Readme.it in English  home page
Readme.it in Italiano  pagina iniziale
readme.it by logo SoftwareHouse.it

Yoga Roma Parioli Spedizioni Raccomandate Roma

Ebook in formato Kindle (mobi) - Kindle File Ebook (mobi)

Formato per Iphone, Ipad e Ebook (epub) - Ipad, Iphone and Ebook reader format (epub)

Versione ebook di Readme.it powered by Softwarehouse.it


Lágrimas

Novela de costumbres contemporáneas

Fernán Caballero


 

Prólogo

¿Conque he de escribir un prólogo para Lágrimas?

-Lo que se ofrece se debe.

Es verdad; pero no me siento con fuerzas para hablar de Lágrimas.

-¿No le agrada a Vd. mi novela?

La creo una joya de filigrana y oroun estudio acabado del corazónuncuadro admirable de la vida social; lo más bellolo más perfectolo másdelicado que ha salido de la pluma de usted.

-Muchas gracias. [VI]

¡Qué coincidencia! La colección empieza con La gaviotay nos presenta lamujer groseraabandonada a sus instintosno corregidos por la religiónnimodificados por la sociedadni suavizados por la buena educacióny concluyecon Lágrimas tipo de la mujer modesta y humildenacida para sentir y parallorar... Villamar es el pueblecito que conocen los lectores en el primer tomoy vuelven a Villamar en el último encontrando aun a muchos de los antiguosamigos que recuerdan al instantey a quienes saludan con placer.

-Falta el bueno de Stein.

Es cierto; pero allí nos lleva Vd. a la pobre Lágrimasesa hija de lostrópicosesa violeta que exhala siempre su perfume aunque la pise la másgrosera planta. ¿Quién no ha encontrado a su paso por el mundo a esos sujetosque Vd. nos pinta al daguerrotipo? ¿Quién no ha visto al grosero ricachón D.Roque la Piedray al avaro quejumbroso D. Jeremías? El buen sentido habla porboca de la Alcaldesaa D. Perfecto Cívico lo encontramos en cada lugarónysu hijo ¡ojalá fuese un [VII] ente ideal y noabundase tanto en nuestro país!... Lo que sí va escaseando es la finuralacortesíael buen tono de la Marquesa de Alocaz y de sus amables tertulianos.

-De modo que Vd. va a escribir el prólogo...

Yo haría mejor un juicio crítico en que demostrase la índoleel carácterel mérito de sus escritos; en que hiciese ver el raro acierto con que Vd.describecon que Vd. narracon que Vd. presenta las personas y las cosas; elfin moralla sensibilidadla ternura de su corazón; y sobre todo el granservicio que está Vd. prestando a la actual sociedad descreída pintando contan vivos colores los portentos de la felas maravillas de la virtud... Pero unprólogo...

-Los han hecho otros buenos amigos...

Los buenos amigos de Vd. se complaceno mejor dichonos complacemos en elbuen éxito de sus obras y aplaudimos sus triunfos literarios. ¿Peronecesitaron de estos prólogos para hacerse tan populares en España? ¿Parahaber sido traducidas en Francia? Y por cierto que son muy raras las obras quealcanzan este honormás apreciable [VIII] puestoque las novelas de Vd.sus cuadros de costumbres tienen un tinte local que seperderá necesariamente en otros países. Yo comprendo las obras de Vd. de otromodo. ¿Quiere Vd. pasar por literato!...

Dios me libre: no señor. ¡Yo literato! «No soy la rosa; perocomo diceBulwerestuve a su lado y me impregné de su olor. No soy eruditosoysolamente culto. En cuanto escribo no hay arteni saberni estudioesinstintivo: tal vez expresocomo Vd. habrá notadoun pensamiento de cultaesfera sin cuidar del lenguaje. Procurosípoetizar la verdadennoblecernuestra pobre naturaleza. Los prólogos son ofrenda de la amistadengarce debrillantes que rodea un mal retrato»: los agradezco de todo corazón.

Lo creo asíy además son muy bellos. Pero un autor se debe al públicoyeste no quiere leer lo que nosotros escribimos; quiere leer lo que Vd. escribe.Las novelas de Vd... [IX]

Perdone Vd.: yo las llamo novelascuadrosrelaciones; «pero no me hepropuesto escribir novelas. He tratado de dar una idea verdaderaexactagenuinade España y de su sociedad; describir la vida interior de nuestropueblosus creenciassus sentimientossus dichos agudos. La parte que podríallamarse novela solo sirve de marco a este vasto cuadro que me he propuestobosquejar.»

Y que dibuja Vd. a grandes rasgoscon una verdadcon una profundidad demirascon una intención filosófica.

-«Mr. de Lavignéel traductor francés de mis cuadros populares meescribió: no traduzco vuestras novelas por la invenciónsino por laintención... Mi intención supera mucho a la de hacer novelas... Es larehabilitación de cuanto con grosera y atrevida planta ha hollado el nunca bienponderado siglo XIX. Rehabilitación de lo santode lo religiosode lasprácticas religiosas y su alto y tierno significado; de las costumbresespañolas puras y rancias; del carácter y modo de sentir nacionalde loslazos de la sociedad y de la familia[X] del frenoen todoy sobre todo en esas ridículas pasiones que se afectan sin sentirse (porqueafortunadamente una gran pasión es rara); las virtudes modestas como la deLágrimas preferibles a las que se pavonean y se ostentan.»

Pero Vd.Fernánpinta en beaubusca Vd. lo buenonos presenta Vd.la sociedad tal vez mejor que es... y nunca un dicho satíriconada que hiera yse destaque de la dulce armonía del cuadro.

-«Estoy persuadido que todas las más hermosas sátirasgénero tanuniversal y en que han sobresalido tanto ingenios superioresno han servido denada; ni han hecho germinar ningún buen sentimientoy sí solo el malhadadodesprecio del hombre hacia el hombre. Muy al contrario las referencias de lobueno y de lo noble despiertan en nosotros sentimientos análogoslos ponen encirculaciónlos inoculan....»

Por eso las novelas de Vd. son dechados de moralen tiempo en que otrosnovelistas se encargan de la destrucción de la sociedad degradando la familia.Por eso mereció Vd. que la autoridad [XI]eclesiástica aprobase sus escritos como escuela práctica de virtudy que másbien que buenos libros deben ser considerados como buenas acciones.

-Vd. me alaba demasiado.

NoFernán: nadie ha pintado con tanto acierto la vida íntimalas escenasdel hogar domésticolas costumbres populares. Nadie ha comprendido tan biencomo Vd. el mérito de acciones que pasan desapercibidasla razón de ciertasprácticasla filosofía de ciertos dichos vulgares. Cuando nos pinta Vd. unaescena terrible¡qué más terrible que sus descripciones!... La pazdomésticala felicidad conyugal tienen en su pluma un intérprete digno. ¡Ycómo describe Vd. la dulzurael candor de los niñossus juegos y sus graciasinfantiles! En medio de estas escenas viene a sorprendernos un pensamiento dealta esferalleno de filosofía de profunda moral y del puro espíritu delEvangelio. Y ese pensamiento es tan natural y se deduce tan lógicamenteyestaba tan cerca de nosotrosy nosotros ¡ciegos!no lo veíamos... Pero Vd.lo descubrió con su vista de águila y [XII] delcaos brotó la luz y de la piedra árida saltó un raudal...

-Como se conoce que es Vd. mi amigo. ¿Y era Vd. el que no quería escribirun prólogo? ¿Qué más prólogo que este?

Pues bien... imprímalo Vd.

ANTONIO CAVANILLES. [1]



 

 

Capítulo I

OCTUBRE1837.


 

Hélassur mon froid monument

 
 

l'eau du ciel tomb tristement

 
 

mais de vos yeux pas une larme.

 
 

CASIMIRO DE LAVIGNE.

 


 

Su alma era como el cristalla empañaba un soplola traspasaba unrayo de solun choque la hubiese quebrado: almas de ángeles que tienensu mayor mérito en ignorar lo que valen; que no lloran sobre élsinosobre el dolorque es herencia común.

 
 

EL AUTOR.

 


«¡Dios! ¡Ten piedad de nosotros!». Tal era el grito que con débil yexhausta voz repetía una infeliz mujerque yacía moribunda en el ahogadocamarote de una fragataque en el golfo de las Yeguas corría una horrorosatempestad. [2]

Era de ver cuál el barcoque en el océano parecía lo que un grano dearena en los desiertos de Áfricaera el juguetede las olas. Ya empujaban sucostado y lo doblaban a punto que parecía que rendido en la luchacaía de unavez para no volver a levantarse; ya le abrían un abismo en que se hundíaprecipitado por su propio peso; ya pasaban por cima de él olas espumosascomouna garra con blancas uñas que alargase la mar para asir su presa: yareventaban azotando sus costadospareciendo decirle en sus bramidos; ¿no erespeñay resistes? El barco luchaba cediendopero sin desmayarimagen de laperseverancia que padece sin desalentarse... y camina!

Habíanse recogido todas las velasy los masteleros con sus vergasy lasinnumerables cuerdas que de ellos pendíanse alzaban como mujeresque con elcabello suelto y los brazos abiertospidiesen al cielo misericordia. Pasaban yrepasaban por éste negras nubesfrunciendo el ceñorespondiendo con truenosal marque rugiendo se empinaba como para desafiarlas o arrebatar al cielo susestrellas. Sobre cubierta se notaba un asombroso fenómeno: el horizonteque esen el mar la sendala esperanzala libertad... había desaparecido. El barcoestaba preso entre sombrías murallas de agua de una altura espantosaque unasa otras se lo arrojaban como un volante.

-¡Dios tenga misericordia de nosotros! -repetía la infeliz- y nadierespondía a esa tenue y angustiada [3] voz. Nadierespondía porque en aquel estrecho camarote solo se hallaba una negraque conel miedo y las ansias del mareose había dejado caer en el sueloen el queyacía como una masa inertey una niña de seis años que dormía acostada alos pies de la cama de su madre.

-¡Jesús! -decía la infeliz-: ¡morir así! Sin un sacerdote que auxilie yanime mi espírituque traiga a la muerte como una libertadora amiga bajo susauspicios... sin un médico que alivie en algo mis padecimientos. ¡Oh! El reo aquien ajustician es más feliz que yo! Hácenle dulces sus últimos pasos a lamuerte; arrulla su último sueño una inmensa simpatía! ¡Dios mío! ¡Sola...sola! Ni una mirada de compasiónni un adiós! ¡Y esta hija mía que va aperecer al lado del cadáver de su madreen este seguro naufragio! ¡Duermeángel míoduerme!... Tú que no sabes aun lo que es el peligrola angustiala orfandadla agoníala muerteninguno de los horrores de la vida! ¡Madremía de las Lágrimascuyo nombre llevasalvadla de este naufragio...amparadla en su orfandad!

Espantosa se dejó oír en este momento la voz del trueno; una fuertesacudida que recibió el barcohizo crujir sus entrañascomo si hiciese unjadeante esfuerzo para no sucumbir. Silbó la ráfaga entre las cuerdas yjarciascual si cada una de estas fuese una serpiente.

-RoqueRoque-gimió la infeliz-¡que me muero! [4]

Entró entonces en el camarote un hombre altosecode estructura huesosa;tenía la fisonomía vulgarel sello ordinario e inequivocable que parece lanaturaleza crear a propósito para el hombre soez enriquecido. En su caradescarnada eran salientes y angulosas sus quijadasy su frenteque sombreaba ala par de unas cejas espesasunos ojos redondos y pardosdesviados como dosenemigos. Su boca grande apretaba entre sus labios delgadospor un constantehábitoun purocuyo continuado uso había tostado los bordes de unos dientescortos y anchos. Su tez era de ese moreno subidosucio y bilioso que imprime elsol de los trópicos con los males físicos que origina a los europeosy queinocula la fiebre del oro con el ansia y desasosiego que trae consigo.

-¿Qué quieresmujer? -dijo al entrar-¿crees que con este temporal nadiepueda atender a nada? ¡Callacon mil de a caballo! Si quieres algo ¿por quéno llamas a este animal! -Añadió dando un puntapié a la negraque no semovió.

-¡Es que me estoy muriendoRoque!

-No serás la sola; que creo vamos a perecer todospor vida del... ¡malditosea!...

-¡CallacallaRoque! No eches maldiciones a dos pasos de la muerte: perooye mis últimas palabras. Roquesiempre fuiste áspero y duro para conmigomesacaste de mi país y me embarcaste contra mi voluntady tan enferma yaquelos médicos te anunciaron que no resistiría la travesía: ¡todo te lo [5]perdonoRoque!... ¡Si me prometes amarcuidar y hacer la vida dulce a mipobre niñaa tu hijasi Dios os salva!

-¡Droga con la tonta esta! -repuso D. Roque-¡y los momentos que buscapara echarme un sermón sin pañoy recomendarme a mi propia hija!

-¡Es que son los últimos de que puedo disponerRoquepues me estoymuriendo!

-¡Sícomo siempre! Pero si tú puedes disponer de ellosyo noque elcapitán me está llamandoporque todos tenemos que dar a la bomba.

Diciendo esto subió D. Roque dando trancadas por la escalera.

Su infeliz mujer le oyó alejarse; vio a la negra que seguía inerte; miró asu hija que seguía durmiendo; que la inocenciacual la santidad de un Dioshombreduerme tranquela entre las borrascas. Quiso la moribunda solevantarsepara exhalar su alma en un beso y una bendición sobre la cabeza de su hijapero no pudoy el pequeño movimiento que hizo le produjo un vahído congrandes congojasen que con redoblada fuerza sonaban en sus oídos loshorribles mugidos de la mar y los agudos bramidos del viento.

-¡Madre mía de las Lágrimas! -murmuró en un momento de despejó quesiguió e hizo intervalo en su agonía-: ¡Madre míatodo mi consuelo yrefugio! Tú serás la mediadora de tu devota para con el Todopoderosoque porti se unió a nosotros. A Dios rogamos[6] y entus manos clementes ponemos las oraciones. ¡Señorsalvad a mi hija y tenedpiedad de mí! Todo cuanto he sufridolo perdono; y ofrezco cuanto perdono ycuanto padezco... por la salvación de mi hija y la de mi alma!

De allí a un momento se sintió tal balanceque la niña despertóy oyóentre sueños a su madre que murmuraba:

 

Abrázome con los clavos

 
 

y me reclino en la Cruz

 
 

para que siempre me ampares

 
 

dulce REDENTOR JESÚS.

 

La niñaa quien desde que supo articular sonidossu madre había enseñadoesa santa oraciónrepitió entre sueños:

 

Para que siempre me ampares

 
 

Dulce REDENTOR JESÚS.

 

Y ambas se durmieron; pero la una... ¡para no volver a despertar!

A ambas amparó Jesús según se lo había pedidopues algunas horasdespués la tempestad había calmado un poco. Bajaron el capitán y pasajeros ala cámarapara tomar algún alimentopues había veinte y cuatro horas quenadie había pensado en alimentarse. Encendieron y llevaron luces a loscamarotes. En el que ocupaba la señorahallaron a la negra que [7]seguía inertea la niña que seguía dormida; y más inerte que aquella y másdormida que éstaa la señoraque era un cadáver frío yacomo cuanto larodeaba.

-¡Dios nos asista! -gritó el camarero al entrar con el farol-¡la señoraha muerto!

-¿Que ha muerto? -exclamó el capitán arrojándose al camarotepalideciendo aquel rostro de valiente marino que el huracán dejaba impasibleque el peligro no alterabaante aquel suavesilencioso y abandonado cadáver.

-Más ha muerto de miedo y de aprensión que otra cosa-dijo D. Roque quehabía seguido al capitán-. ¡Viajar con mujeres!... A esto se expone uno. Pocome ha hecho pasar en gracia de Dios en la travesía con sus melindres y susquejumbres: y ahora corona la obra. ¡Si se le metió en la cabeza que no habíade pisar la tierra de España!

Esta fue la oración fúnebre que hizo a la pobre mártiraquel que al fuegolento de durezas y despotismola mató; porque ese hombre al casarse con ellasuave criolla habaneradulceflexible y criada con mimocomo las cañas de suingeniola miró y contó solo como un gravamen o censo anejo a los cien milduros que la dio en dote su padreun rico mercader de la Habana.

Al oír el ruido que hicieron los que entraronla niña se había despertadoy se sentó sobre la cama; la negra se había puesto en pie y ambas fijaban sus [8]ojos en el pálido cadáverla una con el asombro de la estupidezla otra conel espanto de la falta de comprensión. De repente la negra se puso a gemir y agritar:

-¡Mi ama! ¡Ay mi amami ama!

-Callabestia-le dijo D. Roque-¿no hay estruendo bastante con el de latempestad? Si te vuelvo a oíra fe de Roque que te haga callar. Capitánañadióya esto no tiene remedioni aquí hay nada que hacer; bajemos elentrepuente para ver si se han mojado mis cajones de cigarros. ¡Quinientoscajones! Que representan un capital de quinientos mil reales. ¡Droga! ¡Si sehan averiadohice un viaje a China!

Colgó el camarero el farol en el techo del camarotey todos salieronmenosla negra y la niña que se sentaron sobre una cama frente a aquella en queyacía el cadáver. La negradespués de llorar con muchas lágrimascomolloran los niñosy como se lloran las primeras penas de la vidase quedódormida como aquellos. Pero la niña derecha e inmóvil con sus grandes ojosnegros desmesuradamente abiertoslos fijaba sin pestañear en el cadáver de sumadreel que por efecto de las vueltas que daba el farolmovido por losbalances del barcotan pronto aparecía plenamente alumbradoy como salir delas sombras e ir al encuentro de su hija; tan pronto ocultarse en ellascomo enlo pasadocomo en el olvidocomo en el misterio. -¡Madre!¡madre! -decíade cuando en cuando la niña con queda y temerosa voz... [9]y su madre no respondía-. No me responde-pensaba la niña-¡¡¡y no duerme!!!

Esto pensaba porque el cadávermecido por los violentos balances del barcotan pronto se volvía hacia su hija como para mirarla con sus apagados ojos quenadie había cerradotan pronto iba a pegar violentamente contra las tablas delopuesto lado. Era este un horrible cuadro de muerte y abandono en una lúgubrenoche de tempestaden que era juguete de las olas el cadáver de aquelladesgraciadaa quien su triste destino negaba hasta el tranquilo y santo rincónde tierra en el que descansan los muertosque consagran las oraciones ycustodian el respeto y los recuerdos.

La niña no se daba cuenta de lo que pasaba; no sabia lo que era muertenilo que era peligro; y no obstante un instintivo horror le hacía asombrarse decuanto la rodeaba y estremecerse de los gemidos del vientode los bufidos delmary del hosco silencio que guardaba su madre. Asísin ideas para definirni voces para expresar lo que por ella pasabacomo suele suceder a los niños aquienes Dios dio en compensación madres que los adivinanla pobre niña fueabsorbiendo en su alma una sensación de horror y de angustia que habían deimpregnarla para siempre en su tinte lúgubre y de su impresión tétrica:Sonaban en su alma como vagos y confusos recuerdoslas palabras que habíaoído a su madre cuando se había embarcado. [10]

Había dicho la infeliz al acostarse en aquel lecho:

-¡Sísí! Éste será mi féretro: ¡aquí yaceré triste y abandonadasin un cirio que dé decoro al cadáver y sufragio al alma! ¡A Diospuesparasiempremi suave paísverde y rico como la esperanza! Te dejo por la exhaustay caduca Europacaída en infanciacubierta de ruinas y llena de recuerdosque son las ruinas del corazón. ¡A Dios mis árboles altos y frondososque notaló aun la mano de los hombres! ¡A Dios mis puros ríoscuyos cristales noenturbian ni esclavizan aun las construcciones de la invadiente industria! ¡ADios mis espesos manglosque crecéis fuertes y serenos en la amargura de lasaguas del mar!... No he podido imitaros... y sucumbo en la amargura en quevejeta mi existencia.

Esto recordaba la niña como si oyese a lo lejos los sonidos apagados de unsolemne réquiemque melancólicamente decía algo grave y triste queella no comprendía. Pero al día siguiente liaron y cosieron a su madre en unasábanaataron a sus pies una bala de cañón... ¡y su madre no despertaba!...Y la subieron a cubiertay la callada niña siguió a su madre sin que nadiepensase en impedirloy entoncesdelante de la callada niñasu madre fue...echada al mar. Pero en ese instante la angustia y el horror que presagiaban y nocomprendíancomprendieron.

La niña dio un grito desesperadoy se abalanzó a tirarse al mar tras de sumadre.

El capitán tuvo la suerte de poder asirla por el [11]vestidoy la bajó a la cámarapresa de una espantosa alferecía.

-¡Estamos bien-dijo D. Roque-se acaba con la unay se empieza con laotra!

La niña seguía muy enferma cuando llegaron Cádizdonde pensaba fijarse supadre D. Roque la Piedra. Los facultativos consultados declararon que siendo eltemperamento de Cádiz notoriamente conocido como nocivo a afecciones de pechose debía alejar de allí a la niñaque con una constitución débilunsistema nervioso fuertemente atacadoy un principio de asmaestaba en el mayorpeligro de volverse ética.

Parecía natural que con este motivoD. Roquedueño y árbitro de susaccioneshubiese pensado en otro punto para establecerse.

Pero no fue así. Cádiz convenía a sus miras de especulacióny por tantose contentó con escribir a otro americano (voz genérica aplicada enAndalucía a los que vienen de allá cuando no son hijos de la provincia)establecido en Sevillaque era compadre y compinche suyopara que viniese aCádiz y se llevase a su hija a Sevillaen donde entraría en un convento paraser allí criada bajo el cuidado e inmediata inspección del dicho su compadre ycompinche. [12]



 

 

Capítulo II

NOVIEMBRE1837.

Preciso esaunque no agradablehacer una pequeña biografía de loscompadres que van a salir a luz en esta historiaporque es necesario teneralgunos antecedentes de las gentes con las que se va a entrar en contacto. Tantomás necesario es estocuanto que es probable que al presentarse a la vista dellector un viejecito pobretriste y lloróncon todas las señales de lamiseriaclaras y patentes en su exigua personaquisiera darle una limosnaqueno dejaría de tomar; lo que sería un pecado mortal.

Era D. Jeremías Temblequeel compadre que aguardaba D. Roqueprimitivamente un basurero. Hallose un día en el elemento que manejaba unbolsillo lleno de oro. Un momento después le alcanzó la criada que habíavertido el inmundo canasto en que [13] iba elbolsillo; llorando y fuera de síle preguntó si había hallado un bolsilloque echaba de menos su amo. El honrado Jeremías afirmó con la mayor buena feque no lo había vistoy con la complacencia y bondad de una buena almaregistró escrupulosamente todo el oloroso contenido del carro. Por la tardesalía despedida e infamada de la casa la infeliz criaday a la mañanasiguiente caminaba el buen Jeremías hacia Gibraltar donde tanto lloró y gimiómiseriasque un capitán de buque mercante se lo llevó de balde a la Habanapasando así del refugium peccatorum Gibraltar al consolatrixaffictorum Habana sin cambiar una sola de sus monedas de oro. Allí puso untendajo de bebidaen el que además de ésta se hallaban naipes sucios y tabacohúmedo.

En este santuario se formaron los primeros lazos de estrecha amistad entre eldueño del establecimiento y un gastador de un regimientojugador y pendencierollamado Roque la Piedra. De esto había veinticinco años. Teniaentonces Roqueveinticuatro años y Jeremías treinta y cinco. Desde aquella época había sidoel primero a los ojos del segundoel guapo hermosete y jaquetón gastador en elque todo admiraba Jeremías menos el nombre D. Roque por su lado siempre miróen Jeremías el miserable y servil tabernero.

Andando el tiempohabían hecho ambos fortuna[14]cada uno a su manera; el uno a toque de tamborvenciendo obstáculos aempujones; empezando por barateroacabando por obligar a un medio paisano suyorico mercadera que le diese su hija en matrimonio y se asociase a su negocio.El otro sin salir de su aire dolientelabró su suerte suplicando y gimiendo auna rica mulataque por su lado tenía empresas tan honoríficas como las suyasque le admitiese como humilde consorte. Se casarony nunca se vio un casamientomás feliz. La mulata reventaba de orgullo de ser la mujer de un blanco depurísima sangre española; el consortepor su ladono cabía de gozo en suapergaminado pellejo; por causa que su mulata que era generosagarbosadespilfarradadejaba rodar las onzas que ganabalas que caían en las garrasde su maridoapenas les echaba sus tristes ojos encima. De ahí pasaban aencierro hermético y secuestro perpetuo.

La mulata murió con el mismo ¿qué se me da a mí? en que habíavivido. Jeremías oscureció aun más su triste figura; le hizo un buen entierroa su morena mitadesa querida ave doméstica que ponía huevos de oro;conservó en un medallón de plata una de sus pasasvendió cuanto teníacargó con todo el dinero y se vino a Españadejando abandonados unos niñosque tenía su mujer antes de haberse casado con él.

Estos dos entes malignos y despreciables a quienes nadie decente en la Habanamiraba siquiera a la [15] carafueron recibidos enEuropa como bellos y apreciables sujetosmediante a que traían dinero.

¡EuropaEuropa! Hija míate ha dado por el dinerocomo a una viejay tevas volviendo todo lo sin gracia de un avaro: te aviso para que te enmiendesque eso no le pega a una noble matrona como tú. ¿Qué dirá el Asia? El Gangesno querrá mezclar sus aguas con las de tus ríosy hará bien.

Don Jeremías había llegado a Cádiz cuatro años antes que su amigo. Cuandose vio este triste carcelero de sus doblones sin la renta fija que leproporcionaba su consortey sin el apoyo y consejo que le suministraba sucompadre D. Roqueno supo qué hacerse. Encontrábase como una nave a quienfaltasen a un tiempo la velas y el timón. No se atrevía a emplear suscapitalesy aguardaba siempre mejor ocasión sucediéndole lo que a aquel otrocon un corte de pantalónque no se hacía nunca esperando la última moda.

En Cádiz le propuso un corredor comprar casaspero como era cosa muyfactible que las olas se tragasen a aquella temeraria ciudadque como unagaviota se ha plantado sobre una peña rodeada de marD. Jeremías declaróaventurada la empresa. Sentándole mal el agua de aljibese puso sus zapatos depañoy acompañado de un negro y de un baúl peladoque era todo su equipajese fue al Puerto de Santa María.

Allí le ofrecieron comprar vinos y criarlos para la [16]extracciónespeculación muy lucrativa. Bien pensado el negocioD. Jeremíasdiscurrió que el vino podría volverse vinagre y sentándole mal las aguasdelgadas del Puertose puso sus zapatos de paño cargó con su negro y su baúly se fue a Jerez.

Allí le ofrecieron comprar una magnífica viña del pago en que se cría lauva que da el vino que bebe el Emperador de Rusiael de Austria y la Reina deInglaterra. D. Jeremías se halló seducido por la viña que criaba tales vinoscasi tanto como por su mulata.

El negocio marchaba arrastrando tras sí a nuestro D. Jeremías como un vaporque remolcase a un pontón. Las onzasconmovidas por un alegre presentimientode ¡viva la libertad! creyeron las bonachonas que en saliendo del poderde D. Jeremías iban a campar por su respeto como las estrellas del cielo. Peroantes de concluir el trato fue D. Jeremías a ver la viña. Era por enero; todaslas cepas estaban podadasy tenían el triste y árido aspecto que tienen lasviñas en aquella estación. La cara de D. Jeremíasa la cual la idea deabastecer de vinos la mesa de los Emperadores había animado inusitadamentesetornó al ver las cepastristemustia y encogida como ellas.

-¡Jesús! -exclamó-estas cepas tan chicas son retoñosy están secas.

Le explicaron que tenían ese aspecto por estar podadas según la costumbredel paísy que eso mismo las haría meter con más fuerza en la primavera. [17]

-¿Y si no meten? -dijo Jeremías echando a correr como el que huye de unamala tentación.

Sentándole mal las aguas gordas de Jerezy desesperado por el mal éxitoque tuvo una mina en que se había interesadose puso D. Jeremías sus zapatosde pañocargó con su negro y su baúly se fue a Sevilla.

En Sevilla le hallamos establecido en una de las callejuelas de los Venerablesno por simpatía hacia el nombresino por ser allí las casas más baratas.Encontró una alhaja en su género.

Era un palacio de que podía hacerse dueño por la módica suma de cuatroreales diarioslo que en el mes de febrero le proporcionaba el ahorro de ochoreales. Cabían en élsin estar muy apretadosD. Jeremíassu negro y subaúl. Era este palaciono de origen árabesinoal pareceranterior. Losladrillos del pavimentoa imitación del hombrepolvo fueron y polvo sevolvíanformando así un suelo escabroso como el de una sierra. Las puertasaseguraban a unos blancos remiendos que les había incrustado el carpinterosobre lo apolilladoque en sus buenos tiempos habían sido pintadas yrevestidas de un uniforme azul como un general; los remiendos las miraban desoslayo con los negros ojos con que los había gratificado el carpinteroy porrespeto a sus añosno les decía que mentían. Los cristales de pequeñasdimensiones que tenían los postigosdecían a las rejas con añejasreminiscencias que habían sido [18] clarospurosy limpios; el hierroque tiene buena memoriales aseguraba que recordaba susperdidos encantos. El portón algo paralíticocondenaba el uso de las cancelascomo una innovación impúdica. En la cocina había hornilla y media; pero D.Jeremías se hizo de que la sobraba la entera. En esta vainadigna del aceroque iba a guarecerse instaló Don Jeremías con su negro y su baúl.

Pero faltaban los muebles; aquí fueron los apuroscálculos y cavilaciones.¿Qué había de hacer? Se fue D. Jeremías a pensarlo a las delicias de Arjona.

¡Arjona! ¡Bienhechor de Sevilla! ¡Tú que has dejado tan profundas huellasde tu celo e ilustraciónque no borrará y antes sancionará el tiempo;diestro innovador y digno gobernante! Vayan estos cuatro renglones a probarteque si los árboles que plantaste coronando a Sevilla con una fresca guirnaldasiguen floreciendono se han ajado tampoco en los corazones los agradecidosrecuerdos con que a su vez coronan tu memoria.

¡Cuántas cavilaciones han abrigado aquellas perfumadas sombras! ¡Cuántasalmas tiernas y elevadas habrán poetizado con los ruiseñores por aquellossenderosen que el árbol cobija al arbustoel arbusto a la flory la flor alcésped! ¡Pero cuántas veces también le han profanado la langosta y elhormigón! ¿No podrían irse los Jeremíaslas langostas y los hormigones adar su paseo al Perneo? ¡Qué importuna pretensión en tiempos de igualdad ycomunes derechos! [19]

Volvamos a mi héroe. Nos ha dado por las digresiones: en otro capítulodiremos el porqué; que por ahora tenemos que referir el resultado de lascavilaciones del más caviloso de los cavilosos.

Fue este el irse al día siguiente a las callejuelas de Regina. Si eres tandesgraciadolectorque nunca hayas estado en Sevillate compadecemos enprimer lugar; y en segundo te diremosque las callejuelas de Regina son unrespetable clubun distinguido casinoun ilustre liceo de baratilleros. Cuantoallí se muestra a la vista del públicomerece llevar la cruz de SanHemenegildo. Allí atrae el barato con su dulcísima vozy convida apasar adelante la curiosidad con su picante estímulo. Los baratilleros han sidotantas veces descritosse ha gastado tanto chiste en sus descripcionesque nosabstenemosmal que nos pesede cansar tu atención describiéndolos: sólodiremos con dolor de nuestro corazónque hasta los baratillos van perdiendo enel siglo de las luces y de los adelantossu fisonomía y su color local. Cadabaratillero tiene un pintor de brocha gordacon un furioso arco iris metido ensus pucherosal que con una celeridad digna de nuestros tiemposva poniendogrotescas caretas a los más respetables veteranos. Tiene otro pintor de brochano menos gordaque de un cuadro regularpero mal tratadohace un cuadro detal expresióntan descompuesto y subido de colorque parece un borrachosaliendo de la taberna. Tiene además un apestosísimo [20]barniz que distribuye a modo de palo de ciegode manera quesi se entrase conhachones en aquellas cuevas de hijos abandonadosrelumbraría y brillaría todocomo cuevas de estalactitas.

Lo mismo habéis hecho vosotrosilustrados novadores; habéis fabricado eseatroz barniz de pesada ilustraciónque sobre todo se extiende como un brillofacticiocomo una mentira. Ahora que veis tanta deformidadlo lloráis. ¡Amigo;como ha de ser!

 

Tú te metiste

 
 

fraile mostén

 
 

tú lo quisiste

 
 

tú te lo ten.

 

Las cosas bien hechasbien pulidassacan ellas mismas su brillopero lofacticio¡qué horror!

D. Jeremías gastó mucho tiempomucha parolamuchas negociacionesperomuy poco dineroen adquirir para su palacio el siguiente regio ajuar.

Una docena de sillas maltratadas por la suerte y esperando ya la muerteperode un verde apioel más fresco de los que cría la primavera.

Un sofácuyos cojines de un coco o percal que había sido negro y sevolvía blancocomo le sucede a los caballos tordosestaban rellenos de hojasde maízlo que proporcionaba la ventaja al que se sentaba en élderecordarle el campestre susurro que forman en las huertas movidas por la brisa.Pero como [21] D. Jeremías en su vida habíaleído un idilio cuando su persona hacía el oficio de la brisa al sentarsesobre su sofáse le llevaba Barrabás.

Ítem más: una mesa de escribircon una pierna postizaun poco más cortaque las otras tresy un tintero de peltrecon los petrificados restos de unatinta del siglo pasado; un velón de hoja de lata bastante bien conservadounacopilla de candela elegante por la sencillez de la materia y de la hechurafabricada en Medina; platos desborcellados con moderación; fuenteslañadas con gustotino y solidez; un juego de café que se componía de lassiguientes piezas: dos platillos y un pocillouna cafetera sin asa y unazucarero sin tapadera. Don Jeremías quedó tan satisfecho de dichas compras ytan afecto a las callejuelas de Reginaque dio un mojicón a su negro porquehabía comprado de primera mano una olla de Medina. [22]



 

 

Capítulo III

DICIEMBRE1837.

Es tal el brillo que da el dinero hoy en díala consideraciónel aprecioel respetoy la admiración que inspirala ilusión que lo rodealaatracción que ejercelo que deslumbra y hechizaque es preciso ser ciego parano ver renovada la idolatría del becerro de oro. Al ver un Nababno hay cabezaque no se incline humildemente; y no son las menos agachadas las de los quepregonan con más furor que es contra la dignidad inclinarla ante la mitra y elcetro.

Este servilísimo homenaje tributado hoy día al dineroes tanto másextrañocuanto que no lo disculpan siquiera los beneficios y ayudas quedeberían emanar de la riquezano sólo porque es ley evangélicasino porquees una obligación de la razóny basta de provecho mutuo. Un rico de losmodernos[23] es la última persona de la sociedada la que debe acudir un necesitado: puesto que el rico moderno mira al que no loesno solo con el más soberano despreciosino con el terror que miraría a unlazarino. Desde que le ve llegar con el sombrero en la mano y la sonrisa en loslabios se hace irremisiblemente esta prudente reflexión: este soldado delejército de Jobviene con las insolentes y hostiles miras de dar un ataque ami bolsillo: ¡guarda Pablo! Enseguidasu caraque por lo regular no está tanbien dotada por la naturaleza como lo está su bolsillo por la fortunaadquiereun aire análogo y el colorido local de una fortaleza. Suele bastar la actitudimponenteel puedo y no quiero que levanta cual estandarte la fortalezapara rechazar al necesitado. Cuando noarroja un proyectil rechazador quemientras más hiere más satisfecho deja al que lo lanzó: el que pide es unenemigoy debe quedar destruido para siempre.

Un proyectil así se llama en francésune rebutadeen ingléstocut(cortarajar.) El diccionario define esto diciendo es un compuesto derepulsa y desdén. La noble lengua española no tiene semejante voz. Peroquizás la práctica la adoptarácon anuencia de la Academia que permite quenuevas necesidades creen nuevas palabrasasí como la vida material ha adoptadola de confortablela sociedad la de coquetala literatura la de spleencon lo quesi bien no hemos puesto una pica en Flandeshemos dado un pasoagigantado en la civilización europea. Vivimos en la [24]dulce ilusión de tener un lector en las Batuecasal que mentalmente nosdirigiremos más de una vez; una de ellas es ahorapara decirle que bien puedeser el hombre más instruido y sabiotener ideas y sentimientos elevados: sinosabe estas y otras palabraspuede estar seguro de que se le condenará por esosilustrados de tres al cuarto que creen está la cultura en semejantessuperficialidadesa imitar a Sócratesen exclamar: sé que nada sé.

Esta ha sido una digresión larga cual abril y mayo: pero como dice ElHeraldo que son nuestras novelas de cortas dimensionesno teniendonosotros bastante imaginación para crear eventosni menos aun el podernecesario para decirles después de creados ¡creced y multiplicaos!nonos queda más recurso que acudir a las digresiones para atenuar en cuanto estéen poder de nuestra pluma la dicha objeción. Nos ha dado este consejo nuestracocineracon la que solemos consultara ejemplo del gran Molièrea quiensalió la cosa bien. Fundó aquella apreciable mujer su consejo en un ejemploque nos hizo fuerza y fue éste; que cuando le sale una salsa escasala alargaechándole agua de la tinaja. ¡¡¡De la tinaja!!! Si siquiera hubiese dicho lamaterialota de la fuente? No podemos civilizarla; tampocoen honor de la verdadponemos empeño en ellono sea que se quiera meter a repostera y no tengamosquien haga el caldo.

No sabemoslectorsi hallarás que abusamos en esto de tu pacienciaporqueel autor y el lector están [25] incomunicadoslomás incomunicados posible; harto lo sentimospues quisiéramos complacerte.Recibepuesla intención.

Volvamos a nuestro asunto. Hay otra cosa que contribuye a poner a los ricosen el pináculo social. Ésta tiene algún méritoporque es un resto de pudorque haciendo a la generalidad avergonzarse de la vil materia del ídolo queensalzanpone el elogio en sus labios para adorarlo con él.

Este subterfugio ha enriquecido el caudal de sinónimos que ya teníamosydeberán añadirse en una nueva edición a los de Huerta. Son estos lossiguientes:

Cien mil duros -significa- un buen sujeto.

Trescientos mil -significa- sujeto muy apreciable.

Quinientos mil -significa- un bello sujeto.

Un millón -significa- un excelente sujeto.

Cuando se pasa al ísimobellísimoexcelentísimotente por sabidobellísimo lector de las Batuecas(pues para nosotros lo eresaunque no tengas un cuarto en tu faltriquera)que el sujeto así calificadoentre las gentes de dinero tienemás de un millón para servir... a su dueño.

Encontráronse un díapoco después de la llegada de D. Roque la Piedra aCádizen la calle Nuevados señores. Era el uno altogruesocoloradogastaba gafas de oroy la echaba de importante y elegantón; era corredory sellamaba D. Trifón Rubicundo. El otroque acababa de desembarcar del Trajano [26]en que venía de Sevilla en cámara de proaera D. Jeremías Temblequeelcompinche y compadre que D. Roque había mandado compadecer a su presencia.

Era éste calificado en la categoría de los sinónimos mencionados entre buenoy apreciable sujetoporque no habían podido averiguar ni los más listoshuronescuanto pesaba su caja. Era un hombrecito flacoencogidoenfermizocon una cara angustiadaarrugada y amarilla como un limón seco. Vestía ungabán de un color extraordinario e incalificablebastante claropara que nose le notase al cabo de sus años las canas que suelen aparecer a los vestidosde paño por las costuras. Llevaba un sombrero gris y verde por debajo del alazapatos de paño dos veces mayores que sus pies: un chaleco insolente de feoelcualen la multitud de pliegues que formaba en el hueco que dejaba la ausenciadel abdomenocultaba la impertinencia de la tela del forro que quería sacarlas narices.

-¡Hola... D. Jeremías! ¿Tanto bueno por acá? -dijo el corredor al reciénllegado-. ¿Viene Vd. a ver a su amigo D. Roque la Piedra? ¡Bello sujetopor cierto!

Es de advertir que D. Trifón Rubicundo había ido a ofrecer sus servicios albello sujeto que le había recibido con la más acabada grosería. Hayexistencias en el mundoque partirían un corazón humano como un puñalsipor fortuna no consolase la idea de que cada cual siente a su manera. [27]

-Sísí amigo D. Trifón-respondió el recién llegado-vengo a ver aese compadre míoque es un guapo chico que sabe más que Merlíny trae susriñones bien cubiertos; no como yoD. Trifón: yo no he tenido la suerte queél. La enfermedad de mi mujer antes de venirme¡pobrecita! (¡Qué mujerdonTrifón! ¡Cinco juntas de médicos tuve; seis hubiese tenido con tal queno seme hubiese muerto!) Un entierro que fue sonadomi enorme pérdida en el bancode Nueva-York(nueva Sierra Morena!) ¡Malditos yankeesmás ladrones que Geta!Desde que llegué aquí... pérdidas. En Jerez(infames jerezanos) me metieronen una minano en la minasino en ser accionista...

-¿Y cómo fue Vd. tan inadvertido? Si fuese para las de Almeríaesas sí;para esas tengo acciones que ofrecer a Vd.una ganga; son de un sujeto quemarcha a Filipinasy así...

-Si me habla Vd. de minasecho a correr. Don Trifónmi enemigo¿no estoydiciendo a Vd. que perdí diez mil reales? Me metí en ellaporque lo hizo D.Judas Tadeo Barbo; un bellísimo sujeto que sabe donde escarbay quiseescarbar donde él; porque ese ha servidoañadió haciendo unahorrorosa mueca a guisa de chusca sonrisa; pero me salió mal la cuentaperdídiez mil realesque me han quitado diez años de vida. De nada me hearrepentido nunca como de haberme metido en la Positivaasí se llamabala mina que ha sido la segunda parte del banco de Nueva-York. [28]¡Pues qué! ¿No hay más sino hacer un hoyo en el suelosacar tierray nadamás que tierra? Don Trifón... ¡tierra! ¿Y hacerle a uno pagar dinero? ¡Clamaal cieloD. Trifón! Lo pagarán el día del juicio. Así no quiero minasniregaladas; ni en el Potosí¿está usted?

-¿Qué son para Vd. diez mil realesD. Jeremías? Una miseriauna bicocaun grano de anís.

Don Jeremías se puso a dar vueltas a derecha e izquierday a dar con subastón en el suelo repitiendo:

-¡Diez mil reales miseria! ¡Bicoca! ¡Grano de anís! ¿Ha perdido Vd. lachavetaD. Trifón de todos los diablos? ¿Dónde entierra Vd.D. Magnifico?¡No digo yo que esta gente de Cádiz escupe por el colmillo! ¡Andaluces porfinandaluces!

-No se nos venga Vd. aquí achicandoD. Jeremías. Vamosvamosque el amory el dinero no pueden estar ocultosy aquellas letritas sobre los hermanosCastañeda y compañía...

-Calle Vd.calle Vd.me está Vd. comprometiendoD. Trifón de todos losdemonioscotorra mercantil. ¿Lo ve Vd.? ¿Lo ve Vd.?

Esto decía señalando a un chiquilloque por ganar cuatro cuartos seempeñaba en llevarle un horroroso pañuelo de algodón a cuadrosatado por loscuatro picosen el que traía D. Jeremías todo su equipaje.

-Te he dicho que te larguesholgazángritaba el avaro. ¿Crees acasogarrapataniguasanguijuelaque estoy tan mal con mi dinero que te había de [29]pagar por llevar este lío que no pesa nada? Que te largues te digoo sino...

Don Jeremías levantó el palo; el chiquillo echó a correr sacándole lalengua.

-¿Sabe Vd.-preguntó el corredor-si su amigo de Vd.el señor D. Roqueque ha tenido en este pueblo hospitalario la acogida que se merece tanapreciable sujetopiensa establecerse aquí?

-¡Jesús! ¡Jesús! Nada sé; -contestó D. Jeremías despavorido; tanto leasombró la idea de poder comprometerse en la respuesta que diese.

-Es que en ese caso tendría que proponerle un excelente negocio; puede quetambién acomodarse a ustedD. Jeremías.

-¡A mí nononoy no! Amigo míosi es cosa de dinero que desembolsarno tengo un real disponibleni un cuartoni un maravedí.

-Son pagarés a descontar a un año de plazo y a 12 por 100.

Los tristes ojos de D. Jeremías se pusieron a bailar el fandango.

-¿Con hipoteca? -exclamó-¿con garantías?

-¡Ah! Noseñor: esto no se acostumbra aquí en Cádizdonde el giromarcha libre y confiado sobre su base honoríficael crédito: basta la firmaque inspira más confianza que la hipoteca.

-Pues entonces a otra puertaamigo Trifón: la confianza no me inspiraningunael crédito no me acredita nadala firma es un papel mojado aunque [30]sea la de Rotschildque puede quebrar como el banco de Nueva-York.Además le he dicho a Vd.-continúa en su tono llorón-; vacía la cajaamigocomo bolso de marqués; la enfermedad de mi mujer; la Positivaen quetanto se metió y nada se sacóesa sepultura funesta do mis diez mil reales;esa bicocaese grano de anís como Vd. dice: ¡caramba con Vd.!...y sobre todo esa quiebra del banco de Nueva-Yorkme tienen en seco. ¡Malditosnorteamericanos! Bien dicen los inglesesque su Adán y Eva salieron de lascárceles de Londres. ¡Pícaros! EaD. Trifónpasarlo bienque no healmorzadoporque en el vapor llevan por todo un sentido.

Don Jeremíasque sabía que su compadre no le ofrecería de almorzarentró en un mal café o medio bodegóny pidió una taza de caldoqueparecía agua de fregadoen el que migó un poco de pan. Después de concluirsu almuerzopasó el viajero a casa de su amigo.

-Conque-dijo D. Jeremías a D. Roquedespués de darle la bien venida-;conquecompadre¿se establece Vd. aquí? Por míharto me pesa de habermevenido de allá; echo cada día más de menos a mi Pepa; a mi mujer. Vd.compadre¿perdió la suya en la travesía?

-Sícreo que se murió aquella testaruda que no quería venir a Españapor salirse con la suya y darme ese chasco-respondió D. Roque.

-¡Qué chascocompadre! Ya que lo hizobueno es [31]que fuese en la mar; así le ahorró a Vd. los gastos del entierroque no sonflojoscompadreno son flojos: las cuentas las conservo. La caja...

-¿No le fue a Vd. bien aquí? -dijo interrumpiendo las lamentaciones deJeremíasD. Roque.

-No compadre; vivir en Cádiz cuesta un sentido.

-¿Y en el Puerto?

-No se hace nadanada; si no pasear en la Victoriaque parece un palacioencantado.

-¿Y en Jerez?

-¡No me hable Vd. de Jerez! ¡Un hato de bribones compadre!... Me armaronuna con una mina Positiva; hágase Vd. cargo que jamás hubo nada demenos positivo: ¡me sacaron diez mil reales! Por tener el gusto de hacermeperdermire Vd. si son malosperdieron ellos también. Diez mil reales quejamás volveré a ver.

-Yapero...

-¡Qué peroni que camuesa! ¡Digo a Vd. que no los volveré a ver nuncamás!

-¿Pero en lo demás?

-Los tengo que contar con los muertoslo mismo que a mi mujer.

-Me han dicho que hay giro...

-Lo mismo que si los hubiera echado por la ventana.

-Me han asegurado que aquel viñedo...

-Ningunasni las más remotas esperanzas; ¿cómo? ¡Si la mina estáabandonada! [32]

-¿Y valen mucho las viñas?

-¡He visto la gran boca por donde se tragó esa positiva ladronamisdiez mil reales!

-Es-dijo D. Roque-que pensaba comprar una viña a uno que está ahorcado

-¡JesúsJesúscompadre! -exclamó D. Jeremías-se pierde Vd.miserablemente: ¡Vd. no sabe lo que son los jerezanos! Ya saben a su casa; hanservidocomo Vd.compadre; no venden sino las viñas secas. A mí me laquisieron pegarpero la jugarreta de la mina Positiva me abrió los ojostamaños-añadió haciendo una C con el dedo pulgar y el índice-. ¡Mas deesto ha resultado que me ve Vd. el más desgraciado de los hombres!

La cara de D. Jeremías se puso aun más compungida.

-Pues ¿qué le sucede a Vd.compadre? -preguntó D. Roque.

-¡Que no sé que hacer con mi dinero! -exclamó D. Jeremías en tonodesesperado y levantando sus manos por cima de su cabeza.

-Vamosvamosno se apure Vd.-respondió Don Roque-ya veremos dóndecolocarlo.

-Y cuatro años de intereses perdidos por haberlo tenido parado¿quién melos resarce?

-Su culpa es; a nadie tiene Vd. que quejarse¿por qué es Vd. tan encogidoy medroso? Amigoel que no se arriesga no pasa la mar. Finque Vd.; que lasfincas están baratas. [33]

-¡Fincar!... ¡fincas! -exclamó el avaro horrorizado-que con lasterribles contribuciones no danbien comparadasesto esen la tercera partede su valor¡un cinco por ciento!... ¿me quiere Vd. arruinar?

-Póngalo Vd. a premio con hipoteca.

-Para que me obliguen a quedarme con la hipotecapara que haya pleitos;-añadió estremecido el avaro-; ¿me quiere Vd. asesinar?

-Pues póngalo Vd. en un banco.

-¿En un banco? Vamos compadre; veo que usted quiere burlarse de mí. ¿Nosabe Vd. lo que he perdido en el banco de Nueva-York? Yankees del demonioasazpeeres que los indios bravosque los negros cimarrones y que los piratasmalayos...

-¿Quiere Vd. comparar los bancos de allá con los de Europacompadre? Nosea Vd. pusilánime en su vida. Yo he puesto cien mil duros en el banco deFranciaponga Vd. los sesenta y tanto mil que debe tener usted por mi cuentaaquí parados. Cuando vengan los otros sesenta que le quedan a Vd. que cobrarallápodrá darles otro destino.

-Chitónchitón-sopló D. Jeremías asustadoponiendo un dedo sobre laboca-: nadie le pregunta a usted lo que tengo; las paredes tienen oídosy Vd.un vocejón que parece de sochantrecompadre.

-No hay en la casa sino la negra y la niña; -dijo D. Roque.

-La negra y la niña-repuso D. Jeremías acercándose [34]a la puerta por ver si alguien los estaba es cuchando-tienen sus bocas pararepetir lo que oyencomo cada hijo de vecino.

-Haga Vd. lo que le digohombre de Dios-prosiguió D. Roque-; y si novaVd. a tener ese dinero para mientras viva.

Don Jeremías se puso a temblar como si se le hubiese entrado el frío de unaterciana; pero no rechazó del todo la idea. La iba cogiendo y soltando como ungato una sardina puesta sobre unas parrillas. Al cabo de tres días y tresnoches de combates y angustiasen las que ni comió ni durmióse decidió porfin a seguir el consejo de su amigoy al cuarto partió llevándose a la pobreniñasu ahijadade la que no se ocupó el apreciable sujeto en todo elviaje.

La niña iba convulsa y hecha un mar de lágrimasno por separarse de supadredelante del cual temblabasino por dejar a la negra estúpida yamilanadaque al fin era el único ser que desde la muerte de su madre no larepulsabay por el espantoso horror que le inspiraba la mar.

Cuando ancló el vapor en Sanlúcar para recibir pasajerosestaba la infelizniña tendida en su camarotemás muerta que viva. Su mal aumentado con lasansias del mareo y con su miedola habían puesto en un estado que dabacompasión. Allí se embarcó una señora joven y hermosa con un caballero deedad y una niña de ocho años. Esta se puso a escudriñarlo todo. [35]

-Quiero ver este camarote-dijo-empujando la puerta del en que estabaLágrimas.

-NoReina-le dijo la madre-está cerrado y tendrá dueño.

-Pues quiero verlo... quiero...

-Niña-dijo el caballero anciano-no siempre en el mundo se puede hacer loque se quiere.

La niñapor respuestadaba vueltas al pestillohasta que consiguióabrirlo.

-¡Qué picarilla! -dijo la madre-; en metiéndosele algo en la cabezanopara hasta salirse con ello.

-¡Dios quiera que no le pese a Vd. algún día lo que ahora le hace graciaMarquesa! -repuso el caballero.

-¡Madremadre! -gritó su hija-: miradmirad a esta pobre niña... estámala y sola; ¡pobrecitapobrecita!

La Marquesa acudió al camarotey halló a su hija que abrazaba y besaba ala pobre Lágrimasque parecía un cadáver.

-¡Pobre niña! -dijo la Marquesa-. ¿Con quién vienes?

-Con mi padrino-respondió en voz casi ininteligible la niña.

-Que es un pícaro infame que te deja así mala y sola-dijo Reina.

-ReinaReinaeso es muy feoy no se dice-dijo su madre.

Pero la niña había desaparecidoy pronto volvió [36]con un plato de bizcochos: un criado la seguía con una bandeja de café.

-Tomatoma bizcochos y cafépobrecita míaque es bueno para el mareo-dijo Reina-. ¿Buen padrino tienes! Si le veo arribale doy un empujón paraque se caiga al río.

-Reina ¿no podías haberme avisadoy no ir tú por el café? -dijo elcaballero.

¡Qué avisar! -repuso esta-: hubiese Vd. echado dos díasD. Domingo.

-¡Qué corazón tiene esta hija mía! -dijo la marquesa de Alocazcubriendode apasionados cariños a su hija. [37]



 

 

Capítulo IV

ENERO1838.

Algún tiempo después estaban sentadas debajo del emparrado del jardín delconvento unas cuantas niñas chicas. Nada podía verse más gracioso que lo eransus posicionesmovimientos y ademanes. ¡Con cuanta razón se ha dicho que todolo que lleva el sello de la gracia elegante y ascéticaes una copiaperfeccionada de la gracia de la infancia! ¿Consistirá esto en que esa graciaque nos encantasea el celestial reflejo de la inocencia?

Todas estaban muy ocupadas; unas hacían un jardín con un arte que hubieseenvidiado Le Notre... figuraba en él una ramita de boxun naranjo; unaclavellinauna palma; en el centro un medio cascarón [38]de huevofiguraba la fuente de alabastroen la que unos pedacitos de hojas degeranio encarnadorepresentaban los peces; a su alrededor los dedalesrellenosde ramitas de tomillofiguraban macetas. Otras niñas hechas cocinerasseafanaban en meter en una ollita tamaña como una nuezunas cuantas colifloresfiguradas por jaramagos. Otras vestían un niño de barro con toda la delicadezanecesaria para no dejarlo falto de piernas o de brazos. Otrasgravementesentadas en visitatenían en sus manos una hoja de parra a manera de abanico.

Sólo una niña delgada y pálidaestaba sentada en una sillita baja y no semovía.

-¿Nunca quieres jugarLágrimas? -dijo una de las otras. ¿Te duele un pie?

-No-respondió la niña.

-Pues ¿porqué no quieres jugar?

-¡Estoy cansada!

-¿De qué?

-No sé.

-Yo también estoy cansada-dijo la cocineraabandonando la olla a sutriste suertecomo lo hacen otras de muchos más años.

-Yo tambiényo también-repetían las demás con aquella inconstanciapropia de la edad en que nada interesani aun los juegos.

-¿Vamos a contar cuentos?

-Sísícuenta túMaalena.

-Había vez y vez una hormiguita... [39]

-Ese noese noque le sabemos.

-Pues no sé otroea.

-¡Aymiramiraun bicho! ¡Qué feo es!

-No es feoes una chinita de humedad; en tocándolase pone redonda comouna bolamira.

-¿Y porqué hace eso?

-Para esconderse.

-La voy a matar.

-Jesúsnonoque si lo ve Lágrimas va a llorary nos va a reñir lamadre Socorro por mor de ti.

-Pues yo haré que no llore; yo sé como.

-¿Tú? No es.

-Sí es.

-¿Pues cómo?

-Con una copla que yo séy se les canta a los niños para que callen.

-Cántala... anda.

La niña se puso a cantar en la más sencilla de las tonadaspuesto que nosalió de una sola y misma nota:

 

Isabelita no llores

 
 

que se marchitan las flores

 
 

no llores Isabelita

 
 

que las flores se marchitan.

 

-Maalena-dijo una regordetilla de carita rosada y bobilla- cuéntanos lahistoria del niño perdidoque es más bonita¡anda! [40]

Maalena se sentósobre una regadera y empezó la historia del niño perdido.

 

Madrea la puerta está un niño

 
 

más hermoso que el sol bello

 
 

y dice que tiene frío

 
 

porque viene medio en cueros.

 
 

Pues dile que entre; se calentará.

 
 

¡Ay! ¡Que en este pueblo ya no hay caridad!

 
 

Entró el niño y se sentó;

 
 

hizo que se calentara

 
 

y preguntó la patrona

 
 

¿de qué tierra? ¿De qué patria?

 
 

Responde: señorasoy de lejas tierras.

 
 

Mi padre es del cielo; madre es de la tierra.

 
 

Estando el niño cenando

 
 

las lágrimas se le caen

 
 

-dime niño¿porqué lloras?

 
 

Porque he perdido a mi madre.

 
 

Mi Madre de pena no sabrá que hacer

 
 

aunque la consuele mi Padre José.

 
 

-Hazle la camita al niño

 
 

en la alcoba con primor.

 
 

-Que no se hagaseñora;

 
 

que mi cama es un rincón.

 
 

Mi cama es el suelo en el que nací

 
 

y hasta que me muera ha de ser así.

 
 

Apenas rompía el alba

 
 

el niño se levantó

 
 

y le dijo a la patrona

 
 

que se quedase con Dios;

 
 

que él se iba al templo por que era su casa;

 
 

donde iremos todos a darle las gracias.

 

Cuando hubo concluido Maalenase volvieron las niñas a la niña pálida yle dijeron: [41]

-Lágrimascuéntanos el cuento de la Flor del Lililá¡qué lo cuentastú muy bien!

-Estoy cansada-respondió la niña pálida.

-Andacuentano seas premiosa y con su cante y todo. Si lo cuentaste voypor lechuguino al huerto para tu canario.

Con esta promesala niña que parecía tan caídase animóy contó comosigue su cuento.


CUENTO DE LA FLOR DEL LILILÁ.

Habíase un Rey que tenia tres hijosdos muy malos y uno muy bueno. Todoslos días venia a palacio una pobrecita a pedir limosnay los dos grandes ni ledabanni le decían siquiera perdone Vd. por Diossino que se fuese.Pero el más chico aunque no tenía dineroporque se lo quitaban los grandesle daba a la pobrecita su pan después de besarlo. Diole al Rey una enfermedaden los ojos y cegó; y los médicos dijeron que no había sino una cosa que lopudiese poner buenoy era esa cosa la flor del Lililá. Pero era el caso quenadie sabía donde estaba la flor del Lililá.

Los hijos dijeron que iban a buscarlay que no se habían de volver sinellaaunque tuviesen que ir hasta donde se levanta y hasta donde se acuesta elsol. Salió el mayory se encontró con la pobrecita que pedíaque era laVIRGENy le preguntó si le podría [42] guiarodar nortepara poder hallar la flor del Lililá. Y como la Virgen no niega unbuen consejo a nadiesea malo o sea santo el que se lo pidale respondió;-Ves por aquel camino derechitoderechito que te señaloy llegarás; pero teadvierto que hallarás a muchos niños blancosque son los niños buenosymuchos niños negros que son los malos; estos querrán jugar contigoentretenerte y sacarte de la buena senda; no les hagas caso sino a los blancosque te acompañarán y mostrarán siempre la buena senda. El niño siguió sucaminopero en lugar de hacer lo que le había dicho la buena pobrecita se pusoa jugar con los niños negros que lo extraviaron; y lo mismo en todo y por todoque sucedió al mayor sucedió al segundo. Pero no así al chicoque como erabuenohizo todo lo que le dijo la pobrecitay así fue que los niños blancosle acompañaron hasta llegar a un jardín muy hermoso donde estaba la flor delLililáque era blancaresplandecía y olía a gloria.

Cortó el niño la flory se puso en camino para llevársela a su padre.Pero a poco encontró a sus hermanos con los niños negrosque les dijeronmatasen a su hermano para llevarles ellos a su padre la flor; y así lo hicieronlos pícarosy después de matado enterraron a su hermanito para que nadie loviese.

En el sitio en que fue enterrado el niñonació un cañaveraly unpastorcito que apacentaba por allí sus ovejitascortó una cana e hizo unaflautay cuando [43] se puso a tocarlasalió deella una voz muy triste que cantaba.

La niña se puso a cantar con una voz débil; pura y dulce como un suspirosobre una sencillapero melodiosa y expresiva tonada:

 

No me toquespastorcito

 
 

que tendré que divulgar

 
 

que me han muerto mis hermanos

 
 

por la flor del Lililá.

 

Al pastorcillo le pareció el canto de la flauta una cosa tan rara y tanbonitaque se la llevó al Rey; más apenas la tenía en las manos el Reycuando se oyó el canto mucho más triste todavíaque cantaba:

 

No me toquespadre mío

 
 

que tendré que divulgar

 
 

que me han muerto mis hermanos

 
 

por la flor del Lililá.

 

Cuando el padre conoció la voz de su hijo el más chicose puso a llorar ya arrancarse los cabellos y mandó traer sus hijos mayores a su presencia. Estosal oír el canto de la flautacayeron de rodillasdeshechos en lágrimas yconfesaron su delito. Entonces el Rey los condenó a morir. Pero de la flautasalió una vozsin que nadie la tocaseque más suave que nunca cantó:

 

No los matespadre mío

 
 

y ten con ellos piedad

 
 

que los tengo perdonado...

 
 

¡que es tan dulce perdonar! [44]

 

Concluido que hubo la niña su cuentolas demás se esparcieron formandonuevos juegospero casi todas tarareaban en sus infantiles vocesque aun nopodían como la de Lágrimas ceñirse a una melodíaen notas vagasy sinprecisiónque no tenían aun el freno de la voluntadasí como lospensamientos de entre duerme y velaque lo han perdidola canción del cuentode Lágrimasmientras ésta con su voz aun más dulce y tristeseguíacantando:

 

Que les tengo perdonado...

 
 

¡Que es tan dulce perdonar!

 

Puso la niña su mano en su mejilla y cual si ella misma se hubiese arrulladocon su cantose quedó dormida.

-¡Angelito! -dijo al verla la madre Socorro-; la pobre niña no ha pegadolos ojos en toda la noche. ¡Me da una lástima! ¿La sacaremos adelantemadreabadesa?

-Con la ayuda de Dioshermana-contestó ésta-. Hablad quedoniñas mías-añadió dirigiéndose a las otras niñas-para no despertar a la pobrecitaque no duerme de noche.

Las niñas se alejaronse internaron en el jardín y empezaron a hablar dequedopero con esa graciosa falta de tino de la infanciatan extremo de quedoque no se oían unas a otras.

-¿A que no adivináis? -dijo Maalena que era la mayormatrona ya de sieteaños. [45]

-¿El qué?

-Una adivina.

-¡A que sí!

-Pues... ¿qué es un platito de avellanas que de día se recoge y de nochese derrama?

Todas se pusieron a meditar por casi medio minuto.

-Nosotras; -exclamó la gordiflona dando un salto que la levantó dedo ymedio del suelo.

-Al revés me la vestí-dijo la matrona-. Eres más tonta que PipíJosefita.

-Pues dilo túya que lo sabes.

-Las estrellastorpe.

-¡Qué no! Las estrellas no son avellanas.

-¿Pues qué son? Marisabidilla.

-Las lágrimas de María que se llevaron los ángeles al cielo; por eso sontantas que nadie las puede contar.

Las niñas se pusieron a mirar al cieloen el que surcaban volantesnubarronescubriendo y descubriendo a su paso alternativamente la luna.

-¡Ay! -dijo la regordetita-¿no ves como se entra y se sale la luna en elcielo? ¿Qué le habrá dado?

-La estará llamando Padre Dioscontestó su vecina.

-Yo no oigo a su mercé.

-Tampoco lo ves en la misay está-dijo la matrona-si lo viéramos conestos ojos y lo oyéramos con estas orejas-añadió tirándole un tirón delas suyas a [46] la gordifloncilla-¿qué graciahabría en creer? Como dice la madre Socorro.

La dueña de la oreja dio un chillido. La niña dormida se estremecióydespertó sobresaltada: sus ojos negros estaban desmesuradamente abiertos yexclamó azorada:

-¡La mar! ¡La mar! ¡El tiburón! ¡El tiburón! ¡Madre! ¡Madre!

La monja tomó a la niña en sus brazos.

-Vamosvamosniña mía-le dijo-. Sosiégatees un sueñouna pesadilla.Tu madre está en el cielo con Dioscon los ángelescon los santosrogandopor ti. Tú estás aquí con nosotrasque te queremos tanto: a tu lado está elÁngel de tu guarda; la mar y sus tiburones están muy lejos: no hay aquí sinola fuente de agua tan dulce y los pececillos colorados: ¡míralosmíraloscomo corren! [47]



 

 

Capítulo V

Ya que hemos ido a buscar la filiación de parte de los personajes que van afigurar en los eventos(por cierto sencillos y cuotidianos)que vamos areferirpreciso nos será hacer lo mismo con los demás que vamos a poner enescena. Hacemos esto con tanta más razóncuanto que más que eventospintamos sucesos; más que héroes de novelatrazamos retratos verídicos de lavida real.

Hay seres eminentemente felices y envidiablemente dichosos. Son estos los quecon una excelente saluduna situación medianaen la que nada ahorranpero enla que tienen su pan aseguradoalejando así esperanzas doradas y temoresnegrosen un círculo limitado de objetos y de ideassin conocer un libro nide vistasino el catecismotienen la existencia [48]exterior arreglada como un relojy la interior tranquila como una balsa deaceite.

El siglo de las luces no es de este parecer; ¡peor para él! No quiereexistencias modestas y tranquilas; esto es contra la dignidad de las luces y el decorumde la ilustración.

Así inocula a toda prisa este siglo la noble ambición en todosnocomo la vacuna para preservar de un mal al inoculadosino para ponerle apto apadecer una feroz epidemia. La aplicación de esta verdad podrá hacerse en elrelato que ahora empezamos. Llevando a nuestros lectores a Villamarpuertecitode mar el más desconocido de Españaen el que Don Perfecto Cívicoherradory albéitartenía dignamente y con satisfacción de todosla vara de alcaldeen sus robustas manos.

Siendo este buen señor veterinario de un Regimientoconoció en Galicia unagallega que valía y tenía su peso en plataque no era poco.

Cívicoque era buen mozotefue bien acogido cuando se presentó depretendiente; con condición de retirarse del servicioy de sentar sus reales ysu banco de herrador en su pueblo. Apenas casadomurió su suegro; Cívicorealizó la herenciase trajo esta en buenas letras de cambioy a su mujer enun charanguero a Cádizdesde donde pasaron en amor y compaña a Villamar. Elorigen de este caudal heredado era el siguiente.

El abuelo de la novia tuvo dos hijosTiburcio y [49]Bartolo; al primeroque era fuerte y robustole puso su padre a arar. Alsegundoque era flaco y endeblele envió a América como género de pacotilla.Después de muchos añosrecibieron carta de Bartoloen que le decía a sufamilia que no le había ido maly que había hecho dinero.

En esta carta se firmaba el que la escribíaBartolomé. Su hermano Tiburcioque atribuyó el me añadido al Bartoloal orgullo que le daban susriquezas y sus viajesse picóy le contestó con arrogancia:

 

Si pur que fuiste a las Indias

 
 

te firmas Bartulumé

 
 

yu sin salir de Jalicia

 
 

fírmume Tiburciomé.

 

Murió Bartolomé y heredó Tiburcio el caudalito que su hijaTiburcia llevó en dote al enamorado albéitar.

Este enlace fue felizporque amboséla pesar de su necia fachendaechándola de ilustradoy ellaa pesar de su genio tosco y mandóneran dosbuenas y honradas criaturas.

D. Perfectosobre todo desde que había cogido en sus menos la vara quenadie en el pueblo quería tener en las suyasostentaba un tono sentencioso ydoctoraly enmendaba la plana al Gobierno con un conocimiento de causaunaciencia infusa pasmosa. Tiburciaaunque franca y jovialno se dejaba intimidar[50] con tonos ni aires; no entendía dechicas y llevaba en su casa la vozpor la sencilla razón de que de ella eranlus cuartus. Sólo un choque habían tenido los consortes. Tiburcia noqueríay en honor de la verdad no podía nombrar a su marido veterinarioy nohabía santo que la sacase de la voz albéitar. Y desesperaba a D.Perfecto Cívico ver atajarse el progreso en la boca de su propia mitad.

-Tiburcia-le decía a su mujer-el que ejerce el arte de laveterinaria se llama veterinario.

-Vaite a o demo-respondía Tiburcia con su acento gallego-en mi tierra elque cura las bestias se llama albéitary a mucha hunra: es verdad(3)<notas.htm>.

Pero llegó el día en que esta paz doméstica vino a perturbarse de unamanera más seria.

Tenía D. Perfecto fundadas todas sus esperanzas para el futuroengrandecimiento de su estirpepuestas todas las miras de su noble ambiciónlas ilusiones de sus dorados sueñosen su primogénitoque llevaba elnombre de familia Tiburcioy éste había llegado a la edad prefijada por supadre para llevarle a estudiar a Sevilla.

No daremos cuenta de los altercados que tuvieron en esta ocasión la mitadilustrada y la mitad no ilustrada de este matrimonioporque sería un nuncaacabar. [51]

-¡A estudiare! -exclamaba con su buen sentido gallego Tiburcia-estu esa jastarebuenus cuartus y que se haga un hulgazán. Que aprenda a herrare e a curar mulascomo su padree ganará bien su vida; es verdad. ¡Estudiare! ¿Te tienta odemo? ¡A estudiare! ¡Te figuras túhumbreque Tiburciño es fillo de algúnMarqués! ¡Nun lu he de consentir: es verdad!

Don Perfecto por primera vez en su vida se las calzó. Era el que su hijosubiese a altas regiones y figurase el sueño dorado de toda su vida: yantes lo hubiesen arrancado la vara de alcalde y el corazónque estas dulcesilusiones y estas brillantes fantasmagorías.

Así fue todo su conato hacerlas reverberar en la imaginación algo obtusa desu hijoy despertar en él la noble ambición de que él mismo estabaposeído. Era esto difícilporque Tiburciñocomo le llamaba su madremalditas las ganas que tenía de estudiarni menos de salir de Villamardondea pesar de no tener más que diez y siete añostenía ya su novia. Era estaMicaelao Quelacomo la llamaban siemprehija del tío Juan Lópezel ricocompadre del alcalde. Los padres habían visto con gusto este principio denoviajepor convenirse mutuamente las circunstancias de los muchachos. Así eltío Juan López hizo algunas prudentes reflexiones al alcaldepero no hubo tutía. Tiburcia gruñórabióllorógritó; no hubo emboque: partió elinflexible alcalde llevándose a su hijo que era un varal desgaviladoquellevaba muy [52] mal gesto e iba montado en unamula tan flaca como él.

El niñoque era de Villamarque tiene tanta fama por ser la tierraclásica de las calabazas vegetaleslas llevó muy sendas metafóricas en losdiferentes exámenes que sufrió en su carrera de estudiante barragán: lo queprolongó mucho el tiempo de universidad. Cuáles no serían las lamentacionesimprecaciones y reconvenciones que salían como de un fecundo manantialde laboca de la seña Tiburciacada vez que un trimestre vencido forzaba a laeconómica gallega a aflojar los apretados cordones de su bolsilloeso queda enlo incalculablecomo las estrellaslos granos de arena del desiertoy lasgotas de agua de la mar.

Pero todo lo sufría estoicamente el señor Perfecto Cívico con tal que suhijo entrase en la senda que conduce al ministerio. Estaba tan entusiasmadoquetodo lo sacrificaba a fomentar la ardua empresa. Cada torozón que curabaseconvertía en el Derecho realy las herraduras puestasen un Destut Tracydesesperando con esto a Tiburciaque exclamaba desconsolada:

-Este humbre es un mal padre; un ladre de sus utros fillosque non van avere un cuartu de la herencia de mi tiu Bartulumé. Ven acáhumbre de Dios¿si tudus los albéitares mandan a fillos suyos a estudiarequién curará lasbestias?

-Los hijos de Marqueses-contestaba pomposamente [53]el alcalde-como lo dice el periódico titulado La Víspera del día deljuicio.

Diciendo esto se envolvía el alcalde en su capa burda como en una togayabandonaba el mezquino y oscuro hogar doméstico.

En las primeras vacaciones que el estudiante vino a pasar a su casase lenotó muy cuellisacadomuy perezosomuy desastradocon un falseterecio y destempladoy unas ganas de comer que horrorizaron a su madre.

En estas primeras visitasno tuvo Quela motivos para quejarse de lainconstancia ni frialdad de su novio; pero en cambio no le gustó oírlecelebrar con entusiasmo a las muchachas de la fábrica de tabacos y ponerlas pormodelo de gracia campechana. Tampoco le gustó el tufo a vinoinseparablecompañero del estudiante lugareño. No obstantesiempre apegada y fielviocon gusto a los padres concertar sus bodas.

Más adelante Tiburcio fue escaseando sus visitasy multiplicando suspedidos de dinero. Más adelante aunvino el estudiante por pocos díasconaire jaque y ostentando una superioridad y un predominio que le hicieroninsoportable e todosmenos a su padreque en esto vio vislumbrarse al hombresuperior.

Llévanos esto sencillamente a hacer una reflexión general en punto aeducacióny es que existe una cosa funesta en nuestros días en que tanto secharla [54] sobre educación como sobre todo. ¡Épocade charla si la hubo! La charla privala charla reinala charla aturdey lacharla va haciendo de las ideas un nudo gordiano. Pedimos a Dios que envíe unamudez general a guisa de espada de Alejandro. Esta cosa funesta es el exageradocuidado que se pone en la parte intelectual de la educaciónes deciren elsabery el poco que se da a la parte morales deciral sentimiento. Ver comose rellena la cabezay se deja vacío el corazón. ¡Esto aturde!... ¡Asísale ello!

Son los sentimientos la parte suave y femenina de nuestra naturaleza; elentendimiento es la parte duraáspera y masculina: ahora bientened presentepara vuestro gobiernoque en aquellas partes donde la primera está avasalladay desatendida y prepondera la segundason pueblos bárbarosdurostoscos ycrueles. Irrita el ver como los chicuelos del díaespecies de vocinglerospapagayosque tanto saben de memoriaostentan su superioridad en todasmaterias sobre sus mayoresque aprendieron en el gran libro de la experiencia;y cómo gentes de valery aun sus propios padresles aguantan por faltarles asu recto juicio y sanas razonesacaso la insufrible fraseologíala maceadoralocuacidady la sofística argumentación moderna; argumentación inatacableporque ni tiene bases ni reconoce aquellas en que se fundan los argumentos desus contrarios. Si ponemos algún día un colegiocata aquí nuestro programalectorpor si quieres confiarnos algún hijo. [55]

CÁTEDRA PRIMERA; en que se inculcará:

Que el hombre sin religión es una fiera rebeldeingrata y estúpidaqueemplea sus facultades en perjuicio propio y ajeno. Que la religión no es unafabulita ni un sistemita que cada cual se fabrica en el pequeñísimo taller desus ideas; sino una revelación divina: no puede ser ni comprenderse de otrasuerte. Que nuestra flaqueza puede apartarnos de sus mandamientospero que nopuede sin apostasía el entendimiento apartarnos de sus principiosy que unaapostasíapor pequeña que seaes un mal mucho mayor que una flaqueza aunquegrande.

SEGUNDA CÁTEDRA; en que se inculcará:

Que la bondad es el suave óleo que debe ungir todos los ejes sobre los quegiran nuestras acciones y relaciones con todo el mundoy hasta con los animalespobres seres desvalidos que tiraniza el hombre.

TERCERA CÁTEDRA; en que se probará:

Que el respeto a nuestros superioresa nuestros semejantesa nuestrosinferioresal poder y a la desgraciano essegún se ve hoy díaun mythoun sentimiento apócrifoo una fósil y antediluviana curiosidadsino queexistey es una flor aristocrática del corazón y el sello de una educaciónfina y distinguida.

CUARTA CÁTEDRA; se enseñará:

Que la modestiaesa gemela señora de su hermana santalahumildades el sello del verdadero [56] mérito;el estigma que le imprime la superioridad.

QUINTA CÁTEDRA; se enseña la caridad:

Débese ejercerno por mayor y en teorías; pero al pormenor y en práctica.Débese emplearno como arma contra los ricossino como auxilio para lospobres. Debese ensalzar en los otros más que todas las demás virtudes; másque el saberel talento y que cuanto haypues es la que más nos asemeja aDios. Después que salga de nuestra escuelaquerido lectorpodrás enseñar atu hijo la gimnásticael avant deuxel francésel latínel griegoy aunque sea el sanscrito. Con ninguna de estas cosas es incompatible nuestroCOLEGIO DE PRIMEROS SENTIMIENTOS.

Con el mencionado detestable y chabacano aire de superioridadmirabaTiburcioese lechuguino do arrabala su novia la linda Quelay no obstanteQuela era una de esas criaturas privilegiadas que nacen en todas las esferasnopara salir de ellassino para embellecerlasporque Dios dispensa sus graciascon igualdad en todas. San Isidro fue labrador y Nerón emperadorsin que estohaya contravenido a las leyes morales y físicas que rigen el mundo.

Criada Quela en la Amiga de señá Rositade quien fue la preferidadesde niña su bonita figurasu docilidadsu aplicación e índole dulcelahicieron apta a que germinase cuanta buena semilla se [57]sembró en su corazón. Si por un lado el carácter un poco áspero de su padrela hacía encogidapor otro los mimos de su madre la hacían confiada. Erasuave como un día de calma; caritativa como una santa; alegre ajuiciaday seapegaba a las personas a quienes queríacomo un suave jazmín que perfumabacon sus flores lo que estrecha con sus ramas. [58]



 

 

Capítulo VI

ABRIL1842.

¡Cuán vasta es la esfera de los sentimientos del hombre! Sólo ella puededarnos una idea de la inmensidad. Sin ir a buscar su variedad y sus contrastesentre los diferentes individuos de la especie humanaentre los cuales loshallaríamosen algunosdignos de ser abrigados en pechos de ángelesenotros análogos a los de los réprobospodemos hallar este horizonte sinlímites en nosotros mismos.

Pero ¿qué es lo que hoy cubre de nubes este horizontey qué poder es elque las disipará mañanay lo hará resplandecer a los rayos de un brillantesol? La imaginación. Bien. ¿Mas quién le da ese poder? ¿Quién es quien aella misma le pone hoy una [59] corona de rosasyle pondrá mañana una de ciprés? El corazón. Bien. ¿Y cuál es el astro queinfluye en las mareas del corazón? ¿Qué lo hace sonreír hoy y mañanasuspirar? Es el soplo que despide al agitarse las alas de un ángel desterrado ala tierrapor haberla creído mejor de lo que esy que se esfuerza en vano enlanzarse al éter y volver al cielocada vez que la lástimael horrorlaindignación destrozan su pecho. ¿A quépueshan escrito tantos poetasmagníficas estrofas para pintar esta melancolíaeste malestar que no es enlos seres superioressino el ansia por la santidadque es el ideal del alma?Veo por qué en el cristiano esta tristeza es humildey llora; y por qué en elescéptico es amarga y blasfema. En el primero lleva al pie del altar; en elsegundo al suicidio.

¡A qué esta elevada digresión? ¿Por qué en una novelaque deberíatener un carácter decidido sentimental o jocosohacernos pasar de repente alos extremos opuestos en estos dos ramos? Contestaremos: que no escribimosnovelassino cuadros de la vida humanatal cual estal cual la veis vosdelante de vuestros ojos. Ahorapuesel mundo es como la cabeza de Janocondos fasesde las cualesuna es la de Demócrito y otra la de Heráclitoquepasan ante vos alternativamente riendo o llorando. Acaso si escribieseis lahistoria de vuestras propias impresiones¿no irían igualmente alternados yformando contraste los capítulos que escribieseis bajo las impresiones [60]diversas que recibís? Después de estas reflexiones explicativas yvindicatoriasprosigamos.

Jugaban en el convento de monjas de que ya se ha hecho menciónlas niñasque en él vimos tan chicaspero que encontramos muy crecidasporque hanpasado desde entonces cuatro años.

El antiguo personal se ha aumentado con otra niña de doce añosllamadaReinahija de la Marquesa de Alocazla que habiendo tenido que hacer un viajea Madridha dejado a su hija en el convento donde ella misma había sido criada.Educar a las niñas en los conventos no se estila hoy día; la madre que pensaseen esosería tenida por una madre muy tirana y anticonstitucional. Quitar alas niñas el lucir las capotas y los echarpes en el paseolevantando las naricesmirando a todo el mundo a la cara con una insolencia demanolas; quitar a estas inocentitas el dar su opinión y emitir su votosobre la ópera y el prendido de la señora tal o cuales contravenir a los sagradosderechos de las niñas. Impedir a monitas de ocho añosel ser seguidas enel paseo por miquitos de diezy recibir esquelitas escritas con palotes sobreun papel que lleva gravemente las iniciales del que la escribióy sobre lascuales se ve una corona en lugar de una chichonerasería una flagrantereacción hacia el obscurantismo. Enseñar a las niñas a coser una camisa enlugar de bordar un chocante y chillón paisaje chinescoo el país de las monasen tapicería para un cuadro que lastimará la [61]vista de cuantos lo miren; hacerles leer buenos libros el Año Cristianoenlugar del periódico de modas; hacerlas llevar la casa y cuidar de su aseoenlugar de tocar el piano ocho horas al día; todo esto sería pecado de lesaelegancia; ¿a qué semejante educación amillavesca cuando todossomos ricoso esperamos serloy cuando por noticias fidedignas recibidas portelégrafos eléctricosse sabe que va a llegar un surtido completo de novioscalifornianos para dichas princesas?

Así esque solo a la casualidad que obligó a su madre a ir a Madrideradebido el que Reina estuviese en el convento. Las otras niñas eran de genteshumildesla mayor parte huérfanasque o bien sus parienteso algunaspersonas caritativaso bien las mismas monjas mantenían en el convento.Estaban regando macetas. Reina estaba parada delante de una niña pálidaquesin moverse se mantenía en pie apoyada contra un árbol. Era aquella la mismaniña que ya vimos en el vaporinteresarse tan calorosamente por Lágrimas.

-Vamosven a correr-le decía reteniendo a duras penas sus piececillosinquietos que parecían tener alas como los de Mercurio-; ¡a que no me coges!

-¡Estoy cansada! -dijo la niña pálida.

-¡DéjalaReina-dijeron dos niñas que pasaban en este instante cerca delas otrasllevando entre las dos una maceta de alhelíescomo Santa Justa ySanta Rufina la Giralda-déjala! ¡Si no le gusta correr!... ¡Nada le gusta;ni correrni jugarni hablarni comer[62] nidormir; nada le gusta sino no hacer nada! OyeLágrimas¿son en tu tierratodas tan pánfilas?

La niña pálida al oír esta salida hostilse echó a llorar.

-¡Eh! ¡Ya la hemos hecho buena! -dijo una de las agresoras-esa es como lafuente del patio; no hay sino tocar a la llave; sea por el lado que seaalláva el agua. ¡Si madre Socorro la ve llorarya estamos frescas! ¡Jesús! ¡Nolloresmujerpor María Santísima! ¿Qué te hemos hecho? Lágrimas... ¡yque bien te viene el nombrey qué guitarra tan mal templada eres!

-Y yo ¿en qué os ofendo que me queréis tan mal? -dijo la niña sin dejarde llorar.

A las otras les dio tal coraje ver que no dejaba de llorarquealternativamente se pusieron a decirle:

-Fuente de lágrimas.

-Valle de lágrimas.

-Mar de lágrimas.

-Chubasco de lágrimas.

-Lloras para que nos riñan; comadre llorona; pero no tengas cuidadoqueconforme te coja las vueltasle vacío el agua al bebedero de tu canario.

Al oír esta amenazaLágrimas se dejó caer en el suelosu respiración seagitó con hueco sonido; sus ojos se abrieron desmesuradamente y comodesatentadosy apoyó sus manecitas sobre su pecho.

-¡Jesús nos valga! -dijeron las niñas de la maceta asustadas-le da lapalpitaciónla suspensiónla quisicosa; [63] siviene la madre Socorro nos podemos encomendar a Dios.

Diciendo esto habían soltado la macetay habían echado a correrdesapareciendo en el extremo opuesto del jardín.

Reinaque tenía dos años más que Lágrimasera altabien formadayllevaba erguida una cabeza en cuyas perfectas líneas se desarrollaba ya unasingular bellezay en cuya frente altiva y ademanes sueltosse descubría laniña ricamimada y criada sin sujeción. Bajó ella sus ojos hacia la otraniña que estaba caída en el sueloy si bien no hubiese hallado un observadoren aquella mirada lo celestial y dulce de la compasión simpáticaen cambiohubiese notado en ella la noble expresión de la voluntad enérgicade ladecisión activa de proteger lo justo contra lo injustolo débil contra lofuerte.

Sin aturrullarsesin inmutarsehabía Reina aflojado las cintas del vestidode su compañeray la sostenía dándole friegas en los brazos como lo habíavisto practicar en semejantes ocasiones a las monjascuando llegó la madreSocorro.

-¿Qué es lo que le ha causado esto? -preguntó apurada la buena religiosa.

Ambas niñas callaron: Lágrimasporque entre sus angélicas cualidadeserala más espontánea e inherente a su serla de perdonaro por mejor decirenaquella suave criatura que se había criado entre padeceres físicos ysentimientos religiososno [64] existía perdónporque no existía la ofensa; las pocas veces que sufría algún pequeñovejamencomo había sucedido aquella mañanaeste la heríapero no laofendíaconseguíase afligirlapero no irritarla.

Por lo que toca a Reinatenía la nobleza que impide delatarcuando setiene la seguridad de impedir el mal por sí.

Lágrimas había vuelto en sí de aquella crisisy aseguraba a la madreSocorro que se hallaba bien.

-¿Quién ha puesto aquí esta maceta? -preguntó estaviendo la giralda dealhelíesque las santas Justa y Rufina habían dejado plantada en medio de uncaminosin que chistasen los alhelíes de miedo de volver a sufrir lasbárbaras sacudidas de que ya habían sido víctimas en manos de sus inhábilesportadoras.

Reina se lo dijoy la madre llamó a las nombradas.

Llegaron estassiendo vivas imágenes de la confusiónde losremordimientos y del desaliento.

-¿Dónde llevabais esa maceta? -preguntó la religiosa.

Al oír esta preguntaque no tenía conexión con su mal comportamiento conLágrimasun cambio repentino como en una comedia de magiase efectuó en lacara y talante de las llamadas a juicio; huyeron las tinieblasbrilló el soly contestaron horondas:

-Aquícerca de la fuente.

-¿Y por qué? [65]

-Porque tenemos para regarla que acarrear el agua de tan lejosy con elcalor nos fatigamos.

-Estas macetasprosiguió la monja¿las criáis para poner en el altar dela Señora el día del Dulce Nombre?

-Síseñora.

-Pues para que en ese día estén en toda su flornecesitan del sol quetienen allí donde estány no estar como estarían al lado de la fuente a lasombra de los árboles; pero aunque eso no fueseno queráis nunca cercenarpasos en cosa que fuere del servicio de Dios; aunque os parezcan perdidos no losony sino oid un ejemplo:

Tenía un ermitaño su ermita en un valle cerca de un monte sobre el quehabía un hospital. Hubo una gran epidemiay el hospital se llenó tanto deenfermosque no había manos que bastasen para asistirlospor lo cualacudieron al ermitaño para que fuese a prestarles auxilio; el buen ermitaño seapresuró en acudiry todas las mañanasapenas echaba el sol sus lucestomaba su báculo y trepaba la pendiente cuesta para tomar su puesto en laenfermería.

-¿No seria mejor-se dijo un día en que el calor lo fatigaba mucho alsubir aquella cuesta tan empinada-que labrase yo mi ermita aquí arriba?

Oyó entonces una voz que contaba detrás de élunodostrescuatro...Se volviópero no vio a nadie. -¡Que no hubiese yo discurrido esto antes!-Siguió pensando-: ¡qué de fatigas y cansancio me hubiese [66]ahorrado! -Oyó entonces de nuevo la voz que seguía contando a sus espaldas.Volvió atónito la carapero como la vez primeraa nadie vio. Cerca de lacumbre yatendió la vista para buscar un sitio a propósito en que situarsecuando de nuevo oyó la voz que siempre contaba. Volviose asombrado y vio unángel-. «Soy el Ángel de tu guarda»le dijo; «y cuento tus pasos.»

-Así veishijas mías-prosiguió la madre Socorro-que nada de lo que sehace con buena intención hay perdido para el cieloy que para ser meritoriauna acción no es preciso lleve consigo una utilidad inmediata(4)<notas.htm>.

Tomó la madre a la pobre niñaque se estremeció con sacudidas nerviosaspor el brazoy se la llevo.

-Oíd-dijo Reina con el aire de su nombrea las niñas que cargaban con lamaceta viajera para volvérsela a llevar-: la de Vds. que se meta para nada conLágrimaso con su canariode avenírselas ha conmigo; no os digo másybasta. Tened entendidoque de tanta cosa como me traen de mi casahasta no verque os enmendáisa ninguna doy ni un ciento en boca. ¡Ya lo sabéislargaos!

Reina hizo un ademán majestuoso con el brazoy las portamacetas se alejaroncarilargas con el precepto [67] de abstinenciadecretado por Reinallevándose el tiestoen el que los alhelíes ibanbamboleándosecomo mareados o borrachos.

-Estaba tan aliviadita-decía la abadesa a la madre Socorroal verlapreparar un calmante para Lágrimas que se había acostado-; pero no se puedenunca cantar victoria en un mal que ni los mismos médicos pueden definir; siunos dicen que es asmaotros que hipocondría; otros piensan podrá declararseuna aneurismay otros que es todo nervioso.

-Sea lo que sea-repuso la madre Socorro con tristeza-; lo creo incurableyD. Agustín López del Banoque es el mejor si no el más alegre de losmédicos de Sevillabien lo da a entender cuando dice hablando de ellaviva lagallina y viva con su pepita.

Mientras las buenas religiosas discutían sobre el mal de LágrimasReinaque las había seguidose había sentado a la cabecera de la cama en que estabaacostada la pobre niñay le decía:

-Pero ¿por qué lloras por todocriatura?

-¡Porque todo es tan triste!...

-Yo lo hallo todo muy alegarerepuso Reina.

-¿Y también que mi canario se muriese de sed? -preguntó acongojadaLágrimas.

-No te apurestonta-respondió Reina-; ya les dije a esas pollas deinmundos corrales cuantas son cinco. No se volverán a meter contigo ni con tucanario; yo te lo aseguromás miedo me tienen que al [68]cancón. Pero vamos a verdime ¿es un motivo para que hasta mala te pongas elsolo temor de que pudiese morirse tu canario?

-SíReinasí. ¡Oh!... ¡si tú supieses lo que es la muerte!... -dijocon angustia la niña acostada.

-Lo mismo que el sueño-dijo Reina.

-¡Oh! ¡Nono; es terriblees horrible! ¿Has visto algún muertoReina?

-¡Jesús! Más de mil: y si son niños y llevan flores¡me hacen unagracia! Si me dejasenlos besaría.

-¡Virgen Santa! -exclamó estremecida la niña acostada.

-Acaso-prosiguió la otra-¿has visto tú alguno muy feomuy feo?

-No... no he visto muerta más que a mi madrey esa no era feaque erabonita: ¡pero la muerte la trastornó tanto! ¡Fijábame con sus ojos tanparadosy no me miraba! ¡Y sus labios se habían puesto blancosy nada medecían... como si fuesen mármol! ¡Y se puso del color de la ceray cualésta parecía no poder doblarse sin quebrarse! ¿Qué pasaría por mí al verlaasíReinayo que tanto la queríaque no me atrevía a acercarme a ella? Yome decía: ¿por qué madre no me llama? No es porque duermapues que tiene losojos abiertos.

-¿Pero estabas sola con ella? -preguntó Reina-; cuando hay un muertohaymuchas gentesy padres y médicos. [69]

-No había nadieReinasino la negra que dormíaporque era esto en unbarco en medio del marReina. ¡Oh! De todo me acuerdo: sonaba el viento tanhorriblecomo los aullidos del perro que barruntan la muertey la mar rugíacomo si pidiese algo que no le quisiesen dary el barco estaba tan inquietoyse sacudía como si quisiese arrojar algo fuera de su senoy mi madre sevolvía a un lado y a otro como si quisiese irse y quedarse;... y el mar pedíaalgoReinay el barco quería echarle lo que pedíaporque al día siguiente-añadió la niña con creciente horror y respiración agitada-al díasiguiente agarraron unos hombres a mi madre como a un fardoy a presencia de mipadreReina... ¡de mi padre!... que no lo impidiólo arrojaron a la marcomo cosa que nada valía; y en la marReina¡se la han comido los tiburones!...

-¡Madre Socorro! ¡Madre Socorro! -gritó Reina-; ¡acuda Vd. que aLágrimas le ha dado la alferecía! [70]



 

 

Capítulo VII

JUNIO1843

Un autor alemán decíaen una época muy anterior a la presenteconcandidez alemana: ¡Santa libertad! Ya que tu culto tiende a mejorar al hombre¿no podías escoger mejor tus sacerdotes?

La libertadno hizo maldito el caso de la reconvención de su apasionado. Elincidente pasó desapercibido.

A idéntico desaire nos vamos a exponeral hacer una deprecación análoga.Pero a bien que un desaire no rompe hueso.

¡Admirable civilización! Elevado anhelo a lo mejortútan fecunda en dara luz grandes cosas en los siglos pasados¿por qué has dado en abortar? ¡Tusabortos son espantososcivilizaciónmi amiga! Sentimos no poderlos conservaren espíritu de vino como [71] se hace con los delreino animalpara asombro de los siglos futuros. Civilizacióncivilizaciónmi amigaponte una bizma; que sino estamos mal.

Decimos esto al tropezar en nuestra relación con uno de estos abortos. Eseste el pseudo ilustrado. El pseudo ilustrado es la parodia del verdaderoilustradola caricatura del hombre culto. Tiene por especialidad elagarrar el rábano por las hojas; ea una notabilidad en su aptitud a nodar jamás golpe en bolay el tipo del quiero y no puedo. Divídese lacategoría de estos pseudosen dos. La una es de los que les da por loextranjero; la otra de los que les da por lo español. Aunque no aparece ennuestro relato ninguno de los primeroscomo nuestro lector de las Batuecaspuede por dicha suya no haber conocido a ningunonos es forzoso hacer unapequeña fisiología de estos seres interesantesque se pasean en zancosmirándonos de arriba abajo como mira Napoleón a los franceses desde su columnade la plaza de Vendome.

El pseudo extranjeradosobre todosi ha estado en LondresParís oPortvendres: cuanto ve criticalanzando la terrible anatema de ¡cosas deEspaña! Esta sentencia condenatoriaeste tremendo ultimátumnotiene réplica ni contradicciónporque efectivamente cosas de Españano soncosas de Portugal; esto es un axiomaun aforismoy lo que es aun másunaverdad de Pero-Grullo. Padece el pobre de spleen y de melancolía. [72]

El pseudo extranjerado adora lo confortable sin disfrutarlonuncaporque lo confortable es una especie de reconcentrado bienestarpersonalde mezquina sensualidadun pálido placer de viejos y débilesqueno le pega a la expansiva juventudal temple varonilni a los españoleslanación menos material de Europay que menos conoce la molicie. Pero el pseudola adora por tonoasí como todo lo esbeltolas mujeres coquetaslas capotas y el champagne. Le conforta el té y le da náuseas el chocolate; laropa vieja le hastía; el gazpacho le indigna. El pseudodesde queleyó las rimas festivas de Alcázaren las que celebra las berenjenas conquesodeclaró la poesía antigua chabacana. En un rato de loisir u ociorefundirá la letrillay en lugar de:

 

Tres cosas me tienen preso

 
 

de amores el corazón;

 
 

la bella Inésel jamón

 
 

y berenjenas con queso.

 

Pondrá:

 

Tiénenme preso a porfía

 
 

tres cosas el corazón

 
 

el beefstekel rigodón

 
 

y el talle esbelto de Lía.

 

Si no sabeslector de las Batuecasque beefstek es carne asada sobre laparrillaeres calificado por el pseudo en la categoría de los vegetalesy tu pueblo [73] entre los antros o cuevas negras yoscurasen las que no ha penetrado el más mínimo reflejo de las luces delsiglo.

Vamos ahora al pseudo que lo echa de español. Este bicho de luz se cría portodas partes. En la universidad de Sevilla se desarrolla a las mil maravillassí: en esa universidad de la que tantos jóvenes brillantes salen y han salido.Pero los pseudos forman la zupia de aquel buen criadero de vinos generosos.Tiene el pseudo éste varias voces que adapta por parecerle más propiasy másfinas quizásque las que están en uso y sanciona el Diccionario de laAcademia. A todo lo extranjero denomina extranjis: a los franceses franchutesa los ingleses inglismana los alemanes tudescosa los rusos moscovitas.Estas dos últimas denominaciones las creeen la inocencia de sus alcances¡denigrativas!El pseudo declara y sostiene que todo es mejor en España que en otras partesinclusos los géneros nacionalesy está vestidosi la echa de elegantedepies a cabeza de géneros extranjerosincluso el bastoncitoel paraguas y elreloj.

El pseudo jura no manchar la túnica virginal de su patriotismo saliendo deEspaña. Desde entonces los postes inamovibles y los marmolejos envalentonadoshan formado una junta patriótica en que han declarado follón y traidor a lapatriaa todo el que se ausente dos pasos de la frontera. El pseudoque leecha de españolhace un uso inmoderado de la [74]denominación de hija míacon la que gratifica a una señora la primeravez que la veaunque tenga ella treinta y él veinte años.

El hija míaaunque no desciende de Calderón ni Lopees españolrancio(¡¡y tan rancio!!) así es que esa denominación tan bonita ycariñosa en boca de la amistad y en la intimidadcomo chabacana y de mal tonocuando estas no la autorizanha reemplazado al Donesa apelación tandigna y noble que llevaron los reyes y que tan castizo y caballeroso suena. Asísucede que se va desterrando sin formarle causay sin que se pueda atinar quédelito ha cometido. Podríase inferir que fuese esto por modestiasi se tienepresente aquella rima.

 

Es el Don de aquel hidalgo

 
 

como el Don del algodón

 
 

que no puede tener Don

 
 

sin tener antes el algo.

 

Pero nada menos que esoquerido lector¿florecen en las Batuecas aunvioletas? Por acá nomi amigotodas se han secado. Valen hoy día lo que enotro tiempo los tulipanes en Holanda. Flora está de luto por la pérdida de suquerida vasalla; no la consuela la cameliaesa flor nueva sin perfume.

No es por modestia; al contrario: ¿sabes su delito? Es que se lo apropiaronun ama de llaves y un mayordomo. Desde entonces el siglo de la igualdad [75]le torció el hocico. Veo que me vas a hacer una objeción.

Nada puedo contestarte a ella ni darte más respuesta que: ¡anomalíasanomalías!de las que tenemos una cosecha incómoda por lo abundantecomohas que suele haber de cereales en Castilla; asípuesel Don quedópara el algodón; la seda no lo quiere. El pseudo que la echa por loespañollo ha reemplazado con el marcial hijo míoo hija mía:el que la da por lo extranjeropor el señor molondro. Para ambos noexiste más Don que el del caballero de la Mancha y un río en Rusia. En lodemásmuertoenterrado el Don: ¡asesinado por un feroz mayordomo yuna sanguinaria ama de llaves! Concluiremos diciéndoteque un pseudo ilustradoespañolrancionetoestá haciendo una apoteosis de Españaen cuya gloria brilla a guisa de genio el toro Señorito con las astasdoradas.

Este ilustre pseudo ilustrado españolera Tiburcio como viste y calzaenel momento en que le volvemos a ver en la palestra. Habían corrido los añoscomo perdigonescon la gracia que les es propiade redoblar su agilidad cuandose desea que anden despacio; veíalos Tiburcio inexorables a sus ruegos pasaruno tras otro como las paletas de las ruedas de un vapory por consiguientellegar la época de cubrir su cabeza del bonete de doctor. Causábale estohorrorno porque le sentase mal a la caracomo de cierto había de sucedersino porque con sus [76] estudios se acababa suestada en Sevillapaís clásico de las mollaresde las cigarrerasde lasveladasdel buen pan y de las aceitunaspuesto que Sevillala salada andaluzapara todos tiene.

Como no hay plazo que no se cumplacumplíase el de los estudios de Tiburcioque por fin se recibió de abogadolo que no quiere decir que por eso lo fuesesino que podía ensayarse. Su padre buscó como con un candil un pleito enVillamar para que lo defendiese su hijo; pero en Villamarese pueblo feliznohalló ninguno. Estuvo por ponerle uno a su amigo y compadre el tío Juan Lópezsobre la posesión de un lentisco que había nacido y crecido en la linde de dosmanchones de sus respectivas pertenenciaspero la prudente gallega con cuatrogritos se lo quitó de la cabeza. Así fue que a Tiburcio no le quedó otroarbitrio que el de volver a vegetar a su pueblo que odiaba y despreciabapueblo que tanto había amado Steinel médico alemán que pasó en él tantosaños. De estos contrarios sentimientos queda probada una gran verdady esquela manera de mirar las cosas las hace buenas o malasy que nosotros mismos lasdoramos o ennegrecemos a nuestro albedrío. La filosofía da conformidad en lassituaciones en que nos pone la suerte contra nuestro grado. Si el rincón detierra que nos destina es estérilla filosofía dejará secar las pocasplantas que tienehaciéndolo más estérily se contentará estoicamente conla arena. Pero hay en nosotrosotro sentimiento muy [77]superior a la resignación de la filosofíaque nace de contento interiordela paz del almay de la bondad del corazón: esta no sólo cultivará lasplantas que dé su rincón de tierrasino que las mejorará con el cultivo ysembrará nuevas con buenas semillas que conservao que le den los ángelescuyo oficio divino es esparcirlas. ¡Dichoso aquel que se llega a convencer quela verdadera superioridad moralno consiste en deprimir sino en realzary que no es el desprecio un sentimiento análogo ni simpático a un almaelevada: ¡sino que lo es el aprecio! Asíapreciando su suerteno se creerásuperior a ella ni vivirá descontento.

Llegó Tiburcio a Villamarmuy mal templado con su bonete de doctor en lacabezay gran cosecha de calabazas y calabacinesmuy escondidos en los grandesbolsillos de su gabán.

Ni Jacob al volver a ver a su hijo José Ministro de haciendapudoexperimentar los sentimientos de orgullo paternal que abrigó el pecho delalcalde de Villamar al ver a todo un doctor en su primogénito. En cuanto a sumadreal verle altísimodelgadísimo y palidísimo le dijo:

-Si viviese tu abuelo te mandaba a las Indias cumo a mi tiu Bartulo; pues nosirves para utra cusa; es verdad.

El día de su llegada fue uno de los más sonados en los fastos de Villamara causa del convite dado por D. Perfecto en esta ocasión. Este convite merece [78]no sólo una mención honorablesino una descripción gráfica.

Fueron convidadas todas las notabilidades de Villamar. Villamartambién tiene notabilidades: hasta los gatos quieren zapatos. Ademáslas notabilidadesse han generalizado prodigiosamentees especie que se da bien en todas partesy cunde mucho. Es un dolor que no se pueda comer; serviría para reemplazar laspatatas atacadas de un cólera subterráneo.

La mesa del convite era pequeñay los platos que la habían de componerdeformespor lo cual cada uno fue servido solo y uno después de otrocomo losestudiantes en los exámenes.

Había seis cubiertos de plata para las notabilidades de primera claseincluso el amo de la casa; los demás los tenían de peltre. La ropa de mesagallegablanca como la nieveostentaba unas horrorosas listas encarnadas quehacían a la vista el efecto que hace en el oído en el silencio del desiertoun destemplado grito de chacal. El sexo femenino estaba excluido del banquete;no por restos de celosas costumbres árabessino porque el bello sexo en talesdías tieneen Villamar y en pueblos más conocidos que esteque estar en lacocina atendiendo a todo.

Allípuesse veía a la señá Tiburciacolorada como un salmoneteconsu delantal y sus mangas remangadasmandando la maniobraayudada por unadocena de vecinasmedia de comadres y tres [79] ocuatro amigasque se regalaban con los restos de la mesa principal.

Estaba de un humor de perros; el tal convite la había acabado de desesperary la había montado de tal suerte contra el bonete de doctorque era su vistapara ella lo mismo que la vista de una coroza. -¡Bunete! -decía soplandofuriosamente una hornilla-; y ¿a qué le sirve a ese fillo miu el bunete? ¿Enon le estaría mejur el sumbrero calañez? ¡E decir que me cuesta dus talejasde pesos duros! Es verdad.

Viose primero la mesa cubierta por una enorme cazuela nuevecitaen quevenía una sopa de panespesa como un budíny sustanciosa como una jaletinacubierta de yerba buena y de tomate. Siguió a esta en una fuente como unaplazuelala ollaque mejor que podridadenominaremos revueltaen la que lasgallinas y perdicesa fuerza de cocerandaban unas mancasotras cojas y otrasdespechugadas; se abrazaban las calabazas con los chorizosse enternecía alverlos la carney se derretía el tocino; los garbanzos reventaban de gordosylas flexibles habichuelas se entremetían por todas partes.

Siguió a este lastreuna fuente de Triana con honores de bateaen la cualen un cubo de salsa de encebolladose bañaban suavemente como turcoslos malcortados pedazos de seis conejos. A estos siguió una pepitoria de ocho pollos.El alcaldeque no había querido ser menos que García del Castañar; habíaprefijado estrictamente ese número a su desolada mitad[80]diciendo perentoriamentepara ocho convidadosocho pollos.

Tiburciaque no perdía de vista la economíahabía pasado revista a sucorraly como un sargento a los quintoshabía apartado los inútilesya porchicosya por viejosy les había ido torciendo el pescuezo con corajerepitiendo a cada ejecución: -¡Malditu bunete! ¡Llevele o demo! -De estafusión de todas edades desde el parvulillo hasta el caduco en una misma cazuelaresultó que había pedazo de gallo venerable que rechazaba los dientes como unchinoy pedazo de pollito infantil que se deshacía en la boca como un merengue.

Para igualarlos en cuanto fuera posibleTiburcialos revistió de ununiforme amarillo como un regimiento de caballeríavaliéndose para esto de unsubido tinte de azafrán.

Este condimentoque ha omitido de mencionar el famoso Caremeque en punto aarte culinario es el Tu autem europeoy que omite igualmente BrillatSavarín en su fisiología del paladares para las cocineras del jaez deTiburcia la capa del justo. Amigos de averiguarlo todohemos preguntado a estastintoreras la razón de esta profusión del detestable condimentoy nos hanrespondido textualmente: que pone las salsas bonitas. Si la ciencia denuestras cocineras no fuese la cosa más inamovible de España; si no viesenellas pasar los siglosinmutables como las pirámides de Egiptopodríamostemer ver algún día el [81] añil o la granareemplazar este amarillocaro al corazón de nuestras guisanderas. Pero nonotemáisno sucederá. A la flor de los campos de Murcia sonríe un largoporvenir. Progresomuy señor míodespués de saludarte cortésmentetesuplicamos des un empujón a las cocineras.

Volvamos al banqueteen que vemos seis perdices desmoronadas en pimientillaa las que siguen tres libras de pescadilla frita y un cabrito cochifritoy porúltimoun pavo matado aquella misma mañanapor lo cual seis horas de cochuraen el horno no lo han podido enternecer. Jamás se vio semejante caricatura depavo asado. Estaba negrocasi tanto como el medio pollito del cuento de la tíaMaría. Sus alonesque no se habían doblado hacia la espalda se abrían comosi quisieran bailar el bolero; sus patas que no habían sido sujetas una conotrase desviaban con tal animadversiónque señalaba una al Poniente y otraal Levante; y por últimoel pescuezo que no había sido cortadolargodelgadoy negrosobresalía del borde del platocomo si buscase por el suelosu cortada cabeza.

Pero la parte brillante del banquete fueron los postres: a una fuente dearroz con leche pura y exquisitasiguieron otras cuatro de masa frita. Eranestas los rechonchos pestiños amasados con vino duro; las rosascuya ligeramasa casi toda se compone de huevo. Las hojuelas salpicadas de gragea abigarradacual si sobre ella hubiese caído una menuda lluvia de [82]colory las robustas torrijas. Dos tazones de cristaluno con dulce de huevo yotro con dulce de tomate elaborado por las hábiles manos de Rosa Místicalamaestra de amigaostentaban con orgullo al través del cristal sus brillantescolores amarillo y rojoni más ni menos que lo hace la bandera de España. Lapalmano obstantese la llevó el plato de dulce que para esta ocasiónhicieron las monjas de Santa Ana. Con la mayor oportunidad habían confeccionadolas buenas madrescon mazapán un bonete de doctorcuyas puntas estabanribeteadas de tiras de panecillos de oro; una gran borla hecha de huevo hiladopendía graciosamente y con toda propiedad por los cuatro lados. Esta dulcísimay directa alegoría a la causa de la festividadentusiasmó tanto a D. Perfectoque les valió a las monjas una cuartilla de garbanzos extra del importe delplato de dulceque les envió a escondidas de su mujer.

Por lo que toca a éstacuando vio llegar el plato que le recordaba la causade todas sus penas domésticasel atraso de su casalo mal medrado de su filluel perjuicio que por su causa debían sufrir los menoresy por últimola razziahecha en aquella ocasión en su corral y despensaexclamó con rabia:

-¡Utru bunete! ¡Comosi non hubiese bastante con el que vino de Sevillaycuesta dos talegas; es verdad! En la supa me lo he de hallareasín se lesiente este a esus cumilones en la boca del estógamu comu a mí el otru.

Capítulo VIII

OCTUBRE1845.

Era por cierto Tiburcio un ente desgraciado en Villamar. Sacado de la esferaen que tan feliz hubiese sidoveíase superior a su círculo y a su posiciónsin mediosméritosrelacionesni carácter a propósito para adquirir otra.

Por desgracia el amor propiomonstruo que engendra el tratar siempre coninferiores en alcancesy el vuelo que toma así el espíritu de superioridadque ya no se para ni moderale hicieron creer que todo se lo merecíay queera por consiguiente una victima de la fatalidadviendo que tantos que valíanmenos que él hacían carreramientras su mala suerte lo teníanuevoPrometeoatado en Villamarese Caúcaso suyoen donde su madre hacía elpapel de buitre[84] devorándole a cada paso consus sandecessi no las entrañaslas ilusiones y esperanzas.

Tenía Tiburcio pretensiones a todo y aptitud para nada. No tenía alcances;se los había negado la naturalezacomo a ti y a noslector (no los alcances)sino un ojo en la frente. En punto a sabersolo y a duras penas aprendió loestricto necesariono para ser un Salomónun Licurgoo un Alfonso el Sabiopero sí un doctor y encasquetarse el bonete que costó dos talegas a su padrey que su madre hubiese dado por dos cuartos. A pesar de estoel modesto jovenno reconocía superioridad en nadiey cuando llega este triste caso para losjóvenespuédeselos contar como paralíticos moraleso como apopléticosesto esahogados en su propia sangre.

La clase de enormidades que su amor propio hace creer a ciertas gentesno escreíble ni viéndolo palpable a nuestros ojos; pero ello es que la cosa existe.Así era que Tiburcio lo daba de inteligente filarmónico y no tenía oídonihabía escuchado mas música quedesde la callela de la orquesta de Sevilladonde no hubo ópera que él no favoreciese con su ausencia. Echábala depolíticoy sabía tanto de historia antigua como de modernaesto espocomás que nada. Presumía de lingüista el estudiante Villamarino sin hacer otroestudio que recalcar ridículamente la zlly la s.Presumía sobre todo de poetacareciendo absolutamente de las dotes que formanal poeta y sin cuya reunión no puede ser perfecto; estas son: un corazón [85]calienteuna imaginación florida y el estudio del gran arte de interpretar lasinspiraciones de aquellas en el lenguaje propio de la poesía. Con cuatro frasesrimadas sin concepto y sin alma; con algunas vulgaridades plagiadas y campanudasse creía poeta... ¡¡¡se creía poeta con un corazón frío y unaimaginación seca!!!

Nunca se le había ocurrido ir a visitar al soberbio convento abandonadoqueestaba cerca del pueblo; no había ido a sentir y pensar sobre aquella majestadmomiaaquel sol sin rayos ni caloraquella noble azucena ajada y sin perfume...¡y se creía poeta! Nunca había ido a las ruinas del fuerte cercano quecubría la yedra como para consolarlo; no había meditado sobre aquella torrecaída quecomo todo lo que fue encumbrado y yace por tierradespierta tanviva y triste simpatía en el corazón; no había llorado sobre aquella torrequecual esforzado guerrerohabía resistido sola y sin auxiliohastasucumbir al incesante ataque de un enemigo más fuerte aun que ellael tiempo;y la que al caercomo los gladiadores antiguoshabía ocultado su cabeza entrelas higueras cual ellos en su manto para ocultar su agonía... ¡y se creíapoeta! Nunca se había sentado sobre las rocas de la playa a seguir con la vistasus caprichosas posicionessus misteriosos antrosen que se precipitancuriosas y juguetonas las olas chicassaliéndose tan luego como los vieronoscurosa buscar la luz del sol que las dora. Nunca se puso a escuchar [86]el suave murmullo de las olas de veranoque convidan al bañoni los rugidosde las olas espantosas de inviernoque cuentan naufragios y horrores. Nunca sehabía puesto a contemplar la puesta del sol en la marmagnífico espectáculo¡imagen de la muerte! No había observado en un ocaso sereno este astroradiante aun al morir como un héroeo acostarse entre suaves nubescomo unpadre que se apaga entre los brazos de sus hijos; y sobre todo no había nuncalevantado un corazón lleno de amor y de admiración hacia el Criador de tantasmaravillasentre las cuales es la mayor el alma hecha a su imagen y bastantefeliz para conocerlesentirle y adorarle. Para élhabían sido la tía Maríaese tipo de la caridad cristianaque vivió en el conventotan solo una viejacurandera; el fray Gabrielaquel alma inmaculadaque no pudo abandonar suconventoun lego estúpido; Don Modestoel honrado comandante del fuerte¡unestafermo ridículo!

Tiburciopuesa pesar de sus versos amorososen que hacían gran papelVenus y Cupidotenía además de la imaginación seca como un espartoelcorazón más frío o insensible a las bellezas y cualidades delicadamentefemeninas de la mujer.

No sólo se había alejado de aquella suave y linda criatura que guardaba supecho purola inocencia y la constanciaesos dos tesoros que haceninapreciable su compañera al hombre delicadosino que la miraba con el desdény hastío con que miraba [87] el lechuguino dearrabalel encumbrado zoquetecuanto había en Villamar.

Así fue que habiendo un día oído decir a su madre que era tiempo de pensaren efectuar la contratada boda con la hija del tío Juan Lópezresuelto comoestaba el futuro ministro a no casarse con esa osca lugareñasegún la denominaba en sus monólogosse decidió a zafarse del compromisoloque hizo con toda la delicadeza propia de su buena condición.

Mas referiremos antes la escena que dio lugar a esta brusca determinación.

Entró un día en su casa la señá Tiburcia muy sofocadatrayendo entre susbrazos como a un recién nacidouna espuerta de tomatescuya asa se le habíaquedado en la mano en medio de la callevaciándose instantáneamente laespuertay disparándose en todas direcciones los tomates como los cohetes delremate de un castillo de fuego. Venía tan soplada y colorada que parecía laEmperatriz de los tomates.

-Desde que muriú el hermano Jabriel-exclamó al entrar en su casa-non sehace una espuerta bien hecha en Villamare; ¡ladres! Estas espuertas sun panpara hoy e hambre para mañana; es verdad. Perfeutuvaliérate más poner unbandu para que se hiciesen mejor las espuertas que non dar convites; es verdad.Peru ¿qué haces haí Tiburciño? ¡Nadae siempre nada! El hombre debetrabajaree la mujer parire; es [88] verdad.Siempre estás con saudades(5) <notas.htm>y solucomu la marola en Ferrul. Es tiempoPerfeutude casare a este rapaz:esu le alegrará comu a tudos los muchachus; es verdad. Cunferencié con lacumadre Belén y piensa cumu yuque se haja la buda.

-¿Casarme yo? No lo penséismadre-dijo Tiburcio con aire de desdén.

-¿Qué? ¿Qué quiere decir que non te casas cun Quela Lópezla muchachamás rica e más bunita del lugare? ¿Te tienta o demu? -exclamó atónita laalcaldesa.

-El hombre es librerepuso en voz grave y honda Cívico minor.

-¿Qué es esu? ¿Qué dicesrapaz? -exclamó de nuevo su madre¿qué elhumbre es libre cuando tiene comprometida su palabratiene veinte y cuatroañus; está baju la patria putestadnon gana su pane non tiene más que luque sus padres le dan? ¡A PerfeutuPerfeutu! Si estu es lu que tú llamaslibertad lévelo o demo.

-PeroTiburcia-dijo mediando al Alcalde que veía levantarse una horrorosatempestad equinoccialentre las noches que se habían alargadoy los díasactivos y robustos que no se querían dejar usurpar su preponderancia-; ¡Tiburcianingún padre puede forzar [89] a un hijo a casarsecontra su voluntad! Y si Tiburcio no quiere a Quelasi no está enamorado...

-¡Eh! ¡Pamplinas! -dijo con su robusta voz la Alcaldesa-tú tampucuestuviste enamuradu de mí e nus casamuse hemus vividu bien e cumu Dios mandagracias al Señor e a San Antoniu.

-Es que el muchacho tiene miras más elevadas que yoobjetó D. Perfecto.

-¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¿Qué quiere decir que tiene miras más elevadas que tú?-preguntó Tiburcia con las manos puestas en la cintura.

-Es-dijo D. Perfecto que se iba ahora asustando por su propia cuenta-; esdecirque si acaso quiere seguir otra carrera... si fuera de aquí... se leproporciona...

-¡Utra carrera! -preguntó la Alcaldesa-: ¿pues quéquiere ser clérigu?

-Quiere-respondió su marido-dedicarse a la alta política.

-¡E cuanto se jana en ese oficiu? -preguntó la señá Tiburcia.

-Es según-respondió su marido-; podrá ser muchísimo y podrá ser...

-¿Ser nada? -interrumpió la Alcaldesa-; pues non en mis días: quiero pucue segurocumo tú janas siendo albéitar.

-¡Veterinario! -exclamó desesperado el Alcalde.

-¡Vaite a o demo! -respondió su consorte-que estoy para mí que has deacabare por herrar las bestias [90] con juantesamarillus comu los lleva ese rapaz. ¡E pensar que cada par cuesta medio duriño!Es un contra Dios; ¿e a qué te sirven pur el veranu que no hace frío? ¡Jastadursin cuncienciacun más fantasía que un Marquése más vientu que untemporal! ¡Malditus juantesque ellus y el bunete han perdido mi casa y se vantrajandu lus cuartus de mi tiu Bartulomé! ¿Y qué provechu se saca? Ese fillumío non sabe trabajare que es lu que da pansalud e cuntentu; es verdad... Esun holgazán e asín está siempre con saudades.

-Trabajaré-dijo Tiburcio-cuando me halle en una esferaen un círculode acción adecuado a mi saber y análogo a mis miras.

-¿Qué dicePerfeutu? -preguntó la Alcaldesa-que yu non comprendu susterminachus.

-Dicemujercontestó impaciente su maridoque sus estudios le sirven paratrabajarpero no de mano.

-Más le valierae que non tuviese que mirare a la cara a nadiesinon a laspatas de la bestia e que comu su padre fuese albei...

-¡Veterinario! -interrumpió el Alcalde-; ya te comprendomujerpero esono puede sery debe aprovechar lo que sabe y ha aprendido.

-Pues entonces non queda más que hacer-opinó su mujer-sino que teplantes en Sevillae pidas para tu fillo la plaza del maestro de escuela queestá malue non la puede servire. [91]

Al oír estas palabrasTiburciono pudiendo contener su indignación contrala indigna autora de sus díasse precipitó fuera del cuarto.

-¡Fanfarria! -le gritó su madre-; ¡fanfarria e non más que fanfarria! ¿Elbunetelos guantese la fanfarria?... ¡Lévelus o demo! [92]



 

 

Capítulo IX

OCTUBRE1845.

Aunque respectivamente ricosel tío Juan Lópezsu mujer y sus hijostrabajaban a la par de sus criados: y así en un patio vasto que toldaba unaparra cuyas hojas empezaban a amarillearcual si el adiós de las golondrinas olos barruntos del invierno las hiciesen palidecer de temor o de penaestabanvarias muchachas sentadas delante de mesitas bajas que llaman escogedoresescogiendo trigo para enviarlo a la tahona.

Quelala hija de la casaestaba en este momento ausentepor haberlallamado su madrey vacío el puesto que ocupaba en una de las mesas frente desu amiga Paula.

-OyePaula-dijo una de las muchachas-¿es verdad que el médico es noviode Quela? [93]

-Pues ¿cuántos ha de tener si ya tiene uno? -contestó la interrogada-;¿se tienen acaso los novios a pares como las calcetas?

-¿Quétiene novio? ¿Pues quién es?

-Berlingael hijo del tío Urdax.

Al Alcalde le había quedado este nombre desde que intentó ponérselo alcamino de la Vía crucisy al hijo le habían puesto el primero.

-¡Pues qué! ¿Eso no se había acabado? ¡Pues si no le habla yani ellasale a la reja!

-¡Y qué! Parece que a los que la echan de usías no les place tomar sereno.Su padrede ellael tío Lópezy la madre de élla tía Urdaxalosquieren casarpor aquello de que el dinero llama el dinero.

-Y Quela-dijo otra-¿se había de casar con ese Berlingaque lo echa demás y mejormás feo que una noche de truenosy tan agrio que parece que sudavinagre? Quita allá; a mi abuela la tuerta con eso.

-Es que dicen que va a ser diputao.

-Oye¿y qué es diputao?

-Un gobierno.

-¿Y será más bonito por eso?

-Creo que nopero ella será gobierna.

-¿Qué se le da a Quela ser gobierna? Mis narices pongo a que lo mismo secasa con él que yo con el Comandanteque también es gobierno y melitarque puede gastar casaca. ¡Vea Vd.!... ¿Quela más bonita que el solquerer aesa cara de pito tan entecoque [94] parece elespíritu de la guitaque no mira siquiera a las muchachas del lugar porque noson principesas?

-Y ese usía que se ha fraguado en el banco de herradoroye¿dóndetendrá los pergaminos?

-Dice Ramón Pérez que en el pellejo de su burra.

-¿Y las armas?

-En las uñas como los gatos.

-Burlense cuanto quieran-dijo Paula-pero yo que lo séos hago saberque no le parece el espantapájaros a Quelacostal de paja.

-¡El pecado sea sordo!

-¿Qué queréis? Cada uno tiene su gustobueno o malosegún Dios se lo hadado.

-¡Por vía de Chápiro! -exclamó una alegre morena-que si esegusto tuviese pescuezose lo torcía. Casar a Quela con ese mostrenco leíoy escribíoes como si me casaran a mí con el maestro de escuela que estáel pobre torcíoexprimío y lleno de flato.

-Eacallarse-dijo Paula-que ahí viene Quela; no darle calmaque si lollega a entender su madre la tía Belénque está con ese casamiento másancha que una alcachofa y cree con eso tener al Rey cogido por un bigotenosecha de su casa a cajas destempladas.

Cuando las demás muchachas se hubieron idoy quedaron solas las dos amigasle dijo Paula a Quela: [95]

-Pues ¿no te has encalabrinado de ese Tiburciomal encaradoqueparece un alma en pena?

-No me he encalabriadoPaula-respondió Quela-pero le quiero.

-Buen provecho te haga: le quieres¿por qué le quieresmujersino tieneel diablo por donde desecharlo?

-¿Sabes acaso túPaulael por qué del querer? Los padres nos dijerondesde muchachos que nos casaríamosy le tomé voluntad.

-Pues si se la tomaste devuélvesela.

-No haré tal. ¿Y por qué había de hacerlo?

-¿Pues no estás viendomujerque él no te quiere a tiy que estásechando margaritas a puercos?

-No me digas que no me quieredijo la suave joven bajando por sus mejillaslágrimas que no pudieron retener sus pardos ojos¿por qué no me querría?

-Te digo como antes me dijiste¿se sabe el por qué del no querer?

-Si eso fuesePaulame moriría de pena y de vergüenza.

-A fe que buena tonta serías; yo que túle daría las gracias encima. Tedigo que desde que ha estudiado está ese fantasmón con más vientos que unfuelle; nos mira por encima del hombro a todasy lo ha echado el ojo a algunausía. Más le valiera a ese compadre fachenda estar herrando como su padrequeno haberse quedado como el murciélago que ni es pájaro ni es ratón. [96]

Acercose en este instante la madre de Quelay poniendo la mano sobre elhombro de su hijadijo con satisfacción:

-Pues señor¿quién sabe si ese trigo que escogéis es para el pan de laboda de Quela?

La cara se le encendió a esta con la prontitud y ardor de un fósforoyechó a su amiga una mirada dulce y radiante como lo es una esperanza realizada.

-¿Tan pronto? -preguntó Paula.

-Andandito-respondió la tía Belén con satisfacción y alisando loscabellos de su hija que levantaba su cara rosada hacia su madre-; para hablar deeso vino señá Tiburcia mi comadreha poco.

-Ahora me decía Paula que no lo quisieradijo Quela en su gozo.

-Pues está bueno el consejo-exclamó la madre-; ¡volverse atrás de unaboda tratada! ¡Pues qué! ¿Una palabra dada es cosa de juego? Y qué¿queríasque anduviésemos en boca como gente de poca vergüenza? Basta eso para quetuviese nota mi hija. ¡Vaya con el consejo! A fePaulaque si talesconsejos das a mi hijaque te envíe yo a tu madre y con un recaditopidiéndole que en lugar de acáte mande por otro poco tiempo en casa deseñá Rositapara que te inculque que las muchachas honestas y recogidasjuiciosas y sumisasno se vuelven atrás de una palabra dadani andan probandonovios como salsas de guisos.

Paula callópero echó una mirada de reconvención a Quelay se fueencapotada. [97]

La tía Belén salióy Quela se fue al corral a echar de comer a lasgallinas. Habíase colocado entre la oreja y su ancho rodete una rosa y un ramode nardos: las flores y las gracias de Dios son para el pobre como para el rico.Así con su cara animada por la inocente alegría de su corazón amantey sucorazón recogidoestaba preciosa; no a manera de figurín de modaese idealde los pseudos de que hicimos mención; pero a la manera que una mujer es bellacuando se unen para ello la perfección de formasla juventudla lozanía y lainocencia que deja reflejarse en el rostro como en un cristal un alma hermosa.

De repente se abrió la puerta y entró Tiburcio. Quedose parada Quela alverlo después de lo que acababa su madre de decirle; pero al notarse sola conél en un jugar apartadobrilló en sus ojos una mirada con una expresión degozo y de cortedad a un tiempo tan encantadora como lo serían unidos en unaficción uno de los ángeles del Cielo y una de las gracias del Olimpo.

-Quela-dijo ex abrupto Tiburcio-parece que nuestros padres todo loquieren disponer para nuestras próximas bodas.

Quela no respondiópero apartó su dulce mirada de bienvenida de la fría yrepulsiva mirada de Tiburcioy la llevó al suelomientras un rojo vivocausado por la extrañeza que le produjo el tono desabrido de su novioseextendió sobre su semblante cual un barnizcomo para darle más brillo. [98]

-¿Sois en ello gustosa? -prosiguió con sequedad el recién llegado.

-¿Me llamas de usted? -preguntó Quela que se había criado con élen tonode dulce reconvención.

-Abomino el tutear-respondió Tiburcio-. El socaba la dignidaden el tratoes costumbre lugareña; no somos parientes para usar de esaexagerada franqueza. Asírespondedme con confianzaque el usted nodisminuye ni a esta ni al aprecio.

-¡Aprecio! -murmuró Quela entre dientes.

-Cariñosi queréis-repuso con impaciencia Tiburcio-; pero responded¿soisgustosa?

La joven levantó con despacio sus grandes ojoscual se levanta el sol en elhorizontey dio con una mirada tan modesta como amante una elocuente respuesta.

-¿No respondéis? -dijo el lechuguino de arrabal rechazando con asperezatodo el amor y apego que le brindaba aquella mirada.

-Sí que soy gustosa-respondió Quela-¿por qué no había de serlo ahoracomo antes?

-Porque-respondió Tiburcio con la crueldad que imprime el orgullo-podíais haber mudado como yo.

Quelaal oír estas acerbas palabraspalideciópero no respondió nada.

-Asípues-prosiguió Tiburcio-como no podéis amar a un hombre por elque no es posible tengáis ni simpatías ni afinidadescomo no tenemos puntosde contacto y somos incompatibleslo mejor será [99]que digáis francamentey antes y con tiempoque os negáis a este enlace.

-¡Yo! -exclamó asombrada la pobre Quelaque había comprendido la últimafrase y adivinado las demás que había usado el ilustrado patán-; yo¡volvermeatrás de una palabra que he dado! Eso no puede serTiburcioperdería miestimaciónmi padre me mataría.

-Pues entonces-dijo este-seré yo el que lo diga.

-¡Tú! -exclamó Quela-preñándose sus ojos de lágrimas¡VirgenSantísima! ¿Y por qué?

-Porque ya os dije éramos incompatiblesy no podríamos ser felices.

-Pues ¿qué es lo que quieres para ser feliz? -preguntó Quela con ahogadavoz.

-Amar a la que fuese mi compañera.

-Me volverás a quererTiburcio-dijo Quela sonriendo al través de suslágrimas su miradacomo brilla una luz más suave bajo su globo de cristal-.Me querrás cuando sea tu mujer y el sacerdote haya echado la bendición de laIglesia sobre nosotros. Seremos felices bajo su santa influencia.

-No-respondió Tiburcioen cuyo corazón seco y henchido de vanidad nohacían mella tanto amortanta candidez y tanta dulzura-: noyo nunca podréserlo con una mujer que no está a mi altura.

Las lágrimas se secaron en los ojos de Quela. Como de una diadema que sehubiese en un momento de abandono dejado arrancar por el amory de la [100]que hubiese echado mano y vuelto a colocar en su puestolevantó Quela sufrente ceñida de la dignidad mujeril tan instintiva en la mujer española.

-Bien está-dijo-nada digas túni nada hagasque de mi cuenta quedacortar esto. No porque sintiese que se sonase que me habías plantado: que elbochorno es para aquel que faltay no para aquel a quien faltan; pero mi padrey mi hermano no habían de dejar la cosa asíy quiero evitar un lance.

-Es que yo nada temo-exclamó Tiburcio con altanería.

-Pero yo sí-repuso Quelacuyos labios blancos temblaban-. AdiósTiburciono quiera Dios que pagues una partida tan mala y de la que no es capazel último de los lugareños que tú tanto desprecias.

Tiburciosin cuidarse siquiera de endulzar su cruel comportamientosealejó diciendo con ironía:

-Ya que creéis que la bendición de la Iglesia es un filtro amorosolomismo da que os la echéis con otropuesto que lo querréis después; sobre míno hacen mella semejantes fanatismos. ¡Oh! Nonono soy árbol yo paraechar raíces en este suelo.

-Estoy impuestay no hablemos más-le dijo Quelaseñalándole la puertacon un ademán lleno de grave decoro.

Apenas se hubo ido Tiburciocorrió Quela a encerrarse en su cuarto. Allíse dejó ir a una aflicción que no por ser callada y tranquila fue menosdestrozadora. Veía perdido y pagado con la más negra ingratitud [101]el amor que desde la infancia era anexo a su corazón; ese corazón que habíaguardado para el hombre que amabacomo una perfumada rosa matizada de amor y deinocencia. Veíase objeto de escarpio o de censura para el lugarporque en loslugaresdonde no hay ni puede haber corrupción de costumbrespues que no hayni ocio ni dineroel amor no tiene alasy sin ser menos bello es más grave.Pero lo que más le apurabaera la vehemente indignación que este sucesohabía de causar a su padre y hermanotan rígidos en punto a honratanseveros en el cumplimiento de la palabra dadarasgos anticuados y castizos quese hallan aun en los pueblos de campoasí como se oyen en boca de susmoradores palabras castizas y fuera de usorasgos y palabras que sólo en suscorazonesen sus labios y en las crónicas antiguas se encuentran metidos entresus pergaminoscomo nobles hidalgos que huyen de una república. Postrose lapobre abandonaday suplicó a Dios con mil lágrimas le abriese camino parasalir de aquella situación angustiosaen la que no podía ni callarni hablarni obrarni quedar pasiva. Al cabo de una hora de angustias y agitaciónQuelase había decidido sobre el partido que debía tomarcuando su madre llamó ala puerta. Quela se enjugó sus lágrimasserenó su rostro y abrió.

Entró la tía Belén cargada de piezas de lienzo que había ido a buscartal era la prisa que las dos madres tenían de apresurar las cosas de la boda.Venía [102] tan llena del asunto que la preocupabaque no fijó su atención en el abatido rostro de su hija.

-Vayadijo ¿a qué santo echas el cerrojo al aposento? ¿Tienes miedo deladrones o del cancón? Aquí tienesañadióponiendo sobre la mesa lo quetraíados piezas de crea para sábanas y una de Bretaña para las almohadas;bien puedes irla cortando que ya hablé a doña Rosita para que haga las randas.

-¿Qué prisa corremadre? -dijo Quela.

La madre soltó la pieza que examinabalevantó a la cabezay miró a suhija con sorpresa.

-Digo-exclamó-cuando se ha estado tantos años aguardando a ese Tiburcioque nunca acababa de estudiary que no había santos que lo sacasen de Sevillaque tiene veinte y cuatro años cumplidosy tú veinte y unoahora tedescuelgas diciendoque ¿qué prisa hay? No he oído otra. Vaya que sonustedes los primeros novios que me haya echado a la cara a los que sea precisoarrear.

-Madre-dijo Quela apoyándose en el hombro de su madre y bajando la cabeza-yo no quisiera casarme.

-¡Jesús me valga! -exclamó la tía Belén¿ahora salimos con esa? ¿Quémosca te picamuchacha? ¿Qué ventolina es esa? ¿Desde cuando has mudado deparecer?

-No lo he dicho antesmadre... porque... porque tampoco corría prisadecirlo.

-Perochiquilla-repuso su madre-¿no hay más [103]entre gentes de vergüenza que volverse atrás de su palabra? Y siempre serápor un quítame allá esas pajasporque estarás regañada con Tiburciopor eso con la frescura del mundo quieres abochornar a tu familia. Nonodeeso no ha de haber nada. ¿Por qué no quieres casarte? Cabeza de chorlitoveletacon más pareceres que un escribano¿por qué no quieres casarte?¿Di? ¿Por qué?

Quela levantó su frente pura y tranquila que coronaba la abnegación con unade sus coronas de espinas y dijo con voz suave y firme:

-Quiero ser monja.

La madre se quedó atónita.

-Muchacha-exclamó al fin-¿ahora que te vas a tomar los dichoste entrala vocación de monjade sopetón y como un trabucazo? Vamosque esa vocaciónserá como las olas del marque se vienen y se van... No salgas ahora con esasopa de ensalada que sabes que tu padre no lo ha de consentir...

-Mi padre no puede oponerse-dijo Quela.

-¡O síque está más abajo! ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Qué trueno! ¿Quédirá tu padre?... ¿Qué dirá mi comadre? ¿Qué dirán las gentes? -repetíala tía Belén poniéndoselas manos en la cabeza.

Hay demasiada solemnidad en una resolución que lleva a elegir lo pocolopobrelo oscuro y lo santosobre todo en un pueblo católicoferviente comolo era a Dios graciasaquelpara que la que había tomado Quela sufriese otrosobstáculos por parte [104] de sus padresque losde la oposición moderada y de los ruegos. Pero todo fue en vano y Quela sesostuvo en su propósito con tanta firmeza como dulzura; hizo másy cual elcielo de sus estrellasno se cubría su rostro de lágrimassino de noche y ensilenciode día estaba tranquila y serena; nadie adivinó lo que había pasado.

La abnegación que es el heroísmo femeninolleva su corona como aquelperono de laurel sino de espinas... quita a la fama su clarín y le pone en loslabios un candado... y cubre su apoteosis de un denso velo.

Algunos días después de lo que hemos referidoviendo que Quela permanecíafirme y constante en su determinaciónel tío Juan Lópezse encaminó entreafligido y abochornado en casa del alcalde.

-¿Qué tiene Vd.compadre? -le dijo al verlo llegar Don Perfecto-; ¿quéle trae tan mohíno? ¿Se le murió a Vd. el rucho?... ¡Me lo temí!...

-¿Qué es esucumpadre? ¿Tiene saudades? -dijo Tiburcia.

Pero apenas hubo el tío Juan Lópezentre suspiros y recriminaciones contrael mudar de pareceres de las que visten por la cabezahecho saber a los futurosconsuegros el objeto de su visitacuando la señá Tiburcia prorrumpió endesaforadas exclamacionesponiendo sus manos en la cabeza y sus gritos en elcielo. Tiburcio con su bunete y sus juantes había hecho unabrecha demasiado grande en su modesta fortuna[105]para que no viese su madre con desconsuelo desaparecer la esperanza de verlobien establecidofijada su suerte de manera que no les fuese gravoso enadelante.

-Peru cumpadre-exclamaba la desolada madre-si non puede entrar munja niprufesare que lu pruhíbe el prugreso¿es verdad?

-Ciertocomadre-contestó el tío López-pero quiere entrar aunque seasin profesar; para eso tengo yo que estarla manteniendoy tengo con quéaDios gracias. ¿Cómo me niego si ya la muchacha tiene veinte y un añosy sabelo que se hace? ¿Qué le hago?

-Mucho será-dijo la señá Tiburcia cuando se hubo ido su compadre-queaquí non haya jato encerradu e que esa sardina sin salde mio fillo nonhaya hechu alguna trastadaes verdad.

Trató la alcaldesa de averiguar lo que sospechaba: con este motivo y lasexigencias con que perseguía a su hijo para que tratase de disuadir a Quela desu propósitohubo entre madre e hijo tan vivos altercados; estos desesperarontanto al empingorotado botarateque exigió de su padre lo enviase a Madrid a pretenderporque en este paísque es el país del mundo donde más se clama contra lascontribucioneses el país del mundo en que hay más sujetos que quieren vivirde ellas; y esto que se quejan amargamente de no estar pagadosy en cambiosiempre expuestos a quedar cesantes. ¡Qué seríapuessi estuviesen [106]pagados y el destino perdurable! Y lo que más escandalizaes que hombresacomodados abandonen sus haciendas y negocios por esa ansia de figurar y demeter sus uñas en esa bolsa del públicollena de gotas de sangre y delágrimas.

El alcaldeconvencido por los argumentos que le hizo su hijo en favor de suviajedeslumbrado por sus esperanzasaturdido por su soberbia y arroganciavendió para sufragar las costas del viaje sin que lo supiese su mujerunolivarito de su propiedady un día cuando se levantó la señá Tiburciahalló que su hijocual el águilahabía tomado su vuelo a altas regionesperdiéndose a la vista de los humildes moradores de Villamar. [107]



 

 

Capítulo X

JUNIO1844.

Formaban estas dos niñasLágrimas y Reinaen todo el más marcadocontraste: Reinahermosarobustallena de vidaera la hija única de labrillante marquesa de Alocazla que a los pocos años de casadahabiendoquedado ¡viuda de un hombre que amaba con pasiónconcentró en su hija todala fuerza de amor de su corazóny crió a su ídolo con los más exageradosmimos.

Aunque separada de ella momentáneamente por su viaje a Madridlos cuidadosy desvelos de la madre rodeaban a su hija. Parientesamigoscriados antiguosvigilaban y visitaban de continuo a la niñatrayéndole en profusión juguetesgolosinasfloresy en fincuanto puede agradar en esa edad. Anticipábanselos criados en tono chancero a darle tratamientoy la hablaban de su hermosurade sus riquezas y de sus pergaminos. [108]

Lágrimasla niña enfermaque solo debía la vida al cuidado de las monjasera pequeña y delgada. Nadiefuera del conventose había ocupado de ellaninunca había recibido ni un recuerdoni un regalo.

Sólo una vez al añohabía ido su padrino Don Jeremías Tembleque a verlaal locutorio. La primera vez que fuela llevó un rosquete comprado a unconfitero ambulanteel que estaba salpicado por las moscas de negra grajea. Ala niñaque no era golosadio asco el rosquete y no lo quiso comer; con esemotivo D. Jeremíasque se picóescribió a su compadre que las monjascriaban a su hija muy melindrosay propuso no volverse a despilfarrar.

Reina sabía que era hermosaricanoble y querida. Lágrimas sabía que noera ni bien parecida ni queriday estaba en la persuasiónasí como lasmonjasde que era pobre. Cuando la hermosa marquesa de Alocaz decía mirando asu hija: «¡cómo crece! ¡Cómo se desarrolla esa hija de mi alma!» Un cororespondíay sin que en ello entrase adulaciónporque lo que decía era lapura verdad: es hermosaairosatiene un señorío y una gracia innata; esidéntica a su madre. Al contrario de la Marquesala primera vez que despuésde cuatro años vio D. Roque la Piedraque sus negocios trajeron a Sevillaasu hijadijo a su compadre:

-¡Qué delgadaqué amarilla está y qué pequeña se va quedando la chica!¡Qué encogidaqué compungida y qué poquita cosa es! La sangre americana[109]compadreque parece melaza. Nada ha sacado a míes idéntica a su madre.

-Idéntica a su madrehasta en los melindres-contestaba D. Jeremías.

Fácil es comprender que el apoyo y la protección que halló la niña soladébilencogidaen la niña fuerteanimada y llena de vidahicieron brotaren aquel ser amante y aisladouna profunda y apasionada ternura hacia su amiga.Reinapor su ladose apegó a aquella niña tímida y asombradizay halló unplacer perfectamente adecuado a su genio en guiargobernar y animar al serdébil que buscaba su sombraen tener a raya las polluelas de inmundoscorralesy dominarlas hasta el punto de obligarlas cuando podía aescondidas de las madresa que limpiasen bajo su inmediata inspección la jauladel canario que se habían atrevido a amenazarconvirtiendo asícual unaadorable hada para el pajaritosus enemigas en esclavas. Las polluelas atodo callaban y obedecían por dos razones: la una era que Reina tenía unosdedos dotados de una singular aptitud y fuerza para tirar pellizcoscuyoscardenales no se iban tan pronto como se venían. Esta detestablesoez ydenigrante costumbrela había traído la niña mal criada al convento. La otrarazón que ponía sobre los despotismos de Reina un candado en los labios de susvíctimasera que todos los días aparecía esta a los ojos de aquellas con unpapelón de dulcesbizcochos y tortas en la manobella como la fortuna [110]que reparte sus donesy tirándoselo aunque fuese en el suelosino hallabamesa o banco a la manoles decía con dignidad: «Tomadlambruciasengullid yhartaos.»

Con el trato de Reina se había esparcido algo el tétrico y asombradizogenio de la pobre niña enfermay aun sobre su salud había influidobenéficamente. Sufría esta siempre alternativasen las que obrabapoderosamente el estado de la atmósferaasí como las impresiones que recibía.Su alma era como el cristalla empañaba solo un alientola traspasaba un rayode solun choque la habría quebrado. Son estos pobres entes desgraciadossinfuerzas morales ni físicascomo un tenue manantial de agua claraque sincaudal ni poder para abrirse una senda vuelve a consumir la tierra y a absorberel cielo. Existencia que sólo conocen de la parte humana los padeceres y de laespiritual solo la angustia y la tristezay son como esas cometas que se lanzanen el espacioque vagan sin rumbo ni dirección y que están sujetas a latierra sólo por una tosca guitaque por lo regular manejan manos torpes ybruscasalmas de ángeles que tienen su mayor mérito en ignorar lo que valenque no lloran sobre sísino sobre el dolor que es herencia común.

-¿No ves-le decía algunas veces a Reinamirando al cielo-esas nubesque vienen corriendo de la mar? Vienen huyendo y llorando de los horrores quehabrán visto en ella. [111]

-¿Esas nubes? -respondió Reina-: te equivocas; no vienen del mar sino delcielo; las manda el Señor para regar los camposporque ha habido rogativas porel agua.

-¿No oyes-preguntaba otras veces con la cara asombrada la niña-el ruidode la mar muy lejosmuy lejos?

-Vaya-respondía Reina riendo-si es un moscón; ojalá se te plantase enlas naricesy verías si es la mar. ¡Siempre estás con la marla marlamarqué cansera de mar!

-¿Has visto la marReina?

-Síque fui a las corridas de caballos a Sanlúcar y la viporque se meteen el río. ¿No te acuerdas que volvimos juntas?

-¿Y estaba enfadadaReina?

-No se lo preguntéporque nada se me daba de que lo estuviese o no sumerced.

-¡Oh! Reina¡si vieras cuán espantosa se pone cuando se enfada! Selevanta en ondas como una furiosa serpienteecha espuma de corajey brama derabia; entonces todo lo rompetodo lo destrozatodo lo aniquilatodo lo tragalos vivos para matarlos; los muertos...

Levantábase entonces Reina con viveza y se ponía a bailar tocando laspalmas y cantando:

 

Alegríaalegríaalegría

 
 

que ha parido la Virgen María

 
 

sin dolor ni pena[112]

 
 

a las doce de la Noche buena

 
 

un infante tierno

 
 

en la fuerza y rigor del invierno;

 
 

y los angelitos

 
 

cuando vieron a su Dios chiquito

 
 

metido entre paja

 
 

le bailaban al son de sonaja.

 

Al oír la alegre voz de su amigay al sentir el profundo y santo gozo queles es propio y que infunden los cantos de Noche buenaLágrimas de serenabalos lúgubres pensamientos se borraban y sonreía suavementecomo la tristezaal consuelo.

Así pasaron reunidas estas niñas dos años que le fue preciso a la Marquesapermanecer en la capital. Pero a su regreso le faltó tiempo para llevarseconsigo a su hija.

El dolor de Lágrimas al separarse de Reinafue tan acerbo y tan profundoque a poco recayó en aquellos accesos de triste angustiade inquietosinsomnios que tan perjudiciales eran a su salud. Reinaque lo supo por lasmonjaspidió a su madre se empeñase con ellas para que dejasen a Lágrimaspasar los días festivos en su compañía. Las madres pidieron su venia a D.Jeremíasque la dioponiendo a esto como a todo lo que concernía a la niñatan poca importanciaque ni aun se lo dijo ni escribió a su padre.

La pobre niña que tan poco lugar ocupaba en todas partesque no se oíanuncaque no llamaba la atenciónque parecía un pálido satélite delbrillante [113] astro en cuya órbita girabasilencioso y no podía menos de ser querida por los que se ponían en contactocon ella. Así era que la Marquesa la veía con gusto en su casapues soncontadas (si es que existen)las naturalezas que no tengan un placer encausárselo a otrassobre todo si no les cuesta nada. Asípuessininterrumpir esta amistadque era todo el encanto de la modesta vida deLágrimaspasaron cuatro añoscontaba ahora Reina diez y ochoy Lágrimasdiez y seis. Era esta siempre la niña delicada de saluddelgada y pálida. Sudebilidad física y su dejadez americana le daban un aire cansado y dolienteque hacía a los que activamente recorrían el camino de la vidadejarla a unladocomo al cansado caminanteque se ha apartado de él y se ha sentado en unmarmolejo sin estorbar a nadie. Sus movimientos eran tímidos y lentossindejar por esto de tener una gracia lánguida y suavetanto más simpáticacuanto estaba lejos de toda afectación. El trato con las monjas había hechomenos sombrías las miradas de aquella pobre asombrada niña; el roce con Reinay con la sociedad las había hecho menos ariscaspero nada había podidodesprenderlas de aquella tristeza profunda que había grabado en ellas laterrible catástrofe que le abrió tan niña aun los ojos a los horrores de latierra; una extremada timidez que se unía a estole hacía tener sus ojossiempre bajosasí sucedía que cuando los levantabacomo eran tanextraordinariamente hermososcausaba su vista casi una sorpresa. [114]

Reina que había crecido muchoera alta y airosa: su cara aguileña teníael blanco y puro mate de la cera; su narizun poco largaera fina y bienformada; su frente era alta y altiva; su boca de delgados labiosdesdeñosa yburlona; sus ojos pardos eran penetrantes como dardos. Tenía una desenvolturaque no era propia de su edadpero estaba unida a tanto señorío y tanta gracianaturalque la críticaindulgente con ellacomo lo era su madreseresignaba a tolerarle ese lunar inherente que no la desgraciaba.

Ya que al bosquejar uno de los tipos que figuran en esta relación hemosindicadodefectospor desgracia harto comunes entre las jóvenes españolasnos permitiremos darles un consejoaunque no sea más que para probar que elespíritu de nacionalidad no nos ciega al punto de tomar defectos por méritosni malas tendencias por gracias. Este consejo de amigos esque al adoptar lascosas elegantes y de buen gusto del extranjerono se limiten en esta imitacióna las capotasbertas y cosas semejantessino que la extiendan a ciertas reglasde alto buen tono que siguen las jóvenes en la buena sociedad extranjera. Allálas jóvenes no llevan el sello de la elegancia fabricado en casa de susmodistas; lo llevan genuino y no se aja ni pasa de moda como aquel. Consiste enuna reserva modestaque hace hablar bajopero nunca de quedo; en un nodesmentido respeto para toda persona de edadfea o bonitadiscreta o tontayentre la rica y la pobre con preferencia a esta última[115]respeto que es hasta una inocente coqueteríapor la suavidad y frescura queimprime a la juventud. Ha de ocuparse mucho más de las mujeres que de loshombreslo que procura amigasy no quita admiradores; y sobre todoeste sellode buen tono realexcluye completamente de los labios de la juventud laburla personal como cosa atrevidachabacanaque debe quedar relegada a lasantesalas; a la graciaasí como a un manantial de agua cristalina y brillantese le dirige su caucey corre lo mismo entre flores que entre espinas. Cuandolas jóvenes españolas se convenzan de estas verdadespodremos gloriarnos losespañoles de tener en nuestro país las mujeres más cumplidas de Europa.

La marquesa de Alocaz era una mujer hermosaque aun no contaba cuarentaaños. Era tan parecida a su hijaque al verlas juntas parecían la tarde y lamañana de un hermoso día. Era la Marquesa una de esas mujeres que solo enEspata se encuentranlas que como las flores deben sus colores y su perfume asu propia saviay no a pinceles y esenciases decirque criada en unconventosin más nociones ni educación que las que se necesitan para formaruna mujer virtuosauna buena madre y una mujer de su casasin jamás haberleído un libroignorando del todo las melifluosidades de novelasella solasu instintosu talentosu tactosu natural señorío la habían hecho unamujer altamente distinguidadelicadamente cultaque tenía el aplomo y elmundo de [116] una cortesana de la corte de Luis XV.No había conversación en la que no alternase con tino y gustoni lance que nojugase con acierto y decoro. Orgullosa como ningunaera también como ningunafina y amable. Era cuando se ofrecía oportuna como decían sus amigas; boquifrescasegún decían aquellos quecomo inoportunas mariposasse acercaban bastante ala luz para que esta quemase sus alas.

La Marquesaaunque había quedado muy joven viudano se había vuelto acasar a causa de sus extremos por su hija; porque Reinadesde chicacon eseinstinto de egoísmo y de celos de los niños consentidoshabía tomado entreojos a cuantos se habían inclinado a su madrea punto de obligar a estaextremosa madre a alejarloslo que alguna vez llegó a ser un dolorososacrificio para ellasacrificio que su hija no comprendió entonces ni supodespués; pero así son los sacrificios de las madresni ellas les ponen precioni creen que se les deba poner. Llamábanla con razón sus amigas: la perfectaviuda. [117]



 

 

Capítulo XI

OCTUBRE1846.

Lector de las Batuecashabrás notado que hemos tomado mucha confianzacontigolo cual es porque nos eres simpáticoy nos interesamos por tiyqueremos instruirte. No es que no sepas acaso más que nosotroslo que es muyprobablepero de cierto no sabes una porción de palabrasentradas decontrabandosin que autoricen su introducción ni arancelesni amnistíaniindulto. El diccionario no las traepero acá te las explicaremos. Eldiccionario está un poco anticuado; es un dolorporque es un excelente sujeto;a nosotros nos gusta muchísimoun poco testarudo espero muy amigo decomplacer.

Como pintor de costumbres de la épocatenemos que rozarnos con estaspalabrascon las que [118] por todas partes nosdamos de narices. Te las iremos explicando e indicando su origenpara que nocreas al leernos que el español tira al griego. Noal griego noalpoliglotismo y a la república de las palabras.

Los introductores de tanta palabra de último gustoen honor a laverdadno han recibido ningún sofión por esoy ni el inglésfrancés nialemánnos han dicho con grosería de rascarnos con nuestras propias uñas;eso nolo que hacen es abrir sus graneros como Faraón.

Al hablar de la Marquesa íbamos a decirque esta amable señora españolaaunque tenía graves cuidadosse la hallaba siempre igualsiempre animada yafablesin que la melancolía ni el spleen viniesen a nublar su frentehermosa y serena.

Te explicaremospuesquién y qué cosa es spleen.

El spleen es hijo de la saciedad y de las neblinas opacas del Támesis.Fue su padrino el humo de carbón de piedray lo crió un lord gotoso al ladode su chimenea en silencio y soledad. Tiene el spleen el pelo laciolosojos tristeslos extremos de la boca caídos hacia bajo y el entrecejo arrugado;es alto y delgadono tiene el pobrecito mío maldita la gracia. No quiere salirde su paísy los demás países se disputan su dulce posesión. Primero se lollevaron los franceses por los cabellos a Franciadonde ha hecho las mayoresfechoríasde que sólo te referiremos la primeraque a pesar de ser trágicaes el de [119] menor consideración de sus lances.Lo primero que hizopuesese cara de pitofue disponer que en lugar de bailadosfuesen andados los rigodones: (cosas del spleen). Terpsícore sepuso furiosa y lo desafió. Fue padrino del spleen un búhoy de Terpsícore laTaglioni. El spleen derribó a Terpsícore con un suspiropero éstacomo es tan ligerase levantó al puntoy con un entrechat(perdonalectorcon una cabriola cruzada en el aire) echó a rodar el spleen. Lospadrinos declararon el honor satisfechoy cada uno se fue por su lado. El spleense fue al río Sena con intención de tirarse en él de cabeza: Terpsícore a laópera a divertirse. Te diré para tranquilizartelectorque lo han traídoaquí tambiénpero que toma al instante las de Villadiego. El sol de por acádeslumbra sus tristes ojos; las castañuelas le atacan los nervioszambomba ypandereta le dan jaquecala gracia andaluza lo hace huirlas boleras yfandangos le son mortales.

La Marquesasin tener spleenabrigaba en su pecho roedores cuidados. Eranestos tocante a los intereses del caudal de su hija que manejaba.

Es una máxima muy general y muy cierta la de qué un alma superior y elevadamira con desdén los intereses pecuniariosy por más que el siglo de ideasquiera condenarla al ridículoy relegarlaal zaquizamí literario con losidilios y las pastorelasquedará esta máxima una eterna verdadmientras hayaalmas superiores y elevadas. [120]

Pero este desdén es aplicable al ansia ávida y al sórdido afán que setuviese por aumentar su caudal; no al digno y loable deseo de conservar el quenos legaron nuestros padresy debemos dejar a nuestros hijos. Por esoinstituyeron los sabios antepasados los mayorazgossello de la época degrandes mirasque abrazaba toda una descendencia como lo fue la que fundó losmayorazgoscomo sello de época de pequeñas y egoístas mirases el haberlosdestruido: señal de fuerza y de porvenir fue su institución: ¡señal dedebilidad y de incertidumbre es la de su destrucción!

¡Y cuántos máspuesserán estos cuidadossi al cariño de la madre seune la responsabilidad de tutora!

El difunto Marquésque era gastadorhabía dejado deudas quecomo debíareconoció tan luego la Marquesa en nombre de su hija. Herederos colateralesdisputaron a Reina su caudalpretendiendo que su fundación excluía hembra.Este era el pleito que había llevado a la Marquesa a Madrid. Ganó el pleitopero sus crecidas costas vinieron a engruesar la deuda que ya teníayúltimamente un considerable tributo que gravitaba sobre una de las mejoresfincas del mayorazgoolvidado y desatendido desde infinidad de añosresucitaba como una fantasma crecida en grandes dimensionespor sus caídosplazos y fuerte de su indisputable derecho. Así era que aquella frente serenaen el estrado[121] se cubría de sombras y nubescuandosola en su cuartolos apuros de su situación oprimían aquel ánimo demujerque no sabe ser fuerte cuando el corazón no le auxilia.

Estaba un día la Marquesa tristemente absorta y ensimismadacuando entrósu anciano e íntimo amigo el maestrante D. Domingo de Osorio.

Era este caballero un hombre buenohonradodignosincero y rectode quienno se ocupaba mucho la sociedadporque tomaba pocas cartas en ellapero quetodo el mundo quería y respetaba. Era un acérrimo carlinode esos que cualfirmes rocas se mantienen debajo del mardejando pasar sobre sus cabezas lasolas de los eventossin oponerlos resistenciapero sin quesus vaivenes losmuevan; seres para los que no hay más inspiraciones ni más luz que las de suconcienciaen la que descansan como en un lecho de plumas blandas; monolitosmorales para los que la voz concesiónequivale a la de traición; fes robustasporque no tienen su asiento en la cabeza que calculasino en el corazón quesienteimposibles de extraviary fáciles de engañar; llámalos el siglo Quijotespero están de tal suerte rodeados de innobles Sanchosque entre estosdescuellan tanto más elevados y caballeros. Llámalos el progreso dementes;si lo son es a la manera de la reina Doña Juanasin enterrar jamás el objetode su culto; hombres de los que algunos se burlanpero que todos quieren poramigos; correligionarios que son pobres auxiliares [122]a la parte activa y militante de un partidopero que en cambio lo honran yautorizan.

-Marquesa-dijo con semblante animado D. Domingo-¿sabe Vd. la noticia?Zaldívar está en Ubriquesu pueblo; tiene ya tres mil hombres armados ydiseminados por la Sierra de Rondaprontos a reunirse a la primera señal.

-¡Zaldívar! -exclamó la Marquesa-. ¿El infeliz que fue fusilado?

-¿Y Vd. se lo ha creído? No hubo talpagó otro infeliz y dijeron eraZaldívar; pero a él no lo han podido jamás coger. ¿Coger? ¿Pues quénohay más que coger a Zaldívar? ¿Pero qué tiene Vd.? Me parece que está Vd.triste. ¿Tiene Vd. algún disgusto?

-¿Y le parecen a Vd. pocos los que me rodean? ¿El abismo en que me voyhundiendo sin hallar medio de evitarlo?

-Es preciso que gaste Vd. menos y recoja velas.

-Imposible. Bien sabe Vd. el arreglo de mi casaen la que no hay despilfarro.

-Despida Vd. criadostiene Vd. un ciento.

-Y todos son pocos y están ocupados en este caserón.

-Múdese Vd. A una casa más chica.

-¿Dejar la casa solariega? ¿Está Vd. en sí?

-Suprima Vd. la tertulia.

-A buen tiempocuando toda mi vida la he tenido[123]¿la quitaría ahora que mi hija tiene diez y ocho añosy que la disfruta ybrilla en ella? Ademásvaliente gasto es ese. D. Domingome está Vd.pareciendo al Duque aquel que estableció la economía en casasuprimiendoalgunas rodillas en la cocina. El pleito me ha empeñado hasta los ojos; losdeudores anteriores claman. Ahora aparece ese censo que resucita cebado de suspropios caídostodo a la vez. ¡Todo apremiente! ¡Qué hacer! ¡Qué hacer!

-Acuda Vd. a un capitalistaa un comerciante.

-Hato de judíos-exclamó la Marquesa-usureros sin pudor que especulansobre la ruina ajena. Usted se chanceaD. Domingo.

-La necesidad carece de leyamiga.

-Harto lo sé; pero no me pongo en manos de esos fariseos. Sé por amigasmías con la perfidiacon la que ayudados de sus fieles consejeros los abogadosy escribanoshunden el puñal en las entrañas de sus caídas víctimas.

-A eso os dirán-dijo D. Domingo-que el dinero es una mercancía comootra cualquiera y que su valor es arbitrario. Estas son de esas claridadesnuevas que nos trae el siglo de las luces.

-No manche Vd. su bocaD. Domingorepitiendo los sofismas de la usura; esadespenadora quiere también enseñorearse con capa de terciopeloasí como lairreligiosidad con la de despreocupación: el agiotaje con la de especulación;el desenfreno con la de libertad; un casamiento de solo interés con ladel casamiento [124] de razóny elacabar con la sociedad con la de socialismo.

-Acaba de llegar aquí-dijo D. Domingo-de vuelta de un viaje a Madriduncomerciante de Cádiz millonario; lo sé por un amigo mío a quien le es forzosovender una hacienda a retroventay a quien este peruano se la va a comprar. Vd.sabe que en Cádiz viven los comerciantes de fuste en plata como el pez en elaguay que son por lo tanto generosos; garbosos y caballeros.

-Sé que hay de todoD. Domingosé que hay de todoy el epíteto de Peruanono me infunde confianza en las calidades que Vd. le presta.

-Pues este de que hablo a Vd. es de los más poderosos y encopetados. Hahecho gran papel en Madrid.

-¿Y qué significa eso hoy díaD. Domingo?

-Muchoporque significa que es rico. Le gusta la buena sociedad y figurar enellapero figurar tal cual Dios lo criósin amoldarse a ella. Con lagroseríasello de ordinariezse engalanan estos papatachoscomo honoríficodistintivo de la independenciay señal de no necesitar a nadiepuesto que enla candidez de sus convicciones creen la política y la finura una adulaciónsólo en uso del que quiera ser favorecido hacia aquel que lo puede favorecer.Estoy seguro de que haría Vd. con él lo que quisiese.

-Nunca había yo de querer-respondió la Marquesa-sino aquello quesacándome a mí de una situación [125] tanapuradatuviese cuenta a los intereses del que me sacase de ella. Pero bajarmeyo a suplicar como un favor lo que no lo esno me sería posibleD. Domingo.

-Pues déjese Vd. embargar; es lo más prudente. Su padre de Vd. que tanto laqueríavendió una soberbia posesión que estaba ruinosa; pero de la que sepodía sacar un inmenso partidoen renta vitalicia sobre la cabeza de Vd.; estaes de treinta mil reales; la viudedad del marquesado de su hijaes de veintemil; con esos cincuenta mil realesle queda a Vd. para vivir con economíaesciertopero con sosiego.

-¿Qué me deje embargar? D. Domingo¿qué decís? ¡Pasar ese bochorno!¿Exponerme a que hagan paz y guerra del mayorazgo de mi hija? Antes morir.

-Pues entonces vea Vd. de hacer un arreglo con ese D. Roque la Piedracomolo va a hacer mi amigo...

-¿Don Roque la Piedra ha dicho Vd.?

-Síasí se llama el creso.

-¡Qué casualidad! Ese debe ser el padre de Lágrimaspues así se apellidaesa pobre niña amiga de convento de Reinaque tiene tal pasión por mi hijaque empeoró de una manera alarmante su delicada salud cuando me traje a Reinadel convento. Reina la quiere muchoy así viene a pasar aquí casi todos losdías de fiesta.

-¿Qué me dice Vd.Marquesa? Esa niña tan calladitatan humildetan bienportadaque me hace [126] tanta gracia por locompuesta; ¡es hija de ese coloso de platade ese bambolla! No gasta mucha conrespecto a su hija; cuanto tiene se lo ha regalado Reina.

-Eso no es nadaD. Domingo; no lo nombre usted siquiera. AdemásReina eldía que no tuviese que regalarme regalaría a mí y se quedaría huérfana.

-Pero en fin-dijo D. Domingo-es natural que con motivo de las bondadesdemostradas por Vd. a su hijaD. Roque la Piedra venga a darle a Vd. lasgraciasy esto viene bienpuesto que hablando se entienden las gentes.Es este un refrán antiguo que ha caducadomi amiga... murió; después seenterróy es su panteón el salón de las Cortes. Pero como aquí no son Vds.más que dospodrá hacerse a mutua satisfacción un negocio en que D. Roquepueda favorecer a Vd. con utilidad y provecho suyo.

Pocos días despuéshabiendo sabido D. Roque por D. Jeremías la amistaddemostrada por Reina y las atenciones tenidas por la Marquesa hacia su hijapasó a verla para darle las gracias.

Aunque habían pasado diez años desde su llegada a Cádizla persona de D.Roque seca y angulosa como una mala estatua de hierrohabía cambiado poco onada. Siempre era la fría y vulgar fisonomía del villano enriquecidonohabía en él más diferencia sino la de vestir mejor y más primorosamentealo que le obligaba el alternar en la buena sociedadasí como a gastar unlenguaje algo menos toscosino más delicado. [127]

-Señora-dijo al presentarse con todo el atrevimiento de la ignorancia y elaplomo de la gansería-. Tengo tanto más placer en visitar la casa de ustedque jamás he necesitado a ninguno de Vds.y sí he podido servir a variosasí tendré una satisfacción en que Vd. me ocupe.

La Marquesa estuvo para contestarle que el día que la sirviese le pagaríacomo lo habrían hecho los otrosa tanto por ciento sus favorespero secontuvo.

Don Domingo corrió a llamar a Lágrimasque ser día de fiestaestaba encasa de la Marquesa.

-¡Ah! ¿Ahí está la chica? -dijo D. Roque al ver entrar a su hija conReina-. La enseñáis malMarquesacon tanta tertulia y diversionesluego nose va a hallar conmigo en casay ahora que tiene diez y seis años me la voy allevar.

La pobre niña al oír a su padrese estremeció y apretó con angustia elbrazo de Reina.

-¿Quése la va Vd. a llevar? -dijo esta a D. Roque-; o noque está másabajo.

Don Roque se volvió atónito al oír aquella contradicción despótica quese lo plantaba delante; pero al verla brotar de aquella boca tan bellatanfresca y tan juvenilse sonrió como se sonreiría un rey al ver posarse en sucorona una bella mariposay dijo:

-¿Y por qué noseñorita?

-Porque yo no quierorespondió Reina.

Es muy probableque con la aspereza del orgullo y la mezquindad delegoísmoD. Roquesin atender [128] al cariño asu hijasólo hubiese contestado con su marcial desatencióna la prosopopeyaque encerraban las palabras de Reinaa no haber intervenido la Marquesala quecon el tono más fino y con las expresiones más amablessuplicó a D. Roquedejase pasar a su hija una temporada en su casa al lado de Reina.

-¿Te quieres quedarchica? -preguntó a su hija Don Roque-que no deseabaotra cosapor hallarse muy lisonjeada su vanidad con poder decir por todaspartes que su hija había quedado a puros ruegos de ésta en casa de la Marquesade Alocaz.

La pobre niñaque temblabase apresuró en contestar:

-Yo quiero lo que Vd. mande.

-Bienbien-dijo D. Roquecomo dispensando un favor-; pues que todos seempeñanno quiero que se diga que no soy condescendienteni que usted creaseñoraque le niego lo primero que me pide. No gasto parolapero sepaVd. que tiene en mí un amigo en efectivoy no en pagarés.

-¡Qué feo es tu padre! -le dijo Reina a Lágrimas cuando éste se huboido-se me figura que ha de ser idéntico al Hércules de la alameda de Cádizque tanto ponderan de feo. En nada te pareces a élhija míade lo que tefelicito.

-Dice mi padrino-respondió Lágrimas-que me parezco a mi madre.¡Pobrecita!

-A tu padrinoa esa rata de caño suciomándale a decir que no venga acáa verteque se me figura [129] que trae en losbolsillos de su inmundo gabán el cólerala sarnay la peste. ¿Nunca teregala ese padrino miseria?

-Una vez me dio un rosquete.

Reina se puso a reír tanto y tan de corazónque se dejó caer rendidasobre un sofá.

-Creo que es pobredijo disculpándolo Lágrimas.

-Deja que venga-repuso Reina-te aseguro que reúno a los criados concacerolas y almirecesy lleva una cencerrada por padrino pelón.

-No vendrá-dijo Lágrimas-: sólo una vez al año va a verme al convento. [130]



 

 

Capítulo XII

OCTUBRE1846.

En este tiempo aparece D. Roque la Piedrasubido de categoríacomo hemosvistopues de bello y excelente sujetoa llegado a bellísimo yexcelentísimo sujetosegún la nomenclatura de los modernos sinónimos; loque quiere decir que ha llegado y pasado de millonariosiguiendo al revés delos ríos un curso ascendente.

Como es probable que no conozcas al millonario modernoquerido lector de lasBatuecasporque el millonario moderno no se da en los aires puros que tú alládisfrutastendremos que hacerte su fisiología.

Pero distingamos: no tratamos del millonario que por medios honoríficosayudado de su buena cabezapor su trabajo y por la fortunaque favorece [131]al que se le antojabueno o maloal buen tuntúnha llegado a serlo. Lejosestá de nosotros semejante propósito; condenar a un millonario por solo serloy confundirlo con el tipo que vamos a delinearsería faltar a la verdada lajusticiaa la equidady dar margen a que pensaras tú que mueve nuestra plumala envidia. Nonojamás hemos envidiado sino a tiquerido y simpáticolector de las Batuecas. Habrás podido notarpuesto que según se nos asegurala imparcialidad que ha desaparecido de por acáse ha ido a tu país; habrásconocido decimosque no abrigamos malevolenciay que aun las cosas que nos sonantipáticas las tratamos sin hiela pesar que este condimento está a la ordendel día para la confección de los escritoscomo lo está para la confecciónde los guisados de nuestras cocineras el detestable azafránsucediéndoles alos que escriben como a las que guisanque sin lograr al servirse de sucondimento poner los escritos ni los guisados bonitosles dan un repugnantepaladar. En una sola cosa no transigimos y es en las cosas de religiónpuestoque la eterna verdad dijo: el que no está conmigo está contra mí;admirable y concisa regla como todas las que salieron de aquellos divinoslabiospulverizando en su sentido la tolerancia en punto a cosas de Diosy ensu concisión todas las fraseologías. Adquiriremos con esto el epíteto de fanático;a mucha honra lo tenemos. El que echó ese epíteto como baldón a loscatólicoses mal intencionado o ignorante. Es lo primero[132]si sabe el sentido de la voz y sabiéndolo lo aplica; y es ignorante si lo dicesin conocer el sentido de la voz que el diccionario define así:

Fanático: el que defiendo con tenacidad y furor opiniones erradas en materiade religión.

No siendo erradas las opiniones ni defendidas con furorno es aplicable lapalabra fanatismo al católico ferviente. Lo que a la palabra fanático se puedeaplicar a la de superstición de la que dice Balzac: se sabe que en ellenguaje de los liberales se llama superstición toda religiónesdecirtoda creencia en un poder y de una ley superior.

Necesaria era esta digresión para que más de cuatro neutrales aquien las voces fanatismo y superstición erizan los cabellosy que no se tomanel trabajo de desentrañar ni su sentido ni su aplicaciónsupiesen lo uno y lootro. El medio erapuesto que los neutrales no leen buenos librosreligiososhacer aparecer esta verdad en una novela a imitación de lasfloristas de Parísqueal hacer un ramo de flores contrahechasponen con unbrillante una gota de rocío del cielo sobre una rosa de poco valor.

Cerremos este paréntesistamaño como el cuarto creciente y el cuartomenguante de la luna. No vamospuesa pintar los millonarios respetables yhonradoslos que hacen un digno uso de sus caudalescomo conocemos y veneramosa muchosa la par que los pobres los bendicen y el público los aplaude.Dejamos a la envidiaque nada puede ver [133]sobresalirsacudir sus palos de ciego. Apreciamos a todo aquel a quien lasuerte favoreciósin haber tenido que obtener sus favores por infamias. Diosnos libre de echar anatema sobre el que hace suerte: eso sería tan malévolocomo injusto y ridículo.

El tipo que vamos a delineares aquel quesalido del polvo de maloslugaressin educaciónsin principiossin concienciasin honor y hasta sinvergüenza (este último lazo por el que pertenece un hombre a la sociedad)sinmás Dios que la codiciani más ambición que la de atesorardando de baratosu buen nombrela dignidadla opinión ajenasin reparar en mediosllega alapogeo de la riqueza por caminos bajosilícitos y criminales. Este enteodioso que amalgama admirablemente los vicios de ambas claseslos del pobre ylos del ricoes una plaga que sale de la zupia de las revolucioneso bien dela confusión de ideas y de delitos de las guerras civileso bien del caos delos desórdeneso de los misterios de la impunidad vagabunda en todos paísesy que se alza con frente impávida al desprecioguarecido contra lareprobación con su escudo de oro.

El millonario de este jaezpor lo regular es feo: pero por lo regulartambién se le da un bledo de serlo; comprende la idolatría del becerro de oropero no concibe la de Narciso.

El millonario padece (además de otros achaques) unas calenturasintermitentes contra las cuales nada puede la quinina. Cuando le entra el accesode calor[134] se desembozase estirabufahacesonar el dinero en el bolsilloy está pronto a pagar seis maravedís a unmuchacho para que le escriba con tiza en la espalda: este señor tiene unmillón de duros. Poco después le entra la reacciónel frío: se encojese echa a temblar al ruido que él mismo ha metidose arropa y pone a llorarmiseriasdando diente con diente y pronosticando a su mujer e hijos quepedirán limosna. Da un día un festín de Heliogábalo: al día siguiente tomaél mismo la cuenta de la plazasuprimiendo cuanto no sea el cocidocomo lujosuperfluo.

El millonario se ofende de que le digan rico y se indigna de que le creanpobre; quiere gozar de un crédito ilimitadoy quiere pasar por no tener uncuartocomo la vieja que quería sacar a la lotería sin haber puesto.

El millonario está revestido de negativas como el erizo de púas; cree el nosu derecho y propiedad exclusiva: el no es inherente a sus labios como elcigarro habano. El noal revés del peso durole parece objeto de exportacióny no de introducción; género ilícito contra el cual no hay arancelesque valgan. Así el que se atreve a dar un no a un millonario comete undelito de leso-millón.

El millonario goza rara vez de su millón: pero como el virtuoso goza con laconciencia de serloel millonario goza a su ejemplo con la conciencia de serlo.[135]

Para este millonario los mandamientos se encierran en dos: tomar y no dar.

El millonario tiene un problema que nunca acaba de resolvery es a cual hade despreciar más: si a un artista o a un noblea un poeta o a un militaraun deudor o a un facinerosoy entre las acciones de Judassi la de vender a suSeñoro la de tirar después el dinero.

El millonario no comprende la dignidad del hombrepero sí mucho la deldinero.

El millonario no se incomoda ni sale de su paso ni por la madre que lopariópero no quedará en zagas de Diógenes para decirle a un Alejandro quese le quite de delante.

El millonario ha oído hablar de generosidady la cree de buena fe viciode pobre.

El millonario considera el orgullo inherente al dinero como su sonidometálico.

El millonario tiene dos ideales a los que compondría versos si supieseyson su yo; y las letras de Rothschild.

Concluiremos este bosquejo con una última pincelada: para el millonario deeste jaez hizo la Roche-Foucauld aquella inconcebible y atroz máxima que hay ennosotros algoque goza en las desgracias ajenas... pues el millonario goza enla ruina de otros.

Ahorapuesque hemos colocado a D. Roque en su nueva luzprosigamosnuestro relato:

Todas las nubes del otoño estaban reasumidas en [136]la feísima cara de D. Jeremías Temblequequesentado delante de su mesapaticojafrente a su tintero de peltresumabarestabamultiplicabay cadanúmero añadía una arruga más a su frente.

Llamaron a la puerta:

-BonifacioBonifacio-gritó el amo de la casa a su negro-no abras sinsaber antes a quién.

-Es D. Roque-mi amo-respondió el negro.

Efectivamentesubía el millonario aquella escalera entapizada de lamparonesde aceitey combatía con el humo de su puro aquel ambiente que no lo era.

-Perdido estoycompadre-exclamó D. Jeremías al verlo entrar-y si Vd.no me saca de este apurode este conflictono sé que será de mí.

-¡Vd. apuros! -repuso D. Roque-¡por vía de los gatos! ¡Vd. que no hatocado sus réditos caídos en el banco de Francia desde diez años! Pero sea elque fuere su apuro de Vd.yo no puedo sacar a nadie de apurosporque en estostiempos cada cual tiene que rascarse con sus propias uñas. ¿Qué haypuescompadre Angustias?

D. Jeremías se levantó y fue a cerrar la puerta asegurándose de que nopodría oírle su negro; hizo sentar a D. Roque en su sofá de hojas de maízse sentó a su ladoy dejando al vegetal el tiempo suficiente para acallar susmurmullosque a medida que había envejecido se habían hecho más ásperos ychillonesdijo acercándose al oído de su compadre. [137]

-He recibido los sesenta mil duros que me quedaban por allá y que me hanquitado sesenta mil noches de sueño.

-¡Droga! Compadre¿y este es el apuro?

-¡Nono es esesino que en primer lugar el cambio me cuesta un sentidoylo otrocompadre!..¡Que no sé que hacer con ellos!

-Póngalos Vd. en el banco.

-¡Un demonio! ¡Colgar todo a un clavo! Nonoeso no; no tengo la maníade los bancos como Vd. ¡Quien tiene la experiencia de Nueva-York!... ¡¡¡Yaya sé lo que es!!!

Al decir esto hizo D. Jeremías un movimiento tan brusco y trágicoque lashojas de maíz se pusieron a murmurar en coro de la poca consideración con quese les trataba.

-Pero en el banco de Francia no le ha ido a Vd. tan malcompadre-dijo DRoque-; los fondos han subidoel crédito y riqueza de la Francia crece pordías.

-Amigolo que no sucede en diez añossucede en un día; no quiero másbancosy se acabó la fiesta. Compadreya sé que es Vd. un hijo de la dicha yque apalea el dinero; así solo en Vd. tengo confianzatome Vd. ese dinero.

-¡Yo! ¿Pues si no sé que hacer con el mío?

-Compadrese lo doy a Vd. sin ejemplarsin hipotecas.

-No lo quierono tomo dinero.

-Compadrea miserables ocho por ciento. [138]

-Ni que Vd. lo piense.

-Compadreal seis.

-No puede ser.

-Compadreal cinco y medio.

-Que no.

-Compadreal cinco.

-Ni de balde.

-Al cincocompadreeso es sacar a la lotería.

-¿Hablo griegomi amigo? ¿No le digo a Vd. que nonoy no? ¿Cómoquiere Vd. que se lo digacantadollorado o rezado? ¡Droga!

-¡CompadreVd. quiere mi ruina! -exclamó indignado D. Jeremíasque poruna de esas manías o agüeros de los avarossólo en las manos de suafortunado compadre consideraba su dinero seguro-. Yoque pensaba dejar a suhija de Vd. en mi testamento seis onzas; ¡ni un cuarto le dejaré! -añadiócon arroganciadejándose caer con el orgullo y aire de taco de una venganzasatisfecha sobre uno de los cojines de los lados del sofá.

Un coro subterráneo parecido al de los malignos espíritus en la ópera deRoberto el Diablo sonó en las profundidades del mencionado cojín. D. Jeremíasya exaltado y dispuesto al despotismodio sobre él un vigoroso puñetazo; lashojas callaroncomo obedeciendo al gran mal espíritu de su amo.

D. Roque soltó una carcajada con toda la impertinencia y sonido agriometálico de los millones.

-¿Para qué necesita mi hija-dijo-la gran miseria [139]de las seis onzas de Vd.? Cuatro veces más he gastado yo ahora poco en Madriden obsequiar a las señoras de un amigo mío.

-Cuando Vd. lo hizo cuenta le tendría; vamosvamoscompadreno escupa Vd.tanto por el colmillo que nos conocemos de atrás: Vd. toma mis sesenta milduroso perdemos las amistades; y puede Vd. ir buscando otro para encargarleaquí de sus trapisondasy servirle de testaferro.

-Vamosvamos-dijo D. Roque que alarmó más esta amenaza de D. Jeremíasque no la de desheredar a su hija-; vamosno se amostace Vd. que se va Vd.haciendo más gruñón que su sofá.

-Pues tome Vd. mis sesenta mil duroscon sesenta mil demonios encima.

-Veremos.

-Nada de veremosque eso dijo el ciego y nunca vio. Las letras van a cumpliry no tengo donde meter el dinero. No tengo caja de hierroañadióangustiándose a medida que iba hablandoabriendo los ojos y arqueando lascejas progresivamentey echándose a temblar de tal suerteque las hojas demaíz se echaron a reír ruidosamente. Vivo solosolo con ese animal quepodría robarmeasesinarme; la casa no es segurael barrio es malolosvecinos me quieren mallas paredes tienen oídoslos ladrones son osados.¡Ohoh! ¡Yo tener dinero en casa! Nonono.

-Bienbien-dijo D. Roquea quien el estado casi convulso de su amigo nodio lástimapero que reflexionó[140] seríapara él el tomar ese dinero un excelente negocio-: vamosvengan esas letraslas tomaré para hacer a Vd. ese favore impedirle que se muera de miedo: perocompadreRoque la Piedra no toma dinero a más de un cuatroes contra sucrédito.

D. Jeremías dando saltos en su sofá puso los gritos en el cielo y con éllas hojas de maízpero no hubo tu tía; después del volviose aentronizar y a enseñorear el no en los labios del millonariocon unnuevo cigarro habano que encendió en la elegante copilla de Medina que con susdiez abrilescontradecía el común adagio de frágil como barro. En unahora que tuvieron los dos compadres de discusión a dúo de bajo y contrabajocoreado por las hojas de maízno se adelantó nadanada; ni más ni menos queen una sesión de... cualesquier cosa. Ni un cuartillo subió don Roque de sus 4por 100por más que plagueó don Jeremías y gimieron las hojas de maíz. Perola antipatía a los bancosel pánico a negociosel horror a fincarelfrenesí que le entraba solo con la idea de meter el dinero en su casalasupersticiosa fe en la estrella de su compadre obligaron a D. Jeremíasllorando y murmurando en compañía de su sofá a poner su dinero en manos de D.Roque.

Don Roqueal tomar el dinero de su compadrehabía echado sus cuentas comolo veremos.

Había seguido este señor visitando con mucha frecuencia la casa de laMarquesaen la que era perfectamente recibidopues estacomo mujer de mundo[141]sabía disimular todo el alejamiento que le inspiraba ese hombre soez y vulgar.

Algunos días anteshabía tenido una entrevista particularen la que sehabía arreglado el asunto que D. Domingo Osorio había indicado a su amiga parasalir de apuros. Pero ni la hermosurani la amabilidadni la situaciónapurada de aquella honrada y noble mujerni aun las grandes seguridades que ledaba el buen caudal de Reinabastaron para haber hecho perder de vista a D.Roque por un momento su codiciani para hacerle ceder un ápice de susexigencias. Ni el talentoni la gracia de la Marquesapudieron impedir sehiciese el arreglo sobre unas bases muy perjudiciales para ella. Pero alhallarse entre el embargo y las condiciones que le puso D. Roquetuvo queescoger la menos cruel de estas alternativasesto esla quedefraudando susinteresesal menos no lastimaba su decoro. D. Roque dio a la Marquesa treintamil duros al moderado precio de diez por ciento por hacerla favor. Peropara esono siendo posible al buen padre comprometer los intereses de suhijala Marquesa como tutora y curadora de la suyatuvo que hipotecarla uncortijo que valía ochenta mil. Exigió además el prestamista queparahipotecarloconstase dicho cortijo en la parte libre del mayorazgopara locual se tuvo que hacer la partición del caudalgasto inútil no habiendo másheredera que Reinagasto que tuvo que sufragar la Marquesa. Ítem más: quedohipotecada y embargada la renta de dicho cortijo para el pago de [142]los premios del dinero. Este era el gran favor que dispensando protecciónhabía hecho D. Roque la Piedra a la Marquesa de Alocaz. Para completar lasatisfacción de este señordejaba en Sevilla a su hijaque quería pocoalejándola de Cádizen donde siendo conocida su riqueza y el especular cosamás corriente que tierra adentrono dejarían de presentarse pretendientes aella.

Es de advertir que el casamiento de su hija era la nube negra de aquelbrillante horizonte; porque Lágrimas no solo había heredado de su madre loscien mil duros que llevó en dotesino otros cien mil que le tocaban de losgananciales hechos durante la vida de aquellaen compañía de su suegro; detodo esto llevaba este último estrecha cuenta en favor de su nieta. Aunque D.Roque había llegado a ser más que millonariodoscientos mil duros son unbocado gordo aun para un millonariocuanto más para aquel que mira conprofundo respeto dos pesetasconsiderándolas como la primera piedra (como éldecía)sobre la que se labra un caudal de un millón. Como al casar aLágrimas tenía que entregarlosera el casamiento de esta la pesadilla quesolía turbar sus dorados sueños. [143]



 

 

Capítulo XIII

OCTUBRE1846.

Si alguien hubiera querido pintar un cuarto revueltoasí como sepinta una mesa revueltahabría podido servirle de modelo una sala quese hallaba situada en el primer piso de una casa de pupilos de Sevillaen lacalle de San Eloy. Con nada podía compararse mejor que con el campo deAgramante en que se hubiesen batido a muerte los numerosos soldados de lacienciacon los no menos numerosos de la moda.

Aquí yacía en el suelo una botella de aceite de Macasarhabiendo perdidohasta la última gota de su sangre. Un diccionario latino mostraba sus mutiladasentrañascon algunas manchas de negra gangrena. Un frac con el cuelloinclinado y los brazos pendientes[144] estabadesmayado sobre una silla hospitalaria. Algunos libros quizás cobardes oafiliados en las sociedades de la pazhabían huido y se apiñaban en unarinconera.

Sobre la mesa mostraba un tintero su negra bocay parecía un mortero cuyosfuegos se hubiesen apagado; a su lado estaban las plumas caídas comoestandartes vencidos. El Derecho real de España había recibido la descarga deun bote de la exquisita agua de lavanda que se fabrica en Sevillaen laplazuela de San Vicente. La constitución era oprimida por un pícaroreaccionario tarro de pomada de mil floresy algunos guantes daban voces por sucuartel de inválidos.

Eran las seis de la tardey se ocupaban en ese cuarto tres jóvenes en hacersu tocador.

Era el uno en extremo alto y bastante grueso; tenía hermosas y simétricasfaccionesgrandes ojos pardos abiertos de par en parcomo su corazón que erafranconoble y bondadoso. No se hubiese encontrado otro que tuviese una ideamás alta de sí mismo con la mejor fe del mundoy sin tener por eso orgullo.Quería a sus amigos con la más sincera benevolenciasin por eso dejar detratarlos con superioridad inaudita; pero era esta tan bonaza e inofensivaqueno heríaporque siempre al través de sus jactancias y de su prosopopeya setraslucía su hermoso corazóncomo la luz del sol a través de los nublados.Era aplicadopero tenía falta de memoria y un singular [145]don de equivocarsede lo que resultaba que decía mil disparatesy una vezdichoslos sostenía con una imperturbable y fatua suficienciaaunque fuesecontra las personas más autorizadas. Tenía en su cabeza un gran mixtiforis deideasy no se cuidaba ni de digerirlas ni de clasificarlas. Así esque solíalanzarsin pararse a reflexionaralgunas proposiciones sui generis quedejaban estupefacto a quienes las oíansin hacer esto retroceder un paso alque las decía en su decisiónni hacerlo perder su constante gravedad einamovible aplomo. Llamábase Marcial.

El otro era altodelgadobien formado y airoso; sus maneras eran medidas yelegantesporque la elegancia era en él genuinale era añeja como sucorriente al arroyo. Tenía la cara fina y menuda; sus ojos graciosos quesiempre interrogaban y nunca respondíaneran sombreados de espesas y biendibujadas cejas; una poblada y rizada cabellera rodeaba su frente angosta; susonrisa tenía todo lo agradable de un delicado agridulce. Era este uno de esoshombres reconcentradoscuyo interior está herméticamente cerradoy en losque nada hay espontáneo sino la reserva. Aunque muy jovenmiraba la vida conlos espejuelos de la ancianidadbuscando en ella la felicidadno del modonegativo del filósofoni a la manera material del epicúreoni del modoespiritual del cristianoni en la aureola del poderni en la embriaguez de lagloria; pero la buscaba firmepositiva[146]duradera y bella bastante para llenar su vida y satisfacer su corazón. Era suentendimiento observadorincisivosarcásticoa veces duropero siemprepenetranteclaro y sereno. Este se llamaba Genaro.

El tercero de estos jóvenesde mediana estaturani era hermoso como elprimeroni bonito como el segundo; pero tenía uno de esos conjuntossimpáticosde esas figuras que no llaman la atenciónpero que mientras másse ven más gustan. Nada en él admiraba y todo agradaba. Veíase en su caraalegre y risueña esa superabundancia de savia que en la juventud bulle y críafloresy que más adelante obra y da fruto. En su mirada inteligente y a vecesdistraída se notaba el sello de los hombres superiorespero cuya superioridadde que no se dan cuentaque no rige la voluntad ni estimula la ambiciónandavagando como las willis sin objeto ni misióny que sin el estímulo dela ambición ni del egoísmobrotan y florecen cuando el tiempo las ha maduradoy las circunstancias han descorrido el velo a su lugar de acción. LlamábaseFabiány era en esta época la alegre aurora de un hermoso día con su airepuroel canto de sus pájaros y la ausencia del ruido de la vida práctica.Acodado en la mesa leía y escribía alternativamente. Los otros dos estabanfrente de sus espejos. Eran los tres de nobles y distinguidas casas deExtremadura.

-¡Pues no es-dijo Marcialapretándose la hebilla de sus pantalones-para darse a todos los diablos el [147] ver con lainsolencia que se va redondeando mi barriga! Verán Vds. como me va a echar aperder mi talle esbelto. ¿No es verdadGenaroquerido Maquiaveloquetengo el talle esbelto? ¿No parezco una palma del Líbano?

-En el Líbano hay cedros-contestó Genaro-: las palmas son del desierto; ylos alcornoques de tu pueblo.

-Las palmas son del Líbano-afirmó Marcial con su acostumbradoatrevimiento y aplomo. Y esoprosiguió volviendo a su temaque no tengo másque veinte y cuatro añoslos mismos que túy uno más que Fabián. Pero túFabiánpadre Dauromanso río(así llamaba Marcial a Fabián por susuave carácterdesde que leyó las poesías de Martínez de la Rosa)¿quéhaces ahí? ¿Y por qué no vienes a cubrir como nosotros nuestra míserahumanidad con estos atavíos de las bellas artes?

-Objetos de tocador no pertenecen a las bellas artes-dijo Fabián-perotúMarcialadoras la retumbancia.

-Pertenecen a las bellas artes-afirmó Marcial.

Los otros se callaron como tenían de costumbrecuando Marcialcon vozestentórealanzaba uno de sus axiomasque ellos dejaban rodar cual proyectilinofensivo.

-¿Qué haces? -prosiguió-: ¿Acaso versos a una Filis que no los sepa leer?

-No. Traduzco la oda de Lamartinea la lámpara [148]del templo. Oye esta estrofa a ver que te parece:

 

Y en esa lumbre aéreame agrada

 
 

suspender mis miradas langorosas

 
 

y les digo: tal vez sin saber nada

 
 

vosotras hacéis bienluces piadosas.

 
 

De inmensa creación en el destino

 
 

quizás esa partícula brillante

 
 

imita ante su trono de contino

 
 

la adoración eterna e incesante(6)<notas.htm>.

 

-Lo que me parecemanso Dauro-dijo Marcial-es que el traducir es cosamuy fácil.

-¡Fácil traducir poesía! Sólo tú eres capaz de sostener semejantedespropósito-exclamó Fabián.

-Y de probarlo-prosiguió Marcial-; mi padre estuvo prisionero en Franciacuando la guerra de la Independenciay aprendió allí una canción quetarareaba siempre. La aprendí y la he traducido; y lo que es másen elmismísimo metrode suerte que la canto en la misma tonada. ¿Y esa?

-Gratifícanos con esa obra maestra de tu ingenio-dijo Fabián.

Marcial se puso a cantar;

 

Si el Rey me quisiera dar

 
 

Madrid su gran villa

 
 

obligándome a dejar

 
 

por eso a Sevilla[149]

 
 

le diría al rey así:

 
 

no quiero vuestro Madrid

 
 

prefiero a Sevillasí

 
 

prefiero a Sevilla.

 

Genaro y Fabián se ahogaban de risa.

-¡Envidia! -dijo Marcial anudando su corbata-mejor haríaspadre Dauromanso ríoen nutrirte como yo de nuestros buenos poetas españoles. Yo heleído y sé de memoria las mil comedias de Calderón.

-Son trescientas y tantas-observó Fabián.

-Son mil-sostuvo Marcial.

-Ya veo-dijo Fabián-que fundas tu ambición en ser el primer literato ybibliófilo de España.

-Te engañasmanso ríosi crees que fundo mi ambición en cosa tanmezquina. No hubiese dicho eso este Maquiavelo que tiene penetración yuna facilidad y gracia para anudarse la corbata que le envidio. Yohijo míono soy un río tan manso como túsoy un torrente y quiero meter ruidomuchoruido: el ruido me es simpático. Toda cosa grande hace ruido. Quiero serdiputado y hacer grandes discursos que se pongan en letras de molde en todos lospapeles. El discurso del señor Marcialdirán(si es que aun no he heredadotítulolo que Dios no permita)que habla con tanta soltura como energíaconmovió al congresoelectrizó a las tribunasconsternó a los exaltados: noenvidia ya Madrid a Atenas su Demóstenes. Soy capazpor adquirir famadequemar el Escorialcomo quemó Eróstrato el templo de Venus. [150]

-Fue el de Diana-rectificó Fabián.

-El de Venus-afirmó Marcial-. OyeGenaro¿cuál es tu ambición?

-Yo quiero-respondió este-una posición honoríficafeliz y estable conruido o sin él.

-¡Vegetar! -exclamó Marcial-¡Cruzarse de brazos cuando peligra lasociedad! Quita alláverdadero tipo del moderado de provincia que quiere quetodo se lo den hecho. Y túmi manso Dauro¿cuáles son tus miras? ¿Quéquieres?

-¿Yo? -contestó Fabián-Nada.

-Un Lazaroni romano-exclamó Marcial-mira qué carrera para quien notiene un mayorazgo.

-Los lazaronis son napolitanos-observó Fabián.

-Romanos-sostuvo Marcial-. ¡Ayamigos! -añadió poniéndose el chaleco yobservando lo vacío de sus bolsillos-: ¿cuál de Vds. me presta algún dinero?

-¿Prestarte a ti? ¿Yo? -dijo Fabián-¡yo que tengo un bolsillo que losucede lo que a tu barriga en sentido inversoa titan rico! ¿Te burlasMarcial?

-Ricoes decir que mi padre lo esdiez dehesasa cual mejorocho molinosmonteshaciendasganados como un patriarcapesetas como un bolsista: pero¿qué me sirve a mísi no quiere ese padre avaro salir de los dos mil realesmensuales que me envía?

-Debían bastarte-dijo Genaro-a mí con la mitad que tengo me alcanza yme luce más que a ti.

-Verdad es-repuso Marcial-pero sepan ustedes[151]añadió con jactanciaque esta noche pasada he jugado y he perdido hasta elúltimo realy eso que mi madre me envió anteayer extrajudicialmente tres milrealesciento cincuenta durosque se fueron unos tras otros como otros tantoscarneros.

-¡Jugado! -exclamaron a un tiempo sus dos amigos con aire de desdén.

-Síjugado¿y bien? En mi borrascosa juventud quiero regalarme de todoslos vicioscon la intrepidez de D. Juan ¿Ignoráis acaso que tengo azogue enla cabeza y alquitrán en las venascomo se dice en la moderna escuelaliteraria francesa? Quiero ser el más pródigo de los hijos y que después mereciba mi padre en sus brazos y mate un terneroo un cerdolo mismo me da.¿No os parece esta idea acalaveradade caballero de buena ley? Elcaballerismocomo lo entendía el caballero de la Manchaes cosa de mal gustoy de mal tono. Hacer de una Maritornes una Dulcinea¡qué inocente! Es muchomás del día y más cómodo hacer de una Dulcinea una Maritornes. Esta anchaCastilla que me he propuesto dar a mis fogosas e indomables pasiones (siemprecon el propósito de enmendarme)tiene de romántico por ser a lo Byrony declásico por lo de la Biblia.

-La Escritura santa no pertenece a ningún género de literaturaobservóFabián.

-Es clásica-afirmó Marcial-con las notas más graves de su estentóreavoz.

-Yo no juego-dijo Genaro-soy más razonable[152]más delicado y sibarita en la elección de mis placeres y de mis pasatiempos.

-Lo que tú eres-repuso Marcial-es un hipocritón; ademásni tienes mispasiones volcánicasni mi fuerza de alma para levantar tu frente serenaapacible y tranquila ante la reprobación.

-Don Pleonasmose te olvidó impasible-dijo Fabián.

-Quiero-prosiguió Marcial cada vez más exaltado-seducir a unas cuantaschicas; lo malo es que no se dejan seducirsaben más que las culebras. Lainocencia bien hizo Reinoso en llorarla perdida. La candidez bien hizo Meléndezen buscarla en Italia.

-En Arcadia-enmendó Fabián.

-¡En Italia! -sostuvo Marcial-. Túpadre Dauroque te nutres de la mielhiblea y bebes de la dulce Hipocreneeres inofensivopero sosito. Mas a pesarde eso os quiero a ambos: somos tres en uno; somos los tres Gracioslos tresParcos...

-¡Parco tú! -exclamó Genaro-tú que tienes la despensa atestada de loschorizos y jamones que te envía tu madre.

-Por supuesto: os he dicho que me quiero echar a todos los excesos; quieroser otro D. Miguel de Mañarasólo que cuando me recoja a buen viviren vistade que el fundar hospitales como hizo aquelno tiene actualidadfundaré en mipueblo un casino. ¿No os arrastra mi ejemplo?

-Nohijo mío-respondió Genaro-las calaveradas [153]desacreditan; la buena fama es un pedestal.

-Los excesos me repugnan-opinó Fabián-como el olor de una tabernacomola atmósfera de una zahúrdacomo el vapor de una sentina.

-¡Oh! Padre Dauromanso río-exclamó Marcial-¡qué no te puedayo sacar de madre! Pero vístetepesadoque nos estarán echando menos lasmuchachas en el Duque. Genarome parece inclinas mucho a la perlacomo lanombra Fabián. ¿Por qué la nombras asímanso río?

-Porque se llama Lágrimasy estas son las perlas del corazóny porque esademás una perla. Dios quieraGenaroque la sepas apreciar como lo hubiesehecho yo.

-Estos poetas-exclamó Marcial-siempre lloran por lo que queda. Pues ¿noeres el más feliz de los mortales con captarte la atención y recibirpreferencias de Floraesa rubia Febaque parece una azucena engarzada en oro?¡Qué bonito pensamiento! No me lo plagiesmanso río.

-No temas-respondió riéndose Fabián-ni yoni ningún plateroaprovecharemos tu idea.

-Pero ambas-prosiguió Marcial-Florala blanca azucenay Lágrimaslahumilde violetapasan desapercibidas al lado de aquellaque es reina de lasfloresy reina de cuanto hay. Se me figura que le gustan los calaveras; ¿quéte pareceGenarotúqué observas?

-Me parece que sírespondió éste. [154]

-Sísí-prosiguió Marcial-he notado que desde que he tomado los airesde tronerale hago más gracia.

-No te ilusionesMarcial-le dijo Fabián-Reina no te quiere.

-¿Pues a quién quiere? -preguntó Marcial volviéndose tan bruscamente queechó una silla al suelo.

-No lo sépero no es a ti.

-¿Cómo lo sabesDon Oráculo?

-Como sé que es de díaporque lo veo; y miraqueridoque la desilusióncon el cólera y la demagogia son las plagas de este siglo.

-Pero¿quién ha de querer competir conmigo? Vds. además de estarenamoradosnunca les pasaría por la imaginación el quererme hacer mal terciopuesto que yo no había de tener la magnanimidad de Foción.

-De Escipión-observó Genaro.

-De Foción-repitió Marcial-. Yo que le he compuesto unos versos. Esos sique son originales y castizos.

-Otorgo lo primero y pongo en duda lo segundo-dijo Fabián-. Pero vamosrecítanos esa composición que desde hace quince días te trae a mal traer.

-¿Para que me robes mis conceptos? -objetó Marcial.

-Te doy mi palabra que no lo haré. [155]

Marcialque estaba rabiando por lucir su composiciónla recitópomposamente:

 

Reina de los corazones

 
 

infundes tanta lealtad

 
 

que tus vasallos se oponen

 
 

a que les des libertad.

 
 

Esta extraña anomalía

 
 

en este siglo de luces

 
 

a tus ojos es debida

 
 

con que a las luces desluces.

 

-¿Me querrán Vds. decir por qué se ríen tanto? -preguntó Marcial a susamigos cuando hubo concluido la lectura de sus versos

-Por la gracia que me han hecho-respondió Genaro-: son preciososconceptuososagudos. Quevedo te los envidiaría. ¡Qué oportuno retruécano!

-¿Y a ti qué te parecenFabián? -preguntó Marcial-tú que eres el tuautem de la lira andaluza.

-Los más malos entre los muchos malos que has hechoMarcial; pésimosridículos.

-¡Envidia! -dijo Marcial-; envidiamanso ríoporque no puedes sertorrente.

-OyeMarcial-dijo Genaro-; ¿quién es ese íntimo nuevo que te has echadoque parece un arenque curado?

-¡Oh! Un guapo chico.

-Pero ¿quién es? [156]

-¿Quién es? ¡Qué sé yo?

-Pero ¿cómo se llama?

-Tiburcio Cívico.

-¡Ayqué nombre! -exclamaron los otros.

-El nombre es fatalno lo niego-contestó Marcial-; no he podido hallarleuna rima a Tiburcio.

-MiraMarcial-dijo Genaro-que era el más vano de los tres; te aconsejoque no andes mucho con ese don Nadie; parecen Vds. la torre de Oro y unacaña de bracero. Rabias por formar relaciones nuevas: acuérdate de aquello de dimecon quién andas te diré quién eres.

-Amigoel que quiere ser diputado como yotiene que popularizarse.¡Malditas carnes! -añadió abrochándose el frac-; ¡más enemigas aun delcuerpo que del alma! Si aguardase esta barriga a presentarse cuando yo fuesediputado¡anda con Dios! En el congreso haría bien. Me daría un aire de DonMamerto Peel.

-Roberto-dijo Fabián.

-Mamerto-afirmó Marcial.

-¿Pero que imán tiene para ti ese desconocido enteco? -preguntó Genaro.

-Pierdes en eso tu tiempo-dijo Fabián-no perdiendo él poco en losesfuerzos que hacía para ponerse unos guantes la mitad más chicos que su mano.

Al salir a la calle encontraron a un chiquillo parado en medio del zaguán.Sin desviar la dirección [157] de su marchaMarcial que iba en medio de los tresentreabrió sus largas piernas y pasó porencima del chiquillosin salir de su aire grave ni decir más que«¡insecto!».

El insecto se quedó estático al ver pasar por encima de su cabezaaquel coloso de Rodas. [158]



 

 

Capítulo XIV

OCTUBRE1846.

Aquella misma tarde estaban en el balcón que caía al hermoso jardín de lamarquesa de Alocaztres jóvenes que se esforzaban en cubrir con sus flores yramaslas enredaderascomo si el jardín quisiese ocultar con un velo verdesus más bellas flores.

Vuelta de espaldapuestas las manos sobre el barandal y apoyada en ella sucinturadescollaba la más alta de las tresluciendo en esta posición toda lagallardíariqueza y perfección de formas de su persona. Caían desde sucintura hasta el suelo los anchos y ricos pliegues que formaba la seda de moaréazul turquí de su vestido. Un camisolín de encaje cubría su cuelloy estabasujeto sobre su pecho por un [159] gran alfiler deoro y esmalte. Su cabello castaño oscuro formaba cortinas ahuecadasy coronabasu frente una ferroniereque tan bien sienta a las frentes altasa losperfiles de marcados y severos contornosy a las caras pálidas.

Frente de éstaestaba otra joven de mediana estaturaque si bien apoyabasu hombro en el quicio de la puerta de la salacambiaba tan a menudo deposturaque no se la podía señalar ninguna determinada.

Era blanca y rosadarubiacosa poco común en Andalucíay que por lotanto tiene en las bonitas toda la delicadeza y distinción de las floresexóticas. Sus ojos azules eran graciososvivosmaliciosos y dulces a untiempocomo lo era su dueña. Su bocaque era semejante a una fresasiemprerisueñadejaba ver una magnífica sarta de perlas que brillaban constantementecon el reflejo de la luz y de la alegría. Vestía un traje de tafetán verdeyunían su camisolín de gasa sobre su pechotres lazos de cinta de color derosateniendo el últimoque estaba colocado sobre la punta de la cotilladoslargos cabos tan movibles a los impulsos del airecomo lo era su dueña a losde su alegre actividad. Pendían a ambos lados de su fina cara los largostirabuzones casi desrizados que dan tanta dulzura al semblante. A cada lado desu ancho rodetehabía colocado un lazo color de rosa que parecía infundirleal oído con su voz de sedaideas de su color. Era estaFlora de Osoriosobrina [160] del íntimo amigo de la MarquesaD.Domingo Osorioparienta e inseparable compañera de Reina.

Apoyada sobre el barandal del balcónel codo puesto sobre la mesetay lacara descansando en su manomiraba la tercera de estas jóvenes tristemente alcielo. Era pequeña y en extremo delgada. Vestia un traje de lino lila y blancode hechura de saco y cruzado por delante. Un grueso cordón le sujetaba altalley las borlas que lo terminaban haciendo pesole daban la forma de puntaque ordena la moda sin ayuda de ballenascuya durezapor poca que fuesenopodía soportar aquel cuerpo débil y delicado. Su cabello negro formaba sinpretensiones unas cortinas achatadas quepasando debajo de la orejase uníanal magnífico rodete que formaba su cabellocuya abundancia y fuerza era unvicio orgánicocomo suele suceder en naturalezas débiles.

-¡Qué ingrata eres con Marcial! Reina-dijo la de los moños rosa-y esoque es un novio de los pocosun novio pintiparadotenlo por seguroporque mimadre lo celebra y esto es señal infalible y patente segura de buen novio; yesomujer insensibleque según dice Fabiánte está componiendo unosversos.

-Sea por el amor de Dios-dijo Reina-pero hija míasi los versos tomanpor asalto los corazonesmuy apurado estará el tuyoporque Fabián...

-Sísí-interrumpió Flora-en punto a versos es Fabiánlo que es elmes de María en punto a flores[161] le cuestapoco el producirlas; pero no así el pobre Marcialque se está devanando lossesos.

-¡Qué persistencia en cultivar un terreno que no ha de producir para élsino calabazas! -repuso Reina.

-Marcial quiere enseñarte geografía¿sabes?

-¿A mí? Si me hace semejante proposición le enseñaré a tornar la puerta.

-¡Qué ingratitudReina! Fabián me quería enseñar a mí el francés.Como yo no me inclinaba a elloni tenia disposiciónno salimos en un mes de ponchuque quiere decir: buenos días. Como que el ponchu me salía yapor encima de los cabellosle dije que para variar me enseñara el latínquede ese al fin algo sécomo es el dominus tecum y el sursum corda.

-¿Y te lo enseñó? -dijo Reina soltando una carcajada.

-Por suponido. Pero verás lo que hizo ese traidor; me enseñó unosversos que aprendí mucho mejor que no el ponchuporque se parece másel latín al español que no el francés. Me dijo que quería decir: atendedamadángeles bellosque después de los siglos seréis atendidos y amados.Me pareció esto muy bonitoaunque no lo entendía bien; pero como me sucedeotro tanto con muchos versos modernosno me pareció justo negarles miaprobaciónpor ese pequeño inconvenientetanto más cuanto había oído unatraducción de Lamartinehecha por un amigo de mi hermano que sonaba por elmismo estilo.

Lo aprendípuesy lo recitaba como una cotorra [162]o por mejor decirlo declamabaque ni Matilde Díez lo hubiese hecho mejor. Undía me oyó mi padrey me preguntó: ¿qué estás ahí diciendoniña? Yotan ancha y satisfecha como el cuervo de la fábula a quien le dicen que luzcasu vozabrí mi pico y dije clara y melancólicamente:

 

Vivitebevitecolegiales

 
 

post multa secula pocula nulla.

 

Pero como al alumbrado de gas que se apaga de repente le sucedió a mi gozocuando vi a mi padre fruncir el entrecejoy decirme que seguramente habríaoído eso a mi hermano; pero que si semejantes vaciedades grotescas eranpasaderas en la boca de un estudianteeran ridículas e indecorosas en boca deuna señorita. -Peropadre-exclamé consternada-. ¿Me quiere Vd. decir elsentido de esas palabras que yo venía por sublimes? -Me respondió su merced:

 

Vivid; bebedcolegiales

 
 

que después de los siglos ni se come ni se bebe.

 

Fue tal mi furor contra ese traidor perversoque a la noche le declaré queno tenía ni antes ni después de los siglos que volverme a mirar a la cara; yen cuanto a nuestro tratole declaraba en bueno y decoroso latín que itemisa est. Pero me pidió en prosa y en versocon manos cruzadas y miradasmelancólicas tantos [163] perdonesque al fin leconcedí unopor no oír suspiros que ya me iban atacando los nervios.

-Debías haberte mantenido en no perdonarle-dijo Reina riéndose-yheredarme en vida la posesión del corazón de Marciala quien decididamentepesa y estorbatal es el empeño que tiene de colocarlo.

-Nohija míaestoy muy bien avenida con Fabián que ahora me va a enseñarel griego. Pero Lágrimas-añadió Flora volviéndose a la niña apoyada en elbalcón-¿qué estás ahí pensandoun poco más callada aun que otras veces?

La niña al oír su nombre tuvo un pequeño estremecimiento nervioso yrespondió con dulzura:

-Miraba aquella pequeña nube y pensaba que está tan purpurina por echarleel sol una mirada bajo la cual se ruborizacomo lo haría una pastorcita si lamirase un rey.

-Pues lo que a mí se me ocurre-dijo Flora mirando la roja nube-es que sidescargase ahora ese nubladitosería vertiendo una lluvia coloraday mañanatodo amanecería rojoempezando por el apacible Betis que parecería un ríode sangre y acabando por las narices de Marcial que apareceríanerisipeladas.

-Pues a mí-dijo Reina-lo que se me ocurre esque habrá buen tiempomañanaque arreboles al Ponientesoles al amaneciente; y tengo mañana que ira las tiendas y al jubileo que está nada menos que en San Julián.

-Esta Lágrimas-observó Flora-vive siempre [164]entre las nubes como las estrellasentre los vientos como las veletasy en elmar como las perlas: mira hija míaesto pica en maníay parece un resto dedelirio que tienes cuando te dan las suspensiones en que pierdes el sentido ydesbarras.

-Bien podrá ser-respondió Lágrimas.

-Nono-intervino Reina-es el resultado de las fuertes impresiones que harecibido cuando niñay es precisoFloradistraerla y no combatirlacomodice la madre Socorro.

-¿SabesLágrimas-dijo Floraque comprendió la intención de Reina-que si el asqueroso reptilnombrado celostuviese cabida en mi corazónquellama Fabián el más puro y más inmaculado de los copos de nieve del MonteParnaso; ¡ah! Nodel Mont Blanc (me confundo con los muchos montes quetrae al retortero) perocomo decíasi tuviese cabida en él esa sabandijarevolucionariasería debido a ti? Porque has de tener entendido que a mirisueño suspirante no le pesaría el ser el paño de esas lágrimas. Su numenpoético (que así se llama qué sé yo qué) simpatiza mucho con tusvisiones. El otro día al oírme decir el efecto que te causaban y las cosas quedices sobre los vientos y vendavaleste llamó arpa Eolia. Como yo nosabía que especie de instrumento era esey si se parecía a la gaita gallegaal bajón o a los palillosme explicó lo que era. Han de saber Vds. que losalemanes son tan afectos a la músicaa las ideas románticas y cosasfantásticasque inventaron una cosa que [165]participaba de las tresy fue un arpa que colocada en las altas torres de loscastillos feudalessonaba armoniosamente al soplo de los vientos. LlamáronlaEoliapor ser Eolo el padre de los vientos (se me olvidó preguntarle quien erasu madre). Ya sabéis vosque vivís en las más oscuras tinieblas sobre elorigen y efectos del arpa Eoliala ventaja que os llevo escuchando a uncaballero estudiante.

-Lo que nada quiere decir-opinó Reina.

-¡A un poeta!

-Lo que quiere decir renada.

-¡A un ilustrado!

-Lo que significa retenada-dijo Reina usando ese modismo andaluzpoco fino.

-¡Ay Reina! ¡Reina! -exclamó Flora-: ¡qué modo de echarlo todo portierra! ¿Pues cómo clasificas a Fabián?

-Un hombre instruidohija míalo que las otras tres denominaciones nodeterminan.

-¿Y cómo clasificas a Marcialsevera jueza?

-¿Marcial? De distinguido en la pesadezsobresaliente en la retumbancianotable en lo porfiado.

-¿A Genaro?

-Un cena a oscuras.

-¡Vamos allátodos quedan lucidos! ¡ReinaReinamuy empingorotadaestás! A todos miras de arriba abajo como el César de la Alameda Vieja. Te lopredigotorre encumbradaal primer traspiécaes aplastada. [166]

Reina echó una carcajada y se puso a cantar.

-Flora-dijo-: ¿no has oído cantar a Lágrimas?

-Nonunca. ¿Canta? No lo extraño. Fabián os llama la perla y elbrillante: si tú que eres el brillantebailasno es mucho que cante la perla.VamosLágrimascanta.

-Ni tengo vozni sé ninguna canción; -respondió ésta-. ¿No es verdadReina?

-Si y no...tienes poquita voz; pero es dulcísima y melodiosa; no sabescancionespero sabes otras cosas que se cantan. No te hagas de rogarLágrimasque no pega eso a tu genio complaciente: estamos solasasí notendrás cortedad; canta lo que acostumbras cantarla tonadilla del cuento laflor del Lililá aunque sea cuento de niñosla melodía de las estrofitas espreciosa. Te haré la segunda voz.

La dócil niña se puso a cantar con una voz muy tenuepero cuya dulzura eraincomparable acompañada de la pura y fuerte voz de Reinaque parecía sostenerla suyalas estrofas que acaban así:

 

Y ten con ellos piedad

 
 

que les tengo perdonado

 
 

¡que es tan dulce perdonar!

 

-¡Con qué expresión canta! -dijo Flora cuando hubo concluido.

-Es-dijo Lágrimas-porque de todas las excelencias [167]de Dioses la que mejor comprendoel perdón.

-Pues yo-dijo Reina-la justicia.

-Pues yo-añadió Flora-la de no cansarse de dar. Darese es el placerde los placeresla felicidad de las felicidades.

-¡Eh! -dijo Reina-vamos al Duqueque ya es tarde; venLágrimas.

-Yo no quisiera ir-respondió ésta.

-¿Y por qué nocriatura?

-Estoy cansada.

-DéjalaReinael mejor modo de complacer a las gentes es dejarles hacer loque deseangrande y soberbia máximaque no puedo inculcar a mi madre por másque hago-dijo Flora.

-¿Qué harás aquí sola? -preguntó Reina a Lágrimas-; las nubes rosadasse han ido.

-Contará las estrellas conforme vayan saliendo-dijo Flora-por ver sifalta alguna.

-Vas a oír-prosiguió Reina-el ruido que te parece del mar lejanoy quete acongoja.

-NoReinahoy estoy tan tranquilaque oiré música.

-Oirás el viento y pensarás que la naturaleza gimecomo te sucede siempre.

-NoReinael viento que suspira es débilcallado e inofensivo

-Como tú-dijo Reina besando la frente de Lágrimas que se había acercadoa ellala había abrazado [168] y había apoyadosu cabeza en su hombro.

-Calladocalladito-afirmó Flora-no dice ni ponchuesechiquitín de Eolobien criadito.

Y pasando detrás de las amigas abrazadasla niña de los lazos rosas sesubió en el rodapié del balcóntomó una de las ramas de la enredaderaycoronando sin soltarla con ella a las otrasun cuadro vivodijo. [169]



 

 

Capítulo XV

OCTUBRE 1846.

Paseaban los amigos extremeños por el Duquecuando vieron descollar porcima del apiñado gentío una cabeza pequeña con una cara de filodotada deuna nariz largaojos pequeñosnegrosmelancólicos y distraídosaunque decuando en cuando lanzaban una penetrantedesconfiada y hostil miradacomo elapagado volcán entre su opaco y monótono humo echa a veces una llamarada.Vestía con pésimo gusto chaleco y pantalón de tremendos cuadros y furiososcoloresy un gabán blancuzcoque parecía un traje talar. Un sombrerohúngarorepublicano o a la Montalbánde igual colorque cubría su jefecomo llaman con razón los franceses a sus cabezashacía aparecer más morenasu cara. Unos grandes bigotes que parecían colgar de las naricesacababan deponer [170] un sello de actualidad ridícula a esepersonaje.

Era este nuestro amigo Tiburcioel que después de un año de residencia enMadridse volvía no como se fuesino con los bolsillos vacíoshabiéndosegastado allá el importe hasta del último olivosacrificado en las aras de la nobleambicióny que acababa de comerse en Sevilla un pedazo de valladorecalcando el modo de pronunciar castellano de la sll y zque había aprendido en Madridcon un aire capaz de confundir a los andaluces.Apenas lo vio Marcialcuando separándose de sus amigosle fue al encuentro.

-¡Oh! Invicto demagogo-le gritó-; me alegro hallarosquiero presentarosa mis amigos.

-Me honráis-respondió en voz grave Tiburcio-que a pesar de susdoctrinas se moría por las gentes de fuste.

Pero los amigossiguiendo su paseo y el objeto que los preocupabahabíandesaparecido entre las gentes.

SiguieronpuesMarcial y Tiburcio paseandoy a la primera vuelta sehallaron frente a frente con Reina. Marcial la saludópero esta hubo de noverloporque no le devolvió el saludo.

-Señor-decía Tiburcio-la humanidad necesita regenerarse.

-Las mejoras brotan-respondía Marcial-al vivificante calor del soly noa la abrasadora llama del incendioy así mi amigo... Reinaaunque no quierasestoy a tus pies. [171]

-AgurMarcial-respondió éstapero al notar la extraña figura deTiburcioclavó en él su mirada firmey volviéndose hacia Flora-¡Jesúsqué facha! -dijo-: ¿de qué baratillo habrá sacado Marcial esa baratijacuriosa? -Y se echó a reír.

-¿Lo veish? -dijo Tiburcio furioso-veis si son insolentes y orgullosasvuestras aristócratas.

-¿Por qué se ha reído mirándoos? Lo mismo hubiese hecho con el Buti Bambamás encopetado si se presentase con vuestra facha. Mi amigoReinaesa primamíaes la burla increada como vos sois la oposición ídem. No es en ellaorgulloes su corrientesu impulsosu montaña rusaes la espina de esarosa: ¡si la hace hasta de mí!... ¿Queréis conocerla? ¿Queréis que oslleve allá? -añadió Marcial con marcialidad.

Era esta oferta demasiado grata a Tiburciopara que no se apresurase aacogerla.

-Sólo os advierto-observó Marcial-que no salgáis allá con alguna deesas vuestras máximascataclismos moralesprincipios antirreligiosos quelevantarían la tertulia en peso. Eso allá no pasaamigo. Se destierra comolos perros en misa. Por lo demásla Marquesa es mi tíay lleva en palmas alos que yo presento en su casa.

Los amigos para hacer hora se fueron a beber a la neveríapero los heladosno entibiaron el fuego de las discusiones políticas.

Entretanto se iban reuniendo los tertulianos en [172]casa de la Marquesa. Aunque ya el otoño enviaba de precursores sus nocheslargas y húmedasel verano había dejado tan arraigado su calor que aun seconservaban las puertas y ventanas abiertas de par en par. Lágrimas estabasentada cerca del balcóny quedaba en la sombra que proyectaban las puertas.Genaro estaba sentado a su lado.

Frente de ellospero fuera de la sombray como dorada por la brillante luzde los reverberosse hallaba Reinacerca de la cual estaban sentadas Flora yotras muchachasrodeadas de un grupo de hombres entre los que estaba Fabián.Genaro había tomado el abanico de Lágrimas y jugaba con él.

Esta costumbre de tomar los pretendientes en sus manos el abanico de suspretendidassea dicho de pasoes la más mal entendida y la que menos está ensus intereses. Si bien demuestra un deseo afectuoso de poseeraunque seamomentáneamentealgo que pertenezca a la que se amay denota un galanteplacer en tener en sus manos lo que las suyas tocarontiene esto varios fatalesresultados. El primerosobre todosi son los usurpadores de los que manejan laespadaes que no saben manejar el abanico; y asío le rompen o le dan malcierroy tened entendido que un abanico con mal cierroes lo que una espadasin puño o una pluma con las puntas abiertascomo un cinco romano. Si bien nodudamos existan heroínas que sacrifiquen noblemente el buen cierro de suabanico a un joven de mérito y elegante[173] hayotras hijas de Eva que no llegan a esa alturay que siguen con tristes ojos yangustiado espíritu las poco hábiles evoluciones de que es mártir su carocompañerolo que las distraeapura y despoetiza evidentemente la situación.Pero hay aun más; arrebatando a sus duchas su propiedadles quitan lo quellaman los franceses su contenanceesto essu continenteel manejoelaire del cuerpo y de la personaque halla un punto de apoyo en el abanico.Condenaen particular a las tímidasa la inmovilidady sus manos a unainacostumbrada inacción que las fatigadejando a estas caídas e inertes comolo haría la ausencia de la brisa a dos blancas grímpolas. Un pequeñomovimiento de impacienciatenedlo por segurosigue a cada rapto de abanicosino tan furioso como el de los sabinos contra los romanospero que con él tienecierta analogía. Aconsejámostepueslectoren tus interesesque sipropendes a este acto de vandalismo amorosote enmiendes y abstengas de él.Tú conocerás en el curso de tu vida las ventajasy algún día dirás:bendito sea Fernán Caballeroa quien no conozco sino para servirlo.

TeníapuesLágrimas cruzadas sus manitas sobre sus rodillas una encima deotracomo en un jazmín se cruzan dos de sus florecitas. Echaba de menos suabanicono por otra cosa sino por ocupar sus manospues en su dejadez ydesprendimiento americanono la fatigaba el calorni se cuidaba de susalhajas. Callaba la suave niña y miraba al cielo. [174]

-Siempre estáis triste-dijo Genaro-y no participáis de las bromas delos demás.

-Es verdad-respondió Lágrimas-no sé reír.

-Yo tampoco soy amigo de la risaes esta un sonido discordante al corazón;lo hace ligero y frío.

-¡Ohno! -dijo Lágrimas-la risa es un bello don de Dioscomo lo es undía de soly la envidioporque vidas hay sin risa y sin soly que estánenvueltas en tristeza cual ahora lo está el cielo de nubes como en una blancamortaja.

Lágrimas bajó la cabeza y se puso a meditar con esa tristeza que comunicala noche aun a la clara luna.

Siguió un rato de silencioporque Genaro aplicó su finísimo oído y todasu atención a lo que en voz baja hablaban Flora y Reinacreyendosinequivocarsehaber oído su nombre.

-Genaro está muerto y penado por Lágrimaseso salta a los ojos-decíaFlora.

-Hace bien-respondió Reina-porque ella es una benditauna paloma sinhiel; un poco pesada espero como él lo es un muchono le chocará lo poco enella

-¡Genaro pesado! -exclamó Flora-solo a ti que tienes los gustos másremontados que panderosse le ocurre eso; no hay uno solo a quien no hallesfaltas que poner. Vea Vd. ¡Genaro pesado! ¡Pues si tiene la sangre más ligeraque un pájaro!

-Lo disimula. [175]

-No digo que noporque tiene más debajo que encima de tierra; pero ¿sabeslo que el rector ha dicho a mi padre? Que es el muchacho más vivomásdespierto y más aplicado de la universidad.

-Hija mía-dijo Reina-yo no juzgo por las opiniones de nadiepero menosaun por la de padres graves.

Este aparte terminó con una carcajada que esta frase de Reina hizo pegar aFlora.

Con las repentinas mutaciones del equinoccioel cielo había cambiado deaspecto.

-Ved-dijo Genaro a Lágrimas-el cielo parece resucitar y haber desgarradosu mortaja que va desapareciendo hecha girones. Debéis imitar al cieloLágrimasy sacar vuestra vida de esa mortaja de tristezaporque la vida esbella a los diez y seis años.

-No hacen la vida bella el más o menos número de años-respondióLágrimas-sino el más o menos contento y alegría¿Es alegre la nocheaunque empieza ahora?

-Sí lo es; y mirad sus estrellascual os sonríen como para animaros.

-Las veo al través de la diáfana blancura de esos celajescomo ojostristes al través de lágrimas. Todo es tristeGenaroora álzeseorabájese la vista.

-Si amaseisLágrimasno os parecería triste la vida. [176]

-¿Da alegría el amor? -preguntó la suave niña.

-Da la felicidad que es aun preferible-contestó Genaro.

-Lo dudo.

-Convenceos de ello.

-¿Y si no me convenzo?

-Volveréis a vuestra indiferencia.

-¿Y si fuese la indiferencia como el paraísoque no se pudiese volver aél después de abandonarlo?

-No es un paraíso la indiferenciaLágrimases un desierto.

Atravesaba en este momento Marcial el estradoseguido de Tiburcio quepresentaba a su tía. Marcial se ocupaba tanto de síque no había otro quenotase menos lo que pasaba alrededor suyo. Así no observó el efecto que suentrada triunfal causaba en el grupo burlonísimo de las muchachas.

-¿Qué arco iris en pie nos trae Marcialese gran primo mío? -dijo Reina.

-OidFabián-preguntó Flora-; ¿es ese chorizo de Extremadura?

-Puede echar plantas Marcial con sus descubrimientos-prosiguió Reina-.¿Si habrá hecho ese en el Gabinete de historia natural?

-No-dijo Flora-es una creación fantásticacomo dice Fabián quelo es el vampiro: y las demás se pusieron a clasificarlo diciendo:

-Es un habitante de la luna.

-Ese habrá venido entre los palos de Segura. [177]

-Ese ha crecido a la sombra.

-¿No veis que es un porta bigotes?

-Es un facha.

-Es un cursi.

-¿Pero Fabiándebéis saberloquién es ese fenómeno? -preguntó Reina

-Es el inmediato a una alcaldía-respondió éste-.

-¿Y cómo se llama?

-Tiburcio Cívico.

-¡Jesús que nombre! -dijo Flora-si me lo hubiesen dadolo devolvíaaunque me quedase sin ninguno.

-El nombre es poco armoniosoasí esque Marcial que le quería hacer unosversoscomo hace a todos sus amigosse devana los sesos inútilmente parahallarle un consonante. Reinaos ha dado ya Marcial los que os ha compuesto¿los sabéis?

-Por sabidos.

-Os los diréque los sé de memoria.

-Ni por pienso.

-FabiánFabián-exclamó Flora-; eso seria una alta traición¡indignade un socio del Liceo! Si la hicieseisen mi vida os volvía a decirni ponchu.

De repente se levantó Genaroy llamando a Fabián apartele dijo:

-Mirasi quieres que nos divirtamospersuádelo a Reinatú que tienesconfianza con ellaa que reciba con agrado a ese estafermoy nos darán unsainete entre Marcial y él. [178]

Genaro se volvió enseguida junto a Lágrimasy le dijo:

-¡Cuán ligeras y frívolas deben pareceros las personas que no saben sinoreír!

-No por ciertoGenaro. Hay actividad y vida en la alegría; es ella larobustez del almaasí como la tristeza es su debilidad; así en mí es debidaa males físicos y morales.

-¡Interesa tantoLágrimas!

-Oh nonofastidia a todos menos a las madres en el conventoa quienescompadece.

-¿Qué os dijo Genaro? -preguntaba entretanto Reina a Fabián.

-Que os persuadiese que acogieseis con agrado al íntimo de Marcialpara hacer rabiar a su patrocinador.

-Podéisle decir a ese patrón arañaque si se quiere divertir que compreuna monita.

Acercáronse entonces Marcial y Tiburciotan desigualmente dotados enanchuras.

Después de los primeros cumplidos-dijo Reina a Tiburcio:

-¿Sois madrileño?

-No señorasoy de Villamar.

-¿Y dónde está Villamar?

-Prima¿quieres que te enseñe la geografía? -dijo Marcial.

-No quiero aprender nada que acabe en ia-respondió Reina.

-No esh eshtrañono shepáis donde eshtá shituado [179]un pueblo tan deshconocido que lo ha omitido en su diccionarioel sehñorMadozzz(7) <notas.htm>.

-Lo que será un borrón eterno para su obra-opinó Marcial-. Si Madoz mehubiese consultado a míno hubiese sucedido eso.

-Flora-decía Fabián a la alegre joven que llevaba los lazos rosa como sudivisa-: ¿es posible que me tengáis hace seis meses de rodillasofreciéndoosmi corazóny que cual si fuese un vaso de ajenjo no os podáis determinar atomarlo?

-Vamoslo tomaré; y sin hacer mohines para que no criéis rodilleras; peroen calidad de reintegro.

-Biencon tal que deis premios.

-Nonada de premiosni apremios.

-¿Ni siquiera un suspiro?

-¡Un suspiro! ¡Qué horror! En punto a suspiros no me gustan más que losde Pepe el confitero.

-¡Válgame DiosFlorasiempre habéis de reís y hacer reír!

-Siempre hasta post multa secula.

-Trae la vida sus días nubladosFlora.

-Por eso gocemos del sol mientras dure.

-Reina-decía entretanto Marcial-¿te gustan los versos?

-Los detesto-respondió ésta. [180]

-Es que Cívico los hace muy buenosa la par que oposición.

-¡JesúsJesús! Más vale que se limite a hacer oposición. Pero ya quetanto te ha dado por la poesía¿por qué no le haces unos versos a Lágrimasa ver si le alegran un poco y le hacen reír?

-No hago mal tercio a mis amigosReinaeso no.

-¿A qué amigo se lo harías?

-Tomaa Genaro¿ignoras acaso que la quiere?

-¿Lo ha dicho él? -preguntó ansiosa Reina.

-Noél no dice en su vida nada; pero está a la vista.

Reina se mordió los labios de despecho.

Fuera aparte del mérito poco común y distinguido de GenaroReinavanafría y desdeñosase había prendado del único hombre que marcadamente no lerendía homenajeaunque estaba lejos de darse cuenta a sí misma de estesentimiento; al contrariotomaba el despecho que le causaba la marcadaindiferencia que por ella demostraba Genaropor un sentimiento antipáticohacia su persona.

Por su ladoGenarocomo altivo y astutohabía sabido hábilmente adoptarel medio de hacerse valer y distinguir por aquella a quien debían empalagar losobsequios y rendimientossiendo esta la mujer que llenaba su almaconmovía sucorazónlisonjeaba su amor propiosatisfacía su ambicióncolmaba susplanes de felicidady en una palabrarealizaba [181]su ideal. Lágrimas era para él lo que decíamos del abanicouna ocupaciónun punto de apoyoun continentede la que se ocupaba exteriormentedigamosmientras toda su atención la llenaba Reina.

-¿Fue Vd. a Madrid a divertirse? -preguntó Reina a Tiburcio que no soltabael sombrero; lucía una sortija de orocuyo origen no era de Californiaporcima del guantey estaba más serio y grave que un entierro.

-En parte-respondió éste con fatuidad-en parte llevado por la nobleambición de todo buen patriota de shervir shu paish.

-Hizo Vd. bienque hay allá gran escasez de sujetos disponibles.

-¡Ah! No eshtá ahí el maleshtá en que losh que nada valen se anteponena losh que valen.

-¿Y no obtuvo Vd. nada?

-¡¡Nada!!

Entretanto las otras muchachas decían a Flora:

-DimeFlora¿qué es eso de vampiro que dijiste antes?

-Vampiro-contestó la interrogada-es un hombre altosecopálidotristeque padece de una sed particular que no estanca como nosotras en lasclaras fuentes ni en las frescas alcarrazassino en los cementerios en dondedesentierra los muertos y se bebe su sangre.

No es ponderable el efecto que hizo esa tremenda creación de las tétricasfantasías del Nortesobre la [182] florida yalegre imaginación de las niñas andaluzas.

-¡Qué espanto! -exclamó la una-ese es un delirio de calentura maligna.

-Eso lo inventó un loco furioso-dijo otra.

-¡Flora! ¿Cómo puedes ni repetir eso? Se me ha levantado el estómagotengo náuseas-opinó la tercera.

-Esas invenciones se debían prohibir-aseguró otra.

-No lo haránporque acá se lo digamos; así sosegarse-dijo Flora-; ¡alorden! Como en las cortes se dice. Allá en el Norte no cesan de hablar contralos torosy mientras más hablan y escribenmás garrochazosmás estocadasmás agoníassangre y porrazos por acá. Conque asíno gastéis tantaelocuencia en baldey convenceos de que el hombre es una fiera concebida por lamujercomo una horrorosa oruga por una mariposay de que sólo por eso anda endos pies.

-¡Válgame DiosFlora! -dijo Fabián-¿y qué serían las mujeres sin loshombres?

-Mejores-contestó esta.

-¿Qué me querrá tu madre-dijo Marcial antes de írsea Reina-que meha dicho que me llegue acá mañana a las doce?

-Ha sabido que has jugado-respondió Reina-y está muy escandalizada;puede que sea para echarte una peluca. [183]

Marcial se puso tan ancho como si le hubiesen hecho el mayor cumplidoydijo:

-¿Qué quieresReina? ¡Los pocos años!

-Los pocos años no disculpan ciertas cosasMarcial.

-Las mujeres se mueren por las malas cabezas.

-¿Dónde has sacado semejante absurdoMarcial? Eso podrá suceder conalguna que otra locay que tenga tan malas propensiones como ellos; pero enmujeres delicadassensatas y de buenos principiosno hallarás jamás sino larepulsa que merecen los excesos y los vicioslos que dejan manchas que no seborran. Si crees otra cosate equivocasMarcial.

-Yo no me equivoco nuncaReina.

-Ese si que es un privilegio exclusivo-exclamó Reina soltando unacarcajada.

-Así tuviese el de agradartetémpano inderretible.

-Pues eseamigonequáquam.

Capítulo XVI

OCTUBRE1846.

-Tengo una cita-decía Marcial al día siguiente a sus amigos al empezar laobra de las Danaides: el tocador.

Fabián y Genaro que estudiaban no contestaron.

-Me fatigan tantas citas-prosiguió Marcial-me quitan el tiempo.

El mismo silencio.

-No digo-añadió Marcial después de haber vuelto la cara para asegurarsede que sus callados amigos no dormían-no digoni es decir por eso que no megustan las aventuras; soy hombre capaz de llevar de frente veinte intrigasenbuenhora lo digaporque si no con el partido que tengo...

El mismo silencio. [185]

-Pero la de esta mañana-prosiguió Marcial después de una pausaen laque se confirmó en que el partido que tenía no hacía desplegar loslabios a sus amigos-se la cedería a cualquiera de vosotrosporque me ha dadoahora por guardarle consecuencia a Reina.

Aumento de silencio.

-Señores-exclamó Marcial-¿estamos por venturaen la trapa?

-¡Ojalá! -dijo Genaro.

-No sería malo-repuso Marcial-pues que así no se hubiese pronunciadoese impertinente ojalá. Sépasteaprendiz diplomáticoque losMaquiavelos pierden un ciento por ciento con ser boqui-frescos. Taillerand quelo entendíaha dicho que el pensamiento sirve para ocultar la palabra...

-No ha dicho tal-exclamó Fabián-ha dicho lo contrarioque lapalabra...

-Callacallamanso ríoy cuájate como el Neva en Enero; te mueres porenmendarme la planadebo saber mejor que tú lo que ha dicho Taillerandque noera poeta para que lo sepas tú de memoria. Vamos al caso¿a cuál de vosotroscedo una cita?

-Tengo bastante con las de mis libros-dijo Fabián.

-No suplo en citasausencias y enfermedades-añadió Genaro.

Se restableció el anterior silencio. [186]

-¿Y no me preguntáis-dijo al cabo de un rato Marcialsacándose conprimor una raya la más perfecta en su género-quién es la citadora?

-Apuesto-respondió Genaro-que es la hermana de aquel escribano que tienela dentadura a la desbandadala nariz en línea diagonaltez que nunca pierdey cuerpo que nunca medra.

-Ya sabéis -repuso Marcial con voz grave-que me formalizome incomodomesiento y me pico con esa broma viejaantigua y caduca; broma que se funda en unprincipio falsoinexacto e incierto; broma que carece a un tiempo de verdaddegracia y de actualidady que túGenarozorra sutilsacaste de tu cabezafoco de arcanos incoherentes y de utopías anti-platónicas.

-¡Oh! Marcial-exclamó Fabián-ese párrafo te coloca en el apogeo degran maestro de pleonasmos y retumbancias. Te sopla la musa finchada; brillascomo la Vía láctea. Pero dime¿tiene más actualidad la sospecha que sea esacita de tu costureraque te llama D. Jastialy se queja de que arrancastodas las trabillas más que se cuesan con hilo a carreto?

-Viajáis por los países bajosamigosmientras la verdad que allí nohallaréisestá en las elevadas regiones de cumbresaltas.

-Danos tu norte-dijo Fabián.

-No puede ser.

-Vamos; hombresi estás rabiando por decirlo. [187]

-Y vosotros por saberlo.

-Lo uno y lo otro.

-¿Lo queréis saberhe?

-Síabre tu corazón y tu boca.

-¿Lo queréis saber?

-Síhombresíno seas pesado en tu vidaque la pesadez es el octavopecado mortal.

-¿Conque lo queréis saber?

-¡Dalequé tostón! Sísí.

-Pues no lo sabréis.

Dijo Marcial esto con tal valentíaque hasta la mano que tenía el batidorse resintióy como electrizado dio un tajo que hizo variar de rumbo a la rayaque vino vía recta a topar con la oreja.

-¿A qué esa pretensión a misteriosi yo lo sé? -dijo Genaro sin dejar deescribir.

-¿Qué tú lo sabes? -exclamó Marcial-hasta ahí podían llegar tuspretensiones a sábelo todo; pues hijo míoen tus cálculos yerrasteequivocaste engañas y te alucinas.

-Una persona hayMarcialque te celebra siempre-dijo Genaro inventandocuanto iba diciendo.

-Yaeso es natural-respondió naturalmente Marcial-estirándose latirilla ante su espejo.

-Dice-añadió con imperturbable seriedad Genaro-que eres el mejor mozoque pasea las calles de Sevilla.

-Nada precisas ni a nadie descubres con lo que [188]vas diciendo-repuso Marcial-puesto que esas cosas muchas hay que las puedenhaber dicho.

-La que las ha pronunciado-dijo Genaro-es la persona que anoche te dijo amedia voz que fueses hoy allá a las doce; la hermosa Marquesa de Alocazquepor lo visto no es tan insensible como se le suponeporque esta citadespuésde los encomios que hace de time huele a que has conquistado a la par lalechuga y el lechuguino. Feliz mortal quecual las pirámidesves pasar anteti las generaciones rindiéndote homenaje. Aun hemos de ver una hija de Reinaadorarte.

-Pues miraGenarosi fuese asía fe de hidalgo que lo sentiría-dijoMarcial-que se creía con una candidez asombrosa cuanto lisonjeaba su amorpropio.

-¿Por quéaventajado joven?

-Porque es de suponer que como la caridad bien ordenada empieza por símismose opusiese a mis relaciones con su hija. Pero tú tienes oídos deético y lengua de cotorracon másojosde lincefalaz Genarozorra sutilotra vez oyeve y callaimpón silencio a tu vozpon un candado a tus labiosy una mordaza a tu bocay observa prudenciarecatosilencio y decoro.Sírvante los hijos de Noé de normade ejemplode estímulo y de modelo.

Diciendo esto salió Marcial magistralmente del cuarto después de darse elúltimo estirón al chaleco.

-El demonio es ese Genaroiba pensando al bajar [189]la escaleratodo lo sabe y ha descubierto que tiene mi tía capricho por mí.¡Quién lo hubiese creído! ¡Una mujer que tiene la fama de una Numancia!¡Pero al fin qué mortalqué criatura de carne y hueso está exenta de lasdebilidades humanas! No se debe ser demasiado severorigorosorígido yexigentecon esas pobres hijas de Eva. Sobre todono debe serio el agraciadofavorecidobeneficiado y honrado. ¿Cómo salir de este lance de amor yfortunapuesto que estoy decidido por la hija? ¿Cómo hacer entrar en razón aesta Fedra? No todo es flores en la juventud por más que lo repitan cantandolos poetas y llorando los viejos.

Entró Marcial en casa de la Marquesacon un aire que se parecía en lograve y digno al del casto Joséen lo arrogante y satisfecho al del hombre quesabe es apreciado y querido.

Cuando se hubo sentadola Marquesa se levantó y cerró la puerta.

-¡Ciertos son los toros! -pensó Marcial estirándose el chaleco.

La Marquesa se sentó enseguida en el sofá y le dijo:

-AcércateMarcialque no quiero hablar recio.

-Estas perfectas viudas-pensó Marcial-no se andan con aquí lapuse.

-Marcial-dijo la Marquesa con tono seco e incisivo-; por ventura¿te hasfigurado tú que mi casa es un café o un casino? [190]

Marcial cayó de las nubes y quedó aplastado en la humilde tierra como unaranalevantó los ojos y miró a su tíaque tenía los suyos clavados en élamenazantes como dos bocas de pistola.

-Señora-dijo-¿por qué me dice Vd. eso?

-¿Y lo preguntas? -repuso ésta encendida de cólera-pues qué ¿no haymás que introducir en mi casa al primero que se te antoja?

-Señora-contestó Marcial-si lo decís por el que introduje anocheesees...

-¿Quién?

-Un excelente muchacho.

-Un pelgar.

-Un doctor.

-Un harapo.

-Un poeta.

-Un arambel.

-Un escritor.

-Un guiñapo.

-Un amigo mío.

-Un pendón.

-Un chico que sabe.

-¿El qué?

-Leyes.

-Pues mira que la recomendación... ¿pero quién es?

-El hijo de un alcalde-respondió gravemente Marcial.

-Eres un niño atrevido y aturdido-repuso la [191]Marquesa-que sabes poco de mundo y de sociedad y que tienes que aprender;¡pues está bien que con una marcialidad ridícula y sin encomendarte a Dios nial diablo me comprometas a tus parientes y amigos! Hazme el favor de aquí enadelante de abstenerte de formarme la tertuliaque sin ti lo sé yo hacer. Notratosobrino imberbede que se diga que en la tertulia de la marquesa deAlocazalternan bullangueros de malo notacalaverillas de mala especiedepésimo concepto en la universidadlechuguinos de arrabal sin maneras nieducacióncon fama de petardistassin otra recomendación que ser hijo de unherrador.

Marcial se quedó algo sorprendido al oír a su tíapero enseguida dijo conel imperturbable aplomo conque formaba axiomas:

-Tíael herrar forma parte de las nobles artes.

-No me meto en disputas ni discusiones contigo-repuso la Marquesa-sólote digo que eres dueño de escoger a quien gustes por amigosasí como yo losoy de elegir mi sociedad.

-¿Es posibletía-exclamó Marciala quien no derrotaba nadiefácilmente-; es posible que aun deis importancia a esas antiguallas de malgusto y proscritas por el buen sentidoque aun penséis en pergaminos yjerarquías? Todos somos iguales como los corderitos; el hombre no merece por laeventualidad de su nacimientosino por su mérito personalsus prendassusvirtudes y sus cualidades. [192]

-Haces bien-respondió la Marquesa-en atacar los pergaminospues aunquepor tu padremi primoeres muy caballero y de lo más encopetadopor tumadre... ¿qué sé yo?... Siempre oí decir que tu padre casó mal y descendióde clase.

-¡Señora! -exclamó Marcial furioso-poniéndose en pie de un brinco.¡Señora! ¿Qué decís? ¡Pues si mi madre es más señora aunque mi padrecaballero! ¡Pues si mi madre es de la cepa! ¡Pues si mi madre es prima delduque de Balbainay tiene opción a ese ducado y a una grandeza! ¡Mi madre!¡Vea Vd.!

-Lo sélo sé-dijo la Marquesa soltando una alegre y burlona carcajada-;quería al decirte estosólo ver la práctica de tus teoríashijo mío: andacon Dios; campana huecate puedes irno te detengosé más mirado en losucesivo.

Marcial entró furioso en su casa.

-Me vuelvo exaltado-exclamó tirando el sombrero.

-No es para menos-dijo el taimado de Genaro.

-¡Vanaintolerante! Aristócrata del año de la enanitacon ideaspergaminosasmáximas rancias y sentencias apolilladas!

-¿Quiéntu apasionada?

-¡Qué apasionada ni que niño muerto! No he tenido que plagiar a José hijode Jacobnieto de Abraham. Tu perspicaciahijo mío esta vez falló y te hadejado deslucidodesairado y desmaquiavelizado. Figurarossi podéisque hallé una furiauna harpía[193] unaEuménideuna serpiente con siete cabezas; un gato montés con trescientasuñas.

-¿Y por qué estaba furiosa? -preguntó Fabián.

-Porque llevé allá a Tiburcio. ¡Vea Vd.! Ni que fuese el cólera; pero deesto ha resultado que por fin hallé lo que buscaba más que el alquimista lafabricación del oromás que se ha buscado la piedra filosofal y las fuentesdel Ganges.

-Del Nilo-rectificó Fabián.

-Del Ganges-sostuvo Marcial-pero lo hallélo hallé.

-¿El qué?

-Un consonante a Tiburcio.

-Vamosme alegro-dijo Genaro-; es una prueba patente de la existencia delas compensacionestraes a Cupido alicaído; pero en cambio a Apolo radianteel corazón humildela cabeza gloriosael amor humilladola amistadarrogante.

-Dinos el consonante-añadió Fabián-que estoy curioso de saberlo.Dejarás atrás a Quevedo con su famoso ego te absolvo.

-Pues oídmedias cucharas.

 

Lo que por ti batallogran Tiburcio

 
 

podría cantarlo solo Quinto Curcio.

 

Genaro y Fabián se echaron a reírpero Marcial prosiguió sin atenderlesni salir de su gravedad: en finel resultado es que he tocado un bajóny mehe desprestigiado con la madrelo que ofrezco en las [194]aras de la amistad. Anda con Diostal día hará un añocon tal que marche miplan con la hija. Es Reina arisquillaun tanto desabridacuando se le habla deamores; pero eso me gustalas mujeres se deben hacer valerno deben nuncadecir sísino al altary eso porque sin este requisito no es válido elmatrimonio.

-Dices bienMarcial-opinó Genaro-. El es el suave viento surque afloja; el noel tirante viento norte que entona.

-Tan recio puede ser que hiele-observó Fabián-: no estoy por lostónicos.

-¿SabesMarcial-le dijo Genaro-que tu plan con Reinacomo tú dicesestoy para mí que lo has entorpecido?

-¿Cómo? ¿De qué modo? -preguntó alarmado Marcial.

-Con haber llevado allá a Tiburcio-respondió Genaro-que me parece habercausado en la hija una impresión muy distinta que en la madre.

-¡Qué! ¡Qué tontería! No es posible.

-Sí lo esMarcial. Tú no sabes aun los caprichos de las mujeres.

-No hables disparates. ¡Vea Vd.Tiburcio más feo!

-¿Y qué? Si dice Reina que tiene cierto colorido romántico.

-¡Romántico! ¡Vaya una idea! Ridículo y original eso sí. [195]

-Dice Reina que le gusta lo original. Dice también que su aire sombríosuextremada delgadezlo bien que pronuncia el castellanole hacen gracia: lo hallamado Antony.

-¿Qué me dices? -exclamó aterrado Marcial-. ¡Antony! ¡Dónde fuea dar! ¡Sísí podrá ser! es posiblees dablees factiblees probable.Las extravagancias de las mujeres no están escritasimpresascalificadas nidefinidas. El móvil y las fuentes de sus caprichos son desconocidas como lasdel Ganges. CallacallaFabiánes el Ganges y no el Nilopor más que teempeñes. Por hacer buenos versos no es uno buen geógrafoni oradorni hombrede estado; y si no ahí tienes a Lamartineel primer poeta modernomírate enese espejoy callacalla por amor de Diosque me sueles desconcertar en losmomentos críticos de desenvolver un pensamiento. Porque te llamo manso Dauroquieres saber más de ríos que nadie. El que tiene las fuentes desconocidas esel Gangesel Ganges y tres más. Ahorano vuelvas a salir con el Nilosinocuando se trate de inundaciones o de cocodrilosque es por lo que descuella yno por fuentes desconocidas. Sus fuentes las descubrió Mungo Park en el cabo deBuena Esperanza; de ellas beben los cafreslos hotentotesy el rey de losmosquitos.

-¡El rey de los mosquitos que está en América! -exclamó Fabián soltandouna carcajada-¡qué batiburrilloMarcial!

-Lo sé-contestó éste-pero como en todas partes [196]hay mosquitosno les faltará a los del Cabo ni rey que los mandeni Papa quelos excomulgue¿estásmétome en todo? Pero túGenarozorra sutilque sabes más que las culebras¿por qué no me quitaste de la cabeza elllevar allá ese culebrón tu abuelo?

-Pero Marcial¿acaso me dijiste que lo ibas a llevar? -dijo Genaro-¿acaso tomas tú en tu vida consejo de nadie?

-Según sean estos. Ahora caigoen que cuando me acerqué a ellosestabanen gran conversación: oí a esa Reina indigna de serlodecirle que habíaescasez de sujetos disponiblesa lo que contestó ese patán de altas mirasque no era ese el malsino que estaba en que los que nada valían seanteponían a los que valíanclaro estáya lo veoque esto aludía a ellaa él y a mí. ¡Pues está bueno! Yo les seguiré los pasos; a mí no se meengaña. ¡Pues no podía ir a herrar asnos como él! ¡Querer competir conmigo!¡Al diablo no se le ocurre otra! Si fuera con uno de vosotrosseríaridículopero conmigo es una arrogancia piramidalun atrevimiento fenomenaluna osadía portentosauna pifia pasmosa y una torpeza colosal. [197]



 

 

Capítulo XVII

FEBRERO1848.

Habían pasado algunos meses. Disputábanse aun el cieloel sur con susvendavales y sus nubesy el norte con su fría serenidadcomo se disputan laspasiones y la razón el corazón del hombre.

En este tiempo había pasado la frialdad que había existido entre Reina yGenaroy una constante hostilidad por parte de Reinaque Genaro sufría yrechazaba impávido como una roca la embestida de las olas del mar. Resultaba deeste perenne choque entre ambosun hervidero amargouna posición hostil quehacía padecer profundamente a la pobre y suave Lágrimastan tiernamenteapegada a ambos. Pero hay seres destinados a que cuanto les brinde en su copa lavidaaunque parezca dulcese vuelva hiel antes de llegar a sus labios.Esforzábase en vano la pobre niña [198] enpersuadir a Genaro a no gastar con esa amiga que tanto queríael tono frío ya veces hasta desdeñoso con el qué contestaba a los ataques y contradiccionesque de ella continuamente recibía. Genaro era uno de aquellos hombrestenazmente voluntariososque jamás ceden un ápice en nadani porconsideracionesni por condescendenciani por cariñoy que sin jamásporfiarno cejan nunca; hombres que toman la testarudez por caráctery lafalta de corazón por fuerza moral; hombres que se creen de acero y son de palo.

Lo que es Reinani comprendía ni tomaba en cuenta lo que padecíaLágrimas.

Esta guerra sorda entre ambosno llamaba la atención a nadieporquesimpatías y antipatías son en el mundo cosas tan comunes y tan poco motivadasa vecesque nadie se para a buscarles causa.

Pero no era así con la Marquesamujer de mundovigilante Argosque veíamás con sus ojos de madreque aquel con su centenar. Conoció en breve en loque necesariamente debería terminar entre dos personas del mérito y valor deReina y de Genaroesa constante preocupación el uno del otroen un rocediarioy que esa lucha sostenida entre jóvenes de diferentes sexos losllevarían a no dudarlopor lo picante de la contrariedad y el gusto delcontrastela gloria que hay en vencery el encanto que hay en subyugarasentimientos diametralmente opuestos a los que originaban la pugna.

Genaro había previsto todo estoque era su obra[199]y cual Pigmalión se iba apasionando de ella; pero por lo mismotemía perdersu anhelada felicidad por una torpeza o un paso prematuro. Enfrenaba su voluntadcomo un déspota su corazón y no descendía de su puesto de adversario frío eimpasible. Reina era aun muy joven y tenía demasiada rectitud y nobleza decorazón para adivinar ni comprender los artificios de un hombre astutoni parasaber el infalible medio de derrotar tan hábiles planes estratégicosque esel de los celosy así rechazaba con redoblado desdén todos los homenajes desus apasionadosen particular los del conde de Naviaque su madre recibía conmarcado agrado; esto alimentaba las esperanzas de Genaroy le hacía perseveraren el plan de conducta que se había trazado.

Aunque era Genaro un joven de talentode mérito distinguido y caballeroera pobre y no tenía aun ni posición ni porvenir seguroni rango en lasociedad. Además hoy día es el porvenir de una joven de clasetan inciertocomo eventuala no ser de una casa muy opulentay las casas que lo sonasícomo el porvenir de la noblezahan sido las víctimas en las guerrastrastornos y revoluciones que ha sufrido la España. Así no podía ser Genarocon todas sus ventajasel partido adecuadoni que eligiese la madre orgullosala tutora equitativa para la hermosa y brillante Reinaesta jovenpudienteyvana marquesita.

A pesar de obsequiar Genaro a las claras a Lágrimas[200]la Marquesa no paró su pensamiento en que esto podía ser un motivo para queGenaro no aspirase a Reina. Cuando la apasionada madre pensaba en su hijatodolo demás desaparecía a sus ojosnada merecía tomarse en cuentanada podíaanteponerse a aquel astrotodo caía en la nulidad más completa.

Pero la Marquesa se hizo esta reflexión. Antes que Reina y Genaro se dencuenta del peligro que correnantes que se reconozcanbueno sería aprovecharla inclinación que tiene a Lágrimas y casarloslo que sería una cosaacertada conviniéndose y trayendo cada cual al matrimonio lo que al otrofaltase.

Así esque pensaba la Marquesa con sensatezque la buena niña que nadatenía en su favorsino ser ricadebía mirar como una boda brillante y unasuerte felizla de unirse a un hombre que tenía todas las ventajas menos esa.Creyó igualmente ventajosa para Genaro la boda que con una excelente compañeraque él ya distinguíaaseguraba su suerte. Así fue que todo le pareció llanoy suave como rasoliso.

Por este tiempo un desastroso eventodigno de figurar entre los más deplorablesy de hacer gemir la prensa bajo el interesanteel insigne y nunca bienponderado séate la tierra ligerahabía traído a D. Roque la piedra aSevilla. Era este el caso:

Un díaBonifacioel negro de D. Jeremías había notado que su amo no seponía el gabán lleno de años de serviciospero sin esperanzas aun de obtenerel [201] retiro a que le daban derecho lascicatrices que le honrabany que no ibacomo solía hacerloa ver a suescribano: mas no hizo caso. Pero llegó la hora de la pitanza y su amo no lapidió. Viendo que en esta demora se había consumido un carbón másy se ibaconsumiendo otroBonifacioalarmado entró en el cuarto de su amo. Encontró aéste sentado en un sofámuertotan muerto como los habitantes de Pompeyabajo la erupción del volcán. En sus manos tenía el diario que daba la noticiade la revolución de París del 17 de febrero de 1818.

Bonifacio avisó al escribano; éste que era gran amigo de D. Roquele dioal momento aviso; de suerte que llegó de Cádiz al siguiente día. A otroacompañaba D. Roque un pobre entierro en que en una mezquina cajaiban losmezquinos restos del más mezquino de los hombresD. Jeremías Temblequequemurió mezquinamente de la mezquina desgracia de haber bajado los fondos enFrancia. Su vidacomo su muertefue una patente prueba de los gocessatisfacciones y bienes que saca el miserable avaro de su dinero. Murió abintestatoy sus herederosa quienes se avisó por los diarioscuandoacudieronsólo hallaron las inscripciones del gran libro de Paríslas quecompró D. Roque por poco menos de nadael famoso baúl con tres camisas dealgodóntres pares de calcetines de hilodos pañuelos de yerbastodo caladoy bordado; los platos lañadosel sofá de hojas de maízque ya chocheabanyuna subida cuenta de [202] gastos de entierroderecho de herencia y tutti cuanti; sin olvidar un aviso puesto en undiario concebido en estos términos: «Tenemos que lamentar la muerte delapreciable D. Jeremías Temblequeque ha fallecido prematuramente de resultasde una congestión cerebral. Se hizo acreedor al aprecio de todos y su muerte esmuy sentida: séale la tierra ligera

El resultado de las referidas combinaciones de la Marquesa fue el decirle undía en que estaban solos a Don Roque:

-Don Roque¿no piensa Vd. en casar a su hija?

La Marquesasin saberlohabía tocado la cuerda más destemplada del almade D. Roque. Ya sabemos que el casamiento de su hija era para este tierno padreel buitre de Prometeola sombra de Nino para Semíramisla espada de Damoclesel ManeThecelPhares del festín de oro en que searrellanaba en su dorada butaca D. Roque la Piedra; así fue que respondió condesabridez.

-¿Y Vd. porqué no casa la suya que es mayor?

La Marquesa disimuló estacomo otras groseríasque estaba sujeta a sufrirde ese ente vulgar a indelicadoy respondió:

-Afortunadamente el carácter festivoel gusto difícil y el genioindependiente y poco afectuoso de mi hijale han hecho mirar hasta ahora atodos sus apasionados con igual indiferenciay considera las galanterías yobsequios como pasatiempos sin consecuenciasque recibe riendocomo flores sinraíces y [203] que se ajan luego. Pero si mi hijaamase y fuese amaday que algún amigo que se interesase por ella y por mí mehablase sobre el asuntolo discutiría. Como ese caso no ha llegadodejemos ami hija a un lado.

-¿Y qué me quiere Vd. decir con eso? -preguntó D. Roque con impaciencia-¿acaso que mi hija tiene novio?

-No digo que lo tenga ni me pasa semejante cosa por la cabeza. Pero caso quelo tuvieseD. Roqueno veo en ello una razón para que Vd. se haya incomodado;las preferencias no se le pueden tachar a las hijassino cuando los preferidosno son dignos de ellas o no convienen a sus padres.

-¡Hola! ¿Con qué Vd. piensa que el novio me conviene?

-Yo no he dicho que tenga novioD. Roque.

-Pues bienquítele Vd. novioy ponga pretendiente¿es eso?

-Podrá tener pretendientes; eso es naturaltodas las muchachas los tieneny...

-¡Viva la Pepa! ¿Con qué todas las muchachas tienen por aquí esa polilla?Bueno es saberlo.

-Y másLágrimasque es angelicaly se hace querer de todo el que latrata.

-¡Y Vd. cree me embolsaré por yerno a ese pretendiente con la mismafacilidad que se embolsa un peso duro! ¿He? [204]

-¿Y por qué nosi en este fuese todo conveniente y pudiese hacer a su hijade Vd. feliz?

-¿Con qué-dijo D. Roque con una risita rabiosa-tiene ese pretendienteademás deprisa en casarseotras muchas ventajas?

-Por de contadoD. Roquesi noyo no hubiese tocado este punto. Es el queyo piensosin tener de ello una certezaque es pretendiente de Lágrimasdeilustra cunajoven aprovechadode buenas prendasde conducta arreglada: tieneun talento poco comúnuna capacidad sobresalientesegún dice el rector de launiversidad.

-Esos méritos los tienen o se los atribuyen las nueve décimas partes de losestudiantes de Sevilla. Su nombreseñora.

-Genaro E.***

-¡Voto a brios! -murmuró entre sus apretados dientes D. Roque poniéndoseen pie.

-Señor-dijo la Marquesa sorprendida-¿en qué puede incomodarle a Vd. miproposición? ¿He nombrado acaso algún mal sujeto?

-¡¡Psss!! -silbó con despreciativo coraje D. Roque.

-Señor-prosiguió atónita la Marquesa-¿he propuesto a Vd. acaso unhombre de nadaun indecente? ¿Merece acaso Genaro las señales de menospreciocon que Vd. acoge un nombre respetado desde siglos y que Genaro honra?

Don Roque prorrumpió en una grosera e insultante risa. [205]

-Don Roque-dijo la Marquesa casi alarmada-¿podrá que sepa Vd. acasoalgo de infame o denigrante acerca de ese muchacho? Si ello es asíespero queVd. me hará la justicia de creer que lo he ignorado.

-Usted sabe por lo que me tiene que levantar en peso esa proposición tanbien como yoseñora; -dijo Don Roque bufando.

-No por cierto-repuso la Marquesa-; protesto a usted que no lo séysuplico que me lo diga; más todavíalo exijo. Nada de palabras preñadas; D.Roqueexplíquese Vd.

-¡Pues no creen-dijo éste-que se mama uno el dedo!

-Digo a Vd.-repuso la Marquesa incomodada-que me diga que es lo que detal manera lo monta e indigna contra un joven que yo aprecio.

-¡Pues no es nadaseñora! ¡Es una friolera! ¡Se atreve a pensar en mihija y... por vida del Dios Baco! ¡¡¡Y no tiene un real en la faltriquera!!!

La Marquesa se echó a reír.

-Don Roque-dijo al cabo de un rato al amable millonario-; es preciso verlopara creer que un hombre como Vd.que apalea el dineroy para el que porconsiguienteteniendo una hija únicaes cosa que no debería importarle en laelección de un yernodeseche con desprecio a uno que reúne todas cuantasventajas reconocen la razón y la sociedadque pueden llenar el corazón de suhija y hacerla feliz[206] sólo por estaconsideración que debería serle indiferente al buscar el bienestar y laposición social de su hija.

-¡Ahsí! Habrán creído-contestó D. Roque-que yo soy hombre capaz dedeslumbrarme por los pergaminosy que caería como un burro ciego en la trampaporque mis nietos tuviesen sangre azul. ¡Por viche de la sangre azul! Hato deperdidosque piden prestado para comery fiado para cenar. ¡Mi hija! Esebocadito quisiera el Genarito para hartarse de reír. ¡Vea Vd.! ¡Undescamisadoun pobre de solemnidad! -añadió con una clase de despreciotrituradorque solo se halla en los labios del millonario al clasificar lapobreza-¡Buen yerno me echaba a cuestas! ¡Linda alhaja! ¡Droga!

-Está Vd. muy poco enterado del valor de las personas de un círculo que noes el de Vd.-dijo la Marquesa incisivamente-. Sepa Vd. que Genaro es todo uncaballeroy entre los jóvenes anda de nones.

-Anda viendo donde guisan y a caza de talegones; puede Vd. decirleque si hacreído que yo he ganado mi caudal con el sudor de mi frentepara pagar lastrampas de su casa y reedificar el palacio solariegoque será un cascajoruinosopara que él lo eche de buche y se cruce de brazosse lleva chasco.

Al decir estas últimas palabras-salió D. Roque del cuarto sin aguardar larespuesta de la Marquesa[207] que estabaestupefacta al oír aquel lenguaje tan nuevo como incomprensible para ella.

Estaban Reina y Lágrimas sentadas en una galería cerrada de cristalesqueformaba uno de los anchos corredores de la casay que servía de costurero.

-Ahí viene tu padre-dijo Reinaal ver por entre los cristales salir a D.Roque de la sala y dirigirse hacia el costurero donde solía ver un momento a suhija-; ahí viene ese carromato; me voyque no soy gaditana para gozarme enmirar al Hércules de su Alameda.

Diciendo y haciendo se echó a correr.

Lágrimasque estaba bordandoal oír los pasos de su padre se puso atemblar: tal era el efecto que causaba en aquel ánimo apocado y en aquellaconstitución débil y nerviosala presencia de su padre.

-Este es el resultado-dijo D. Roque al entrar-de haberte dejadoporqueen ello te empeñasteen una casa como estaque parece el jubileo de loschisgarabísde los harbilampiños y de los polluelos sin creta. ¿Conque laniña apenas ha salido del conventoy ya tiene novio? ¿Piensa en casarseycree tener el oro y el moro?

-Padreseñor-murmuró con trémula voz la pobre Lágrimas-aseguro a Vd.que no.

-¡Embustera además! Bien muy bien. Ya puedes hacer tu baúlque mañanatemprano sale el vapor [208] para Cádiz. A casabajo mis ojos; yo le enseñaré a la emancipadita a tener novio. Ahoraa fe deRoqueque te vas a aburrir todo lo que aquí te has divertido; yo haré que sete sienten los cascosy que se te pasen los conatos a noviajos con novios detres al cuarto. Cuando tengas edad yo te buscaré el marido que te convengaypor mi cuenta que no sea ningún casqui-vanobolsi-vacíocongran frac que deba al sastre.

Reinaque no estaba lejosal oír las voces destempladas que daba D. Roquese había acercadoy al notar el temblor convulso y Lágrimascorrió por unvaso de agua y se lo aplicó a los labios.

-¿Qué es esto? -exclamó-: ¿qué tienesLágrimas?

-¡Mañana me voy! -murmuró esta en ahogada voz.

-¿Qué es esto? -dijo Reina-: ¿qué repente es este?

-A Cádiz recalcó D. Roque.

-¡Señorpor Dios! -exclamó Reinaque veía irse dibujando la herradurade la muerte en la cara pálida de Lágrimas.

-Ni por Diosni por los santos-respondió en voz clara y secacomo lo esel castañeteo de una matracael suave millonario-; a casa y tres mása míno se me lleva con hipíos.

-¡En el vapor! ¡La mar! ¡La mar! -gimió la pobre niñaentrechocándosesus dientes y asiéndose con fuerza a Reina. [209]

-Al menosseñor-dijo esta viendo la decisión de Don Roque-por Diosnoos la llevéis por mar. Sabéis el profundo horror que le tieney que se ponemala sólo de pensar en él.

-¡Qué simpleza! -respondió éste-esos miedos necios y pueriles se quitancomo a los potros los asombroscon látigo y espuela.

-Señor-repuso Reinaque sentía estremecerse a la pobre niña que seestrechaba a ellacomo a su tabla de salvación el que se ahoga-; este es unhorror harto motivadoacordaos...

-¿De la tempestad de ahora diez años? ¡Tomatoma! ¿Dónde queda eso?Pues si todos los que pasan tempestades en la mar se negasen a volverse aembarcarya se podían echar a pique todos los barcos. Melindresaspavientosescarceosespantijostoda la retahíla de lo que más me puede y más mechoca.

-Señorseñor-dijo Reina indignada-no es miedo pueril ni horrorinmotivado: traed a la memoria todo lo que significa aquel recuerdo para vuestrahija. Es para ella el mar a la vez un juez sin clemenciaun verdugo sincaridady un cementerio sin cruz.

-¡Bah! ¡Bah! -repuso D. Roque-palabras altisonantesseñorita. No tengascuidadomedrosaque no te morirás en el vapory si te mueres no te echaremosal mar.

Lágrimas cayó sin sentido y presa de convulsiones en los brazos de Reina. [210]

-¡Ohqué hombre tan atroz! -exclamó esta-; llamad a mi madrellamad a mimadre.

A la noche volvió D. Roque para saber de su hija; la Marquesaprofundamentecompadecida del estado en que se encontraba éstahizo secamente presente a supadre que no estaba capaz de viajary que los médicos habían recomendado elmás absoluto sosiego. Le hizo presente igualmente que Lágrimas habíademostrado el mayor empeño en volver al conventoy que antes de entregarse alsueño que le habían proporcionado las bebidas narcóticas que le habían sidosuministradasle rogó hiciese presente esta súplica a su padre. D. Roque lanegó redondamente y añadióque si pensaba la niña que había de estarpagando siempre una pensión por ellapudiéndola tener en su casa sin que lefuese gravosa.

Reina asistió con esmero a su amigay no se separó de su lado un momento;pero a los tres días apenas convalecíacuando D. Roquesordo a todasrazonesinsensible a todo ruegose llevó a su infeliz hijaa la quedestrozaba el alma el alejarse de Sevillay horrorizaba su viaje y estada enCádizsin que hubiese vuelto a ver a Genaro. Ocultabaésta al partirsupálido rostrosus lágrimas y el temblor convulsivo de sus labiosbajo unespeso velo negro. [211]



 

 

Capítulo XVIII

FEBRERO1848.

Aquella misma noche en la tertuliael que hubiese observado con cuidado aReina hubiese notado en ella una preocupación que no era habitualni propia desu genio activo y siempre alerta.

Llevaba de continuo sus miradas hacia la puertay un imperceptiblemovimiento de impaciencia se notaba en ella a cada recién entradoque no erapor lo visto la persona que aguardaba.

Abriose la puerta con estrépito de par en pary apareció Marcial en todasu gloria con los pantalones tan estiradosy el talle tan apretadoqueparecía hecho de una sola pieza. Un gesto de impaciencia pasó rápido como lasombra de un volante pájaropor la cara de Reina; y mientras Marcial iba asaludar a su madrellamó a su perrito faldero y lo hizo [212]acostar sobre una silla que estaba a su ladocon la marcada intención de queMarcial no la ocupase. Pero este era poco obstáculo para el intrépido Marcialque trajo otra y se sentó lo más cerca que pudo de su prima. Esta lo recibiócon un bostezo que ocultó detrás de su abanico.

-Esta noche no viene Tiburcio Cívicomi amigo-dijo Marcial con unairecito entre satisfecho y rabioso.

-¿Y a mí qué se me da? -respondió Reina; siéntele tú si gustas.

-Esta noche-prosiguió con sorna Marcial y con un retintín que haciavibrar su voz como la cuerda más gruesa de un violón-los que nada valense pueden anteponer a los que valen sin que se lo quitense lo estorbense lo impidan ni se lo dificulten.

-¡Machaca y más machaca! ¿Me querrás explicarMarcialqué muletillahas tomado ahora con ese los que valen y los que no valeny Tiburciopara arriba y Tiburcio para abajoque me tienes de Tiburcio y de los quevalen hasta por cima de los cabellos?

-Nos entendemosmi amada primanos entendemospero sábete que los quevalenen lugar de venir a hacerse valerse van a conspirar: así el quevale como es socialistaha ido esta noche a una junta humanitariacompuesta de un francésun lombardo y un polacobajo la presidencia de uninglés; por consiguiente no ha venidono vieney no vendrá. La humanidadante las bellasla sociedad ante la tertulia[213]Catón ante Luis XIV. ¿Te gustan los socialistas? ¿Te parece que son los quevalenprima?

-Los odioprimo.

-¿Y los exaltados?

-Los detesto.

-¿Y los moderados?

-Los aborrezco.

¿Y los carlinos?

-No los puedo ver.

-¿No pertenecespuesa ningún partidoautómata ideal?

-Sí por ciertoal mío.

-¿Y ese cuál es?

-El de los calladosMarcialel de los callados.

-Ese es un partido ilusorioprimafantásticofantasmagóriconulo yestúpidoque debe ir a la escuela del abate L'Epée.

-No lo creasMarcialporque como dice D. Domingodesde que todos gritannadie se entiende.

-Si eres de la escuela de D. Domingoestarás por las fiestas inmoviblescomo lo son todos sus tocayos.

-¿Qué quieres decir con esa frase que es un logogrifocomo los delSemanario?

-Que los domingos son fiestasque estas son inmoviblesy que las ideas deese señor lo son también; pero te digoprimaque tu escuela o doctrina delsilencio no meterá ruidoy que es intempestiva en el siglo de las asambleas ydiscursos.

-Ya comprendo que así te parezcaMarcialpuesto [214]que el día que tú no puedas hablardiscutirperorar y declamar(estilo tuyo) te elevarás por los aires como un globo elevado por tus ideasencumbradasque no hallen salidacomo aquel lo es por el gas.

-Pero dejemos esta cuestión-repuso Marcial-que los débiles alcancesmujeriles no pueden comprendergraduarapreciar ni definir. Vds.hijas de sumadre Evaeternamente hermosasseductorasinstigadorasy pecadoras comoellasin haber escarmentado desde tantos siglosno saben juzgar en punto apartidossino los que se presentan para sacarlas del infeliz estado.

-Se engaña Vd.Marcial-dijo la alegre Flora-¿quiere Vd. que le definalos partidos?

-Lo quierolo apetezcolo deseoy lo anhelo-respondió Marcial.

-Pues vaya de cuento-dijo Flora-que estamos en Andalucíael país delas morenasde las naranjasde los cuentos y de los altramuces saladitos ydulces. Reinaba un gallo en su corral. Hízose amigo suyo un patoque teníabuena plumahabía navegado por el mar Pacíficohabía zambullido en el pozode la cienciay patullado en la fuente del saber; su andar no era garbosoperofirmesu voz no era melodiosapero grave y sostenida. Este le aconsejó a suamigoel galloque se cortase la crestaque era chocantey los espolones queeran inútiles. El gallo condescendió y se fue a dar un paseo con su amigo.

Este que era muy confiado dejó la puerta del corral [215]abierta. Cuando volvieron fue el gallo a su hogar a encendery vio en el hogardos luces encendidas. ¡Qué luces tan raras son estas! -dijo el gallo-yacercándose vio que eran los ojos de un gato que se le abalanzó. Pusiéronse apelear.

El pato que esto veía no paraba de repetir-y Flora arremedando al graznarde los patos se puso a decir-: Pazcaballerospazpazcaballerospazpaz.

-Flora-dijo Marcialcon una voz tan honda que parecía salir de debajo dela tierra-ese cuento es un libelo de la humanidad varonil.

-Es un cuento precioso-dijo Flora riéndose.

-Es un cuento subversivoantisocialinmoral y profanador. Carece dedignidad y de lógica. Cuando vaya a las Cortespropondré la censura de loscuentos.

-Como yo no aspiro a ser diputada como Vd. a ser diputadoMarcial-dijoFloraque se ahogaba de risa-no estudio ni gravedad ni elocuencia.

-Fabián-dijo Marcial a éste que entraba-ven a convencer a estaburlonísima Floraque dejando las flores por las espinasacaba de hacer lamás sangrienta sátira de todos los hombres: di que no eres patopues de patosnos ha puesto.

-No puede serMarcial-dijo Flora-lo más que hará es convencerme de queen esa familia hay cisnescomo me convenceréis vossi os empeñáis entomarlo a lo trágicoque en esa familia hay gansos.

-Este David me va a dar en la frente-exclamó [216]Marcial-; pido cuartelclamó alafiaimploro mercedme acojo a amnistía ydeseo indulto. Siento-prosiguió Marcialdirigiéndose a Reina mientras Florasatisfacía la curiosidad de Fabián repitiendo su cuento-siento haberte dadoun mal rato anunciándote la ausencia del que valeporque por más quedesde algún tiempo te estás haciendo la desentendidasiempre que te hablo delque valesabes muy bien a quien aludo.

-PeroMarcialsi absolutamente sé quien es ese que valeni lo quevale; solo sé tu dale que dale.

-El que valeo cree que valees ese Tiburcio Cívicoeseantibello socialistaconstándome tu parcialidad por élparcialidadincomprensibleinconcebibleinexplicable e inaveriguable.

-¿Qué estás diciendoMarcial?

-Que hay gustosasí como cuentosque se deberían mandar recoger por ordende buen gobiernoporque preferirme a mí Marcialese pobre chico...

-Qué preferirni que preferir; te digo francamenteMarcialque si me dana escoger me quedo sin ninguno.

-¿Pues no lo has llamado Antony?

-¿Yo? ¿Dónde sacas semejante disfraz? Si jamás le he nombrado sino cursiabatido y abollado.

Al oír esto Marcial se levantó de repente.

-Voy-pensó-a decirle esto a Fabián para que vea lo inverídicoembusteromentiroso y paparruchero que es ese Genarozorra sutil si las hay. [217]

Apenas se alejaba Marcial cuando entró Genaro y vino a saludar a Reina.

-Acompaño a Vd. en su sentimiento-le dijo esta con el aire de triunfo quetiene una persona que está en pugna con otra cuando puede mortificarla.

-No lo creo-respondió Genaro.

Reinaque enseguida se había puesto a hablar con Floravolvió bruscamentela cabezay dijo:

-¿Y por qué?

-Porque no sabéis sentir ni por vuestra cuenta ni por la ajena.

-Muchas gracias. Lo que decíssi se clasifica con indulgenciase llama unafresca.

-Síasí se suelen apellidar las verdades por aquellos que no quierenoírlas.

-Por cierto-exclamó Reina con altivez-que desearía saber el por quévivís en la ilusión de poseer las llaves del sacristán.

-Diréis esto porque no adulo como lo hacen los que componen vuestra corteypueden daros patente de estar a prueba de empalagoporque no os traigoalborotando el barriola música como el magnífico coronel Astorga; no suspirocomo el conde de Navia; no enflaquezco haciendo un prodigiocomo el camaleónVillamarino que dice no ha hallado una herradura mash dura que el corazzzón delash arishtócratasy no canto con vuestro poeta laureado:

 

Reina de los corazones

 
 

infundes tanta lealtad... [218]

 

-Calle Vd.calle Vd. ahora mismo-exclamó Reina colorada como unaamapola-; si volvéis a pronunciar una sola sílaba de los tales ridículosversosa fe de Reina que...

-¿Quéqué? -dijo con cachaza Genaro sentándose a su lado.

-Que os prohíba la casa.

-Con lo que probaréis sois Reina déspota y arbitrariay haréis mentir losversos de Marcialporque portándoos asíno podréis infundir tantalealtad que se opongan los vasallos a que les deis libertad.

-Genaroque llamo a mi madre-exclamó Reina furiosa.

-¿Qué es eso? ¿Por qué riñen Vds.? -preguntó Marcialvolviéndose aloír las recias voces de Reina.

-Marcialesta es la ocasión pintiparada que digáis; pazcaballerospaz-dijo Flora.

-Es-respondió Genaro a Marcial-que Reina desea se le impriman los versosque le compusistey porque le he dicho que eso prueba un deseo inmoderado deque luzcáis los dosse ha incomodado conmigo.

-Es natural se haya sentido-repuso Marcial-porque no veo en ese deseoninguna inmoderación.

-Pues ¡no ves-decía en voz baja Reina a Flora enjugándose una lágrimade rabia-no ves como me está provocandocomo me trataconque descoco meestá calmeandoconque camastronería me saca de quicio y se queda riendo!¿Puede esto tolerarse?

-¿Y por qué le haces caso? ¿Por qué te ocupas de él? [219]-respondió Flora-¿No hay aquí otros ciento que te están bailando el aguadelante?

-Es que viene a buscarme.

-No tal; al saludarte echaste tu perrito de la silla en que dormíacomopara que no le faltase a Genaro asiento a tu lado.

-Lo hice distraída; y para enmendar el yerroya que se ha sentadoseré yola que me levante. Vente al pianocantarás el mocito del barrio.

Levantáronse ambas y atravesaron el estrado ligeras y airosas como dosninfas. Flora se puso al piano.

-Vamoslegionarios de Hebe-dijo Marcial-sigamos la atracción de labellezael imán femeninola corriente de la eleganciay el arrastre de lagracia. Donde va la Reina va la cortedonde va Flora van las mariposas.

¡Mientras Flora cantabacomo a Marcial no le gustaba la música y menosestar calladole decía a media voz a Genaro:

-Antípoda de la verdadantítesis de la sinceridadadversario de lafranquezahijo predilecto de la mentira¿cómo pudiste afirmar con esaseriedad llena de doblez que Reina llama a Tiburcio Cívico Antony?

-CallaMarcialque se está cantando.

-No quiero callarzorra sutilcuando no quiero no callaría ni en elcongreso si me tocasen la campanillay que fuese esta del calibre de la deGlasgow. [220]

-De Moscow.

-La de Glascow-afirmó Marcial-; ¿si lo sabre yo? ¿Crees acaso que estáshablando con el ángel del silenciocomo llamaba Fabián a Lágrimas?Estoy para mí que esa denominación la ha plagiado en uno de sus poetasfranceses.

-Sí-dijo Genaro-la trae Paul de Kock.

-Bien lo decía yo; pero no estaba cierto si era Paul de Kock o Lamartine.Conquehijo míose fuellegó al instante fieroSilvia de mi despedidacomo dice Hartzenbusch en sus Amantes de Teruel.

-Lo dice Arriaza en su canción.

-Hartzenbusch en los Amantes de Teruel-afirmó Marcial-. Tú como eres elmismo disimuloMaquiavelo perfeccionadono demuestras dolor en tu rostrojuvenil.

-Hablas sobre suposiciones falsas y yerrasinfalible Marcial.

-¡Yo errar! Herrarqueda bueno para mi amigo Tiburcio. Nonomedesdigoun retruécano a costa de la amistad es deslealinnobleindelicado;por no dicho. No sacrifico la amistad a un chisteeso es bueno para unfrancésy yo soy español por todos cuatro costados como la lonja.

-Marcial¿no oyes que se canta? -le dijo Reina con sequedad porque parte desu censura caía sobre Genaro-; el hablar cuando se canta no solo prueba malgustosino falta de educación. [221]

Concluía Flora de cantary así pudo contestar Marcial.

-Perdona primafue una distracción; además soy demasiado positivopara ser melómano.

-Marcial-exclamó Fabiántemprano empiezas a ser positivo. A mí me chocatanto hasta esa palabra jovenraquíticaque haría pagar multa al que lapronunciase.

-Ten presentehombre afecto a lo ideal; que tengo que renunciar a estopuesto que quiero ser diputado: abandonar los senderos del Parnaso por loscaminos vecinales; el cultivar las musaspor el cultivo de las tierras: lainspiración por la discusión; el cantar por el hablar. Pero vamos a ver: ¿esposible que a tipoetate guste la música que siempre estropea los versos?

-¿No me ha de gustarMarcial? -respondió Fabián con expansión-. La prosaes el lenguaje del entendimientola poesía el del almay la música el delcorazón. Lejos de estropearlosla música es a los conceptos lo que laexpresión es a la fisonomía. La música es a la vez el presentimiento y elrecuerdo de todos nuestros goces y de todos nuestros dolores; es la transiciónde nuestras sensaciones físicas y morales; la percibe el oído y la siente elalma.

-Pueshijo míola música me chocadijo Marcialno tiene sentido comúnlo que se dice cantando ni es conciso ni es claro. Si yo hubiese sido elCancerberoseguro que se hubiese llevado Orfeo a su mujer Berenice. [222]

-Eurídice-rectificó Fabián.

-Berenice-afirmó Marcial-; dále-añadió a media voz-con el maestrociruela.

-Otra coplita del mocito del barrio-decía entretanto Genaro aFloraque seguía sentada al pianoapoyándose en el respaldar de su silla-;cante Vd. las coplas que le ha compuesto Marcial a Reinaque se apropian a latonada.

-Nono-respondió riéndose Flora-ha abdicado Reina su reinado sin teneren cuenta la lealtad que infundele escrupuliza deslucir las lucesy no quiere ser causa de extrañas anomalías. Cantaré mas bien aquellacopla.

 

¿Cuál de los dos amantes

 
 

tendrá mas pena

 
 

el que va de viaje

 
 

o el que se queda?

 

-Flora-respondió Genaro-una escritora inglesa(8)<notas.htm> ha dicho que los recuerdos de lo pasado no sirvensino para acibarar los goces presentes. Cante ustedFloracante Vd.pues lees tan apropiado el cantoque parece no debería Vd. hacer otra cosa; cante Vd.con esa voz que va derecha al corazón como una flecha.

-¿Qué es corazón? ¿Acaso lo sabéis? -dijo Reinaque aunque enconversación con otrosno había [223] perdidouna palabra del coloquio de Flora y Genaro.

-Como no son mis vasallosno podré saber tan bien lo que soncomo suReinarespondió Genaro.

-MarcialMarcial-exclamó ésta encendida de coraje-si me vuelves ahacer versosquedamos reñidos para siempre: no quiero que me cantenno quieroque me celebren; aparecer en versoses peor que aparecer a la públicavergüenza en un pilar.

-Si todas las hermosasbellaslindas y bonitas pensasen como tú-repusoMarcial-no sabríamos los poetas donde dar de cabezay tendríamos que cantara las ancianasviejascaducas y a las senectudes.

-Esto es hablar en razón-decía Genaro a Reina mientras proseguía Marcialsu demostración-; las mujeres no deben parecer bellas sino a los que aman.

-Yapor eso queríais a la pobre Lágrimasporque la anulabais en vuestroegoísmo.

-Por eso-afirmó Genaro.

-Pues su padreque ha sabido sus relaciones con usted está furioso-dijoReina con triunfante rabia-y para cortarlas se la ha llevado; asícontadlaentre los muertos.

-Nunca le conté por mucho tiempo entre los vivosrepuso con calma Genaro;la pobre no tiene un año de vida.

-¡Jesús! ¡Y con qué impasibilidad decís eso! [224]

-Con la que se dicen las cosas que se saben de atrás.

-Entonces no la amáis.

-La quiero como a una hermana.

-Ella creía otra cosa.

-Lo siento.

-Eso es infame.

-¿Y qué queréis que haga? ¿Qué me vaya a buscar por esos mundos como unhéroe de cuentos de encantamientos el hada que expende el elixir de larga vidaque estudie la homeopatíao haga una promesa al patriarca Matusalén?

-No tiene respuesta lo que decís; sois un corazón de mármol; un Nerónunhombre atroz.

-No le parecía tal a vuestra amiga.

-Porque no os conocía a fondo como yo.

-Pues más profundo de lo que creéis fondohay cosas que no conocéis.

-¡Buenas serán cuando tanto las ocultáis!

-No las oculto por malasReina.

-¿Pues entoncespor qué?

-Porque me place ocultarlas.

-No faltará quien os sonsaque para divertirnos con esos misterios demonte preñado.

-¿Preguntaréislos vos?

-¡Yo! Soy muy altiva para ser curiosa.

-O muy egoísta para interesaros por nada.

-¡Vaya con Genaroqué solo le está dando a Reina! -decía Marcial a Floray Fabián-; apuesto que [225] esa prolongadaaudiencia tiene aburrida a nuestra soberana.

-No parece-repuso Flora-ni tampoco que sea necesario que vayáis a decirahora: pazcaballerospaz.

-¿Eres celosoMarcial? -preguntó Fabián.

-¡Jesús! Como un Petrarca.

-Un TetrarcaMarcial.

-Un PetrarcaMarisabidillobien sé lo que me digopero no lo estaríanunca de ese buen muchachoque no tiene bastante maldadni calza bastantespuntos para hacerme a mí mal tercio. No obstanteel fuego junto a la estopael diablo sopla. Le voy a recordar a su amado bienasí de una pedrada mato dospájaros. Interrumpo la conversación y doy otro curso a las ideas.

-¡Genaro! -prosiguió acercándose a éste-. ¿Dónde estará? ¿Quéestará haciendo ahora aquella suave niñaque ha pasado entre nosotros comouna flor blanca y sin espinasdejando al pasar un recuerdo que parece unperfume?

-Vaya-dijo Reina-cuando estaba aquí no le hacías casoy ahora teremontas en los zancos de la retumbancia para celebrarla.

-Es un interés retrospectivo-respondió Marcial-me interesa... Siempreparecía decir aquel refrán de los indios orientales: más vale estar sentadaque en pieacostada que sentadamuerta que acostada.

-¡Dulce flor de los trópicos! -añadió Fabián con [226]la mirada vaga con que fijaba en su mente de poeta las imágenes que evocaba lafantasía o el recuerdo-¡desterrada de su frondoso y caliente suelo! Queconserva algo de lo extraño y desconocido de aquellas selvasque se marchitaen suelo extraño por no hallar invernáculo de cristal que la defienda delfrío ambiente que la rodea.

-Bien dichoFabián-observó Flora-¡pobrecita! Con ese monstruo depadre que se lleva la flor a una nevera. ¡Tiranoverdugoasesino!

-¡He! -dijo Reina a Genaro-ahora falta que le compongáis vos la cuartaestrofa a ese poema laudatorio.

-Se la escribiré-respondió Genaro a media voz.

-Haréis bien. Si no sabéis cómo dirigirle la cartala incluiré en lamía-dijo Reina afectando ligereza.

-Mañana la traeré-respondió Genaro.

-Es-añadió Reina-que yo le escribiré también para decirle el caso quedebe hacer de la tal carta.

-Si fueseis capaz sólo de comprender el amorya que no lo sois de sentirlosabríais que os cansaríais en balde.

-¿Y por qué?

-PorqueReinaes tan poderosa la voz del hombre para la mujer que le amaque ninguna otra oye cuando ella suena.

-¡¡Qué fatuidad!!

-No es fatuidadReinapuesto que esto consisteno en el méritodelhombre sino en la fuerza de [227] amor que hay enel corazón de la mujercual Dios la crió para la felicidad del hombre. Vos nosabéis nada de eso.

-Ni quiero.

-Sois una amazona.

-Noporque no combato; sólo desprecio.

-¡Con eso se gana la gloria! -repuso Genaro.

-¿Con quédon Teólogo? -preguntó acercándose Marcial.

-¡Con la paciencia! -contestó Genaro. [228]



 

 

Capítulo XIX

A la noche siguiente trajo Genaro la consabida carta para LágrimasqueReina tomó y guardó al entregársela Genaro con la mayor indiferenciaaunquerebosaba su corazón de un sentimiento amargo y airado cuya causa no definíapero que originaba una infinidad de sentimientos contradictorios.

Vehementemente excitada por ellosse encerró Reina aquella noche en sucuartodespués de haber cortado a tajos y reveses las cabezas a las esperanzasde Marcialque semejantes a las de la hidravolvían tan luego a nacery aimitación de las plantas brotaban más lozanas después de podadas. Sacó Reinala carta de la faltriquera de su vestidoy la tiró con desprecio sobre lamesa. Notó entonces que la carta no estaba cerrada y se paró. [229]

Dice el poeta alemán Müllner en su famosa tragediaLa culpa:

«Cuando el mal no es más que pensadono existe. Si se hace enprofundo misteriosin más testigo que el corazónaun no existe; y ahíestáahí está la terrible asechanza del infiernoque esdar al hombre elpoder de ocultar sus maldades pensadaspues con esto le arrastra acometerlas en secretoprometiéndole quedará oculto el hechoasí como ocultoquedó el pensamiento.»

Y si sacamos un solemne trozo de tragedia en unas circunstancias sencillas ycuotidianas como las que vamos trazandoes porque hay hechos en la vidaque secalifican de naturales y no lo son. El acecharel leer un papel destinado aotras manosson hechos que no sólo carecen de honradezde nobleza y dedignidadsino que son una culpauna infamia.

No conocen esto bastante los jóvenesni se les inculca lo suficiente. Hayreglas de honor que las madres deberían inculcar a sus hijos con más esmeroque el germen saludable que los ha de libertar de una enfermedad mortal: reglasque deberían los niños sacar de las entrañas de sus madrespara nutrir sucorazóncomo lo hacen con la leche de sus pechos para nutrir su vida. Elrespeto al secreto ajeno es una de ellasen cuya observancia no cabe nipuritanismo ni exageracióny que en la juventudy con colorido de bromasedesatiendecon una ligereza [230] que no admite elasuntoque es gravey en el que no hay nada indiferente.

Reina arrastrada por un desleal impulsopensó en leer aquella carta que noera dirigida a ella; la nobleza instintiva del carácter española falta deprincipios fijos y fundamentalesque le faltabanle hizo rechazar con dignidadesa innoble tentación. Pero volvióporque estaba sola y la noche alejatestigos; volvió porque la carta abierta no se cuidaba de ser leída; volvióporque aquel papel no podía conservar vestigios de sus miradas; volvió porqueel mal espíritu le infundióquedaría oculto el hecho así como elpensamiento. Reinano obstanteno se rindió sino a esta sencillaperosofística reflexión: Si Lágrimas estuviese aquíella que nada me ocultabame la hubiese enseñado; le escribiré que la he leído; no se enfadará poreso.

Una vez decididase acercó a la mesaabrió con mano firme la cartayleyó:

«Como sé que leeréis esta cartame dirijo a vosReina.»

Reina quedó aterrada y confundida.

-¡Insolente! -exclamó indignada-. ¡Qué osadía! Pero ¿qué puededecirme?

«¿Habéis podido creer jamásReinaque yo amase o pudiese amar a otraque a vos? He buscado la sombra del árbol encumbradopara poder así oculto enellamedir la altura de sus ramascalar la profundidad de sus raíces esto hehecho.» [231]

-¡Me ama! -exclamó Reinadándose cuenta de su triunfopero no de suprofundo goce. Y cual si el papel adivinase sus pensamientos y les contestaseañadía la carta:

«No digo por eso que os amo. Todo en míReinaestá sujeto a la voluntady sufre su freno. YoReinacomo el prudente marinoque no se arriesga en unaensenada hasta saber que no tiene escollosno os amaré hasta convencerme deque será apreciado y correspondido mi cariño; si lo fueseentoncesReinaosamaría como debéis serloporque yo solo sé apreciar lo que valéisy amaroscon el amor digno de la que lo inspirase: este sería un amor para el que fuesenpocas todas las facultades de mi sertodas las fuerzas de mi almay corta mivida entera: porque yo no os quiero por hermosacomo os quiere Marcial; ni pordiscretacomo os podría querer Fabián; os quiero por difícil de asir como eláguilay difícil de retener como la serpiente; os quiero porque con vosamares lograr un triunfoy perseverar un combate.

»PeroReinacon la misma franqueza que os digo estoañado que no os pidovuestro amor como una graciacuando en cambio os ofrezco el mío. No quiero quela mujer que yo ame alce sus ojos para mirarme como Lágrimasni que los bajecomo vos pensáis poder hacerlo hacia los que os aman.»

-¡Esto no se puede leer! -exclamó Reina tirando la carta-. ¡Tal orgullotal insolenciatal osadía!

Reinacuyas mejillas ardíancuyos ojos chispeaban [232]de rabiadio varias vueltas por el cuartoponiendo su mano blanca y fríasobre su ardorosa frente se soltó su hermoso cabelloque quedó colgando sobresus hombros como las suaves y brillantes caídas de un manto de terciopelo. Peroal cabo de un rato se volvió a sentar y prosiguió su lectura.

«La mujer que yo ameReinaha de estar a mi nivel y mirarme cara a caracomo se miran seres de un mismo valer y de una misma alzada. La mujer que yo ameha de olvidar el yoese yo que lleváis vos por cima de vuestrafrentecomo lleva su estrella la ninfa que figura la mañana; ese yoReinatiene que palidecer ante el como palidece aquella ante elsol.»

-¡Hácese valer con inaudito descaro ese presuntuoso! -exclamó Reina-; creemerecer más que los otros todos. Pero si es cierto también-añadió enlentas y sentidas palabrasapoyando su frente sobre su mano-que vale más.¿Es orgullo sentir su valer? ¿Es ostentación reconocer su fuerza? ¡Cuántosquieren imitarlo y sólo logran ser ridículosimpertinentes y fatuos! Peleaporque son brillantes y diestras sus armas; mas no por eso ha de vencerpuestoque no quiere graciasino triunfo. No sabe aun con quien se las aviene.Amainará o abandonará la empresa.

Al cabo de un rato añadió la joven tan excitada por diversos sentimientos.

-Sísíél sabrá amar como ningunosabrá apreciarembellecer saboreary eternizar el amor que [233] Marcial engulleyFabián despilfarra. Es el amor para Genaro un sentimientouna esencia queconcentray para los otros es un pebete que disipan en humo.

Reina volvió a coger la carta y leyó:

«No os apresuréis en contestarme ni deis ligeramente un fallo que conmigoReinaes indefectible causa para no insistir.»

-¿Qué tal? -exclamó Reina-volviendo a montarse en su despecho.

«No sea-prosiguió leyendo-esa corta sílabael no o el pronunciado al airepuesto que no se ha de desvanecer en este como las notas devuestro piano. Pensadlo bienno sea que os arrepintáis del o que ospese el no

GENARO


-Esta carta es un portento de atrevimientouna obra maestra de insolencia-dijo Reina casi acongojada-ganas tengo de llevársela a mi madre. Pero nonopuede serle diría que no volviese; más vale hacer como si no la hubieseleído. ¡Jesús! ¡Eso no puede ser tampocoporque de no haberla leídodebería llegar a manos de Lágrimasy esto es imposible! ¡Qué perfidia!¡Cómo con esa carta que me dio abierta me ha colocado entre la espada y lapared! ¡Oh! ¡Ojalá no la hubiese leído!

En todo este monólogo de Reinaen que luchaban un amor enérgico y unorgullo inmensono hubo[234] tal es el profundoegoísmo de estos dos sentimientos un leve recuerdouna leve consideraciónpara aquella pobre ausente e infeliz criaturala que entretanto guardaba en sucorazón como en un tabernáculoel amor y la amistad más tiernos yconsagrados. Y esto lo vemos escrito y nos conmuevey lo vemos pasar antenuestros ojos todos los días y nos deja fríos. ¿Se siente más con losdolores que nos pinta la imaginaciónque con los que nos enseña la realidad?Es probableasí como en los sueños son las sensaciones más enérgicas.

Reina no durmió aquella nochey cuando el alba vino suavemente a despertara los pajaritos que ante su ventana empezaron uno a uno a darse pitando losbuenos díasReinapálida y ojerosaescribía con soberbia y con lágrimasestos renglones al pie de la carta de Genaro.

«Síleí la abierta cartatenía curiosidad de ver el cómo engañaba unfalso a una confiada. Tenéis muchas cuerdas en vuestra guitarrapero ningunaal diapasón de mi voz.»

A la nocheReina con la cabeza más erguida que nuncadevolvió la carta aGenaro; éste la tomóse sentó enseguida a una mesa de tresillode la que nose levantó sino para retirarse a su hora acostumbrada.

Al llegar a su casa leyó los renglones que había escrito Reina.

-Primera descarga-dijo-pólvora doble y bala roja; [235]retirémonosque una retirada a tiempo aprovecha más que un importuno ataque.Tomemos cuarteles de invierno; mutis.

Genaro dejó de ir a casa de la Marquesapasando a pesar de su aparenteflemalos días desesperados y rabiando; mientras Reina pasaba las nochesllorando y renegando de sus lágrimas.

Algún tiempo después recibió esta una carta de Cádizera este sucontenido:

«Reina mía de mi corazón. No te he escrito antes porque al llegar aquítuve uno de mis ataques que me ha tenido a las puertas de la muerte. Aunque hesalido de la gravedadno acabo de restablecermeporque dice el médico queeste pueblo me sienta muy mal; pero es tambiéna mi parecerporque no puedosobrellevar vuestra ausencia.

»¿Qué te diré de mi viaje? Sólo el acordarlo me horroriza. Cuando alsalir del río el barco empezó su pugna con las olas; cuando estas vinieron aasaltar sus costados somo para medir su altura; cuando me consideré en medio deesas pérfidassin más punto de apoyo que el equilibriopensé morirme deangustiay esto que no estaban soberbias; eran cortas y pequeñas aunqueespumosasy parecían huir del viento que venía de tierracomo una manada decarneros que huye del lobo. ConsiderabaReinacuán sin misión desafía elhombre a los elementosy tembléporque no es la temeridad una virtudes unexceso. El peligro no se hizo para buscarlosino para precaverlo. [236]

»Me decías para animarmeReina míaque Cádiz era bonito; tú no lo hasvisto: figúrate muchas piedrasmucho hierrocasas altas y apiñadas enlíneas rectas como filas de soldadossombrías murallas que miran a los que seacercancon sus cañones que parecen ojos amenazadoresesto es Cádizunacárcel grande rodeada de mar. Como apenas he salidono he visto aun una suavehoja verde que me recuerde que la tierra cría flores. Sólo en un balcón de lacasa de enfrente abre un árbol de pascua deshojado sus rojas floresqueparecen sangrientas heridas en un cuerpo exhausto. Me han dicho que ese arbustocuando se le hiere desangra y muere; yo creo que perderá también mi corazóntoda la suyapor la herida que le ha hecho vuestra ausencia.

»De día me distraigo con mirar a las nubesaunque se ría esa alegreFloraa la que envidio su alegría y aun más el estar a tu lado; me embelesanesas surcadoras del cieloque en él dibujan tan fantásticos cuadros. Heobservado que entre ellas las hay buenas y malas; las buenas las llama el solpara síy se elevan hasta perderlas de vista; las otras las castigadesterrándolas a la tierra en la que caen llorando.

»Pero de nocheReinaen que no puedo dormirque la debilidad me haquitado el poco sueño que disfrutabame oprime la angustia el pechocual sime faltase el ambiente. TúReinano sabes lo que es angustia. ¡Ojalá nuncalo sepas! La angustiaReinaes una agonía del almacon la que no se cabe enel [237] mundoy sólo se ansia por el cielo; todolo causapero sobre todo la noche y la mary aquí toda la noche oigo unhorroroso bramido. Es este tan terríficoque a veces creo que se rebela la marcontra el poder de Dios que le puso límitesporque sólo blasfemias puedensonar tan espantosas. Otras veces cuando no está tan brava suena tan tristeque me figuro debe padecer y que se quejaporque abrigue en lo profundo de suseno algún gran dolory eso será la causa de que se agite tanto y sean tanamargas sus aguas. ¡Mi pobre madre lo sabrápues en su seno yace! ¡Madremía! ¡Madre mía! Único ser que me ha querido; puesto que túReinani éltampocome queréis como yo os quieroy no os reconvengo por eso; el querercomo la tristeza y la alegríason cosas que el sentirlas no penden de lavoluntady así serían en mí vanos los esfuerzos que hiciese para quererosmenospor tal de aliviar el dolor de la ausencia. Él no me ha escritoReinay ha hecho bienpues no debo recibir cartas sin autorización de mi padrey sise la pidieseno me la daría. Pero túReina mía¿por qué no me hasescrito? ¿No sabes que aunque me estuviese muriendovolvería la vida a micorazón una carta tuya?

»Reinauna cosa te pido¡no me la niegues! No estés tan amarga como ély quiérelo por amor mío: dile de mi parteque pondremos el porvenir en manosde Diosy que mientras me quede una esperanzahabrá un punto claro en mividacomo se ve entre nubes una estrella recordar que hay cielo. [238]

»Ambos están Vds. en mi corazón como dos ángeles que lo sostienen en sussufrimientos.

»Perdonami triste carta¿pero acaso concibesque se pueda no estarlo enla ausencia?

LÁGRIMAS.»



Después de unos días contestó Reina a su amiga.

«Mucho sientohija míaque hayas vuelto a tener uno de tus ataques: mehubiese alegrado estar a tu lado para asistirte. Espero que seguirásaliviándote y que te vaya gustando más Cádizy algún gaditanito poragradarte a tidel gusto de tu padreya que tan mal le parecen los bolsi-vacíosde por acá.

»No te he escrito aguardando lo hicieses túcomo suelen hacerlo antes losque se van.

»No me hablas casi sino de la mary sabes que no debes parartuimaginación en esas cosas que te impresionan mal. La mar no es más que muchaaguamuy estúpidaque va donde el viento la llevay que a nadie puede nimojar la punta del pie si no la va a buscar. Más valiera que me dijesessi hasvisto al Hércules de la Alamedatan famoso por lo feoy si es como me lo hefigurado idéntico a tu padre. Cierto sujeto ha sabidoque ese señor hahablado de él en términos groseros y ofensivos. Como es tan orgullosono lehabrá hecho graciapero como también [239] esmuy disimuladono le ha hecho una arruga la frente.

»La ausencia labra de distinto modo en cada cual. En Marcial ha sidoentusiasmándolo tanto por tique te llama flor suaveblanca y sin espinas. Silo deseas o sin que lo deseeste hará un ciento de versosy hasta diputadacuando él lo sea. Por mí te lo cedo sin que tengas que darme las gracias: miquerido primo bien podrá llegar a ser diputadopero jamás llegará aser disputado. Fabián acaba de llevar un réspice del rectorporque noestudia leyes; se ha consolado con componerle una meditación a la pereza. Noolvida la perlani Flora tampocoy dejan de reír para hablar de tuausencia.

»Mi madreD. Domingoy sobre todo yonos acordamos de ti con muchocariño. Adióscuídate muchoy no des memorias a tu padre.

REINA.»



¡Qué lectura para la pobre niña para la cual era esta carta el único lazoque unía su corazón a la vida! ¿No existense decía después de haberlaleídoson ilusiones el amor y la amistad? Nono son ilusiones puesto que lossiento en mi corazón. Pero si existen en ellos¿se expresan acaso así? Nodice que han sentido mi ausenciani él ni ella... ¡No dice que deseanverme! Su tono burlón y chancero de [240]siempre;lo veomi ida no ha dejado allá vacíoni mi presencia huellas. ¿Por qué nome querrá nadie a mí? ¿Es culpa mía? ¿Es culpa de ellos? ¿Es que no lomerezco? ¿Es mi suerte? ¿Es una maldición? ¡Es una herencia! -añadióestremeciéndose al oír en el patio la voz de su padreque despedía conaspereza a un pordiosero.

Lágrimas se asomó al barandal del patio y vio a la pobre negra estúpidaque la había criado que su padre le había dicho había vuelto a Américaperoque en realidad por vieja r inútil había echado a la callela que apoyaba unamano en su muleta y extendía la otra hacia su amopidiéndole con angustiasocorro.

-¡FranciscaFrancisca! ¡Pobre Francisca! -gritó Lágrimas-¡aguardaaguarda!

Pero en aquel momento cerró su padre con estrépito el portón.

Era tal la timidez de Lágrimasy el terror que tenía a su padreque no seatrevió a insistir en ver la negray huyó a su cuarto en el que le dio unafuerte congoja.

Cuando se hubo serenadollamó a un galleguito que hacía los mandadosycomo no tenía dineroporque jamás se lo pedía a su padre y que éste no erahombre de dar espontáneamentele entregó unos zarcillos de oro que habíansido de su madrepara que se los diese a la negracon el fin de que losvendiese y se socorriese con su importe. Como apenas [241]comía la pobre niñaguardó y enviole su almuerzo con el muchacho a lainfeliz negra.

-La señorita almuerza mejor-decía la criada a D. Roque-me parece que seva reponiendo; -con lo que vivía tranquilo el tierno padrey asíaunque lapobre niñaque rara vez podía acostarsepasaba sus noches sentada en unabutacaaunque estaba tan delgada que sus huesos parecían querer traspasar elfino y blanco cutis que los cubría con un holánaunque el médico repetíaera urgente sacarla de CádizD. Roque respondía: veremos. [242]



 

 

Capítulo XX

JUNIO1848.

-¿Una carta? -Decía Genaro a Marcialal verlo esconder lo másvisiblemente que pudo un papel-. Feliz mortalsi una esperanza se te marchitaotra florece; apenas tu entusiasmo amistoso te ha arrebatado una conquista amedio cuajarcuando van saliendo otras del cascarón como pollos piando; ¡quéestrella tienes! Es una gallina sobre huevos.

-Esto daría materia a Azais para añadir un capítulo más a su obra sobrelas compensaciones-opinó Fabián.

-Ya salió lo francés-dijo Marcial-: manso Dauroestoy para mí que leenvidias su posición al Bidasoa. Y ya que hablamos geográficamente ¿sabéisque estoy componiendo una geografía poética para enseñarle esta ciencia aReinaque no la sabeni la conoceni la apreciani la admira? [243]

-¿Y será acaso medio en prosamedio en versocomo Dumoustier enseñó lamitología a Emilia? -preguntó Fabián.

-Nono plagio yo a nadiesoy originala punto de merecer como escritoreste distintivo exclusivocomo lo lleva el pecado de Adán. Queda bueno paratiDauro de afrancesadas aguasel plagiar a Paul de Kock ángel delsilencio.

-¿Qué estás diciendoMarcial? -exclamó Fabián soltando una carcajada.

-Nadanadapadre Daurosino que no se me da gato por liebre.

-VamosMarcialdanos una muestra de tu geografía poética-dijo Genaro-;si la imprimes cuenta con mi suscrición. Empieza por España nuestra patria.

-Pues oidescuchadatended y enteraos. La España es una ninfa.

-¡Hola! -dijo Genaro.

-La pintarás en las astas del toro señoritocomo la otra ninfa Europa enlas astas del toro Júpiter-añadió Fabián.

-Callamanso Daurocántale la nana a tus aguasy no me distraigas. Estaninfa morena y garbosa tiene por cabeza a Cádizpor corazón a Sevillay porestómago a Madrid.

-Muy bienmuy bien-dijo Genaro¿y dónde dejas tu residencia?

-¿Queréis callaro callo yo? -repuso impaciente [244]Marcial-. Cataluña es su mano derechaGalicia la izquierdaque es menosdiestra. La Sierra-Morena es un cinturón del que pende Granadaque es unhermoso alfanje moruno cubierto de pedrería. Valencia es un ramo de flores ycintas con que se adorna su lado derecho. Toledo la escarcela sobre la que estáestampado en oro su escudo de armas. Los Pirineosla verde guirnalda queguarnece su túnica. ¿Es esto o nodarle un colorido poético aun a lasciencias más positivas? Esto es la mnemónica que sacaron los alemanes a bailar(pero que por lo visto no ha bailado más que una alemanda)afianzar en lamemoria las ideas por signos: se apellida así por derivar el nombre deMecnosinediosa de la memoriamadre de las musas y...

-Toma alientoMarcialque peligran tus pulmones-dijo Genaro-: sigue tucurso de geografía y deja a los alemanes que por lo presente están reñidoscon las musaslas ciencias y la corduray dinos qué es Gibraltar de la ninfa?

-Un cáustico en la cabeza.

-¿Y Portugal? -preguntó Fabián.

-PortugalPortugal-dijo Marcial-no me había acordado de Portugal.Portugal es su joroba. Basta de geografía-añadió-que tengo que salir y seme va pasando la hora. Caspitinacerca de las doce; con el curso de geografíase me ha ido el tiempoy media cara que me queda que afeitar.

Marcial cogió con denuedo la navaja de afeitar[245]dándose tajos y reveses en su soplado carrillo.

-Perovamos-le dijo Fabián-¿a qué andas con tapujos? ¿De quién esesa carta?

-Mía.

-Lo infieropero ¿quién la escribió?

-No ignoraspuro y manso ríoque el honor obliga a veces a ser reservadosa los hombresaun con sus más íntimos.

-Sípero tú lo has dicho: túGenaroy yosomos tres unos que formamosun solo trescomo en la cartilla.

-No puede serno me dejo arrastrar por tu suave corrienteDauro. Puntopuessi sois mis amigos.

Acabose de vestir Marcialse puso un frac y dejó el gabáncon el quehabía entrado por la mañanarodando sobre una silla según su loablecostumbre; se estiró el chalecoencasquetó el sombrero y salió.

Apenas había vuelto la espaldacuando Genaroque había observado cuantohabía hechoy notado que había dejado olvidada la carta en el gabánselevantócorrió a la silla en que estabasacó la carta y leyó.

«Querío Massial: -La pejiguera de mi tíano me eja ni a solni a sombra; pero mañana por la mañaitacomo que es sábaoseva su mercé a jofifar la escalera en ca D. Luardo el meicoAsinapoé verte a las oce en la plazuela de los Trapos; tráete algoque meter bajo los olientesmás que sea un bizcocho de Mallorcaque si [246]tú tienes capricho como ices por míyo lo tengo por ellos. Abúrealmoso. Dios te dé lo que te falta.

SALÚ.»



Apenas concluía Genaro de leer la esquelacuando se oyeron en la escaleralas zancajadas apresuradas de Marcialque venía subiendo. Volvió Genaro aguardar la esquela en el bolsillo de que la había sacadoy se sentógravemente en la mesaen la que siguió escribiendo.

Entró Marcial con estrépitoacelerada la respiracióny fijó en susamigos una mirada escudriñadora.

Viendo a Genaroque tenía de caraimpasiblese serenó y se dirigióhacia la silla en que estaba su gabán.

Mientras sacaba de la faltriquera la carta cuyo olvido lo había hecho volvercon tanta precipitaciónmurmuraba.

-¡Las doce y media! Entre estas y las otras he perdido media hora.¡Inexacto a una cita! Es esto poco galantepoco delicadopoco caballeresco ypoco juvenil.

EntretantoGenaro había hecho una seña a Fabiánambos se habían salidosilenciosamente del cuarto y habían cerrado la puerta por fuera.

-Vamosjóvenesabrid-dijo Marcial-no es sazón de bromasque tengoprisa.

-Si no necesitas saludhombreque te sobra-dijo Genaro desde ellado de afuera.

-VamosvamosGenarozorra sutiltaimadaastuta y socarronaabre que mehaces mal tercio y comprometes mi formalidadexactitudpuntualidad ygalantería.

-Ya es tardeMarcial-dijo Fabián-y para poca saludmás valeninguna.

-FabiánFabiántraidora y profunda agua mansaabreabridque meincomodo de veras; no seáis los perros del hortelano.

-No hay perros del hortelano; Genaro ha ido a avisar a tu Ariadna que noviene Teseopero que no le faltará un Baco.

Al oír esto Marcialfurioso se puso a patear y a dar voces y golpes en lapuerta.

Fabián se esquivóy cuando la patrona acudió al oír el estrépitoymandó abrir la puertapor deprisa que corrió Marcial a la plazuela de losTraposhalló muchos de estos; pero en cuanto a prendas de más valornohabía ninguna.

Aquella misma noche decía la alegre Flora a Reina:

-Te contaré una cosa muy graciosa que me ha contado mi hermanoque la sabepor Fabián. Hoy a las doce parece que tu fidelísimo y consecuente apasionadoMarcialtenía una cita amorosa con una locuela de medio pelo. Lo supieronGenaro y Fabiánlo encerrarony la linda alhaja de Genaro fue [247]a consolar a la citadora cursi de la ausencia de Marcial.

Reina sintió al oír esto tan punzante dolory tal movimiento de iraquese te llenaron los ojos de lágrimas. ¡Qué infamia! -exclamó.

-Nomujer-dijo Flora-no seas tan acerba: calaveradasfalta de buenascostumbresinmoralidadchabacaneríaspero no exageresinfamia no.

-¡Ah! ¿Y tú no crees infamevilcriminal y bajorevolcarse en talesinmundiciastales lodazalesy luego venir a decirnos que nos quieren?Atreverse a pretender que los amemosbrindarnos un corazón en el que tieneparte una rabaneraes infamete digo.

-Mujer-repuso Flora con extrañeza-¿quién había de haber pensado quete interesases tanto por Marciala quien de continuo estás haciendo burla?Vamosque no se puede uno fiar de las apariencias masculinas y femeninas. Si lohubiese sabido no te lo habría dicho.

-¡Corazón perversoy costumbres disolutas! Es completo-murmuraba Reina.

-¡Quién había de haber pensado que te interesaba MarcialReina!

-Florapor Dios. ¿Quieres callar?

-¿Prefieres al coronel Astorga que tan enamorado está de ti? Es por ciertoun buen mozo.

-CallaFloraes un uniforme metido en un uniforme; cuando me hablasiempreoigo tambores. [249]

-¡Vaya con la delicadita de gusto! Vamosque el predilecto será elmarqués de Navia que tu madre recibe tan bien.

-Es un tonto forrado en fatuo.

-Espero que no recaerá la preferencia en Fabiánpues en ese caso precisosería recurriésemos al verdugo de Salomón.

-NonoFabián te quiere a ties decirte quiere todo lo que puede quererun poeta.

-¡Oh! No hay cuidadohija mía-dijo riéndose Flora-que nos engañamosmutuamente. Si él me prefiere la musayo le prefiero un buen noviocomo te loprobaréel día que se presente. ¿Y Genaro?

-Es un monstruo que abomino-exclamó Reina

-Vamosamigaque el que habla mal de la pera...

-Si esa pera hubiese sido manzana del paraísoy yo Evaes ciertoFloraque habría perdido su tiempo la serpiente.

En este momento se acercaron Marcial y Fabián.

-Dígame Vd.-le dijo Flora- ¿qué se ha hecho de Genaroque tantos díasha que no vemos?

-Genaro es un arcano-respondió Marcial-; se mete en sí mismoes decirestá ensimismado. A veces creo que posee el sombrero de Merlínasí comoposee su saber y sus picardías.

-Siempre que vamos a casa lo hallamos estudiando-añadió Fabián. Ademáspadecey está de mal humor; le están saliendo las muelas del juicio. [250]

-¿Te han salido a tiprimo? -preguntó Reina con mal humor a Marcial.

-Si me saliesen me las arrancaría-contestó éste-que seguía en lailusión que a las bellas les hacían gracia los calaverasy perseveraba entomar por modelo a D. Miguel de Mañara.

-Apuesto-dijo Flora-que Genaro no vieneporque tendrá la cara hinchaday estará feo.

-¡Feo Genaro! -exclamó Marcial-¡ohqué suposición! ¡Genaro feo!¡Genaro el Antinoo extremeñoel Narciso que se mira en las aguas de la fuentedel Abanico! ¡Qué suposición! ¡Qué suposición! Floraen su vida se laperdona a Vd. el Adonis maquiavelesco. Genarocomo la luna en su menguantenoperdería nada de sus encantos por tener una mejilla más abultada que la otra.Predigo a Vd.Floraque al saber la extraña suposición de Vd. dejará susrecuerdos amorososy pasatiempos estudiosospara venir a probar a Vd. que subien parecerhermosurabonitura y bellezaestán a prueba de bomba y dehinchazones.

-¿A qué dices todo esoMarcial-dijo Fabián-si las mejillas de Genaroestán sin novedad como las patrullasy sin las menguantes y crecientes de laluna?

-No lo creo-dijo Flora.

-¿Aunque yo lo asegure? -preguntó Fabián.

-Aunque lo asegure el obispo. Mientras no me desengañe por mis ojoshe decreer que está hecho[251] Genaroun Quijote ala derechay un Sancho a la izquierda.

Toda esta disparatada conversaciónen la que Flora procuraba evidentementeque volviese Genaro a la tertuliale fue repetida por sus amigos; élque nodeseaba sino un pretexto para volver en casa de la Marquesafue a la nochesiguiente. Pero siguiendo la táctica que se había propuestosólo saludó aReinay se alejó después de haber trocado algunas bromascon Florasobre ladolenciacon la que lo gratificaba.

-No se apresuraría tanto ese presumido de Genaro-dijo Marcial- envindicarse de algunas de sus muchas picardías como se apresura en probar que sucarita sigue sin novedad en su importante hermosura. PeroReina¡quédistraída estás! ¡No hay quién te saque una palabra!

-Tengo un humor de ministro de Hacienda.

-¡Ya! ¡Cómo que todos te piden audiencia!

-Y que a nadie quiero darla.

-VenGenaro-decía Fabián-ven para que Reina se convenza que no dejabasde venir por desfiguradocomo opinaba Flora.

-¿Conque también Reina creía que yo no venía por esa causa? Eso esatribuirme un excesivo deseo de parecer bien que no tengo-dijo Genaro.

-Es una suerte-respondió Reina-no abrigar deseos que no siempre sonrealizables.

Por una de esas casualidades siempre propicias [252]a los amantesun amigo suyo llamó en este instante a Marcialy Genaro ocupósu asiento al lado de Reina.

Arribos hacían heroicos esfuerzos para parecer serenos.

-¿Habéis pensado vuestra respuesta? -preguntó Genaro tan bajoque apenasReina lo oyó.

-¿Pues qué-contestó ésta-acaso no la he dado?

-Aquello no era respuestaReinaera un brote de corajeal ver que habíaadivinado que leeríais mi carta. Os decíaque tomaseis tiempo para decidirospor consiguienteno podía tomar aquella tremenda por una respuesta.

-Pues la tremenda era respuestao la respuesta era tremenda.No hay otraque a mí no se me impone tiempo para nadapero menos que nadapara contestar; una respuesta me ahoga.

-ReinaReinapor soberbiapor orgullo nos vais a hacer a ambosdesgraciados. Pues qué¿os placen sólo aduladores? ¿No queréis si norendidos a vuestro desdény no sabéis apreciar al hombre que se rendirá alamor sía la altanería no?

-Pero si no os quiero-contestó Reina en voz trémula.

-¿Y por qué noReina?

-Porque no quiero quererosy que yo también obedezco a mi voluntad.

-¿Conque es sólo porque no queréisque no me amáis? [253]

-Aunque fuese sólo por eso¿os parece poco?

-Me parece muchoporque la terquedad es un enemigo inatacable.

-¿Conque es terquedad?... ¡Pues está bien!

¡En vossíRemaasí como en míno es sino la prudencia que está comoel ángel ante la puerta del paraísohasta que me abráis.

-Haríais un infierno del paraíso.

-No pensáis lo que decísReina; cual la frondosa y lozana vid que no sepodó jamásnecesitáis un sosténpero de tal fuerza que no lo quebréis;este vos sola le podéis elegir y graduar su resistencia.

Y después de un rato de silencio añadiómientras sus manos temblaban y elpecho de Reina se agitaba.

-ReinaReina¿a qué batallar contra la corriente que nos arrastrasi nosconduce a la felicidad?

Reina calló.

-Decidid nuestra suerteReina; en breve seré graduadoparto enseguida paraMadridy me veis por última vez esta noche si me rechazáis.

En este momento se acercó Marcial.

-¿A que me estabas guardando el asiento? -le dijo a Genaro; porque si bieneres un Maquiavelo en capulloeres también un Pilades en flor.

-¿Vuelvo mañana? -pregunto Genaro a Reina levantándose.

-Norespondió Reina con vehemencia como despertada [254]por un funesto recuerdoy olvidando toda delicadeza y recato-añadió conindignación-¡no! Que mejor emplearéis vuestro tiempo en ir a consolarausencias de Marcial.

¿Por qué una miserable intriga causaba más celos a Reina que el suave ypuro recuerdo de Lágrimas? Dícese en teoría que no es asíy que los celosson profundos y punzantescuando son causados por entes superiores capaces deinspirar sentimientos ideales. No hay tal. Los celoscomo todo lo que es pasióntienen su esfera terrestre en que se debaten con otras pasiones cual ellosagitadas y pasajeras. En el cieloque es la mansión del amor ideal y perfectohay jerarquías y ángeles más cercanos a Dios que otrosy no hay celos.

Genaro al oír a Reina se había levantado con aire radiantey volviótrayendo del brazo a D. Domingo de Osorio.

Cierto es que formaban un bello contraste el elegante y airoso jovencon sunegra y ensortijada cabellerasu porte garboso y sueltocon el despaciosoanciano que llevaba sus años y sus canas honrándolas como el militar suscicatricescomo el vino su calidadcomo la encina sus coposas ramas.

-Don Domingo-le dijo Genaro-¿no es verdad que ayer tuvo Vd. la bondad dellevarme a las doce y mediasegún me había ofrecidoen casa de su amigo enseñor canónigo C.*** para ver su hermosa colección de cuadros? Reina noquiere creerlo. [255]

-Sípor cierto-respondió D. Domingo-¿y por qué no quiere Reinacreerlo?

-Porque afirma que no tengo suficiente paciencia para estar dos horas viendocuadros.

-Pues se equivoca mi niña-repuso D. Domingo-; por cierto que sois muyinteligente. Mucho tiempo estuvo parado delante de una Judit que decía separecía a tiReina

Reinadurante esta conversaciónhabía sentido tan intensa alegríaquesu carahabitualmente pálidase había puesto rosada como la vida.

-¿Vuelvo mañana? -dijo Genaro al entregarle el pañuelo que se le habíacaídocon una mirada de ansioso deseo.

Reina afectó no oír.

-Pero por más que Vd. diga-prosiguió D. Domingo-no es de Villavicencioesa Judit.

-Será de Morales-respondió Genaro-volviéndose a Reina¿le gustan aVd. las pinturas? -preguntóañadiendo sólo con el movimiento de los labios yla expresión de los ojos¿vuelvo mañana?

-Me gustan-respondió distraída y fatigada Reina.

-¿Desde cuando acániña mía? -preguntó D. Domingo-¿no decías quelas odiabas y que te parecían almas en pena?

-Es que a Reina le gustan las almas en pena-observó Genaro.

-¿De dónde sacáis eso? -preguntó ésta. [256]

-De que no me sacáis de este purgatorioReina-respondió a media vozGenaro-¿vuelvo mañana?

-Esa Judit es de Alonso Cano a no dudarloGenaro-decía D. Domingo.

-Es de la escuela de Murillo evidentementeDon Domingoes su colorido;volveré a verla¿y acá vuelvoReina?

-Decididlo vos.

-No entro en parte alguna donde hallo la puerta cerradaReina.

-Pues -yo no abro a nadie.

-¿Sabe Vd.Genarocuánto daba un inglés por ese cuadro? -dijo D.Domingo.

-¿Por qué cuadro? -preguntó Marcial.

-Por una Judit que tiene C.*** que se parece a Reinadaba mil libras.

-Si se parece a Reina vale mil arrobas-repuso Marcial-. Si esa Judit fieraañadió acercándose a Reinaeras túla cabeza que lleva del hombre queasesinasera la mía.

-¡La cabeza de Holofernes! -exclamó Flora que lo había oídosoltando unaalegre carcajada-¡qué extraña pretensiónMarcial!

-¿Y quién le dice a Vd. que el general de los Asirios no fuese buen mozo?¿Había acaso entonces daguerrotipos para que se conserve un tipo exactoperfectoauténticoidéntico y genuino de su físico?

-¿Vuelvo mañana? -decía entretanto Genaro a Reina. [257]

-¡Qué terco! -contestó ésta.

-Terco noprecavido sí.

-¿Te vienesGenaro? -dijo Marcial-que ha rato dieron las doce campanadasque marcan el fin de la vuelta del cuadrante.

-Siempre tenéis el reloj en la mano como el feísimo viejo que figura eltiempo-dijo Flora.

-En la mano no-repuso Marcial-en la cabeza como la Giralda. BuenasnochesFloraséaos la noche ligera como os lo son vuestros días: quedescansesReina. ¡Dichoso el mosquito que te quite el sueño!

-Tengo mosquiteroprimo.

-No bastaReina-murmuró Genaro-es preciso un mosqueador para esteenjambre. ¿Cómo estará la puerta mañana?

-Entornada-dijo Flora-nada hay mas pesado en este mundo que una tercaano ser un porfiado.

Reina puso su pañuelo ante su boca para disimular una sonrisala quebrilló en sus ojos y no se ocultó a Genaroque al verla pensó con júbilo:victoria. [258]



 

 

Capítulo XXI

Fácil es el colegir que con razón cantaba Genaro victoria. Reina se rindióal sentimiento que la dominabacon toda la postración del que ha perdido todassus fuerzas en una larga y sostenida lucha. Este amor vehemente en esa Reinatan altivaque tenia a menos todo disimulotan intenso en Genaro que segloriaba de élno fue en breve secreto para nadie.

La Marquesa antes que todos lo conoció y vio confirmadas sus sospechas.Llamó a su hijay le hizo serias reflexiones: le hizo ver las ventajas delenlace que para ella tenía proyectado con el marqués de Navia; le habló deMarcialde su brillante porvenir y buen carácter; pero nada de cuanto le dijosu madre pudoni por un momentoconmover la firmeza de Reina. La Marquesaexasperada le prohibió hablar a [259] Genaroloque despertando en éste todo su orgullomovido tantopor estecomo porcálculoal primer desaire que recibiódejó de ir a la casa.

Pero todo esto pasaba desapercibido de Marcialel que aunque pretendía serceloso como un Petrarcase ocupaba tanto de síy tenía tan buena feque bien podían pasar ante sus ojos carros y carretas sin que en ellos fijasesu atención; así seguía impasible en sus pretensiones con su prima. Fabiánque quería mucho a Marcialy padecía al ver su obcecacióndeterminódisuadirlo de persistir en ella y abrirle los ojos acerca de los amores de Reinay Genaro que nadie ignoraba. Pero si había una empresa difícil en este mundoera estala de persuadir a Marcial que su prima pudiese preferir a otro. Yahemos dicho que su amor propio lo cegaba en punto a no ser querido de Reinaysu buena fe en punto a que Genaro fuese capaz de hacerle mal tercio.

Una mañana en que había salido Genaroy que estaban Marcial y Fabiánreunidos en el comedor para almorzarfue la ocasión que aprovechó Fabiánpara su difícil empresa.

-¿Qué quiere Vd. almorzarseñorito? -preguntó la criadaque era unalugareña sin desbastarcon sus naguas de bayeta y su castaña.

-No quiero más que chocolate-respondió Fabián.

-¿Y Vd.señorito Parcial?

-Tráeme dos o tres posturas del ave doméstica [260]con otras tantas lonjas de jamón-respondió Marcial.

La criada no se movióy miró a Marcial con la boca abierta.

-Mira-le dijo éste viendo que no se movía-: un predicador muy elocuenteque predicaba por primera vezse le fue el santo al cieloy se quedó en lamisma garbosa facha que tú ostentas. Su padreque era genovésse hallabaentre los concurrentes frente al púlpito; viendo a su hijo tan cuajado y tanojiabiertocomo yo te estoy viendo ahora a tile dijo a voces: ¿e purquéte paras? Aplica el cuento.

-Señorito-repuso la criada-es que no entiendo a Vd.

-Pues ven acá fregona no ilustre¿no sabes lo que es ave?

-Jesússí señor¿pues no he de saber? Y qué es gracia plena.

-Aveen la lengua y sentido en que habloquiere decir gallina¿estás?

¡¡¡Gallina!!! -exclamó la mujer.

-Sí. ¿Sabes túdesdoro del bello sexolo que es postura?

-¡Vaya! Pues no he de sabersi era yo la que amasaba en ca mi amo.

-Postura es¡oh tú! Mínimum de los alcances humanoslo que se pone. Lagallina pone un huevo¿no es así?

-Sí señorcuando no están cluecas.

-Pues bienuna postura de gallina que no está [261]clueca como túserá un huevo¿no es así? No te detengas pues asinaperpendicularpon en movimiento acelerado tus dos lanchas cañoneras pedestresque mi estómago no gusta sentirse hueco como tu mollerani vacío como tucráneo.

La criadaque medio entendióse fue diciendo:

-¿De qué tierra será el señorito Parcial que tiene el habla atravesada?

-OyeMarcial-le dijo Fabián cuando estuvieron solos-yo te quierosinceramenteporque con todos tus defectos eres honradobuenoy tienes uncorazón sano y leal.

-Puedes lisonjeartemanso Dauroque te pagote apreciodistingoestimo yprotejo. Esto que digo no es caudal de vocessino riqueza de sentimientos; peroa mí pega el decir que te quiero a pesar de tus defectos: tú podrás decirme amíme quieres a pesar de... mis vicios. Por tifuturo Meléndezy porGenaroese Maquiavelo en ciernespasaría por el fuego como una salamandraypor el agua como una balandra.

-Pues atiendeMarcial; como tu verdadero amigo que soyme intereso en queno hagas un papel ridículo.

-¿Qué quiere decir que yo no haga un papel ridículo? -exclamó Marcial¿gradúas túinocentela cosa posible?

-Todos en este mundo podemos alguna vez hacer un papel ridículo: tú comoyoyo como tú. [262]

-¿Yo? Vamosmanso ríotus cristales e ideasestán hoy turbios. Hablemosde otra cosa si no quieres que crea que tus aguas quieren tornar hoy una maladirección y no seguir su curso apacible. He recibido dinero. ¿Quieres milreales en calidad de no reintegro? Entre amigos...

Graciashijo miono se trata de esosino de abrirte los ojosMarcialydecirte que estás haciendo un triste papely no quiero que lo hagas.

-Padre Daurono puede ser por menosde que hoy en lugar de agua claramurmulle en tu cauce el jugo de la cepa. Y ahora que me acuerdo¡Mari TornesMari Tornes!

Viendo que la criada no parecíaMarcial a estilo de fonda se puso a dargolpes con un cuchillo en el vaso.

-Émula del caracolque cruzas tus brazos y te pones al solen lugar deservir a la mesa y copiar a Ganimedes¿por qué no vienes cuando se te llama?¿no tienes esas orejas mayúsculas sino para ponerte en ellas zarcilloscínicamente falsos? ¿No me oíaslinterna de malhechor?

-Ya se ve que oía¿quién no había de oír la voz de Vd.señoritoqueparece el bombo de la tropa? Pero como no me llamo Mari Tornespensé que asinase llamaría la vecinita de enfrentey que la estaría usted llamando parasaber de las flores que me mandó llevarle su mercé.

-Callaimprudente Mercuriomás te valiera ser [263]muda que no sordaandafámula inactivay tráeme el precioso don de Bacopero que no sea del de por aquísino del de Sanlúcarmanzanilla.

La criada se quedó de nuevo parada.

-¿Qué hacesposte inamoviblestatu quo humano? ¿Por qué no metraes el néctar de Baco?

-Señoritopor amor de María Santísimahable su mercé claro.

-¿Pues queno sabes quién es Bacoincivilizada cortijana?

-No señor; ¿a la fuerza he de conocer a todo hijo de Cristo?

-Pide vino-le dijo Fabián a la criada.

¡Acabáramos! -murmuró ésta al salir.

-¡No saber mitología! -dijo Marcial-; la cosa más vulgarmás conocidasabida y manoseada! Bien dice Tiburcioese flacodelgadodemacrado y entecoamigoque estamos atrasados.

-Marcial-dijo Fabián-te lo he de decir aunque no quieras oírlo. Reina yGenaro se querían y están de acuerdo; todo el mundo lo velo sabeextrañatu ceguedad en no conocerloy censura tu pertinacia en persistir en tuspretensiones visiblemente rechazadas.

Marcial se echó a reír.

-También-dijo-me quisieron Vds. hacer creer que se inclinaba Reina aTiburcioy que lo llamaba Antonyy ella me ha dado después las máscompletas satisfaccionesllamándolo cursiabatido y abollado.[264]

Siento que así clasifique a mi amigo; pero su culpa es ¿por qué se metióa competir conmigo?

-Y ¿quieres comparar a Genaroque es la flor y la nata de la legión deHebecomo tú dicescon ese feoordinariogrotesco y necio Tiburcio?

-Es verdad que uno tiene tanto debajo de tierra como el otro encima; pero sincompararloste digo que ni el uno ni el otroni túel más manso de losríosni San Quintínquedio su nombre a una sangrienta batallacomo unrío te lo ha dado a tihacen mal tercio a Marcialni hay quien usurpe supuesto al hijo de mi padre.

-Pero ¿Reinaacaso te ha dicho que te quiere? -preguntó Fabián.

-No precisamente; pero vamos a verFabián¿a ti te puede caber duda quepueda no quererme?

-¿Acaso eres doblón de a ochoMarcial?

-Soy doblón de a ochentapadre Dauro.

-Pues hijo míoGenaro lo será de cientoporque lo ciertoesque él esel preferido.

-¿Preferido? VamosDaurohoy en lugar de reflejar tus cristales el cieloserenoreflejan nubarrones confusos; párateobcecadocompara; Genaroesguapo chicono digo que nopero su cara de ochavo segoviano¿puédesecomparar a la mía de estatua ecuestre?

-Estatua colosal querrás decir.

-Callamanso ríohiélate como el Elbamientras hablo yo... sigamos;Genaro no es tontoeso no; [265] pero no lucirácomo yo en el Senado y en el Congresole falta verbosidad y elocuenciavoz yaplomo. Es de buenos pañaleseso sípero de casa pobrey segundónyo...

-AdelanteMarcialque sé de memoria tu alcurnia y el estado del caudal quehas de heredar; te compondré un drama que se titulará: Marcial con tierra ysin novia.

-¿Quieres-prosiguió Marcial enfuncionado-comparar su cuerpo frelo(9)<notas.htm> como tú dicesempeñándote en españolizar vocesfrancesascon mi estaturamusculaturamis anchurasque son las del bellotipo del gladiadorlas de un Alcibiades como se ven en el Circo?

-Alcides- rectificó Fabián.

-Alcibiades-afirmo Marcial-el brillante y hermoso discípulo deSócratesque es el tipo y modelo que me he propuesto imitar. Lo primero queharé cuando vaya a mi pueblo será cortarle la cola a mi perro; era élvoluptuosofilósofo y guerrero; haré una varianteseré voluptuosofilósofo y político; era él galán en Atenassobrio en Esparta; yo serégalán en Sevillasobrio en Badajoz.

-VamosMarcialno te entusiasmes por Alcibiades y contráete. Dando por decontado todas tus ventajas sobre Genaroriada probará estosino que [266]Reina tiene mal gustopeor elecciónreflexiona poco y no es interesada; perono por eso es menos cierto que tienes que cantar con Espronceda:

 

Las ilusiones perdidas

 
 

son las hojas desprendidas

 
 

del árbol del corazón.

 

-No lloroni con Esproncedani con Jeremías; tú los demás veis visiones.Túmanso ríoostentas imitación del golfo de Nápoles una Fata morganaen la que todo se ve al revés: que me prefieran a mía Genarillo no locreería aunque me lo dijese la misma Reina.

-Bien sabía yo-dijo Fabián-que sería difícil el convencertey poreso no he querido intentarlo hasta tener una prueba auténtica; pero ya que loque dijera Reina no pudiese convencerte¿tampoco lo logrará lo que la propiaReina escribiese de su puño y letra?

-¿Cómo de su puño y letra? -preguntó Marcial bajando el tono.

-Con esta esquela que ha dejado Genaro en un libro que leía.

Marcial arrebató de las manos de Fabián la esquela que habla sacado yleyó:

«¡GenaroGenaro! No persistas en no venirsi no quieres que me desespere.Vende rodillas te lo pidosufre por amor de míel mal gesto de mi madre; [267]pronto cederáconoces mi ascendiente sobre ella. Pero si no cediesenodesconfíes como me lo dicesque decidida estoy a que me saques por la Iglesiay a ser tu mujer y tu esclava. Ven esta noche con Marcialotey mientras éstesaluda a mi madrepodrás meter tu respuesta entre los papeles de música.»

-¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! -dijo Marcial al terminar la lectura sin dejar defijar la vista en la esquelahaciendo con la copa que tenía en la mano unalibación a las Euménides; ¡hola! Conque mientras yo saludo a la madre¿eh?Que la salude el demonio. ¡Pérfido amigo! ¡Zorra sutil si las hay! ¡Malignadañinatraicionera! ¡Falsa mujeragria y desabrida media naranja! ¡Vayavaya! ¡Por eso recalcaba tanto el primo cuando me nombraba! Esto es unatraiciónuna villaníauna alevosíauna usurpación en él: en ella unpésimo gusto. ¡Y qué carta! ¡Qué carta! ¡Es un tapizuna alfombrauntapeteun felpudo! ¡Esta es la desdeñosala variala orgullosa y altiva!¿Lo concibesFabián?

-Sí-dijo Fabián-porque esta es la suerte de todas las altivas: ReglageneralMarcialninguna más sumisa que las altivas en las que un orgullopersonal embota la dignidad mujeril. No hubiese escrito la suave y modestaLágrimas una carta así; nola mujer suave y amantesufrecalla y muerepero no se degraday esa carta es degradanteMarcialescrita por una mujercomo Reina. [268]

-Por supuesto que lo es-exclamó ese-; si hubiese sido dirigida a míandacon Dios; pero a ese cazurroa ese trucha; es una pifiaun rasgo de locurahumildey así conmigo se ha desprestigiado; esa Reina ha bajado de su tronoesa diosa de su Olimpo y esa santa de su altar.

-¿Por fin te has convencido? -preguntó Fabián-te lo avisé con tiempoMarcialque no te quería¿no te acuerdas?

-¿Y lo había de creer porque tú lo dijeses? ¿Tienes patente de infalibleo diploma de sábelo todo?

-Debías haber recordado el dicho francés de que lo cierto puede a veces noser verosímil.

-No necesito tus textos gabachos para comprender las cosas que pasan poracá; bástame haberme puesto a considerar lo que son las mujeressacos deembustesabismos de caprichostipos de extravaganciasconjunto de anomalíascaos de contradiccionescolección completa de falsedadesque engañan sinquerery mienten sin poderlo remediarculebrasescorpionescamaleones ybasiliscos.

-Perovamos a verMarcialcálmate; ¿qué derecho tienes de culpar aReina? ¿Te ha dado acaso alguna vez esperanzas?

-¿Pues quécrees-exclamó Marcial-que he vivido sin esperanza como loscondenados del Dante?

-Las habrás abrigado de tu propia cosechapero no porque ella te las hayadado; es preciso ser justo. ¿Te ha escrito acaso una carta como esta? [269]

-Nopero no era necesariaporque jamás me ha puesto mi tía mala cara sinoel día que llevé allá a ese Tiburcio.

-¡Y quétú aguardabas otra cosa!

-Aunque así hubiese sidode menos nos hizo Dios. Falsosrefalsosmancomunados en mi daño ¡oh! Pero yo me vengaréla venganza es el placer delos Diosescomo dice San Agustín.

-¡Jesús! ¡Jesús! Marcialesta cita excede a todas las pifias; si hubieseSanto Oficio te tomarían en cuenta.

-Bienbienlo dice Hipócrates en sus aforismos; lo mismo tienedígalouno u otro le daré razóngozando en vengarme.

-¿Y qué harásMarcial? Sosiégate. ¿Qué puedes hacer? ¿Qué harás?

-Retirarla a ella mi amora él mi amistad y a ambos mi aprecio. Pero dimeFabián¿no quería ese Heliogábalo amoroso a Lágrimas?

-Sípero diceque no hipoteca su corazón.

-¡Linda alhaja! ¿Qué filtroque talismánqué hechizo tiene ese freloel más frelo de los frelos después de Cívicopara hacersequerer de tal suerte? Otelo se hizo querer de Desdémona contándole susproezas; este sólo puede haberlo logrado contándole sus picardías.

-Genaro-dijo Fabián-tiene méritotalentosaber y gracia; es picantey sobre todo tiene el no sé qué que define Balzac así: un compuesto detalentobuen gusto y deseo de agradar. [270]

-Su no sé québien sé yo lo que esson sus tretassuscamándulassus conchassus triquiñuelassus trazassus amañosy sobretodo su gramática parda.

-AhoraMarcial-dijo Fabián-lo que te pido es que no me vayas acomprometer. Lo que he hecho por amistad por ties lo que debía hacer unverdadero amigo con otro; pero sentiría que Genaro creyese otra cosani quepensara que me quiero entremeter en sus asuntos cuando mi solo objeto ha sidoimpedir que se rían de ti.

En ese momento entró Genaro.

-OyeGenaro-exclamó Marcial apenas lo percibió-¿tú crees que voyesta noche en casa de mi tía?

-Lo supongo-respondió Genaro.

-Pues te llevas chascoun gran chascoun tremendo chasco.

Marcial se echó a reír con unas fingidas risotadas.

¿Eso es para mí un chasco? -preguntó Genaro sin salir de su calma-; noentiendono comprendono me entero y no me impongo (estilo Marcial).

-Tú que todo lo quieres saberentendercomprenderoler y adivinar(ambición Genarística); no sabes una cosa que te importa saber.

-¿Y qué cosa? -preguntó Genaro.

-Que yoMarcialyodonde aquí me vesyo el Marcialote ex-amigo deGenarillono he nacido para pantalla.

-¿No? -dijo con camastronería Genaro.

-No... ni para biombo. [271]

-Sea en buen hora. Doy el parabién al viento.

-Ni para cortinani para tapaderani menos que nada para saludar mamás.

-Pero ¿a qué me dices eso? Con un énfasisprosopopeya y dignidaddignasde mejor causa-preguntó Genaro.

-Para que lo sepas-respondió Marcial con las notas más graves de su vozsaliendo enseguida del cuarto con pasos recios y aire majestuoso.

-¿Qué manía le ha dado? -preguntó Genaro a Fabián.

-Por lo visto la de ser trasparente-respondió éste.

-¿Habla formal? ¿Qué mosca le pica? -volvió a preguntar Genaro.

-Paréceme que es la del desengaño.

-¡Ayay! -repuso Genaro rascándose la oreja-esos picotazos duelen.

-GenaroGenarono has jugado limpio: ¡porqué mantenerlo en su error!

-¿Quién se ha mantenido en el error sino él mismo? -repuso Genaro-; élmismocon el aplomo que Ratel sobre el cuello de su botella; quien se forjaengaños tiene que ver desengaños. Ademáshijo míoen este mundo cada unodebe atender a su juego como Antón Perulero.

-¿Y la pobre LágrimasGenaroesa perla que no has sabido apreciar?

-Es fruta vedadaFabiánla guarda un Cancerberoporque representa uncapital.

 

Capítulo XXII

AGOSTO1848

A pesar del brusco arranque con que se había separado Marcial de sus amigosaquella mañanael que hacía sospechar que su desengaño amoroso lo llevase acolgar las armas de Cupidoy a retirarse al menos por el pronto bajo su tiendacomo Aquilescuando llegó la hora en que solían reunirse para ir a latertulialo vieron llegar sus amigos con un aire que participaba de desdeñosoy de satisfecho.

Se pusieron en caminoprecediendo Marcial por la acera a sus dos amigostarareando la canción que él mismo había traducido:

 

Si el rey me quisiera dar

 
 

Madrid su gran villa

 
 

obligándome a dejar

 
 

por eso a Sevilla. [273]

 

-La montaña está preñada-dijo Genaro a Fabián.

-Sísí-respondió éste-el volcán humea. De aquí a dos mil añosdesenterrarán debajo de su erupción a Reina y a Genaro cual a Herculano yPompeya; os prometo ser vuestro Plinio.

Llegado que hubieronMarcial se paró a la puerta de la salay en lugar depasar el primerocomo tenía de costumbrese hizo a un ladoy con la finura yetiqueta del mejor tonocon mil atentas cortesíasobligó a sus amigos apasar por delante. Mientras estos iban a saludar a la MarquesaMarcialvalidode la franqueza que le daba en la casa su calidad de parientese acercó alpiano; cargó con todo el rimero de papeles de músicay los puso sobre unasilla desocupada que se hallaba en el hueco de la puerta de una ventana no lejosdel grupo en que estaba sentada Reina con sus amigas.

-¿Qué es estoMarcial? -dijo ésta-. ¿Dónde vas cargado con toda lamúsica? ¿Vas a cantar un solo?

Marcial no respondióy después de haber puesto a recaudo los papeles demúsicaencubridores de la traición que se le hacíase dirigió a saludar asu tía.

Aprovechó Reina este instante para llamar a un criado y mandarle ponerlospapeles en su lugar; pero Marcial que volvía a su puestose abalanzó a elloscomo una leona a sus hijueloslos volvió a colocar en la silla y se sentóencima; de lo que resultó que con su gran estatura parecía un predicador en elpúlpito. [274]

Tres cosas se unieron para que al cabo de un rato le fuera faltando lapaciencia a Marcial. La primera fueque estando apartado de los demás nopodía alternar en las conversaciones. La segunda eraporque se deshacía enimpacientes deseos por tener una explicación con su primay cerciorarse de unacosa a la que aun no podía resolverse a dar créditoy si se confirmabaconfundir a su prima bajo sus justos cargosconcluyentes argumentossensatasreflexiones y merecidas reconvenciones. En finla tercera razón eraelhallarse cansado en una posición muy incómoda; pero tampoco quería de modoalgunodejar la importante custodia de los papeles de música.

-Oyeenjuaga vasos-le dijo a un criado que pasaba llevando unoscandeleros a una mesa de tresillollama de mi parte al señorito D. Fabián.

Fabián acudió a la cita.

-¿Eres mi amigo? -le preguntó Marcial solemnemente.

-Hombre¿puedes dudarlo? -respondió Fabián.

-¿Me quieres dar una prueba de ello en una de las circunstancias másapuradas de mi vida?

-Te daré todas las que me pidasMarcial.

-Sabesamigo perfectoreverso de la medalla de otroslo que ha pasado estamañanael cúmulo de perfidias negras que han salido a mi vista de su antrocuevagruta y caverna.

-Marcialte he dicho ya que te ofuscasy que no tienes derecho a quejarte. [275]

-Tengo derecho-repuso cada vez más grave Marcial-a desbaratar sus planescomo ellos han desbaratado los míos¿Quieren guerra? Pues guerra habrá.

 

Si queréis sangre

 
 

sangre tendremos

 
 

la verteremos

 
 

y sangre habrá:

 
 

pero mezclada

 
 

con sangre nuestra

 
 

veréis la vuestra

 
 

cual correrá.

 

-¡Marcial! ¡Marcial! Por Diosdeja esos recuerdos de los tiempos bárbarosde la poesía y pasiones políticas; me horripila oírte.

-Tienes razón¡oh! Manso y poético Dauro: ¡oh! Túque eres una de lasplumas del Fénix español resucitante; pero esto no quita que tenga derecho adesbaratar planes usurpatorios de mis derechos anterioresincontestablesindisputables y fundamentales.

-¿Y qué intentasMarcial? -preguntó Fabián con alguna inquietud¿mequieres comprometer en tus intentos que no apruebo?

-Nono hay compromiso.

-¿Pues que exiges de mí? ¿Qué quieres que haga?

-Exijo-respondió Marcial con su voz más campanuda-que te sientes aquí.

Fabián entre rabia y risa le volvió la espalda.

-¡Ingrato río! -le gritó Marcialal que en su impaciencia [276]se le olvidó el manso y el Dauro; yo me hubiese sentado por tiaunque hubiese sido en las astas de una res vacuna.

Por suerte de Marcial acertó a abrirse en este instante la puerta de la salay apareció la largaangosta y triste figura de Tiburcio.

-¡Cívico! -exclamó regocijado Marcial.

Tiburcio después de saludarse acercó a Marcial.

-¿Es Vd. mi amigo?

-La amishtad avanza en mi corazzzón como lash ideash en mi cabezzza-respondió el Villamarino.

-¿Me quiere Vd. dar una prueba de ello?

-Sherá un desheo realizzzado.

-¿No me lo negará Vd. como lo ha hecho Fabiánese manso Leteoque olvidasus promesas?

-Nada debe negar el hombre al hombre.

-Apruebo la idea ampliándola a la mujer; ¿conque estáis dispuesto?

-A todo.

-Pues siéntese Vd. aquí-dijo Marcial encaramando a Cívico sobre lospapeles de músicael que quedó en su puesto aislado formando un cuadro vivo ymasculino de Dido abandonada.

-Parece que has cedido la presidenciaprimo-dijo Reina a Marcialal verlo plantarse delante de ella con los brazos cruzados.

-No recalques tanto el primoReinaarbitraria e ingrataque no losoy tanto como a ti te parece.

-Quisiera que lo fueras aun menospara que no [277]te atrevieses a tomar esos aires importantes tan ridículos como chocantes.

-¡No lo hubiese creído!... -exclamó Marcial.

-¿El qué?

-No lo hubiese pensado.

-¿Qué cosa?

-¡No lo hubiese imaginado!

-¿Qué maravilla? ¿Qué fenómeno? ¿Qué asombro?

-Que no me quierascuando veinte mil veces te he dicho que te quiero.

-Pues miraMarciallas diez y nueve mil novecientas noventa y nueve estabande másdesde que la primera te dije que te fueses con la música a otra partelo que no has hecho hasta esta noche.

-¿Y por qué tal dijiste? ¿Por qué no me quieresprima ingrata y de malgusto?

-MiraMarcial:

 

El por qué no te quiero

 
 

eso no lo sé:

 
 

pero que no te quiero

 
 

eso sí lo sé.

 

-¿Sabesmujer hermosapero poco reflexiva (como dice la zorra al busto)que tu madre me hubiese llamado yerno a boca llena?

-¡Fatuo! La gloria hubiese sido la tuya al llamar a mi hermosa madre suegra.

-No digo que no; lo uno no quita lo otro. ¿Pero de verasReina caprichosay sin más consejeros de la [278] corona queesa Flora (que no puede ser consejera sino de la guirnalda) amas a esetaimadísimo de Genaroa ese mal amante y peor amigo?

-¿Quién te ha dicho eso? -preguntó Reina mortificada.

-Yo que lo sé.

-Pues sabes mal esocomo otras muchas cosas.

-Séy muy bieny de buena tinta-repuso Marcial conretintín-que el primoel Marcialotedebía servir esta nochede pantalla para esconder cierta esquelita entre los papeles de música; pero...pero no engaña el que quiere a Marcialote. Ya ves como he sabidodesbaratar vuestros planes. Los papeles de música bien guardados están sinobajo de llavebajo de peso. Ariasdúoscorostodos están bajo lainspección de la policía y sujetos a una activa vigilancia.

-Ya sabíamos que os preciabais de poco filarmónico-dijo Flora-pero nosabíamos a qué punto habíais declarado la guerra a la música. Al principiopensábamos la poníais así en prensacon el fin de sacar aceite de músicapara dar suavidad y gusto al oído; pero vemos que pasa la pobre de la opresiónde Herodes a la de Pilatos sin razóny sin más resultado que salir delaprieto que sufren los alegres tornados en plegariaslos coros en misereresylos valses de Strauss en lamentaciones. Santa Cecilia va a dejar de cantary seva a poner a llorarMarcial.

-La música es un poco callada para servir de confidente y hacer buenosoficios-contestó éste-; pégale [279] estomejor a la diosa de las flores; pero no de aquellas que tienen la suavemiel en su senosino de las que bajo su bella aparienciaencierran sutilvenenocomo la belladona y comparsa.

-Marcialos advierto que Cívico va a absorber tanta armoníaque va aprorrumpir en un furibundo recitado en honor a monchu Cabet-como diceFabián.

-Pues esta noche no se va a Icariani se mueve de ahí por más que Vd. loprocure y otros lo deseen. Nada; esta noche no hay estafetacontentarsehan con telégrafo. La venganza es el placer de los diosescomo diceHipócrates o Sócrateslo mismo da.

-Marcial-dijo Flora con toda la zumba y la chuscada andaluza-; publicadindultoproclamad amnistíalibrad de fiera opresión a las ariasdúos yvalsesinjustamente acusados de complicidad en una traicióny arbitrariamentepuestos en un estado de sitio de nueva invención. Ved-añadió alzando unaesquina bordada de su pañuelo y enseñándole el pico de una esquela-yconvenceos de que ese pobre Cívico pierde ahora sus esfuerzos en mantener suequilibrio personalcomo lo pierde en otras ocasiones en querer destruir elsocialsegún dice Fabián.

-FloraFlora-exclamó furioso Marcial-sabed que un imprudente amigo espeor que un enemigo. Te pierdo-añadió volviéndose a Reina-lo veolo [280]notola percibo y lo conozco; pero en cambiotú me pierdes a míasí en elpecado llevas la penitencia. ¡Perderrechazardesapreciar y rehusar unpartido como yo!

-Si partido abultas tanto¿qué sería entero? Marcial.

-Yayapor eso me nombras indecorosamente Marcialote. Yayacomo tegustan los frelos. Primasépaste que nunca por mucho trigo hubo malaño. ¿Te has paradoprimaen considerar lo que pierdes? ¡Un partido comoyotan ilustre!

-Más es el obispo que es ilustrísimo.

-¡Inmediato a una grandeza!

-Que yo para mí no deseo.

-¡Con derechos a un ducado!

-Y ningunos a míasí no seas pesado. ¿Será preciso inocularte el no comola vacuna con bisturí?

-¡Con tan pingüe caudal!

-Y otro mejor de voces.

-¡Con tantos molinos!

-Y todas sus moliendas.

-¡Con tantas dehesas!

-Y todos sus pelos.

-Te retiro mi amormi afectomi cariñomi admiración y mis simpatías.

-No se me conocerá en la cara.

-Adióspuestúque has llevado la ingratitud y sequedad hasta lofabulosoportentoso y fenomenal. ¡Adióshasta nunca! [281]

-¡Jamás amén! -dijo Reina-; andareleva a Tiburcioal menos que el estarahícomo lo has puestono sea un nuevo método de enseñar música de tuinvención. Cívico-añadiómientras iba Marcial con pasos agigantados acoger su sombrero para irse-¿le gusta a Vd. la música?

-¡Oh! Shí sheñora; pero sólo la española; en Francia es nula.

-Pues y AuberAdamHalevyHaroldBerliozF. David-dijo Fabián.

-¡Ah! ¡Bah! ¡Fárrago! -respondió Tiburcio con un desprecio de pseudoilustrado; primo hermano del que brilla en el millonario soez.

-Pues¿y la italiana? -dijo Reina.

-Esh shólo cantábile.

-¿Y la alemana? -exclamó Flora que era muy música.

-Shólo she puede oír en los valshes Straush. No hay másh múshicaque la eshpañola. Mi amigo el maestro Arpegio ha compueshto una óperaquereúne todosh los dhotes del genio univershal.

-Nunca he oído nombrar a semejante maestro-dijo Reina.

-¡Ya! ¡Qué quiere ushted! ¡Como esh eshpañol! Es su ópera una obramaeshtray puede ushted creermepueshto-añadió poniendo gravemente sulargo dedo sobre una oreja de iguales dimensionesque losh demásh tienenorejashpero yo... tengo oído.

En este momento Marcial llamó a Tiburcio. [282]

-Venga Vd.-le dijo-ya no es necesaria la vigilancialo que se quiereevitar es un hecho consumado. Vamos a la plaza del Duquea gozar de lanaturaleza y a hablar de políticaque es lo que importa: las mujeres sonindignasindignísimas de ocupar nuestra atención varonil. Si no fuera porquequiero ser diputadome iba ahora mismo a la Trapa para no ver ninguna en todami vida. Si hacen presidenta del Congreso a una mujer (que todo podrá sucedersi triunfa la mujer emancipada como Vd. quiere)dimitiré mi encargo dediputado. Ojalá reinase en España un Faraón que dispusiese para las reciénnacidas hembras lo que el de Egipto dispuso para los recién nacidos varones.¡Qué compuesto de gatoserpiente y urraca maligna! ¡Qué inclinacióninstintoquerencia y simpatía tienen por todo lo malotodo lo peor! ¿Hayqué escoger entre dos cosaso hombres? De fijo escogen al peor. ¿Hay quehacer mal tercio a alguno? Ahí están ellas más listas que una sabandija.¿Hay que mentirengañardisimular? Ahí están ellas. ¿Hay que hacer burlao escarnio? Ahí están ellas. Se equivoca la Escritura; semejantes bichosperversos no salieron de la honrada costilla de un hombre; esa costilla lacambió con disimulo Lucifer por una de las suyas. ¡Qué cuentos contra ladignidad de los hombres políticos inventan! ¡Aturde! ¡Qué traiciones fraguanen un santiaméncontra un hombre honrado! ¡Pasma! Y nosotros siempre comopapanatas con la boca abierta delante de ellasy bailándoles el agua [283]delante. ¿Habrá zoquetes como los que vestimos por los pies? Basta ya por miparte; es preciso poner coto a su ilimitada tiraníalocos caprichosy tercasvoluntariedades. Desde ahora hago un proyecto de ley para presentar a las Cortescontra los derechos...

-¿Los derechos de qué? -exclamó Tiburcio horripiladohorrorizadoindignadoparándosee irguiéndose enmedio de la plazaen que apareció a laluz de la luna como el más derecho de los derechos.

-Contra los derechos de las mujeres-contestó a gritos Marcial-. Quiero quese les suprima el de rehusar a un hombre por cónyugecuando este traiga almatrimonio todas las condiciones materialescorporales y espirituales queconstituyen un marido perfecto; es decirclase y dinerosalud y buen parecercualidades y capacidad.

Después que largo rato aun hubo desfogado Marcial con estos y semejantesdiscursos su incomodidadle dijo Tiburcio.

-Eshtoy muy apuradoamigo Marcialporque mi madreesha shanta varonameeshcribe que me vuelva al deteshtable villlorro de Villlamar donde vi la luzzzdel díay me shitia por hambre para forzzarme a shepultarme en vida como unavestal.

-¿Y no os quedáis por falta de peculio? -dijo Marcial-pues venid mañanaa casalo tengo frescoos prestaré seis onzas. [284]

-Agradeshco esa prueba de amishtadosh daré recibo.

-Yo no tomo papeles de mis amigos-respondió Marcial.

EfectivamenteTiburcio había recibido pocos días antes la siguienteepístola:


Carta de Tiburcia a Tiburcio

«¿Te piensas túrapazque mi tiu Bartulumé me dejó buenos cuartos paraque lus jastestúviviendo con la fantesía de un marquésmientras nusotrustrabajamus tudus comu mulus? Es verdad. Non es esu razón; asínpuesfillo dodemume alejraré que recibas esta con prefeuta saludy que cun la misma temuntes en el mulu del tío Blas el arrieru y ti plantes aquí en un decirJesús; pues si asín no lu haces a fe de Tiburcia que me plante yu en Sevilla yante justiciay saque de tus jarras y de las de tu padrelos cuartusque me dejú mi tiu Bartulumées verdad.»

No habiendo surtido esa carta el deseado efecto mediante la marea alta que elpréstamo de Marcial causó en la bolsa de Tiburciola alcaldesa que sabíacumplir lo que prometíase puso en marchasin atender a los ruegos yrepresentaciones del alcaldeque de coraje tiró la vara.

Viosepuesal tercer día una brillante cabalgata[285]atravesar las calles de Sevilla. Sobre un mulo que se había desarrollado encolosales proporcionescomo planta criada en un invernáculoestaba sujeta conbuenas cinchas una albarda de una tercia de espesorsobre la cual se abrían ycruzaban los brazos robustos de unas jamugas para recibir el abultado torso dela señora alcaldesa de Villamarempingorotada aun por algunas almohadas.Estasabrumadas por un peso inusitadoerizaban y abrían sus faralaesfuriosamente almidonadoscomo abre el pavo su cola cuando se le inquieta. Elmulo levantaba de cuando en cuando una orejay luego la otray luego las dos ala parcomo si quisiera demostrarque una y una hacen dos. Algunos arrierosmontados sobre mulos pequeños o burrosfiguraban a lo vivo los satélites deaquel astro preeminentey lo rodeaban con toda clase de atenciones y deobsequiosos; ¡arre mulaso! Animalmaldito sea tu pelo. Ni una reinaen su trono se hallaba más satisfecha que lo estaba la señá Tiburcia en elsuyo con la corte que la rodeaba.

Vestía nuestra heroína con añejas reminiscencias de su paístrayendo unpañuelo encarnado liado al rededor de su cabezacuyos dos picos anudadosformaban un tremendo rosetón sobre su sien izquierda.

Tenía puestos unos grandes y toscos zarcillos de filigrana de plata gallega.Una cinta de terciopelo negrade la que pendía una cruzrodeaba su cuelloque no hubiera podido un poeta moderno entusiasta de lo esbeltode lolargo y angostocomparar no diremos [286] a uncuello de cisnepero ni de pato. Pendían desde su cintura en compuestos yadecuados pliegues unas enaguas cuyos colorines parecían una cáfila demuchachos saliendo de la escuelaen lo vivoschillones y contrapuestosperono cubrían los magnos pies que sólo besaban; estos con la mayordespreocupación se empingorotaban en competencia de las orejas del muloyparecían preguntar con arrogancia al que se acercaba demasiadosi deseabaconocer a lo que sabía un puntapié gallego. Las dos manos de la alcaldesaquecomo recordará el lectorera una enemiga acérrima de los guantesse apoyabanen su inocente desnudez primitivasobre los remates de los palos de susjamugascomo la garra de un león sobre un globo. De esta manerafuerte con suvalor y con su mulo atravesó la seña Tiburcia las calles de Triana y deSevillapreguntó si los Humeros eran el Alcázarel café de la Campana laLonjay San Andrés la Catedraly llegó cerca de la plazuela de la Pavadonde vivía su hijo.

Al oír el tropel de las bestiasasomó Tiburcio por la reja del cuartuchobajo y húmedo en que vivía sus largas naricesy dejamos a la consideracióndel lector su estupefacción cuando se dio con las de su madre.

-Aquí me entru aunque no llueva-dijo entrando marcialmente en la casa laseñá Tiburcia. Soy la madre de ese rapaz para servir a Dios y a Vd.y levengu a ponere las peras a cuartu.

La buena alcaldesa venía tan de mano armadatan [287]decidida a acudir a los tribunalessi su hijo no accedía a volverse con ella aVillamarque este atolondrado por las ruidosas amenazas de su madrey obligadopor las circunstanciaspartió con ella al día siguienterenegando de la queera basta autora de sus díasy cruel autora de sus conflictos. [288]



 

 

Capítulo XXIII

AGOSTO1848.

A poco Lágrimas escribió a Reina esta carta.

«No te he escrito antesReina míapor dos razones; la una porque estoytan débilque la pluma pesa en mis manos como una espada en la mano de unniñoy se retrae de servirmecomo si hasta ella se negase a proporcionarme unconsuelo. La segunda causa esel que no me estimula a escribir elconvencimiento de causarte un placer. No te doy quejasReina; las quejas sonexigencias disimuladas; quiéreme a tu manerayo te querré a la mía.¿Consistirá esta diferencia en el querer nuestroen que la tristeza es mástierna que la alegría? ¿En qué el sufrir ablanda el corazón y el gozar loenfría?

»Esto es natural y sencillo; también puede que [289]consista en que cada uno es querido según merece serlo. Sea lo que fueredoycuanto puedo y me contento con lo que recibo.

»Decía Fabián:

 

»Puédese extender a más

 
 

que no hablo de temor

 
 

porque no tengas dolor

 
 

del mismo que tú me das.(10)<notas.htm>

 

»Voy escribiéndoteesta carta a ratos; así será incoherenteperosiempre tristeporque todos mis ratos y momentos lo son... No me culpes poreso; no sé fingirpero menos que nada la alegría que no conozco. Ojaláhubiese podido aprenderla de esa Flora a quien Dios se la ha dado como lospadres dan premios a sus hijos cuando son buenos.

»Poco tengo que decirte; no veoni puedo ver a nadie porque no salgo de micuarto. El otro díaviendo la criadaque es muy desabridaque apenas podíarespirar y que me estaba ahogandocreo le di lástima y se empeñó en quesubiésemos a la torre para ver si el aire puro me hacía bieny la hermosavista me esparcía.

»No pude subir hasta lo altoporque las casas de Cádizque estánlabradas a todo costetienen hermosas y elevadísimas torrespero subí lobastante [290] para disfrutar de la vista. Es estahermosa¡pero que triste! Mary siempre marReinala cual es tan monótonacomo una pena que no tuviese ni remedio ni olvido. Los barcos anclados en labahíame parecían todos féretros que llevan su cruz para ponerla sobre latierra luego que fuesen enterrados. Veíase en lontananza muchos pueblecitos alborde del martan blancos que parecían de lejos rebaños que beber a un lago.

»La mar aquel día estaba en calmacomo dicenel sol le daba brillocomoen pequeño una luz a un brillante. PeroReinano creas que cuando está encalma la mar es por serenidad; es porque duerme; y aún entonces no estásosegadaporque ni el sueño tiene tranquiloy su respiración se agitaincesantemente. ¡Qué árida deja la tierra que pisa! ¡Qué muerta!¡Cubiertos de sal como la maldición de la Bibliadeja los lugares porquepasa!

»Una cosa hermosa hay en CádizReinay es su faro. El faro lo inventóalguno que pasó una tempestad en la marcomo la que nosotros sufrimos. Losfaros sonReinauna estrella del cielo que la caridad trajo a la tierra.Cuando lo miroReinay lo veo tan grave y tan tristepienso que es por losnaufragios que habrá vistosin poder remediarlospuesto que no puede hacerotra cosa que vigilar y avisar el peligro; porque élasí como todo socorrohumanotiene un poder limitado: sólo el de Dios es infinito y todopoderoso. [291]

»Si yo fuese ricay pudiese disponer de lo míodejaría mi caudal para lacreación de un faro. En su interior habría una capilla en que orasen fieles alSeñor por los infelices que están en la marpara que tuviesen a la vez ambosauxilios.

»¿Te cansa tanto el leer esta carta como a mi el escribirlaReina mía?Bien veo cuan opuesta y cuan hostil sigues con élpuesto que apenas mele nombras sabiendo el inmenso placer que en ello me hubieses dadoy debiendoestar persuadida que es mi único consuelo en una ausencia que hace de mi vidaun suplicio. Si él me quisiesecomo yo creía que se debía querersedebería haber bajado a ti para suplicarte me dijeses en su nombre siquiera queno me olvidaba. ¡Cuánto me habéis hecho sufrir con vuestra contraposiciónsin que la amistad en la unani el amor en el otro hiciesen por mí el levesacrificio de haceros ceder en nadani en mi presencia entoncesni en miausencia ahora!

»El médico dice que me aliviaría el salir de Cádiz; pero por más que selo repite a mi padreéste no dice que síni que no. A mí me es indiferente;deseo tanto una sola cosaque no me quedan fuerzas para desear otra alguna; esacosaReina míaes veros.

»Ha pasado el Equinoccio bramando y dando a Cádiz el espectáculo de unalucha de fieras entre el mar y el huracán. ¡Qué mala estuve entoncesReinamía! Estamos ahora en la canículay tú estarás sentada [292]en el patio entre flores como su Reina. Me parece verte y cuanto te rodeay muchas veces cierro los ojos para que nada me distraiga de estacontemplacióncomo hago cuando rezo. Aquí lo que hay son unos furiososlevantes que me hacen mucho mal. Los levantes aquí son las tempestades deverano que en lugar de aguacerosexpenden arena y polvo abrasador con el queagostan la tierra. Esto pruebaReina míaque para la naturaleza como para elcorazónno hay estación bonancible. Cual si quisiesen firmar por míya vescomo han caído aquí mis

LÁGRIMAS.»



Esta pobre cartaescrita con tanta ternura y melancolíano le fueagradable a Reina que la guardó y no se la enseñó a nadie. No obstantealgún tiempo después contestó a su amiga en estos términos:

«Si allá tienes levantesaquí tenemos solanos y recalmonesmi queridaLágrimas; así no te hagas ilusiones de que en parte alguna esté el paraíso.La esperanza dora el porvenirla memoria poetiza lo pasadosólo lo presenteno tiene abogado; así la razón debe poner las cosas en su verdadera luz paravivir tranquilala razón en un carácter dócil y suave como el tuyo debe sertodopoderosa; no ansíesmi querida Lágrimaspor lo que la suerte te niegalo que contribuye a que no se restablezca tu salud. Acuérdate del refrán deFlora: olvidar es lo mejor; y [293] tenpresente que el olvido es un bálsamo y el recuerdo un corrosivo.

»Quisiera distraerte con mi cartay que no reanimase ella ideas que tupadre repruebaasí nada tocaréhija míaque con ellas se roceporquedeseo con ansia saber que estás buena de salud y tranquila de espíritu.

»¿Es posible que no puedas ni quieras dejarte de ocupar tan angustiosamentede esa mar que otros hallan tan bella? Rodea a Cádiz como una amigaque lahace rica y le comunica su actividad; le acaricia con sus brisas la frentelearrulla el sueño con el murmullo de sus olasy le brinda su sabrosa pesca.Descarga la mar a los ríos de sus crecientesque si no nos inundaríanmece alos barcos como una madre a sus hijos entre sus brazosles abre sendasy sihay algún escollolo azota como para quitárselo de delante. Si en sus lidescon el huracán se halla un barcoella lo sostiene cuando aquel quierederribarlo: así no lo mires sólo por su pavorosa faz. ¿Sabes el secreto quecrees tú guarda la mar en su seno? Flora lo sabe y me encarga que te lo diga;son perlas como túcorales como ella y ámbar como yo.

»Te daré algunos pormenores de lo que aquí pasa para distraerte. Marcial yyo hemos reñido de fuerte y feo. Se ha retirado de casa como por allá dicenque se retira el mar en la baja de las mareas vivas; sólohija míaque no hadejado para memoriacomo ella haceun solo grano de sal. Me amenazó condesterrar [294] de su cabeza toda ilusión ysimpatía por mí; como me es perfectamente igual que tenga en su cabezailusiones por mí o garbanzos tostadosno me aterró la amenaza. Se ha recibidode abogado y ha marchado a su pueblo en el que dicen se van a repicar lascampanas a su llegaday habrá función de novillos de un año. Flora y Fabiánpasan su vida como aquellos pajaritos moscas de América de los que se dice sontan ligeros que los sostiene el airepor lo que no tienen piececitos paraposarse y pasan su vida cerniéndose en la fragancia de las flores.

»En cuanto a Cívicoha desaparecido de entre los vivos; pasó ese triste cursicomo un meteoro sin luzun trueno sin ruido. Marcial es regular lo haya sentidoy llorado como un hormigón a su ratón Pérez. Dicen que vino la alcaldesa deVillamar a buscar a su hijo prófugo. Fabián que la vioasegura que parecíala mujer del coloso de Rodas montada en el caballo Troyano. Se llevó estarespetable autoridad maternal y municipal a su hijo metido en un canuto decaña; llevaba éste de bagaje (todas noticias de Fabián) la noble ambiciónalicaída; las ilusiones marchitas y secas como flores cordiales; el panal quedestila la miel poéticaexprimido y hecho un cerillo; la independencia en lafrenteel desdén en los ojosel socialismo en la nariz. ¡Cuánta tonteríahija mía! Pero Flora me va dictandoy mi fin es distraerte un rato.

»Don Domingo siempre te está recordando con un cariño tan verdaderoqueni que fueses Carlota Quinta. [295] Flora te abrazacomo tu más verdadera amigami madre como una madrey yo como una hermana.

»REINA.

»P. D. -A tu padre que lo pase mal.»



Antes de marchar Marcialhabía recibido la siguiente interesante epístolade Tiburcio.


Tiburcio a Marcial

«Querido amigo:

»Sólo la filosofíapuede dar conformidad a la persona que no sea unautómata para vegetar como yo lo hago en este detestable villorrio. El hombreque siente su valer y está condenado como yo a la inacción es untorrente que se quiere sujetar y que al fin rompe sus diques abriéndose pasopor donde puede; un león que destrozará sus redesun águila que despedazarásu jaula. Soy como otros muchos una víctima del viciado orden social que nosoprime. Pero u ocuparé en mi país el lugar que me correspondeo no ocuparéninguno; no degrado mis facultades ni transijo sobre el puesto que la concienciade mi valer me asigna. O Césaro cesaresta es la divisa del hombre quesiente su dignidad y su fuerza. Mediante la propagación de las luces del siglose ha aumentado considerablemente el número de los hombres superiores.Déles el gobierno su puestoo sino no se meta [296]a legislador. Esto lo digo por si fuese Vd.como es naturalelegido diputadohaga esto presente en las cortes. Para los mandos se deben elegir hombres deconciencia y de cabeza. Hablando de cabezaagradecería me mandase un sombrerorepublicano; son los más fashionables y los únicos que gasta este sumás amigo y más desterrado que muere de spleen (splin).

T. CÍVICO DE MUÑEIRA.»



Lector de las Batuecasmi amigopor razón natural tú no sabes qué esfashionable(que se pronuncia fachenable). Consuélate con saber queconocemos a más de cuatro pseudos que usan muchísimo esta intrusa voz yno lo saben tampocoasí es que la suelen aplicar a la manera que guisó unamigo nuestro de tierra adentro unas ostras que le mandaron de un puerto de mar;y fue con las conchas y en arroz como las almejas. Te lo vamos a explicarnosea que te suceda como a un amigo nuestro que estuvo tres días buscando en elDiccionario de la Academia la palabra pot pourri.

La fashion es una palabra inglesa que equivale al bon tonfrancés que también nos hemos apropiado españolizándola y diciendo buentono. En nuestra lenguano hayque sepamospalabra que equivalga a estas.De esto deducen los pseudosque la cosa no existe ni ha existido enEspaña; (cosa de los pseudos)y que la lengua española es anterior conmucho a la creación de las lenguas de la torre de Babel. [297]

Tú y nosotros que no somos ilustradosque ayunamos a mucha honra y rezamosla oración sin cuidarnos que nos digan hipócritasjuzgamos que si no seinventaron esas palabras fue porque no se necesitaron; y es porque aquí aldecir con Lope y Calderón señora y caballerose decía todo loque se puede decirse ensalzaban cuanto es dablelo finolo nobleloelegante y distinguidopor ser tan anejo a aquellas denominacionesque hubiesesido un pleonasmo decir señora fina y elegantecaballero noble ydistinguido. Hoy día la cosa ha mudado. Cada cuál se dice a sí mismocaballeroaunque no siempre lo prueba; y eso de caballeromás vale probarloque no decirlo. Es verdad también que por lo visto basta hoy día ser honradovalientey vestir frac para tenerse por caballero. En cuanto a señoraes ya voz genérica del sexo femenino.

Ahorapueslectorfigúrate unas magníficas ruinaslas del Partenónpor ejemploy que sobre ellas labrasen los modernos atenienses y con susfragmentos un cottage inglésun Kiosqueun belvederepues asínosotros sobre las ruinas del señorío y caballerismo labramos el cottagefashionel Kiosque bon tonel belvedere elegancia. Ahítienes.

Comprenderás que conservaránestos su aire extranjero. ¿Por quépuesno reedificar el edificio ya que tenemos los materiales y el modelo?

Lo fashionablecomo lo entiende su padre que le dio el serAlbiónes lafinuradelicadeza y distinción [298] en laspersonas y cosas; no tienen más regla que el buen gustoy es su severidad eintolerancia su única fuerza. Se emancipa de todo poder como reina arbitrariaaun al de la brillante y preponderante aristocracia inglesay así declaró serde los suyos el Rey George IVy expulsó al Rey Guillermo IVsu sucesorporque la fashion no es un vestido de tisúes un vestido de holán con lablancura de la reciente nieve que tina arruga desluceque una manchaaunquesea de aguadesdora.

Admiramos su fashion en los inglesescomo admiramos todo lo que es delicadoy distinguidoporque al fin tiende a elevar la naturaleza humana. Pero debemosreconocer es hijay por lo tanto adecuada a su carácter. La índole de losingleses es naturalmente áspera: su finuraque está muy lejos de serespontaneanecesita un severo dictadory ellos se lo han sabido dar con lasreglas de la fashioncuya minuciosidad y trivialidad son a veces altamenteridículas en una sociedad que se precia de gravey en hombres tan superiores.

Cada cosa en su lugar propio y adecuado.

Eso de un rasero para todoses un contrasentidoquerido lector. ¿A quiénle cabe en las mientes de vestir a John Bulla Mayeuxque es jorobado(11)<notas.htm>y a D. Quijote con el mismo gabán? [299]

Ahora bienaplicar la voz fashionese suave perfumeese soplo inasibleesa guirnalda de rosas que oprime más que una de hierroese Fénix de quientodos hablan y pocos han vistoa un horroroso sombrero republicano¿no es(tal como lo pusimos en un ejemplo materialote)no saber sacar la delicadaostra de su conchay guisarla como la tosca almeja?

Otra: el spleenque es mal de ricos y felices (a la manera que se entiendeen el mundo la felicidad)es el hastío de la abundanciala inercia del que nosabe que apetecery ansía por desearcomo otros por ver cumplidos sus deseosaplicar esto a una superabundancia de deseosa un berrenchín causado por laenvidiala soberbiaunida a la incapacidadla impotencia y la ignorancia;¿qué te parece? ¿Confundir los efectos del hambre canina y del empalago?Cosas de pseudos. [300]



 

 

Capítulo XXIV

SETIEMBRE1848.

Una tarde a fines del mes de setiembrese veían en la playa del puebloolvidado en el Diccionario del Señor Madozgrupos numerosos compuestos detodos los vecinos que se hallaban a la sazón en el lugarlos quecon la bocaabiertamiraban el fenómeno portentoso que aparecía en el mar. Vamos adetallar estos grupos antes de indicar el fenómeno.

En el lugar preferentees decirsobre un trecho de dorada arenalibre delcieno que engulle el pie y de las rocas que lo rechazanestaba el alcalde y asu lado su cara mitad. Jamás se aplicó mejor este epíteto al matrimonio en lofísicoporque se habían nutrido tanto de sanas ideas y alimentos de la mismacalidad de las ideasque habían engordado así como vivido en amor y compañade modo que puestos de [301] espaldas formabanexactamente un gran globo terrestre descansando sobre cuatro columnas. Laalcaldesa vestíacomo ya sabe el lector que asistió a la entrada triunfal quehizo en Sevilla en el descendiente del caballo Troyanosólo que los picos delpañuelo que llevaba atado a la cabeza y colgaban por detrásestaban hoy demal talanteazuzados por la brisaformaban a espaldas de la alcaldesaunairreverente contiendavolando airosamente con la fantasía de grímpolas.

Al lado del alcalde estaba el médico D. Juan de Diosdándole noticiasexplicativas sobre el fenómeno en cuestión; al lado de la autoridad localfemeninasiempre derechopero cada vez más flacoestaba nuestro antiguoamigo D. Modesto Guerrerotan absorto en la contemplación del fenómeno queveíaque no atendía a otra cosa. Advertimos de pasoque aquellos tresvigilantes de la defensade la salud y de la tranquilidad pública de ese felizVillamarnada tenían que hacer y no desatendían la más mínima obligacióndisfrutando del dulce farniente y gozando de su admiración.

No en vano aseguraba la difunta excelente tía Maríaque Villamar era loque eraporque estaba labrado cabal y perpendicularmente debajo del trono de laSantísima Trinidad(12) <notas.htm>. [302]

Detrás de este grupoque se ventilaba a su saborse paseabadandodescomunales zancadasTiburciocon las cejas fruncidas a lo Manfredoy loslabios sarcásticos a la Mefistófelesente desconocido y despreciado¡infelizdesterrado en su pueblo!

Más arriba de este grupo principal y respetablesobre unas rocas quesacaban sus calvas cervices entre la arena y las olasunas cuantas muchachassaltaban de unas en otrascomo procurando acercarse lo más posible al objetoque causaba el asombro general.

-Alabados sean los Santosel sol de Diosy el pan blanco-exclamó la másligeraque saltando como un sarapico de roca en rocase había adelantado alas demás-. ¡Virgen de los Milagroseste es uno! Acudid vosotrasy ved; notiene patasni tiene alasni le silganni lo empujany anda.

-¿Oye Paulate trae esa arca de Noé una herencia de Indias que tan alencuentro le sales? -dijo la que la seguíaque habiendo dado un resbalón sepuso a chillar desaforadamente-. ¡Ay! ¡Ay! Que me ha mordido un cangrejo conunas tenazas como dos espadas; maldito espantajo ese-añadió volviéndose ala orilla que parece una boya y echa mas humo que un horno de cal. [303]

-¿Oye-dijo otra-te metías tú en ese faluchón?

-Ni para ir a la gloria.

-Pues yo sí-dijo Paula-con tal que me llevara a los toros del Puerto.¿Quién dijo miedo?

Algo más distantecerca de la embocadura del pequeño ríohabía otrogrupo numeroso de hombres y mujeresentre los que descollaba por su fealdadnuestro antiguo conocido Momo. Algunos de la marasí les llaman a losque componen las tripulaciones de los faluchosestaban recostados en las peñascon marcada indiferencia por el objeto que llamaba la atención general.

-¡Jesús del Socorro me valga! -decía una mujer-¿pues no corre sin velasni remosmás súbito que una exhalación?

-¿Pues y aquella bandera negra que trae y se va desvaneciendono parecegrímpola del infierno? -dijo otra.

-OyeJuan José-preguntó una vieja a uno de la mar-¿cómo dicestú que esa nao se llama?

-Vapó

-¿Y para qué han hecho ese pontón que anda solo como china cuesta abajo?

-Para dar un chasco al viento y quitar el pan a los veleros.

-¿Has visto muchosJuan José por esos mares?

-¡Jesús! Más de diez mil.

-Pero hombre¿me querrás decir cómo anda y se mueve hacia dónde quierecomo si tuviese poder y [304] voluntad de por sípropiosiendo de tablas como los demás barcos?

-Eso-dijo la mujer que primero habló-no puede ser sino por milagro deDioso arte del diablo.

-Ni lo uno ni lo otro-repuso el marinero-anda... anda... anda pormáquina.

-¿Qué anda por máquina? -dijo la vieja-oyeJuan José: si porque hascorrido mundoy vas a Cádiz a llevar las calabazas y los meloneste hasfigurado que nos puedes acá comulgar con ruedas de carretate engañastequeacáhijo míono nos chupamos los dedos.

-Pues entonces¿a que pregunta Vd.tía Diente y mediosino me hade creer? Dígole a Vd.créalo o noque anda por máquina.

-¿Y tú sabes-dijo el carpintero de basto a quien el alcalde habíaempleado en hacer una máquina complicada para dar de comer a las gallinasyque entre el director y el ejecutor jamás habían podido poner en planta-túno sabesculi embreadoque el mismo nombre lo está diciendomaqui ?(maquinadapronunciado al estilo del pueblo andaluz).

-Momo-dijo una mujer-tú que has estado allá donde está la Reinay elReal palacioy la Virgen de Atocha¿has visto tú otro vapó?

-¿Pues acaso para ir a Madrid-respondió Momo con su acostumbrado buenhumor e innata afabilidad-se pasa la mar como para ir a Cádiz?

-Es que me han asegurado-dijo el de la mar-que hay por tierra vapótambién. [305]

-¿Un barco que anda por tierra? -exclamó Momo soltando una carcajada queparecía un trueno.

-No digo esopalurdoson coches que andan sin caballos ni mulas.

-Por vía del dios Baco-dijo Momo-tú te quieres divertir con nosotrosporque has salido a la marcomo Berlinga que lo echa de buche porque ha estadoen Sevilla. Pues yo he estado en Madrideay asíaunque soy palurdo no melas cuelascompae Sardinas.

-Pues por mí-dijo la mujer-¿por qué no lo he de creer? Media hora hano hubiese creído anduviese un barco sin remo ni vela; lo estoy viendo y tengoque creer o reventar; pues lo mismo que por mar podrá suceder por tierra.

-Si así fuese-opinó un labriego-quisiera que le diesen esa virtud deandar solo a mi aradoporque un buey se me ha muerto y no tengo para mercarotro.

-Es precisu lu ver para lu creer-decía entretanto la señora Tiburcia-.PerfeutoPerfeuto¿qué demuniu es esu?

-El progresomujerel progreso-respondió el alcalde-que no sabía comodenominar el fenómeno.

-Pensara más bien que fuera Ferruleñoes verdadhehahacomu correese prugresu que non le alcanza o demo.

-Bendito Dios que tales maravillas hace por mano del hombre-dijo elcomandante-. Después del de la [306] pólvoraparéceme este el mayor invento que se ha hecho jamás.

-Y lo hisoh un eshpañol-dijo Cívico júnior-con todo locampanudo de su voz y la pureza de su acento madrileño.

-Bueno será-observó la alcaldesa-peru por mí aunque me dieran cienduriños non entraba en ese caldeiru. Tiburciñu ¿qué dirán el francés y elinglés cuando vean ese prugresu?

-Sheñora-contestó éste de mal talante-eshe invento es antiguo; losvapores zzzurcaban lash mares antes que yo naciese.

-¿Qué me dices? E nunca vi ninguno. Preciso es confesareD. Modestuqueestamus atrasaduses verdadlos gobiernos non valen o demo.

-No estoy con Vd.señora-contestó el comandante-. Nada hay que decircontra ninguno de los gobiernos que nos han regido: todos han querido el biendel paíslo único y solo que se les puede echar en cara a todoses el dejararruinar sus fuertes.

En este momento se oyó un ruido infernal; no parecía sino que a la parrugían tigressilbaban boassoplaban dragones en un coro infernal.

-¡Virgen del Chanteiro! -gritó la señá Tiburcia-ese prugresu revientacomo un triquitraque.

-No es nadaseñora-dijo D. Juan de Dios-es que se para la máquina y elbarco va a anclar.

Efectivamenteel vaporconducido por un hábil práctico había entrado enla pequeña ensenada[307] alcanzado un buen fondoarenisco y echaba el ancla. Enseguida saltaron en la lancha para venir a tierrael capitán y algunos caballeros.

Eran estos un rico comerciante de Cádizdueño del gran convento que sehallaba inmediato al puebloque venía con algunos amigos proyectistas yhábiles en la materiaa ver el modo de sacar partido de ese soberbio ygrandioso edificioel que cual una noble y hermosa virgen georgianaesclavizadaiba a ser pasado en revista por un tosco chalán para graduar eldestino que había de darle y el precio que había de ponerlo. Había fletadopara este viaje uno de los muchos vapores que surcaban la bahía de Cádiz.

Este caballeroque compraba conventos de tal magnitudque su posesiónparecía no caber en el mezquino mío y que no se labraron para serpropiedad de ningún individuosino para dedicarlos a Dioshonrar la nacióny realzar el país; ese nababque fletaba vapores; ese personajea quienrodeaba una corte y que llevaba erguida la cabeza y derecho el cuerpocomo sifuesen sus talegas un justilloeste señorpor no decir caballeroera... D.Roque la Piedra para no servir ni a Dios ni a Vd.

El alcaldeque era cortésse apresuró a ir al encuentro de taninesperados huéspedesy ponerse a su disposición. No habiendo en ese bienafortunado Villamarni posadasni cafésni casinoni liceoni fondanicasa de huéspedesni bodegónni aun mesónel alcaldeque además dePerfecto Cívico era [308] perfecto urbanoseempeñó en hospedar a los señores en su casacuando volviesen de suexcursión al conventoy llamó a Momo para que les sirviese de guía.Acompañolos un ratoapresurándose enseguida a volver a su casa para prepararla recepción. Pero apenas comunicó sus planes a su consortecuando se pusoésta en tal estado de rebeliónque el alcalde temió fuese su autoridaddesatendida. Así tomando el tono con el que se promulgan las leyesintimó asu mujerque en punto a pollos imitase a Herodesy en punto a huevos aCacasenoy que de no hacerlo asíle aseguraba a fe de Perfecto Cívicoqueenviaba a Tiburcio otra vez a Madrid. Al oír esta amenazala intrépidaoposición de la alcaldesa se apagó como una hoguera sobre la que se echa uncubo de agua. Se volvió apresuradamentecogió un tremendo cuchillo de cocinay con aire resuelto se encaminó al corralhaciendo la más exacta parodia dela intrépida Judit. No obstantelas cenizas de la hoguera murmuraban¿a quéhabrá venidu aquí ese malditu progresu que hacía la misma falta quelos canes en la misa?

Tiburcioque se había tendido a lo largo en su cama y fumabadecía conalto desprecio:

-¿Qué van a pensar esos señores de este incivilizado villorriodel patánde mi padrede la gansa de mi madre? -es para morirse de vergüenza.

No fue la visita que hicieron estos hombres de especulación y dinero alconventocomo la que le [309] había hecho Steinel cirujano alemán con el hermano Gabriel; ¡nono! Sólo miraban estos lacubierta de aquel magnífico librosin atender a que le faltaban las hojas y elcontenido de ellas; porque este no lo comprendíansólo miraban el palo derosala tallalos bronces de aquel soberbio pianosin notar le faltaban lascuerdasy por consiguiente el sonido y la armonía. Ellos no la hubiesensentidoy así no la echaban menos.

Sentados sobre la suntuosa gradería del altar mayordiscutían sobre elmodo de degradar más pronto esa portentosa obra de la piedad de losantepasadosy arrancarle lo solo que le quedaba: la austera majestad de lasoledadla profunda melancolía del abandono...

¡OhDios mío!... Si hay quien nos pueda culparpor levantar nuestradébil voz gritando tus propias palabras: dad a Dios lo que es de Diosy alCésar lo que es del Césarcúlpesenos enhorabuena. ¿Qué significa elelogio o la crítica a un ente oscuro y desconocidopara atajar en sus labioslas palabras de la verdadlos brotes de su corazón? ¿Qué derecho tenéis adestruir lo que otros labraron? ¿Creéis podercomo Dios a las olas del mardecir a los sentimientos de los fervienteshasta aquí llegaréis? Si lageneración presente condena en sus obras a la generación que labródíallegará en que la generación venidera condene con harta más razón sobreruinasa la generación que destruyó. Cortad la gangrena [310]antes que haga más estragosy dígase que si es de sabios errares de noblesreconocer el error y enmendarlo.

Proponía el uno destinar el convento a una fábrica de papella falta deagua hacía abandonar el proyecto. Otro hablaba de una de curtidos; Momo que fueconsultadocontestó con destempladas razonesque tendrían que traerse laspieles de Cádizpuesto que por allá no se mataba sino machos cabrunos en elveranoy cerdos en invierno. Al fin opinó don Roqueque lo más lucrativosería echar el edificio abajoy vender los materiales como se había hecho contantos otros; pero Momo dijo que allí no había quien comprase tan ricosmaterialesaunque los malbarataseporque no había modo de emplearlos.

Regresaronpueslos señores al lugardespués de dar D. Roquemajestuosamente dos reales a Momoal que poco le faltó para tirárselos a lospies.

¡El demonio del tío Bambolla! -murmurócon esa fachada de casa grande y-¡na! Parece que no cabe el fantasmón en el mundo y se descuelga con dosreales! ¡Vaya! Si lo séni el tío Urdaxni el alcaldeni san alcaldemeacarrean a mí aquí de cabestro. ¡Agarrado! ¡Estítico! ¡No se morirá de riarreano! ¡Caramba con él!

Por el camino siguieron discutiendo los especuladoresy después de muchosdebates decidiose [311] por fin el destino que sele había de dar al convento.

Pasaron delante de la capilla del Señor del Socorro y delante delcementerioy ni la imagen de Dios ni la de la muertedistrajeron un momento laatención de estos hombres de su negocio; y tan muertastan secastan vacíasestaban esas almas a todo santo respetoque ni una de esas cabezas cartillas sedescubrióante cuanto grave y sagrado existe en el mundo. Eran hombres positivos.

¿No se sabe allá el moderno significado de esta palabralector? Pues te ladiré. Esta denominación es un cinismo que indigna; es la divisa de SanchoPanza; es la bandera que enarbola descaradamente lo material sobre loespiritual; es el sombrero de un Gersler importante y vulgaral que se quiereforzar a los hijos de la montaña a saludar con respeto; es en finla quijadadel burro con la que el siglo XIX cae sobre los restos de las cosas ysentimientos grandes y elevados de los tiempos de fede entusiasmo y decaballerismo.

El alcaldeque no sólo era Perfecto Cívicosino Perfecto Urbanocomohemos dichosalió al encuentro de los señores suplicándoles cortésmente quepasasen a desayunarse a su casa. D. Roque no se hizo de rogarno por elalmuerzopuesto que estaba preparado el suyo en el vaporpero porque deseabaadquirir algunas noticias locales del alcalde que le eran necesariasy sobretodo por aquello que ya anotamos[312] de que elrico sólo por serlo se cree con derecho a todoy que en sus relaciones con losdemás hombreslos favorece siempreaunque sea admitiendo un favor:

 

Que acepta el dony burla del intento

 
 

el ídolo a quien haces sacrificios.

 
 

RIOJA. [313]

 



 

 

Capítulo XXV

Habiendo hecho D. Roque varias preguntas al alcalde durante el almuerzohabía venido a sacar en claro que era D. Perfecto su primo hermano. El padre deésteque había venido a establecerse en calidad de herrero a Villamareramontañés y del mismo pueblo que D. Roque. Todo esto lo había preguntado esteal alcaldemovido a curiosidad por el apellido de Cívicoque era el de sumadre. Por lo que toca a D. Perfectoignoraba absolutamente con quiéneshabían podido casar las hermanas de su padrey la parentela que tenía en elpueblo del nacimiento de éste.

Don Roqueque era prudentísimo en todono se fijaba a la ligera en ningunaresolucióny sin haber examinado antes la que iba a tomarpor todas sus [314]fases; así fue que calló al prontohasta calcular si le convendría o nodarse a conocer como cercano pariente.

Si bien en su vanidad y egoísmo hallaba razones para callarhabía otrasque lo llevaban a darse a conocer. Las cabezas bien organizadas y avezadas a losnegociosforman en poco tiempo combinaciones que admiran por notarse en ellasla vista de lince que posee el egoísmoy la profundidad de cálculo de quepuede vanagloriarse la codicia.

Cuando hubieron acabado de almorzary como el tiempo urgíallamó D. Roqueal Alcalde y le propuso un paseo a la playa.

-¿Sabe Vd.-le dijocuando estuvieron a bastante distancia para que nadiepudiese oírlos-que somos usted y yo nada menos que primos hermanos?

-Mucho lo celebro-respondió agradablemente sorprendido el alcalde-¿ycómo?...

-Mi madre-dijo D. Roque-era tan Cívica como usted Cívicosino tan perfecta pues se llamaba Pétrola. ¿Nunca se la oyó Vd. nombrar a supadre?

-En defectorecuerdo... -respondió el alcalde-tengo una idea...Pétrola... sísí. Vayaveo que está nuestra familia en camino de progreso:ya ve Vd. que yo he adelantado más que mi padre saliendo a servirperfeccionando mi artecasándome con una mujer de casa distinguiday bastante pudientey mi hijoque tan bien ha hablado en la mesahaadelantado más que yohaciendo brillantes estudios en Sevilla. Ha [315]estado después en Madriden donde se lució y dejó a todos admirados con losartículos que escribió en el periódico la Víspera del día del juiciocon general aplauso. Ha visitado en Sevilla las casas más encopetadas: era sutertulia la de la Marquesa de Alocazy eran uña y carne mi hijo y D.Marcial*** heredero de una de las casas más nobles y poderosas de Extremadura.

-Todo me lo habéis contado ya-dijo D. Roque-y recontado vuestro hijoytodo eso y nada es una misma cosa. ¿Se ha metido con todo eso un real en lafaltriquera?

-Nopero...

-¿No? Pues amigoentonces ha perdido su tiempo como un pillastre. Vd. conno haber estudiado más que la veterinariaha sabido más que su hijopues hasabido ganar dineroque es lo que hay que saber en este mundo: lo demás eschácharanada más que chácharay ha mostrado Vd. más juicio en casarse conesa gallegotaque le trajo dotey es una buena mujer sana y robustaque sabecuidar de su casa y de sus hijos. Yoamigono tuve esa suerteme casé alláen la Habana con una doña mírame y no me toquesque no tuvo más debueno que el dinero que trajoy que no hizo más en su vida que quejumbrar ymimar a su hija. Ahorapues¿qué va Vd. a hacer con ese gaznápiro de suhijoque no sirve por lo visto ni para un barrido ni para un fregado?

-Un defensor de la libertad. [316]

-Un defensor de las musarañas.

-Un tribuno.

-¿Un tribuno? ¿Y qué es un tribuno?

-El que defiende a capa y espada los derechos del pueblo.

-Por vida de sanesprimoque me dan ganas de volverle a Vd. las espaldas eirme. ¿No hay ya bastante de esa polilla sin ese zanguango más? Abra Vd. esosojoshombre de Diosy mire si el pueblo quiere para nada semejantes tribunos.Mientras más tribunos más tiene que sudarmire Vd. la gracia que leharán; que vaya a ver si ninguno del pueblo le da un maravedí para que vaya a tribunearpor su cuenta. Farsaprimopura farsa; ¿qué ha sacado con eso?

-Le han prometido...

-¡¡¡Sísíel oro y el morocuando lleguen al poder; por vida de lostontos!!! Vamosya veo que vive Vd. aquí en Villamar como si viviese en lalunay no sabe nada de lo que pasa por allá. Déjese Vd. de pamplinas yvengamos al casoque el tiempo urge y tengo que volverme a Cádiz en ese vaporque pago por horas y me cuesta un sentido; además los negocios se debendiscutir en breves y claras palabras. Déjese Vd. para su hijo de tribunasdiputaciones y de artículos políticos que sólo sirven a los almaceneros paracartuchos: hato de vaciedades y de patrañas que maldito si llenan losbolsillosy sí las cabezas de viento. Le voy a ofrecer a Vd. para esedesgabilado paseante en corte de su hijouna regencia que podrá [317]valerle más que la que puedan haberle ofrecido de alguna audiencia territorialy es la de la fábrica que voy a establecer en el convento.

Don Perfectoen quien no habían dejado de hacer fuerza las razones de suprimocomo tienen la suerte de hacerlo todas las razones que salen de la bocade un millonarioaunque sean menos sensatas de las que en su tosco lenguajehabía vertido D. Roquese mostró muy satisfecho de la ofertay tanto máscuanto que no sabía que hacer con ese hijo que ya había medio arruinado a suspadres. Pero lo que más contribuyó a la satisfacción del alcaldefue ladulce perspectiva de reducir a silencio a su mujery extinguir para siempre unafrase pesadaimportunadestempladacon la que esta santa varonacomodecía su hijogolpeaba los oídos del alcalde como un martillo cuarenta vecesal díaveinte a la nochey diez y media entre sueñosy era esta: «Habergastadu mis cuartus en facere de ese fillu miu un hulgazán! Non me lo dejúpara esu mi tiu Bartulumé; es verdad.»

-Hay más-prosiguió D. Roque-. Tengo gusto en que mi dinero no salga de mifamiliani vaya a parar a manos de alguno de los mequetrefes de Cádiz o de loscasquivanos de Sevillaque le tienen echado el ojo; no se mirarán en eseespejopor mi cuenta. Codiciososque andan lampando por un cuarto; mozalbetesin más ocupación que andar tras el peso duro sin saber ganarlo.

Don Roque se fue él solo montando de tal manera [318]contra los imaginarios novios de su hijaque siguió en denuestos progresivoshasta terminar enhato de pillastres.

-Ya se veque no se debe Vd. dejar robar-dijo cándidamente el alcaldeque creyó había intentado despojar a D. Roque una banda de ladrones.

Este prosiguió:

-Tengo una hija única y si se porta bien ese triste varal de su hijocasaremos a los muchachos.

Don Perfecto abrió los ojos tamaños e hizo una exclamación de júbilo: noporque fuese interesadole halagaba más el papelonear que el dinero: pero alfin una suerte como se le brindaba a su hijoera si no un sueño doradounarealidad plateadaque podría en los tiempos que corren realizar el sueño.

-Pianpiano-prosiguió D. Roque-que no he concluidotengo que poner miscondicionesque sin ellas no hay nada de lo dicho.

-Sean cuales fuesen-respondió el alcalde-por admitidas.

-Sabrá Vd.-prosiguió D. Roque-que mi mujer me trajo en dote cien milduros.

-¡Cáspita! -exclamó el alcalde estupefacto.

-Corresponden además a mi hija otros cien mil de gananciales-dijo D. Roqueprecipitadamente como haciendo un esfuerzo penoso.

-¡Pues no es nada! -murmuraba absorto el alcalde.

-Si quiere casarse con mi hija ese pobre vergonzante [319]de su hijo de Vd.-siguió diciendo el fino millonario-ha de cobrarse su dotecon el convento y sus posesionesrecibiendo y atestiguando en la carta de dotecomo dinero metálicola suma que en papel he desembolsado por él.

-Por de contado-contestó el alcaldeque seducido por la suerte que se levenía a las manos a su hijo no se paraba en la infame estafa que D. Roqueintentaba hacerle.

-Oblígome-prosiguió el buen padre-a ponerle en planta la fábricaparaque saque utilidad de esa ridícula y desproporcionada molepor de contado acuenta del dote.

-Como Vd. disponga-contestó enajenado el alcalde.

-Después de estoy de sacar los gastos de la bodaque no serán muchospero que siempre pesarían a Vd.porque me parece que no está muy abundante dedinerosi alguno quedase obligará ese paseante en corte a dejarlo en mipoder sin opción a sacarloal tres por ciento; esto lo hago por prudenciapara que no lo malgaste.

-Conforme-contestó D. Perfecto.

-No será muchoporque el convento y sus posesiones me cuestan más de tresmillones en papel.

-¡Es dadoseñor-exclamó el alcalde-es quemado!...

-Mejor para Vds.-respondió el nabab-yo no quiero ganar en élquiero elbien de mi hijay mirar [320] por sus intereses.Su hijo de Vd. firmará la carta de dotereciboscuentas de tutelaetc.según hemos convenido.

-Mi hijo firmará como en un barbecho lo que usted le ponga delante.

-Todo estoprimo Perfectoqueda por ahora en el mayor secreto entre Vd. yyo-dijo D. Roque.

-¡Jesús! ¿Y por qué? -exclamó el alcalde que se estaba deshaciendo porparticiparle todo lo ocurrido a su regañona mitady hacerle palpartriunfantemente dos cosas: la unaque si no hubiese sido por su obsequiosahospitalidadno hubiese reconocido el obsequiado en el obsequiososu legítimoy auténtico primo hermano; la segundaque si los cuartus del tiu Bartulumé nose hubiesen invertido en dar una brillante educación a su primogénitonohubiese Don Roqueseducido por sus méritos exteriores y moralespensado enelegirlo por yerno-: ¿por qué quiere usted que calle? -tornó a preguntar alfuturo consuegro.

-Porque así lo exijo-contestó éste-y si Vd. no me promete el mayorsigilo hasta que yo dispongano hay nada de lo dicho.

-Bienbiense hará como Vd. quiera.

-Mi chica está un poco malamás de quejumbres y manías que de otra cosa;una de ellas es que le sienta mal Cádizy quisiera estar en Sevilla; pero esporque tiene allá un hijo de Jobun perdulario con buenas agallasque queríameter sus uñas en mi caja: [321] ¡jajajaja!Buen chasco se lleva el danzante. Dicen los médicos que la saque de Cádiz; latraerépuesaquí a casa de Vd. para que se mejoreque eso será tan luegocomo se le quite ese sin fundo de la cabeza. Si algo se dijese ahora de casorioy dando también la maldita casualidad que su hijo de usted es más feo que unvoto a Diostendríamos soponciosconvulsionesdesmayosen fin todos losmelindres y achaques que heredó de su madre. Aquí se esparcirá y semejoraráy al fin se encariñará con ese redicho e inflado hijo de Vd.;horroroso espero en fina falta de pan buenas son tortasy aquí no hayotro. Las mujeres son de los que tienen al ladoal revés de los hombres. Quela asista ese D. Juan de Dios o el diablo que almorzó ahí. Tanto sabráporpoco que sepacomo los otros. Un sentido llevo gastadoprimoen sus visitas yen la botica; maldito si la mejoran. Es verdad tambiénque para curarse espreciso querer curarsey hay mujeres que no quieren curarseygozan en jaropearse y en tener la cara más larga que la noche de Navidad. Peroen finaquí le irá biensiempre que no la contemplen Vds. demasiado; legusta el campo. Por de contado pagaré el pupilaje.

-¡Qué disparate! -exclamó D. Perfectoque como hemos dichono erainteresadocon esa espontánea cortesía y garbosidad tan indígena en elpueblo de España.

-Cuentas son cuentasseñor primoy no se trata de que tú que no puedes melleves a cuestas[322] -respondió el amablericacho-. No será suma crecida porque la chica apenas comepero de valdiviano... y si nono hay nada de lo dicho. Señor alcaldeRoque la Piedra norecibe favores de nadie; sépalo usted. Dígale Vd. a ese mata sanos quesi cuida bien a la chica le pagaré a peseta las visitas.

-Don Juan de Dios-afirmó el alcalde-no repara en el más o menos preciode las visitas para asistir bien a sus enfermos.

-Vayapreciso es venir a este rincón-exclamó don Roque-para encontraresa ave Fénix médica.

Entre las gentes ordinarias y groseras es un rasgo característico el tirarlerudas coces a los médicossea dicho de paso.

-Descuide Vd.-dijo el alcalde-que desde ahora la miro como a mi hijaynada la faltará ni echará de menos.

-Desde ahora también-añadió D. Roque-puede usted comprar e irrenovando para ellos alguna casa que vendan baratay sacar para esto losmateriales del convento. Póngale Vd. las losas de la iglesia en el patio.Hágale Vd. a la cocina el fogón y fregaderos con los azulejos de losclaustros; a las mujeres les gustan esas menudencias y aseos. ¡Ah! Se meolvidabaque tenga la casa su pedacillo de jardín. Le gustan las flores a lachica.

-¡Jesús! Más que sea un huerto-contestó al alcalde alborozado-; aquívale poco el terreno. ¡Es Vd. un buen padreprimoen todo piensa! [323]

Los primos se separaron contentísimos el uno del otro.

Don Roque estaba muy satisfecho y vanaglorioso con la fama que habíaadquirido de buen pariente y buen padreque se ocupaba hasta minuciosamente delo que podía ser ventajoso y agradable a su hijay muy persuadido él mismo demerecer ese elogio; y no es él solo; hay muchos en este mundo que sonperversamente malossin tener la conciencia de serlo.

Háblase mucho de la concienciasin tener presente que la conciencia suponeun conocimiento o un instinto de lo buenoy por desgracia hay seres talesenquienes falta lo primero y no existe lo segundo. La religión enseña lo uno einspira lo otro; cuando se desoye su vozse pierde la concienciaesa últimaáncora de salvaciónese último reflejo del sol de justicia.

Los primos volvieron de su paseo radiantes de alegríacomo dos hogueras desarmientos; ¡ya se ve! Ambos a dos acababan de plantear el mejor negocio de suvidauno en provecho de su hijootro en provecho de su bolsillo.

En su acceso de franquezaD. Roque divulgó el destino que pensaba dar alconventoy se dio a conocer a Tiburcia como su cercano pariente: pero donPerfectoquedó grandemente chasqueado al notar que esta gloriosa nueva nopareció causar el más mínimo placer a su consorte. La gallega quecomosabemosveía harto más allá de sus naricesy a la que se le [324]daba un bledo del oropelconoció desde luegoque en esta clase de relacionessuele costarle caro el honor al que lo recibey no le sirve de provechoninguno; de suerte que sólo vio por consecuencia de estos estrechos lazosunacontribución extraordinaria de hospedaje sobre su corral y despensaque lainclinó algún tanto a las ideas de su hijo sobre la disolución de lasfamiliaspor lo cual dijo a su marido cuando don Roque se hubo ido.

-Primuprimuel primu lu serás túsi te metes a llenarles la barrijacada vez que vengan a ver su conventu. Non me dejú lus cuartus mi tiuBartulumé para les dar de cumer a tus primus; es verdad.

La noticia del destino que pensaba dar su propietario al conventosedivulgó pronto por el lugary llegó a los oídos del comandante del fuerte deSan CristóbalD. Modestoel que entró aterrado por ella en casa de supatrona la maestra de amigaconocida en el lugar con el sobrenombre de RosaMística. Yacía esta en cama con una leve indisposición.

Al ver su patrona la cara descomunalmente larga de D. Modestosu mechoncitode pelo caído y laciosus ojos más amortiguados que nuncase incorporó enla cama apoyándose sobre su codoy sujetando con la otra mano sus primorosasropas de cama contra su gargantacuidando no estropear los faralaes de sualmilla; «y bienle dijo¿qué va a hacer ese usurpador profano? ¿Va arehabilitar la iglesia y traer un capellán?» [325]

-NoRositano-contestó suspirando el comandante.

-¿Pues qué van a hacer? D. Modestoresponda Vd. por Diosque estoy sobreascuas. ¿Qué van a hacer de ese santo palacio?

-Una fábricaRosita-contestó en voz casi ininteligible D. Modesto.

-¡Jesús me valga! -exclamó Rosita-¡una fábrica del templo del Señor!¿Y de qué?

-De fósforos-respondió D. Modesto con apagada voz.

Rosita lanzó un grito lastimerose dejó caer sobre sus almohadasy suindisposición se agravó instantáneamente malignándose su calentura. [326]



 

 

Capítulo XXVI

Después que D. Roque trajo su hija a Villamar y la dejó instalada en casade su parientecon la agradable perspectiva de que mejoraría de saludseestablecería allá casándose con su primo el interesante Tiburcioy quesería muy felizcosas todas que le parecían sencillas y seguras consecuenciasunas de otrasquiso darse la satisfacción el sibarita de disfrutar por sucuenta. Libre ya de todo cuidado en punto a su hijaesa poquita cosacomo él la llamabaa la que había hallado una colocación proporcionada alaprecio en que la tenía; dueño único y absoluto de millón y medio de durosencumbrado por estos entre las notabilidades de la aristocracia financierasatisfechos sus afanes pensó en satisfacer sus deseos.

Mas antes de pasar adelantetenemos acá que [327]satisfacer tu curiosidadlector de las Batuecasque se ha despertado con laspalabras de que nos hemos valido. Lectortú eres muy preguntón; te advertimosque preguntar es de mal tono.

¿No sabeslector de las más remotas Batuecasque en el siglo de las lucestodos nacen sabiendoque en su vida preguntan los hijos del diez y nuevesino enque día estamos hoy? Van a creer que tienes más de cincuenta años y quenaciste en el siglo pasado.

Otra cosa vamos a hacerte presenteamigo lector.

Un autor francés ha dicho: «Las preguntas demuestran los alcances oextensión del entendimientoy las respuestas su agudeza.» Tenpuespresenteque las tuyas no demuestran la más mínima extensióny no quierascomprometernos a que se diga lo propio de nuestras respuestas en punto aagudeza.

La primera pregunta fue ¿qué era notabilidad? Y ya te lo hemos explicadouna vez; pero es precisoya lo vemoscuchara de bayeta.

Es notabilidad una palabra con muchas letras y poco sentido; equivale a untítulo honorífico sin emolumentos ni obligaciones. Es la categoría del ablibitumpuesto que para obtener ese dictado basta que tu vecino diga: hágotenotabilidada la manera que otro decía a lo que comía: hágotepichones. La notabilidad tiene tamaños muy variadoslas hay tamañas comopanderetas y tamañas como plazas de toros. Es una distinción que indica unaimportancia incalificada[328] a la manera queindica una persona las voces fulanomenganoo zutano.

En cuanto a la otra pregunta sobre lo que quería decir aristocraciafinancieraestos son otros cantares. Tú creías que la aristocracia eranoblezay que esa andaba como las lechuzashuyendo de las luces del sigloque la quieren malen las altas torres y ruinas de sus castillos. Lectorsital creesabusas de los privilegios de tus Batuecas. La nobleza hoy día notiene nada de lechuzase muere por las lucesno lo bastan las bujíasquierelas del gascomo en las callescomo en los cafés.

Diretepueslo que es hoy aristocraciay no contesto a más preguntas.Aunque el preferidono eres nuestro solo lector: hay algunos otrosy al fin sevan a impacientar con tanta lección que te damosnos van a llamar maestrociruelay esto es denigrante para un autor. La aristocracia tiene la vida dura.Por más que la han derribadola han herido y sacado su mejor sangre susenemigosno murió. Vinieron varias notabilidades a las que no pareciómaly la cortaron a pedazos llevándose cada uno su parte. La aristocracia comoel pólipovivió en cada una de sus partes. El talento cargó con la cabeza.La política con las manos. El dinero con los pies: a sus primitivos poseedoresles quedó el tronco. Haypues (ve contando lector y no mires así con la bocaabierta como si te estuviese contando un cuento fantástico de Hoffman) unalaexistencia de la nobleza llamada sangre azul (ya ha [329]tomado varios tintes); como es solo el tronco del cuerponi piensani obraniandapero conserva el corazón y siente.

Hay la del talento(dos)la cabezapensadoradesdeñosavana y... calva.

Hay la de la política (y van tres)las manosactivas en guerra la derechacon la izquierda; empuñando la espada y la plumatocando el compás al cual hade bailar el mundo que quiera que no.

Hay la del dinero (y son cuatro) los piesfirmes y pesadospisando reciotratando las cosas con la punta o con el talónal que ciñe espuela de oro.

Las cuatro se saludan profundamentese dan la manoy no se pueden verseodianse envidian y desprecian.

¿Te hemos desilusionado de las aristocracias? Pues vamos a ver si tereconciliamos con ella hablándote de otrade la verdaderasin la cual todaslas otras no son nada. Esta es la del alma. Esta la tienen o no los que formanparte de las otras aristocraciasy la tienen también los que no pertenecen aellaspuesto que es una gracia de Dios en la naturaleza humanacomo lo son lasflores en la física. Se halla cual ellas en los campos y en los palacios; cualellastiene en estos más bellos colores y más brilloen los campos aun másperfume y más sencillez. Esta aristocracia se ignora a sí misma como lainocencia. Pasa con su blanca túnica de amianto entre el fuego de bajas y malaspasionesilesa. Es pura como los aires de altas [330]sierrasacoge a los simples de espíritu como el caudaloso río a losarroyuelos de aguas puras y cristalinas. El entendimiento la comprendeadmira eimitapero genuina sólo existe en el alma. Tiene cuatro cualidades que formancon ella una misma esenciay son la delicadezala generosidadla franqueza yel aprecio: le son por tanto lo más opuestola groseríala avaricialafalsía y el desprecio.

Espuescomo has vistolectorla aristocracia hoy díaun aderezo conque se engalana la sociedadcompuesto de perlasque no todas son de número yde brillantes pulidos y por pulir.

A D. Roquepuesle pareció bien dignarse hacer participar al blasón desus talegasy a los pergaminos de sus letras de cambio. Esta acendradasatisfacción se la concedía a sí mismo en su refinado egoísmocuando lohabía sacado de quicio sola la idea de que su pobre hijapudiese desear parasu felicidad una cosa análoga.

No había podido D. Roque tratar tanto y de tan cerca a aquella hermosamujerla Marquesasin que sintiese despertar en él... ¿qué diremos? Seríaprofanar la palabra amor si la aplicásemos a los sentimientos que semejantehombre pudiese abrigar. Era una especie de seducción profunda que ejercía labelleza sobre las sensaciones de un hombre poco gastadopuesto que D. Roquenunca había mirado con buenos ojos sino a los pesos duros; era una seducciónno menos poderosa la que arrastraba a su amor propio y [331]vanidadque eran excesivosla idea de poder decir de aquella nobleelegante ydistinguida señora mi mujercon lo que se habría llenado la bocalomismo que cuando hablando de su caudaldecía mis millonesy era porúltimo la influencia magnéticael imán irresistible que tiene lo superiorsobre lo inferioral que es inútil combatir; superioridad que se niega de bocay se confiesa de hechorío que arrastra sin valerse de más medios que de supropia corriente.

A pesar del alto aprecio y reverendo culto que tenía al dineroy parecerleal inflado nababque el hombre que se presentaba poseedor de millón y medio dedurosdebía necesariamente ser un César para toda mujer nacida y por nacerhabía algo que no definíaque zumbaba indistintamente como una moscaimportuna alrededor de su acostumbrada osadíay le infundía algo parecido adesconfianza. No era esto por cierto hijo de la delicadeza inseparable delverdadero amorla cual hace tímido a un rey cerca de una pastora; era laconcienciaque por cima de su prosopopeya y sin que pudiese ahogar su graye vozel sonoro sonido de sus talegasle murmuraba que había una inmensa distanciaentre la más alta superioridad moral y la más baja inferioridadla que nodeja de existiraunque el mundo y las circunstancias la aproximen. Ello es queD. Roquecomo hombre prudente que erahabía reforzado su plan de ataqueconalguna artillería de reserva que debía abrir brecha en la sitiada plazasi nose apresuraba a recibir en palmas [332] al quequería hacerse su dueño. Se había dicho allá en sus adentros: «¿y si noquisiese? ¡Las mujeres son tan rarastan caprichosas! Si se hace la remilgadale haremos la forzosa.» Débese advertir que D. Roque había estipulado en suinfame contratoal prestar el dinero a la Marquesaque cada año cumplidoambos contrayentes quedaban en libertad de rescindir o renovar el contratosegún les conviniesediciendo con aparente consideración a la Marquesaqueponía esa cláusula en favor de ellaporque pudiéndose casar su hija de undía a otropodía convenir a su marido libertar el caudal cuanto antes. Elprimer año había transcurrido y el plazo primero iba a cumplir en breve.

-Bien venidoD. Roque-dijo la Marquesa al millonario al verlo entrar unamañana en su cuartoocultando hábilmente la repulsa que le inspiraba sugrosero y vulgar acreedor-¿desde cuando ha llegado usted? ¿Y Lágrimas?¿Cómo está la pobre niña?

-¡Oh! Mucho mejor. EfectivamenteCádiz no le sentabala he llevado alcampo y le va a las mil maravillasestá muy contentamuy distraída; tieneallá un primoy creo no tardaremos en comer dulces de bodas.

-¡Cuánto lo celebroy cuánto se va a alegrar Reina si es cosa del gustode ella y del de Vd.! Es un angelito esa niñapero muy delicadala debéiscuidar muchoD. Roque.

-Es claroasí se hacemadama. ¿Pero Vd. cómo está? Cada díamás hermosa; es Vd. obra de romanos. [333]

La Marquesa se sonrió al oír este grosero y chabacano cumplidoy notar elairecito jaque de D. Roque al hacerlo. La sonrisa de burla y de supremo desdénde la Marquesafue interpretada en otro sentido por D. Roqueque creyóequivalía a un atento pase Vd. adelante al primer golpecito dado a lapuerta.

Don Roque nunca había hablado el elevado y delicado lenguaje del amor cultoy apasionadoes claro que tampoco había enamoradovoz perfectamenteadecuada para los que miran al amor como una cosaun pasatiempoun oficio. ¡Han hecho de un verbo recíprocoun verbo activo! ¿Qué esenamorar? Antes el leal obsequiabael vil seducíaparece que elenamorar es el justo medio¡progresos! ¡Adelantos!

Don Roquepuesno había ni paseado por ese jardínni andado por esehuerto de Cupidoy unía en estas materias lo infecundo a lo inexperto; asíera que la Marquesa se hallaba frente de un especie de monstruoinsensibletorpesin gracia y material. Si se hubiese podido dar cuenta de su situaciónsituación que no sospechaba siquierala hubiese hallado análoga a la deAndrómedaamenazada por la Quimera.

-Acabo de hacer mi balance por ciertas circunstancias que me obligaron a elloantes de venir aquí-dijo D. Roqueechando mano a este argumento como paraponer la cuestión que se iba a tratar bajo su exacto punto de vista-. ¿SabeVd. lo que tengo? [334]

-¿Cómo quiere Vd. que lo sepaD. Roque?

-Treinta milloncitos a toca teja.

La Marquesaque no entendía una palabra de negociosal oír hablar debalances se había estremecidopues debiendo en estos días cumplir el año delcontratohabía temido viniese D. Roquecomo lo había hecho otras vecesahablarle de apuros y de falta de metálicocosa que hubiese podido llevarlo anecesitar del dinero que le tenía dado; así fue que al oír a Don Roquerespiróy dijo complacida y con un aire de satisfacción que clavó más a D.Roque en lo hábil de su estrategia:

-Sea muy enhorabuena.

-¿No le parezco a Vd. un buen novio? -preguntó el nababque pensó que elmejor modo y el más corto de entrarno era el de llamar a la puerta sino elecharla abajo.

-¡De los pocos! -contestó la Marquesa chancerapor creer que la preguntalo era.

-¿Encontraría yo media naranja? -siguió preguntando con risita satisfechael nabab.

-Jesús-respondió riéndose de la pregunta la Marquesa-cuantas Vd.quisiera.

-No quiero más que una; pero esa una ha de ser tal que valga por muchas; bocatodi cardinali. Roque la Piedraseñora míapuede y quiere picar alto. Sitiene buena suertetiene también buen gustoy sintiéndose como remozado porsu empresa amorosay como traspuesto a sus tiempos buenos de gastador[335]-añadió con ojos saltoncitos-: la prenda que a mí me conchabeha de tenertres pares de taconesla sal por castigo y la gracia de sobra; ha de ser entrelo bueno lo mejory de lo fino la flor y la nataasí como Vd.MarquesaVd.que vale su peso en oro.

Fue tal la sorpresa de la Marquesa al oír estas palabrasque mejor sedenominaría asombroque se quedó inerte con los ojos desmesuradamenteabiertosy aquella mujer de réplica tan pronta y agudano halló quecontestar bajo el peso del tediodel ascodel desvío y de la indignación.

-¡He! ¿Qué le parece a Vd.? -añadió D. Roque satisfecho del efecto queproducíay acercando su silla-; Esto no estaba escrito en sus libros.

Cuantos sentimientos de dignidad y de orgullode decoro y vanidaddedelicadeza y soberbia se encerraban en el alma de la Marquesahicieronerupción como un volcány sus rojas llamas subieron a su rostroque se pusoencendido como una hoguera.

-¡A esto me he expuesto! -murmuró con amargura entre sus apretados dientes.

Don Roqueni era bastante delicado para atribuir el carmín que cubría elrostro de la Marquesa al pudor mujeril que puede producirloel recibirinesperadamente y a quemarropa semejante declaraciónni menos podíacomprender ni sospechar lo causase la indignación de un ser elevadoalsentirse rebajar por un ser despreciable a su nivel; así fue quecon toda laceguera de la presunciónatribuyó este visible [336]arrebato al efecto de una agradable sorpresaañadió envalentonado:

-Eso y mucho más se merece esa persona.

A la púrpura que había cubierto el rostro de la Marquesa sucedióinstantáneamente una palidezque con la blancura y frialdad del alabastro lahizo semejante a la estatua de un sepulcro.

-¡Qué callada está Vd.! -dijo D. Roque al ver a la Marquesa erguirse yenmudecer; ¡esquiva! ¡Esquiva!... Tiene Vd. fama. Pero hay ocasiones en que sedespliegan esos labiecitosy para tener contento a un enganchado se dicesiquiera: .

-O se dice no-repuso la Marquesa con calmavuelta en sí de suprimera sacudida.

-¿Qué no? -dijo D. Roque inclinando la cabeza hacia adelantey frunciendolas cejas sobre sus ojos estáticos.

La Marquesa no contestó.

Viendo este silencioexclamó indignado el Creso:

-¡Que no! ¿Y por qué?

-Basta el nono es necesario el por qué-respondió la Marquesa.

-Es que lo exijo-dijo con necia y grosera exigencia D. Roque.

-Exigid vuestro dinero-respondió altiva la Marquesa-que es a lo quetenéis derecho.

-Es lo que haré-contestó con concentrada ira el ricacho.

-Está bien-dijo la Marquesa con calmahaciendo [337]con la cabeza una señal de asentimiento.

Don Roque cogió el sombreropero apenas estuvo cerca de la puertacuandoel interés del hombre de negocios un momento eclipsado por el despecho delpretendientevolvió con todo el poder de la naturaleza y de la costumbre. D.Roque se volvió el hombre viejo. Consideró que lo que solo había tenido porun espantajo para la Marquesael disolver su contrato podría en efectoverificarse si en ello se empeñaba su deudoraque podría hallar dinero conlas mismas condiciones que él lo había dadolo que caso de verificarse seríapara él el mayor de los chascos.

No sólo tenía perfectamente colocado en este negocio D. Roque su dinerosino que por motivos largos e inútiles de detallary ligados con la muerteab intestato de su compadreno deseaba D. Roque que sonasen para nada esostreinta mil duros. Por consiguiente más vivamente interesado en cosas de dineroque no en cosas de amor propio y de sentimientosDon Roque retrocedió enobraspalabras y pensamientos; se volvió a sentar y dijo con aire proteccionala la Marquesa:

-Vamosseñorapor eso no hemos de reñir; yo quiero ser generoso y pagarbien por mal. Al fin ha tenido Vd. aquí a mi chicaque no era mala plepaquiero mostrarme agradecido y pagarle el favorquédese Vd. con el dineroqueen ello tengo gusto.

-Le agradezco a Vd. el favor sin admitirlo-respondió en tono grave ydecidido la Marquesa. [338]

-¿Y por quéseñora? -preguntó D. Roqueen cuyos ojos volvieron achispear la cólera y el despecho.

-Señor D. Roque-contestó la Marquesa con altivez-no estoy acostumbradaa dar cuenta del por qué de mis acciones.

-Le suplico a Vd.Marquesano me desaire-dijo el avaro inclinándosenoante la noble y bella figura de aquella imponente señorapero ante el temordel perjuicio de sus intereses.

-Bastaseñor D. Roque-repuso la Marquesa-siento decirle a Vd. que tengouna cita a la que no puedo faltar.

Don Roque que comprendió que nada adelantaríasalió furioso. [339]



 

 

Capítulo XXVII

Carta de Lágrimas a Reina

VILLAMAR15 SETIEMBRE 1848.

«Aquí me ha traído mi padrequerida Reinapor ver si mejora mi saludpuesto que en Cádiz me he empeorado por días. Algo me he aliviadoy asípodré escribirte aunque sea cada día cuatro renglones. De esta suerte mi cartaserá un mosaicopero te probaré que todos los días pienso en ti. Empezarépor decirte quesi tú escribes tus cartas con la buena intención de hacermereíryo sin tener la mismapues sólo quisiera hacerte llorar mi ausenciacomo yo lloro la vuestralo voy a lograr con la mía diciéndote que TiburcioCívicoese Tiburcio de que tanto te reíases mi primo. [340]

»Estoypuesaquí en casa de mi tíoque es el alcalde y albéitar deVillamary aunque son como puedes pensartanto él como su mujerque es unabasta gallegagentes muy ordinariasson tan buenísimostan honradosmecuidan tantoque desde que salí del convento y me ausenté de tu ladono heestado mejor. Quisieran alegrarme y distraerme: pero ¿cómo es posiblealegrarme y distraerme en la ausencia de cuanto se ama? A eso me dirásReinamíacomo en tu cartaque el olvido es un bálsamoy el recuerdo uncorrosivo; también la salud es un bálsamo y la enfermedad un corrosivoy noestá en nuestro poder ni darnos la saludni darnos el olvido. Pregúntaselo a ély verás como dice eso mismo; tú hablas asíReina míaporque no sabes aunlo que es el querer...

»Ayer he dado un largo paseo en borrico porque todos se empeñaron en ello.Me llevaron a una altura donde está una capilla en la que está un Señor muyhermosoque caído y con su cruz sobre el hombro tan sublime ejemplo nos da.¡Con qué fervorReina míarecé postrada a sus pies por mi madrepor ti ypor él!

»Fue tantoque cuando me levantaronnoté que no había rezado por mí. Losentíporque quería haberle pedido a ese Señorque tan milagroso esque mediesesegún fuese su voluntadla muerte o la vidapuesto que como estoynivivo ni mueroque no es vivir padecer tantoen mi cuerpo con mis males [341]y en mi alma con la ausencia. PeroReinala muerte da horrordigan lo quequieran en su favor los que no la han visto de cerca. Haber muerto esdulcepero el morir terrible. ¡Pensar que yaceremos fríos e inertes! ¡Quétodo cuanto vive huirá de nosotrostodo menos la horrorosa corrupción que nosdevorará poco a poco! El cementerio que está ahí cercaes bonito y tantranquilo y risueñocomo si en él descansasen sólo justos. Cubre allí latierra sus muertos como un tapete de flores. Simpatiza conmigo la idea de que lanaturaleza las produzca sobre los sepulcros: pero me choca que las planten loshombres. No es la voluntad de un mortal la que debe cubrir una tumba de florescomo no debe profanar ciertos dolores con consuelos; uno y otro debe de ser obrade Dios por medio de la naturaleza y del tiempo: las flores sobre los sepulcrosy el consuelo en los corazones...

»Mi primo Tiburcio me da lástima; está desesperado aquí; llama estepuebloque es tan bonitoun detestable villorrio; lo ha acabado de exasperarel que sus padres miren como una suerte para él e insistan en que se ponga a lacabeza de una gran fábrica de fósforos que mi padre va a establecer aquí;pero Tiburcio diceque no es ese un puesto adecuado para ély que le degrada¡cómo si el trabajo degradara a nadie! El orgullo y la vanidad tienentrastornada la cabeza a mi pobre primoque por lo demás me parece un buenmuchacho... [342]

»Hay aquí un excelente médico que me cuida con esmerotambién uncomandante tan bueno y complaciente que me acompaña siempre que salgo. Ayer fueel paseo a un fuerte que mandaba; pero que se ha caído. Me gustan las ruinascuando no las profanan y las respetandejándolas a ellas buscar su mejorposición para descansary escribirse con yedra su epitafio; aunque repruebeslos recuerdos. Reinaellos son la yedra de una felicidad arruinada. A la vueltavimos ponerse el sol en la mar. D. Juan de Diosel médicome hizo observar elmagnífico espectáculo que ofrecía. Por mi partesiempre la puesta del sol meha dado tristeza; me parece al desaparecerel grano de arena que cae en el granreloj que tiene en su mano el tiempo; pero verlo ponerse en la mar me horrorizaporque me parece un gran naufragioy sus últimos pálidos rayosun agonizanteclamor por socorro...

»Te he dicho que este pueblo es bonito sin tener pretensiones de serlo; esun grupo de casas bajas rodeadas a la iglesia que descuella gravey parece consu paz y su silencio un rebaño de fieles arrodillados al rededor de una cruz.Cerca hay un soberbio convento que ha comprado mi padre. ¿No te suena extrañoal oído eso de comprar un convento como una vara de paño? No he queridoir a verlo porque me daría mucha tristeza entrar en él. ¡Silencio hosco enlas bóvedas en que sonaban himnos y preces al Señor! ¡Qué dolor ver eltabernáculo en donde se entronó [343] laMajestadllenando de respetode amor y de consuelo los corazonesvacío yfríoesparcir desconsuelo y asombro! Prefiero ir al convento de Santa Ana;allí los cantos de las monjaslas floresel inciensolas luceslos rezos delos fielestodo consuela al corazón y redobla nuestro fervorcomo en coro yacompañada se levanta la voz más firme y confiada. ¿Quieres creer queTiburcio me hace burla por esoy dice que sólo se va a la iglesia porcuriosidad o fanatismo? Al ver mi asombro me dijo me lo enseñaríaimpreso. Alguna vez creo que ese muchacho que siempre está ocioso y no hacesino rabiarva a volverse loco.

»Hemos ido algunos días haa la playa donde tan ásperamente vienen lasaguas del mar a amargar la arena. Hay sitios en que se agolpan rocas comosoldados que opusiese la tierra a la invasión del mar. Compadécenme estasrocas oscurasmustias y taciturnaspor verlas destinadas al incesante combatecon las olasque Dios les ha impuesto. Unas se alzan erguidas y las desafían;otras se acuestan indolentes o cansadasdejándolas pasar sobre ellasarrancándolas algún girón de sus plieguesque queda en sus concavidadestrasparentemansotranquilo como sino fuese parte de aquel furioso elemento.Trajéronme las niñas de mi tía conchitas y caracolitos de varios coloresytambién estrellitas de la mar. Son muy bonitas¿las has visto? Mi tío diceque es una plantay D. Juan de Diosque es un pólipo; pero los niños [344]dicen son estrellas del cielo que caen en el mar y se apagan.

»Cantan:

 

»La estrellita de la mar

 
 

apagadita en la arena

 
 

se cayó del cielo

 
 

y murió de pena.

 

»Y yo por mí creo que tienen razón.

»Hallé un hueso; lo había arrojado la mar a la playa como un despojo. Mefiguré que podría ser un hueso de mi madrey me puso esta idea tan mala queme tuvieron que traer a casay he estado mala más aun de lo acostumbrado estosúltimos días. Pero hice que se enterrase en tierra santa ese pobre hueso quela mar arroja y la tierra rehúsa; y fue en la playa que se enterró; la Iglesiaha hecho tierra santa para los ahogadoslas playas a las que los pobrescadáveres vienen a pedir sepultura. ¡A donde no extiende esta Santa Madre sumano para amparo y consuelo de sus hijos!

»Desde esta última salida sigo peorReina míay no puedo salir. Mi pobretía me acompaña cuanto se lo permiten sus quehaceres; me cuenta laspesadumbres que le ha dado su hijo Tiburcio. No ha sido la menor el haberabandonado a una linda y excelente muchacha de aquí con quien estaba tratado decasarse; se querían desde niños y la dejó. ¿Comprendes tú esoReina?¿Comprendes que el corazón se desprenda [345] deun cariño como un árbol de una fruta pasada? Creí que era el cariño elárbol mismo que echaba cada día más profundas raíces en el corazón. Ella haentrado de pupila en el convento de aquí; y si vieras con que desprecio hablaTiburcio de las monjas y de los conventos; voy creyendo que además de malacabeza y malas ideastiene malas entrañas.

»Como nada puedo ni me dejan hacer me siento a la ventana a mirar las nubesque son tan bonitasque pasan sobre nosotros tan calladasy que los hombres nonotan por tanto mirar al suelo. Algunas veces cuando están altas y diáfanasme parecen ángeles que extienden sus alas de plata sobre el azul del cielo.Otras vecescuando las veo llegar ligeraspararse sobre mi cabeza y echar acorrerse me figura que me dicen como tú me decías cuando niña: Ven ¿aqué no me coges? Todo recuerda las personas que se amanReina. El corazónen la ausencia es un reloj de repeticiónal que nunca falta cuerda. Cuandovuelan las nubes rápidas y ligeras hacia Sevilla como el humo de un pebeteroquisiera poder rellenarlas de flores para que lloviesen sobre tiy cada una tebesara por mí tu frente y tus manos.

»...YaReina míahan empezado a venir las nubes negras comopresentimientos que tuviese el cielo de tempestad. Estas primeras nubes se mefiguran bandadas de calladas grullas que van lejoslejosa buscar otro cielo.Pero van tristes porque se ausentan. [346] ¡LaausenciaReina! La ausencia que parece un mal tan pequeño y es un dolor tangrandetan profundo y que creo la palabra a Diosque es la más tristede cuantas existeny que más que en los labios de los vivos tiene su lugarsobre los mármoles de los sepulcros...

»...Ya hemos tenido temporalesReinaya el viento levantó su poderosavoz; esa voz que aúlla y amenazaya yo me deshago en mi angustia y agito en micalentura. ¿Qué querrá el vientoReina? ¿Qué le ha hecho la tierra quetanto la castiga? ¿Qué dice su pavorosa voz? ¡Pues algo dice! ¿Es acaso elalma de algún otro globo terrestre que ha muerto y le pide preces a éste? ¿Esel despecho de lo que no es nada y quiere ser algo? ¿En qué estriba su fuerzay con qué boca brama? ¿Por qué prefiere la triste nochey por qué persiguea las pobres nubes que destroza y hace llorar? Cuando lo oigoReina¡cómo vasubiendo mi agitación y mi angustia! Es mi alma entonces como el barco que haceel temporal agonizar sobre las olas del mar. ¡Pobrespobres de los que en lamar se hallan! ¿Y es acaso un consuelo hallarse uno en seguridad? Nono. Esparecida entonces la tranquilidad a un crimen contra la humanidad; si durmiesesentiría remordimientos. Todos deberían en esos casos reunirsevelar ylevantar a Dios su corazón y sus manos para implorarlo en favor de los quepeligrany Dios diría; todos son mis hijospuesto que todos son hermanos.¡OhDios mío! ¡Dios mío! ¡Envía el rocío a [347]las plantas y la caridad a los corazones! Dános el pan de cada díay perdonacomo perdonamos.

»...Al volver a leer lo que te escribí ayer bajo la impresión deltemporalconozco que doy lugar a que tú me riñas y la alegre Flora meembrome. Me parece oírla asegurar como otras veces hacíaque el vibrartristemente al soplo del vientosólo pegaba a las arpas eolias y no a lasniñas bonitasy que lo místico sólo en la letanía pega a la rosaque en elsiglo no se puede vestir de monjallevar la espina en la frente como santaRitasino en el corazón y cubierta con un moño. Dile a esa alegre y festivaFloraque en el corazón llevo una espinay ojalá fuese la de santa Rita yque hago porque lo sea. Como estoy tan soladesde que me aparté de todos Vds.y no me dejan ocuparme en nadano puedo hacer otra cosa que pensar y sentir.

»Mucho ha llovido estos días. Ha sido a consecuencia de las rogativas quese hicieron. ¡Qué misericordia de Dios! ¡Oh Reina! ¡Qué fervor y quégratitud rebosaba en todos los corazones!... Sólo el de ese desgraciadoTiburcio quedó frío y seco como lo estaba el suelo. ¿No es portentosoReinacómo en nuestra época en que escasean los milagrosporque escasea la feseve de continuo repetido el de enviar Dios el agua cuando se hacen rogativas? Yeso esReinaporque en ella pedimoslo que Dios nos enseñó a pedirleelpan nuestro de cada día.

»Ya el tiempo ha sentadolas nubes se han levantado [348]y pasan tranquilas y calladas sobre la tierra sin rozarse con ella; ¡quiénpudiera imitarlas! Pues hoyReiname oprime una angustia terrible; habíanotado que las niñas de mi tíaque recién llegada aquí siempre estaban a miladono venían ahora jamás a mi cuartoporque lo creí hijo de lainconstancia natural de su edad. Pero ayer que era viernes me trajo la máspequeña un ramo de romeroy me dijo: «TomaLágrimasestas matas de romeroque florece todos los viernes(13) <notas.htm>te la traigo porque sé que te gustay sin que lo vea mi madreque nos haprohibido que nos acerquemos a ti!» Diciendo esto echó a correr.

»¿Será por ventura contagioso mi malReina? ¿Empezará acaso la muerte asepararme en vida de los vivos! ¿Será perjudicial mi cercanía? ¡Oh! ¡Reinaeso sería terrible! Sísícierto será. Largo rato estuve llorando; pudehacerlo sin que nadie me preguntase por qué; mis pobres tíos tienen queatender a sus quehaceres y no pueden estar a mi lado. ¡OhReinacuán tristees la vida y cuán terrible la muerte!... Siento tantos dolores en el pecho...en la cabeza... pero siempre repito como hacia mi madre

 

»Abrázome con los clavos

 
 

y me reclino en la cruz [349]

 
 

para que siempre me ampares

 
 

dulce Redentor Jesús...

 

LÁGRIMAS.»



Flora a Lágrimas

«Mi amada Lágrimas:

»Reina está un poco indispuesta y me encarga escribirte en su nombre. Peroes el caso que yo quiero hacerlo en el mío porque te quiero muchoy porque soycomunicativa con las personas que amo: además tengo muchas cosas que decirte.Creo que de lo que te diga podrás sacar algún frutoy por eso he tomado laplumainstrumento que odio. Todas cuantas existen daría por una agujaasícomo todas las espadasinclusa la famosa de Francisco I por un abanico. Asítuviese una varita de virtud para hacer ese trueque general; ¡qué paz nogozaríamos!

»Vengamos al caso. Fabián se fue; entró en la vida activa como diceGenaro; en la positiva como diría Marcial. Pasó ese hijo de Apolo alservicio de Temiscomo él decíaasegurando le parecía muy vulgar despuésdel de Flora. Soltó las coronas de laurel por el bonete de doctory la lirapor las pesas de la justicia como el cajero de un refino. Nos dijimos adióscomo dos buenos niños que han jugado juntos las horas de asuetoy que dejanlos juegos sin llorar ni rabiar para ir a la clase. Por consiguienteno creas [350]que voy a obsequiarte con una elegía; nono. La elegía es un sauce llorónque me gusta mucho a orilla del ríopero que es extraña a mi plumaque nosabe trazar un punto de admiraciónese estandarte de las declamaciones; recusolas lágrimas aunque las llame Fabián perlas del corazónporque en este noquiero yo sino brillantes y esmeraldas. No me gustan mas lágrimas quetú. En corto tiempo se siguieron tres graves eventos. Se fue Fabiáneseruiseñor de mi primaveracumplí diez y ocho carnavalesy llegó aquí unprimo míotercero o cuartoa quien ese parentesco pareció lejanoy deseóestrechásemos más sus lazos. Si bien al pronto no correspondí a sus deseosmi madre lo hizo por mí muy tiernamentediciéndome de un modo espantosamenteprosaicoque teniendo docena y media de añosnúmero respetableera tiempode pensar en marido y no en versos. Como mi proveedor ya no podía proveermesino de sentenciasno hallé muy descabellada la de mi madre. DesengáñateLágrimasla sabiduría está en los labios de las gentes de edadcomo el buenvino en las uvas maduras; no hay más acá ni más allá: las uvitas verdes nodan sino agraz para refrescar en las tardes de verano. No debemos nosotrasniñas bonitasconsiderar el amor como a un guíay seguirlo a la manera delas corridas de caballos que decía Fabián llaman los franceses carrera alcampanarioproponiéndose en ellas llegar a un término en línea rectasaltando barrerasatravesando arroyosatropellando obstáculos; eso [351]descomponedesfiguraquita la gracia suave y femeninala frescura a lajuventudy da talante de marimacho.

»El corazón de una joven debe seresclavo nodócil sí. Un maridoconfía más en un corazón dócil que en uno emancipadoporque la mujer quesacudió el primer frenobien podría sacudir el segundo. Lo que agradeció elamantecúlpalo en su fuero interno el marido; lo pasado no es garantía parael porvenirlo que hace perder a la mujer gran parte de su prestigioy no pocade sus derechos al respeto y confianza de su maridoy sobre todo tiene querenunciar al santo lauro de que éste la presente de modelo a sus hijasy lamadre que no pueda presentarse de modelo a sus hijas debería desear el notenerlas. Todo esto te lo digomi suave y triste niñaporque nuestrasposiciones tienen cierta analogíay quiero participarte mis reflexiones yrecomendarte mi ejemplono porque dude hagas como buena hija lo que he hechoyo; si no porque quiero que lo hagas alegremente y de corazón. Si un sacrificiose hace con el aire de una deplorada víctima pierde su mérito moral como unregalo que se hace de mala ganaasí esque desde el día que dije a mi primoque consentía en ser su compañerame he apegado a él como a un debercomo auna esperanzacomo a una felicidady dicen que lo merece.

»Coronan los padres la penosa tarea de la crianza de sus hijasllevada alcabo a costa de tantos sacrificios[352]estableciéndolas dignamente y asegurando su suerte ¿no es la más negraingratitud arrebatarles esa coronaque ha de acabar y premiar su obraydisponer en tan corta edad de nosotras mismasdenegando a nuestros padres ydespreciando su autoridad que Diosla naturalezala razónla gratitud ynuestro propio corazón les dan sobre nosotras? AdemásLágrimascree queDios premia toda buena acción; la senda árida la siembra de flores. ¡Sivieras cuánto gozo al ver la íntima satisfacción de mis padresnacida de sucariño hacia mí! Porquehija míasu presunto yernono sólo es unexcelente sujetono sólo me ama con ternurapero es también un brillantepartido. De esta hechaSan Antonioa quien mi madre pedía para mí un buenmaridodesbanca en su corazón a todos los demás santos. Quiero que tú estéscontenta y feliz como yoy por eso te he escrito esta epístolaque en honorde la verdad merecía imprimirse. Abomino el egoísmoesa atroz alcancía quesi pudiese había de recoger en su seno cerradotodos los rayos del sol y todaslas flores de la tierra.

»Fabián me aplicaba una frase de un autor francésdiciendo que cada unode mis pensamientos tenía una sonrisa; imítamequeridísima niña míay nodes lugar a que nos aflija la idea de que cada uno de los tuyos tenga cual tunombre Lágrimas.

»Tuya de corazón

FLORA.» [353]


Respuesta de Lágrimas

«Queridísima Flora:

»He recibido tu carta como recibe la humilde flor del valle el rocío queDios la envía. ¡Qué buena eres en quererme y en acordarte de mítúquetienes tantos que te rodeana quienes querer y de quienes ocuparte!

»¡Dichosa tú mil vecesa quienes manos amantes trazan su senda y hacendulce su deber! Túcual las nubes de primaveratuviste una suave brisa paraguiarlas en el azulado éterpero nubes hay abandonadas y solas que vagan a laventuray que no están bastante altas para preguntar a las estrellas cuál esla senda que las lleva a su destinoni bastante pegadas a la tierra pararecibir de ella consejos. Me dirás quizás que la razón es un guía que noestá tan alta como la inspiraciónni tan baja como la experiencia; Floralarazón quiere ser seguiday sino su poder es muy limitado.

»Me dices que te imite en tener pensamientos risueños. ¡Floradile a lamar que brille cuando el sol no se refleja en ella!

»Tus díasFlorapasan sin sufrimientos y tus noches son tranquilas. Misdíassin exceptuar unoson un continuo padecer; mis nochessi velolasamarga la angustiay si duermola pesadilla. ¡OhFlora! ¡Cuán amarga es lapesadilla! Y en tanto que discurren [354] loshombres¿no han podido hallar un remedio para esa espantosa congoja delespíritu? ¿Te acuerdas que Fabián nos dijo la manera que la definía un poetainglés?(14) <notas.htm> No lo heolvidado: «Tuve un sueñodiceque no está en las facultades del hombredecir lo que era este sueño; ¡no vieron jamás los ojos de los hombreslosoídos de los hombres jamás oyeronsus manos jamás tocaronsus sentidos nopueden concebirni sus palabras expresar lo que fue ese sueño!» Asílapesadillacuando es horrible como las que me acongojandebe de ser elpresentimiento o el terror anticipado de las angustias y horror de loscondenados. Ahora bienFlora míadime ¿qué puede la razón contra lospoderosos latidos del corazónel sudor que baña la frentela agitación y elasombro del que despierta de la pesadilla? ¿Cálmala el silencio de la noche?¿Sosiégala la tranquilidad de esas horas muertas? ¿El convencimiento de quela causa es ilusoria?... No. Pues si nada puede la razón sobre las impresionesde las imágenes que crea la fantasía ¿qué poder ha de tener sobre lasimpresiones de la realidad? Flora míacada cual siente según el poderosoinstinto que Dios puso en su corazón: en vano quisieran resistir a suscorrientes las aguasla luz y los corazones; para unos fue su coriente unasonrisapara otros la tristeza. A unos dijo Dios sufridy a otros alegraos;y a todosvenid a mí. [355]

»¡Sé felizFlora míasé feliz cual debe serlo aquella que fue criadapor el Todopoderosopara probar a los mortales cuán fáciles son las virtudesy cuánto embellecen y hacen amables a los que las practicanque así hacenfelicescual las flores perfumana cuantos le rodeanpues sólo a ti entrelas mujerescomo al naranjo entre los árbolesfue dado ostentar a un tiemposus puros y embalsamados azaharesy sus dulces y dorados frutos!

LÁGRIMAS.» [356]



 

 

Capítulo XXVIII

SETIEMBRE1848.

En los días que siguieron a la escena que hemos referido y tuvo lugar entrela Marquesa y el millonarionotó Reina a su madre muy preocupada. Vio entrar ysalir en su gabinete muchos hombres que le eran desconocidoscorredoresabogados y escribanospero la Marquesa guardaba silencio sobre estoy Reinatriste es decirlocontra el decoro virginal de una jovencontra los dulcessentimientos de amor y gratitud filialsólo se ocupaba de su pasión. En suegoísmo de niña mimadatodo lo posponía a su ídolo por ser suyo. Dios pusoun fuerte imán en el corazón de la virgen a fin de darle fuerza para abandonarel techo paterno y el regazo de su madre. Pero si la atracción de este imántraspasa sus límitessi hace [357] a lasvírgenes frías para sus más santos sentimientosingratasdisipadasdesatinadasvergüenza sobre élpues salió de sus límites como un agudo ydiscordante chillido en la armonía universal. Créanlopersuádanse lasjóvenesque aun mirando las cosas de tejas abajoun freno en los sentimientosy un velo sobre la carason un imánun encanto que a lo fino y delicadoreúne lo picante y seductor.

Así fue que Reina nada traslucióni nada preguntó a su madrecontentándose con decirse a sí misma: «Cuando nada me dicees que querráque yo ignore lo que le apura; si hace misterio dejarlaque preguntar seríaincomodarla.» ¡Cuántas transigen así con sus más íntimos deberesteniendoaun la insolencia de hacer pasar sus faltas como méritos!

La víspera del día en que cumplía el contratola Marquesa había citado asu amigo D. Domingo de Osorio para una entrevista reservada.

Cuando éste entróhalló a la Marquesa sentada delante de su mesaescribiendo.

-Marquesa-dijo acercándose-la república se la llevó su padre; los queestaban rojos están muy amarillos. Enrique V está en Marsellay cuantacampana hay en Franciarepicandocuanto cañón existehaciendo salva. Yasieso no podía dejar de suceder; tras el caos la luz; tras el desorden el orden;las calenturasmientras más violentas más cortas. En Vigo-dijo acercándosey bajando la voz-ha entrado un barco ruso con veinte mil fusiles y cien milrublos. [358]

-Don Domingo-dijo la Marquesa-sin atender a sus noticias políticashedeseado hablar a Vd. para participarle dos cosas: la una es el casamiento de mihija.

-¿De Reina? Y con quién¿con el marqués de Navia?

-Nose casa con Genaro.

-¡Con Genaro!

-Sí. Este casamiento destruye todas mis esperanzas; pero está apasionada alo sumo de Genaroy decidida tarde o temprano a unirse a él. He hecho cuantoen mi mano ha estado para impedir este enlacecomo corresponde a una buenamadreque en el casamiento de una hija no ve un capricho amoroso quesatisfacersino su felicidadsu colocación en el mundo y el lugar que debeocuparel puesto y bienestar de los hijos que tengan; he hecho cuanto he podidocomo tutora que mira el casamiento de su hija con toda la gravedad que se debemirarcosa de que penden los destinos de sus descendientesdeseandoequitativamenteque puesto que su pupila lleva ventajaslas hubiese halladoproporcionadas. Todo cuanto he hecho para disuadirla ha sido inútil;persuasiónautoridaddulzurarigortodo se ha estrellado contra suconstante argumentoque sobre nada podía yo fundar una oposición justapuesto que Genaro era completo; tiene en parte razón. Genaro es todo uncaballero por su clase y su comportamiento; es brillantefinodistinguidotiene una capacidad poco común[359] una conductaejemplar; seráun buen marido y un excelente y entendido administrador de losbienes de su mujer. Así sacrifico el mayor lustre a la mayor felicidad de mihijaa quien por desgracia mía no enseñé a ceder desde niñaprimeralección que deben dar las madres a sus hijasahogando así la rebeldía en sugermen.

-Acuérdese Vd. cuántas veces se lo aconsejé-dijo D. Domingoque habíaquedado dolorosamente sorprendido del casamiento de la niñaque tantoquería-. Vayavaya-añadió-; ¡vaya con Reina si es absoluta!...

-Así será-dijo sonriendo la Marquesa-Reinaa su gusto de Vd. yen sus ideas.

-No me gustaMarquesalo absoluto en la voluntad sino en el poder;y ese poder debe existirno en la mano muerta de una ley escritasino en unamano viva y fuerteque es la que puede hacerla cumplirpues yace inerte en susinfolios.

-Vengamos al otro punto que anuncié a Vd.-prosiguió la Marquesa-. Mañanacumple el año vencido del contrato que hice con D. Roque.

-Sísí-repuso D. Domingo-y como Reina no se ha casadoy con elcasamiento que hace no hay probabilidad alguna que lo quiera rescindir sumaridolo habrán Vds. renovado.

-No pienso hacerloD. Domingo.

-¿Qué no? -exclamó este señor-; pues ¿qué piensa Vd. hacer?

-Pagar. [360]

-¡Pagar! -dijo D. Domingo estupefacto-¡Dios mío! -añadió inquieto-¿va a quedarse D. Roque con el cortijo?

-Eso quisiera ese soplado patán; pero no se mirará en ese espejono.

-¿Pues cómo va Vd. a pagarMarquesa? -preguntó su anciano amigo-¿dónde va Vd. a encontrar con tanta premura ese dinero?

-Aquí está-dijo la Marquesasacando dos letras a la vistade su gaveta.

Don Domingo las tomó atónito y las pasó por la vista.

-Esta es de cuatrocientos mil reales y del rico fabricante F***este es elque paga a Vd. la renta vitalicia¿y cómo?

-La he enajenado-respondió la Marquesa.

-¡Jesús! ¡Jesús! ¡Qué disparatequé locura! -exclamó D. Domingoponiéndose en ademán desesperado las manos en la cabeza-; una renta de treintamil reales una mujer que no tiene cuarenta años. ¡Jesús! ¡Se ha arruinadoVd. como una ciegacomo una niña! Esas deudas que eran del caudal de su hija¿qué responsabilidad tenía Vd. a ellas? ¿A qué sacrificarse así sinnecesidad?

-Don Domingo¿no es uno mismo lo mío y lo de mi hija?

-Se puede casar y no pensar así su maridoy no reconocerle a Vd. ni elsacrificio ni la deuda.

-Genaro no es capaz de esoD. Domingo: pero [361]aun dado caso que eso sucedieseme queda mi viudedad con la que me sobra parami vejez.

Don Domingo tomó la letra y leyó: doscientos mil reales a B*** joyero.

-¡Señora! ¡Señora! -exclamó desesperado-¿ha ido Vd. a vender susmagníficas alhajasjoyas de familia que trajo de Lima su bisabuela evaluadasen más un de millón? ¡Y eso en tristes doscientos mil reales!

-Ya he reservado un aderezo completo para Reina-contestó la Marquesa.

-¡Dios mío! ¡Dios mío! -decía D. Domingodando vueltas por el cuartofuera de sí-¡qué destrozo! ¡Qué ruina! ¿Por qué no me habló Vd.? Si esque D. Roque exigía ese dinero no habría faltado quien con tan ventajosascondicionescomo las que para sí estipuló ese tiranohubiese dado la suma.

-¡No más! ¡No más! -exclamó con expansión la Marquesa casiestremecida-. ¡Oh! ¡No más! Las deudas carcomen como un fuego la paz de lavida; rebajan la más alta superioridad a la esfera de la más bajainferioridad; ponen en la boca del valgo el desdén y en la del rico el ultraje;y llevan razón en su soberbiaporque el noble que se endeuda pierde el derechoa levantar la cabeza; es el galeote que arrastra al pie su cadena. El primernoble que se endeudóa no ser para servir a su rey y a su patriafue el quederrumbó la primera almena del alto castillo que edificó la nobleza como suemblemala cual para [362] conservar su gloriadebe dar a manos llenas y no saber lo que es tomar. El que puede pagar y no pagaaun a costa de sacrificiostransige con la honradezdejando a su descendenciavoluntariamente un mal mortal que se hereda como la hetiquez. El que tomaprestado con intención de pagares como el que peca con intención deenmendarse. Son las deudas la polilla de las nobles casas y el desdoro de susblasones; ¡es la esclavitud de un alma elevada e independiente!... Es el azotedel que a falta de dignidad tiene orgullo como se tiene a falta de orocobredorado. Todo estoD. Domingoson lecciones de la experiencialas deudas hanamargado toda mi existenciame han hecho cometer bajezas poniendo buena cara aquien no debí ni recibir en mi presencia¡y me han valido el primer insultoque he recibido en toda mi vida!... ¡Oh! ¡Yo dejaré a la hija de mi alma sucaudal desempeñado! Nono pasará ella lo que ha pasado su madre.

-Marquesa-dijo D. Domingoal notar la exaltación y vehemencia con queésta se expresaba-; habláis bajo la influencia de un noble sentimientosubidode punto quizás por algún reciente disgusto que me ocultáis; y aunque en elfondo de cuanto decís lleváis razónexageráis... Considerad que puede aveces ser el préstamo un favor en quien lo hacey un beneficio para quien lorecibe.

-Niego el hecho-prosiguió la Marquesa con creciente calor-niego el hechocon alguna rara excepción. [363] HágaseD.Domingoun código de honor que aprendan nuestros hijos y en el que seaignominiosa la deuday se califique al usurero de infame vampiro cuyo contactohorrorice como el del verdugoy que enseñe a honrar al noble pobre que nopide a la par que al rico plebeyo que da!... Nivelados así por susvirtudes se conseguirá esa igualdad decantada por la que claman inútilmente lasoberbia y el orgullopues rico es el que no pide y noble es el que da. AsíD. Domingohabrá progreso; progreso en la senda que le trazó el Evangeliofuente primera y única de todo progreso moral. [364]



 

 

Capítulo XXIX

OCTUBRE1848.

Mientras D. Roque hacía su viajey llevaba adelante sus planescon pocoéxito como hemos visto; mientras Reina y Genaro se entregaban a su pasiónella ciega con las dos cegueras de la confianza y de la obstinaciónél alertay exigente como la desconfianza; mientras la Marquesa cansada y abatida por susagitacionesbuscaba tranquilidad sacrificando sus intereses materiales y susplanes de engrandecimiento y lustre de familia al bienestar y deseos de su hijaLágrimas solapadeciendosin comunicación con las personas que amabapuestoque Reina no había contestado a la larga carta que a ratos le había idoescribiendodecaía por días; mas nunca se quejaba y siempre se la hallabasuave y callada como la flor que [365] se ajainclina su cabeza y muereregada por las amargas aguas de la marsin perder sufragancia.

Entretanto sus padres se esforzaban en vano en convencer a Tiburcio que sepusiese a la cabeza de la fábrica que establecía D. Roque en el convento.Tiburcio se negaba con obstinaciónrepitiendo por todo argumento que nohabía nacido para fabricantey pronunciando la palabra fabricantecon desprecio talque ni puede describirse ni imitarse; esa palabra que indicauna clase de hombres tan estimada y bien acogida en todas partestan honradacon el aprecio públicola consideración de los gobiernosy el respeto detantos pobres a quienes dan el pan: hombres que son las grandes arterias delcuerpo socialque distribuyen la sangre a los vasos y cuyo dominio y círculode accióncuando cae en justas y benéficas manosrecuerda algoen estesiglo egoísta y vertiginoso de independenciael paternal predominio de lospatriarcas en sus tribus.

No pudiendo de manera alguna D. Perfecto convencer a su hijodesesperado ysin saber qué hacerdeterminócomo último recurso y medio infalibleparticiparle a Tiburcio las miras de su tío sobre su casamiento con su primaapesar del secreto prometido. Pero ¡cuál sería el asombro y la desesperacióndel pobre padrecuando al pintar a su hijo el bello porvenirdel que lafábrica era sólo la auroravio a éste recibir esta declaración con el mismodesprecio que la anteriorasegurando a su padre con su acostumbrada [366]decisión y aire de superioridad que no se casaría con una niña fanáticaenfermay medio maniáticani aun sin la condición que se le ponía de ser fabricantey vegetar en un despreciable villorrio! El padre quiso insistirpero suhijo le contestó de una manera tan acerba y despreciativacon tal ironíainsultanteque el pobre alcaldeaunque tardeempezó a conocer el disparateque había hecho en haber desoído las buenasaunque toscamente expresadasrazones de su mujer; al ver que por fruto de todos sus sacrificios y desveloslo que había logrado era haber hecho a su hijo desgraciadorebeldealtivo ysin más ciencia que la de despreciar.

El despreciocomo se ve hoy díano se ha conocido jamás. Era una cosagrave reservada a vilipendiar con ella cosas infames y bajas; hoy día se hageneralizado como el uso del azúcar. Conociose en otros tiempos descollar elorgullo en los grandes y magnatesque autorizaba (si bien no disculpaba) lafuerza y el poder en enérgicas manos: época personificada en el Góetz deBerchlingen de Gotheese héroe de la edad media llamado el de la mano dehierroporque habiendo perdido la una se servía de otra de este metal conla misma facilidad que con la suya.

Se ha visto en siglos más ocultos el desdén que motivaba (si bien nodisculpaba) el lustrela eleganciala encumbrada nobleza y señoríoy se vioal embajador de Españaduque de Osunaen la corte de [367]Isabel de Inglaterra desdeñar el recoger las perlas que se iban todasdesprendiendo de su magnífico vestido que estaba todo cubierto de ellas.

Se vio al Marqués de Villena desdeñar el volver a habitar su palacioen el que se había hospedado un traidor a su patriael condestable de Borbóny pegarle fuego; y se vio un Tous de Mansalve desdeñar en presencia dela ideal Reina Isabel la Católicala sangre realsi era bastarda. Pero la eraen que debía brillar el desprecio con todo su grosero insultoera en lade la igualdad y de las luces. El orgullo para entronizarse necesitaba fuerzael desdén lustreel desprecio no necesitaba nada; ni apoyoni base; alcontrariomientras más de abajo partemás arrogante se alzamás crece ymás frondoso está; es planta que medra bien en suelo bajono necesita esedescendiente bastardo del orgullo y del desdénni baseni fuerzani apoyoni lustrese basta a sí mismo. Se halla este compuesto de envidia einsolenciaen las gentes soeces de primera calidad; sale de los colegiosanti-jesuíticos en todo su auge. Lo primero que hace es poner en la boca de sussecuaces la crítica. ¡Oh! La críticaesaesa es su fuerza y lustre. ¡Oh!La crítica es su sello genuinosu ciencia infusa; así esque en tiempos deoscurantismo nacían los niños torpes e ignorantes; al despuntar las luces nacieronsabiendo como es de pública notoriedad por un conocido adagio; pero alllegar las luces a su apogeo¡oh maravilla! ¡Nacen los niños criticando!¡Oh santo respeto! [368] ¡Ángel de la guarda dela inocencia! Egida de todo lo noble y santohermano gemelo de la modestiafreno de la cienciaencanto de la juventud¿dónde te has ido que no se teencuentra ya en el mundo? Te han echado de todas parteshasta de tus mássagrados e inviolables asiloslas manos impías del desprecio. Él triunfaélinfluyeél manda en las destrozadas entrañas de la que se llamó la cultaEuropa.

La pobre Lágrimasviendo que no recibía contestaciónescribió pocodespués a Reina.


Lágrimas a Reina

«¡No me escribesReina mía! Nada sé de ti ni de nadie. ¡Cuánsola estoy! Pero cuanto más sola estoy más cerca siéntome de Diosy ahoracomprendo los solitarios de la Tebaida. Si hay soledad para el corazón no lahay para el alma; elevar el corazón hasta el almaesto han hecho los santos;los poetas sólo han elevado los instintos materiales a los sentimientos delcorazón. Algunos sucesos tristes y terribles me hacen tomar la pluma paraparticiparlos. Está vistoReina míaque he de agotar el cáliz de laamargura hasta las heces.

»No sé ni cómo te podré escribirpues ya conocerás por los renglonesescritos lo trémulo de mi pulso. Separa mi cuartoque da a la calledel demis tíosun tabique provisional de tablaspuesto ante el hueco por el que secomunican las dos habitaciones; [369] esta mañanaoí que disputaban y que alternaba en la disputa Tiburcio. Sea que me creyesenausente y en el gran corral donde suelo ir cuando puedo a coger unas matasseaque mi oído se haya afinado muchooía cuanto hablaban. Me quise levantar paraausentarmecuando oí estas terribles palabrasdichas por Tiburcio: «Noseñorni que Vd. se empeñeni que se empeñe el papelón de su primo D.Roqueme caso con mi prima. El hombre debe tener miras más elevadas que las deser rico; no quiero riquezas puesto que con ellas me condenan a vivir en estevillorriome rebajan a ser un vulgar y oscuro fabricanteme avasallan acasarme con una imbécil fanática(¡calla!le gritaban sus padres conangustia; pero Tiburcio prosiguió sin atenderles)una muchacha enfermahética pasaday medio tocada.»

»Diciendo esto salió a pasos precipitados de la habitación y de la casa.¡Reina! ¡Reina! ¡Héticatocada! ¡OhDios mío!...

»No pude seguir escribiéndote el otro día. Me encontraron desmayada en misilla y me trasladaron a la camaen la que he permanecido algunos días. Enellos ha ocurrido una terribles desgracia a esta pobre familia. Habiendo supadre enviado a Tiburcio a Cádiz a tratar con el mío sobre pormenores de lasobras que se están haciendo en el conventoy para traer fondosTiburcio losha cobrado y ha desaparecido con ellos.

»No puedo pintarte la aflicción de este honrado [370]matrimonio que quiere pagar a mi padrepero a los que este último sacrificio aque les obliga su hijo acaba de arruinar. Parte el corazón el verlos y oírlos.¡Quién fuera mi padre para no permitirles sacrificarse así para cubrir eldesfalco de su hijo! Pero mi padre no se lo impedirá. ¡Qué ideas tan rarastiene sobre el dinero mi padre! Le parece el cobrar cosa tan deconcienciatan precisa y gravecomo el pagar. La madre de Tiburciocree que se ha ido a California; su padre que a Icaria con ese M. Cabet de quesiempre hablaba y de que se reían tanto Flora y Fabián. Pero D. Juan de Diosque cree conocer mejor a Tiburcio que sus padrespiensa que se habrá ido areunir a los revolucionarios de París. ¡Oh Reinaeso sería terrible!

»Voy a escribir a ese padre que pensó en casarme con ese Tiburcio que medesprecia y tiene por tocadapara pedirle no arruine a estos desgraciados queal fin son sus primos. Dios sabe cómo llevará mi cartay es seguro no laatenderápero debo hacerlo. La compasión inactiva es un cuerpo sin alma. Esun deber gastar todas nuestras facultades en ver el modo de proporcionar alivioa los que padecen aunque no lo logremos. Es un tributo debido a la desgraciaesdarle un bálsamo a nuestro corazón y es complacer al ángel de nuestra guardaque como decía la madre Socorro cuenta nuestros pasos y nuestras

LÁGRIMAS.» [371]


Carta de Lágrimas a D. Roque

«Padre y señor:

»Nunca he pedido a Vd. ningún favorporque la bondad de Vd. no me ha dadoocasión a ellocuidando de mí como un buen padre; así abrigo la esperanzaque no me negará el primero que le pido. Por Diosseñorno permita Vd. quemis pobres tíos se arruinen para pagarle a Vd. el dinero que se ha llevado miprimoy que estoy en mí satisfará a Vd. en su día. Tenga Vd. compasión deesta pobre familiacuyo dolor me tiene partido el corazón. ¿Podrá nuncaproporcionarle a Vd. el dinero un placer mayor que el de hacer bien?

»Me han dichono sé si será verdadque algo heredé de mi madre; tomeVd. la cantidad esa de lo míosi es que algo tengoy toda mi vida leagradeceré ese favor más que ningún otro que pudiese hacer a esta su amante ysumisa hijaque al poner esta súplica de su corazón en sus manosse las besacon respeto y cariño.

LÁGRIMAS.» [372]


Respuesta de D. Roque a Lágrimas

«Cuando las mocosas y las mujeres en generalse meten a hablar de negocioses a lo sentimental y desbarran. ¿Conque porque ese animal finchado ha hecho desu hijo un pillo lo pagaría yo? ¿Yo me quedaría sin mis dos talegasy élriendo? ¡Vaya! Sepas túque nada sabesque ningún deudor paga de buenagana; si eso fuese un motivo para no cobrarestábamos frescos. ¿Me paga a míese alcalde de monterilla las medicinas y médico que necesitas? ¿A qué lepagaría yo los robos de su pillastre de hijo?

»¿Conque te han dicho que has heredado de tu madrey la niña cree poderdisponer de lo suyo? Sepas cuellisacadaque hasta los veinte y un años nopuedes disponer de un cuartocuanto menos de talegas. El cuidado será mío deimpedirte hagas desatinos semejantes al que has intentadolo que será efectode alguno de esos deliriosciertos o fingidoscon los que a todos nos tienescansada la paciencia. Ves de mejorartepues en breves días irá por ti tupadre.

ROQUE LA PIEDRA.» [373]



 

 

Capítulo XXX

OCTUBRE20.

El mismo día en que Lágrimas enviaba su última carta a Reinarecibió lasiguiente:


Reina a Lágrimas

«Mi querida Lágrimas: como te quiero tantono puedo dejar de escribirteaunquemi madre ha reñido con tu padre; éste deberá haberse portado muy malcon ella para que tan airada esté con ély no quiera ni aun recibirlo. Creoaunque no lo séque el origen de esto ha sido cosa de interesesporque aunquetu padre toma todas las apariencias y prosopopeya [374]de un Alejandro el Grandeme parece le pega mejor por lo avaricioso y estíticola de un Alejandro en puño.

»Efectivamente me he reído al ver el gran premio de lotería que has sacadocon el parentesco del bello Tiburcio Cívico. Ni pintiparada le venía mejor lacolocación de elaborador de fósforosa él que es su modelo en hechura ycualidades; él que es fósforo hecho hombreestaba predestinado a propagar laespecie; pero dile a su madre que le ponga una chichonera por precaución.

»Pongo en tu noticia que Marcial ha sido elegido diputado. Veremos si regalaal congreso con algún axioma de su cuño. Pero hablando formalmuchosdiputados como él debería haberpues lleva a las cortes el exactoconocimiento de su provinciabuenas ideas y los mejores deseosindependenciasin espíritu de oposición a cosas ni hombres; no lleva ahijadosy una solaambición... la de pronunciar un discurso. Escribió a Fabián una elegía yeste dijo:

 

»Y patos y conejos

 
 

escuchaban su pena desde lejos(15)<notas.htm>.

 

»Fabián ha sido destinado a un mal pueblo; está aburrido y quiereabandonar la carreravolverse a Madrid y escribir; pero Genaroque sabe cuantovaley [375] el brillante porvenir que le estádestinadolo anima a perseverar y a no abandonar una senda firmehonrosa ysegura por una resbaladiza y eventual.

»Flora está perdida por un primo suyode un puebloel conde deVillafríaexcelente sujetode muy buena presencia y riquísimo. Fabián quelo ha sabido ha escrito a Genaroque apellidó a Flora y a él dos colibríesque el uno ha hallado el cáliz de un lirio en que posarpero que el otroprisionero en una jaulatristesoloestá destinado como muchos canarios asubir con el pico que sólo quisiera cantarel cubito en que tiene que beber.

»Mucho te sorprenderá el que te diga que me caso; pero como tu padre hadicho que pronto comeremos los dulces de tu bodano quiero que me diganustedesy ahora con más razón que antespues que predican con el ejemploque no sé ni querer ni decidirmepero lo que más te sorprenderáes que seael preferido y queridoGenarocon el que tan mal me llevaba.

»Esto es para él una compensación cuando te pierdey para mí unaleccióncontenida en el antiguo refrán que prohíbe se asegure que de estaagua no beberé. Mi madre ha consentidoporque no todos pueden tener tan altasmiras para sus hijos como Don Roque el millonario. Mucho deseo por lo tantosaber quién es ese novio de que ha hablado tu padrey espero me lo escribiráscuanto antes.

«Genaro siempre te apreciaasí como hago yo [376]sinceramente y como a una hermanay esperamos que cuando puedas disponer de tinos vendrás a hacer una visitasegura que en ello tendremos ambos el mayorplacer.

»Adióscuídate mucho y sé todo lo feliz que desea lo seas tu mejoramiga.

REINA.»



Cuando Lágrimas hubo leído esta cartadio un suspirocerró los ojos ycayó en uno de los profundos desmayos que le solían acometer ahora con másfrecuencia.

Cuando volvió en síse halló en cama rodeada por D. Juan de Dioselalcalde y su mujer; parecían los tres muy conmovidos. La pobre niña dio undébil ayal sentir ardorosos dolores en las piernas y brazoscausados por laacción de fuertes sinapismos.

-¿Otro tormento másD. Juan de Dios? -preguntó esforzándose porsonreír.

-Es para tu bienhija mía-respondió la alcaldesaque le había tomadomucho cariño.

-Lo sé-dijo la niña-gracias-y volvió a cerrar los ojos.

La alcaldesa tomó su mano y la halló fría.

-¡Don Juan de Dios-exclamó alarmada-se nos va!

-Y más pronto de lo que yo pensé-respondió [377]éste; yo aguardaba la caída de la hojapero esta flor caerá antes que lashojas. Es preciso administrarla.

-¡Jesús! ¡Jesús! -exclamó la alcaldesa poniéndose las manos en lacabeza y dando vueltas por el cuarto¡pobre niña! ¡Pobre niña mía!

-¿Qué dice Vd.señor? -exclamó el pobre alcalde que miraba a Lágrimascomo el ángel intercesor para precaver su ruina.

-No hay que perder tiempo-prosiguió D. Juan de Dios-la debilidad es talque podrá entrar en el delirio al que propende.

La alcaldesa salió azorada para mandar a avisar al cura; el alcaldeconsternado para despachar un propio a D. Roque.

Cuando la alcaldesa volvióle dijo el médico:

-Es preciso anunciarle la visita del cura para que no la sorprenday conmuchas precaucionespues en el estado que estátodo la conmueve mucho.

-Bienbien-respondió la buena mujer-descanse ustedD. Juan de Dios.

Este salióprometiendo volver en breve.

De allí a poco hizo Lágrimas un movimiento.

-¿Duermes? -le preguntó la alcaldesa.

-Unas veces creo que síy otras creo que no-respondió la niña condébil vozpues hay realidades que me parecen sueñosy sueños que me parecenrealidades; no defino bien los unos de los otros. [378]

-Esto es el delirio que empieza-dijo para sí azorada la alcaldesa-biendecía D. Juan de Dios. Hija mía-añadió en voz alta-todos somos mortales

-Es verdad-respondió amodorrada por la calentura la enferma-el habermuerto es dulceel morir terrible.

-La muerte es preciso preverla-prosiguió la alcaldesapara que no noscoja desprevenidos como herejessino preparados como cristianos.

-Sísíverla venir... en el desierto del mar.... viene con el viento queaúlla.... con el mar que brama y pide su presa; ¡es espantoso! ¡Los elementosno tienen piedad! Son enemigos del hombre que nada puede contra ellossinoimplorar la misericordia de Dios que los enfrena.

-Estar prevenido-prosiguió la buena mujer-es prepararseque eso hace labuena muerte.

-Una buena muerte-murmuraba en entrecortadas frases la enferma-es elmayor favor de Dios.

-Pues para esohija míaes preciso ponerse en gracia y confesar.

-A bordono había confesor-decía la niña-pero en esos casos Dios esel confesor. ¡Bendito sea!

-Cuando no se está a bordohay el consuelo de poderlo llamar. ¿Quieres quemandé por el cura? -preguntó con su buena intención y tosca manera la buenamujer.

-¿Pues quévoy a morir? -exclamó saliendo bruscamente de su letargo yabriendo de par en par sus [379] negros ojos laniñamientras un temblor nerviosoapoderándose de ellaagitaba su exhaustocuerpo debajo de las ropas de la cama.

-Nonopuede que no-dijo apurada la alcaldesa-; pero como te dije antestodos somos mortales.

-Señor cura¿voy a morir? -preguntó con ávida angustia la niña al verloentrar-¡Jesús! ¿Y fatiga mucho el morirseñor cura? ¿No se me puedealiviar? ¿Y D. Juan de Dios?

La alcaldesa salió del cuarto hecha un mar de lágrimas.

¡Qué palabrasqué sentimientos mediaron entre el cura y la agitadamoribunday sobre todoqué poder sobrehumano influyó! Todo católico lo sabey lo adora; pero cuando el cura salió del cuartola alcaldesa halló aLágrimas tan suave como siempremás tranquila que nuncay expansiva como sila vida que se iba retirando de las extremidades de su cuerpo refluyese toda asu corazón. Dioles las gracias a todos por lo que la habían cuidado; pidiolesperdón por si acaso les había ofendidoy le dio a su tía una cadena de oroque siempre llevaba al cuello con el retrato de su madre. Pidió una cajita conalhajas que teníasacó de ella un collar con un medallón de perlas en queestaba su propio retrato cuando niñalo sacó del medallónhizo lo mismo conel de su madrelos miró ambos mucho tiempo mientras sus labios recitaban unaoracióny por sus mejillas caían dos gruesas lágrimasy pidiendo un pañohúmedo [380] lo pasó por ellos hasta dejar elmarfil en blancosin decir una sola palabraporque en aquel corazón tanamante y abandonado de cuantos había amadoy de cuantos debieron amarlonohabía hiel. Ningún rencor sentía contra Reina y Genaroy sólo deseaba sufelicidad.

Así ese ángel dulce acariciaba la flecha que partía su corazónalcontrario de otros que proclaman envenenadas saetas volantes que apenas hanrasguñado su epidermis.

Pidió un tinteroy pudoescribiendo en turbios caracteres trazar estosrenglones:

-He recibido tu cartaReina míay te escribo estas cuatro letras antes demorir para desearos a ambos muchas felicidades. Fabián llamaba a las perlaslágrimas del corazón. Ahí te envío ese collar para que alguna vez ellas terecuerden de mí. ¡Adiós! En el lecho de muerte es cuando pega y es dulce esapalabra adiós.

LÁGRIMAS.»



-Decid a mi padre-dijo cuando hubo acabado-que deseo se le envíe esamemoria a mi amiga Reina Alocaz.

-Tu padre vendrá pronto-repuso el alcalde.

-Mi padre no vendrá-objetó la niña con naturalidad-tiene mucho quehacery está muy lejos.

A la tarde fue administradaacudiendo todo el [381]devoto puebloy asistiendo postrado y llorando a la unión de un ángel y suDios en la tierra.

Quedó enseguida tan sosegadaque la noche fue más tranquila que otras.Algunas veces hablaba palabras sueltas como en sueñospero no encerrabansentidoy se le oyó muchas veces decir: ¡voymadrevoy! Cuandoalgún golpe de tos o un agudo dolor en el pecho la hacia estremecerse oíaselerepetir:

 

Abrázome con los clavos

 
 

y me reclino en la Cruz

 
 

para que siempre me ampares

 
 

¡Dulce Redentor Jesús!

 

Al siguiente día llegó D. Roque en un vapor.

-¡Hija mía! -exclamó al entrar bruscamente en el cuarto-¿qué es esto?Qué ¿tan mala estás? Yo no quiero que te mueras; nonono morirás; yaunque fuese preciso traer al protomedicatoy hacerle para que venga un puentede oro. No morirásno.

-Déjeme Vd. morirpadrey no lo sienta-dijo su hija con esa tranquila ydulce conformidadno de valientesino de cristiano-. Dios que es tan bueno loha dispuesto así para quitarme de padecimientos. Estoy cansaday lamuerte es el descanso.

-¡Qué no lo sienta! ¡Pues no lo he de sentir aunque te herede! Soy buenpadrequiero a mi hijano tengo a nadie sino a ti. ¿No ves lo solo que mequedoy dices que no lo sienta?

-Padreyo poco os acompañabay así creí no sentiríais [382]mi muertepero ahora que veo os afligesiento morirme.

-Mirahija mía-dijo D. Roqueque por primera vez en su vida sentía unapena de corazóncuanto podía sentir aquel corazón en su existencia depólipo-mirahija míaponte mejory se hará cuanto desees; te llevaré aSevillaque te sienta tan bien.

-Ya es tardepadre.

-¿Y no he hecho cuanto he podido para aliviarte? -dijo el buen padre-¿note traje aquí? ¿No te he dado gusto en dejarte? ¿No tenías confianza en eseD. Juan de Dios?

-Sípadresí-respondió la suave criatura-se ha hecho cuanto se hapodido; pero nací débily siempre viví padeciendosobre tododesde lacatástrofe de la muerte de mi madre.

-Es verdades verdadpero eso de verte morir¡tú mi sangretú tanjoventú que habías de heredar tanto dinero! ¡Esto es un dolor! ¡Preciso esque me la curéisD. Juan de Diospreciso! Y si no ¿para qué sirven vuestraciencia y vuestros libros? No repare usted en medios ni en costesaquí estoyyo para salir a todo.

-Padre-dijo en queda voz la niña-¿qué puede el dinero contra lavoluntad de Dios?

-El dinero sirve para todohija mía; pues qué ¿te había yo de dejarmorir así? No; D. Juan de Diosdisponeddiscurridvamosvamos¿qué sehace?

-Consolad su espíritu y no lo agitéis-dijo a media [383]voz el facultativo a D. Roque-; señorya no hay remedioy le quedan pocashoras de vida; no me habéis querido creer.

-¡Y cómo consolar su espíritu! -exclamó agitado Don Roque-¿quéquiereshija mía? -preguntó acercándose a la moribunda-¿deseas algo? Pidecuanto quieras; si necesario fuese iría el vapor por ello a Cádiz.

-Síseñor-murmuró la pobre niña-os pediría un favor.

-Dihija míadi-dijo D. Roque con un dolor realpero seco y despechado.

-Quisiera enviar el collar de perlas y el medallón por memoria a Reina quese casa.

D. Roque hizo un movimiento de impaciencia causado a la vez por su avaricia ysu encono contra la Marquesa.

-Si no queréis... -dijo con débil voz la pobre niña.

-Síhijasíquiero lo que tú quieras.

-Dios se lo pague a Vd.padre. Quisiera-prosiguió después de tomaraliento la pobre niña-que vendiese Vd. los zarcillos de brillantes de mimadre y le diese su importe a la pobre Francisca para que no pida limosna.

-Se hará-dijo D. Roque disimulando mal un movimiento de impaciencia.

-Si os contraria... -murmuró Lágrimas.

-Nonoadelante.

-Vended la sortija que disteis a mi madre cuando [384]os casasteisy mandad con su importe a clérigos pobresdecir misa por vuestrahija.

-Eso no-dijo D. Roqueque sostenía a duras penas el papel de dadivoso-esa sortija se la di yo y debe volver a su dueño; pero pierde cuidado que se tehará un funeral que sonado sea.

-Eso no quiero yopadre-dijo la niña agitándose-ni que se me vista debaile... ni que pongan colorete... ni flores en las manos... quiero bajar a latierra pálida y triste... como viví... y como pone la muerte... y cruzadas mismanos... rogando a Dios... como lo hago al morir... por ellos... por Vd.... ypor mí...

La moribunda estaba tan agitadaque el facultativo se apresuró aadministrarle un calmante.

-Otorgadle lo que desea-murmuró éste al oído de D. Roqueque no sabíadónde dar de cabeza.

-Cuanto has dispuesto se hará-dijo a su hija.

-Acercaospadresuplicó ésta con desfalleciente voz.

El padre acercó su oído a los descoloridos labios de su hija.

-Mi última súplica-murmuró ésta-¡padrepadreno la desechéis!Perdonad su deuda a Tiburcio.

-Bien-respondió el padre con el firme propósito de no hacerloporquepara ese hombre no había nada sagradoni la última voluntad de un difunto.

La niña entonces se quedó aletargada. Reinó en el cuarto un hondosilenciodigno precursor de la [385] muerte. D.Roquecon los codos sobre las rodillasocultaba su rostro entre sus manosysólo se movían sus labios para pronunciar de quedo alguna imprecación. Laalcaldesa llorabael alcalde estaba anonadadoel cura oraba y el médicoobservaba la aletargada niña.

De repente una queda y débil voz interrumpió el silenciocantandosuavemente como un arpa eoliana al soplo de la muerte:

 

Que les tengo perdonado

 
 

¡que es tan dulce perdonar!

 

Despedazaba el alma este infantil canto de cisne en aquella boca que iba aquedar muda para siempre.

-¡Mi hija canta! -exclamó D. Roque.

-Vuestra hija delira-respondió el médico-; acercaosseñor cura.

El cura se acercó y se puso a auxiliar a la moribunda.

-¡Hija mía! -exclamó D. Roque precipitándose hacia la cama.

Solo oyó estas quedas palabrascon las que ese ángel mártir dio su alma aDioscual lo hizo su madre.

 

Abrázome con los clavos

 
 

y me reclino en la Cruz

 
 

para que siempre me ampares

 
 

¡Dulce Redentor Jesús! [386]

 

A los ocho días se celebraron en Sevilla las lucidas bodas de las dosprimasla brillante y hermosa Reina Alocaz y la linda y alegre Flora de Osorio.

A los ocho díasD. Roque bullía más que nunca en un caos de negociosydeploraba el perjuicio que algunos días de ausencia le habían acarreado. Elmismo día se veía en la playa de Villamaragitada y avivada por la reciabrisa de la maruna gran hogueraen la que la prudente alcaldesacon previaautorización de D. Roquequemaba la camalos muebleslas ropas de la pobreniñaque murió hética. ¡Nada quedó de ella ni aun la memoria!


FIN




Google