edad yvecinostrabó y confirmó una amistad estrechísima. Contó Carriazo a suspadres y a todos mil magníficas y luengas mentiras de cosas que le habíansucedido en los tres años de su ausencia; pero nunca tocóni por piensoenlas almadrabaspuesto que en ellas tenía de contino puesta la imaginación:especialmente cuando vio que se llegaba el tiempo donde había prometido a susamigos la vuelta. Ni le entretenía la cazaen que su padre le ocupabani losmuchoshonestos y gustosos convites que en aquella ciudad se usan le dabangusto: todo pasatiempo le cansabay a todos los mayores que se le ofrecíananteponía el que había recebido en las almadrabas.

Avendañosu amigoviéndole muchas veces melancólico e imaginativofiadoen su amistadse atrevió a preguntarle la causay se obligó a remediarlasipudiese y fuese menestercon su sangre misma. No quiso Carriazo tenérselaencubiertapor no hacer agravio a la grande amistad que profesaban; y asílecontó punto por punto la vida de la jábegay cómo todas sus tristezas ypensamientos nacían del deseo que tenía de volver a ella; pintósela de modoque Avendañocuando le acabó de oírantes alabó que vituperó su gusto.

En finel de la plática fue disponer Carriazo la voluntad de Avendaño demanera que determinó de irse con él a gozar un verano de aquella felicísimavida que le había descritode lo cual quedó sobremodo contento Carriazoporparecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su bajadeterminación. Trazaronansimismode juntar todo el dinero que pudiesen; y elmejor modo que hallaron fue que de allí a dos meses había de ir Avendaño aSalamancadonde por su gusto tres años había estado estudiando las lenguasgriega y latinay su padre quería que pasase adelante y estudiase la facultadque él quisiesey que del dinero que le diese habría para lo que deseaban.

En este tiempopropuso Carriazo a su padre que tenía voluntad de irse conAvendaño a estudiar a Salamanca. Vino su padre con tanto gusto en ello quehablando al de Avendañoordenaron de ponerles juntos casa en Salamancacontodos los requisitos que pedían ser hijos suyos.

Llegóse el tiempo de la partida; proveyéronles de dineros y enviaron conellos un ayo que los gobernaseque tenía más de hombre de bien que dediscreto. Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que habían de hacer yde cómo se habían de gobernar para salir aprovechados en la virtud y en lascienciasque es el fruto que todo estudiante debe pretender sacar de sustrabajos y vigiliasprincipalmente los bien nacidos. Mostráronse los hijoshumildes y obedientes; lloraron las madres; recibieron la bendición de todos;pusiéronse en camino con mulas propias y con dos criados de casaamén del ayoque se había dejado crecer la barba porque diese autoridad a su cargo.

En llegando a la ciudad de Valladoliddijeron al ayo que querían estarse enaquel lugar dos días para verleporque nunca le habían visto ni estado en él.Reprehendiólos mucho el ayosevera y ásperamentela estadadiciéndoles quelos que iban a estudiar con tanta priesa como ellos no se habían de detener unahora a mirar niñeríascuanto más dos díasy que él formaría escrúpulosi los dejaba detener un solo puntoy que se partiesen luegoy si noquesobre esomorena.

Hasta aquí se estendía la habilidad del señor ayoo mayordomocomo másnos diere gusto llamarle. Los mancebitosque tenían ya hecho su agosto y suvendimiapues habían ya robado cuatrocientos escudos de oro que llevaba sumayordijeron que sólo los dejase aquel díaen el cual querían ir a ver lafuente de Argalesque la comenzaban a conducir a la ciudad por grandes yespaciosos acueductos. En efetoaunque con dolor de su ánimales dio licenciaporque él quisiera escusar el gasto de aquella noche y hacerle en Valdeastillasy repartir las diez y ocho leguas que hay desde Valdeastillas a Salamanca en dosdíasy no las veinte y dos que hay desde Valladolid; perocomo uno piensa elbayo y otro el que le ensillatodo le sucedió al revés de lo que él quisiera.

Los manceboscon solo un criado y a caballo en dos muy buenas y caserasmulassalieron a ver la fuente de Argalesfamosa por su antigüedad y susaguasa despecho del Caño Dorado y de la reverenda Prioracon paz sea dichode Leganitos y de la estremadísima fuente Castellanaen cuya competenciapueden callar Corpa y la Pizarra de la Mancha. Llegaron a Argalesy cuandocreyó el criado que sacaba Avendaño de las bolsas del cojín alguna cosa conque bebervio que sacó una carta cerradadiciéndole que luego al puntovolviese a la ciudad y se la diese a su ayoy que en dándosela les esperase enla puerta del Campo.

Obedeció el criadotomó la cartavolvió a la ciudady ellos volvieronlas riendas y aquella noche durmieron en Mojadosy de allí a dos días enMadrid; y en otros cuatro se vendieron las mulas en pública plazay hubo quienles fiase por seis escudos de prometidoy aun quien les diese el dinero en oropor sus cabales. Vistiéronse a lo payocon capotillos de dos haldaszahones ozaragüelles y medias de paño pardo. Ropero hubo que por la mañana les comprósus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera lapropia madre que los había parido. Puestospuesa la ligera y del modo queAvendaño quiso y supose pusieron en camino de Toledo ad pedem literaey sin espadas; que también el roperoaunque no atañía a su menesterse lashabía comprado.

Dejémoslos irpor ahorapues van contentos y alegresy volvamos a contarlo que el ayo hizo cuando abrió la carta que el criado le llevó y halló quedecía desta manera:

 

Vuesa merced será servidoseñor Pedro Alonsode tener paciencia ydar la vuelta a Burgosdonde dirá a nuestros padres quehabiendonosotros sus hijoscon madura consideraciónconsiderado cuán máspropias son de los caballeros las armas que las letrashabemosdeterminado de trocar a Salamanca por Bruselas y a España por Flandes.Los cuatrocientos escudos llevamos; las mulas pensamos vender. Nuestrahidalga intención y el largo camino es bastante disculpa de nuestro yerroaunque nadie le juzgará por tal si no es cobarde. Nuestra partida esahora; la vuelta será cuando Dios fuere servidoel cual guarde a vuesamerced como puede y estos sus menores discípulos deseamos.

 

De la fuente de Argalespuesto ya el pie en el estribo para caminar aFlandes.

 

Carriazo y Avendaño.

Quedó Pedro Alonso suspenso en leyendo la epístola y acudió presto a suvalijay el hallarla vacía le acabó de confirmar la verdad de la carta; yluego al puntoen la mula que le había quedadose partió a Burgos a dar lasnuevas a sus amos con toda prestezaporque con ella pusiesen remedio y diesentraza de alcanzar a sus hijos. Pero destas cosas no dice nada el autor destanovelaporqueasí como dejó puesto a caballo a Pedro Alonsovolvió acontar de lo que les sucedió a Avendaño y a Carriazo a la entrada de Illescasdiciendo que al entrar de la puerta de la villa encontraron dos mozos de mulasal parecer andalucesen calzones de lienzo anchosjubones acuchillados deanjeosus coletos de antedagas de ganchos y espadas sin tiros; al parecereluno venía de Sevilla y el otro iba a ella. El que iba estaba diciendo al otro:

-Si no fueran mis amos tan adelantetodavía me detuviera algo más apreguntarte mil cosas que deseo saberporque me has maravillado mucho con loque has contado de que el conde ha ahorcado a Alonso Genís y a Riberasinquerer otorgarles la apelación.

-¡Oh pecador de mí! -replicó el sevillano-. Armóles el conde zancadilla ycogiólos debajo de su jurisdiciónque eran soldadosy por contrabando seaprovechó dellossin que la Audiencia se los pudiese quitar. Sábeteamigoque tiene un Bercebú en el cuerpo este conde de Puñonrostroque nos mete losdedos de su puño en el alma. Barrida está Sevilla y diez leguas a la redondade jácaros; no para ladrón en sus contornos. Todos le temen como al fuegoaunque ya se suena que dejará presto el cargo de Asistenteporque no tienecondición para verse a cada paso en dimes ni diretes con los señores de laAudiencia.

-¡Vivan ellos mil años -dijo el que iba a Sevilla-que son padres de losmiserables y amparo de los desdichados! ¡Cuántos pobretes están mascandobarro no más de por la cólera de un juez absolutode un corregidoro malinformado o bien apasionado! Más veen muchos ojos que dos: no se apodera tanpresto el veneno de la injusticia de muchos corazones como se apodera de unosolo.

-Predicador te has vuelto -dijo el de Sevilla-ysegún llevas la retahílano acabarás tan prestoy yo no te puedo aguardar; y esta noche no vayas aposar donde suelessino en la posada del Sevillanoporque verás en ella lamás hermosa fregona que se sabe. Marinillala de la venta Tejadaes asco ensu comparación; no te digo más sino que hay fama que el hijo del Corregidorbebe los vientos por ella. Uno desos mis amos que allá van jura queal volverque vuelva al Andalucíase ha de estar dos meses en Toledo y en la mismaposadasólo por hartarse de mirarla. Ya le dejo yo en señal un pellizcoy mellevo en contracambio un gran torniscón. Es dura como un mármoly zahareñacomo villana de Sayagoy áspera como una ortiga; pero tiene una cara de pascuay un rostro de buen año: en una mejilla tiene el sol y en la otra la luna; launa es hecha de rosas y la otra de clavelesy en entrambas hay tambiénazucenas y jazmines. No te digo mássino que la veasy verás que no te hedicho nadasegún lo que te pudiera deciracerca de su hermosura. En las dosmulas rucias que sabes que tengo míasla dotara de buena ganasi me laquisieran dar por mujer; pero yo sé que no me la daránque es joya para unarcipreste o para un conde. Y otra vez torno a decir que allá lo verás. Yadiósque me mudo.

Con esto se despidieron los dos mozos de mulascuya plática y conversacióndejó mudos a los dos amigos que escuchado la habíanespecialmente Avendañoen quien la simple relación que el mozo de mulas había hecho de la hermosurade la fregona despertó en él un intenso deseo de verla. También le despertóen Carriazo; pero no de manera que no desease más llegar a sus almadrabas quedetenerse a ver las pirámides de Egiptoo otra de las siete maravillasotodas juntas.

En repetir las palabras de los mozosy en remedar y contrahacer el modo ylos ademanes con que las decíanentretuvieron el camino hasta Toledo; y luegosiendo la guía Carriazoque ya otra vez había estado en aquella ciudadbajando por la Sangre de Cristodieron con la posada del Sevillano; pero no seatrevieron a pedirla allíporque su traje no lo pedía.

Era ya anochecidoyaunque Carriazo importunaba a Avendaño que fuesen aotra parte a buscar posadano le pudo quitar de la puerta de la del Sevillanoesperando si acaso parecía la tan celebrada fregona. Entrábase la noche y lafregona no salía; desesperábase Carriazoy Avendaño se estaba quedo; el cualpor salir con su intencióncon escusa de preguntar por unos caballeros deBurgos que iban a la ciudad de Sevillase entró hasta el patio de la posada;yapenas hubo entradocuando de una sala que en el patio estaba vio salir unamozaal parecer de quince añospoco más o menosvestida como labradoraconuna vela encendida en un candelero.

No puso Avendaño los ojos en el vestido y traje de la mozasino en surostroque le parecía ver en él los que suelen pintar de los ángeles. Quedósuspenso y atónito de su hermosuray no acertó a preguntarle nada: tal era sususpensión y embelesamiento. La mozaviendo aquel hombre delante de síledijo:

-¿Qué buscahermano? ¿Es por ventura criado de alguno de los huéspedesde casa?

-No soy criado de ningunosino vuestro -respondió Avendañotodo lleno deturbación y sobresalto.

La mozaque de aquel modo se vio responderdijo:

-Vayahermanonorabuenaque las que servimos no hemos menester criados.

Yllamando a su señorle dijo:

-Mireseñorlo que busca este mancebo.

Salió su amo y preguntóle qué buscaba. Él respondió que a unoscaballeros de Burgos que iban a Sevillauno de los cuales era su señorelcual le había enviado delante por Alcalá de Henaresdonde había de hacer unnegocio que les importaba; y que junto con esto le mandó que se viniese aToledo y le esperase en la posada del Sevillanodonde vendría a apearse; y quepensaba que llegaría aquella noche o otro día a más tardar. Tan buen colordio Avendaño a su mentiraque a la cuenta del huésped pasó por verdadpuesle dijo:

-Quédeseamigoen la posadaque aquí podrá esperar a su señor hastaque venga.

-Muchas mercedesseñor huésped -respondió Avendaño-; y mande vuesamerced que se me dé un aposento para mí y un compañero que viene conmigoqueestá allí fueraque dineros traemos para pagarlo tan bien como otro.

-En buen hora -respondió el huésped.

Yvolviéndose a la mozadijo:

-Costancicadi a Argüello que lleve a estos galanes al aposento del rincóny que les eche sábanas limpias.

-Sí haréseñor -respondió Costanzaque así se llamaba la doncella.

Yhaciendo una reverencia a su amose les quitó delantecuya ausencia fuepara Avendaño lo que suele ser al caminante ponerse el sol y sobrevenir lanoche lóbrega y escura. Con todo estosalió a dar cuenta a Carriazo de lo quehabía visto y de lo que dejaba negociado; el cual por mil señales conociócómo su amigo venía herido de la amorosa pestilencia; pero no le quiso decirnada por entonceshasta ver si lo merecía la causa de quien nacían lasextraordinarias alabanzas y grandes hipérboles con que la belleza de Costanzasobre los mismos cielos levantaba.

Entraronen finen la posaday la Argüelloque era una mujer de hastacuarenta y cinco añossuperintendente de las camas y aderezo de los aposentoslos llevó a uno que ni era de caballeros ni de criadossino de gente quepodía hacer medio entre los dos estremos. Pidieron de cenar; respondiólesArgüello que en aquella posada no daban de comer a nadiepuesto que guisaban yaderezaban lo que los huéspedes traían de fuera comprado; pero que bodegones ycasas de estado había cercadonde sin escrúpulo de conciencia podían ir acenar lo que quisiesen.

Tomaron los dos el consejo de Argüelloy dieron con sus cuerpos en unbodegodonde Carriazo cenó lo que le dieron y Avendaño lo que con élllevaba: que fueron pensamientos e imaginaciones. Lo poco o nada que Avendañocomía admiraba mucho a Carriazo. Por enterarse del todo de los pensamientos desu amigoal volverse a la posadale dijo:

-Conviene que mañana madruguemosporque antes que entre la calor estemos yaen Orgaz.

-No estoy en eso -respondió Avendaño-porque pienso antes que desta ciudadme parta ver lo que dicen que hay famoso en ellacomo es el Sagrarioelartificio de Juanelolas Vistillas de San Agustínla Huerta del Rey y laVega.

-Norabuena -respondió Carriazo-: eso en dos días se podrá ver.

-En verdad que lo he de tomar de espacioque no vamos a Roma a alcanzaralguna vacante.

-¡Tata! -replicó Carriazo-. A mí me matenamigosi no estáis vos conmás deseo de quedaros en Toledo que de seguir nuestra comenzada romería.

-Así es la verdad -respondió Avendaño-; y tan imposible será apartarme dever el rostro desta doncellacomo no es posible ir al cielo sin buenas obras.

-¡Gallardo encarecimiento -dijo Carriazo- y determinación digna de un tangeneroso pecho como el vuestro! ¡Bien cuadra un don Tomás de Avendañohijode don Juan de Avendaño (caballerolo que es bueno; ricolo que basta; mozolo que alegra; discretolo que admira)con enamorado y perdido por una fregonaque sirve en el mesón del Sevillano!

-Lo mismo me parece a mí que es -respondió Avendaño- considerar un donDiego de Carriazohijo del mismocaballero del hábito de Alcántara el padrey el hijo a pique de heredarle con su mayorazgono menos gentil en el cuerpoque en el ánimoy con todos estos generosos atributosverle enamorado¿dequiénsi pensáis? ¿De la reina Ginebra? Nopor ciertosino de la almadrabade Zaharaque es más feaa lo que creoque un miedo de santo Antón.

-¡Pata es la traviesaamigo! -respondió Carriazo-; por los filos que teherí me has muerto; quédese aquí nuestra pendenciay vámonos a dormiryamanecerá Dios y medraremos.

-MiraCarriazohasta ahora no has visto a Costanza; en viéndolate doylicencia para que me digas todas las injurias o reprehensiones que quisieres.

-Ya sé yo en qué ha de parar esto -dijo Carriazo.

-¿En qué? -replicó Avendaño.

-En que yo me iré con mi almadrabay tú te quedarás con tu fregona -dijoCarriazo.

-No seré yo tan venturoso -dijo Avendaño.

-Ni yo tan necio -respondió Carriazo- quepor seguir tu mal gustodeje deconseguir el bueno mío.

En estas pláticas llegaron a la posaday aun se les pasó en otrassemejantes la mitad de la noche. Yhabiendo dormidoa su parecerpoco más deuna horalos despertó el son de muchas chirimías que en la calle sonaban.Sentáronse en la cama y estuvieron atentosy dijo Carriazo:

-Apostaré que es ya de día y que debe de hacerse alguna fiesta en unmonasterio de Nuestra Señora del Carmen que esta aquí cercay por eso tocanestas chirimías.

-No es eso -respondió Avendaño-porque no ha tanto que dormimos que puedaser ya de día.

Estando en estosintieron llamar a la puerta de su aposentoypreguntandoquién llamabarespondieron de fuera diciendo:

-Mancebossi queréis oír una brava músicalevantaos y asomaos a una rejaque sale a la calleque está en aquella sala fronteraque no hay nadie enella.

Levantáronse los dosy cuando abrieron no hallaron persona ni supieronquién les había dado el aviso; masporque oyeron el son de una arpacreyeronser verdad la música; y así en camisacomo se hallaronse fueron a la saladonde ya estaban otros tres o cuatro huéspedes puestos a las rejas; hallaronlugary de allí a pocoal son de la arpa y de una vihuelacon maravillosavozoyeron cantar este sonetoque no se le pasó de la memoria a Avendaño:

 

Rarohumilde sujetoque levantas

 

a tan excelsa cumbre la belleza

 

que en ella se excedió naturaleza

 

a sí mismay al cielo la adelantas;

 

si hablaso si ríeso si cantas

 

si muestras mansedumbre o aspereza

 

(efeto sólo de tu gentileza)

 

las potencias del alma nos encantas.

 

Para que pueda ser más conocida

 

la sin par hermosura que contienes

 

y la alta honestidad de que blasonas

 

deja el servirpues debes ser servida

 

de cuantos veen sus manos y sus sienes

 

resplandecer por cetros y coronas.

No fue menester que nadie les dijese a los dos que aquella música se dabapor Costanzapues bien claro lo había descubierto el sonetoque sonó de talmanera en los oídos de Avendañoque diera por bien empleadopor no haberleoídohaber nacido sordo y estarlo todos los días de la vida que le quedabaacausa que desde aquel punto la comenzó a tener tan mala como quien se hallótraspasado el corazón de la rigurosa lanza de los celos. Y era lo peor que nosabía de quién debía o podía tenerlos. Pero presto le sacó deste cuidadouno de los que a la reja estabandiciendo:

-¡Que tan simple sea este hijo del corregidorque se ande dando músicas auna fregona...! Verdad es que ella es de las más hermosas muchachas que yo hevistoy he visto muchas; mas no por esto había de solicitarla con tantapublicidad.

A lo cual añadió otro de los de la reja:

-Pues en verdad que he oído yo decir por cosa muy cierta que así hace ellacuenta dél como si no fuese nadie: apostaré que se está ella agora durmiendoa sueño suelto detrás de la cama de su amadonde dicen que duermesinacordársele de músicas ni canciones.

-Así es la verdad -replicó el otro-porque es la más honesta doncella quese sabe; y es maravilla quecon estar en esta casa de tanto tráfago y dondehay cada día gente nuevay andar por todos los aposentosno se sabe della elmenor desmán del mundo.

Con esto que oyóAvendaño tornó a revivir y a cobrar aliento para poderescuchar otras muchas cosasque al son de diversos instrumentos los músicoscantarontodas encaminadas a Costanzala cualcomo dijo el huéspedseestaba durmiendo sin ningún cuidado.

Por venir el díase fueron los músicosdespidiéndose con las chirimías.Avendaño y Carriazo se volvieron a su aposentodonde durmió el que pudo hastala mañanala cual venidase levantaron los dosentrambos con deseo de ver aCostanza; pero el deseo del uno era deseo curiosoy el del otro deseoenamorado. Pero a entrambos se los cumplió Costanzasaliendo de la sala de suamo tan hermosaque a los dos les pareció que todas cuantas alabanzas lehabía dado el mozo de mulas eran cortas y de ningún encarecimiento.

Su vestido era una saya y corpiños de paño verdecon unos ribetes delmismo paño. Los corpiños eran bajospero la camisa altaplegado el cuellocon un cabezón labrado de seda negrapuesta una gargantilla de estrellas deazabache sobre un pedazo de una coluna de alabastroque no era menos blanca sugarganta; ceñida con un cordón de San Franciscoy de una cinta pendienteallado derechoun gran manojo de llaves. No traía chinelassino zapatos de dossuelascoloradoscon unas calzas que no se le parecían sino cuanto por unperfil mostraban también ser coloradas. Traía tranzados los cabellos con unascintas blancas de hiladillo; pero tan largo el tranzadoque por las espaldas lepasaba de la cintura; el color salía de castaño y tocaba en rubio; peroalparecertan limpiotan igual y tan peinadoque ningunoaunque fuera dehebras de orose le pudiera comparar. Pendíanle de las orejas dos calabacillasde vidrio que parecían perlas; los mismos cabellos le servían de garbín y detocas.

Cuando salió de la sala se persignó y santiguóy con mucha devoción ysosiego hizo una profunda reverencia a una imagen de Nuestra Señora que en unade las paredes del patio estaba colgada; yalzando los ojosvio a los dosquemirándola estabanyapenas los hubo vistocuando se retiró y volvió aentrar en la saladesde la cual dio voces a Argüello que se levantase.

Resta ahora por decir qué es lo que le pareció a Carriazo de la hermosurade Costanzaque de lo que le pareció a Avendaño ya está dichocuando la viola vez primera. No digo mássino que a Carriazo le pareció tan bien como a sucompañeropero enamoróle mucho menos; y tan menosque quisiera no anocheceren la posadasino partirse luego para sus almadrabas.

En estoa las voces de Costanza salió a los corredores la Argüelloconotras dos mocetonastambién criadas de casade quien se dice que erangallegas; y el haber tantas lo requería la mucha gente que acude a la posadadel Sevillanoque es una de las mejores y más frecuentadas que hay en Toledo.Acudieron también los mozos de los huéspedes a pedir cebada; salió elhuésped de casa a dárselamaldiciendo a sus mozasque por ellas se le habíaido un mozo que la solía dar con muy buena cuenta y razónsin que le hubiesehecho menosa su parecerun solo grano. Avendañoque oyó estodijo:

-No se fatigueseñor huéspeddéme el libro de la cuentaque los díasque hubiere de estar aquí yo la tendré tan buena en dar la cebada y paja quepidierenque no eche menos al mozo que dice que se le ha ido.

-En verdad que os lo agradezcamancebo -respondió el huésped-porque yono puedo atender a estoque tengo otras muchas cosas a que acudir fuera decasa. Bajad; daros he el libroy mirad que estos mozos de mulas son el mismodiablo y hacen trampantojos un celemín de cebada con menos conciencia que sifuese de paja.

Bajó al patio Avendaño y entregóse en el libroy comenzó a despacharcelemines como aguay a asentarlos por tan buena orden que el huéspedque loestaba mirandoquedó contento; y tantoque dijo:

-Pluguiese a Dios que vuestro amo no viniese y que a vos os diese gana dequedaros en casaque a fe que otro gallo os cantaseporque el mozo que se mefue vino a mi casahabrá ocho mesesroto y flacoy ahora lleva dos pares devestidos muy buenos y va gordo como una nutria. Porque quiero que sepáishijoque en esta casa hay muchos provechosamén de los salarios.

-Si yo me quedase -replicó Avendaño- no repararía mucho en la ganancia;que con cualquiera cosa me contentaría a trueco de estar en esta ciudadque medicen que es la mejor de España.

-A lo menos -respondió el huésped- es de las mejores y más abundantes quehay en ella; mas otra cosa nos falta ahoraque es buscar quien vaya por agua alrío; que también se me fue otro mozo quecon un asno que tengo famosometenía rebosando las tinajas y hecha un lago de agua la casa. Y una de lascausas por que los mozos de mulas se huelgan de traer sus amos a mi posada espor la abundancia de agua que hallan siempre en ella; porque no llevan su ganadoal ríosino dentro de casa beben las cabalgaduras en grandes barreños.

Todo esto estaba oyendo Carriazo; el cualviendo que ya Avendaño estabaacomodado y con oficio en casano quiso él quedarse a buenas noches; y másque consideró el gran gusto que haría a Avendaño si le seguía el humor; yasídijo al huésped:

-Venga el asnoseñor huéspedque tan bien sabré yo cinchalle y cargallecomo sabe mi compañero asentar en el libro su mercancía.

-Sí -dijo Avendaño-mi compañero Lope Asturiano servirá de traer aguacomo un príncipey yo le fío.

La Argüelloque estaba atenta desde el corredor a todas estas pláticasoyendo decir a Avendaño que él fiaba a su compañerodijo:

-Dígamegentilhombre¿y quién le ha de fiar a él? Que en verdad que meparece que más necesidad tiene de ser fiado que de ser fiador.

-CallaArgüello -dijo el huésped-no te metas donde no te llaman; yo losfío a entrambosypor vida de vosotrasque no tengáis dares ni tomares conlos mozos de casaque por vosotras se me van todos.

-Pues qué -dijo otra moza-¿ya se quedan en casa estos mancebos? Para misantiguadaque si yo fuera camino con ellosque nunca les fiara la bota.

-Déjese de chocarreríasseñora Gallega -respondió el huésped-y hagasu hacienday no se entremeta con los mozosque la moleré a palos.

-¡Por ciertosí! -replicó la Gallega-. ¡Mirad qué joyas paracodiciallas! Pues en verdad que no me ha hallado el señor mi amo tan juguetonacon los mozos de la casani de fuerapara tenerme en la mala piñón que metiene: ellos son bellacos y se van cuando se les antojasin que nosotras lesdemos ocasión alguna. ¡Bonica gente es ellapor ciertopara tener necesidadde apetites que les inciten a dar un madrugón a sus amos cuando menos sepercatan!

-Mucho habláisGallega hermana -respondió su amo-; punto en bocayatended a lo que tenéis a vuestro cargo.

Ya en esto tenía Carriazo enjaezado el asno; ysubiendo en él de unbrincose encaminó al ríodejando a Avendaño muy alegre de haber visto sugallarda resolución.

He aquí: tenemos ya -en buena hora se cuente- a Avendaño hecho mozo delmesóncon nombre de Tomás Pedroque así dijo que se llamabay a Carriazocon el de Lope Asturianohecho aguador: transformaciones dignas de anteponersea las del narigudo poeta.

A malas penas acabó de entender la Argüello que los dos se quedaban encasacuando hizo designio sobre el Asturianoy le marcó por suyodeterminándose a regalarle de suerte queaunque él fuese de condiciónesquiva y retiradale volviese más blando que un guante. El mismo discursohizo la Gallega melindrosa sobre Avendaño; ycomo las dospor trato yconversacióny por dormir juntasfuesen grandes amigasal punto declaró launa a la otra su determinación amorosay desde aquella noche determinaron dedar principio a la conquista de sus dos desapasionados amantes. Pero lo primeroque advirtieron fue en que les habían de pedir que no las habían de pedircelos por cosas que las viesen hacer de sus personasporque mal pueden regalarlas mozas a los de dentro si no hacen tributarios a los de fuera de casa.''Calladhermanos -decían ellas (como si los tuvieran presentes y fueran yasus verdaderos mancebos o amancebados)-; callad y tapaos los ojosy dejad tocarel pandero a quien sabe y que guíe la danza quien la entiendey no habrá parde canónigos en esta ciudad más regalados que vosotros lo seréis destastributarias vuestras''.

Estas y otras razones desta sustancia y jaez dijeron la Gallega y laArgüello; yen tantocaminaba nuestro buen Lope Asturiano la vuelta del ríopor la cuesta del Carmenpuestos los pensamientos en sus almadrabas y en lasúbita mutación de su estado. O ya fuese por estoo porque la suerte así loordenaseen un paso estrechoal bajar de la cuestaencontró con un asno deun aguador que subía cargado; ycomo él descendía y su asno era gallardobien dispuesto y poco trabajadotal encuentro dio al cansado y flaco quesubíaque dio con él en el suelo; ypor haberse quebrado los cántarossederramó también el aguapor cuya desgracia el aguador antiguodespechado ylleno de cóleraarremetió al aguador modernoque aún se estaba caballero;yantes que se desenvolviese y [hubiese] apeadole había pegado y asentadouna docena de palos talesque no le supieron bien al Asturiano.

Apeóseen fin; pero con tan malas entrañasque arremetió a su enemigoyasiéndole con ambas manos por la gargantadio con él en el suelo; y talgolpe dio con la cabeza sobre una piedraque se la abrió por dos partessaliendo tanta sangre que pensó que le había muerto.

Otros muchos aguadores que allí veníancomo vieron a su compañero tanmalparadoarremetieron a Lopey tuviéronle asido fuertementegritando:

-¡Justiciajusticia; que este aguador ha muerto a un hombre!

Ya vuelta destas razones y gritosle molían a mojicones y a palos. Otrosacudieron al caídoy vieron que tenía hendida la cabeza y que casi estabaespirando. Subieron las voces de boca en boca por la cuesta arribay en laplaza del Carmen dieron en los oídos de un alguacil; el cualcon doscorchetescon más ligereza que si volarase puso en el lugar de la pendenciaa tiempo que ya el herido estaba atravesado sobre su asnoy el de Lope asidoyLope rodeado de más de veinte aguadoresque no le dejaban rodearantes lebrumaban las costillas de manera que más se pudiera temer de su vida que de ladel heridosegún menudeaban sobre él los puños y las varas aquellosvengadores de la ajena injuria.

Llegó el alguacilapartó la genteentregó a sus corchetes al Asturianoy antecogiendo a su asno y al herido sobre el suyodio con ellos en la cárcelacompañado de tanta gente y de tantos muchachos que le seguíanque apenaspodía hender por las calles.

Al rumor de la gentesalió Tomás Pedro y su amo a la puerta de casaa verde qué procedía tanta gritay descubrieron a Lope entre los dos corcheteslleno de sangre el rostro y la boca; miró luego por su asno el huéspedyviole en poder de otro corchete que ya se les había juntado. Preguntó la causade aquellas prisiones; fuele respondida la verdad del suceso; pesóle por suasnotemiendo que le había [de perder]o a lo menos hacer más costas porcobrarle que él valía.

Tomás Pedro siguió a su compañerosin que le dejasen llegar a hablarleuna palabra: tanta era la gente que lo impedíay el recato de los corchetes ydel alguacil que le llevaba. Finalmenteno le dejó hasta verle poner en lacárcely en un calabozocon dos pares de grillosy al herido en laenfermeríadonde se halló a verle curary vio que la herida era peligrosaymuchoy lo mismo dijo el cirujano.

El alguacil se llevó a su casa los dos asnosy más cinco reales de a ochoque los corchetes habían quitado a Lope.

Volvióse a la posada lleno de confusión y de tristeza; halló al que yatenía por amo con no menos pesadumbre que él traíaa quien dijo de la maneraque quedaba su compañeroy del peligro de muerte en que estaba el heridoydel suceso de su asno. Díjole más: que a su desgracia se le había añadidootra de no menor fastidio; y era que un grande amigo de su señor le habíaencontrado en el caminoy le había dicho que su señorpor ir muy de priesa yahorrar dos leguas de caminodesde Madrid había pasado por la barca de Azecay que aquella noche dormía en Orgaz; y que le había dado doce escudos que lediesecon orden de que se fuese a Sevilladonde le esperaba.

-Pero no puede ser así -añadió Tomás-pues no será razón que yo deje ami amigo y camarada en la cárcel y en tanto peligro. Mi amo me podrá perdonarpor ahora; cuanto másque él es tan bueno y honradoque dará por biencualquier falta que le hicierea trueco que no la haga a mi camarada. Vuesamercedseñor amome la haga de tomar este dinero y acudir a este negocio; yen tanto que esto se gastayo escribiré a mi señor lo que pasay sé que meenviará dineros que basten a sacarnos de cualquier peligro.

Abrió los ojos de un palmo el huéspedalegre de ver queen parteibasaneando la pérdida de su asno. Tomó el dinero y consoló a Tomásdiciéndole que él tenía personas en Toledo de tal calidadque valían muchocon la justicia: especialmente una señora monjaparienta del Corregidorquele mandaba con el pie; y que una lavandera del monasterio de la tal monja teníauna hija que era grandísima amiga de una hermana de un fraile muy familiar yconocido del confesor de la dicha monjala cual lavandera lavaba la ropa encasa. ''Ycomo ésta pida a su hijaque sí pediráhable a la hermana delfraile que hable a su hermano que hable al confesory el confesor a la monja yla monja guste de dar un billete (que será cosa fácil) para el corregidordonde le pida encarecidamente mire por el negocio de Tomássin duda alguna sepodrá esperar buen suceso. Y esto ha de ser con tal que el aguador no mueraycon que no falte ungüento para untar a todos los ministros de la justiciaporque si no están untadosgruñen más que carretas de bueyes''.

En gracia le cayó a Tomás los ofrecimientos del favor que su amo le habíahechoy los infinitos y revueltos arcaduces por donde le había derivado; yaunque conoció que antes lo había dicho de socarrón que de inocentecon todoesole agradeció su buen ánimo y le entregó el dinerocon promesa que nofaltaría mucho mássegún él tenía la confianza en su señorcomo ya lehabía dicho.

La Argüelloque vio atraillado a su nuevo cuyoacudió luego a la cárcela llevarle de comer; mas no se le dejaron verde que ella volvió muy sentida ymalcontenta; pero no por esto disistió de su buen propósito.

En resolucióndentro de quince días estuvo fuera de peligro el heridoy alos veinte declaró el cirujano que estaba del todo sano; y ya en este tiempohabía dado traza Tomás cómo le viniesen cincuenta escudos de Sevillaysacándolos él de su senose los entregó al huésped con cartas y cédulafingida de su amo; ycomo al huésped le iba poco en averiguar la verdad deaquella correspondenciacogía el dineroque por ser en escudos de oro lealegraba mucho.

Por seis ducados se apartó de la querella el herido; en diezy en el asno ylas costassentenciaron al Asturiano. Salió de la cárcelpero no quisovolver a estar con su compañerodándole por disculpa que en los días quehabía estado preso le había visitado la Argüello y requerídole de amores:cosa para él de tanta molestia y enfadoque antes se dejara ahorcar quecorresponder con el deseo de tan mala hembra; que lo que pensaba hacer erayaque él estaba determinado de seguir y pasar adelante con su propósitocomprarun asno y usar el oficio de aguador en tanto que estuviesen en Toledo; queconaquella cubiertano sería juzgado ni preso por vagamundoy quecon sola unacarga de aguase podía andar todo el día por la ciudad a sus anchurasmirando bobas.

-Antes mirarás hermosas que bobas en esta ciudadque tiene fama de tenerlas más discretas mujeres de Españay que andan a una su discreción con suhermosura; y si nomíralo por Costancicade cuyas sobras de belleza puedeenriquecer no sólo a las hermosas desta ciudadsino a las de todo el mundo.

-Pasoseñor Tomás -replicó Lope-: vámonos poquito a poquito en esto delas alabanzas de la señora fregonasi no quiere quecomo le tengo por locole tenga por hereje.

-¿Fregona has llamado a Costanzahermano Lope? -respondió Tomás-. Dios telo perdone y te traiga a verdadero conocimiento de tu yerro.

-Pues ¿no es fregona? -replicó el Asturiano.

-Hasta ahora le tengo por ver fregar el primer plato.

-No importa -dijo Lope- no haberle visto fregar el primer platosi le hasvisto fregar el segundo y aun el centésimo.

-Yo te digohermano -replicó Tomás-que ella no friega ni entiende enotra cosa que en su labory en ser guarda de la plata labrada que hay en casaque es mucha.

-Pues ¿cómo la llaman por toda la ciudad -dijo Lope- la fregona ilustresi es que no friega? Mas sin duda debe de ser quecomo friega platay no lozala dan nombre de ilustre. Perodejando esto apartedimeTomás: ¿enqué estado están tus esperanzas?

-En el de perdición -respondió Tomás-porqueen todos estos días quehas estado presonunca la he podido hablar una palabraya muchas que loshuéspedes le dicencon ninguna otra cosa responde que con bajar los ojos y nodesplegar los labios; tal es su honestidad y su recatoque no menos enamora consu recogimiento que con su hermosura. Lo que me trae alcanzado de paciencia essaber que el hijo del corregidorque es mozo brioso y algo atrevidomuere porella y la solicita con músicas; que pocas noches se pasan sin dárselay tanal descubiertoque en lo que cantan la nombranla alaban y la solenizan. Peroella no las oyeni desde que anochece hasta la mañana no sale del aposento desu amaescudo que no deja que me pase el corazón la dura saeta de los celos.

-Pues ¿qué piensas hacer con el imposible que se te ofrece en la conquistadesta Porciadesta Minerva y desta nueva Penélopeque en figura de doncella yde fregona te enamorate acobarda y te desvanece?

-Haz la burla que de mí quisieresamigo Lopeque yo sé que estoyenamorado del más hermoso rostro que pudo formar naturalezay de la másincomparable honestidad que ahora se puede usar en el mundo. Costanza se llamay no PorciaMinerva o Penélope; en un mesón sirveque no lo puedo negarpero¿qué puedo yo hacersi me parece que el destino con oculta fuerza meinclinay la elección con claro discurso me mueve a que la adore? Miraamigo:no sé cómo te diga -prosiguió Tomás- de la manera con que amor el bajosujeto desta fregonaque tú llamasme le encumbra y levanta tan altoqueviéndole no le veay conociéndole le desconozca. No es posible queaunque loprocuropueda un breve término contemplarsi así se puede deciren labajeza de su estadoporque luego acuden a borrarme este pensamiento su bellezasu donairesu sosiegosu honestidad y recogimientoy me dan a entender quedebajo de aquella rústica cortezadebe de estar encerrada y escondida algunamina de gran valor y de merecimiento grande. Finalmentesea lo que se fuereyola quiero bien; y no con aquel amor vulgar con que a otras he queridosino conamor tan limpioque no se estiende a más que a servir y a procurar que ella mequierapagándome con honesta voluntad lo que a la míatambién honestasedebe.

A este puntodio una gran voz el Asturiano ycomo exclamandodijo:

-¡Oh amor platónico! ¡Oh fregona ilustre! ¡Oh felicísimos tiempos losnuestrosdonde vemos que la belleza enamora sin maliciala honestidad enciendesin que abraseel donaire da gusto sin que incitela bajeza del estado humildeobliga y fuerza a que le suban sobre la rueda de la que llaman Fortuna! ¡Ohpobres atunes míosque os pasáis este año sin ser visitados deste tanenamorado y aficionado vuestro! Pero el que viene yo haré la enmiendademanera que no se quejen de mí los mayorales de las mis deseadas almadrabas.

A esto dijo Tomás:

-Ya veoAsturianocuán al descubierto te burlas de mí. Lo que podíashacer es irte norabuena a tu pesqueríaque yo me quedaré en mi cazay aquíme hallarás a la vuelta. Si quisieres llevarte contigo el dinero que te tocaluego te lo daré; y ve en pazy cada uno siga la senda por donde su destino leguiare.

-Por más discreto te tenía -replicó Lope-; y ¿tú no vees que lo que digoes burlando? Peroya que sé que tú hablas de verasde veras te serviré entodo aquello que fuere de tu gusto. Una cosa sola te pidoen recompensa de lasmuchas que pienso hacer en tu servicio: y es que no me pongas en ocasión de quela Argüello me requiebre ni solicite; porque antes romperé con tu amistad queponerme a peligro de tener la suya. Vive Diosamigoque habla más que unrelator y que le huele el aliento a rasuras desde una legua: todos los dientesde arriba son postizosy tengo para mí que los cabellos son cabellera; yparaadobar y suplir estas faltasdespués que me descubrió su mal pensamientohadado en afeitarse con albayaldey así se jalbega el rostroque no parece sinomascarón de yeso puro.

-Todo eso es verdad -replicó Tomás-y no es tan mala la Gallega que a míme martiriza. Lo que se podrá hacer es que esta noche sola estés en la posaday mañana comprarás el asno que dices y buscarás dónde estar; y así huiráslos encuentros de Argüello[y yo quedaré] sujeto a los de la Gallega y a losirreparables de los rayos de la vista de mi Costanza.

En esto se convinieron los dos amigos y se fueron a la posadaadonde de laArgüello fue con muestras de mucho amor recebido el Asturiano. Aquella nochehubo un baile a la puerta de la posadade muchos mozos de mulas que en ella yen las convecinas había. El que tocó la guitarra fue el Asturiano; lasbailadorasamén de las dos gallegas y de la Argüellofueron otras tres mozasde otra posada. Juntáronse muchos embozadoscon más deseo de ver a Costanzaque el bailepero ella no pareció ni salió a verlecon que dejó burladosmuchos deseos.

De tal manera tocaba la guitarra Lopeque decían que la hacía hablar.Pidiéronle las mozasy con más ahínco la Argüelloque cantase algúnromance; él dijo quecomo ellas le bailasen al modo como se canta y baila enlas comediasque le cantaríay quepara que no lo errasenque hiciesen todoaquello que él dijese cantando y no otra cosa.

Había entre los mozos de mulas bailarinesy entre las mozas ni más nimenos. Mondó el pecho Lopeescupiendo dos vecesen el cual tiempo pensó loque diría; ycomo era de prestofácil y lindo ingeniocon una felicísimacorrientede improviso comenzó a cantar desta manera:

 

Salga la hermosa Argüello

 

moza una vezy no más;

 

yhaciendo una reverencia

 

dé dos pasos hacia trás.

 

De la mano la arrebate

 

el que llaman Barrabás:

 

andaluz mozo de mulas

 

canónigo del Compás.

 

De las dos mozas gallegas

 

que en esta posada están

 

salga la más carigorda

 

en cuerpo y sin devantal.

 

Engarráfela Torote

 

y todos cuatro a la par

 

con mudanzas y meneos

 

den principio a un contrapás.

Todo lo que iba cantando el Asturiano hicieron al pie de la letra ellos yellas; mascuando llegó a decir que diesen principio a un contrapásrespondió Barrabásque así le llamaban por mal nombre al bailarín mozo demulas:

-Hermano músicomire lo que canta y no moteje a naide de mal vestidoporque aquí no hay naide con traposy cada uno se viste como Dios le ayuda.

El huéspedque oyó la ignorancia del mozole dijo:

-Hermano mozocontrapás es un baile extranjeroy no motejo de malvestidos.

-Si eso es -replicó el mozo-no hay para qué nos metan en dibujos: toquensus zarabandaschaconas y folías al usoy escudillen como quisierenqueaquí hay presonas que les sabrán llenar las medidas hasta el gollete.

El Asturianosin replicar palabraprosiguió su canto diciendo:

 

Entrenpuestodas las ninfas

 

y los ninfos que han de entrar

 

que el baile de la chacona

 

es más ancho que la mar.

 

Requieran las castañetas

 

y bájense a refregar

 

las manos por esa arena

 

o tierra del muladar.

 

Todos lo han hecho muy bien

 

no tengo qué les rectar;

 

santígüensey den al diablo

 

dos higas de su higueral.

 

Escupan al hideputa

 

por que nos deje holgar

 

puesto que de la chacona

 

nunca se suele apartar.

 

Cambio el sondivina Argüello

 

más bella que un hospital;

 

pues eres mi nueva musa

 

tu favor me quieras dar.

 

El baile de la chacona

 

encierra la vida bona.

  
 

Hállase allí el ejercicio

 

que la salud acomoda

 

sacudiendo de los miembros

 

a la pereza poltrona.

 

Bulle la risa en el pecho

 

de quien baila y de quien toca

 

del que mira y del que escucha

 

baile y música sonora.

 

Vierten azogue los pies

 

derrítese la persona

 

y con gusto de sus dueños

 

las mulillas se descorchan.

 

El brío y la ligereza

 

en los viejos se remoza

 

y en los mancebos se ensalza

 

y sobremodo se entona.

 

Que el baile de la chacona

 

encierra la vida bona.

  
 

¡Qué de veces ha intentado

 

aquesta noble señora

 

con la alegre zarabanda

 

el pésame y perra mora

 

entrarse por los resquicios

 

de las casas religiosas

 

a inquietar la honestidad

 

que en las santas celdas mora!

 

¡Cuántas fue vituperada

 

de los mismos que la adoran!

 

Porque imagina el lascivo

 

y al que es necio se le antoja

 

que el baile de chacona

 

encierra la vida bona.

  
 

Esta indiana amulatada

 

de quien la fama pregona

 

que ha hecho más sacrilegios

 

e insultos que hizo Aroba;

 

éstaa quien es tributaria

 

la turba de las fregonas

 

la caterva de los pajes

 

y de lacayos las tropas

 

dicejura y no revienta

 

quea pesar de la persona

 

del soberbio zambapalo

 

ella es la flor de la olla

 

y que sola la chacona

 

encierra la vida bona.

En tanto que Lope cantabase hacían rajas bailando la turbamulta de losmulantes y fregatrices del baileque llegaban a doce; yen tanto que Lope seacomodaba a pasar adelante cantando otras cosas de más tomosustancia yconsideración de las cantadasuno de los muchos embozados que el baile mirabandijosin quitarse el embozo:

-¡Callaborracho! ¡Callacuero! ¡Callaodrinapoeta de viejomúsicofalso!

Tras estoacudieron otrosdiciéndole tantas injurias y muecasque Lopetuvo por bien de callar; pero los mozos de mulas lo tuvieron tan malque si nofuera por el huéspedque con buenas razones los sosegóallí fuera la deMazagatos; y aun con todo esono dejaran de menear las manos si a aquelinstante no llegara la justicia y los hiciera recoger a todos.

Apenas se habían retiradocuando llegó a los oídos de todos los que en elbarrio despiertos estaban una voz de un hombre quesentado sobre una piedrafrontero de la posada del Sevillanocantaba con tan maravillosa y suavearmoníaque los dejó suspensos y les obligó a que le escuchasen hasta elfin. Pero el que más atento estuvo fue Tomás Pedrocomo aquel a quien más letocabano sólo el oír la músicasino entender la letraque para él no fueoír cancionessino cartas de excomunión que le acongojaban el alma; porque loque el músico cantó fue este romance:

 

¿Dónde estásque no pareces

 

esfera de la hermosura

 

belleza a la vida humana

 

de divina compostura?

 

Cielo impíreodonde amor

 

tiene su estancia segura;

 

primer mobleque arrebata

 

tras sí todas las venturas;

 

lugar cristalinodonde

 

transparentes aguas puras

 

enfrían de amor las llamas

 

las acrecientan y apuran;

 

nuevo hermoso firmamento

 

donde dos estrellas juntas

 

sin tomar la luz prestada

 

al cielo y al suelo alumbran;

 

alegría que se opone

 

a las tristezas confusas

 

del padre que da a sus hijos

 

en su vientre sepultura;

 

humildad que se resiste

 

de la alteza con que encumbran

 

el gran Jovea quien influye

 

su benignidadque es mucha.

 

Red invisible y sutil

 

que pone en prisiones duras

 

al adúltero guerrero

 

que de las batallas triunfa;

 

cuarto cielo y sol segundo

 

que el primero deja a escuras

 

cuando acaso deja verse:

 

que el verle es caso y ventura;

 

grave embajadorque hablas

 

con tan estraña cordura

 

que persuades callando

 

aún más de lo que procuras;

 

del segundo cielo tienes

 

no más que la hermosura

 

y del primerono más

 

que el resplandor de la luna;

 

esta esfera soisCostanza

 

puestapor corta fortuna

 

en lugar quepor indigno

 

vuestras venturas deslumbra.

 

Fabricad vos vuestra suerte

 

consintiendo se reduzga

 

la entereza a trato al uso

 

la esquividad a blandura.

 

Con esto veréisseñora

 

que envidian vuestra fortuna

 

las soberbias por linaje;

 

las grandes por hermosura.

 

Si queréis ahorrar camino

 

la más rica y la más pura

 

voluntad en mí os ofrezco

 

que vio amor en alma alguna.

El acabar estos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fuetodo uno; quesi como dieron junto a los pies del músico le dieran en mitad dela cabezacon facilidad le sacaran de los cascos la música y la poesía.Asombróse el pobrey dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta priesaque no le alcanzara un galgo. ¡Infelice estado de los músicosmurciégalos ylechuzossiempre sujetos a semejantes lluvias y desmanes!

A todos los que escuchado habían la voz del apedreadoles pareció bien;pero a quien mejorfue a Tomás Pedroque admiró la voz y el romance; masquisiera él que de otra que Costanza naciera la ocasión de tantas músicaspuesto que a sus oídos jamás llegó ninguna. Contrario deste parecer fueBarrabásel mozo de mulasque también estuvo atento a la música; porqueasí como vio huir al músicodijo:

-¡Allá irásmentecatotrovador de Judasque pulgas te coman los ojos! Y¿quién diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y decielosllamándola lunes y martesy de ruedas de Fortuna? Dijéraslanoramalapara ti y para quien le hubiere parecido bien tu trovaque es tiesa como unespárragoentonada como un plumajeblanca como una lechehonesta como unfraile noviciomelindrosa y zahareña como una mula de alquilery más duraque un pedazo de argamasa; quecomo esto le dijerasella lo entendiera y seholgara; pero llamarla embajadory redy mobley alteza y bajezamás espara decirlo a un niño de la dotrina que a una fregona. Verdaderamente que haypoetas en el mundo que escriben trovas que no hay diablo que las entienda. Yoalo menosaunque soy Barrabáséstas que ha cantado este músico de ningunamanera las entrevo: ¡miren qué hará Costancica! Pero ella lo hace mejor; quese está en su cama haciendo burla del mismo Preste Juan de las Indias. Estemúsicoa lo menosno es de los del hijo del Corregidorque aquéllos sonmuchosy una vez que otra se dejan entender; pero éste¡voto a tal que medeja mohíno!

Todos los que escucharon a Barrabás recibieron gran gustoy tuvieron sucensura y parecer por muy acertado.

Con estose acostaron todos; yapenas estaba sosegada la gentecuandosintió Lope que llamaban a la puerta de su aposento muy paso. Ypreguntandoquién llamabafuele respondido con voz baja:

-La Argüello y la Gallega somos: ábrannos que mos morimos de frío.

-Pues en verdad -respondió Lope- que estamos en la mitad de los caniculares.

-Déjate de graciasLope -replicó la Gallega-: levántate y abrequevenimos hechas unas archiduquesas.

-¿Archiduquesas y a tal hora? -respondió Lope-. No creo en ellas; antesentiendo que sois brujaso unas grandísimas bellacas: idos de ahí luego; sinopor vida de...hago juramento que si me levantoque con los hierros de mipretina os tengo de poner las posaderas como unas amapolas.

Ellasque se vieron responder tan acerbamentey tan fuera de aquello queprimero se imaginarontemieron la furia del Asturiano; ydefraudadas susesperanzas y borrados sus designiosse volvieron tristes y malaventuradas a suslechos; aunqueantes de apartarse de la puertadijo la Argüelloponiendo loshocicos por el agujero de la llave:

-No es la miel para la boca del asno.

Y con estocomo si hubiera dicho una gran sentencia y tomado una justavenganzase volviócomo se ha dichoa su triste cama.

Lopeque sintió que se habían vueltodijo a Tomás Pedroque estabadespierto:

-MiradTomás: ponedme vos a pelear con dos gigantesy en ocasión que mesea forzoso desquijarar por vuestro servicio media docena o una de leonesqueyo lo haré con más facilidad que beber una taza de vino; pero que me pongáisen necesidad que me tome a brazo partido con la Argüellono lo consentiré sime asaetean. ¡Mirad qué doncellas de Dinamarca nos había ofrecido la suerteesta noche! Ahora bienamanecerá Dios y medraremos.

-Ya te he dichoamigo -respondió Tomás-que puedes hacer tu gustoo yaen irte a tu romeríao ya en comprar el asno y hacerte aguadorcomo tienesdeterminado.

-En lo de ser aguador me afirmo -respondió Lope-. Y durmamos lo poco quequeda hasta venir el díaque tengo esta cabeza mayor que una cubay no estoypara ponerme ahora a departir contigo.

Durmiéronse; vino el díalevantáronsey acudió Tomás a dar cebada yLope se fue al mercado de las bestiasque es allí juntoa comprar un asno quefuese tal como bueno.

Sucediópuesque Tomásllevado de sus pensamientos y de la comodidad quele daba la soledad de las siestashabía compuesto en algunas unos versosamorosos y escrítolos en el mismo libro do tenía la cuenta de la cebadaconintención de sacarlos aparte en limpio y romper o borrar aquellas hojas. Peroantes que esto hicieseestando él fuera de casa y habiéndose dejado el librosobre el cajón de la cebadale tomó su amoyabriéndole para ver cómoestaba la cuentadio con los versosque leídos le turbaron y sobresaltaron.Fuese con ellos a su mujeryantes que se los leyesellamó a Costanza; ycon grandes encarecimientosmezclados con amenazasle dijo le dijese si TomásPedroel mozo de la cebadala había dicho algún requiebroo alguna palabradescompuesta o que diese indicio de tenerla afición. Costanza juró que laprimera palabraen aquella o en otra materia algunaestaba aún por hablarlay que jamásni aun con los ojosle había dado muestras de pensamiento maloalguno.

Creyéronla sus amospor estar acostumbrados a oírla siempre decir verdaden todo cuanto le preguntaban. Dijéronla que se fuese de allíy el huéspeddijo a su mujer:

-No sé qué me diga desto. Habréis de saberseñoraque Tomás tieneescritas en este libro de la cebada unas coplas que me ponen mala espina queestá enamorado de Costancica.

-Veamos las coplas -respondió la mujer-que yo os diré lo que en eso debede haber.

-Así serásin duda alguna -replicó su marido-; quecomo sois poetaluego daréis en su sentido.

-No soy poeta -respondió la mujer-pero ya sabéis vos que tengo buenentendimiento y que sé rezar en latín las cuatro oraciones.

-Mejor haríades de rezallas en romance: que ya os dijo vuestro tío elclérigo que decíades mil gazafatones cuando rezábades en latín y que norezábades nada.

-Esa flechade la ahijada de su sobrina ha salidoque está envidiosa deverme tomar las Horas de latín en la mano y irme por ellas como porviña vendimiada.

-Sea como vos quisiéredes -respondió el huésped-. Estad atentaque lascoplas son éstas:

 

¿Quién de amor venturas halla?

 

El que calla.

 

¿Quién triunfa de su aspereza?

 

La firmeza.

 

¿Quién da alcance a su alegría?

 

La porfía.

 

Dese modobien podría

 

esperar dichosa palma

 

si en esta empresa mi alma

 

callaestá firme y porfía.

  
 

¿Con quién se sustenta amor?

 

Con favor.

 

¿Y con qué mengua su furia?

 

Con la injuria.

 

¿Antes con desdenes crece?

 

Desfallece.

 

Claro en esto se parece

 

que mi amor será inmortal

 

pues la causa de mi mal

 

ni injuria ni favorece.

  
 

Quien desespera¿qué espera?

 

Muerte entera.

 

Pues¿qué muerte el mal remedia?

 

La que es media.

 

Luego¿bien será morir?

 

Mejor sufrir.

 

Porque se suele decir

 

y esta verdad se reciba

 

que tras la tormenta esquiva

 

suele la calma venir.

  
 

¿Descubriré mi pasión?

 

En ocasión.

 

¿Y si jamás se me da?

 

Sí hará.

 

Llegará la muerte en tanto.

 

Llegue a tanto

 

tu limpia fe y esperanza

 

queen sabiéndolo Costanza

 

convierta en risa tu llanto.

-¿Hay más? -dijo la huéspeda.

-No -respondió el marido-; pero¿qué os parece destos versos?

-Lo primero -dijo ella-es menester averiguar si son de Tomás.

-En eso no hay que poner duda -replicó el marido-porque la letra de lacuenta de la cebada y la de las coplas toda es unasin que se pueda negar.

-Miradmarido -dijo la huéspeda-: a lo que yo veopuesto que las coplasnombran a Costancicapor donde se puede pensar que se hicieron para ellanopor eso lo habemos de afirmar nosotros por verdadcomo si se los viéramosescribir; cuanto másque otras Costanzas que la nuestra hay en el mundo; peroya que sea por éstaahí no le dice nada que la deshonre ni la pide cosa quele importe. Estemos a la mira y avisemos a la muchachaque si él estáenamorado dellaa buen seguro que él haga más coplas y que procure dárselas.

-¿No sería mejor -dijo el marido- quitarnos desos cuidados y echarle decasa?

-Eso -respondió la huéspeda- en vuestra mano está; pero en verdad quesegún vos decísel mozo sirve de manera que sería conciencia el despedillepor tan liviana ocasión.

-Ahora bien -dijo el marido-estaremos alertacomo vos decísy el tiemponos dirá lo que habemos de hacer.

Quedaron en estoy tornó a poner el huésped el libro donde le habíahallado. Volvió Tomás ansioso a buscar su librohallóley porque no lediese otro sobresaltotrasladó las coplas y rasgó aquellas hojasy propusode aventurarse a descubrir su deseo a Costanza en la primera ocasión que se leofreciese. Perocomo ella andaba siempre sobre los estribos de su honestidad yrecatoa ninguno daba lugar de mirallacuanto más de ponerse a pláticas conella; ycomo había tanta gente y tantos ojos de ordinario en la posadaaumentaba más la dificultad de hablarlade que se desesperaba el pobreenamorado.

Mashabiendo salido aquel día Costanza con una toca ceñida por lasmejillasy dicho a quien se lo preguntó que por qué se la había puestoquetenía un gran dolor de muelasTomása quien sus deseos avivaban elentendimientoen un instante discurrió lo que sería bueno que hicieseydijo:

-Señora Costanzayo le daré una oración en escritoque a dos veces quela rece se le quitará como con la mano su dolor.

-Norabuena -respondió Costanza-; que yo la rezaréporque sé leer.

-Ha de ser con condición -dijo Tomás- que no la ha de mostrar a nadieporque la estimo en muchoy no será bien que por saberla muchos semenosprecie.

-Yo le prometo -dijo Costanza-Tomásque no la dé a nadie; y démelaluegoporque me fatiga mucho el dolor.

-Yo la trasladaré de la memoria -respondió Tomás- y luego se la daré.

Estas fueron las primeras razones que Tomás dijo a Costanzay Costanza aTomásen todo el tiempo que había que estaba en casaque ya pasaban deveinte y cuatro días. Retiróse Tomás y escribió la oracióny tuvo lugar dedársela a Costanza sin que nadie lo viese; y ellacon mucho gusto y másdevociónse entró en un aposento a solasy abriendo el papel vio que decíadesta manera:

 

Señora de mi alma:

 

Yo soy un caballero natural de Burgos; si alcanzo de días a mi padreheredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta. A la fama de vuestrahermosuraque por muchas leguas se estiendedejé mi patriamudévestidoy en el traje que me veis vine a servir a vuestro dueño; si voslo quisiéredes ser míopor los medios que más a vuestra honestidadconvenganmirad qué pruebas queréis que haga para enteraros destaverdad; yenterada en ellasiendo gusto vuestroseré vuestro esposo yme tendré por el más bien afortunado del mundo. Sólopor ahoraospido que no echéis tan enamorados y limpios pensamientos como los míosen la calle; que si vuestro dueño los sabe y no los creeme condenará adestierro de vuestra presenciaque sería lo mismo que condenarme amuerte. Dejadmeseñoraque os vea hasta que me creáisconsiderandoque no merece el riguroso castigo de no veros el que no ha cometido otraculpa que adoraros. Con los ojos podréis respondermea hurto de losmuchos que siempre os están mirando; que ellos son talesque airadosmatan y piadosos resucitan.

En tanto que Tomás entendió que Costanza se había ido a leer su papelleestuvo palpitando el corazóntemiendo y esperandoo ya la sentencia de sumuerte o la restauración de su vida. Salió en esto Costanzatan hermosaaunque rebozadaque si pudiera recebir aumento su hermosura con algúnaccidentese pudiera juzgar que el sobresalto de haber visto en el papel deTomás otra cosa tan lejos de la que pensaba había acrecentado su belleza.Salió con el papel entre las manos hecho menudas piezasy dijo a Tomásqueapenas se podía tener en pie:

-Hermano Tomásésta tu oración más parece hechicería y embuste queoración santa; y asíyo no la quiero creer ni usar dellay por eso la herasgadoporque no la vea nadie que sea más crédula que yo. Aprende otrasoraciones más fácilesporque ésta será imposible que te sea de provecho.

En diciendo estose entró con su amay Tomás quedó suspensopero algoconsoladoviendo que en solo el pecho de Costanza quedaba el secreto de sudeseo; pareciéndole quepues no había dado cuenta dél a su amopor lo menosno estaba en peligro de que le echasen de casa. Parecióle que en el primeropaso que había dado en su pretensión había atropellado por mil montes deinconvenientesy queen las cosas grandes y dudosasla mayor dificultad estáen los principios.

En tanto que esto sucedió en la posadaandaba el Asturiano comprando elasno donde los vendían; yaunque halló muchosninguno le satisfizopuestoque un gitano anduvo muy solícito por encajalle uno que más caminaba por elazogue que le había echado en los oídos que por ligereza suya; pero lo quecontentaba con el paso desagradaba con el cuerpoque era muy pequeño y no delgrandor y talle que Lope queríaque le buscaba suficiente para llevarle a élpor añadiduraora fuesen vacíos o llenos los cántaros.

Llegóse a él en esto un mozo y díjole al oído:

-Galánsi busca bestia cómoda para el oficio de aguadoryo tengo un asnoaquí cercaen un pradoque no le hay mejor ni mayor en la ciudad; yaconséjole que no compre bestia de gitanosporqueaunque parezcan sanas ybuenastodas son falsas y llenas de dolamas; si quiere comprar la que leconvienevéngase conmigo y calle la boca.

Creyóle el Asturiano y díjole que guiase adonde estaba el asno que tantoencarecía. Fuéronse los dos mano a manocomo dicenhasta que llegaron a laHuerta del Reydonde a la sombra de una azuda hallaron muchos aguadorescuyosasnos pacían en un prado que allí cerca estaba. Mostró el vendedor su asnotal que le hinchó el ojo al Asturianoy de todos los que allí estaban fuealabado el asno de fuertede caminador y comedor sobremanera. Hicieron suconciertoysin otra seguridad ni informaciónsiendo corredores y medianeroslos demás aguadoresdio diez y seis ducados por el asnocon todos losadherentes del oficio.

Hizo la paga real en escudos de oro. Diéronle el parabién de la compra y dela entrada en el oficioy certificáronle que había comprado un asnodichosísimoporque el dueño que le dejabasin que se le mancase ni matasehabía ganado con él en menos tiempo de un añodespués de haberse sustentadoa él y al asno honradamentedos pares de vestidos y más aquellos diez y seisducadoscon que pensaba volver a su tierradonde le tenían concertado uncasamiento con una media parienta suya.

Amén de los corredores del asnoestaban otros cuatro aguadores jugando a laprimeratendidos en el suelosirviéndoles de bufete la tierra y de sobremesasus capas. Púsose el Asturiano a mirarlos y vio que no jugaban como aguadoressino como arcedianosporque tenía de resto cada uno más de cien reales encuartos y en plata. Llegó una mano de echar todos el restoy si uno no dierapartido a otroél hiciera mesa gallega. Finalmentea los dos en aquel restose les acabó el dinero y se levantaron; viendo lo cual el vendedor del asnodijo que si hubiera cuartoque él jugaraporque era enemigo de jugar entercio. El Asturianoque era de propiedad del azúcarque jamás gastómenestracomo dice el italianodijo que él haría cuarto. Sentáronse luegoanduvo la cosa de buena manera; yqueriendo jugar antes el dinero que eltiempoen poco rato perdió Lope seis escudos que tenía; yviéndose sinblancadijo que si le querían jugar el asnoque él le jugaría. Acetáronleel envitey hizo de resto un cuarto del asnodiciendo que por cuartos queríajugarle. Díjole tan malque en cuatro restos consecutivamente perdió loscuatro cuartos del asnoy ganóselos el mismo que se le había vendido; ylevantándose para volverse a entregarse en éldijo el Asturiano queadvirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asnopero lacolaque se la diesen y se le llevasen norabuena.

Causóles risa a todos la demanda de la colay hubo letrados que fueron deparecer que no tenía razón en lo que pedíadiciendo que cuando se vende uncarnero o otra res alguna no se saca ni quita la colaque con uno de loscuartos traseros ha de ir forzosamente. A lo cual replicó Lope que los carnerosde Berbería ordinariamente tienen cinco cuartosy que el quinto es de la cola;ycuando los tales carneros se cuarteantanto vale la cola como cualquiercuarto; y que a lo de ir la cola junto con la res que se vende viva y no secuarteaque lo concedía; pero que la suya no fue vendidasino jugaday quenunca su intención fue jugar la colay que al punto se la volviesen luego contodo lo a ella anejo y concernienteque era desde la punta del celebrocontadala osamenta del espinazodonde ella tomaba principio y decendíahasta pararen los últimos pelos della.

-Dadme vos -dijo uno- que ello sea así como decís y que os la den como lapedísy sentaos junto a lo que del asno queda.

-¡Pues así es! -replicó Lope-. Venga mi cola; si nopor Dios que no melleven el asno si bien viniesen por él cuantos aguadores hay en el mundo; y nopiensen que por ser tantos los que aquí están me han de hacer supercheríaporque soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmosde daga por las tripas sin que sepa de quiénpor dónde o cómo le vino; ymásque no quiero que me paguen la cola rata por cantidadsino que quiero queme la den en ser y la corten del asno como tengo dicho.

Al ganancioso y a los demás les pareció no ser bien llevar aquel negociopor fuerzaporque juzgaron ser de tal brío el Asturianoque no consentiríaque se la hiciesen; el cualcomo estaba hecho al trato de las almadrabasdondese ejercita todo género de rumbo y jácara y de extraordinarios juramentos yboatosvoleó allí el capelo y empuñó un puñal que debajo del capotillotraíay púsose en tal posturaque infundió temor y respecto en toda aquellaaguadora compañía. Finalmenteuno dellosque parecía de más razón ydiscursolos concertó en que se echase la cola contra un cuarto del asno a unaquínola o a dos y pasante. Fueron contentosganó la quínola Lope; picóse elotroechó el otro cuartoy a otras tres manos quedó sin asno. Quiso jugar eldinero; no quería Lopepero tanto le porfiaron todosque lo hubo de hacercon que hizo el viaje del desposadodejándole sin un solo maravedí; y fuetanta la pesadumbre que desto recibió el perdidosoque se arrojó en el sueloy comenzó a darse de calabazadas por la tierra. Lopecomo bien nacido y comoliberal y compasivole levantó y le volvió todo el dinero que le habíaganado y los diez y seis ducados del asnoy aun de los que él tenía repartiócon los circunstantescuya estraña liberalidad pasmó a todos; y si fueran lostiempos y las ocasiones del Tamorlánle alzaran por rey de los aguadores.

Con grande acompañamiento volvió Lope a la ciudaddonde contó a Tomás losucedidoy Tomás asimismo le dio cuenta de sus buenos sucesos. No quedótabernani bodegónni junta de pícaros donde no se supiese el juego delasnoel esquite por la cola y el brío y la liberalidad del Asturiano. Perocomo la mala bestia del vulgopor la mayor partees malamaldita ymaldicienteno tomó de memoria la liberalidadbrío y buenas partes del granLopesino solamente la cola. Y asíapenas hubo andado dos días por la ciudadechando aguacuando se vio señalar de muchos con el dedoque decían: ''Estees el aguador de la cola''. Estuvieron los muchachos atentossupieron el caso;yno había asomado Lope por la entrada de cualquiera callecuando por todaella le gritabanquién de aquí y quién de allí: ''¡Asturianodaca lacola! ¡Daca la colaAsturiano!'' Lopeque se vio asaetear de tantas lenguas ycon tantas vocesdio en callarcreyendo que en su mucho silencio se anegaratanta insolencia. Mas ni por ésaspues mientras más callabamás losmuchachos gritaban; y asíprobó a mudar su paciencia en cóleray apeándosedel asno dio a palos tras los muchachosque fue afinar el polvorín y ponerlefuegoy fue otro cortar las cabezas de la serpientepues en lugar de una quequitabaapaleando a algún muchachonacían en el mismo instanteno otrassietesino setecientasque con mayor ahínco y menudeo le pedían la cola.Finalmentetuvo por bien de retirarse a una posada que había tomado fuera dela de su compañeropor huir de la Argüelloy de estarse en ella hasta que lainfluencia de aquel mal planeta pasasey se borrase de la memoria de losmuchachos aquella demanda mala de la cola que le pedían.

Seis días se pasaron sin que saliese de casasi no era de nocheque iba aver a Tomás y a preguntarle del estado en que se hallaba; el cual le contóquedespués que había dado el papel a Costanzanunca más había podidohablarla una sola palabra; y que le parecía que andaba más recatada quesolíapuesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarlayviéndolo ellale había dicho antes que llegase: ''Tomásno me duele nada; y asíni tengonecesidad de tus palabras ni de tus oraciones: conténtate que no te acuso a laInquisicióny no te canses''; pero que estas razones las dijo sin mostrar iraen los ojos ni otro desabrimiento que pudiera dar indicio de reguridad alguna.Lope le contó a él la priesa que le daban los muchachospidiéndole la colaporque él había pedido la de su asnocon que hizo el famoso esquite.Aconsejóle Tomás que no saliese de casaa lo menos sobre el asnoy que sisaliesefuese por calles solas y apartadas; y quecuando esto no bastasebastaría dejar el oficioúltimo remedio de poner fin a tan poco honestademanda. Preguntóle Lope si había acudido más la Gallega. Tomás dijo que nopero que no dejaba de sobornarle la voluntad con regalos y presentes de lo quehurtaba en la cocina a los huéspedes. Retiróse con esto a su posada Lopecondeterminación de no salir della en otros seis díasa lo menos con el asno.

Las once serían de la noche cuandode improviso y sin pensarlovieronentrar en la posada muchas varas de justiciay al cabo el Corregidor.Alborotóse el huésped y aun los huéspedes; porqueasí como los cometascuando se muestran siempre causan temores de desgracias e infortuniosni másni menos la justiciacuando de repente y de tropel se entra en una casasobresalta y atemoriza hasta las conciencias no culpadas. Entróse el Corregidoren una sala y llamó al huésped de casael cual vino temblando a ver lo que elseñor Corregidor quería. Yasí como le vio el Corregidorle preguntó conmucha gravedad:

-¿Sois vos el huésped?

-Sí señor -respondió él-para lo que vuesa merced me quisiere mandar.

Mandó el Corregidor que saliesen de la sala todos los que en ella estabanyque le dejasen solo con el huésped. Hiciéronlo así; yquedándose solosdijo el Corregidor al huésped:

-Huésped¿qué gente de servicio tenéis en esta vuestra posada?

-Señor -respondió él-tengo dos mozas gallegasy una ama y un mozo quetiene cuenta con dar la cebada y paja.

-¿No más? -replicó el Corregidor.

-No señor -respondió el huésped.

-Pues decidmehuésped -dijo el Corregidor-¿dónde está una muchacha quedicen que sirve en esta casatan hermosa que por toda la ciudad la llaman lailustre fregona; y aun me han llegado a decir que mi hijo don Periquito essu enamoradoy que no hay noche que no le da músicas?

-Señor -respondió el huésped-esa fregona ilustre que dicen esverdad que está en esta casapero ni es mi criada ni deja de serlo.

-No entiendo lo que decíshuéspeden eso de ser y no ser vuestra criadala fregona.

-Yo he dicho bien -añadió el huésped-; y si vuesa merced me da licenciale diré lo que hay en estolo cual jamás he dicho a persona alguna.

-Primero quiero ver a la fregona que saber otra cosa; llamadla acá -dijo elCorregidor.

Asomóse el huésped a la puerta de la sala y dijo:

-¡Oísloseñora: haced que entre aquí Costancica!

Cuando la huéspeda oyó que el Corregidor llamaba a Costanzaturbóse ycomenzó a torcerse las manosdiciendo:

-¡Ay desdichada de mí! ¡El Corregidor a Costanza y a solas! Algún granmal debe de haber sucedidoque la hermosura desta muchacha trae encantados loshombres.

Costanzaque lo oíadijo:

-Señorano se congojeque yo iré a ver lo que el señor Corregidorquiere; y si algún mal hubiere sucedidoesté segura vuesa merced que notendré yo la culpa.

Yen estosin aguardar que otra vez la llamasentomó una vela encendidasobre un candelero de plataycon más vergüenza que temorfue donde elCorregidor estaba.

Así como el Corregidor la viomandó al huésped que cerrase la puerta dela sala; lo cual hechoel Corregidor se levantóytomando el candelero queCostanza traíallegándole la luz al rostrola anduvo mirando toda de arribaabajo; ycomo Costanza estaba con sobresaltohabíasele encendido la color delrostroy estaba tan hermosa y tan honestaque al Corregidor le pareció queestaba mirando la hermosura de un ángel en la tierra; ydespués de haberlabien miradodijo:

-Huéspedésta no es joya para estar en el bajo engaste de un mesón; desdeaquí digo que mi hijo Periquito es discretopues tan bien ha sabido emplearsus pensamientos. Digodoncellaque no solamente os pueden y deben llamar ilustresino ilustrísima; pero estos títulos no habían de caer sobre el nombre defregonasino sobre el de una duquesa.

-No es fregonaseñor -dijo el huésped-que no sirve de otra cosa en casaque de traer las llaves de la plataque por la bondad de Dios tengo algunaconque se sirven los huéspedes honrados que a esta posada vienen.

-Con todo eso -dijo el Corregidor-digohuéspedque ni es decente niconviene que esta doncella esté en un mesón. ¿Es parienta vuestraporventura?

-Ni es mi parienta ni es mi criada; y si vuesa merced gustare de saber quiénescomo ella no esté delanteoirá vuesa merced cosas quejuntamente condarle gustole admiren.

-Sí gustaré -dijo el Corregidor-; y sálgase Costancica allá fuerayprométase de mí lo que de su mismo padre pudiera prometerse; que su muchahonestidad y hermosura obligan a que todos los que la vieren se ofrezcan a suservicio.

No respondió palabra Costanzasino con mucha mesura hizo una profundareverencia al Corregidor y salióse de la sala; y halló a su ama desaladaesperándolapara saber della qué era lo que el Corregidor la quería. Ella lecontó lo que había pasadoy cómo su señor quedaba con él para contalle nosé qué cosas que no quería que ella las oyese. No acabó de sosegarse lahuéspeday siempre estuvo rezando hasta que se fue el Corregidor y vio salirlibre a su marido; el cualen tanto que estuvo con el Corregidorle dijo:

-«Hoy hacenseñorsegún mi cuentaquince añosun mes y cuatro díasque llegó a esta posada una señora en hábito de peregrinaen una literaacompañada de cuatro criados de a caballo y de dos dueñas y una doncellaqueen un coche venían. Traía asimismo dos acémilas cubiertas con dos ricosreposterosy cargadas con una rica cama y con aderezos de cocina. Finalmenteel aparato era principal y la peregrina representaba ser una gran señora; yaunque en la edad mostraba ser de cuarenta o pocos más añosno por eso dejabade parecer hermosa en todo estremo. Venía enferma y descoloriday tan fatigadaque mandó que luego luego le hiciesen la camay en esta misma sala se lahicieron sus criados. Preguntáronme cuál era el médico de más fama destaciudad. Díjeles que el doctor de la Fuente. Fueron luego por ély él vinoluego; comunicó a solas con él su enfermedad; y lo que de su plática resultófue que mandó el médico que se le hiciese la cama en otra parte y en lugardonde no le diesen ningún ruido. Al momento la mudaron a otro aposento queestá aquí arriba apartadoy con la comodidad que el doctor pedía. Ninguno delos criados entraban donde su señoray solas las dos dueñas y la doncella laservían.

»Yo y mi mujer preguntamos a los criados quién era la tal señora y cómose llamabade adónde venía y adónde iba; si era casadaviuda o doncellaypor qué causa se vestía aquel hábito de peregrina. A todas estas preguntasque le hicimos una y muchas vecesno hubo alguno que nos respondiese otra cosasino que aquella peregrina era una señora principal y rica de Castilla laViejay que era viuda y que no tenía hijos que la heredasen; y queporquehabía algunos meses que estaba enferma de hidropesíahabía ofrecido de ir aNuestra Señora de Guadalupe en romeríapor la cual promesa iba en aquelhábito. En cuanto a decir su nombretraían orden de no llamarla sino laseñora peregrina.

»Esto supimos por entonces; pero a cabo de tres días quepor enfermalaseñora peregrina se estaba en casauna de las dueñas nos llamó a mí y a mimujer de su parte; fuimos a ver lo que queríaya puerta cerrada y delante desus criadascasi con lágrimas en los ojosnos dijocreo que estas mismasrazones: ''Señores míoslos cielos me son testigos que sin culpa mía mehallo en el riguroso trance que ahora os diré. Yo estoy preñaday tan cercadel partoque ya los dolores me van apretando. Ninguno de los criados quevienen conmigo saben mi necesidad ni desgracia; a estas mis mujeres ni he podidoni he querido encubrírselo. Por huir de los maliciosos ojos de mi tierrayporque esta hora no me tomase en ellahice voto de ir a Nuestra Señora deGuadalupe; ella debe de haber sido servida que en esta vuestra casa me tome elparto; a vosotros está ahora el remediarme y acudirmecon el secreto quemerece la que su honra pone en vuestras manos. La paga de la merced que mehiciéredesque así quiero llamarlasi no respondiere al gran beneficio queesperoresponderáa lo menosa dar muestra de una voluntad muy agradecida; yquiero que comiencen a dar muestras de mi voluntad estos ducientos escudos deoro que van en este bolsillo''. Ysacando debajo de la almohada de la cama unbolsillo de agujade oro y verdese le puso en las manos de mi mujer; la cualcomo simple y sin mirar lo que hacíaporque estaba suspensa y colgada de laperegrinatomó el bolsillosin responderle palabra de agradecimiento ni decomedimiento alguno. Yo me acuerdo que le dije que no era menester nada deaquello: que no éramos personas que por interésmás que por caridadnosmovíamos a hacer bien cuando se ofrecía. Ella prosiguiódiciendo: ''Esmenesteramigosque busquéis donde llevar lo que pariere luego luegobuscando también mentiras que decir a quien lo entregáredes; que por ahoraserá en la ciudady después quiero que se lleve a una aldea. De lo quedespués se hubiere de hacersiendo Dios servido de alumbrarme y de llevarme acumplir mi votocuando de Guadalupe vuelva lo sabréisporque el tiempo mehabrá dado lugar de que piense y escoja lo mejor que me convenga. Partera no lahe menesterni la quiero: que otros partos más honrados que he tenido measeguran quecon sola la ayuda destas mis criadasfacilitaré sus dificultadesy ahorraré de un testigo más de mis sucesos''.

»Aquí dio fin a su razonamiento la lastimada peregrina y principio a uncopioso llantoque en parte fue consolado por las muchas y buenas razones quemi mujerya vuelta en más acuerdole dijo. Finalmenteyo salí luego abuscar donde llevar lo que pariesea cualquier hora que fuese; yentre lasdoce y la una de aquella misma nochecuando toda la gente de casa estabaentregada al sueñola buena señora parió una niñala más hermosa que misojos hasta entonces habían vistoque es esta misma que vuesa merced acaba dever ahora. Ni la madre se quejó en el parto ni la hija nació llorando: entodos había sosiego y silencio maravillosoy tal cual convenía para elsecreto de aquel estraño caso. Otros seis días estuvo en la camay en todosellos venía el médico a visitarlapero no porque ella le hubiese declarado dequé procedía su mal; y las medicinas que le ordenaba nunca las puso enejecuciónporque sólo pretendió engañar a sus criados con la visita delmédico. Todo esto me dijo ella mismadespués que se vio fuera de peligroy alos ochos días se levantó con el mismo bultoo con otro que se parecía aaquel con que se había echado.

»Fue a su romería y volvió de allí a veinte díasya casi sanaporquepoco a poco se iba quitando del artificio con que después de parida se mostrabahidrópica. Cuando volvióestaba ya la niña dada a criar por mi ordenconnombre de mi sobrinaen una aldea dos leguas de aquí. En el bautismo se lepuso por nombre Costanzaque así lo dejó ordenado su madre; la cualcontentade lo que yo había hechoal tiempo de despedirse me dio una cadena de oroquehasta agora tengode la cual quitó seis trozoslos cuales dijo que trairíala persona que por la niña viniese. También cortó un blanco pergamino avueltas y a ondasa la traza y manera como cuando se enclavijan las manos y enlos dedos se escribiese alguna cosaque estando enclavijados los dedos se puedeleery después de apartadas las manos queda dividida la razónporque sedividen las letras; queen volviendo a enclavijar los dedosse juntan ycorresponden de manera que se pueden leer continuadamente: digo que el unpergamino sirve de alma del otroy encajados se leerány divididos no esposiblesi no es adivinando la mitad del pergamino; y casi toda la cadenaquedó en mi podery todo lo tengoesperando el contraseño hasta ahorapuesto que ella me dijo que dentro de dos años enviaría por su hijaencargándome que la criase no como quien ella erasino del modo que se suelecriar una labradora. Encargóme también que si por algún suceso no le fueseposible enviar tan presto por su hijaqueaunque creciese y llegase a tenerentendimientono la dijese del modo que había nacidoy que la perdonase el nodecirme su nombre ni quién eraque lo guardaba para otra ocasión másimportante. En resolucióndándome otros cuatrocientos escudos de oro yabrazando a mi mujer con tiernas lágrimasse partiódejándonos admirados desu discreciónvalorhermosura y recato.

»Costanza se crió en el aldea dos añosy luego la truje conmigoysiempre la he traído en hábito de labradoracomo su madre me lo dejómandado. Quince añosun mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venirpor ellay la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida; ysi en este año en que estamos no vienentengo determinado de prohijalla ydarle toda mi haciendaque vale más de seis mil ducadosDios sea bendito.

»Resta ahoraseñor Corregidordecir a vuesa mercedsi es posible que yosepa decirlaslas bondades y las virtudes de Costancica. Ellalo primero yprincipales devotísima de Nuestra Señora: confiesa y comulga cada mes; sabeescribir y leer; no hay mayor randera en Toledo; canta a la almohadilla comounos ángeles; en ser honesta no hay quien la iguale. Pues en lo que toca a serhermosaya vuesa merced lo ha visto. El señor don Pedrohijo de vuesa merceden su vida la ha hablado; bien es verdad que de cuando en cuando le da algunamúsicaque ella jamás escucha. Muchos señoresy de títulohan posado enesta posaday apostapor hartarse de verlahan detenido su camino muchosdías; pero yo sé bien que no habrá ninguno que con verdad se pueda alabar queella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ni acompañada.» Esta esseñorla verdadera historia de la ilustre fregonaque no friegaen lacual no he salido de la verdad un punto.

Calló el huésped y tardó un gran rato el Corregidor en hablarle: tansuspenso le tenía el suceso que el huésped le había contado. En finle dijoque le trujese allí la cadena y el pergaminoque quería verlo. Fue elhuésped por elloytrayéndoselovio que era así como le había dicho; lacadena era de trozoscuriosamente labrada; en el pergamino estaban escritasuna debajo de otraen el espacio que había de hinchir el vacío de la otramitadestas letras: E T E L S N V D D R; por las cuales letras vio ser forzosoque se juntasen con las de la mitad del otro pergamino para poder serentendidas. Tuvo por discreta la señal del conocimientoy juzgó por muy ricaa la señora peregrina que tal cadena había dejado al huésped; yteniendo enpensamiento de sacar de aquella posada la hermosa muchacha cuando hubieseconcertado un monasterio donde llevarlapor entonces se contentó de llevarsólo el pergaminoencargando al huésped que si acaso viniesen por Costanzale avisase y diese noticia de quién era el que por ella veníaantes que lemostrase la cadenaque dejaba en su poder. Con esto se fue tan admirado delcuento y suceso de la ilustre fregona como de su incomparable hermosura.

Todo el tiempo que gastó el huésped en estar con el Corregidory el queocupó Costanza cuando la llamaronestuvo Tomás fuera de sícombatida elalma de mil varios pensamientossin acertar jamás con ninguno de su gusto;pero cuando vio que el Corregidor se iba y que Costanza se quedabarespiró suespíritu y volviéronle los pulsosque ya casi desamparado le tenían. No osópreguntar al huésped lo que el Corregidor queríani el huésped lo dijo anadie sino a su mujercon que ella también volvió en sídando gracias aDios que de tan grande sobresalto la había librado.

El día siguientecerca de la unaentraron en la posadacon cuatro hombresde a caballodos caballeros ancianos de venerables presenciashabiendo primeropreguntado uno de dos mozos que a pie con ellos venían si era aquélla laposada del Sevillano; yhabiéndole respondido que síse entraron todos enella. Apeáronse los cuatro y fueron a apear a los dos ancianos: señal por dose conoció que aquellos dos eran señores de los seis. Salió Costanza con suacostumbrada gentileza a ver los nuevos huéspedesyapenas la hubo visto unode los dos ancianoscuando dijo al otro:

-Yo creoseñor don Juanque hemos hallado todo aquello que venimos abuscar.

Tomásque acudió a dar recado a las cabalgadurasconoció luego a doscriados de su padrey luego conoció a su padre y al padre de Carriazoqueeran los dos ancianos a quien los demás respectaban; yaunque se admiró de suvenidaconsideró que debían de ir a buscar a él y a Carriazo a lasalmadrabas: que no habría faltado quien les hubiese dicho que en ellasy no enFlandeslos hallarían. Pero no se atrevió a dejarse conocer en aquel traje;antesaventurándolo todopuesta la mano en el rostropasó por delantedellosy fue a buscar a Costanzay quiso la buena suerte que la hallase sola;yapriesa y con lengua turbadatemeroso que ella no le daría lugar paradecirle nadale dijo:

-Costanzauno destos dos caballeros ancianos que aquí han llegado ahora esmi padreque es aquel que oyeres llamar don Juan de Avendaño; infórmate desus criados si tiene un hijo que se llama don Tomás de Avendañoque soy yoyde aquí podrás ir coligiendo y averiguando que te he dicho verdad en cuanto ala calidad de mi personay que te la diré en cuanto de mi parte te tengoofrecido; y quédate a Diosque hasta que ellos se vayan no pienso volver aesta casa.

No le respondió nada Costanzani él aguardó a que le respondiese; sinovolviéndose a salircubierto como había entradose fue a dar cuenta aCarriazo de cómo sus padres estaban en la posada. Dio voces el huésped aTomás que viniese a dar cebada; perocomo no pareciódiola él mismo. Uno delos dos ancianos llamó aparte a una de las dos mozas gallegasy preguntólecómo se llamaba aquella muchacha hermosa que habían vistoy que si era hija oparienta del huésped o huéspeda de casa. La Gallega le respondió:

-La moza se llama Costanza; ni es parienta del huésped ni de la huéspedani sé lo que es; sólo digo que la doy a la mala landreque no sé qué tieneque no deja hacer baza a ninguna de las mozas que estamos en esta casa. ¡Puesen verdad que tenemos nuestras faciones como Dios nos las puso! No entrahuésped que no pregunte luego quién es la hermosay que no diga: ''Bonita esbien parecea fe que no es mala; mal año para las más pintadas; nunca peor mela depare la fortuna''. Y a nosotras no hay quien nos diga: ''¿Qué tenéisahídiabloso mujereso lo que sois?''

-Luego esta niñaa esa cuenta -replicó el caballero-debe de dejarsemanosear y requebrar de los huéspedes.

-¡Sí! -respondió la Gallega-: ¡tenedle el pie al herrar! ¡Bonita es laniña para eso! Par Diosseñorsi ella se dejara mirar siquieramanara enoro; es más áspera que un erizo; es una tragaavemarías; labrando está todoel día y rezando. Para el día que ha de hacer milagros quisiera yo tener uncuento de renta. Mi ama dice que trae un silencio pegado a las carnes; ¡tomequémi padre!

Contentísimo el caballero de lo que había oído a la Gallegasin esperar aque le quitasen las espuelasllamó al huésped; yretirándose con él aparteen una salale dijo:

-Yoseñor huéspedvengo a quitaros una prenda mía que ha algunos añosque tenéis en vuestro poder; para quitárosla os traigo mil escudos de oroyestos trozos de cadena y este pergamino.

Ydiciendo estosacó los seis de la señal de la cadena que él tenía.

Asimismo conoció el pergaminoyalegre sobremanera con el ofrecimiento delos mil escudosrespondió:

-Señorla prenda que queréis quitar está en casa; pero no están en ellala cadena ni el pergamino con que se ha de hacer la prueba de la verdad que yocreo que vuesa merced trata; y asíle suplico tenga pacienciaque yo vuelvoluego.

Y al momento fue a avisar al Corregidor de lo que pasabay de cómo estabandos caballeros en su posada que venían por Costanza.

Acababa de comer el Corregidorycon el deseo que tenía de ver el fin deaquella historiasubió luego a caballo y vino a la posada del Sevillanollevando consigo el pergamino de la muestra. Yapenas hubo visto a los doscaballeros cuandoabiertos los brazosfue a abrazar al unodiciendo:

-¡Válame Dios! ¿Qué buena venida es éstaseñor don Juan de Avendañoprimo y señor mío?

El caballero le abrazó asimismodiciéndole:

-Sin dudaseñor primohabrá sido buena mi venidapues os veoy con lasalud que siempre os deseo. Abrazadprimoa este caballeroque es el señordon Diego de Carriazogran señor y amigo mío.

-Ya conozco al señor don Diego -respondió el Corregidor-y le soy muyservidor.

Yabrazándose los dosdespués de haberse recebido con grande amor ygrandes cortesíasse entraron en una saladonde se quedaron solos con elhuéspedel cual ya tenía consigo la cadenay dijo:

-Ya el señor Corregidor sabe a lo que vuesa merced vieneseñor don Diegode Carriazo; vuesa merced saque los trozos que faltan a esta cadenay el señorCorregidor sacará el pergamino que está en su podery hagamos la prueba queha tantos años que espero a que se haga.

-Desa manera -respondió don Diego-no habrá necesidad de dar cuenta denuevo al señor Corregidor de nuestra venidapues bien se verá que ha sido alo que vosseñor huéspedhabréis dicho.

-Algo me ha dicho; pero mucho me quedó por saber. El pergaminohele aquí.

Sacó don Diego el otroy juntando las dos partes se hicieron unay a lasletras del que tenía el huéspedquecomo se ha dichoeran E T E L S N V D DRrespondían en el otro pergamino éstas: S A S A E AL ER A E Aque todasjuntas decían: ESTA ES LA SEÑAL VERDADERA. Cotejáronse luego los trozos de lacadena y hallaron ser las señas verdaderas.

-¡Esto está hecho! -dijo el Corregidor-. Resta ahora sabersi es posiblequién son los padres desta hermosísima prenda.

-El padre -respondió don Diego- yo lo soy; la madre ya no vive: basta saberque fue tan principal que pudiera yo ser su criado. Yporque como se encubre sunombre no se encubra su famani se culpe lo que en ella parece manifiesto errory culpa conocidase ha de saber que la madre desta prendasiendo viuda de ungran caballerose retiró a vivir a una aldea suya; y allícon recato y conhonestidad grandísimapasaba con sus criados y vasallos una vida sosegada yquieta. Ordenó la suerte que un díayendo yo a caza por el término de sulugarquise visitarlay era la hora de siesta cuando llegué a su alcázar:que así se puede llamar su gran casa; dejé el caballo a un criado mío; subísin topar a nadie hasta el mismo aposento donde ella estaba durmiendo la siestasobre un estrado negro. Era por estremo hermosay el silenciola soledadlaocasióndespertaron en mí un deseo más atrevido que honesto; ysin ponermea hacer discretos discursoscerré tras mí la puertayllegándome a ellala desperté; yteniéndola asida fuertementele dije: ''Vuesa mercedseñoramíano griteque las voces que diere serán pregoneras de su deshonra: nadieme ha visto entrar en este aposento; que mi suertepara que la tenga bonísimaen gozarosha llovido sueño en todos vuestros criadosy cuando ellos acudan avuestras voces no podrán más que quitarme la viday esto ha de ser en vuestromismos brazosy no por mi muerte dejará de quedar en opinión vuestra fama''.Finalmenteyo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía: ellacansadarendida y turbadao no pudo o no quiso hablarme palabray yodejándola comoatontada y suspensame volví a salir por los mismos pasos donde habíaentradoy me vine a la aldea de otro amigo míoque estaba dos leguas de lasuya. Esta señora se mudó de aquel lugar a otroysin que yo jamás lavieseni lo procurasese pasaron dos añosal cabo de los cuales supe que eramuerta; y podrá haber veinte días quecon grandes encarecimientosescribiéndome que era cosa que me importaba en ella el contento y la honrameenvió a llamar un mayordomo desta señora. Fui a ver lo que me queríabienlejos de pensar en lo que me dijo; halléle a punto de muerteypor abreviarrazonesen muy breves me dijo cómo al tiempo que murió su señora le dijotodo lo que conmigo le había sucedidoy cómo había quedado preñada deaquella fuerza; y quepor encubrir el bultohabía venido en romería aNuestra Señora de Guadalupey cómo había parido en esta casa una niñaquese había de llamar Costanza. Diome las señas con que la hallaríaque fueronlas que habéis visto de la cadena y pergamino. Y diome ansimismo treinta milescudos de oroque su señora dejó para casar a su hija. Díjome ansimismo queel no habérmelos dado luegocomo su señora había muertoni declarádome loque ella encomendó a su confianza y secretohabía sido por pura codicia y porpoderse aprovechar de aquel dinero; pero que ya que estaba a punto de ir a darcuenta a Diospor descargo de su conciencia me daba el dinero y me avisabaadónde y cómo había de hallar mi hija. Recebí el dinero y las señalesydando cuenta desto al señor don Juan de Avendañonos pusimos en camino destaciudad.

A estas razones llegaba don Diegocuando oyeron que en la puerta de la calledecían a grandes voces:

-Díganle a Tomás Pedroel mozo de la cebadacómo llevan a su amigo elAsturiano preso; que acuda a la cárcelque allí le espera.

A la voz de cárcel y de presodijo el Corregidor que entrase el preso y elalguacil que le llevaba. Dijeron al alguacil que el Corregidorque estabaallíle mandaba entrar con el preso; y así lo hubo de hacer.

Venía el Asturiano todos los dientes bañados en sangrey muy malparado ymuy bien asido del alguacil; yasí como entró en la salaconoció a su padrey al de Avendaño. Turbóseypor no ser conocidocon un pañocomo que selimpiaba la sangrese cubrió el rostro. Preguntó el Corregidor que quéhabía hecho aquel mozoque tan malparado le llevaban. Respondió el alguacilque aquel mozo era un aguador que le llamaban el Asturianoa quien losmuchachos por las calles decían: «¡Daca la colaAsturiano: daca la cola!»;y luegoen breves palabrascontó la causa porque le pedían la tal coladeque no riyeron poco todos. Dijo más: quesaliendo por la puente de Alcántaradándole los muchachos priesa con la demanda de la colase había apeado delasnoydando tras todosalcanzó a unoa quien dejaba medio muerto a palos;y quequeriéndole prenderse había resistidoy que por eso iba tanmalparado.

Mandó el Corregidor que se descubriese el rostro; yporfiando a no quererdescubrirsellegó el alguacil y quitóle el pañueloy al punto le conociósu padrey dijo todo alterado:

-Hijo don Diego¿cómo estás desta manera? ¿Qué traje es éste? ¿Aúnno se te han olvidado tus picardías?

Hincó las rodillas Carriazo y fuese a poner a los pies de su padrequeconlágrimas en los ojosle tuvo abrazado un buen espacio. Don Juan de Avendañocomo sabía que don Diego había venido con don Tomássu hijopreguntóle poréla lo cual respondió que don Tomás de Avendaño era el mozo que dabacebada y paja en aquella posada. Con esto que el Asturiano dijo se acabó deapoderar la admiración en todos los presentesy mandó el Corregidor alhuésped que trujese allí al mozo de la cebada.

-Yo creo que no está en casa -respondió el huésped-pero yo le buscaré.

Y asífue a buscalle.

Preguntó don Diego a Carriazo que qué transformaciones eran aquéllasyqué les había movido a ser él aguador y don Tomás mozo de mesón. A lo cualrespondió Carriazo que no podía satisfacer a aquellas preguntas tan enpúblico; que él respondería a solas.

Estaba Tomás Pedro escondido en su aposentopara ver desde allísin servistolo que hacían su padre y el de Carriazo. Teníale suspenso la venida delCorregidor y el alboroto que en toda la casa andaba. No faltó quien le dijeseal huésped como estaba allí escondido; subió por ély más por fuerza quepor grado le hizo bajar; y aun no bajara si el mismo Corregidor no saliera alpatio y le llamara por su nombrediciendo:

-Baje vuesa mercedseñor parienteque aquí no le aguardan osos ni leones.

Bajó Tomásycon los ojos bajos y sumisión grandese hincó de rodillasante su padreel cual le abrazó con grandísimo contentoa fuer del que tuvoel padre del Hijo Pródigo cuando le cobró de perdido.

Ya en esto había venido un coche del Corregidorpara volver en élpues lagran fiesta no permitía volver a caballo. Hizo llamar a Costanzaytomándolade la manose la presentó a su padrediciendo:

-Recebidseñor don Diegoesta prenda y estimalda por la más rica queacertárades a desear. Y voshermosa doncellabesad la mano a vuestro padre ydad gracias a Diosque con tan honrado suceso ha enmedadosubido y mejorado labajeza de vuestro estado.

Costanzaque no sabía ni imaginaba lo que le había acontecidotodaturbada y temblandono supo hacer otra cosa que hincarse de rodillas ante supadre; ytomándole las manosse las comenzó a besar tiernamentebañándoselas con infinitas lágrimas que por sus hermosísimos ojos derramaba.

En tanto que esto pasabahabía persuadido el Corregidor a su primo don Juanque se viniesen todos con él a su casa; yaunque don Juan lo rehusabafuerontantas las persuasiones del Corregidorque lo hubo de conceder; y asíentraron en el coche todos. Perocuando dijo el Corregidor a Costanza queentrase también en el cochese le anubló el corazóny ella y la huéspedase asieron una a otra y comenzaron a hacer tan amargo llantoque quebraba loscorazones de cuantos le escuchaban. Decía la huéspeda:

-¿Cómo es estohija de mi corazónque te vas y me dejas? ¿Cómo tienesánimo de dejar a esta madreque con tanto amor te ha criado?

Costanza lloraba y la respondía con no menos tiernas palabras. Pero elCorregidorenternecidomandó que asimismo la huéspeda entrase en el cocheyque no se apartase de su hijapues por tal la teníahasta que saliese deToledo. Asíla huéspeda y todos entraron en el cochey fueron a casa delCorregidordonde fueron bien recebidos de su mujerque era una principalseñora. Comieron regalada y sumptuosamentey después de comer contó Carriazoa su padre cómo por amores de Costanza don Tomás se había puesto a servir enel mesóny que estaba enamorado de tal manera dellaquesin que le hubieradescubierto ser tan principalcomo era siendo su hijala tomara por mujer enel estado de fregona. Vistió luego la mujer del Corregidor a Costanza con unosvestidos de una hija que tenía de la misma edad y cuerpo de Costanza; y siparecía hermosa con los de labradoracon los cortesanos parecía cosa delcielo: tan bien la cuadrabanque daba a entender que desde que nació habíasido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo.

Peroentre tantos alegresno pudo faltar un tristeque fue don Pedroelhijo del Corregidorque luego se imaginó que Costanza no había de ser suya; yasí fue la verdadporqueentre el Corregidor y don Diego de Carriazo y donJuan de Avendañose concertaron en que don Tomás se casase con Costanzadándole su padre los treinta mil escudos que su madre le había dejadoy elaguador don Diego de Carriazo casase con la hija del Corregidory don Pedroelhijo del Corregidorcon una hija de don Juan de Avendaño; que su padre seofrecía a traer dispensación del parentesco.

Desta manera quedaron todos contentosalegres y satisfechosy la nueva delos casamientos y de la ventura de la fregona ilustre se estendió por laciudad; y acudía infinita gente a ver a Costanza en el nuevo hábitoen elcual tan señora se mostraba como se ha dicho. Vieron al mozo de la cebadaTomás Pedrovuelto en don Tomás de Avendaño y vestido como señor; notaronque Lope Asturiano era muy gentilhombre después que había mudado vestido ydejado el asno y las aguaderas; perocon todo esono faltaba quienen elmedio de su pompacuando iba por la calleno le pidiese la cola.

Un mes se estuvieron en Toledoal cabo del cual se volvieron a Burgos donDiego de Carriazo y su mujersu padrey Costanza con su marido don Tomásyel hijo del Corregidorque quiso ir a ver su parienta y esposa. Quedó elSevillano rico con los mil escudos y con muchas joyas que Costanza dio a suseñora; que siempre con este nombre llamaba a la que la había criado.

Dio ocasión la historia de la fregona ilustre a que los poetas deldorado Tajo ejercitasen sus plumas en solenizar y en alabar la sin par hermosurade Costanzala cual aún vive en compañía de su buen mozo de mesón; yCarriazoni más ni menoscon tres hijosquesin tomar el estilo del padreni acordarse si hay almadrabas en el mundohoy están todos estudiando enSalamanca; y su padreapenas vee algún asno de aguadorcuando se lerepresenta y viene a la memoria el que tuvo en Toledo; y teme quecuando menosse cateha de remanecer en alguna sátira el «¡Daca la colaAsturiano!¡Asturianodaca la cola!»




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